
Muchas ciudades se preparan durante todo el año a que llegue su fecha señalada, para celebrar a su patrón y vestir sus calles de color. Pero si hay unas que dan más trabajo a sus habitantes y más preparativos precisan esas son las Fallas valencianas, que conmemoran a San José. Unas fiestas intensas en las que las más variadas gamas cromáticas se pierden finalmente entre las llamas y la pirotecnia.
Su celebración es en la semana del 19 de marzo, unos días en que las gigantescas figuras conocidas como ninots se apoderan de la ciudad. Además de ambiciosas construcciones, estas esculturas son verdaderas obras de arte en las que muchos creadores invierten su tiempo durante el año para ver reducidas a cenizas. Este desdichado final crea en el espectador una mezcla de pena y euforia ante el retorcimiento de los colosos.

Las fallas son una fiesta declarada de Interés Turístico Internacional. Aunque también se celebran en otras poblaciones circundantes a Valencia, es en la capital donde alcanzan su mayor expresión, posicionándose como uno de los mayores atractivos entre las fiestas españolas.
No en vano, son días en que el humor, la imaginación y el espectáculo sonríen a los visitantes en una impresionante exhibición de arte y color. Un resultado perseguido con afán por artesanos, escultores, pintores y otros muchos profesionales que se encargan de crear las obras. Y también por las comisiones falleras que a lo largo de todo el año tratan de obtener ingresos para mantener viva la fiesta y su propio ninot.
Del origen de las Fallas se puede afirmar que se remontan a principios del siglo XVIII. Una teoría dice que los carpinteros hacían quemar sus "parots", unas estructuras en las que colgaban los candiles ya que al llegar la primavera, dejaban de ser necesarios. La Iglesia, para combatir el paganismo de la fecha terminó haciéndola coincidir con la víspera de la festividad del patrón de los carpinteros, San José.
Poco a poco, ese parot fue vistiéndose con ropas para adoptar figura humana y entonces comenzó también a aludir a personajes, en un principio del propio barrio. Así surgió el ninot y posteriormente los aldeanos comenzarían a confeccionar también los catafalcos, de forma que se creaban monumentos con varios muñecos, que de las telas y la cera evolucionaron ya en el siglo XX al cartón piedra. Actualmente se utilizan materiales modernos como el poliexpán, fácilmente moldeable.

Pero no se trata sólo de artesanía y júbilo. Los catafalcos expresan una gran variedad de visiones más o menos posicionadas sobre temas o personajes de actualidad, en ocasiones satíricas, poniendo el dedo en la llaga. Tanto que se comienza a vislumbrar la sombra de la censura, un mal al que los artistas falleros no están dispuestos a someterse. Las fallas suelen contar con varios metros de altura, llegando las más ambiciosas a los 30 metros y se componen de figuras de cartón piedra sostenidas en un armazón de madera. Suelen incluir letreros escritos en valenciano explicando el significado de cada escenografía.

La fiesta comienza el día 15 por la noche cuando se montan las fallas. Ésta es al menos la tradición de la plantà, aunque dada la aparatosidad de algunas fallas cada vez más el acto se adelanta unos días e incluso necesita de la ayuda de grúas.
El pistoletazo de salida se produce con la Cridà, donde el responsable de la Alcaldía y las Falleras Mayores del año invitan a los valencianos a disfrutar de las Fiestas, desde lo alto de las Torres de Serranos. Desde entonces hasta el 19 de marzo los días y las noches en la ciudad del Turia se convierten en un júbilo continuo, aunque las mascletàs empiezan desde primeros de mes.
Este famoso término se refiere a espectáculos pirotécnicos de petardos y fuegos artificiales, que mediante su estallido crean composiciones musicales a través del ruido de los cañones de pólvora y tienen lugar en la Plaza del Ayuntamiento, a las dos de la tarde.

El día 18 tiene lugar otro acto muy emotivo en el que cada comisión fallera deposita ramos de flores en el muro de la basílica de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. La ceremonia se acompaña luciendo los trajes típicos y desfilando con las bandas de música hacia la enorme reproducción de la santa que se sitúa frente a la Basílica. Las falleras depositan flores formando un manto multicolor para la Virgen. La última en realizar la ofrenda será la Fallera Mayor de Valencia.
Ya el día 19 de marzo, comienzan los actos principales con la "despertá" o diana. Al mediodía llega la "mascletá" principal, uno de los más grandes espectáculos pirotécnicos que se puedan ver y oír. Finalmente al anochecer se produce la "cremá" o quema de todas las fallas, excepto una. El ninot elegido para salvarse de la quema se vota previamente y pasará entonces a ser conservado en el Museo Fallero. El resto, cerca de 380 monumentos se consumirán ante los ojos atónitos de valencianos y visitantes en una mágica noche difícil de olvidar.