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Foto de De paseo por el Born

De paseo por el Born

EDITORIAL

Da igual que unas Olimpiadas transformen el Poble Nou, que la música alternativa tome los bares de Gràcia o que la cocina de vanguardia se instale en el Poble Sec, si hay un barrio en la Ciudad Condal que siempre está a la moda es el Born y los barceloneses, lo saben. Es en estas calles donde la ciudad empezó a despuntar en diseño, restauración y ambiente cosmopolita. Pasear por el barrio es una auténtica delicia, por eso hay que recorrerlo sin prisa y con pausa, toda la necesaria para zambullirnos en el flow del Born.  REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Flanqueado por el barrio Gótico y el parque de la Ciutadella, con la brisa marina recorriendo sus calles, aunque desde aquí no se vea el mar, el Born se mantiene siempre atento a la última vanguardia e impregna con ella sus tiendas, sus restaurantes, sus galerías y hasta a sus vecinos, que se olvidan de la moda hipster para crear su propio estilo, el del Born.Nos proponemos comprobarlo en persona y por eso iniciamos nuestro recorrido en uno de los lugares que más visita la vecindad, el mercado de Santa Caterina (a solo unos metros de la Catedral). Aunque su tejado ondulado y multicolor lo convierte en un imán para turistas, a diferencia de La Boquería, aquí todavía se mantiene el espíritu de mercado tradicional, aquí todavía se puede pasear y llenar la cesta tranquilo. Damos una vuelta y nos tomamos un desayuno en uno de los bares de su entorno, el Bar Blau, que de buena mañana sirve cappuccinos y a mediodía auténtica pizza italiana.  Tras saciar el apetito, emprendemos nuestro paseo hacia el Museo Picasso recorriendo la concurrida calle Montcada. Una calle estrecha que a cada paso nos transporta al pasado y presente de la ciudad. El pasado se esconde entre las piedras de su edificios, que nos sumergen en plena Edad Media, el presente llega de la mano de los miles de turistas que cada día toman el centro de Barcelona.Así, entre tiendas de souvenirs y galerías de arte, llegamos al número 15 y una larga cola de visitantes, que se adentra en un patio repleto de arcos, nos anuncia que aquí está pasando algo grande. Es el museo Picasso, ocupa cinco palacetes y recoge más de 4.000 obras del artista, entre ellas sus primeros trabajos, los que anticipan los primeros trazos que dibujan el perfil de un futuro gran genio.  La calle Montcada nos lleva hasta uno de los templos más hermosos de la ciudad, la basílica de Santa María del Mar. A su alrededor, el bullicio de las tiendas con las marcas de ropa más reclamadas, las cafeterías y los bares que ahora sirven refrescos y por la noche gintonics. Nuestra vista se detiene en una peculiar plaza, el Fossar de les Moreres, donde una llama baila perpetua al ritmo del viento, es el homenaje de la ciudad a los caídos el 11 de septiembre de 1714 durante la Guerra de Sucesión. A solo unos metros de ella, una tienda para llevarnos un souvenir de los buenos, la Botifarrería, aquí encontramos butifarras para todos los gustos y colores.  Rodeados de los muchos Erasmus que han hecho del barrio su lugar predilecto, recorremos el Passeig del Born, con la vista puesta en uno de los últimos atractivos inaugurados aquí, el Centre de Cultura i Memòria. Se trata de la rehabilitación del antiguo mercado del Born, un impresionante edificio de hierro (el primero de esta material que se construyó en la ciudad) que conserva en su interior un curioso yacimiento arqueológico, los cientos de casas que se demolieron aquí en el año 1700. Más allá de ser un espacio de exposición y divulgación, su cafetería es ideal para tomar el aperitivo en un entorno único.  Llegado el mediodía, dónde reponer fuerzas es una decisión complicada porque aquí estaríamos en un continuo receso gastronómico. Podemos decantarnos por Ten’s, la propuesta de tapeo de Jordi Cruz (tres Soles Repsol), frente a la estación de França, donde es imprescindibles probar las patatas bravas con alioli espumoso.  Y para hacer la digestión, un paseo hasta la plaza de Sant Agustí Vell, para descansar a la sombra de los árboles en una de sus terracitas. ¿Y a qué dedicamos la tarde? Podemos callejear sin rumbo por el barrio o llevar nuestros pasos hasta la calle Flassaders, donde antiguamente se aglutinaban los fabricantes de mantas de Barcelona. Son apenas tres metros de ancho por un kilómetro y medio de largo… con una de las mejores ofertas comerciales de la ciuda. Uno podría pensar que se trata de esas calles que un turista no debería visitar de noche pero, lejos de eso, esta calle es sencillamente encantadora. A cada paso, un alto en el camino: la pastelería Hoffmann, con uno de los mejores cruasanes de España; el  teatro-café La Seca Espai Brossa, con una agenda de actividades de lo más completa; el Almacén Marabi, donde doman a la fauna a base de fieltro y agujas de coser; o Loisada, una tienda de ropa y objetos vintage afincada en la antigua fábrica de la moneda.    Con la vista cansada tras tanto escaparate buscamos un refugio en la barra de Tapeo Born, de nuevo en la calle Montcada. No hay cansancio que se resista a unos canelones de butifarra con setas o unos huevos trufados con foie y setas de Daniel Rueda. Cocina de autor en plato pequeño, sabor en vena. Como hemos recuperado fuerzas y la noche es joven, nos tomamos la última en el Disset Graus donde igual podemos tomar el último gintonic de moda como una copa de vino, en su bodega tienen más de 60 referencias. Brindamos por habernos contagiado de la magia del Born, brindamos por volver a este rincón con estilo propio en la Ciudad Condal.    Imagen de portada:  Barrio del Born en Barcelona. / CC Flickr Tokyographer.

