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El Puertito, puerta de entrada a la Isla de Lobos

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El Puertito no es exactamente una playa. En realidad, es un conjunto de pequeñas calas al amparo de un diminuto embarcadero de pescadores que lo hace pintoresco y especial. Al ser un puerto natural protegido por rocas y arrecifes, sus aguas son muy tranquilas.

Uno de los grandes atractivos de El Puertito, además, es que está enmarcado en el Parque Natural de la Isla de Lobos.

La Isla de Lobos es un parque natural y debe su nombre a la población de focas monje, o lobos de mar, que antes recalaba en sus costas pero que ahora, desgraciadamente, ya no existe debido a la acción de los cazadores y pescadores. 

Es una zona de gran riqueza ornitológica y cuenta con flores autóctonas, como la siempreviva. Su fondo marino también es reserva natural. Los aficionados al submarinismo podrán disfrutar de una inmersión única.

Es importante tener presente que para moverse entre las playas y la isla de Lobos y Corralejo en la costa de Fuerteventura, se tiene que hacer en barco. Para ello, existen tres embarcaciones de línea regular que están operativas entre las diez de la mañana y las cinco de la tarde. 

Así que se debe confirmar previamente el regreso desde Lobos para no quedarse en la isla, ya que esta no cuenta con plazas de alojamiento, tan sólo con una pequeña zona de acampada. Para pernoctar en ella hay que pedir previamente un permiso al cabildo (la entidad administrativa de Fuerteventura).

 

Una visita completa 

Si se quiere visitar a fondo la Isla de Lobos, es mejor madrugar. Así, uno se puede bañar temprano en la playa y, posteriormente, dar un paseo por la isla, que no es muy extensa (apenas 4,5 kilómetros cuadrados). La Caldera, con 120 metros, es el punto más alto de Isla Lobos y permite una excelente panorámica sobre la isla; una especie de portaaviones rocoso y desértico anclado en el mar. 

El camino marcado conduce al faro de Martiño y a la playa de La Concha, que prefieren los amantes de los espacios abiertos. Esta es la última parada antes de regresar al punto de partida: El Puertito y el embarcadero de los barcos que devuelven a los visitantes a Corralejo. 

 

Las dunas de Corralejo 

De vuelta a Fuerteventura, se acentúa la comparación entre la Isla de Lobos y Corralejo. No hay más que ver la cantidad que hay de locales, restaurantes, hoteles de las principales cadenas internacionales y atracciones pensadas para el visitante, básicamente extranjero. 

Corralejo también dispone de playas muy concurridas, como las de Puerto Remedios-Las Agujas o Punta Prieta. Un poco más lejos, se puede visitar la Reserva Natural de las Dunas, que incluye el cono volcánico de la Montaña Roja. Desde estas playas se tiene una visión perfecta de Isla de Lobos, que ocupa toda la línea del horizonte.

Corralejo pertenece al municipio de La Oliva, que tiene otros lugares de interés si se mira hacia el interior. En la Escuela de Calados de Lajares se puede ver algo único en el mundo: las caladoras tejiendo con mucho cuidado y concentración los manteles artesanales típicos de la isla. En La Oliva destaca la Casa de los Coroneles; un imponente edificio con forma de fortín levantado en el siglo XVII por la poderosa familia Cabrera Béthencourt, los señores de la isla. Durante muchos años, estuvo considerada la construcción más importante de Fuerteventura.

En La Oliva hay una excelente ocasión de probar la comida típica de la isla en el Mesón Tío Bernabé (tel.: 928 535 895). El caldo de pescado es su especialidad. Si se prefieren los sabores más modernos, el afamado cocinero catalán Carles Gaig es el responsable de La Cúpula, restaurante del Gran Hotel Atlantis Bahía Real, en Corralejo (tel.: 928 536 444). 

Con todo, la mejor experiencia es probar una paella o una fritura de pescado en el Restaurante Isla de Lobos, regentado por los hijos del antiguo farero en la pequeña isla. Por su pequeño tamaño, es imprescindible reservar con antelación (tel: 928 879 653).