Los mercadillos barceloneses dinamizan la vida en la calle y preservan las tradiciones
Son los mercados públicos uno de los motores de la cultura de calle barcelonesa, tradicionales puntos de encuentro donde aún se sigue funcionando por el antiguo y vistoso método de la subasta. Lugares donde acudir en busca de todo tipo de cosas, desde muebles a antigüedades, ropa, libros y discos de segunda mano, electrodomésticos, adornos de hogar o artículos de coleccionista.
Conocido popularmente como “Los Encantes”, este es uno de los más antiguos mercados europeos. La primera noticia que de él se tiene es del siglo XIV, cuando el mercado medieval se celebraba en las murallas en el camino de la Reguera. Fue cambiando de ubicación según pasaban los siglos hasta su último traslado en 1928, delante de la plaza de las Glòries Catalanes. Al principio esta mudanza no fue fácil, ya que no era un lugar de paso y la gente tenía que ir al mercado expresamente, pero poco a poco el número de vendedores fue creciendo hasta superar los 200.
Hoy en día son más de 500 los profesionales y comerciantes que se congregan en más de 15.000 m2 en esta feria única para el reciclaje y la venta de artículos de ocasión. Se trata de un mercado al aire libre ubicado entre la plaza de las Glories, la Avenida Meridiana, la calle de Cartagena y la calle del Consell de Cent. Es visitado cada semana por 50000 personas, siendo el mercado municipal que más dinero mueve. Permanece abierto lunes, miércoles, viernes y sábados entre las 9 de la mañana y las 8 de la tarde.
Cada día de mercado se celebra la subasta, tradición más significativa de la feria. Se ubica en la plaza asfaltada entre la calle del Dos de Mayo y la de Cartagena. Es un divertido espectáculo que nos traslada a épocas en que la forma de comerciar era muy diferente. Ya desde las cinco de la mañana van entrando los camiones que descargan sus lotes en la parcela asignada. Tras hacer el sorteo de parcelas para el próximo día, a las siete comienza la subasta, dirigida por un subastador público y su ayudante.
Como el orden de la subasta puede influir en el precio, el recorrido nunca empieza en el mismo sitio. El subastador se coloca frente a una parcela con los objetos que componen su lote y allí acuden los posibles compradores. Entre los lotes, destaca la variedad; todo tipo de muebles como mesas, juegos de sillas, viejos armarios, etc. También hay libros antiguos, discos de vinilo, figuras de decoración, jarras de porcelana, zapatos, juguetes... y objetos mucho más atípicos que no entran dentro de ninguna categoría.
Persiste el sistema de puja en duros, la antigua moneda de cinco pesetas, siendo la unidad mínima básica mil duros, 30 euros actuales. El subastador pide al dueño que fije un precio de salida, que canta en voz alta para que los interesados comiencen a pujar. El mejor postor se adjudica el lote una vez el subastador hace golpear su martillo de madera. Normalmente, tras la puja, los compradores suelen permanecer en el campo de subastas para vender al pormenor el lote recién adquirido, de modo que puede pasar por varias manos en poco tiempo.
El mercado de Sant Antoni se delimita por una marquesina metálica que también acoge las ferias paralelas de los Encantes y el Dominical. La historia de los Encantes alrededor de este mercado comenzó a finales del siglo XIX, con paradas de productos textiles, para el hogar y la cocina, etc. Actualmente, abren lunes, miércoles, viernes y sábado mañana y tarde. Las paradas se sitúan a derecha e izquierda dejando un amplio pasillo y una protección de lona verde las separa de la calle. Estos puestos no se agrupan por géneros, de forma que el visitante se encontrará salteados todo tipo de puestos de faldas, camisas, pantalones, toallas, camisetas, ropa interior, cazuelas, paellas, enseres de cocina, telas, lámparas, etc.
El Dominical es en cambio una feria especializada en libros, revistas, cromos, postales, películas y videojuegos. Sólo se permite la venta de productos culturales en apoyo papel, magnético y videojuegos. Es la feria de estas características más grande del mundo y pervive gracias a la tradición familiar, ya que muchos de los vendedores actuales son nietos de los que empezaron el mercado. En tiempos del franquismo incluso se atrevían estos comerciantes a recopilar y vender libros prohibidos por el régimen. Es una feria ideal para el coleccionista de todo tipo de libros, cómics, posters o cromos, ya que, aunque los nuevos soportes se imponen, el papel sigue predominando.