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La enorme caldera volcánica de Rodalquilar se aprecia a las mil maravillas desde la ubicación ligeramente elevada del Cortijo Boutique Siete Calas. En su azotea chill out, los ojos se te van automáticamente hacia el Playazo de Rodalquilar, con su característico castillo de San Ramón encaramado a una duna fósil. Pero cuando el embrujo mediterráneo se extingue, al hacer un escaneo de 360 grados, aparecen las cumbres deliciosas de la sierra del Cabo de Gata y se alcanza a intuir el colapso de un enorme edificio volcánico.
Estamos en un cortijo con al menos tres siglos de historia. Su nombre proviene de que, antiguamente, sus dominios alcanzaban varios kilómetros de línea de costa, precisamente desde el castillo del Playazo hacia el sur, hasta la cala de los Toros, ya casi en La Isleta del Moro, e incluyendo de camino las más cercanas calas de la Punta Polacra, sobre las que domina el faro más alto de todo el mar Mediterráneo. “En realidad eran muchas más de siete”, cuenta Maite Ribeiro, copropietaria del cortijo, a quien la pandemia le precipitó un sueño que tenía para su jubilación.
A pesar de su apellido norteño, Maite es madrileña, pero casada con un almeriense y también con el cabo, adonde venían a veranear con sus hijas cuando eran pequeñas. “Mi suegra me contaba que el cortijo se dedicaba a la agricultura, que llegó a ser el motor de la zona y que también explotó algunas minas de oro”, cuenta Ribeiro. Luego con la industrialización, el declive de la agricultura tradicional y la declaración de parque natural, el cortijo acabó desgajado y ellos heredaron apenas el terreno del alojamiento, que no es poco.
Frente al edificio principal, en contraste con el paisaje árido, crece una especie de pradera compuesta de matorrales suculentos que interrumpe un aljibe de diseño árabe, “vete tú a saber qué año”. Ribeiro nos señala, junto a la colina anexa, canalizaciones talladas en la roca para conducir el agua de la lluvia hasta el depósito. A Maite y a su marido llevaba años rondándoles la cabeza la idea romántica de hacer del viejo cortijo una casa rural cuando se jubilaran, pero la pandemia precipitó los acontecimientos.
En agosto de 2022 cumplieron su sueño tras hacer una reforma que ha buscado el equilibrio entre la arquitectura tradicional y el confort contemporáneo, y que ha conseguido construir lujo con materiales y códigos del paisaje: vigas de madera vista, muros encalados, piedra natural, decoración con cerámica típica de las alfarerías de Níjar, rincones de inspiración nazarí, una alberca junto a olivos, almendros y palmeras… El patio andaluz y la azotea chill out son los rincones más buscados, desde donde se pueden encargar sesiones de astroturismo.
El catálogo de experiencias que proponen desde las Siete Calas da para mucho más allá que una semana de hedonismo. Y es que el cortijo tiene una ubicación estratégica dentro del Cabo de Gata, a medio camino entre el núcleo urbano de Rodalquilar y su famoso Playazo. Para muchos locales, este es su arenal favorito: puede que el paraje no sea tan espectacular como el de las playas de los Muertos o de Mónsul, pero es más accesible y tranquilo. El Playazo es la única salida al mar de la caldera volcánica de Rodalquilar, un cráter enorme, de 8 km de diámetro, de un antiguo edificio volcánico que colapsó.
El Cabo de Gata es el segundo paraje volcánico más importante de la Península por detrás de La Garrotxa (Girona). Se formó hace unos 11 millones de años, o sea, hace un suspiro en términos geológicos. Es un paraíso para los geólogos por la enorme diversidad de materiales que se encuentran en su suelo y, a la vez, una pesadilla para los mineros, que disponen de montones de tesoros, pero muy desperdigados y difícilmente explotables. Sobre esta dualidad, podemos acercarnos a echar un vistazo al vecino Ecomuseo Casa de los Volcanes.
A escasos metros del cortijo boutique se encuentra el vestigio más antiguo de la minería de la zona, que además es una de las grandes joyas patrimoniales del Cabo de Gata. La torre de los Alumbres, una fortaleza de planta cuadrada con 14 metros de altura y flanqueada por torreones en sus esquinas, se construyó en 1509 para proteger una próspera mina de alumbres de ataques de piratas berberiscos. Está en la Lista Roja de Patrimonio, pero sigue luciendo majestuosa a orillas de la rambla del Playazo.
Todavía más cerca del cortijo, hay un puñado de ruinas que pasan desapercibidas para la mayoría de viajeros, pero que tienen un significado sentimental y artístico muy importante para la gente del cabo. Se trata del cortijo La Unión, hogar de la escritora Carmen de Burgos “Colombine”, considerada la primera periodista profesional en España y primera corresponsal de guerra. Nacida en Rodalquilar en 1867, escribió un ciclo de novelas ambientado en el Cabo de Gata que se lee a las mil maravillas desde las tumbonas del Siete Calas. Así, con sus descripciones de la vida en los cortijos, se entiende mejor que, por mucho que vengamos al cabo en busca de playa, para vivirlo en su forma más genuina, hay que alojarse en uno de los cortijos que sustentaron su vida durante siglos.
CORTIJO BOUTIQUE SIETE CALAS. Carretera de la Polacra, 4-6. Rodalquilar, Almería. Tel: 674 02 92 31
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