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Platos de cocina disfrazados

La cocina del 'sí es / no es'

La cocina es irónica y juguetona. Menos mal. Y le gusta disfrazarse desde tiempo inmemorial para aparentar lo que no es. Ya sea por una cuestión económica o por el simple placer de sorprender. Aprovechamos que es Carnaval para proponerte una particular mascarada con los productos que usas habitualmente. Dejarás boquiabierto al personal. 


Texto: ROSA TOVAR / Fotografías: ALFREDO CÁLIZ

Entre las celebraciones propias de don Carnal era común, aún lo es, el disfraz de los participantes, no siempre seductor, que permitía su anonimato, real o ficticio, y la posibilidad de hacer burlas y chanzas a cuenta de los caciques o mandamases del lugar o de entablar relaciones con otras personas, desconocidas o de otras esferas sociales, a las que no tendrían acceso en otro momento del año.

El gusto por el disfraz se extendió hasta los platos de cocina, no solo en tiempo de Carnaval. En nuestros días continúa de actualidad con artificios o farsas que llegan a lo sublime gracias a técnicas muy desarrolladas pero, de acuerdo con Óscar Velasco, no me gusta mucho el disfraz en la comida si no tiene una razón de ser, como las que lo han originado de formas diversas según las épocas y por motivos muy distintos a los actuales. Es la cocina del sí es - no es, de lo que parece pero no es, testimonio supremo de la creatividad de los más curtidos y expertos en el oficio de los fogones y en la que es necesaria la complicidad de la imaginación del comensal.

Es también la cocina de la sorpresa, un ingrediente imprescindible en la mesa, según mi modesta opinión, que en muchas coyunturas puede transformar el preparado más sencillo en un festín y, en tiempos de hambruna, alegrar los ojos de los comensales famélicos. Los ejemplos son numerosos, de los que aquí se darán solo algunos, y sus resultados siempre excelentes, pues la inventiva de los cocineros ha pulido estos platos, sobrios o espléndidos, hasta hacerlos suculentos. El lector puede encontrar los suyos a poco que rebusque en algunas páginas.

Patatas disfrazadas de pollo. Alfredo CálizPatatas disfrazadas de pollo.

En ocasiones era el nombre de la preparación el que traía a la mente del comensal productos cárnicos o del pescado sin que, en realidad, se encontraran en su composición. En el recetario del siglo XIII hispanomusulmán, que contiene algunas recetas hebreas y cristianas, traducido por Huici Miranda, como ejemplo medieval y de motivo religioso, se encuentra un morcillón sorprendente, una tripa rellena de un batido de huevos con mucha cebolla sofrita, caldo y las especias de una morcilla. Después de cuajada en agua casi hirviente, el humo de la chimenea en la que se colgaba le daría la tez negra propia de las morcillas de sangre de cerdo, alimentos ambos prohibidos en las normas halal y caser, para despistar a los vecinos inquisidores. Hoy aún se hace un embutido parecido en Navarra, como me ha indicado el profesor Paco Oroz.

Ejemplos actuales de este tipo de disfraz son las perdices de la huerta, de Murcia, en realidad lechuguitas cortadas en cuartos y en ensalada con anchoas y su aliño o las patatas en ajopollo del interior de Málaga; no hay pollo por ninguna parte, pero el solo nombre alegra los estómagos más vacíos. En los bares de Lisboa son tradicionales como aperitivo los peixinhos da horta y que no son más que judías verdes rebozadas y fritas como los boquerones. O el nombre desviaba la atención del ingrediente real, como el caldillo de perro gaditano –en la receta se explicará la razón de lo perruno—o los espárragos montañeses de Aragón, en realidad los rabos mutilados a las corderas hervidos y fritos, que en la región alcarreña, de habla parca pero certera, se conocen como carne de vivo.

Una pechuga de ave en el proceso de transformación a milanesa. Alfredo CálizUna pechuga de ave en el proceso de transformación a milanesa.