Foto de De vuelta al pueblo por vacaciones

De vuelta al pueblo por vacaciones

EDITORIAL

Es habitual que muchos sigamos acudiendo cada verano, aunque sea unos días, al pueblo. Da igual si es “el nuestro”, en el que nacieron nuestros abuelos o simplemente el que quede más cerca de la ciudad donde vivimos. Son bastantes los pequeños núcleos rurales que llegan a triplicar su población con la llegada de turistas y curiosos que, atraídos por las fiestas de verano o las largas charlas a las puertas de la casa eligen desconectar, de verdad, en el pueblo. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Garrovillas de Alconétar , CáceresGarrovillas es uno de los mejores ejemplos de Extremadura cuando hablamos de municipios que multiplican su población en verano, ya que aquí pasan de los cerca de 2.200 habitantes durante el invierno a los casi 5.000 en verano. Además de los turistas que se acercan a conocer la zona, el motivo de este aumento poblacional se encuentra en los años 50, cuando muchos vecinos emigraron en busca de nuevas oportunidades a lugares más industrializados de España.Tengamos o no origen en este municipio cacereño, merece la pena acercarnos a él para visitar su Plaza Mayor, una de las más grandes de España, declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional. En ella destaca el Palacio de los condes de Alba y Aliste, actualmente reconvertido en una hospedería de 4 estrellas. También merece la pena hacer una visita al convento de las Monjas Jerónimas, donde podemos comprar exquisitos dulces hechos a mano por la comunidad religiosa. Porto, ZamoraEste pequeño pueblo zamorano de apenas 200 habitantes llega a multiplicar por 7 su población en verano, hasta llegar a los cerca de 1.500. Además de ser el municipio más elevado de toda la comarca de Sanabria –a pocos kilómetros de la frontera con Galicia-, se encuentra dentro del Parque Natural del Lago de Sanabria, lo que le proporciona un entorno natural de excepción. Su situación, en un profundo valle rodeado por las sierras de Segundera y Porto, y bañado por el río Bibey, le da el encanto de los pueblos de montaña donde el verde nos rodea allá donde miremos y la tranquilidad reina día y noche.En verano el pueblo se vuelve mucho más activo con la vuelta a casa de quienes marcharon en busca de nuevas oportunidades laborales y también con la visita de quienes acuden a sus famosas ferias de ganado, que se celebran el día 26 de cada mes entre mayo y octubre –aunque la que recibe más visitas es la de agosto-. Merece la pena acercarnos a ver la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y los hornos de pan del siglo XI.  Nuévalos, ZaragozaNuévalos, en Zaragoza, es probablemente uno de los municipios de España –no costero- donde más crece la población en verano, ya que su censo se multiplica por 30, pasando de los 350 habitantes durante el invierno a los más de 11.000 en verano. eligen este destino miles de turistas que quieren disfrutar de una joya paisajística: el Parque Natural del Monasterio de Piedra, enclavado en el término municipal de Nuévalos. Cascadas de película, saltos de agua que se encadenan formando riachuelos únicos, grutas, escaleras de piedra y un sinfín de caprichos de naturaleza convierten este lugar en uno de los ecosistemas más ricos de la península. La cascada Cola de Caballo, de más de 50 metros de altura, y la cueva de Iris que se esconde tras ella, es una de las imágenes que más impresionan del parque. Maderuelo, SegoviaEsta villa medieval, levantada sobre un promontorio bañado por los meandros del río Riaza, es uno de los municipios que más ve aumentar su población en verano en Segovia, de hecho, su censo se multiplica por 10, pasando del centenar de habitantes a los casi 2.000. La herencia del medievo que todavía permanece en pie hace de éste un pueblo encantador. Su muralla, sus casas empedradas y las callejuelas empinadas convierten en una delicia el paseo por Maderuelo.Uno de los recorridos más agradables que podemos hacer es cruzar el embalse que le rodea usando el puente Nuevo, desde donde conseguimos una fantástica panorámica de la villa y el entorno. Si pasamos por Maderuelo es casi obligatorio probar el lechal asado, una de las especialidades gastronómicas de la zona. También el chorizo, uno de los mejores souvenirs que podemos llevarnos en la maleta. Y para regar las comidas, nada como un buen Ribera del Duero, y es que las principales bodegas de esta denominación de origen se encuentran a solo unos kilómetros de aquí.  Castilnuevo, GuadalajaraDe ser un lugar prácticamente deshabitado a ser un pequeño pueblo. Es la transformación que vive cada verano Castilnuevo, en Guadalajara, donde en invierno apenas encontramos una decena de habitantes y en verano se llega a los cerca de 500.Además del entorno natural, la mayor joya de este pueblo, situado a apenas 5 kilómetros de Molina de Aragón, es su castillo. A causa de las sucesivas reformas y el deterioro, su aspecto actual puede recordarnos a una casa o palacio señorial, pero lo cierto es que en su origen se construyó como una fortaleza. Se encuentra en un pequeño alto de forma que da la sensación de coronar el pueblo. Una de las actividades preferidas por lugareños y foráneos en Castilnuevo son los paseos alrededor del río Gallo, donde incluso podemos darnos un baño en verano. Como curiosidad, los estudiosos de El Quijote sitúan a Castilnuevo como una de las tierras que Alonso de Quijano promete a Sancho Panza. Fuente Obejuna, CórdobaEs de esperar que este pueblo cordobés aumente su población en más de 4.000 personas durante el verano, en parte por la promoción que ya hiciera Lope de Vega de él en la joya literaria Fuenteovejuna. Pero no solo de ello puede presumir la localidad, ya que además de contar con presencia de visitantes y curiosos cuando los vecinos recrean la obra de teatro, las pequeñas aldeas que rodean Fuente Obejuna nos devuelven al pasado, ya que parecen no haber cambiado tras los años. También las diferentes fiestas y romerías que se celebran a lo largo del verano atraen a los inmigrantes y turistas cada año. Pero además, destaca su entorno natural, donde es posible practicar la pesca deportiva en sus embalses y sus dehesas, donde se crían algunos de los mejores cerdos de la comarca y que son protagonistas en la gastronomía local. San Lorenzo de Tormes, ÁvilaCuesta creer que un pueblo de menos de 50 habitantes se convierta de repente, en temporada estival, en un punto de encuentro de turistas, llegando a alcanzar los 650 aproximadamente. Seguramente sea por su cercanía a la sierra de Gredos y a Madrid lo que propicia que sea el lugar elegido por muchos para una escapada tranquila o unas vacaciones lejos del estrés. Se convierte, de esta forma, en una especie de campamento base para realizar diversas visitas por la zona. Si tenemos suerte de acudir durante las fiestas en honor a San Lorenzo, el 10 de agosto, sin duda disfrutaremos de la magia de los pueblos de antaño. Pero además, podemos llegar realizando un pequeño paseo entre encinas y carrascos a una serie de poblados deshabitados y muy cerca de San Lorenzo de Tormes.Ahillones, BadajozPese a ser la localidad de menor tamaño de la comarca, con menos de 1000 habitantes, es en verano cuando sus calles se animan con la llegada de casi 800 veraneantes y emigrantes que un día dejaron el pueblo para irse a las grandes ciudades. De hecho, cada año, a mediados de agosto Ahillones les rinde homenaje dedicándoles el “día del emigrante”, con una misa especial en la calle de la ermita. Uno de los puntos de encuentro en vacaciones es la piscina municipal y el merendero, con barbacoas y zonas de ocio para los más pequeños y que abren sus puertas con la llegada de los turistas. De su patrimonio destaca el templo parroquial, de estilo mudéjar además de diversas fuentes, características en los núcleos agrarios de la zona. Jarandilla de la Vera, CáceresPese a ser el segundo municipio más poblado de La Vera, con alrededor de 3.000 habitantes censados en invierno, triplica su población en los meses de vacaciones de verano. De hecho, ya los romanos dieron buena cuenta de la riqueza de la zona y entre los legados que dejaron en la localidad, destaca el puente de Parral, una de las zonas preferidas por los que se acercan al pueblo en julio y agosto, porque allí tenemos una piscina natural donde sofocar los calores propios de la época. Jarandilla cuenta además con un Parador de excepción, construido en el mismo castillo-palacio que alojara durante varios meses al Emperador Carlos V. Ni que decir de la gastronomía local, con platos tan típicos como las migas extremeñas, caldereta o cuchifrito de cochinillo. El Garrobo, SevillaPueblo tranquilo donde los haya, El Garrobo respira esa tranquilidad de pueblo andaluz incluso cuando comienzan a llegar los turistas. Con unos 700 habitantes durante el invierno, no es de extrañar que, estando a poco más de 40 kilómetros de Sevilla, lleguen a pasear por sus calles unas 2.100 personas. Cuentan sus habitantes que en la localidad nunca pasa nada y que el hecho más destacable fue la resistencia opuesta al ejército francés que, como represalia quemó la iglesia del pueblo. Pese a todo, sigue conservando sus costumbres sosegadas. Muy cerca, sin embargo, encontramos diversas actividades en plena naturaleza como la Vía Verde de El Ronquillo, que discurre a orillas del Guadalquivir o practicar senderismo o rutas en bici por el pantano de Guillena, a menos de 10 kilómetros de El Garrobo.

