Santiago es una ciudad hospitalaria por historia y por carácter. Abierta al mundo, pero fiel a sus tradiciones, acoge tanto a peregrinos, como a estudiantes. Y por supuesto, a todos los turistas que queramos disfrutar de su patrimonio histórico, de su rica gastronomía, y por qué no, de su ambiente estudiantil y risueño cuando se apaga el día.
Primera mañana
10.00 h – La Catedral de los peregrinos
No podía ser de otro modo, nuestra primera visita es a la Catedral de Santiago
(1075-1211). Empezando por la imagen más fotografiada y conocida de todas, su puerta principal en la Plaza del Obradoiro. Ahí, entre sus torres de 74 m de altura, sobre la escalera renacentista, nos espera el apóstol vestido de peregrino. Entramos en la catedral y veremos el Pórtico de la Gloria, pero con sumo cuidado, ya que de tanto tocarla se está deteriorando.
Cruzaremos la nave central intentando no perder detalle, lo que es difícil. Pero es en el fondo, tras la capilla mayor, donde está la cripta con las reliquias del apóstol. Tras ella, está la imagen del santo que todos abrazan como símbolo de agradecimiento. Nuestro paseo por el interior de la catedral podría durar lo que quisiéramos, pero queda mucho por ver. Por ejemplo, la visita a las cubiertas de la catedral, desde donde se ven los tejados de todo Santiago. La panorámica es monumental, pero es que monumental lo es todo aquí. Así que tomémonos un tiempo para irlo asimilando.
Salimos de nuevo a la Plaza del Obradoiro, para encontrarnos con sus principales edificios: el Hostal de los Reyes Católicos
, el colegio de San Xerome y el Palacio Raxoi. Arquitectura y arte por los cuatro costados. A la derecha, en la calle Fonseca, podremos hacernos con un recuerdo.
Por cierto, hay algunos hasta de buen gusto. Las típicas conchas son el símbolo de la consecución del peregrinaje. Aunque el nuestro, en vez de acabar aquí, justo empieza, y nos las volveremos a encontrar por todas las tiendas del recorrido.
Abierta todos los días, de 7.00 h a 21.00 h.
12.00 h - De compras por Abastos
Saliendo de la Plaza Quintana por la Rúa da Conga y girando a la izquierda por la Rúa de Altamira, llegamos a la Plaza de Abastos. Si no es domingo, nos encontraremos su mercado. Está repleto de productos de la tierra y del mar, tan frescos que incluso a veces todavía están vivos. Ahí podemos comprar pescado, marisco, fruta y verdura. Pero esperemos a mediodía, cuando ya empieza el regateo, muy típico aquí.
Nos gustan los productos, pero también los puestos fijos, las casetas de la plaza. Aún podemos ver cómo las paisanas vienen a vender lo que ese mismo día han recolectado. ¡Hay días en que son más de 100! No hay duda, este Mercado de Abastos tiene sabor de verdad.
Y ya que estamos aquí, tomemos la Rúa das Rodas en dirección a la Rúa San Pedro, donde hay una taberna llamada El Mosquito en la que encontraremos el mejor licor de café y el mejor orujo casero de todo Santiago. Lo hacen ellos mismos y te lo venden en una botella de cristal envuelta en papel de diario. ¡Ese es el encanto!
Primera tarde
14.00 h - Saboreando la cocina gallega
Vamos a quedarnos por esta zona. Si no queremos andar, vamos desde el Mercado de Abastos por la Rúa del Xelmirez, hasta la Rúa Nova, donde nos espera el restaurante Don Gaiferos
(Rua Nova, 23)y sus platos de langostinos, ternera gallega y tarta de manzana, para empezar a probar el sabor de Santiago.
Otra muy buena opción es La Bodeguilla de San Roque
en la Rúa das Rodas. Hay que pedir la tixola de pulpo con langostinos, guisada y servida en una sartén. Es un plato típico espectacular. También podemos acompañarla de raciones de marisco, revueltos o lacón para probar. Eso sí, siempre con un buen vino, que en este lugar abunda.
El restaurante de Ana
(galardonado con un Sol Repsol), en la Calle del Olvido, es una alternativa algo más costosa y nos queda menos a mano, pero comer allí se va a convertir en una experiencia inolvidable. El café lo dejaremos para tomarlo en un lugar muy especial.
