Una ciudad en continua transformación como Bilbao también necesita nuevos actores. Uno de ellos es el Miró Hotel, que apuesta por una zona de wellness pensada para el cliente urbano. El Miró Hotel destaca entre otros por su diseño interior, realizado por Antonio Miró y la diseñadora Pilar Líbano. Será una fantástica propuesta para quien quiera hacer una pausa en su vida, pero sin cambiar de hábitos.
Bilbao
es sinónimo de arte contemporáneo y diseño. Por eso no es de extrañar que el Miró Hotel se encuentre a tan solo un centenar de metros del Museo Guggenheim
.
A primera vista, lo que llama la atención del visitante es el concepto estético del interior, obra del modisto Antonio Miró y de la diseñadora de interiores Pilar Líbano. Después, se descubre que el hotel concede una especial atención a la zona de wellness. Pocas veces diseño y descanso reparador se dan así la mano.
Ofertas para urbanitas
El Miró Hotel
tiene varias ofertas pensadas especialmente para una clientela acostumbrada a la vida urbana y a la que no le gusta cambiar de hábitos. El programa Miró Relax ofrece una habitación doble superior y el uso de la zona de aguas más un DVD y un CD para disfrutar en la habitación. El Miró Art es un pack que incluye desayuno bufé, entrada a los museos Guggenheim y de Bellas Artes, un DVD y habitación individual.
El visitante al que le gusta ir por libre, sin plan premeditado, también puede sacar provecho de una zona de aguas con baño de vapor, bañera y ducha de hidromasaje. Se puede recibir un masaje o realizar algo de ejercicio para después recuperarse en el gimnasio, gratuito para los clientes. Para los aficionados al golf, en recepción les informarán sobre los cuatro campos de golf de los que dispone Bilbao.
Fiel reflejo del estilo de Antonio Miró, el hotel es un espacio austero pero confortable, con detalles tecnológicos que lo convierten en contemporáneo. Las paredes del hotel también actúan como una improvisada galería: el Miró Hotel posee una colección de unas 40 obras de fotografía de artistas ya consagrados.
Bilbao es descanso
La céntrica ubicación del Miró Hotel anima a la tranquila degustación de la ciudad. Asistir a un buen concierto, por ejemplo, es una forma de relajar cuerpo y mente. El 365 Jazz Bilbao
ofrece conciertos todos los días del año en distintos puntos de la ciudad, mientras que la visita al Guggenheim se da por supuesta. Dos consejos para cuando se vaya al Guggenheim: hay que evitar la franja horaria de 11.00 a 13.00 h, cuando se producen las aglomeraciones, y, a menos que se sea un gran conocedor del arte contemporáneo, es mejor contratar una visita guiada.
Del Guggenheim a los pinchos del Casco Viejo
Una vez reconfortado el cuerpo y saciado el apetito cultural, llega la hora de salir a pasear por la ribera del Nervión y el casco viejo. Por supuesto, no se puede estar en Bilbao y no probar sus pinchos. El Café Bilbao
, en la Plaza Nueva, es una opción clásica y de toda la vida. Entre sus creaciones, no se puede pasar de largo el bilbainito y el soberbio pincho de rape y langostino con salsa de txakolí. En la misma plaza está el restaurante Víctor
, donde se puede degustar una buena lubina. También el restaurante Zortziko
(galardonado con 2 Soles de Repsol), muy cerca de la Plaza Nueva, ofrece la posibilidad de saborear el típico chipirón a la plancha, en este caso, sobre pan negro.
La modernidad se encuentra en Irrintzi
, en la calle Santa María. Aquí presentan bocados tan exquisitos como el crujiente de manzana con pato en salsa de cacahuete o el nido de pollo lacado con rúcula. Y un recordatorio: en Bilbao, la hora del aperitivo es sagrada aunque espere en casa una copiosa comida; de ahí que salir de potes sea casi una obligación.