Foto de Valle del Jerte

Valle del Jerte

EDITORIAL

El Valle del Jerte es cada año escenario de dos peregrinaciones bien distintas, que nada tienen que ver con la religión sino con el culto a la naturaleza. La primera de ellas se produce entre finales de marzo y principios de abril, cuando la floración de los cerezos tiñe de blanco el valle. La segunda ocurre entre los meses de junio y julio, cuando este paisaje nevado se transforma en un manto rojo intenso gracias al nacimiento de las cerezas. Un espectáculo natural que se convierte en una auténtica delicia para la vista, el olfato y el paladar. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Naturaleza y gastronomía se aúnan en este viaje por uno de nuestros valles más famosos, el Jerte. La fecha de floración varía cada año en función de la climatología del invierno así que debemos estar atentos si no queremos faltar a la cita. Cuando la fecha se acerca, la Oficina de Turismo del Valle del Jerte informa a diario del estado de los cerezos, por lo que es recomendable consultar su página web para conocer el mejor momento para visitar la zona. La floración de los cerca de dos millones de cerezos del valle suele durar unas dos semanas. Como no todos los árboles florecen a la vez, lo mejor que podemos hacer es pasar en la comarca unos días y así poder ir recorriendo las zonas en las que va produciéndose este increíble estallido de pétalos blancos. Entrados ya en el verano, las flores dejan paso a la sabrosa cereza, convirtiendo el valle en un auténtico manto rojo. Si preferimos disfrutar del valle en esta época podremos ser testigos de la temporada de recolección, un trabajo manual y cuidado que explica en parte el secreto de las cerezas. Este exquisito fruto, con un sabor intenso y único, tiene propiedades depurativas, ayuda a eliminar toxinas y líquidos y limpia el organismo e incluso se le considera beneficioso para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. ¿Se puede pedir más?En el valle existen cerca de 200 variedades diferentes de cerezas, algunas de ellas, como las Picotas del Jerte, con Denominación de Origen Protegida, están consideradas unas de las mejores del mundo. Esta picota es algo más pequeña que el resto, destaca por su frescura y se caracteriza por no tener rabito, ya que las cerezas caen por su propio peso cuando están en su punto.Mientras que cualquier otra variedad de cereza se recoge treinta días después de la floración, la picota no cae hasta más de un mes después, con lo que recibe más horas de sol y aire fresco y una mayor cantidad de nutrientes, lo que se imprime en su textura y su sabor. Si bien se ha intentado exportar el fruto rojo fuera del valle, no ha dado buen resultado. Y es que la naturaleza es sabia y por algo esta industria de la cereza se lleva ejerciendo a orillas del Jerte al menos desde 1.352. En busca del fruto divinoEl Valle del Jerte aglutina once municipios enclavados en un tesoro natural. En todo el territorio podemos encontrar una gran oferta de turismo rural, en parte gracias a los viejos caserones que han sido reconvertidos en alojamientos, como El padre de la calle o El Regajo, unos remansos de paz únicos para disfrutar de la zona.Lo ideal para ver la floración es hacer un recorrido por todos los pueblos que componen el valle. Uno de los más recomendados es el que parte desde Valdestillas y pasa en este orden por Piornal, Barrado, Cabrero, Casas del Castañar y El Torno para culminar en Rebollar. Existe otra alternativa que es seguir la N-110 paralela al río desde Navaconcejo, al Puerto de Tornavacas. De esta forma podremos ver cómo evoluciona el espectáculo por las diferentes y fértiles tierras. Durante nuestro recorrido, debemos aprovechar para disfrutar de las muchas actividades que cada año se programan en la zona alrededor de la cereza y que incluyen rutas de turismo activo, jornadas gastronómicas, rutas de senderismo, fiestas patronales, degustaciones e incluso jornadas de puertas abiertas en las cooperativas agrícolas.