16.00 h - Cafecito en el parque
Saliendo del restaurante La Bodeguilla de San Roque, justo enfrente, tenemos el Parque de Santo Domingo de Bonaval y al lado el de la Alameda, nuestro próximo destino. De momento vayamos hacia Bonaval. De vuelta por las rúas que ya conocemos, en una esquina, encontraremos el Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC)
. Su librería vale la pena, pero será en la cafetería con vidriera y vistas al parque donde nos sentemos a tomar el café de la sobremesa.
El Parque de Santo Domingo de Bonaval es muy bonito, así que cruzaremos por él para llegar al Parque da Alameda
. La Alameda es el lugar al que vienen a perderse y pasear los santiagueses. Bordea la parte antigua de la ciudad, la más monumental. Sus vistas son magníficas al pasar por encima de la Rúa de Teo, así que paseando podremos tener otra perspectiva del Santiago más habitual. Del Paseo da Alameda a la Carballeira de Santa Susana o el Paseo de la Herradura, vamos a ir encontrando por el camino detalles inusuales.
Dentro del parque hay un curioso quiosco de música. Junto a él, hay un sorprendente banco acústico en forma de media luna. Si nos sentamos en los extremos comprobaremos que, al hablar hacia el banco, su respaldo crea un efecto eco que permite escuchar perfectamente desde el otro extremo lo que estamos diciendo. Ahí iban los enamorados, a hablarse al oído sin levantar sospechas. Sospechosas son también dos señoras habituales en este parque: se las conoce como las Dos Marías y acostumbran a estar por la entrada.
Las distinguiremos perfectamente cuando, al cruzarnos con ellas, veamos sus rostros maquillados en exceso y sus pintas curiosas. En realidad, las Dos Marías es una estatua que homenajea a estas particulares señoras, conocidas con este nombre en todo Santiago de Compostela por ser personajes míticos de la ciudad, hace ya unos años. También se las conoce por Las dos en punto, porque salían todos los días a las dos para pasear por la Alameda, donde flirteaban, a pesar de su avanzada edad, con los estudiantes que estaban de camino para comer.
18.00 h - A la moda en Santiago
No nos extrañemos si pasamos por el mismo lugar más de una vez. Nos vamos por donde hemos venido. Santiago es así. Ahora, desde la Alameda iremos a buscar la Rúa Fonte de San Antonio, a no más de 5 minutos. Pasaremos por delante del Hotel Compostela y nos meteremos en la siguiente calle, la Rúa do Xeneral Pardiñas, para irnos de tiendas. Estamos en el Ensanche, la zona comercial más conocida como Centro Comercial Abierto Santiago Centro
.
En la Rúa República del Salvador está su “otra catedral”: Zara. Es el buque insignia de la reconocida moda de Galicia, ya que todo el imperio de Inditex, del que Zara es la marca principal, ha nacido en Santiago. En todas estas calles encontraremos tiendas de las diferentes marcas y franquicias.
Sin embargo, en Santiago es obligatorio comprarse algo para muchos sorprendente: una camiseta. Lo que pasa es que no se trata de camisetas “normales”, sino de camisetas con diseños, eslóganes y refranes que se han convertido en una locura en Europa y se venden principalmente por Internet. Si queremos una, vayamos directos al Rei ZenTolo
(Santiago de Chile, 4), donde están las camisetas más de moda y más divertidas de todo Santiago.
Antes de que caiga el sol, nos vamos a un rinconcito perdido donde descansaremos un rato de tanto ajetreo comercial. La Casa Felisa
es un bar, restaurante y hostal (Porta de Pena, 5) cerca de la Rúa de San Roque, donde antes hemos comido. En la parte de atrás tiene un jardín privado, perfecto para tomarse una cañita con una tapa y escuchar música. Es un rincón con encanto, en el que descansar un rato antes de ir a cenar y, por supuesto, a conocer Santiago de noche.
20.30 h - Cena del buen xantar
Hemos andado mucho y necesitamos una buena cena. Justo al otro lado del casco viejo de Santiago, pasando por la catedral, por la Rúa das Hortas, vamos directos a la Rúa das Galeras. Ahí está nuestra opción de cena, esperándonos en el restaurante El mercadito
(recomendado por Repsol), un exquisito lugar también joven, pero imprescindible, o bien el restaurante La Tacita D’Juan
(recomendado por Repsol) templo de la cocina gallega “de libro”, situado en pleno ensanche, donde hemos ido de compras.
