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Foto de Andalucía: 8 capitales, 8 planes

Andalucía: 8 capitales, 8 planes

EDITORIAL

La Comunidad Autónoma más al sur de la península es una privilegiada no solo en cuanto a gastronomía se refiere, sino por su diversidad paisajística y su clima templado. Playas bañadas por dos mares, un interior con sierras por las que perderse, dehesas salpicadas por pueblos blancos y arte, mucho arte. Cuna de cantaores, poetas y pintores, es innegable que esta tierra inspira. Sus capitales, repletas de legados que nos cuentan la historia de las diferentes civilizaciones que las habitaron, son una puerta abierta al ocio, la cultura y la tradición. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Granada, más que tapasVamos a sumar  a la majestuosidad de la Alhambra pequeñas joyas de arquitectura recientemente abiertas al público, como el Cuarto Real y la Casa de Zafra, y obtenemos como resultado todo un abanico de visitas para realizar entre tapa y tapa. Porque que en Granada se tapea lo saben hasta los japoneses, a quienes encontraremos en cada taberna.Si preferimos optar por darnos un capricho cual princesas mozárabes, lo mejor es acercarse a restaurantes donde no dejarán de sorprender nuestros paladares. La ciudad lorquiana por excelencia se disfruta por los ojos y por el estómago. Dos imprescindibles para ello son el restaurante La Fábula y El Claustro: producto, recetario tradicional pero de vanguardia. Para el aperitivo, si nos queda hueco, La Tana y sus más de 400 referencias de vinos. Córdoba, sin perder de vista el ríoTodos los caminos conducen a Roma y en Córdoba, todas las callejuelas de la judería van a dar al Guadalquivir. Un buen truco para orientarnos y no perdernos en este laberinto de calles estrechas (aunque conviene perderse un ratito).Antes de llegar a la Ribera, nos dejaremos seducir (a propósito) por el olor a azahar y naranjo de la calle Enrique Romero de Torres, que nace en la plaza del Potro. Allí, en la misma plaza, un primer tesoro: la posada del Potro que tiene, además de uno de esos patios cordobeses que quitan el sentido, el centro de flamenco Fosforito.Mucho tardaremos en llegar al río si seguimos por esa calle, ya que en primavera y verano, bajo esos naranjos, se agolpan las terrazas, llega el murmullo del río y sí, nos sentiremos más cordobeses que turistas. ¡Y es que se está de lujo tomando algo aquí! Ya en la Ribera nos encontraremos con La Taberna del Río. Sus vistas de toda la parte histórica desde la azotea competirán con los platos tradicionales en los que no falta un toque de vanguardia. Sin olvidarnos de Noor (a partir de marzo de 2016), un poco más alejado pero hasta donde merece la pena un paseo para descubrir el nuevo proyecto de Paco Morales. Cádiz, luz y pescado frescoOtra de las capitales afortunadas de asomarse al mar. Y lo hace a poniente. Y con ello se gana el derecho de contar con los atardeceres más increíbles. Porque en Cádiz el sol no se pone, se rinde ante las casas de colores que salpican su paseo y la cúpula dorada de la Catedral que nos recuerda que, al día siguiente, seguiremos disfrutando del espectáculo. Pero dejemos esta ensoñación en la que nos sumerge Caí (al menos un momento y aunque nos cueste) y vamos a tapear por el barrio de La Viña donde, además de ser el lugar donde dan comienzo los carnavales, demuestran que hay vida más allá de las chirigotas. Y es que lo de la cocina en plato pequeño se les da fenomenal.Interesante pasar por la plaza del Tío la Tiza, donde  en verano encontramos el mejor pescado fresco precisamente en la Taberna del Tío La Tiza. Situado en el centro histórico, el nombre se debe a que antes de su urbanización, a partir del siglo XVIII, en esta zona se cultivaba la vid. Un barrio privilegiado con vistas a La Caleta, escenario que ha inspirado a poetas y músicos. Para una experiencia de mesa y mantel conviene salir un poco de Cádiz hasta el Puerto de Santa María y conocer, si aún no lo hemos hecho, la cocina de quien mejor defiende el entorno marino y sus productos, Ángel León. Porque Aponiente es sin duda una extensión del mar. Algo más informal es la recién inaugurada Taberna del Chef del Mar, con mesas altas en un local con ambiente marinero (no podría ser de otra forma) y donde tapear a un precio asequible. Sevilla, por sus tejadosCuando se visita Sevilla por primera vez, hay que subir sí o sí a la Giralda. Bueno, y la segunda, la tercera y la cuarta. Si a la quinta la vista se nos queda corta y conocemos cada recodo del Parque de María Luisa, es el momento de probar con algo más. La Catedral sevillana, además de impresionar por dentro y por fuera, guarda uno de sus mejores secretos justo en sus cubiertas. Recorrerlas en pequeños grupos, es sentirse como un gato curioseando por los tejados. Atención que no vale solamente admirar las vistas sino que debemos fijarnos en el suelo. Esas líneas blancas que iremos viendo son anotaciones que los arquitectos fueron haciendo y con las que se guiaban a los canteros para que tuvieran patrones de corte de los materiales de construcción.