Foto de Bardenas, el Monument Valley español

Bardenas, el Monument Valley español

EDITORIAL

No hace falta viajar hasta África o Estados Unidos para contemplar un desierto de infarto, muy cerca de aquí tenemos un paisaje lunar que corta la respiración: las Bardenas Reales. En el límite entre Navarra y Aragón, este páramo seco y desolado es una de las panorámicas más impresionantes que podemos ver en la península. Se trata del último desierto de Europa y su carácter es tan excepcional que ha servido de escenario para rodajes de películas. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)El Parque Natural de las Bardenas Reales ocupa un territorio de casi 42.000 hectáreas y está situado a 100 kilómetros de Zaragoza y 25 de Tudela. No contienen núcleos habitados, pero se accede a él desde Arguedas por el este y Carcastillo por el norte. Tres paisajes desérticos en un solo lugarUna vez accedemos al interior de las Bardenas por cualquiera de las dos alternativas, veremos que el parque cuenta con tres panoramas distintos: el primero es el Llano, una meseta aislada y con una erosión muy pequeña; el segundo, la Bardena Blanca, de color blanquecino, que combina las planicies con los barrancos y con los cabezos (montículos extraños y muy característicos de la zona). Finalmente, la Bardena Negra combina mesetas de distintas alturas. Sus increíbles formas han servido como telón de fondo para películas como Acción mutante, Airbag o la del agente 007 El mundo nunca es suficiente, entre otras. Vistas imprescindibles Una de las fotos obligadas en el Parque Natural de las Bardenas es la del Castildeterra, imponente momumento natural que parece una pirámide truncada. No tiene pérdida: basta seguir las pistas balizadas de la Bardena Blanca. Luego, para obtener una buena panorámica general de la misma, lo mejor es acercarse al Mirador de Pilatos, ubicado en la Bardena Negra, en las cercanías de la Reserva Natural del Rincón del Bú. Aunque recorrer este paisaje en 4x4 es una experiencia increíble, también podemos probar a conocer las Bardenas a caballo o incluso en segway, una especie de patinete eléctrico de dos ruedas, con la empresa de turismo de aventura Nataven. Tudela, una ciudad con historiaBien sea al llegar, o bien al partir de las Bardenas, la población de Tudela es una excursión que no podemos perdernos. A una media hora en coche desde el Parque Natural esta ciudad nos recibe con una interesante mezcla de arquitectura y gastronomía. Con el Ebro siempre en el horizonte, Tudela forma parte de la Ruta Jacobea, tal y como atestiguan las conchas de bronce que se encuentran en el suelo. Además de la catedral y la plaza de los Fueros, es imprescindible visitar el Palacio del Marqués de San Adrián, un gran ejemplo de arquitectura civil renacentista del s.XVI. Actualmente es la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED. Sugerencias gastronómicasSiempre es una buena opción aprovechar la visita a Tudela para disfrutar de la gastronomía. Sus cogollos haciendo honor a su fama, son excelentes, del mismo modo que los cardos y las conservas de verduras de la zona, los espárragos, los pimientos, los guisantes y las alcachofas. En ocasiones los encontramos juntos y sazonados en platos como la menestra que sirven en el restaurante del hotel Sercotel Tudela Bardenas (Avenida Zaragoza, 60; 948 410 802), especialista en cocina navarra. También es una buena referencia Treintaitrés, todo un clásico en cuanto a cocción de excelentes verduras (Calle Capuchinos, 7 948 827 606).  Fotogalería Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales Los paisajes de las Bardenas Reales

Foto de Valle de Alcudia

Valle de Alcudia

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Árboles milenarios, grandes rapaces, más de un centenar de especies de aves, yacimientos romanos e incluso pinturas rupestres. Con una extensión de casi 1.200 kilómetros cuadrados, rodeada por los montes de Sierra Morena, el Valle de Alcudia se convierte en la zona de transición entre el sur de la Meseta y el valle del Guadalquivir. Puertollano es la puerta de entrada a este tesoro manchego. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Los atractivos naturales del Valle de Alcudia son innumerables: desde la fauna, con grandes rapaces como el águila imperial o el buitre negro, variedades cinegéticas como corzos, venados o jabalíes, a especies en peligro de extinción, como el lince ibérico y el lobo, que habitan en los más recónditos lugares del valle. Su valor patrimonial también es inmenso y conocerlo nos permite adentrarnos en la cultura romana, contemplar de cerca pinturas rupestres o visitar ventas centenarias.  Pasear por los caminos públicos en el corazón del valle, a escasos 40 kilómetros de Puertollano, es una de las mejores propuestas en esta zona. Aquí encontramos uno de los principales baluartes patrimoniales del valle, la aldea de  La Bienvenida, donde está el yacimiento romano de la antigua Sisapo (siglos XVIII a.C. - II D.C.). Esta ciudad romana, de diez hectáreas de superficie y enorme entidad histórica y arqueológica, centralizó las exportaciones de plata y cinabrio en la época romana. Otra de las paradas obligatorias de la comarca es la Venta de la Inés, una auténtica venta cervantina, habitada en la actualidad y muy próxima a la Fuente del Alcornoque, que aparece citada en El Quijote.  Cita indispensable en este recorrido son las pinturas  rupestres  de Peña Escrita, en la localidad de Fuencaliente. Las pinturas son de tipo esquemático, con signos concéntricos, triangulares y en zig-zag y algunas figuras muy estilizadas, en escenas de danza ritual. Desde Peña Escrita, situada en la solana de la sierra de Dormideras, tenemos una hermosa vista panorámica de Fuencaliente. Esta sierra es una de las mejor conservadas de la provincia con importantes masas forestales autóctonas y algunas zonas de repoblación. En ella encontramos otro lugar de ensueño, la cascada y pinturas rupestres de La Batanera. Además de conocer todos estos atractivos naturales y patrimoniales, en el valle de la Alcudia también podemos hacer un recorrido muy especial, la Ruta de Don Quijote. Se trata de un itinerario confeccionado con motivo del IV centenario de la publicación del Quijote, ya que en esta comarca situó Cervantes parte de las andanzas de su ingenioso Hidalgo y su fiel escudero. En pueblos como Almodóvar del Campo, Hinojosas, Cabezarrubias,  Brazatortas, Mestanza, El Hoyo o Solana del Pino podemos disfrutar de la hospitalidad de los vecinos del valle, de su cultura y patrimonio y, por supuesto, de la gastronomía manchega y sus paisajes de película. 