En otras se quería dar lustre con alguna argucia a un ingrediente más modesto, sin llegar a ser humilde, que el que el disfraz muy llamativo quiere representar, como el gigot de mer de la región meridional de Francia porque hay que señalar que hasta hace bien poco, quién lo diría hoy, la carne se prefería sin duda alguna al pescado. El gigot es siempre una pierna asada de cordero –que no suele correr por los mares, no vamos a contar mentiras, tralará— pero la cola de un rape atada y bien dorada sobre un lecho de patatas refritas, adornada con tomates, pimientos, aceitunas y regada con aceite de oliva puede ser en la imaginación del ávido de carne un pernil de cordero desde luego más sabroso que el que retrata llorando sus bondades sobre las patatas Alejandro Dumas en uno de sus escritos. O la chuleta de Kiev, una pechuga de ave con el alón que, rellena de mantequilla y empanada, simula ser una milanesa con su hueso, la chuleta de ternerita lechal, casi recién nacida, empanada y frita en mantequilla en que consiste esta especialidad de Milán.

Hasta las bromas encontraron acomodo en este mundo de fantasía culinaria para aupar el reciclado de unas sobras a manjar, como los supplì al telefono, una suerte de croquetas de arroz del Lazio que en su centro esconden carne y queso que se funde en hilos y que, al partirlas, dejan un cordón colgando como el del teléfono. O los arancini, es decir, naranjitas de Sicilia, que en realidad son de igual modo fritos empanados de arroz con carne y queso, que a veces son redondos como el cítrico pero otras tienen una forma cónica, las que le chiflaban al comisario Montalbano. La broma puede llegar a lo macabro en los niños envueltos, los filetes enrollados con carne picada especiada dentro y guisados en salsa que estos tiempos que evitan lo políticamente incorrecto llaman paupiettes.

Estas son las falsas naranjas de las que es devoto el comisario Montalbano. Alfredo CálizEstas son las falsas naranjas de las que es devoto el comisario Montalbano.

A veces la pobreza de los ingredientes o su carácter vegetal –en tiempo de abstinencia, por ejemplo, o de penuria, el más habitual de los estados del ser humano a lo largo de la historia— se disimulan, como la sopa de linguados do rio, de Vila Franca da Xira, una sopa sobre la base de un sofrito en aceite de oliva de cebolla y tomate, un puñado de folinhas de louro, hojitas de laurel, que simulan ser los lenguados de río que, como es bien es sabido, no existen, que se termina con agua y se sirve bien caliente sobre unas lonchas de pan. Parecida a las sopas de tomillo del Ampurdán.

Hay otras en las que el alimento principal de un plato se ocultaba para fingir ser, por su aspecto, algo más sustancioso –bien entendido que esa suculencia que aparenta esconder el embozo se refería sobre todo a la carne y, si no había otro remedio, al pescado— de lo que en realidad es. En la cocina de vigilias y abstinencias española, inmensa y vigente hasta principios del siglo XX –no se comprende que esté tan descuidada por los cocineros aficionados a las verduras o los vegetarianos, porque contiene ideas magníficas— se encuentran preparados que representan bien esta argucia del disfraz. Los cardos o las pencas de las acelgas ocultos bajo una salsa vegetal oscura y gratinados con pan rallado frito sugieren quizá en la mente calenturienta aguzada por el hambre unos filetes de ternera o de cerdo en salsa gratinados con quesos grasos y cremosos...

Patatas en ajopollo

Plato terminado. Patatas en ajopollo. Alfredo Cáliz

Ingredientes para cuatro:

1 k de patatas
6-8 cucharadas de aceite de oliva virgen
2 dientes de ajo
6-8 almendras marcona o plancheta
1 rebanada de pan blanco
1 cucharadita de cominos
1 cucharadita de orégano
4-5 hebras de azafrán, si se tiene
Sal gorda
1 pellizco de pimentón
2 tomates rojos, pelados, sin semillas y picados

 Modo de elaboración:

Pelar patatas. Alfredo Cáliz

Pelar las patatas y cortarlas en dados. Calentar el aceite en una cazuela o una sartén honda y sofreír los ajos, las almendras y el pan. Pasarlos al mortero con los cominos, el orégano y, si se tiene, el azafrán. En el mismo aceite sofreír las patatas, esparcir por encima el pimentón, dar dos vueltas y añadir los tomates en dados. Cuando se hayan sofrito 2 o 3 minutos, añadir el agua necesaria para que queden medio cubiertas las patatas. Medio tapar la cazuela o sartén.

