Ubicada en la provincia de Girona, el Bajo Ampurdán constituye una región única por su gran conjunto medieval, desde el conocido Pals con sus calles, su muralla y su castillo hasta pueblos como Parafrugell, Torroella de Montgrí-L'Estartit o La Pera. Este conjunto singular forma una comarca de municipios amurallados, castillos, iglesias románicas y góticas, palacios... toda una región por descubrir
El corazón de la Costa Brava, en Girona, alberga un territorio legendario, inspirador de rimas y poesías. Entre las lindes de la comarca del Bajo Ampurdán es difusa la línea que separa la leyenda de la realidad. El visitante no ha de ofrecer resistencia ante este encantador embrujo, sino dejarse llevar por el ambiente de fantasía que ha congelado el devenir de los tiempos. El macizo del Montgrí que abraza la comarca, parece el abrigo que mantiene inalterable el seductor paisaje de la región.
Ubicada en lo alto de una colina, la localidad de Pals desafía el paso del tiempo manteniendo intacto su núcleo medieval y amurallado. Sólo cabe lamentar la pérdida de un antiguo castillo, del que únicamente se conserva la Torre de les Hores, un bello ejemplo de torre románica de fortaleza. El resto del recinto es un paradigma de la perfecta restauración, donde se pueden admirar diversos edificios góticos, como la actual Casa Museo de Arqueología Subacuática Ca la Pruna ,alojada en una casona fortificada de los siglos XV-XVI con dos torres, y la iglesia de Sant Pere. Diseminadas por todo el municipio hay un gran número de masías fortificadas y de torres de vigilancia de los siglos XVI-XVIII, así como el viejo edificio del Molino de Pals.
La localidad que inspiró al escritor Joseph Plá- el prosista catalán más influyente de la literatura catalana contemporánea- se rodea de una gran playa, de unos tres kilómetros y medio de longitud, en la que se pueden disfrutar de distintos deportes acuáticos con las islas Medes como idílico telón de fondo.
En sintonía con el entorno, en la localidad se desarrollan mercados, fiestas, ferias, conciertos y un sinfín actividades que dotan a las antiguas calles de un atractivo añadido. En Navidad, no existe mejor escenario para un Belén viviente. Por eso, el que se desarrolla cada adviento en Pals goza de merecido reconocimiento.
La historia del municipio más poblado de la comarca se remonta al siglo X. El pueblo se gestó en torno a un castillo medieval, del cual apenas quedan vestigios en la actualidad. Si mantiene intacto, no obstante el trazado urbanístico medieval en su núcleo antiguo, con edificaciones tan emblemáticas como la iglesia de Sant Martí.
La prosperidad llegaría a la localidad en el siglo XVII, de la mano de la producción de tapones de corcho, una industria que traería cuantiosos beneficios a Parafrugell, tal y como atestiguan los elegantes edificios modernistas que adornan el entramado urbano. El Museo del Corcho de la localidad conserva con mimo esta parte de su historia.
La cara más moderna de la moneda de Parafrugell se encuentra en los núcleos costeros de Calella , Llafranc y Tamariu, antiguos barrios de pescadores que se han convertido en equipados enclaves turísticos en los que la cotidianeidad palpita a un ritmo trepidante preservando a su vez su tradición marinera. En Calella, no deje de visitar además su castillo y jardín botánico de Cap Roig.
Otro lugar emblemático es el Cap de Sant Sebastià, con el faro, la ermita y los restos de un poblado ibérico, cuyos vestigios se remontan al siglo IV a.C.
Una maraña de callejuelas desordenadas compone el núcleo altomedieval de la localidad de Torroella, como una invitación indeclinable a perderse. Deambulando por su intrincada planificación urbanística, sale al paso la iglesia de Sant Genís y el Palacio Real del Mirador. De la muralla que protegía antaño el núcleo se conserva la sugerente Torre de les Bruixes y el portal de Santa Caterina, así como una parte de la propia muralla. Típicas en la localidad son las antiguas casas solariegas entre las que destacan el Palacio Solterra y Casa Pastor, esta última es la actual sede del Museo del Mediterráneo. Entre Torroella y L’Estartit se agrupan, además, numerosas masías fortificadas con sus características torres de vigilancia.
En lo más alto del macizo del Montgrí se alza su castillo inacabado, una melancólica silueta no por ello menos impactante. Aparte de su belleza natural, el macizo esconde un rico patrimonio histórico y cultural, como la solitaria ermita de Santa Caterina.
El municipio de La Pera se enclava en medio de un valle, sobre una colina, una silueta suspendida con el campanario gótico dominando la altura. La iglesia de Sant Isidor, en pleno centro urbano, fue construida a lo largo del siglo XVII en un tardío estilo gótico renacentista. Además de este templo emblemático, en La Pera pueden admirarse las casas, que se asientan en un curioso equilibrio sobre lo escarpado de la colina. Su núcleo urbano conserva el enredo propio de las poblaciones medievales.
Púbol, núcleo agregado de La Pera, conserva intacto su aspecto feudal, con el castillo y la iglesia en el lugar más elevado. A los pies se encuentran restos del recinto fortificado.