Foto de La esencia natural del Hierro y La Palma

La esencia natural del Hierro y La Palma

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Cada una de las siete islas que forman el archipiélago canario tiene una personalidad única. Entre todas ellas, El Hierro y La Palma destacan por su carácter salvaje, donde en lugar de grandes núcleos urbanos encontramos parajes de naturaleza en estado prácticamente virgen. Son islas para disfrutar con los cinco sentidos, atentos a cada regalo que la naturaleza nos hace: acantilados, calas, volcanes, lagunas, montes escarpados, bosques submarinos... Un paisaje único y excepcional en el que vale la pena perderse. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Italia no es el único lugar con forma de bota, también tiene esta peculiar geografía El Hierro que, con 57.000 hectáreas de territorio, es la más pequeñas de las Islas Canarias. Aunque podemos recorrer la isla de punta a punta en solo 50 kilómetros, lo cierto es que podríamos tardar años en conocerla si nos parásemos a observar cada rincón de su enrome riqueza paisajística y biológica, y es que por algo El Hierro fue declarada en año 2000 Reserva de la Biosfera por la Unesco. Nuestro viaje por la isla puede empezar en su capital, Valverde, una tranquila ciudad asentada sobre una montaña a 700 metros sobre el nivel del mar. La mayor parte de los cerca de 10.000 habitantes de El Hierro viven aquí. Pasear por sus empinadas callejuelas es una forma inmejorable de entrar en contacto con la cultura isleña. La iglesia de Santa María de la Concepción, del siglo XVIII, es uno de los lugares de visita obligada junto al Centro Etnográfico Casa de las Quinteras, un museo donde podemos conocer el trabajo artesano que han realizado los herreños durante siglos. Sumergirse en la naturaleza herreñaValverde es el centro de operaciones perfecto desde el que partir a disfrutar de los infinitos atractivos de El Hierro. Durante el camino hacia cualquier punto de la isla debemos estar atentos al paisaje que nos rodea, con impresionantes acantilados, laderas negras de roca volcánica, exuberante vegetación y árboles tumbados por la fuerza del viento. Si las cámaras todavía llevaran carrete, la visita a esta isla nos saldría por un buen pico en la tienda de fotos. Nuestro primer destino puede ser el municipio de El Monacal, donde podremos visitar un antiguo asentamiento de casas de piedra seca y tejados de paja de centeno situado junto a un acantilado, se trata del Pozo de las Calcosas, al que se llega tras caminar por un estrecho sendero. Aquí también podremos disfrutar de uno de los grandes atractivos de la isla: las piscinas naturales de origen volcánico.De hecho, si lo que nos apetece es darnos un buen baño, El Hierro es el lugar idóneo. Su escarpada orografía no permite que existan extensas playas pero sí pequeñas calas y lagunas naturales de gran belleza como el Charco Manso, al norte, o el Charzo Azul, al suroeste. Los amantes del buceo, además, tienen aquí su propio paraíso submarino. Con una temperatura del agua media de entre 18 y 25 grados todo el año, bucear en las cristalinas aguas de La Restinga o el Mar de las Calmas, es un auténtico placer.  Tierra de contrastesEl Hierro emergió, como el resto de las Islas Canarias, fruto de la actividad volcánica. De hecho, en la isla existen cerca de 800 volcanes y es todo un referente de estudio para geólogos de todo el mundo. Esta zona es un espectáculo de contrastes, con enormes acantilados de hasta mil metros de altura frente a zonas montañosas. Un lugar idóneo para observar este peculiar paisaje es el Malpaso, la cota más alta de la isla, con 1.500m de altitud. Desde aquí podemos ver el gran contraste que existe en El Hierro, desde las zonas de lava negra petrificada, hasta los verdes bosques –de laurisilva, hayas, pinos y encinas- pasando por campos frutales y viñedos. Isla de La Palma La Palma es la otra gran isla virgen de las Canarias. Con solo unas horas en ella, es fácil entender por qué ésta es conocida como la ‘isla bonita’. Su naturaleza, casi intacta, es un auténtico tesoro y la Caldera de Taburiente la joya de la corona que ningún amante del senderismo puede perderse. Este Parque Natural tiene una forma única, con un circo de 8 kilómetros de diámetro formado a través de múltiples erupciones volcánicas, deslizamientos y la erosión del agua y el viento.La Caldera, se encuentra en una inmensa depresión rodeada de cumbres con picos como El Roque de los Muchachos, Pico de la Cruz, Piedra Llana, Pico de la Nieve y la Punta de los Roques, todas superiores a los 2000 metros. Gracias a este aislamiento, en su suelo volcánico se conservan numerosos endemismos canarios, como la rara violeta de la Palma y la jara. Es fácil también encontrar reliquias del Terciario, grabados rupestres y petroglifos, por lo que acabamos sintiendo que caminamos sobre la historia de la tierra, sólo faltarían los dinosaurios para sentirnos como en un auténtico Jurassik Park español. Pero la belleza de La Palma no solo está bajo nuestros pies sino también sobre nosotros y es que en esta isla encontramos uno de los mejores cielos para la observación de estrellas. De hecho, en el Roque de los Muchachos, a 2.420 metros de altitud en el municipio de Garafía, se encuentra uno de los observatorios de astrofísica más importantes del mundo. Si viajamos en pareja, éste sería un lugar idóneo para la petición de mano más romántica del mundo…  La isla, además, nos ofrece un importante legado cultural, el de los guanches, aborígenes que ejercían el pastoreo en el interior de la Caldera y que han dejado testimonio en cabañas y grabados en la roca, así como restos de cerámica y monolitos funerarios como el Roque Idafe. Por último, en Santa Cruz de la Palma, capital de la isla, podemos ver construcciones renacentistas de aire colonial, así como un casco viejo declarado Conjunto Histórico-Artístico.¿Un consejo? Lo mejor para saborear La Palma son los altos en el camino. Parar en el ascenso a cualquier pico, bajar del coche y respirar el paisaje que tenemos frente a nosotros, con las nubes a nuestros pies y sintiéndonos prácticamente en el cielo, es una experiencia única. Imagen de cabecera: Observatorio del Roque de los Muchachos, La Palma.  