¿Quieres saber más? La curiosidad es también cosa de gatos así que la próxima vez que estés en Sevilla, sube a lo más alto de la Catedral. Pero como en algún momento hay que bajar, sin duda la mejor propuesta es, una vez en tierra, buscar una de esas famosas freidurías. Que no nos confundan los cucuruchos de papel que muchos llevan por la calle, no son churros sino posiblemente el mejor pescaíto frito que probemos en una provincia sin salida al mar. Una de las más concurridas por los sevillanos está en el barrio de Triana, la Freiduría Reina Victoria.  Málaga, desde las alturasSi tu excusa para no ir a Málaga es que ya conoces la ciudad, es porque no la has visto desde las alturas. Inaugurada en verano de 2015, la noria instalada en el puerto nos permite tener una visión compartida al 50% por tierra y mar. Nada tienen que envidiar los malagueños al London Eye de Londres, ya que un día de buena visibilidad (y aquí saben de cielos claros), nuestra vista alcanzaría los 30 kilómetros. Hay que apresurarse, porque la noria es provisional. Si estás posponiendo tu visita a Málaga, no lo hagas. La capital andaluza se vive desde el suelo pero se disfruta desde las alturas.Y como estamos en la tierra de los espetos, si nuestra visita coincide en época estival, hay que comer, sí o sí, espetos. No hace falta que no anotemos porque, apenas pongamos un pie en Málaga, nos lo estarán recordando. Encontraremos muchos restaurantes a pie de playa en Pedregalejos donde los preparan. Si no es verano, aunque hay que ir siempre que se visite la ciudad, es obligatorio pasarse por El Pimpi; una bodega con solera en la que cada elemento que nos rodea es una reminiscencia a la tierra que pisamos y donde podemos desde tapear, comer en su espacio gastronómico o asistir a diversas catas. Y también, cómo olvidarlo, practicar nuestros pasos de flamenquito. Almería, refugios de la Guerra CivilHay una Almería que se ve y otra, subterránea, que merece la pena visitar. Obra del arquitecto almeriense Guillermo Langle, los refugios sirvieron para dar cobijo a sus habitantes durante la Guerra Civil y son actualmente, uno de los atractivos de la ciudad. Bajamos a 9 metros de profundidad para descubrir esta obra de ingeniería donde, de los casi 5 kilómetros de pasadizos, se han recuperado uno que se encuentra precisamente bajo una de las arterias principales de Almería. Para dar una visión lo más cercana posible de cómo eran antaño, se han recreado espacios como la despensa donde se almacenaban los víveres, un quirófano con instrumental de la época pensado para dar servicio a unas 34.000 personas. Una Almería que no se ve, pero que permanece bajo nuestros pies.Volvemos a la superficie que hay mucho por ver (y comer) porque esta capital es conocida también por sus tapas. De las de siempre. Tanto que tabernas como Casa Puga, la más antigua de la ciudad, sigue atrayendo a sus clientes de toda la vida y a los novatos, que se convertirán en asiduos ya desde la primera visita. Y, como se ha hecho siempre también, siguen sirviendo las mismas tapas y los clientes continúan anotando a lápiz la cuenta de lo que llevan consumido en su barra de mármol. Huelva, un barrio inglés de minerosEs cierto que hay que hacer un pequeño sacrificio para quedarnos en la capital y no huir a sus playas. Pero merecerá la pena dejarse caer por el barrio Reina Victoria, conocido también como Barrio Obrero. El contraste de sus casas nos hará pararnos para comprobar que sí, que seguimos en Huelva y no hemos atravesado una puerta para aparecer en Inglaterra. Y es que a comienzos del siglo XX y cuando la explotación minera de la provincia comenzó a hacerse patente, la colonia de obreros ingleses que se asentaron en la ciudad provocó que los trabajadores de Riotinto se asentaran en esta zona, construyendo viviendas semejantes a las de su país de origen.Destaca además la mezcolanza de referencias a otro tipo de construcciones, como la andaluza o neomudéjar, logrando un conjunto bastante curioso. Lo anglosajón lo dejaremos al salir del barrio porque el tema de la cocina es serio y estamos en Andalucía, una despensa natural. Platos a base de ibéricos, rabo de toro o pescados es lo que nos ofrecen en La Mirta, que apuesta por la tradición en cuanto a materias primas con toques modernos. Jaén, un castillo con vistas a los olivosUn castillo como el de Santa Catalina no pasa desapercibido. Cobijo de íberos, cartaginenses y romanos primero y de musulmanes y cristianos después, cada uno fue adaptándolo a sus necesidades. Lo que siempre se mantuvo fueron las impresionantes vistas de Jaén, rodeada de campos de olivares.Pese a que en origen fueran tres las fortalezas que conformaban el recinto, actualmente solo se conserva uno de ellos. Sobre los terrenos de las otras dos se construyó un Parador de Turismo a mediados de los años 60. Es el día de Santa Catalina (25 de noviembre) el más emotivo, ya que los jienenses parten en romería a pie hasta lo alto del cerro para asar sardinas. Pero como eso sucede solamente un día al año, bajamos al centro de nuevo hasta Casa Antonio. Allí, comprobaremos que es cierto lo que ellos mismos dicen acerca de que sus fogones huelen a escabeche, campo y mar. Su plato estrella, que hay que probar sí o sí, el ajoblanco. Pero no uno cualquiera, sino con coco y granizado de albahaca. 

