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Cómo pedir vino en un restaurante y no parecer novato

Mónica Fernández, Premio Nacional de Gastronomía a la Mejor Directora de Sala 2015, nos anima a sentir libertad a la hora de elegir un vino, olvidarnos de miedos y clichés, tener curiosidad por descubrir cosas nuevas y dejarnos ayudar por los expertos.


SILVIA ARTAZA, AARAG (@silvia_artaza)

Estamos seguros de que alguna vez te has visto en una situación similar: toca elegir el vino y te sientes perdido entre decenas de bodegas, denominaciones de origen, variedades y precios. No entiendes nada, apenas te suenan un par de nombres, pero quieres quedar bien. Dudas, decides y vuelves a dudar. ¿Cómo salir del enredo? Charlamos con Mónica Fernández, directora de sala y sumiller del imparable 99 Sushi Bar.

PRIMER OBSTÁCULO: LA CARTA
Cógela con seguridad, no como si te enfrentaras al peor de tus miedos. Echa un ojo y no pretendas conocer todos y cada uno de los vinos que te ofrece. Simplemente establece un criterio. Ahora bien, ¿cuál? “El precio es lo primero en que nos fijamos”, comenta Mónica, quien recomienda pensar cuánto nos queremos gastar y revisar las referencias que están en esa horquilla. Una vez localizadas, ya solo queda decidir…

DÉJATE SORPRENDER
“Si de los cuatro vinos que hay en esa línea de precio hay uno que no has probado, elígelo. Intentar con ese que no conoces siempre es la opción más interesante”. Mónica nos anima a salir del área de confort y, contra todo pronóstico, no quedarnos con lo conocido. “Hay que probar cosas nuevas, ampliar conocimientos y evitar las comparaciones”. Además, por muy novatos que seamos, nos asegura, será sencillo acertar ya que “hoy por hoy en cualquier carta de restaurante es muy difícil que haya un vino que no esté bueno”.

NO TE AGOBIES CON LAS ARMONÍAS
“Yo no me abriría las venas porque alguien decida tomar una carne con un champán, ¿por qué no?”. Puede que haya armonías casi imposibles, pero hay que sentirse libre, descubrir y jugar, como se juega, por ejemplo, en la cocina, donde se hacen cosas interesantísimas fusionando gastronomías del mundo. No temas y no te obsesiones con rígidas consignas de aquellas que decían que los tintos son para la carne y los blancos para el pescado.

ANTE LA DUDA, PIDE AYUDA
“Los profesionales de sala estamos ahí para que se nos tome en cuenta. Además de conocimiento sobre vinos tenemos don de gentes y nuestro objetivo pasa porque el cliente quiera volver”. ¿Acaso si nos apoyamos en la opinión de un experto vamos a parecer novatos? Para nada. Podemos orientarle, por ejemplo, diciendo que estamos entre algunos de los vinos que hemos seleccionado previamente por rango de precio, y él sabrá por dónde moverse sin tener que hablar de euros en voz alta. O bien, que conocemos tal vino pero que nos gustaría probar algo diferente en otra Denominación de Origen. Te mueves con soltura pero delegas la decisión final. Buena jugada.

Si no te sientes seguro, oxigena el vino con la copa apoyada en la mesa. Foto: 123rf.

MENEAR O NO MENEAR, ESA ES LA CUESTIÓN
Elegido el vino llega ese momento en que aparece en la mesa, tu copa se llena un poquito y esperan tu opinión. ¡Crisis! ¿Qué hacemos? “Olerlo y probarlo. No hay más, es mucho más fácil de lo que parece”. Vamos, que si está malo vas a notar de lejos un reconocible olor a humedad, por ejemplo. Aun así, un “pruébelo usted” es una salida estupenda. “El cliente no tiene por qué asumir una responsabilidad que no quiere tener”, comenta Mónica.

Superado el momento delicado, nos preguntamos, ¿y ahora qué?, ¿meneamos la copa? “Oxigenar el vino es importante, no está mal visto ni es prepotente. El oxígeno aporta muchísimas cualidades, tanto para lo bueno como para lo malo, porque si tiene un defecto también lo acentúa”. Ahora bien, si no te sientes seguro de oxigenarlo en el aire, lo puedes hacer perfectamente apoyando la copa sobre la mesa. No corras riesgos innecesarios que puedan acabar en desastre.

SI QUIERES CONOCER, BEBE
Porque solo probando y probando irás descubriendo qué te gusta. Bebiendo vinos de diferentes zonas, variedades, de la misma variedad en suelos y climas que nada tienen que ver. Vinos nacionales e internacionales, tintos y olorosos. “El aprendizaje se basa en el consumo y las catas son siempre interesantes”. Sin miedo ninguno a parecer novato, porque es precisamente “esa primera vez” de cada vino lo que hace de este mundo algo tan mágico y exitante. 

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