Foto de El tesoro del Atlántico mejor guardado: La Palma

El tesoro del Atlántico mejor guardado: La Palma

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Intrépidos paseos por arenales volcánicos, calas que se esconden entre imponentes acantilados y parajes de ensueño donde respirar al aire libre. Así es La Palma, isla canaria finalista en el programa EDEN (Destinos Europeos de Excelencia) de la Comisión Europea, en reconocimiento a su propuesta de turismo sostenible. Un destino declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, ya que posee numerosos espacios naturales protegidos considerados tesoros ecológicos. Estos son los lugares que no podemos perdernos. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Conocida también como ‘’Isla bonita’’, La Palma es el rincón más verde de todo el archipiélago canario. Si somos amantes de la naturaleza y nos caracterizamos por tener un toque aventurero, aquí nos sentiremos como en casa. Disfrutaremos de un auténtico museo natural bien en pareja, en familia o con amigos.La ventaja de visitar este trocito del Atlántico es que ofrece un equilibrado atractivo tanto en la costa como en la montaña. Aquí es fácil perderse a propósito en rebosantes bosques y apreciar abruptas superficies, que nos llevarán a playas de una negra y brillante arena donde caminar y relajarnos.Un buen plan para empezar es adentrarse en el corazón de La Palma donde está el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, un auténtico espectáculo visual creado por erupciones y erosiones que la naturaleza ha modelado a su antojo.  Si preferimos subir a las nubes puedes recorrer altas cordilleras, entre ellas Roque de los Muchachos, que goza de uno de los observatorios de astrofísica más modernos del mundo. Una idea genial para contemplar las estrellas desde las alturas.Cuando terminemos de explorar el interior, nada mejor que acercarnos a la costa para disfrutar del litoral, completamente moldeado al antojo de la lava volcánica procedente de su gran cadena de volcanes Cumbre Vieja. Una vez ahí sólo tendremos que respirar la brisa marina y admirar su paisaje escarpado poblado de pequeñas calas y acantilados. El arte de esta isla no solo está en la naturaleza, sino que también encontramos numerosos sitios de interés arqueológico, ermitas, iglesias y museos. En concreto, el conjunto histórico de Santa Cruz de La Palma. Una vez allí nos introducimos en su cultura isleña y en tradiciones como ‘’Los Indianos en Carnaval’’ y las Fiestas Lustrales, también conocidas como la Bajada de la Virgen de las Nieves y que se celebran cada 5 años.Si planeamos nuestra visita para las dos primeras semanas de julio podremos vivir la Semana Grande y la Semana Chica, llenas de eventos y fiestas. Mención especial merece la Danza de los Enanos, una arraigada tradición que se celebra cada cinco años, durante las fiestas de la Bajada de la Virgen de las Nieves. No debemos olvidarnos de la artesanía textil, la elaboración de puros, y su gastronomía. Los postres y quesos artesanos tienen un papel especial dentro de la gran oferta de la isla. De esta manera comprobaremos la riqueza tradicional de primera mano.Todo esto bajo una temperatura media anual entre los 16 y los 21 grados centígrados,  lo que permite realizar el viaje y disfrutar de cualquier actividad en cualquier época del año.

Foto de Santo Domingo de la Calzada

Santo Domingo de la Calzada

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Muchos de los lugares por los que pasa el Camino de Santiago merecen una parada, pero éste, sin lugar a dudas, es uno de los imprescindibles. Ya sea por su paisaje, su arquitectura, su gastronomía o sus leyendas, Santo Domingo de la Calzada es una ciudad que nos dejará hechizados, seamos o no peregrinos. Entre otros tesoros, aquí podemos ver el recinto amurallado más importante de toda La Rioja. Conocer esta ciudad, además, es una buena excusa para disfrutar de los increíbles vinos de la tierra. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Santo Domingo de la Calzada no podría entenderse sin el Camino de Santiago y es que su fundador, un ermitaño llamado Domingo, se asentó aquí para ayudar a los peregrinos que pasaban por estas tierras.  Ganó terreno al bosque de encinas que cubrían el lugar, construyó un puente para cruzar el río Oja y en sus orillas edificó un hospital y un templo que se convirtieron en hito inevitable en la Ruta Jacobea. Los milagros del SantoLas leyendas que cimentan la historia de la ciudad también están ligadas al camino, empezando por su lema: "Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada". Cuentan que un matrimonio de peregrinos y su hijo se hospedaron en una posada de la villa. La posadera se prendó del joven pero, al ser rechazada, le escondió una copa de plata en el equipaje para acusarle luego de robo. El peregrino fue juzgado y ahorcado. Cuando los padres fueron a ver el cuerpo del hijo, se encontraron con que Santo Domingo le había mantenido vivo. Contaron el milagro al corregidor, el cual dijo que el joven estaba tan vivo como el gallo y la gallina que se iba a comer… Al instante, ¡las dos aves se levantaron y se pusieron a cantar! Por eso hoy podemos ver un gallo y una gallina en el interior de la catedral. El gran legado arquitectónicoJustamente, la catedral es un buen inicio para empezar el recorrido por la ciudad. En el templo confluyen los estilos románico, gótico, renacentista y barroco. Justo enfrente se encuentra el antiguo Hospital de Peregrinos, ahora convertido en Parador de Turismo. Volviendo a la arquitectura religiosa, otro edificio a destacar es la abadía cisterciense de Nuestra Señora de la Anunciación , donde todavía vive una comunidad de monjas. Además de regentar un albergue de peregrinos, las religiosas llevan un taller de restauración de libros antiguos y hacen una deliciosa repostería, que no podemos dejar de probar, en especial los borrachuelos: unos hojaldres rellenos de pudín de frutas. El hogar del peregrinoContinuando con la importancia que tuvo y tiene el peregrinaje en la ciudad, Santo Domingo cuenta con un centro de interpretación del Camino de Santiago que sirve a su vez como oficina de turismo, que ofrece visitas teatralizadas por los rincones históricos del municipio y catas de vinos en bodegas cercanas.Pero no solo del camino vive Santo Domingo, ya que la ciudad es el recinto amurallado más importante que queda en La Rioja y acoge los únicos exponentes de la arquitectura gótica de la comunidad, como por ejemplo la Casa Trastámara, el edificio civil más antiguo del lugar. Ya en las afueras, podemos dar agradables caminatas, como en el Paseo de la Carrera, que transcurre entre hileras de castaños hasta llegar a la Ermita del Santo. Otra opción interesante es el llamado Paseo de los Molinos, que, como su nombre indica, llega hasta el único vestigio que queda de los numerosos molinos que hubo en la zona. Sugerencias gastronómicasNo podemos marcharnos de esta ciudad sin aprovechar para probar alguno de los platos típicos de la tierra, como los cocidos, las patatas a la riojana, la carne de ternera, el bacalao o los pimientos locales. Una apuesta segura es el restaurante Los Caballeros (Mayor 58; 941 342 789), donde sirven el bacalao de muy distintas maneras, o La Vieja Bodega (Avenida de La Rioja 17; 914 324 254), en el municipio cercano de Casalareina, que destaca por una excelente materia prima y una extensa carta de vinos. Precisamente el vino es el gran protagonista de otro municipio cercano, Haro (a unos 20 minutos en coche desde Santo Domingo de la Calzada) donde podemos visitar varias bodegas de reconocido prestigio, como las de Ramón Bilbao (Avenida del Santo Domingo de la Calzada 34; 941 310 295) o la Viña Tondonia (Avenida de Vizkaia 3; 941 310 244).