Foto de Donostia

Donostia

EDITORIAL

Un día para rastrear la ciudad de siempre, la que eligieron los reyes para tomar baños de mar en la Concha. Y otro para recorrer la ciudad más actual, que se renueva y reinventa aguijada por el reto de ser Capital Europea de la Cultura 2016. Capital de la cultura que se ve y se oye en museos, teatros, cines y también en la calle. La otra cultura, la que se come, acompaña a una cita tan importante mostrando su mejor cara. Aprovecha la ocasión para vivir y conocer la Donostia más festiva.  Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Isabel II podía haber seguido veraneando en La Granja como habían hecho los Borbones desde que llegaron a España, pero un día su médico de cámara le recetó baños de mar y se fue a tomarlos a Donostia. En bañador la sorprendió la Revolución de 1868, la Gloriosa, que no fue una forma muy gloriosa de perder la corona, pero lejos de cogerle manía a esta ciudad, la realeza la siguió honrando con su presencia, a tal extremo que María Cristina instaló en ella la Corte y el Gobierno del país dos meses al año. Han cambiado muchas cosas últimamente en Donostia (como veremos mañana), pero hay lugares (los que vamos a ver hoy) que siguen conservando el aire y el decorado de la Belle Époque; bella época para Donostia, sí señor. 10.00 El Peine del Viento (y de las olas)Para empezar un día tradicional, nada como pasear por la bahía de la Concha junto a los donostiarras. A éstos se les distingue de los de fuera porque presumen (con razón) de orgullo urbano y van hablando con sus acompañantes de la Quincena Musical y saludando a diestro y siniestro con un “¡epa!”. Es un buen recorrido el que tiene la bahía: tres kilómetros justos. Un paseo que iniciamos en el extremo occidental, junto al Peine del Viento, la obra más famosa de Chillida y uno de los iconos más reconocibles de la ciudad. Los días de marejada, el lugar se pone a tope de gente que viene a ver romper las olas. Incrédulos, los forasteros oyen a los vecinos contar cómo, con las mareas vivas, se puede pasar caminando a la isla de Santa Clara. Viendo el mar embravecido, parece un milagro del Antiguo Testamento. 10.30 Un funicular de 1912 Muy cerca del Peine del Viento, detrás del Real Club de Tenis, nos aguarda el funicular de madera que, desde 1912, asciende al monte Igeldo. Arriba hay un parque de atracciones de los que ya no quedan, con ponis, salas de espejos, una travesía en barca por un río misterioso o en vagoneta por una montaña suiza, casetas de tiro y de venta de golosinas… El monte ofrece también la mejor vista de la ciudad, la bahía de la Concha y la isla de Santa Clara. Hay que tener en cuenta que el parque no abre hasta las 11.00 o 11.30 (depende de la temporada). Si vamos con niños, esperaremos y echaremos aquí la mañana. Si no, disfrutaremos del panorama y bajaremos en el siguiente funicular.11.30 Recuerdos de la Belle ÉpoqueContinuamos recorriendo la bahía por el paseo que bordea la señorial playa de Ondarreta. Esta playa está separada de la de la Concha por el pico del Loro, como se conoce el extremo del promontorio sobre el que se alza el palacio real de Miramar, construido a finales del siglo XIX en estilo ‘cottage’ inglés reina Ana. Mucho antes hubo aquí una capilla consagrada a la Virgen de Loreto. De ahí debió venir, por confusión, el llamarle Loro al lugar porque papagayos, en Donostia, hay pocos. Una vez franqueado el pico del Loro a través de un túnel, salimos al paseo de la Concha, con vistas a la playa urbana más famosa de España y con dos lugares que recuerdan vivamente la Belle Époque: La Perla, antiguo balneario de la aristocracia y hoy moderno centro de talasoterapia, y el Hotel De Londres y de Inglaterra, levantado en 1863. También evocador de aquella época feliz y un tanto frívola es el actual Ayuntamiento, que se alza al final del paseo, mirando a los tamarindos del parque Alderdi-Eder (lugar hermoso, en vasco). Actual porque lo es desde 1947; antes, desde 1887, fue casino. Mata Hari, Trotsky y el barón de Rothschild se jugaron aquí los cuartos a la ruleta, los caballitos y el chemin de fer. Nativos no entraban apenas pero, por si acaso, las boinas y las alpargatas estaban prohibidas.El monte Igeldo ofrece la mejor vista de la ciudad, una panorámica de la Concha y Santa Clara12.30 En motora a la isla de Santa ClaraPara completar el clásico paseo por la bahía, solo nos queda acercarnos al muelle, como llaman los donostiarras al puerto viejo, y visitar el Aquarium, que es una de las instituciones más venerables y queridas de la ciudad, pero que de vieja ya sólo tiene el año de fundación (1928), porque tras la reforma dirigida por los arquitectos Ángel de la Hoz y Cristina Fontán, es un acuario muy moderno. Del muelle salen en verano las tradicionales motoras que llevan a la isla de Santa Clara, donde hay un faro y una playita encantadora, de sólo 30 metros, sendas y merenderos. Primera tarde 14.00 Estrellas de la gastronomía vasca Pegado al Aquarium está Bokado, un lugar muy recomendable para comer, con una terraza magnífica con vistas a la isla de Santa Clara. También al lado del puerto, tenemos el restaurante Kokotxa, que aúna tradición y vanguardia. Aunque la opción más acorde con el plan que nos hemos propuesto hoy es Branka, con ventanales sobre el mismo Peine del Viento. Si buscamos la excelencia, aunque no quede muy céntrica (a 4 o 5 kilómetros de la Concha), iremos a Arzak , a Mirador de Ulía o a Xarma. Y si queremos lo mejor, aunque haya que buscarlo fuera de la ciudad, elegiremos Akelarre, Martín Berasategui o Mugaritz. Todos ellos son espacios estelares de la gastronomía que justifican, por sí solos, el viaje a Donostia.   16.30 En busca del rayo verdeOtro lugar clasiquísimo, al que podemos arrimarnos por la tarde dando un paseo por el Boulevard, es el teatro Victoria Eugenia, que un siglo después de su inauguración (1912) está como a estrenar, pues ha sido restaurado y remodelado con la más moderna tecnología. Sólo por ver las pinturas que decoran la bóveda, el cuarto chino y el foyer, merece la pena asistir a una función. Consultemos, pues, la programación antes de venir. También es posible ver el teatro por dentro si nos apuntamos a la ruta romántica que, todos los sábados, organiza la Oficina de Turismo. Más fácil es curiosear en el vecino Hotel María Cristina. Sólo hay que entrar a tomar un café (es la hora, por cierto) para pisar la misma alfombra y el mismo vestíbulo que las estrellas del Festival de Cine.Podemos prolongar el paseo subiendo por el río Urumea hasta el puente de María Cristina y allí doblar a la derecha para acercarnos a la plaza del Buen Pastor, la de la catedral. Aquí desemboca la calle Loiola, idónea para el ‘shopping’. Y aquí tiene una de sus pastelerías Otaegui, casa que lleva endulzando la vida de los donostiarras desde 1886. Tras degustar alguna de sus especialidades (petit-choux, relámpagos, milhojas, canutillos, merengues de café, borrachos, tocinos, pantxineta, pastel vasco…), volveremos a la Concha para tratar de ver el famoso “rayo verde”, el último rayo de sol del día antes de que éste se pierda en el horizonte.  