Otra buena opción es O Dezaseis
(Rúa de San Pedro, 16). Para empezar, podemos poner a prueba su carta de tapas o, si venimos muy hambrientos, raciones.
En cualquiera de estos establecimientos nos será difícil escoger entre todas tapas o raciones autóctonas: táboa de bacallao afumado com pementos del piquillo, el lacón frío, el polbo a feira y el polbo a grella, el caldo galego, los berberechos con allada o las vieiras a galega. Mucho más difícil será elegir un plato, entre el fresquísimo pescado preparado de forma tradicional o la célebre y tierna carne gallega en recetas de siempre, ¡cualquiera se decide!
Después de cenar, en el casco antiguo tomaremos el pulso a la noche santiagueña
. Como todo está muy cerca, lo suyo es pasear y disfrutar del ambiente y de las calles, en las que siempre hay gente. Eso es lo que hacen aquí y ese es su encanto. Toda esta parte histórica, de noche, tiene una luz especial; es la otra cara de los monumentos. Andando podemos encontrarnos cualquier espectáculo improvisado en la Plaza de Platerías, en la Plaza de Quintana, en la Plaza del Obradoiro...
Cuando los pies se quejen, tomaremos una copa en El Atlántico, local bohemio que siempre está lleno, o en el Reixa, de toda la vida, donde siempre suena rock. El Curruncho, el Medusa, el Camalea, están todos por estas calles. Pero no nos animemos demasiado, antes de retirarnos, hay que escaparse al Paseo de Ferradura. Desde ahí se ve todo el casco viejo iluminado de noche. ¡Y es de cine!
Segunda mañana
10.00 h - Plazas con encanto
Empezaremos el día paseando por las plazas con más encanto de Santiago. Y lo mejor de todo es que están prácticamente todas juntas: son las tres plazas que rodean la catedral. Empezaremos por la de Quintana o plaza de los literatos. Es una plaza especial y espaciosa. Podemos sentarnos en su escalinata y simplemente ver el trajín de gente y peregrinos que por ella pasan o paran.
Sus 18 escalones la dividen entre la Quintana dos vivos –en la parte de arriba– y la Quintana dos mortos. Y ahí suelen ir los compostelanos a descansar. Es peatonal y amplia, perfecta para relajarse y mirar la fachada de la catedral en la que se divisa la Puerta Santa. Esta puerta solo se abre a peregrinos en Año Santo.
De ahí nos vamos a la Plaza de Las Platerías. Esta plaza de cine sirvió de escenario en la película del conocido cineasta gallego Anton Reixa El lápiz del carpintero y su Fuente de los Caballos inspiró a Federico García Lorca a escribir su Danza de lúa. En ella está la fachada sur de la catedral, la única de estilo románico. Con su imponente Torre del Reloj, de 70 m, en la que cada día suena desde hace cientos de años la Berenguela, siempre puntual.
También en esa torre está la linterna, que guía a los peregrinos hacia la ciudad y que solo se enciende en años jacobeos. A un lado de la plaza, vemos El Cabildo (colegio sacerdotal encargado de custodiar las reliquias del apóstol) y la Oficina del Peregrino, donde se expide la Compostelana, certificado que acredita la peregrinación.
Acabamos el paseo por la Plaza de la Inmaculada, de la Azabachería o del Paraíso, frente a la fachada neoclásica de la Azabachería. En sus covachuelas –tiendas pequeñas alquiladas por el arzobispado– todavía hoy se venden piezas de azabache. Esta plaza se remodeló hace poco, junto con la fachada del Monasterio de San Martín Pinario y el nuevo Palacio Episcopal. A ella llegan los peregrinos del camino del Norte, del Inglés y del Francés.
12.00 h - Rastreando el casco antiguo
La Rúa Nova, la Rúa do Franco y la Rúa do Vilar son puro casco viejo. Ayer las disfrutamos de noche y hoy lo haremos de día. La Rúa Nova, con su mercadillo hippie es la más alternativa. Está plagada de cibercafés, tatuajes, piercings y tiendas de ropa. La Sastrería Pepecillo, de toda la vida, está ahí esperándonos para hacernos trajes a medida o sotanas. También nos esperan Sargadelos
, tienda oficial de la internacional y apreciada cerámica gallega, y la Eira biocentro; la primera tienda ecológica que se abrió en Santiago.
