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Caldos de cine

Cuando el vino es un personaje más

Entre vinos

Un Chateau Cheval Blanc 61, un Yquem del 37, un Chateau Latour de 1961 o un Clos de Vougeot 1850 son algunos de los míticos vinos que se cuelan en la gran pantalla robando, en ocasiones, el protagonismo a los mismísimos actores. Porque hay películas cuya trama no podría entenderse sin esas escenas en torno a una buena botella vino, un paseo entre viñedos o un feliz brindis.


PEDRO HERNÁNDEZ

"Entre copas"
Alexander Payne, 2004

Si de buenas películas en las que el vino tenga un papel destacado se trata, seguramente ésta sea la que viene a la mente a la mayoría de los aficionados a ambos mundos. Brillante comedia con regusto agridulce, cuyo argumento no puede estar más manido: dos amigos hacen un viaje por la despedida de soltero de uno de ellos que termina convirtiéndose en un punto de inflexión en sus vidas. Lo original de la propuesta es que el viaje no es a Las Vegas, Thailandia o Miami, sino al Valle de Napa, la región vinícola más prestigiosa de los USA, ya que uno de ellos (un sublime Paul Giamatti) es un gran aficionado al mundo del vino.

La película nos permite conocer usos y costumbres del consumidor de vino americano que aquí pueden sorprender por poco comunes. Por un lado está la cuestión del turismo enológico. La mayoría de las bodegas del Valle de Napa ofrecen una gran oferta para sus visitantes: espacios de cata, venta directa, visita a viñedos y bodegas. La película dio un fuerte impulso a esta oferta turística, pudiendo incluso contratar exactamente el mismo recorrido que hacen nuestros protagonistas.

Un film ambientado en el Valle de Napa.

Otra cuestión llamativa es que el consumidor de vino americano a pie de calle tiene la uva como primer criterio de selección. No pide etiquetas, sino un Merlot, un Cabernet, un Pinot… De hecho, la película, a través de su protagonista, se convierte en una apología de la uva Pinot Noir hasta tal punto, que el incremento en la demanda de este tipo de vinos a partir de su estreno provocó roturas de stock incluso en bodegas españolas.

El filme tiene numerosos momentos interesantes en torno al vino, pero sobre todo deja para la historia la escena en la que Miles (Giamatti) se bebe su mejor vino, un Chateau Cheval Blanc 61, considerado como uno de los mejores Burdeos de la Historia (1.300 euros la botella), de una forma que ni en mis peores pesadillas habría imaginado.

"Guerra de vinos"
Randall Miller, 2008

Película deudora del éxito de Entre Copas y enmarcada en la misma zona vinícola, aunque sin el nivel cinematográfico de la anterior (por momentos parece un telefilm lujoso de domingo), es la curiosa historia que cuenta donde reside su interés. Y es que la película describe los hechos que culminaron con el denominado “Juicio de París”, una competición que tuvo lugar en el año 76 donde se enfrentaron grandes Cabernet Sauvignon y Chardonnay californianos a Gran Crus de Burdeos los primeros y Borgoñas los segundos. El típico enfrentamiento de David contra Goliat, en el que contra todo pronóstico, vencieron los vinos californianos.

La historia no obstante tiene algún truco. Si vemos la lista de vinos franceses, había alguno de los grandes (Mouton Rothschild, Haut Brion), pero no estaban los más grandes (Latour, Lafite Rothschild). Además, las añadas de los vinos franceses (principalmente 1970) no está considerada, ni de lejos, una de las grandes.

Pura competición de vinos.

Aún así, en Estados Unidos se vendió como un tremendo logro, y puso a sus vinos en el mapa internacional. Tanto que con posterioridad se ha repetido exactamente la misma competición (mismos vinos, mismas añadas, diferentes jueces) llegando siempre al mismo resultado. La última coincidiendo con el 30 aniversario de la hazaña, en el 2006.

Como curiosidad, comentar que el Chardonnay que ganó la competición (Chateau Montelena 73) está expuesto con honores de estado en el Museo Nacional de Historia Americana de Washington, y que la bodega fue adquirida en el 2008 por Cos de Estournel… una bodega francesa situada en Burdeos.

"Un buen año"
Ridley Scott, 2006

Película que sobre el papel tenía todo para ser al vino lo que Toro Salvaje fue al boxeo. Ridley Scott en la dirección y Russell Crowe de protagonista. Casi nadie al aparato. Finalmente, como dos grandes profesionales que son, despacharon una película que se deja ver con agrado, pero lejos del nivel de otras que hicieron juntos (Gladiator, American Gangster).

