Un paseo por sus calles es un reencuentro con la paz y la quietud de esas pocas ciudades que permiten respirar silencio.
Las cicatrices del crecimiento de esta ciudad de leyenda se aprecian aún en su Casco Viejo. Jaén deja su cronología al aire, a la vista de todos, sin dar lugar a dudosas interpretaciones sobre su historia, que es fecunda y rica.
Jaén es una ciudad antigua, dorada al contacto con el sol, astro rey que parece mimar cada uno de sus rincones desde el confín de los tiempos. Los primeros restos arqueológicos, hallados en el monte de Santa Catalina, en Caño Quebrado, y en la actual calle de Cristo Rey, los Marroquíes Altos, vinculan a la Cultura del Algar los primeros asentamientos, allá por el segundo milenio anterior a Cristo. No obstante, los primigenios moradores son aún más antiguos, dada la abundancia de pinturas rupestres y vestigios de arquitectura megalítica hallada en las inmediaciones de la capital.
Los Ibéricos dejaron como legado un lienzo de muralla y restos de la Plaza de Armas de un poblado en el Puente Tablas, enclave próximo a la ciudad. La presencia de las huestes románicas de Escipión, es mucho más discreta. No se conserva edificación alguna, aunque el Museo Provincial de la ciudad alberga restos de mosaicos. Los visigodos hicieron flaco favor a la ciudad, sometiéndola a un periodo de decadencia. Los árabes se encargaron de arreglar el desaguisado organizado por sus antecesores, construyendo hasta la reconquista una ciudad próspera cuyo legado arquitectónico imprime decisivamente el perfil de la ciudad.
En el siglo IX se convierte en la capital de la cora de Yayyan, nombre que al parecer también adoptó la ciudad. Fruto de la relevante designación, se fortificó y también se construyó el castillo antiguo. De esta época, se conservan algunos edificios, entre los que destacan los Baños Árabes Califales. Con la toma por Fernando III en el año 1246 y el traslado del obispado desde Baeza, Jaén se convirtió en el centro de la reconquista de Andalucía.
Una de las grandes joyas de la ciudad, tanto por su riqueza artística como por sus dimensiones, son los Baños Árabes, también conocidos como Baños de Alí de quien se dice que destronó a un rey déspota y fue artífice de grandes obras, destacando los baños que ocho siglos después de su construcción son considerados como la obra más bella del mundo en su género. Sitos en el barrio de la Magdalena, construidos en el siglo XI, en plena época califal, se encuentran en un magnífico estado de conservación.
Sobre los baños se construyó en el siglo XVI el Palacio de los Condes Villardompardo, por lo que los baños permanecieron, como todo tesoro que se precie, oculto durante siglos. Su redescubrimiento se produjo en el año 1913. Tres años más tarde ya fueron declarados Monumento Nacional. Consta de vestíbulo de ingreso, sala fría, sala templada y sala caliente.
La espléndida catedral de Jaén es emblema de la ciudad, imagen indisociable de la ciudad. Sobre una antigua mezquita aljama fue mandado construir el grandioso templo por Fernando III el Santo en el año 1249, tras reconquistar la ciudad de Jaén. Y así fue, no sin antes sufrir todo tipo de penurias. De hecho su planteamiento inicial fue gótico, pero un ataque árabe forzó su reconstrucción a partir de sus cenizas. Así, cobraba forma poco a poco el templo eminentemente renacentista, uno de los más bellos de Andalucía. De él destaca la altura de las dos torres que flanquean la fachada principal, profusa y milimétricamente ornada, datada en el siglo XVII.
Desde sus balcones se mostraba al público una mística e importantísima reliquia, el Santo Rostro. Según la tradición católica, durante la Pasión de Cristo, una mujer se retiró su velo con el fin de secar la cara del condenado. La imagen de la cara de Jesucristo quedó impresa en el pañuelo de lino y éste milagrosamente se conservó a través de los siglos, convirtiéndose en un objeto de culto. Hoy en día la reliquia se expone los viernes en el interior de la catedral.
Al igual que la catedral, el Real Monasterio de Santo Domingo, convento del siglo XIV, presenta una preciosa fachada de estilo renacentista. La iglesia de la Magdalena, por su parte, se edificó sobre una antigua mezquita bajo preceptos góticos. A pocos metros de ésta se encuentra el Monasterio de Santa Úrsula, que data del siglo XVI.
Otra de las edificaciones emblemáticas es el castillo de Santa Catalina, que domina toda la ciudad desde el alto de un cerro homónimo de 820 metros. Construcción defensiva de origen cristiano medieval, lleva su nombre por la capilla gótica que fue instalada en el recinto, entre los siglos XIII y XIV. Íberos, musulmanes, cristianos y hasta las tropas napoleónicas fueron modelando el perfil y contenido de la fortificación.
Además de los monumentos arquitectónicos anteriormente mencionados, otros tantos merecen una visita en profundidad. La Iglesia Parroquial de San Bartolomé, la de San Juan, la de San Idelfonso, el Real Monasterio de Santa Clara, el Monasterio de Santa Úrsula, el de la Merced, el Real Convento de Santo Domingo, los palacios de Don Fernando de Torres y Portugal, de Condestable o de los Vilches son sólo una aproximación a la inmensidad patrimonial de una ciudad privilegiada.
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