Foto de Zugarramurdi

Zugarramurdi

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Mucho antes de que el cineasta Álex de la Iglesia rodara su película, este pueblo navarro era ya famoso por la leyenda negra que ha marcado su historia desde tiempos de la Inquisición. Pero Zugarramurdi es mucho más que fábulas. Este enclave navarro a pocos kilómetros de la frontera con Francia es un paraje natural de una belleza espectacular. El pueblo, rodeado de pinos y castaños, cuenta con una imponente cueva -de 120 metros de largo por 12 de altura- que esconde tras de sí una dramática historia. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Corría el año 1610 cuando una vecina de Zugarramurdi contó que había visto en sueños cómo unos vecinos del pueblo participaban en un aquelarre en la cueva. Lo que debió quedar en una anécdota fue denunciado ante el tribunal de la Inquisición de Logroño, que arrestó a 53 parroquianos. La mayoría murió en la cárcel y 11 ardieron en la hoguera. Aquí empezó la historia negra de un pueblo en el que, como en tantos otros, la locura inquisitorial cometió auténticas aberraciones. La mezcla de realidad y fantasía ha acabado dándole a la cueva y al conjunto del pueblo un halo de misterio único.Nuestra primera parada en este pueblo navarro es el Museo de las Brujas, donde podremos conocer de cerca ésta y otras leyendas que se ciernen sobre su famosa cueva y su entorno. La exposición permanente del centro nos sitúa en el Zugarramurdi del siglo XVII, para que podamos conocer el contexto real en el que se sucedían estas historias en las que se mezclan relatos fantasiosos con una cruda realidad: la mano ejecutora de la Inquisición. Desde el museo se organizan visitas guiadas por el pueblo y el interior de la cueva. La cueva, lugar de prácticas secretasEl arroyo Orabidea ha excavado un túnel natural de 120 metros de largo por 12 de alto, con dos galerías elevadas sobre el cauce. El conjunto recibe el nombre de Sorginen Leizea, que en euskera significa precisamente ‘la cueva de las brujas’. Siguiendo con las referencias esotéricas, la cavidad principal se llama Infernuko Erreka, o lo que es lo mismo, regata del infierno.Aquí se llevaban a cabo ritos paganos y prácticas de medicina natural, muy enraizados en la cultura popular y aceptados por la sociedad hasta que se vincularon al satanismo. De hecho, el término aquelarre, que se utiliza para denominar las ceremonias de invocación del diablo, tiene su origen en Zugarramurdi, porque junto a la gruta hay un prado llamado Akelarre o Campo del Macho Cabrío. Dándole la vuelta al concepto, cada 18 de agosto se celebra el Zikiro Jatea; una fiesta gastronómica donde el protagonista es el cordero asado. Casonas nobles y rutas de contrabando.Además de visitar las grutas, no podemos dejar de dar una vuelta por el pueblo y observar la pintoresca mezcla de arquitectura popular con palacios señoriales, como el de Dutario, que recuerda las casas de los indianos. La construcción más antigua del pueblo es la de Beretxea, pues fue la única que sobrevivió al incendio de 1793, provocado por tropas francesas durante la guerra de la Convención o del Rosellón, que salpicó a ambos lados de la frontera.Otro de los encantos de la zona son los senderos que recorren el valle y que utilizaban los contrabandistas en el pasado. El más importante es el que une las cuevas de Zugarramurdi con las de Sara y las de Urdax. El recorrido, de unos 12 km, está bien señalizado y es apto incluso para familias con niños.  Sugerencias gastronómicasLa caza, el cordero asado o las setas, además de los excelentes quesos, forman parte de la gastronomía de la zona. Una buena opción para degustar la típica comida vasco-navarra es el restaurante La Koska, situado en Urdax, a tan solo 5 km de Zugarramurdi. A 2 kilómetros de aquí, y ya en territorio francés, podemos disfrutar del restaurante Ithurria, en la Place du frontón de Aïnhoa. Entre sus platos estrella encontramos la piperrada (un plato a base de pimiento, tomate y cebolla), el foie-gras o el jamón de Bayona. En su carta de vinos predominan los vinos franceses como el Burdeos, en convivencia con el Armañac. 