Formalmente impecable, la historia no puede ser más convencional: broker londinense despiadado debe irse al pueblo de su infancia para heredar la bodega y viñedos que le deja un tío suyo en la Provenza francesa. Aunque su primer plan es liquidar el negocio y volver a la City, el encanto del sitio y sus gentes le cambiarán y engancharán de por vida.

La Provenza de Ridley Scott.

En lo que respecta estrictamente al vino, la película introduce de forma amena el concepto de vino “de boutique” o de “garaje”. Concepto desconocido en España hasta hace bien poco, y que ha permitido a pequeñas bodegas francesas vender sus escasas y deseadas botellas a precios astronómicos. Esos vinos se han dado con especial éxito en zonas como Burdeos, Borgoña o Ródano.

¿Por qué entonces la Provenza, dónde no se dan este tipo de vinos como en las otras? La respuesta es que Ridley Scott tenía entre ceja y ceja rodar en la Provenza, donde tiene una casa desde hace más de 15 años, y no paró hasta dar con una historia situada allí. Vamos... que Scott comía el puchero de su mujer y echaba la siesta de Cela en su camita todos los días del rodaje, ya que tenía el trabajo a 8 minutos de ella (literal).

"El Secreto de Santa Vittoria "
Stanley Kramer, 1969

Trata desde un punto de vista de comedia un hecho histórico dramático y no demasiado conocido, los saqueos que los nazis hicieron en las bodegas de las zonas productoras vinícolas que invadieron. Si bien donde más saqueos se produjeron, por razonas obvias de calidad y precio de los vinos, fue en Burdeos, Champagne y Borgoña, éstos fueron generalizados en cualquier zona vinícola sometida, ya que el vino era consumido por las tropas como complemento alimenticio y elevar su moral.


La acción se sitúa en un pueblecito italiano llamado Santa Vittoria, en el que su alcalde, un Anthony Quinn que sólo tiene que repetir la interpretación que le consagró como Zorba el Griego pero con acento italiano, es el encargado de torear al ejército nazi y esconder el preciado vino usando todo tipo de triquiñuelas.

De nuevo, nada nuevo bajo el sol: unos italianos desastrados y caóticos, pero listos como ratones coloraos, engañarán sin contemplaciones ni remedio a unas tropas alemanas que tienen tanto de disciplinadas como de marmolillos. Pero filmada por el director de El Mundo está loco, loco, loco se convierte en un filme muy divertido de ver.

"Tú serás Mon Fils"
Gilles Legrand, 2011

No podía faltar en esta lista una película francesa. Ésta en cuestión tiene la gran virtud de mostrar la importancia que tiene un vino para un francés. Y no a un francés cualquiera (que ya la tiene), sino para uno que vive en Burdeos (St. Emilion nada menos), que es dueño de una bodega y que por cuestiones de salud deberá dejarla en manos de un hijo especialmente formado para ello pero en el que no confía, o en la del hijo de su mano derecha durante muchos años al que sí considera brillante y cualificado.



La película es todo un manual de las virtudes y destrezas que debe poseer un buen elaborador de vino visto desde el punto del elaborador que únicamente se mueve por la pasión hacia este mundo, y la obsesión de conseguir el vino perfecto según sus criterios.

Una curiosidad. Como homenaje a uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos y además exitoso bodeguero, el hijo del empleado vuelve a Burdeos tras dejar su trabajo en… Coppola Wines en California.

"Sangre y Vino"
Bob Rafelson, 1996

Un ejercicio académico de cine negro que nos relata la historia de un comerciante de vino con problemas personales y económicos (Jack Nicholson) que decide aprovecharse de su relación con clientes ricos para planear el robo en la casa de uno de ellos.

Lo del vino no deja de ser en este caso 'MacGuffin' de libro. Al fin y al cabo, Jack podría haber ejercido cualquier otra profesión que le diera acceso a relacionarse con gente adinerada. Pero esta excusa argumental nos sirve para conocer una profesión que en España no es habitual: el consultor/comerciante de vinos de “alta gama”. Esa persona a la que se le da una gran cantidad de dinero para que llene las bodegas de las mansiones de gente que tiene el dinero por condena, y que en muchos casos les da igual lo que les vendas. El caso es que sea bueno y caro.



¿El resto de la película? Pues triángulos amorosos de alto voltaje, perdedores irredentos, criminales implacables... Lo dicho, cine más negro que la coquilla de Vader. Con dos soberbias interpretaciones por parte de Nicholson y, sobre todo, Micheal Cane, a quien le valió para ganar la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián de 1996, lo que viene muy a cuento destacar aquí.