20.30 De pintxos en lo viejoAsí, “lo viejo”, le llaman los donostiarras al casco antiguo, el lugar con más pintxos por metro cuadrado del universo. Sólo la calle 31 de Agosto, pegada al monte Urgull, podría competir en variedad y calidad con las mejores barras de muchas grandes capitales. En el número 7 se encuentra La Cepa, una de las tabernas con más solera, que lleva desde 1948 haciendo del poteo algo sublime. En el número 3, La Viña, a donde muchos vienen sólo para tomar el postre: tarta de queso. A Fuego Negro, en el 31, es famoso por su hamburguesita de Kobe. En el número 23, otro clásico, el Gandarias.Para redondear la orgía de pintxos, tampoco hay que olvidar La Cuchara de San Telmo (en el número 28), con sus carrilleras, foie, cochinillo… y Ganbara. 22.00 Jazz, disco y ruletaEn julio se celebra un importante festival de jazz, todo un clásico (la primera edición fue en 1966) que tiene como escenario principal la plaza de la Trinidad. Dos locales imprescindibles para los forofos de esta música son Altxerri y Etxekalte. Los que son más de discoteca, pueden amanecer mirando a la Concha en La Rotonda y Bataplán. Y los que les gusta jugar, desde que el Ayuntamiento es solo Ayuntamiento, han de ir al Casino Kursaal. Segunda mañana 9.00 Surf en la Zurriola Ayer vimos tres playas: la de Ondarreta, la de la Concha y la diminuta de la isla de Santa Clara. Hoy vamos a cruzar el río Urumea para ver la cuarta, la de Zurriola, y cabalgar sobre sus olas. Si sabemos surfear, eso que llevamos ganado. Si no, Pukas Surf Eskola  nos ofrece cursos de fin de semana y alquila material. Donostia ha acogido los campeonatos mundiales y europeos de este deporte. Incluso un evento rinde homenaje a su cultura urbana. Proyecciones, mercadillos y música al aire libre, en el Surfilm Festibal, de mayo a septiembre. Detrás de la Zurriola se yerguen, como dos icebergs varados en la playa, los cubos ideados por Rafael Moneo para el centro de convenciones y auditorio del Kursaal, que hay que volver a ver de noche, cuando se iluminan como dos cajas incandescentes y, ya que estamos, cenar en Ni Neu, del mismo grupo que el Mugaritz. El barrio de Gros, el más cercano a esta playa, es ahora el más vital de la ciudad y el más deseado para picotear y terracear viendo a los surferos adentrándose en el mar con sus tablas.  10.30 Un parque muy ecológico Ya que hemos empezado el día con energía, podemos seguir con ella dando pedales por la ciudad. Hay más de 30 kilómetros de bidegorris o carriles bici, numerosas empresas de alquiler y un sistema de préstamo público. Mapas y direcciones, en la página de movilidad sostenible del Ayuntamiento. Podemos dar una vuelta en bici por los paseos marítimos y por las márgenes del Urumea. Y acercarnos al parque Cristina Enea para conocer estos románticos jardines, poblados por árboles exóticos, cisnes y pavos reales, que se extienden sobre 94.960 metros cuadrados de la península que describe el último meandro del Urumea antes de desembocar en el mar. Dentro, en el palacio del duque de Mandas, la Fundación Cristina Enea removerá nuestra conciencia ecológica con sus actividades de sensibilización medioambiental: aulas, talleres, rutas guiadas (también en bici) y exposiciones sobre el cambio climático, consumo sostenible… Junto al parque, por cierto, va tomando cuerpo el proyecto Tabakalera, una antigua fábrica de Celtas y Ducados que abandonó sus malos hábitos para convertirse en factoría de arte contemporáneo e hito de la Capital Europea de la Cultura 2016.12.30 Los jardines verticales de San TelmoOtro hito cultural es el renovado Museo San Telmo. Este antiguo convento dominico, cuartel y museo municipal ha sido ampliado y remozado por los arquitectos Nieto y Sobejano, que han apostado por una fachada de jardines verticales que impacta sin romper del todo con la verde falda del monte Urgull. También se ha renovado el concepto: ahora es Museo de Sociedad Vasca y Ciudadanía, que aborda la historia, la cultura y los retos futuros de esta comunidad con un lenguaje museográfico contemporáneo.  Segunda tarde 14.00 Menú del día en la universidad Vamos a comer un menú del día, pero no en un restaurante cualquiera, sino en el Basque Culinary Center, universidad de ciencias gastronómicas que abrió sus aulas en 2011 en el Parque Tecnológico Miramón, donde los jóvenes se forman, investigan, innovan y utilizan las nuevas tecnologías para superar el tópico de la nueva cocina vasca de los ochenta. Además de alucinar con el edificio diseñado por el estudio Vaumm, que recuerda una pila de platos vacíos y desordenados, probaremos en la cafetería lo que cocinan los futuros Arzaks. Los fines de semana, que no hay clases (ni, por tanto, menú), la alternativa, en el mismo parque Miramón, es el restaurante Arbelaitz, uno de los mejores de esta ciudad donde comer mal es complicado. 15.30 Viaje familiar al espacioLo de venir al parque Miramón no es sólo por comer, sino también por visitar el Museo de la Ciencia Eureka!, donde hay juegos y experimentos, planetario, observatorio astronómico y simuladores para pilotar un fórmula 1 o viajar en familia al espacio. Espectacular, la sala Plastination, donde se exhiben cuerpos humanos que han sido preservados de la putrefacción mediante el método de la plastinación, inventado en 1977 por el anatomista alemán Gunther von Hagens, conocido como ‘Doctor Muerte’.18.00 Compras de moda  Un buen ejemplo de lo modernos que pueden llegar a ser en Donosti es Noventa Grados, una multitienda que ofrece propuestas de los diseñadores de moda más ‘cool’ y, en el mismo espacio, el salón de belleza más avanzado de la ciudad. Todo de lujo, eso sí. Además acoge exposiciones, presentaciones de libros, conciertos de jazz… Para presupuestos menos holgados está Apartamento 14, donde hay ropa de aire retro para chicas y para chicos, mercadillos de segunda mano, conciertos… Moda más alternativa, con los diseños propios de la Fábrica de Colores, en Zabaleta, 43. Si la moda nos interesa, sacaremos tiempo a lo largo de este día o del anterior para escaparnos a Getaria (a 25 kilómetros al oeste de San Sebastián) y visitar el Museo Cristóbal Balenciaga. Inaugurado en 2011, este espectacular museo dedicado al famoso modisto e hijo más universal de la localidad, después de Juan Sebastián Elcano, atesora 1.200 trajes y complementos que muestra de forma rotatoria.   Más ciudades para visitar en 48 horas La eterna seductora Córdoba Capital de Hispania Tarragona Gótica y vanguardista Valencia Todo un descubrimiento Huelva

