Anchoa, fruto del Cantábrico - Guía Repsol

Frutos del Cantábrico

Anchoas de Santoña

Los asentamientos humanos en la cornisa cantábrica datan de tiempos prehistóricos y la pesca ha sido una actividad inherente a la economía de la tierra. Lo fueron las capturas balleneras en su momento y lo es ahora la de otras especies como la anchoa. El origen de la industria salazonera en Cantabria data de finales del siglo XIX, cuando la fuerte demanda de productos del mar en Europa y América impulsó a los industriales salazoneros del sur de Italia a instalarse por temporadas allí. Giovanni Vella Scaliota, enviado a España como salador, comenzó a idear el modo de comercializar este pescado ya preparado (hasta ese momento se vendía con la sal y había que limpiarlo justo antes de su consumo). Finalmente llegó a la conclusión de que el aceite de oliva a 0°de acidez era el conservante perfecto para poder servirlas directamente de su envase a la mesa.

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  1. Castro Urdiales
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    Castro Urdiales

    La ruta por los caminos de la anchoa más famosa de la península comienza en la localidad de Castro Urdiales. Nos internamos en su casco histórico para encontrarnos con un pasado medieval a orillas del mar.

    En las mesas de los castreños destacan los pescados y mariscos del Cantábrico. Las anchoas, la lubina, la merluza o el lenguado, aunque no hay que perder de vista la carne y las verduras de la tierra.

    En restaurantes como el Mesón Marinero nos toparemos con lo mejor de la gastronomía local. Los pescados del cantábrico y el arroz con leche son dos de sus especialidades.

    Para completar nuestra ruta por la ciudad podemos encontrar los mejores productos en la conservera La Castreña, donde además tenemos la posibilidad de visitar sus instalaciones previa cita.

    Prueba de la fuerte tradición gastronómica la aportan multitud de fiestas y celebraciones. La Fiesta de San Juan (en junio, con su sardinada), la de Santa Ana (en julio, con el concurso de tortillas), la de La Asunción (que en agosto acoge un concurso de marmitas) o la  de San Andrés (en noviembre, cuyos protagonistas son los caracoles y el besugo).

    Además, en el casco histórico podemos visitar el mercado de abastos, obra del arquitecto Eladio Laredo, donde se hallan los productos más frescos.
    Algunos de los monumentos más representativos de Castro Urdiales  son el Castillo y el faro o la iglesia gótica de Santa María. También encontraremos vestigios más modernos como los edificios modernistas de la casa de los Chelines, la residencia de los Heros.

  2. Laredo
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    Laredo

    A 20 kilómetros de Castro Urdiales, y unido a él por la E-70, se encuentra Laredo con una de las playas más largas de Cantabria, la playa de Salvé. Cuatro kilómetros de arena blanca que pertenecen a una población genuina de pescadores descendientes de los celtas.

    La zona comercial se establece entre las calles peatonales Zamanillo y Garelly de la Cámara. Merece la pena una visita a su mercado de abastos, de comienzos del siglo XX.

    Para degustar los productos del mercado ya preparados hay que hacer una parada en alguno de sus restaurantes, como el Plaza, en cuya carta se pueden encontrar las famosas anchoas de la localidad o Casa Felipe, que ofrece pescados blancos y  azules de la costa.

    Algunos de los platos más conocidos de la tierra son los bocartes a la cazuela, el rape en salsa verde, las albóndigas de verdel, el cocido montañés o la marmita (receta marinera de bonito y patatas que tiene su propia fiesta el 16 de agosto).

    Si queremos hacernos con anchoas de la zona, una de las factorías es la de Conservas Lotamar, que las elabora de forma artesanal desde 1950.

    Además, si nuestra visita se produce en septiembre, estaremos atentos a las fechas de la Ruta de la Tapa Imperial, ya que los restaurantes de la localidad ofrecen un menú basado en el producto estrella de cada edición.

    Su rastro histórico va desde el Medievo hasta el Renacimiento o el Barroco y su núcleo urbano se dispone en torno a la Puebla Vieja, donde encontraremos la iglesia de Santa María de la Asunción.

  3. Santoña
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    Santoña

    Desde Laredo recorremos la A-8 y la CA-241 y llegamos a Santoña, tras cruzar la ría de Treto y el Canal de Hano, en cuyo margen se encuentra el parque natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel,  una verdadera joya natural en la que habitan más de 20.000 aves y 120 especies.

    La estampa marinera de Santoña, en la bahía que lleva su nombre, merece una relajada visita tras la cual podemos disfrutar en cualquier momento del año de la mejor mesa en alguno de sus bares y mesones, expertos en cocina tradicional, como los arroces de As de Guía o el Restaurante de Pilar, que se encuentra en el puerto pesquero y ofrece unas espectaculares vistas al mar desde su comedor.

