Desde Carlos I, que engalanó Madrid con palacios y monumentos, hasta Felipe II, que llevó la villa a su máximo esplendor cuando la convirtió en capital del reino.
El recorrido histórico que hoy se conoce como el Madrid de los Austrias muestra el esplendor pasado y presente de la capital española.
Los más pintorescos edificios renacentistas y barrocos son el legado de esta próspera época del reino de los Habsburgo.
Del km 0 a la plaza Mayor
No hay mejor punto para comenzar el recorrido que la Puerta del Sol, símbolo madrileño por excelencia y kilómetro 0 de las carreteras españolas.
Desde allí, hay que dirigirse a la cercana plaza Mayor, que ha sido testigo de mucha historia madrileña: Corridas de toros, autos de fe en época inquisitoria, procesiones, fiestas e incluso ejecuciones.
Hoy merece la pena pasearse por su mercado de sello y moneda, que se instala los domingos por la mañana bajo sus pórticos.
Iglesias, callejuelas y conventos
Desde la plaza Mayor, un paseo por calles medievales nos lleva a la plaza del Conde de Miranda, donde hay que hacer una visita al Convento de las Carboneras. La ruta conduce después a la calle San Justo, donde se alza la barroca Basílica de San Miguel. La misma calle Segovia lleva hasta Iglesia de San Pedro el Viejo. Desde allí, adentrándose en la plaza de la Paja, llega el turno de la única capilla del gótico madrileño; la del Obispo. El recorrido culmina en la Catedral de San Isidro tras un paseo por la comercial calle de la Cava Baja.
La plaza de la Encarnación, símbolo de los Austrias
Para conocer más a fondo el Madrid de los Austrias, es obligado visitar la plaza de la Encarnación, al norte del Palacio Real, aunque el lugar queda alejado del trazado. Sin embargo, vale la pena llegar para contemplar el famoso convento de la Encarnación.
La fundación del monasterio se debe a doña Margarita de Austria y fue levantado para celebrar ceremonias religiosas con participación de la Corona. En su plaza destacan también las viviendas de aire francés y el monumento a Lope de Vega.