Las direcciones imprescindibles

Tapear en Valladolid

Antes de comenzar con lo más granado de la capital vallisoletana haremos un par de apuntes: Valladolid es tierra de rotundas carnes y de impresionantes vinos (entre ellos el Vega Sicilia Único 1962, que ha recibido 100 puntos Parker) y el verbo tapear (más que aceptado por la Real Academia Española) allí se conjuga en gerundio. Además de su Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, que ya suma 11 años, muchos bares visten sus barras con croquetas y brochetas y alguno vuela hasta Estados Unidos y se cuela en La Casa Blanca. 

A 100 metros de la Plaza Mayor de la ciudad Villa Paramesa, el Mejor Gastrobar de la edición 2014 de Madrid Fusión, es el espacio en el que “se derrocha imaginación y creatividad por los cuatro costados” o, cuanto menos, por la proa y la popa de su K1, una barca de alga con ceviche de sardina y mahonesa de ajo negro (el pincho de oro del año pasado). Lo mejor es ir con tiempo, sin prisas y con hambre para probar su carta, muy apetecible desde las empanadillas de morcilla con praliné de piñones hasta la torrija anisada con salsa de vino tinto. 

Esa misma Plaza Mayor lleva 29 años viendo entrar y salir a los clientes de La Tasquita, con una barra que sigue siendo el mejor expositor de sus canapés de antes y de sus tapas de hoy. La tostada de gambas y el bocadito de solomillo al roquefort o con pimientos del piquillo no han dejado de prepararse desde 1986. 

La Tasquita.
La Tasquita.

En el Restaurante Jero, en el número 11 de la calle Correos, detrás del Ayuntamiento, ocurre algo innegable: decenas de pinchos sobre pan visten su animada barra. Las rodajas se visten de tradición, con el clásico morcón, o de irreverencia con propuestas como el angelillo (con mousse de foie y pistachos), misión imposible (bacalao con boletus) o el galáctico (de cecina con membrillo). 

Tapas en el restaurante Jero.
Tapas en el restaurante Jero.

Si “Yes we can” fue el eslogan triunfador de Barack Obama, en Los Zagales es casi un estribillo de buena suerte, porque sus pinchos han ganado primeros y segundos lugares en el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas. Dos de los más conocidos son el tigretostón(de pan negro, tostón, morcilla, cebolla roja confitada y crema de queso) y el Obama en La Casa Blanca (hojaldrillo con huevo de corral trufado a baja temperatura, crema de champis y patatas quemadas) que no nos garantiza la presidencia de Estados Unidos, pero con un nombre así casi nada puede salir mal.

Tapa Obama de Los Zagales.
Tapa Obama de Los Zagales.

Para sentirnos como vallisoletanos natos no podemos dejar de ir a El Corcho, famoso por su bacalao rebozado y sus croquetas. Al probarlas, coincidiremos en que son, valga la redundancia, como deben ser: crujientes por fuera y deliciosamente suaves por dentro.  

Como fieros amantes del producto, tratado con mimo y bien presentado, somos asiduos de La Garrocha y Vino Tinto joven. El primero, que se ha trasladado de la calle Francisco Sarandona a la Zúñiga, expone sus especialidades en blanco sobre negro en una enorme pizarra. Los imprescindibles, nos cuenta Chisco Alonso, su propietario, son el crujiente de manitas de cerdo, un pulpo con 2 texturas de patata, un ravioli crujiente de pato y setas y las croquetas de calamares en su tinta y jamón. El segundo cuenta con una buena selección de vinos, en perfecta armonía con las brochetas de cigalita y calabacín o de la foie con naranja. 

Antes o después de un viaje en tren Estación Gourmet, un mercado que ocupa los antiguos almacenes ferroviarios de Valladolid en el que conviven 14 variopintos puestos de comida (desde un “templo” del huevo hasta otro con más de 150 referencias de quesos).

Cerramos con Gastrolava (no hay que preocuparse, nada tiene que ver con volcanes) y debe su nombre a que está en el Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA). En un entorno de estética industrial este gastrobar, de personalidad informal, nace para romper con el primero, segundo y postre y para hacer de albóndigas y callos casi “obras de arte”. 

Gastrolava.
Gastrolava.