Patatas en ajopollo. Alfredo Cáliz

Majar en el mortero ajos, almendras, pan con los granos de pimienta, comino, el azafrán si se tiene y una cucharadita de sal gorda. Echar el majado en la cazuela cuando las patatas estén medio hechas, remover con suavidad y dejar al fuego hasta que la salsa esté ligada y todo en su punto, no en puré.

Caldillo de perro

Plato terminado. Caldillo de perro. Alfredo Cáliz

En nuestra lengua se suele nombrar de perro, de perros o perruno, como me ha enseñado mi hermana, aquello que entra dentro de los alimentos de la gente más desfavorecida y que ha dado lugar al nombre de las perrunillas. Estas se hacían con las harinas de trigo menos refinadas, más llenas de impurezas y más baratas –hoy son las más caras, ironías de la historia— harinas perrunas, aunque han llegado hasta nosotros como unas pastas rústicas deliciosas y de gran éxito, con toda la razón. Me encantan. El caldillo, de la costa gaditana, se haría con las piezas de pescado menos valoradas, las pijotas menudas que correspondían a los marineros tras la pesca, y se perfumaba con el zumo de las naranjas agrias que se recogen en los árboles de la calle de las ciudades.

Ingredientes para cuatro:

6-8 cucharadas de aceite de oliva virgen
2 dientes de ajo, pelados
Sal gorda
2-3 granos de pimienta
1 cebolla grande, tierna, muy picada
Agua o caldo de pescado, sal, pimienta
4 rodajas de pescadilla o merluza de 150 g cada una
2 naranjas amargas, es decir, agrias

Preparación de la pescadilla

Modo de elaboración:

En una sartén o una cazuela amplia calentar el aceite y sofreír los ajos. Retirar al mortero. Echar entonces la cebolla en la sartén o cazuela, bajar el fuego y esperar a que se sofría bien y se ablande. Verter sobre el sofrito ¾ de l de agua y dejar hervir hasta que la cebolla casi desaparezca. Mientras, machacar en el mortero los ajos con una cucharadita de sal gorda y los granos de pimienta y añadirlos a la cazuela. Si el líquido se ha reducido mucho, añadir un poco e introducir las rodajas de pescadilla, que tienen que estar apenas cubiertas. Dejar en un temblor, sin que hierva, durante unos 7-10 minutos. Regar con el zumo de las naranjas, que suele ser escaso, probar de sal y servir de inmediato. La salsa estará ligada.

Regar la pescadilla con naranja. Alfredo Cáliz

Consejo: Si se compra una pescadilla entera, se puede hacer un caldo con la cabeza, lo más feo de las orejas y la cola, con que la que este caldillo quedará superior, qué duda cabe, con su salsa bien ligada con la sustancia.

Arancini

Estos fritos de arroz sicilianos, sin relleno de queso filante, por lo que no podían ser supplì, aún tenían el nombre y la forma de crocchette di riso, es decir, croquetas de arroz, en La scienza in cucina e l’arte di mangiar bene del gran P. Artusi (1820-1911). Eran de risotto blanco cuando el autor las llama semplici, pero el arroz se revolvía con un sofrito en mantequilla de menudillos de ave picados –ay, el arroz con menudillos de mi abuela— cuando las denomina composte. En Il talismano della felicità, de la también grande Ada Boni (1881-1973), ya se encuentran disfrazados con el nombre de arancini en una receta en la que se basa la que aquí se presenta. Boni aconseja servirlos con una salsa de tomate muy densa por encima.

Arancini. Plato preparado

Ingredientes para cuatro:

½ bola de mozzarella
50 g de mantequilla
1 cebollita picada
250 g de arroz de grano redondo, italiano o español
3 cucharadas de vino blanco seco
½ l de fondo de carne desgrasado y salado
3 cucharadas de parmesano recién rallado
4 huevos
2-3 cucharadas de carne o menudillos de ave con tomate, hierbas y en dados pequeños
Harina y pan rallado
Aceite de oliva virgen extra para freír

Queso Rallado. Alfredo Cáliz

Modo de elaboración:

Trocear la mozzarella en dados y colocarlos en un colador para que pierdan el exceso de suero.