En esta misma Rúa Nova está, curiosamente, una librería “de lo viejo”, La Vetusta, donde venden libros de segunda mano. Y entre tanta tienda, una parada obligatoria es el número 22: el Teatro Principal, que aparte de su impresionante arquitectura, tiene siempre una interesante programación de todo tipo. Una semana al mes hay cine temático en versión original, muy popular en la ciudad. En noviembre, destaca el Ciclo de Cine Europa: cine del bueno, a todas horas.
Vamos a la Rúa do Vilar y andando nos encontraremos las más famosas y sofisticadas tiendas de la ciudad. Son excelentes los sombreros de la Sombrerería Iglesias, abierta desde 1912 (un capricho en el siglo XXI), la orfebrería de siempre con un toque actual de Baraka y, para chuparse los dedos, la Pastelería Mora, donde hay que pedir el tiramisú o cualquiera de las pequeñitas milhojas o, por supuesto, la ¡tarta de Santiago! En ninguna otra parte la comeremos como aquí, sobre todo porque es artesanal y eso solo lo garantizan las pastelerías de la ciudad.
Y ahora, vamos a ver escaparates repletos de nécoras, centollos, ostras, percebes, almejas, pescado fresco o piezas de ternera gallega. Están todos en la Rúa do Franco, calle hostelera por excelencia. Esto es una herencia medieval, porque aquí estaban las tabernas que en la Edad Media cobijaban a los peregrinos. Hay buenos vinos, quesos y embutidos gallegos, ideales para ir abriendo boca a estas horas.
Segunda tarde
14.00 h - Comida de raciones
No se puede disfrutar de Santiago sin probar las raciones con un buen Albariño o un Ribeiro bien fresquito y, ya que estamos aquí, no hacerlo sería para excomulgarnos. Entre la Rúa Raíña y la Rúa do Franco se cuece lo mejor. Hay bares de tapas y raciones para pecar de gula. Empezaremos por Raíña, en El Trafalgar, donde hay que pedir “tigres rabiosos”, unos mejillones con sofrito picante insuperables. Luego podemos seguir con queso gallego –cebreiro, arzúa, tetilla o San Simón– y pulpo a feira.
Seguiremos por El Coruña e iremos directos a por un bocadillo de calamares, que es el mejorcito de la ciudad, además de los bocadillos de zorza o de tortilla y las raciones de todo tipo. De ahí a El Abellá, en la Rúa do Franco, a por sus “cocodrilos”, que son filetitos de carne de cerdo con colchón de patatas, ¡para morirse de gusto! Si todavía nos queda un hueco, podemos seguir por otros bares que encontraremos andando por esas dos calles, como O Gato Negro, O Bigotes y el O Orella, sin olvidarnos de probar la empanada –de bacalao, zamburiñas, raxo–, la zorza, la carne ao Caldeiro o los pimientos del Padrón.
Si estamos cansados y preferimos sentarnos, iremos a comer al San Clodio (Rúa San Pedro, 32). Aquí nos servirán buena ternera gallega, en solomillo o chuletón o, lo que es mejor, su churrasco servido en una fuente con brasas y a buen precio.
Es imprescindible pasar por el Café Casino
, que además está aquí mismo. Está siempre lleno, porque es el café por excelencia de la ciudad, antiguo y bien conservado (del 1848), con un piano que suena muy a menudo en directo y los mejores cafés y pasteles de la zona. Si hace bueno, tomaremos el sol y admiraremos las vistas en su terraza. Si no, dentro, disfrutaremos de una buena conversación o de alguno de los conciertos con que acostumbran a deleitar a sus parroquianos.
16.00 h - De Santiago a San Domingos
“El Domingo es sagrado”. Este dicho toma sentido en el próximo destino al que nos dirigimos. Vamos a volver al Parque del Bonaval, que encontramos camino a la Alameda, para visitar el convento gótico de San Domingos, una iglesia construida en el siglo XVI, de rica arquitectura, en cuyo interior está el Panteón de los Gallegos Ilustres. Allí están Rosalía de Castro, Castelao, Alfredo Brañas, Ramón Cabanillas y Francisco Asorey, y por ello es un lugar muy vinculado a los gallegos y a su memoria.