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Redescubre Lorca

EDITORIAL

Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1964 y, aunque los terremotos de 2011 causaron importantes daños, ha sabido resurgir de sus cenizas. Aún con algunos edificios inmersos en procesos de rehabilitación, merece la pena visitar una ciudad que tras el desastre ha sabido seguir creciendo. Hemos seleccionado 10 imprescindibles para saborear la esencia lorquina. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol) El interior del centro, ubicado en parte en el antiguo Convento de la Merced, está totalmente rehabilitado, de forma que ofrece su servicio a los visitantes con normalidad. Aunque su fachada sigue en obras, es muy recomendable acercarse a conocer su exposición permanente en la que descubrimos la historia de la ciudad y todo lo que podemos vivir y disfrutar en ella. La Fortaleza y el Castillo están concebidos como un parque temático cultural. Se trata del gran emblema lorquino y uno de los edificios que más desperfectos sufrió durante el terremoto. Además de las increíbles vistas de ciudad, lo más destacado del conjunto son las torres Alfonsina y del Espolón, que ya están totalmente restauradas. El conjunto de la Fortaleza funciona con normalidad.   El edificio alberga actualmente los juzgados de la ciudad y es especialmente importante porque conserva, de la estructura original, una arcada en cuya esquina tiene esculpidas las figuras de los fundadores de Lorca, los troyanos Elio y Croata. El inmueble no sufrió ningún daño durante los temblores por lo que es todo un lujo poder contemplarlo durante un paseo por la Plaza de España.  También conocida como Casa de las Columnas, esta casa-palacio del siglo XVII quedó muy afectada por el temblor, tanto el edificio como su interior (muebles, decoración, etc.), sin embargo, se restauró e inauguró de nuevo en el año 2013 y puede visitarse. Aunque falta por reparar el contenido del inmueble, disfrutaremos contemplando su impresionante portada, similar a un gran retablo barroco.  Una visita imprescindible en Lorca, en ellos conocemos la tradición religiosa de la ciudad a través del patrimonio de sus cofradías y de varios audiovisuales sobre la celebración de la Semana Santa. Aquí podemos ver algunas de las piezas más destacadas del bordado lorquino, la mayoría hechas en seda y oro y algunas incluso declaradas Bien de Interés Cultural. Ambos museos están restaurados. Además de la fortaleza que rodea al castillo, Lorca también cuenta con una muralla en su caso histórico, que cerraba la vieja ciudad desde tiempos de dominación islámica. En ella destaca especialmente este porche o puerta de acceso. Su buen estado de conservación lo convierte en uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval de toda la Región de Murcia. Ha sido restaurado por completo.  Este edificio del siglo XV se utilizaba durante la Edad Moderna (que va desde el descubrimiento de América hasta la Revolución Francesa) para el almacenamiento y distribución de cereales. Su fachada se mantuvo intacta tras el temblor por lo que podemos seguir disfrutando de ella en nuestro paseo por el casco histórico. El interior nunca ha estado abierto al público. Se trata de uno de los monumentos más destacados de Lorca y no se vio afectado por el temblor de 2011. Se encuentra en el recinto de la Fortaleza del Sol y fue localizado durante las obras de construcción del Parador de Turismo del Castillo. El conjunto consta de un barrio judío de los siglos XIV-XV que incluye una sinagoga, en excepcional estado de conservación, y una docena de viviendas.  Es una de las piezas arquitectónicas más modernas de la ciudad y ha marcado un hito en su paisaje. Esta obra del ingeniero vasco, Javier Manterola, no sufrió daños durante el terremoto por lo que podemos disfrutar de ella en su plenitud, especialmente de noche, cuando está totalmente iluminada. La pasarela une el barrio de San Cristóbal con el núcleo urbano, salvando el río Guadalentín.  Es el edificio que todos tenemos en mente al pensar en el terremoto de Lorca, ya que la caída de su cúpula se vio en directo por televisión. Afortunadamente ya ha sido restaurada y podemos volver a disfrutar de este santuario que acoge a la patrona de la ciudad, Nuestra Señora la Real Virgen de las Huertas. En el interior podemos ver murales como el dogma de la Inmaculada Concepción. Agradecimientos: Turismo de Lorca.

Foto de Los tesoros de Covadonga

Los tesoros de Covadonga

EDITORIAL

En estas tierras, donde abundan las leyendas, se inició la Reconquista a manos del rey Pelayo. Enclavado entre las montañas y el Cantábrico, este lugar histórico para los cristianos que protagonizaron la resistencia, esconde múltiples tesoros. Tres de ellos destacan por encima del resto, convirtiendo a Covadonga en un lugar único: la Santa Cueva, la basílica y los lagos que, a más de mil metros de altitud, reflejan la belleza natural de los Picos de Europa. Un trinomio de película. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Santa CuevaEs sin duda una de las imágenes más impactantes que podemos llevarnos de Asturias: en el medio de un valle, rodeado de frondosos bosques, hay un santuario en el interior de una cueva natural. El lugar guarda una magia especial, no solo por su significado religioso e histórico sino también por el entorno natural de excepción en el que está ubicado. En la roca encontramos una pequeña ermita que conserva la imagen más venerada de esta tierra, la virgen de Covadonga, también llamada popularmente La Santina. Otro tesoro de la cueva es la tumba de Don Pelayo, primer rey de Asturias, y su mujer Gaudiosa. El encanto de este santuario se hace todavía mayor gracias a una preciosa cascada que hay justo bajo la cueva y que cae a una pequeña poza.Este entorno natural fue alterado por primera vez por la mano del hombre durante el reinado de Alfonso I (enterrado también aquí), que ordenó construir una capilla dedicada a la virgen María para celebrar la victoria ante los musulmanes en la batalla de Covadonga. En 1777 un incendio afectó al recubrimiento de madera destruyendo la talla original de La Santina. La talla actual data del siglo XVI y fue donada por la catedral de Oviedo en 1778.  BasílicaA pocos metros de la cueva, sobre una pequeña colina, encontramos la basílica de Covadonga, centro monumental de culto de los asturianos. Este gran templo fue erigido por el arzobispo de Oviedo Don Benito Sanz y Florésen en 1877. Es de estilo neorrománico, con piedra rosácea y marmórea de las propias montañas del valle. Con dos torres enmarcando su portada de triple arco, consta de una nave central y tres ábsides escalonados. Su grandiosidad se percibe sobre todo en los días grises, cuando la niebla inunda Covadonga por completo. Al recorrer el interior de la basílica, debemos fijarnos especialmente en algunas de sus obras de arte, como el lienzo de Luis de Madrazo, que representa la Proclamación de Rey Pelayo, así como el de Vicente Carducho, que simboliza La Anunciación. Otra de las obras que más nos impresionarán, sin duda, es la imagen de Nuestra Señora, hecha por el escultor catalán Juan Samsó. En el altar, además, destaca el panel de oro que retrata la batalla de Covadonga. Lagos de CovadongaSu belleza es sencillamente espectacular. Aunque se les conoce popularmente como lagos de Covadonga, lo cierto es que se encuentran a 10 kilómetros de distancia de la localidad de dicho nombre, y se denominan oficialmente Enol y Ercina. Los dos se encuentran en la parte asturiana de los Picos de Europa y el acceso hasta ellos es en sí mismo toda una experiencia. Desde el monasterio de San Pedro debemos tomar una carretera de 12 serpenteantes kilómetros que nos lleva hasta este otro santuario acuático. Poco a poco vamos descubriendo este paraje natural, según avanzamos en la ruta. A mitad de camino merece la pena hacer un alto en el mirador de la Reina, que ofrece una espléndida panorámica de la zona como adelanto del indiscutible atractivo que nos aguarda.Los lagos están separados por la loma de la Picota y rodeados de sinuosos parajes montañosos y campos de un verde intenso. El primer lago que encontramos es el Enol, a 1.070 metros de altura y con más de 12 hectáreas de superficie, rodeado de praderas donde pastan vacas, caballos y ovejas, ajenas al turismo. Desde aquí debemos seguir el ascenso hasta los 1.108 metros de altitud en que se encuentra el Ercina. Sus aguas resultan más peculiares por sus variaciones cromáticas. La vegetación acuática y los cambios de iluminación hacen oscilar el tono del lago del verde claro al oscuro, incluso pudiendo identificar a veces matices amarillentos o rojizos.El reflejo de las cumbres en las aguas serenas es una imagen difícil de olvidar. El esplendor de este entorno se aprecia claramente con los colores propios de primavera y otoño, con las agradables temperaturas veraniegas, o con la blancura de las nieves invernales.