En la mitad de la mantequilla sofreír la cebolla unos 2-3 minutos en un cazo, sin que adquiera color. Añadir el arroz, dar dos vueltas y mojar con el vino. Cuando se haya consumido, comenzar a añadir el fondo de poco en poco, moviendo a menudo, al tiempo que se baja el fuego de vez en vez. Cuando el arroz esté casi en su punto, no demasiado duro, retirar del fuego, añadir la otra mitad de la mantequilla, el queso, revolver para emulsionar, probar y rectificar la sazón y dejar reposar hasta que se temple y se seque del todo. Mientras, batir los huevos, pasarlos por un colador y añadir al cazo del arroz el equivalente a 1 y ½ huevos –entre 75 y 90 g— revolver bien y dejar reposar hasta que casi se enfríe. Añadir un poco de agua al resto del batido, para empanar, y dejar en espera.

Hacemos una bola de arroz en la mano. Alfredo Cáliz

Cuando el arroz se puede colocar en la palma de la mano sin quemarse, hacer una bola más o menos como un huevo grande. Con el índice practicar un agujero en un lado, rellenar con un poco de carne y de queso, cerrar el orificio y conservar la forma redonda o darles la de un cono, como una pera, que también es muy bonita.

Pasar por harina, huevo batido y pan rallado. Freír en el aceite bien caliente y servir de inmediato. 

Consejo: Los arancini se pueden hacer con una sobra de arroz blanco o risotto, de verduras o de carne, al que se añade parmesano y huevo después de templarlo un poco. Es evidente que en su origen está el aprovechar unas sobras, pues las recetas de Pellegrino y Boni incluyen el arroz ya cocinado como risotto entre los ingredientes.

Chuleta de Kiev

Chuleta de Kiev. Plato preparado

Ingredientes para cuatro:

75 g de mantequilla
1 yema de huevo
Sal y pimienta
4 pechugas de ave con el alón
Harina
2 huevos y la clara que sobra
Pan rallado
Aceite de girasol o mantequilla abundante para freír 

Modo de elaboración:

Golpear la carne con una piedra para ablandarla. Alfredo Cáliz

Amasar la mantequilla con la yema de huevo, sal y pimienta y dividirla en 4 porciones, darles forma de cigarritos y congelar durante un rato.

Retirar a cada media pechuga las costillas y el esternón. Cortar las dos partes más finas del ala y, de la más gruesa retirar toda la carne, de modo que quede el hueso descarnado. Retirar el resto de la piel a la pechuga. Separar el filete interior, cortarlo como hacen en la pollería para hacer un filete más amplio y golpearlo con una piedra o el mazo de carnes hasta afinarlo más, sin romperlo. Envolver con cada uno de los filetes de pechuga el cigarrito de mantequilla. Introducir de nuevo en el congelador o en la parte más fría del frigorífico.

Abrir cada una de las pechugas en 3 filetes, pero sin separar, con cuidado de no quitar el hueso del ala. Salpimentar y colocar en el centro el filete pequeño de cada pechuga que encierra la mantequilla. Encerrarla a su vez enrollando la pechuga y empanar pasando por huevo batido, harina, huevo otra vez, no me he equivocado, y por pan rallado. Conservar en la parte más fría del frigorífico hasta el momento de freírlos en aceite bien caliente.

Mezclar mantequilla con yema de huevo. Alfredo Cáliz

Servir con patatas fritas y con unos guisantes estofados u otra verdura de primavera, la estación de la fiesta de la mantequilla. Al cortar la chuleta, la grasa se derramará en el plato, fundida. Una barbaridad deliciosa.

Consejo: Se puede sustituir el relleno de mantequilla, que hoy no apetece o no conviene a la salud de muchos, por una crema de AOVE emulsionado con un fondo de ave muy reducido. Con una manga pastelera con boquilla de tamaño dedo meñique o una cucharita se dispone en 4 cigarritos, que se congelan. Seguir como en la receta.

La mantequilla, o la emulsión de aceite, se pueden perfumar con lo que a uno se le ocurra. El doble rebozo de huevo puede ser excesivo y engordar demasiado la costra exterior, pero quizá si el pan rallado es muy fino convenga para evitar que el relleno se desmorone antes de tiempo por exceso de calor.

Fecha de actualización: 22 de febrero de 2017

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