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El descenso del Sella


Anualmente todos los amantes del piragüismo tanto profesionales como aficionados, tienen una cita festiva en Asturias. Tanto los amantes de los deportes acuáticos como los que no disfrutarán de unos días inolvidables.

¿Te animas a hacer el descenso del Sella? Durante todo el año puedes practicar este deporte, existe una amplia oferta de empresas que ponen a tu disposición todo lo que necesitas para que realices tu propio descenso en canoa con total seguridad. Además el primer fin de semana de agosto cientos de personas acuden a Ribadesella a disfrutar de este evento deportivo y festivo. A lo largo de todo el recorrido los participantes sentirán el calor del público.

Piraguas en el descenso del Sella

Lagos y ríos españoles son considerados un paraíso para quien guste de la piragua, la canoa o el kayak. Cualquier aficionado del piragüismo se siente a gusto en estuarios, embalses y ríos a lo largo de una geografía generosamente regada. Pero existe una cita ineludible en la que el deporte y la aventura toma un cariz festivo. Es el primer sábado de agosto, que cada año convoca a lo largo del Sella a centenares de personas decididas a pasar un buen rato practicando un deporte diferente.


Es el descenso del Sella, una celebración deportiva que se viene organizando desde 1930 y ya se ha convertido en toda una referencia del piragüismo a nivel mundial. Así lo reafirma cada verano la asistencia de participantes de todo el mundo que llegan a tierras y aguas asturianas para disfrutar de un paseo fluvial lleno de bullicio y color. La constancia de los más prestigiosos deportistas ha convertido esta tradicional competición en Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Prueba tradicional
El origen de la prueba está en la historia de Dionisio de la Huerta, barcelonés que llevó al pueblo de Coya una piragua plegable. En poco tiempo estaba practicando excursiones fluviales junto a un par de amigos. Poco a poco se fueron animando hasta emprender el descenso hasta Arriendas. Ya por entonces Dionisio comenzó a ser conocido en la comarca por estas alocadas aventuras por el curso del río, aunque sería en 1930 cuando tres aventureros emprendieron el primer descenso del Sella. Emplearon siete horas en hacerlo, si bien paraban cada poco para descansar y compartir impresiones.

Jóvenes bebiendo sidra a orillas del Sella

En 1931 el recorrido se amplió hasta 25 kilómetros, más que en la actualidad y en 1932 por fin se fija el recorrido vigente, contando ya con la asistencia de trece palistas, en la primera edición con componente competitivo. 

La tradición continuó y sólo se detuvo entre 1936 y 1943 por la Guerra Civil, siendo 1951 el señalado año en que se inscribirían participantes extranjeros, con una evolución en número de concurrentes que no ha parado hasta nuestros días, en que físicamente es imposible admitir más.


Preparados, listos, ya!
El mismo día del descenso, a primera hora sale el tren fluvial repleto de gente desde Oviedo y Ribadesella para ver la salida en Arriondas. Serán más de un millar las embarcaciones que salgan a las 12:00 del mediodía. La salida se hace desde el puesto que les haya tocado por sorteo, donde tienen que estar ubicadas las embarcaciones una hora antes a efectos de ser verificadas por los Jueces de Orilla. La salida se realiza con los participantes y piraguas fuera del agua. 

Mientras los palistas están concentrados en estas formalidades, por las calles de Arriondas comienzan a verse pintorescas marchas de gente dispuesta a presenciar la carrera bien caminando o valiéndose de todo tipo de vehículos e ingenios que sin duda aportan ese carácter popular y desenfadado al evento. Mientras para algunos es un reto muy serio, para otros es una de las jornadas festivas más sonadas del año.


Piragua descendiendo el Sella

Tras los tradicionales versos que marcan la salida, los semáforos se ponen verdes y comienza la estampida hacia el río. Les espera una competición de 20 kilómetros desde el puente de Arriendas a Ribadesella, excepto para las categorías inferiores, que finalizarán en el Puente del ferrocarril de Llovio, cinco kilómetros antes. Contarán en este viaje con todo el calor del público, además de la compañía del tren fluvial y la caravana de automóviles. 

La fiesta posterior
Así se sucede un trayecto que concluye en la villa estival de Ribadesella, concretamente en su puente, que hace de meta. Una vez finalizada la carrera, el ambiente continúa en los  Campos de Ova, donde se entregan los trofeos a los ganadores de cada categoría y se disfruta de una multitudinaria comida campestre, en la que no faltan los cánticos, el baile ni por supuesto la sidra asturiana. En Ribadesella seguirá la juerga nocturna con sus chiringuitos y tradicionales verbenas.