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Almorox

Un pueblo orgulloso de su rollo de justicia

La carretera N-403, que une Toledo y Ávila, se transforma en nervio central de Almorox, atraviesa la localidad y la vertebra. Llegando en coche, hacia la mitad del pueblo, el visitante se topará con la avenida de la Iglesia, nombrada así, por pura lógica, porque allí se levanta la iglesia de San Cristóbal. Si se toma esa avenida, llamará la atención el pórtico de la fachada norte, una obra exquisita en estilo plateresco que esconde tras de sí un templo de 40 metros de longitud en una única nave. Tan exquisitos o más son los retablos de Juan Correa y Alonso Berruguete (que no son los únicos del templo), así como escalera de caracol de talla única (una de las pocas de España) de la sacristía. Y aunque la iglesia fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1983 y restaurada en parte en los últimos diez años (varios retablos y el coro) no es lo que más admirará a los viajeros.

Esa misma avenida de la Iglesia conduce un poco más adelante a la plaza de la Constitución, centro neurálgico del pueblo y sede del ayuntamiento (construido en estilo barroco a finales del XVIII). Allí, en el medio de la plaza, rodeado de casas de ladrillo visto tradicional y vistosos balcones, se yergue majestuoso el orgullo de Almorox: su picota o rollo de justicia, erigido en 1566 como símbolo de la libertad jurisdiccional de la villa, que antes dependía del señorío de Escalona. Un monumento de gran belleza y excelente estado de conservación descrito de este modo por el consistorio: “Es un cilindro de piedra berroqueña de 8 metros de altura, con gradería de cinco peldaños y coronada por cuatro cabezas de leones y un templete de columnas jónicas. Destaca entre las de su estilo por su belleza, esbeltez y excelente conservación”.

No acaban aquí los puntos de interés de Almorox, pero ahora hay que regresar sobre los pasos dados. Cerca de la entrada norte del pueblo (al lado mismo de la carretera N-403), encontramos la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, del siglo XVII. Y a 200 metros de allí, la carretera que va a Cenicientos permite visitar el puente de las Pasaderas (siglo XVII) y, más adelante, el puente de las Barguillas, una construcción romana muy bien conservada.

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