Jerez ejerce un poderoso embrujo sobre el visitante, haciendo gala de unos encantos que embaucan la plenitud de los sentidos. La vista y el oído, a través de sus paisajes de impacto y su folclore de arraigo, el flamenco. El tacto, en la pelambrera de sus imponentes caballos, mientras que tanto olfato como gusto son gratificados con su selecta gastronomía tradicional y el cuerpo de sus vinos con denominación de origen.
Jerez es genuina. El profundo arraigo de sus tradiciones, perpetuadas celosamente por sus habitantes, permite un disfrute auténtico, sin artificios ni edulcorantes turísticos. En Jerez, no existe atrezzo, bambalinas o actores. Lo que en la ciudad se vive es la auténtica herencia generacional, que preserva su esencia a través de los siglos.
está considerado la "Cuna del Arte Flamenco". Y es que ninguna ciudad como ella ha dado a la historia más y mejores cantaores, bailaores y guitarristas flamencos. La propia ciudad late a ritmo de bulería, especialmente en el barrio de Santiago y el de San Miguel, donde nació esta improvisada inspiración flamenca. En pleno corazón del barrio de Santiago, en un palacio dieciochesco, se encuentra el Centro Andaluz de Flamenco, donde las más punteras tecnologías se suman al arraigo de la tradición.
El flamenco florece en cada rincón de la ciudad en sus numerosos tablaos, de forma concertada o espontánea, con o sin preaviso. Existen, no obstante, grandes citas anuales del arte flamenco. La tradicional fiesta de la Bulería en septiembre es única en su especie. Por su parte, el Festival Internacional de Flamenco de Jerez reúne cada año, entre los meses de febrero y marzo, a las más fulgurantes estrellas del género. A estos dos grandes eventos se suman los habituales recitales celebrados por las numerosas Peñas Flamencas de la ciudad.
Los distintos tipos de uva cultivados en las 18.000 hectáreas dedicadas a viñedos otorgan cualidades únicas al vino de jerez. Las variedades Palomino y Pedro Ximénez brillan con nombre propio en las tierras, que requieren de un intenso cuidado anual, tanto como lo hace el caldo escanciado en copa.
El brandy sigue el mismo proceso de maduración que el vino de jerez y obtiene de éste su materia prima. Los aguardientes de jerez se “envinan” con algún tipo de vino de jerez al menos durante tres años previo a su reposo final en botas de roble. De este periodo de envejecimiento dependerá el tipo de caldo espirituoso final, que puede ser Brandy de Jerez Solera, el más joven y afrutado, el Brandy de Jerez Solera Reserva, de un tono más oscuro fruto de un envejecimiento promedio de tres años y el Brandy de Jerez Solera Gran Reserva, el de mayor tiempo de envejecimiento, con un promedio de diez años de reposo.