Eivissa/Ibiza

Eivissa/Ibiza

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Atardece en Ibiza, la puesta de sol dibuja una ciudad que atrae la fiesta y el desenfreno, pero también la cultura hippy, el verano del amor y la tranquilidad de sus costas. Con su paleta de colores, el astro rey perfila las calles de su barrio antiguo, Dalt Vila, mientras dibuja la majestuosa silueta de la Almudaina-Castillo de Ibiza, coronando la ciudad balear. Los rayos de sol recorren la plaza de la Catedral y se posan sobre sus muros reflejándose en la Virgen de las Nieves, patrona de la isla. Esculturales cuerpos de gogós recorren la playa de Ses Salines haciendo un espectáculo de baile para atraer a los bañistas y venderles las entradas de las más imponentes discotecas de Ibiza. Llega la noche y la más blanca de las pitiusas se viste al estilo adlib (ibicenco) y se rinde a la fiesta del Port de San Miguel, brindando con licor de hierbas ibicencas, a ritmo de música electrónica. 

Con la primera luz de la mañana, Ibiza se despereza entre el frondoso Parque Natural de Ses Salines mientras el sol se posa en sus estanques y refleja sus rayos entre los rosados flamencos. En lo alto de una colina, molinos harineros nos dan la bienvenida a la necrópolis fenicio-púnica del Puig dels Molins, lugar donde los antiguos ibicencos enterraban a sus muertos, custodiados por la diosa Tanit. Ya en lo alto del cielo, el sol deslumbra a los bañistas de playa d´en Bossa mientras los buceadores disfrutan del snorkel, sumergiéndose en las turquesas y claras aguas plagadas de posidonias, una planta marina que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de Ibiza. Sobre una tabla de paddle surf, locales y turistas rodean la isla para llegar a cala Conta donde, a ritmo de timbales, el sol vuelve a esconderse, dibujando una hermosa estampa en la que el islote de S'Illa des Bosc rompe el cielo de rojizos colores, dejando una imagen de postal inolvidable.

Todos los años, el segundo domingo de mayo, las calles de Dalt Vila se visten de medievales para conmemorar la proclamación de la ciudad de Ibiza. El casco histórico se convierte en un vibrante teatro plagado del color y sabor de la isla. En este espectacular escenario, la muralla de Ibiza, Patrimonio de la Humanidad, acoge entre sus muros a más de 100.000 visitantes que, durante esta celebración, se trasladan a la Edad Media.

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