Si bien es cierto que en nuestro país la expresión “sentarse a la mesa” puede transformarse en “quedarnos de pie” o en “mejor comemos en la barra”; lo que resulta inconfundible es que el estilo más tradicional y el más vanguardista siempre estarán acompañados de una misma cosa en España: los sabores más característicos.
Comencemos por el gran emblema de la gastronomía local: el jamón de cerdo ibérico de bellota. Un producto que está entre los cuatro grandes de la cocina universal (junto al foie gras, la trufa y el caviar).
Es importante tener en cuenta que el jamón proviene de los cerdos ibéricos, o los pertenecientes al “tronco ibérico” –como prefieren llamarlos algunos autores pues hay varias razas– que ceban en las Dehesas.
Allí pastorearán y andarán mucho para lograr una musculatura consistente. En España hay 4 Denominaciones de Origen: D.O. Guijuelo; D.O. Jamón de Huelva; D.O. Los Pedroches y D.O. Dehesa de Extremadura.
Con respecto al aceite de oliva, resulta que de nuestros suelos emergen millones de olivos (cerca del 25% de la superficie de las plantación mundial) que permiten una producción media anual de entre 700.000 y 800.000 toneladas. Y somos el primer país del globo en producción de aceites de oliva Virgen Extra.
España es también la segunda potencia mundial en quesos gracias a algunos como el Manchego (elaborado con leche de oveja); acompañado por la Torta del Casar y de la Serena (también de oveja pero ambos de pastas blandas); y por el asturiano Cabrales, con su intenso y picante sabor. En cuanto a las Denominaciones de Origen Protegidas podemos encontrar hasta 27.
Asimismo, somos una referencia en conservas de pescados y mariscos. Galicia
y Cantabria
son los máximos exponentes (aunque también se elaboran a lo largo de la costa Mediterránea y del estrecho de Gibraltar). Estas conservas se envasan con agua y sal (se conocen como “al natural”); con aceite de oliva o en escabeche.