En él está también el Museo do Pobo Galego
, dedicado a investigar, conservar, divulgar, defender y promover la cultura gallega en todos sus aspectos. Tiene salas dedicadas al mar, a la agricultura, al artesanado y al traje gallego, entre otras. Pero si esto nos parece curioso, la triple escalera de caracol será, cuanto menos, sorprendente: sus tres rampas conducen, cada una de ellas, a un piso del convento. Son dignas de Umberto Eco.
18.00 h - Despedida en los conventos
No podemos irnos de Santiago de Compostela sin pasar por sus conventos y cerrar con ellos esta ruta por la ciudad que seguramente transmite más espiritualidad por metro cuadrado. En cuestión de minutos llegaremos al primero. Bajamos la Rúa San Roque hasta encontrarnos con la Rúa Loureiros y de ahí enlazamos con la Rúa Santa Clara, donde está el Convento del Carmen (siglo XVIII), grande y sobrio, pero discreto y austero. Es la casa de las Carmelitas Descalzas, seguidoras de Santa Teresa de Jesús, y en él se fabrican las obleas que luego se reparten por las iglesias de la ciudad.
Frente a él está el Convento de Santa Clara, de estilo barroco típicamente compostelano. Este convento es una caja de sorpresas: en su interior, tras el pequeño jardín, se esconde el auténtico templo original, fundado en el siglo XIII por doña Violante, mujer del rey Alfonso X el Sabio.
De vuelta a la Rúa San Roque, vamos ya a nuestro destino final, el antiguo hospital de San Roque. Podemos decir que fue levantado por la peste, justo en la época en que las epidemias arrasaban. Por suerte, hoy es la sede de diversas entidades culturales. Dentro, podemos ver una maqueta de la futura Cidade da Cultura
de Peter Eisenman, que se está construyendo en el monte Gaiás.
Al concurso se presentaron arquitectos tan prestigiosos como Ricardo Bofill, Jean Nouvel, Dominique Perrault y César Portela, entre otros. Eisenman consiguió el proyecto, basándolo en las cinco rutas de peregrinación a la ciudad, con edificios tallados en el terreno. Futuro y pasado se dan la mano en este convento, como reflejo de lo que Santiago de Compostela es hoy en día.
Para los más sofisticados
Santiago debería tener otra ruta de peregrinaje. Aunque en este caso, debería llevarnos a la Casa Marcelo
: el templo de la alta cocina compostelana (galardonado con dos Soles Repsol). Discípulo de Juan Mari Arzak
y de Jacques Masimin, Marcelo Tejedor ha dado un toque de sofisticación a una cocina ya excelente como la gallega. El aire atlántico, la verde melancolía de la tierra gallega y el atrevimiento visionario son sus fuentes de inspiración. El mismo Ferran Adrià se ha sentado en su mesa a comer. Nosotros no seremos menos.
Para amigos
Nos vamos fuera de Santiago, a solo 15 kilómetros, camino del Milladoiro, nos espera O Fogar do Santiso
un lugar auténtico regentado por Xosé Santiso, que prepara cenas ciertamente especiales. Y si vamos en grupo, mejor. Hay que cenar bien y pedir el pulpo y el churrasco, solo así estaremos preparados para lo que viene después: una queimada con conxuro, que el propio Xosé Santiso prepara. Hay salones interiores, pero si hace buen tiempo saldremos fuera, donde se está bien y rodeados de bosque.
Para disfutar del relax
En el complejo de salud Espagat
, también alcanzar el jubileo.Es un espacio de relax en el que descansaremos y nos recuperaremos de las largas caminatas por Santiago combinando el centro integral de estética, la peluquería y el circuito Spa.
Para toda la familia
Vamos a ver todo Santiago de Compostela en una hora. Parece increíble, pero es verdad, y es un plan estupendo para hacer con los niños. Subamos al tren turístico
y rodearemos la ciudad, veremos jardines, arquitectura, vistas panorámicas, la zona monumental y la de la catedral, y todo esto, sin cansarnos.
Para los más aventureros
Nos vamos al Monte Pedroso o, si queremos, al Monte Viso. Los dos están a escasos minutos de Santiago de Compostela, en las afueras, rodeando la ciudad. Están formados por colinas y son los mejores miradores para ver Santiago de Compostela. Están repletos de sendas naturales por donde pasearse entre los bosques y que nos llevan directos al centro de la ciudad.
Agradecimientos: Turismo de Santiago de Compostela.