Foto de Huelva

Huelva

EDITORIAL

Desde que tartesios y fenicios eligieron para vivir la confluencia de los ríos Tinto y Odiel. Mil años antes de nuestra era, estas riberas han visto arribar y zarpar miles de barcos, pero ningunos tan famosos como las tres carabelas en las que Colón y los suyos hicieron el primer viaje a América. Menos conocidas son la Huelva inglesa, la que se forjó con el cobre de las minas de Riotinto, y la naturaleza apabullante de las marismas del Odiel. Quien descubre Huelva, descubre también un mundo de ricas tapas y 30 kilómetros de playas. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)08.00 El legado inglés Un lugar estupendo para empezar a descubrir la ciudad es el muelle del Tinto, donde los onubenses van a caminar o a correr de buena mañana. El muelle no está en el río Tinto, sino en el Odiel, pero le dicen así porque aquí descargaban los trenes de la Rio Tinto Company Limited procedentes de las minas de cobre del norte de la provincia. Construido en 1876, este espectacular mecano de hierro de 1.165 metros de longitud estuvo en activo 99 años y ahora, jubilado, continúa prestando un servicio lúdico y ofreciendo una majestuosa estampa..El paseo por las dos plantas del muelle se puede prolongar por la calle Presidente Adolfo Suárez y por las avenidas Sur, Italia y Sundheim para ver otras construcciones emblemáticas de aquella edad de oro (o de cobre, más bien). La primera es la estación de Sevilla: de estilo neomudéjar. Su edificación (1875-1888) fue promovida por el alemán Guillermo Sundheim. Al final de la avenida Italia, en la plaza del Punto, encontramos la segunda: la Casa Colón. Se construyó entre 1881 y 1883 como un hotel de lujo, pero hoy es la sede del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Por la Avenida Sundheim llegamos al barrio obrero Reina Victoria, de inequívoco estilo inglés. Fue construido para los trabajadores de la Rio Tinto Company en varias fases, la primera en 1916. Se quiso mezclar la arquitectura tradicional inglesa con la herencia andaluza. Una de esas encantadoras casitas es ahora el bar La Casa del Guarda, que nos viene perfecto para desayunar.  10.00  Lugares colombinosOtra edad dorada para Huelva, la de los descubrimientos, se puede rastrear bajando en coche hasta la punta del Sebo, donde se juntan el Tinto y el Odiel. Aquí se levanta desde 1929 el monumento a la Fe Descubridora, un coloso de 37 metros de altura, obra de la estadounidense Gertrude Vanderbilt Whitney. En la otra orilla del Tinto se encuentra el muelle de las Carabelas, un parque temático donde se exhiben tres fieles réplicas de las famosas naos. Y en la colina que hay detrás del muelle, el monasterio de La Rábida, cuyos frailes acogieron a Colón y convencieron a la reina Isabel de que no estaba loco. Lo más bello del conjunto es el claustro mudéjar, con sus arcos de ladrillo abarrotados de geranios y la sala Vázquez Díaz, revestida en 1930 por este pintor de Nerva con frescos evocadores del viaje de Colón. En Palos, a cuatro kilómetros de La Rábida, se pueden ver la fuente donde se hizo la aguada para la travesía y la casa-museo de Martín Alonso Pinzón.   12.00 Moguer y la playa de MazagónA siete kilómetros de Palos, río Tinto arriba, aparece, rodeado de campos de fresas, el impecable caserío blanco de Moguer, en cuyo monasterio de Santa Clara veló una noche Colón, cumpliendo el voto realizado cuando una tempestad estuvo a punto de echar a pique La Niña. Por fuera parece una fortaleza, pero por dentro es el cielo hecho patio, con su claustrillo mudéjar y su claustro grande o de las Madres. Además de esto, en Moguer vale la pena ver la Casa-Museo Zenobia y Juan Ramón, donde Juan Ramón Jiménez pasó su infancia y juventud y donde se conserva su biblioteca personal, formada por más de 4.000 libros y 7.500 revistas. A Huelva podemos volver por donde hemos venido o, mejor aún, dando un rodeo por Mazagón para conocer su playa y su parador. El Parador de Mazagón está sobre una duna fósil de 40 metros de altura, en mitad de una playa salvaje de 13 kilómetros a la que se baja por una escalera de madera, reservada para huéspedes. Primera tarde 14.30 Tapas clásicas y modernas De vuelta en la ciudad, lo mejor es aparcar en el Mercado Nuevo (o en el solar del viejo) y acercarse caracoleando a la plaza de las Monjas,el corazón de Huelva. En la calle Concepción se amontonan las tiendas. Y en Vázquez López, los buenos bares de tapas. Si apetecen clásicas, el sitio ideal es Azabache: montaditos de ibérico, gambas rebozadas, chocos… Si prefieres tapas modernas, La Fonda de María Mandao (673 017 391): salmorejo con chips de berenjena, langostinos en hamburguesa, piruleta de choco, gulas y gambas… Macha y Portichuelo también están en la misma calle y también son lugares muy recomendables.Otra zona idónea para comer es la plaza de la catedral, donde se deben probar el choco al triki triki de Pepe de la Rosa y el pescaíto fritode Paco Moreno. Y otra, la vecina Punta Umbría: es famosa la rodaja de corvina a la plancha del chiringuito El Tabla, en la playa de La Canaleta, pero con unas patatas aliñás y unas sardinas también se queda uno a gusto.   16.00 Punta Umbría y las marismas del OdielEn Huelva, cuando la gente habla de ir a la playa, se refiere a las playas de Punta Umbría, que son las que caen más cerca, al otro lado del Odiel. A Punta Umbría se va en la Canoa, que parte del muelle de Levante cada dos horas (sólo en verano) y atraviesa las marismas por el canal del Burrillo. O en bicicleta, siguiendo el carril-bici que sale de la ciudad por el puente Sifón. O en coche, claro. Si se elige la vía terrestre, cabe desviarse nada más cruzar el río para visitar las marismas del Odiel.  18.00 El origen tartésico de la ciudadPara el que se aburre en la playa, y viendo pájaros tampoco se entusiasma, hay tres alternativas culturales: La primera, Las Cocheras del Puerto, sala de exposiciones y espacio escénico en un edificio de arquitectura industrial de 1912 primorosamente rehabilitado. La segunda, el Centro de Interpretación Huelva Puerta del Atlántico, cuyas salas expositivas muestran la relación de la ciudad con el mar y el legado británico. Y la tercera propuesta alternativa es el Museo de Huelva, donde se exhiben los hallazgos tartésicos del cabezo de la Joya. Por cierto, se llama cabezos a las colinas que salpican la ciudad. 