Para los mitómanos, la película cuenta con la participación de una jovencísima Jennifer López como amante latina del bueno de Jack en la que muestra unas pinceladas de lo que más adelante la haría mundialmente famosa: su culo y su ritmo.

"Noche de vino y copas"
Ole Christian Madsen, 2011

Película danesa en la que el dueño de una tienda de vinos viaja desde su país de origen a Argentina con su hijo para finalizar los trámites de divorcio de su mujer, cuya pareja actual es un jugador de Boca Juniors en el cénit de su carrera, y para el cual hace también las veces de representante.



Dinamarca, Argentina, vino, futbol y sexo. De una mezcla semejante, algo interesante tenía que salir, como así fue. En este caso el papel del vino es similar al de Sangre y Vino: otro 'MacGuffin'. No obstante, su presencia permite que el frío danés comparta con los argentinos algo por lo que apasionarse.

Fútbol y vino. De estos dos temas salen los momentos más memorables de la película. Sobre todo del primero. Del segundo, que es por lo que está aquí esta película, nos queda la escena de una borrachera con un bodeguero argentino que es simplemente memorable, y donde el Buenos Aires nocturno luce precioso además.

CUANDO UN MOMENTO CON VINO SE CONVIERTE EN MOMENTAZO

"El Festín de Babette"
La emoción de probar un gran vino por 1ª vez

Empecemos por la que para muchos es la mejor película gastronómica de la historia del cine (para mí sería la segunda). En ella, se trata con igual mimo y delicadeza los diferentes platos cocinados y servidos por Babette a sus atónitos invitados, como los vinos con los que acompaña a éstos. Y qué vinos:

Un amontillado, cuando nuestros generosos se cotizaban al nivel de los vinos más exclusivos del mundo. El generoso mas reconocido a nivel internacional; un Veuve Clicquot de 1860, cuando el champagne sólo se encontraba en las mesas de las grandes fortunas europeas o americanas. Y un Clos de Vougeot 1850, uno de los Gran Cru más prestigiosos de Borgoña que en la época de la novela pertenecía a los mismos dueños que la Romanee Conti.

Todo un dream team enológico de la época, y ponerlos a finales del siglo XIX en la mesa de una aldea remota de Dinamarca tuvo que llevarse la parte del león del premio de lotería ganado por Babette.

"Ratatoullie"
O cuando los vinos “animados” saben incluso mejor que los reales

La que está considerada la mejor película gastronómica de la historia por (casi) todos los que no consideran para ese primer puesto a El Festín de Babette, nos regala un par de momentos maravillosos en torno al vino, y alguna que otra anécdota.

El primero de estos momentos es cuando ese delicioso villano que es el chef Skinner abre una botella de Chateau Latour de 1961 (uno de los mejores de la historia, en torno a 1.800 euros la botella) para sonsacar a Linguini su relación con el chef Gusteau. Como el malo de la película que es, Skinner acaba echando a Linguini de su despacho y quedándose la botella entera para él (un grande).

El segundo es cuando el crítico Antoine Ego pide para acompañar su cena en Gusteau un Chateau Cheval Blanc del 47, considerado por algunos entendidos el mejor Burdeos de la historia (pueden comprarlo en Lavinia por 5.300 eurillos de nada). Desde luego, un vino así ayuda a tener una revelación en el momento de comerse la ratatouille.

La anécdota la pone el descuido o ignorancia del animador que se encargó de poner las botellas de vino en esa escena: En la versión estrenada en cines, las etiquetas no se correspondían al Cheval Blanc pedido por Ego, sino a un Lafite Rothschild. Yo creo que Ego no se quejó porque no tenía la más minima intención de pagarla. En la versión que emitió en TV y se distribuyó en DVD el error fue debidamente subsanado. Pero todavía hay alguna captura por Internet en el que se puede apreciar.

"Kingsman"
Maridajes bizarros

A esta divertidísima y desvergonzada parodia del cine de agentes secretos no le podía faltar una escena en la que un gran vino tenga un papel estelar, al más puro estilo James Bond. Y en línea del resto de la película, no puede ser más iconoclasta.

El momentazo tiene lugar durante la cena con la que el supermegavillano Valentine, interpretado magistralmente por Samuel L. Jackson, agasaja al agente secreto Harry Hart (Colin Firth). En ella, se sirven diferentes delicatesen del… McDonalds!!! acompañadas por un Lafite Rothschild del 45. Desde lo de Entre Copas, nadie se había atrevido a tanto.

Para rematar, el agente Hart (claramente inspirado en 007) sugiere para el postre unos Twinkies (pastelito de crema del tipo Bucanero de Bimbo) con un Yquem del 37. Toda una provocación.

Fecha de actualización: 17 de julio de 2017

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