    Es en esta localidad en la que tienen su sede algunas de las conserveras más prestigiosas de la costa cantábrica. Angelachu, Fontecilla o Consorcio son algunas de ellas.

    Por otra parte, si hacemos la ruta en septiembre, asistiremos al homenaje que hace la villa a uno de los platos más marineros, la marmita. En La Gran Marmitada se invita a todos los asistentes con motivo de la celebración de la Virgen del Puerto.

    A 19 kilómetros de Santoña por la CA-141, descubrimos una de las mejores vistas desde la bahía de Santander hasta la cordillera Cantábrica. Cabo de Ajo, uno de los cabos más accidentados en el que se forma la espectacular  “ojerada”, una zona rocosa en la que el mar ha creado cuevas y su forma, similar a la de dos grandes ojos, da nombre a este lugar.

  4. Ribamontán al mar
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    Ribamontán al mar

    Continuamos por la CA-141, que nos trasladará en media hora hasta el municipio de Ribamontán al Mar. Desde aquí recorremos diferentes pueblos que merece la pena visitar.

    De camino a Somo se encuentra una de las playas más famosas de Cantabria, la de Langre. Los prados de este municipio llegan hasta el borde de los acantilados que protegen esta playa, famosa por las largas escaleras que hay que franquear para acceder a ella y por su belleza.

    El margen derecho de la bahía de Santander está Somo,  desde aquí  disfrutamos de la estampa del palacio de la Magdalena de la capital mientras nos recostamos en una de sus maravillosas playas llenas de surferos. Si queremos hacer una parada y degustar algún plato tradicional una opción es el restaurante Las Torres (Calle Arna, 66), uno de sus platos especiales son las anchoas de Santoña con pimientos del piquillo.

    Otro alto más en el camino lo merece el santuario de Nuestra Señora de Latas, del Barroco, en la localidad de Loredo, donde podremos hacer un alto también para degustar algún pescado fresco en sus tabernas y avistar desde sus playas la famosa Isla de Santa Marina.

Conoce el entorno

El sabor

Para distinguir una buena anchoa en salazón hay que atender a cuatro parámetros:

El color, que  debe ser marrón-rosaceo; el olor, que proviene de su consistencia grasa, del proceso de salado y del aceite de oliva; el sabor, que debe ser ligeramente salado e intenso y la textura, consistente, de carne tiesa y masticable gracias a las condiciones del mar Cantábrico y a la cuidadosa elaboración.

En el proceso de elaboración, tras la salazón, se prensa durante meses y se lava en diversas ocasiones para eliminar la sal y las escamas. Tras esto se quitan a mano las rebarbas y se cortan en dos, dejándolas listas para sumergirlas en aceite y envasarlas.

Qué comprar

Los mercados de abastos son el punto de encuentro perfecto del visitante, ávido de productos gastronómicos de la mejor calidad en Cantabria. Productos elaborados, como las anchoas, alimentos frescos de la huerta cántabra, carnes de su montaña y pescados recién traídos de la lonja, se reúnen en estos espacios ofreciendo un espectáculo exquisito.

Junto a los alimentos ya mencionados se abre otro universo culinario que nos lleva por los embutidos de caza, de jabalí o ciervo, el orujo, el queso o los postres más típicos, como corbatas, sobaos o quesadas.

Visita obligada

La conservera Blasan, situada en Santoña, ofrece la posibilidad de visitar sus instalaciones, previa cita y en grupos de al menos 30 personas.

Un paseo por su fábrica, donde se producen anchoas y otros productos, nos acercará a la historia de este alimento y sus posibilidades culinarias. Todas ellas se pueden adquirir a precio de fábrica en la tienda que se encuentra en el mismo emplazamiento.

La fiesta

La Feria de la Anchoa y de la Conserva de Cantabria se celebra cada primavera en Santoña. Durante un fin de semana la localidad organiza multitud de actividades relacionadas con este pescado en conserva.

Entre ellas se realizan exhibiciones de cocina, talleres, visitas a la lonja y catas, tanto del producto a solas como de diferentes platos de los que forma parte como ingrediente.

Los conserveros de la zona participan activamente con sus stands en los que se pueden adquirir las latas rellenas de las protagonistas de la fiesta.

Alojamiento

Las tierras de la anchoa son el emplazamiento ideal para alojarse y disfrutar de uno de los mejores paisajes de la Península Ibérica. Las montañas y los prados llegan hasta casi el borde del mar y sólo se separan de éste por las franjas blancas de playas kilométricas.

En este entorno y con las mejores instalaciones, el hotel Aisia Islares es una opción ideal para relajarse y disfrutar de la gastronomía cántabra (especializados en marisco, carne y verduras frescas) y de las instalaciones termales que posee.

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