19.30 Puestas de sol en el Conquero  En otro cabezo, el del Conquero, tiene su casa la patrona de Huelva, Nuestra Señora de la Cinta. Muchos onubenses suben aquí por devoción, pero otros, sólo para ver cómo el último sol se espeja en las marismas y dora la cal del santuario.  21.00 Para cenar, creatividadPara cenar, regresamos al centro. El gastrobar Ciquitrake es una apuesta por las tapas modernas. Algunas de sus propuestas son las milhojas de bacalao, el cartucho de boquerones fritos sin espinas y macerados en cítricos, el viaje de papas con foie y yema templada… Otro establecimiento donde prima la creatividad es La Mirta.23.00 Una copa con vistas y otra con historiaEl único mirador que le hace la competencia al santuario de Nuestra Señora de la Cinta es el Mandala un lounge-bar con decoración oriental y relajante música electrónica que está en el mismo cabezo del Conquero y, por lo tanto, goza de idénticas vistas. También curioso, para tomarse una copa, es el Berdigón 14, que se encuentra en esa céntrica calle y número, en la casa más antigua de la ciudad, del siglo XVI. Las encantadoras casitas del barrio obrero Reina Victoria mezclan la arquitectura tradicional inglesa con la herencia andaluza Segunda mañana 09.00 La única estatua de Colón Esta mañana vamos a pasear por las plazas y calles más céntricas de la ciudad. Y comenzamos en la plaza de las Monjas, que ocupa unos terrenos desamortizados al vecino convento de las monjas agustinas. En un extremo se levanta, desde el 20 de enero de 2011, un monumento en el que aparece Cristóbal Colón señalando hacia el océano. Resulta chocante que, antes de esa fecha, en la capital onubense no hubiese ninguna estatua del descubridor… Pensando en ello, salimos por este lado de la plaza, por la avenida de Martín Alonso Pinzón, también conocida como la Gran Vía. A 50 metros están la plaza de la Constitución y el Ayuntamiento. De estilo neoherreriano, fue construido en 1949.  10.00 Buenos tiempos para la arquitecturaHuelva vivió un periodo de gran prosperidad desde que en 1873 se concediera a los ingleses la explotación de las minas de Riotinto. Por eso abundan los suntuosos edificios modernistas y neorrenacentistas. En el número 13 de la calle Vázquez López, que sale de la plaza de las Monjas, está el Gran Teatro. Inaugurado en 1923, su fachada de estilo ecléctico es la más elegante de la ciudad. Enfrente, en la pequeña plaza del Alcalde Coto Mora, se halla la Casa de las Conchas, de inspiración renacentista y que alberga la Oficina de Turismo de la Junta de Andalucía.11.00 La casa del alcalde Volvemos por Vázquez López para girar a la izquierda por Palacios. Seguimos adelante y llegamos a la iglesia de la Concepción, que da nombre a la siguiente calle. Fue construida en estilo gótico-mudéjar en 1515 y reconstruida posteriormente al gusto barroco. En la siguiente manzana nos espera el palacio de Mora Claros. De 1912, fue vivienda familiar de Antonio de Mora y Claros, alcalde a principios de la década de los años veinte del pasado siglo. Actualmente es un centro de día, pero se puede visitar. En la fachada admiramos las yeserías y los balcones acristalados y en el interior, las vidrieras y los trabajos en hierro forjado.  12.00 Al salir de claseContinuamos a la derecha por San José y por el paseo de la Independencia. Son diez minutos hasta la plaza de la Merced. Aquí se levanta la catedral de la Merced. Fue construida entre 1605 y 1612 como iglesia del convento de la Merced, y reconstruida en estilo barroco en 1783. El edificio contiguo es el antiguo convento de la Merced. Hoy aloja la facultad de Empresariales de la Universidad de Huelva y es un buen sitio para tapear. 13.00 La iglesia más antigua y bella Desde la plaza de la Merced, tomamos la calle de Ramón Menéndez Pidal. A la izquierda empiezan los cabezos que marcan la fisonomía de la ciudad. En uno de ellos está la plaza de San Pedro, donde se yergue la iglesia de San Pedro  (959 240 547). Es la más antigua (siglo XV) y bella de la ciudad. De estilo gótico-mudéjar, después se le sumaron detalles barrocos. Segunda tarde 14.00 Cocina de vanguardia  Nuestra elección para comer es el restaurante Acánthum, al que llegamos después de cruzar el parque de la Esperanza. Tienen platos vanguardistas de gran atractivo. ¿Cómo no sentir curiosidad por su pil-pil de ova de choco y arena de playa, o por la ortiga de mar en rissotto y alioli dulce, o por los chipirones rosas? 16.00 Dar gracias a la patronaEl punto de partida para el paseo de esta tarde (para el que necesitaremos el coche, porque hay algún desplazamiento largo) es el santuario de la patrona, Nuestra Señora de La Cinta, al que ya subimos ayer para contemplar el atardecer. Esta construcción blanquísima, que a pleno sol hace daño a la retina, es gótico-mudéjar, del siglo XV y en su interior podemos ver, entre otras muchas cosas, una serie de azulejos realizados por Daniel Zuloaga en 1920 que relatan diversas historias marianas y de marinería. 18.00 Donde estudió Juan Ramón Al otro lado de la avenida de Manuel Siurot comienza el parque Moret, que está en proceso de remodelación. Se abrió en 1910 para crear un espacio donde los fieles que peregrinaban al santuario pudieran descansar. Casi al final del descenso hacia el centro, pasamos por delante del instituto La Rábida. Creado en 1856 en el antiguo convento de San Francisco, ocupa este edificio de estilo historicista desde 1933. En sus aulas estudió Juan Ramón Jiménez.  19.00 El falso muerto de la Soledad Si nos gustan las visitas fuera de lo común, podemos acercarnos al cementerio de la Soledad. En el sector de San Marcos, se halla la lápida de un tal William Martin, oficial inglés que supuestamente murió ahogado en 1943. En realidad fue un montaje de los aliados durante la II Guerra Mundial para hacer creer a los nazis que iban a desembarcar en Cerdeña, cuando realmente lo hicieron en Sicilia. Los servicios secretos ingleses dejaron un cadáver en la playa. Se inventaron su identidad y unos documentos secretos falsos. Funcionó. El cuerpo enterrado es al parecer de un vagabundo galés que se había suicidado. 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Castelló