Foto de San Millán de la Cogolla

San Millán de la Cogolla

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No todo son vinos y bodegas en La Rioja, esta tierra atesora también uno de los bienes culturales más importantes de España: el conjunto monástico de Suso y Yuso, en San Millán de la Cogolla. Éste es uno de los dos lugares de España, junto con Valdepuesta, en Burgos, donde se han hallado los documentos más antiguos escritos en castellano, el idioma que actualmente hablan casi 500 millones de personas. Estos monasterios riojanos, además, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)A solo 40 kilómetros de Logroño, escondido entre montañas, se encuentra San Millán de la Cogolla. Su origen se remonta al siglo VI, cuando el santo buscó refugio en una ermita excavada en la roca. Allí nació una tradición monástica que, en la Edad Media, haría del lugar uno de los focos culturales más importantes del sur de Europa.Muchos peregrinos aún se desvían de la Ruta Jacobea para visitar este típico caserío riojano, convertido con el tiempo en el conjunto monástico de Suso y Yuso. Ambos se inscriben en la Ruta de la Lengua Castellana, que une San Millán de la Cogolla con otras localidades que tuvieron un papel decisivo en la evolución del latín vulgar, como Santo Domingo de Silos, Valladolid o Salamanca.  Suso, fuente de inspiración literariaLa abadía mozárabe de Suso fue la primera en construirse y dio lugar a los barrios de Barrionuevo y Prestiño, que envuelven el monasterio de Yuso. Cada media hora, un servicio de autobuses une ambos retiros.En este lugar, joya de la arquitectura prerrománica, se escribieron las Glosas Emilianenses. Se conoce con este nombre a las primeras notas en castellano y euskera que los copistas anotaban en el margen de las páginas a modo de aclaración, cuando encontraban dificultades para entender los textos en latín. Este santuario, además, fue objeto de la pluma del que se considera el primer poeta español, Gonzalo de Berceo.Por si fuera poco, el Monasterio de Suso, pegado como un saliente a la ladera de la montaña, es una rareza arquitectónica. Nada más entrar, debemos fijarnos en su techo –donde un bello arco de herradura mozárabe nos da la bienvenida–, así como en el mosaico del suelo, conocido como la alfombra de portalejo. Excavadas en la roca, las tres cuevas del monasterio primitivo nos transportan a los tiempos en los que San Millán habitó en ellas. En el centro, destaca un sarcófago del románico tardío que representa al santo con ropas sacerdotales visigóticas. Son visita obligada las tumbas de los siete infantes de Lara. Yuso, guardián de tesoros culturalesEl otro gran tesoro de San Millán es el monasterio de Yuso, que data del siglo XI y ha sido remodelado en varias ocasiones. Alberga en su interior una de las bibliotecas más importantes y valiosas de España. Entre sus colecciones más atractivas, destaca la de los cantorales del siglo XVII, una treintena de libros gigantescos, de entre 40 y 60 kilos, hechos con la piel de dos mil vacas riojanas. Hasta este monasterio fueron trasladadas las reliquias de San Millán, por voluntad del rey navarro Sancho III el Mayor, y es en su museo donde se conserva la arqueta que las contenía, adornada con relieves de marfil que aluden a la vida y milagros del santo. Entre las salas más destacables del apodado Escorial de la Rioja, podemos ver el claustro, la sacristía, la sala capitular benedictina y el Salón de los Reyes. A unos 100 kilómetros de San Millán de la Cogolla, encontramos el municipio de Enciso, una zona declarada Reserva de la Biosfera donde se han encontrado un gran número de restos paleontológicos. Aquí se ha instalado el Barranco Perdido, un parque de multiaventura alrededor de la paleontología. Los alrededores del Puente Mantible, el más antiguo de Logroño, son un lugar ideal para pasear y disfrutar de un paisaje de monte bajo y viñedo. El terreno es idóneo como circuito de bicicleta de montaña (BTT) y en él se realiza la famosa travesía El Mantible. Aprovecha para conocer el núcleo medieval de Santo Domingo de la Calzada, el más antiguo de toda La Rioja, a solo 20 kilómetros de San Millán. Merecen una parada el Hospital de Peregrinos, ahora convertido en Parador de Turismo, y la abadía cisterciense de Nuestra Señora de la Asunción.  Adéntrate en el Parque Natural Sierra de Cebollera, uno de los parajes más bellos del Sistema Ibérico. Bañado por el río Iregua y con cimas que llegan a los 2.000 metros, este enclave (antiguamente dedicado a la transhumancia) es un lugar idóneo para disfrutar del senderismo.

Foto de Los cinco lugares con más historia de Guadalajara

Los cinco lugares con más historia de Guadalajara

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Guadalajara es de esas ciudades españolas en las que la historia y la cultura nos sorprende a cada momento. A partir de la década de los setenta, ha vivido un importante proceso de crecimiento económico y urbano que convive con importantes enclaves cargados de historia, como palacios renacentistas, edificios mudéjares o iglesias barrocas. En ellos descubrimos los orígenes de la ciudad, fundada por los árabes, que vivió su época de máximo esplendor como plaza fuerte musulmana y, más tarde, como villa palaciega al amparo de los Mendoza, que la convirtieron en corte señorial del Renacimiento. Estas son las cinco paradas que no pueden eludir. Uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Postal típica de la belleza arquitectónica de Guadalajara, es un palacio de estilo gótico tardío situado en el mismo lugar que ocupaban las casas principales de don Pedro González, primer Mendoza alcarreño. Esta impresionante obra del siglo XV se construyó inicialmente en estilo gótico isabelino, aunque en su fachada se observan también detalles mudéjares y, sobre todo, renacentistas. En su interior, nos impresionará especialmente el Patio de los Leones, de dos alturas. Uno de los edificios más singulares de la ciudad, también conocido como capilla de Los Urbina. Su impulsor fue el humanista alcarreño Luis de Lucena,  que la mandó construir en el siglo XVI como monumento a la sabiduría, creado para el descanso de sus restos mortales y los de su familia. Se edificó adosada a la iglesia de San Miguel del Monte, que fue demolida en el siglo XIX. Está construida con ladrillo, de estilo mudéjar y detalles manieristas. Se utiliza como depósito para obras artísticas y restos arqueológicos. La iglesia de San Francisco (que a lo largo de su historia ha sido monasterio e incluso fuerte militar) cuenta con un tesoro de gran valor arquitectónico, su cripta. Fue encargada por Juan de Dios de Mendoza y Silva como panteón para su familia. Su construcción se inició a finales del siglo XVII y se ha convertido en una joya del barroco español. Destacan especialmente los tapizados en placas de mármol negros y rosas que dan a la sala un juego cromático único. El conjunto ha sido totalmente restaurado.  Es un ecléctico monumento fúnebre construido en 1916, encargado por María Diega Desmaissières y Sevillano, condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, para rendir honor a sus familiares fallecidos. En el panteón se mezclan estilos, una conjunción perfectamente visible al contrastar el románico-lombardo de sus fachadas, los  mosaicos bizantinos de su interior, y la decoración mudéjar de sus capiteles internos. El panteón está cubierto por una cúpula de cerámica vidriada y decorado con bellas ornamentaciones.  Construido en el siglo XVII, es especialmente interesante no por su valor histórico sino por una curiosa estancia que existe en su interior: un salón de té chino. La sala está recubierta con papel de arroz pintado en el que podemos ver distintas escenas de la vida feudal en la China imperial, con el estilo del arte decorativo de la dinastía Qing, es decir, con dibujos naturalistas hechos con tinta. Los responsables de esta curiosa decoración fueron los propietarios de La Cotilla, D. Ignacio de Torres (adinerado empresario) y Dª Ana de Torres (perteneciente a la nobleza).

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