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Parque Güell: Mágico y espiritual

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Tenía que ser una urbanización en las afueras de Barcelona, en la zona de la Montaña Pelada, una ciudad jardín en la que se construirían 60 viviendas. El proyecto nunca se acabó, pero Antoni Gaudí dejó para la posteridad un espacio mágico y exótico: el Parque Güell.

Situado en la parte alta de la ciudad, en lo que actualmente es el barrio de Gracia, el proyecto inicial estaba pensado como residencia para la nueva élite industrial de principios del siglo XX. Entre la jet set del momento se encontraba el promotor del proyecto, Eusebi Güell, que encargó a Gaudí un complejo en el que se unieran la cultura catalana tradicional con la modernidad. Pero el arquitecto todavía quiso ir más allá y, aprovechando el desnivel de la montaña, concibió el recinto como un camino de ascenso espiritual.

La espectacularidad del parque comienza en la entrada. Gaudí la colocó en la parte más baja del terreno y rodeó el recinto con un gran muro que pretendía aislarlo del bullicio. La muralla nace en los dos pabellones que flanquean la verja de hierro forjado por la que se ingresa al parque. Esos dos edificios se concibieron para uso como portería y administración, respectivamente. Gaudí se inspiró para su diseño en el cuento infantil Hänsel y Gretel.

Pocos inmuebles más hay en el interior del recinto. De los sesenta del proyecto, sólo se construyeron dos: la que sería la residencia de Gaudí y actual museo y la Casa Trias. La otra finca edificada que hay en el parque ya existía. El arquitecto sólo la reformó para que pudiera habitarla la familia Güell.

El camino hacia el Calvario

Tras cruzar la puerta, dejamos a la izquierda las cocheras y comenzamos el ascenso por la espectacular escalinata decorada con un célebre dragón de cerámica, que nos conduce hacia lo que iba a ser el mercado de los habitantes de la comunidad, un recinto formado por 86 columnas de seis metros de alto que, además de soportar el peso de la plaza que hay encima, sirven de canalización para que las aguas pluviales lleguen hasta la cisterna que se construyó en el subsuelo.

El techo del mercado hace las veces de plaza pública, una zona espectacular rodeada por un banco ondulante revestido de cerámica, que se concibió para ser punto de encuentro cívico y religioso de los habitantes de la urbanización. Hoy por hoy, es un mirador desde el cual se disfruta de las vistas sobre Barcelona.

Caminos y rutas

El parque no es sólo una maravilla arquitectónica sino también una obra de ingeniería. La urbanización tenía un total de tres kilómetros de caminos en un terreno montañoso con sesenta metros de desnivel. Para salvar esa dificultad topográfica, Gaudí diseñó tres viaductos de piedra y ladrillo que evocan lugares tradicionales de la geografía catalana como santuarios o grutas.

El final del camino es el Calvario. En este lugar se tenía que construir una capilla, pero finalmente se quedó en un montículo con tres cruces de piedra, que se inspiran en las cuevas prehistóricas que se hallaron en este mismo lugar.

Además:

- Si viajas en familia, puedes visitar el Parque de Atracciones del Tibidabo.

- Si te gusta la naturaleza, puedes hacer senderismo por cualquiera de las rutas de la sierra de Collserola.

- Si prefieres algo de aventura, puedes sobrevolar en globo Barcelona y sus alrededores.

- Si prefieres un viaje cultural e histórico, no te pierdas el Barrio Gótico de Barcelona.

Agradecimientos:
Ayuntamiento de Barcelona. Parques y Jardines