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Castellón de la Plana es conocida por las naranjas y mandarinas que crecen en la llanada que rodea y da nombre a la ciudad, y por sus fábricas de cerámica, que han forrado de azulejos los baños y cocinas de toda España. Lo que menos gente sabe es que hay también modernos museos, arquitecturas vanguardistas y restaurantes donde se hace arte con los pescados recién subastados en la lonja del Grao. Para los viajeros que no quieren sorpresas hay arroces, faltaría más, y playas, todas las de la Costa del Azahar. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 El Fadrí: cuatro siglos soltero El Fadrí lleva más de 400 años luciendo palmito en la Plaza Mayor de Castellón. Construido entre 1591 y 1604, este campanario de 58 metros de altura y planta octogonal tiene la particularidad de hallarse separado de la catedral, como a unos 20 pasos. Por eso se llama como se llama: El Fadrí; o sea, el Soltero. Además de las dependencias donde se alojan las once campanas (Tòfol, Àngels, Jaume, Maria, Vicent, Anna, Joaquina, Cristina, Dolors, Victoria y Lledó), están la sala del reloj, la que servía de cárcel, la que era hogar del campanero y las cuatro gárgolas (el perro, el león, la harpía y el águila) que vigilan desde lo alto las calles del centro. Si queremos verla por dentro, hay visitas guiadas de lunes a sábado, a las 12.00. La eterna novia del Fadrí es la concatedral de Santa María, que se levantó a caballo entre los siglos XIV y XV en estilo gótico, aunque lo que se ve ahora es una reconstrucción, ya que fue totalmente destruida durante la guerra civil.11.00 Los productos más frescos y típicosEnfrente del Fadrí, ocupando todo un lateral de la Plaza Mayor, se halla el Mercado Central, en cuyos puestos vemos montañas de las famosas naranjas de la huerta de La Plana, pero también aceitunas de la sierra de Espadán, pastas caseras de Vilafamés, embutidos típicos como el blanquet o las pelotas de Navidad, y pescados y mariscos recién subastados en la lonja del Grao. Salimos por el lado opuesto, que da a la plaza de Santa Clara, un espacio amplio, rodeado de galerías porticadas, en mitad del cual se alza el monumento a la Fundación de Castellón, que tuvo lugar en 1252. A cien metros, tirando a la derecha por la Calle Mayor, está la plaza de la Paz, muy animada, donde les gusta reunirse a los castellonenses.12.00 Arte y arquitecturaDespués de tomar un aperitivo en el templete de la misma plaza, transformado en cafetería nos acercamos, dando un paseo de cinco minutos por las calles Escultor Viciano y Prim, al Espai d’Art Contemporani de Castelló. Sus exposiciones traen a la ciudad lo más vanguardista de la creación internacional. Muy cerca, en la avenida paralela, está el Museu de Belles Arts de Castelló, uno de los orgullos de la ciudad, tanto por su colección de piezas de arqueología, pintura, escultura y cerámica, como por su espectacular edificio, que es obra de Tuñón y Mansilla y destaca por los característicos paneles de fundición de aluminio reciclado.14.00 Tapas o arrocesPara reponer fuerzas, en la misma calle del Museu está El Mercat de Les Tapes, donde se ofrece un tapeo moderno, con vinos de más de 20 denominaciones. Tampoco está lejos el restaurante Pairal, de cocina mediterránea de mercado, muy cuidada, con arroces en su punto justo. 16.30 Del casino al parque  Después de la sobremesa, retomamos la exploración de la ciudad. Nos situamos de nuevo en la plaza de la Paz. Tomamos la calle Falcó y, en un minuto, estamos en la plaza de la Puerta del Sol. Al otro lado se encuentra el edificio del Casino Antiguo, obra de Francisco Maristany, que transformó en 1922 un palacete del siglo XVIII. Su fachada, con dos torres de diferente nivel en los laterales, es de las más espectaculares de la ciudad.Paseando otro minuto, ahora por Ruiz Zorrilla, nos plantamos en el inicio de la avenida del Rey Don Jaime I, una de las grandes arterias comerciales de Castellón. Podemos curiosear por las tiendas antes de seguir la calle San Vicente y su prolongación, Pérez Galdós, que nos lleva al parque Ribalta.Antes de entrar en este amplio espacio arbolado, vemos a la izquierda la plaza de toros. Data de 1887 y en la corrida inaugural estuvieron Lagartijo y Frascuelo, nada menos. Castellón es una ciudad muy taurina, con una feria, la de la Magdalena, que abre la temporada desde siempre en España. Cruzamos la calle y ya estamos en el parque, que lleva el nombre del pintor barroco Francisco Ribalta. Se construyó a finales del siglo XIX sobre el antiguo cementerio del Calvario para impresionar a los visitantes que llegaban a la cercana estación de tren. Sus enclaves más característicos son el monumento a Ribalta, el templete, el estanque y el obelisco que recuerda la resistencia a los ataques carlistas. 18.00 Paseo por el EnsancheSalimos del parque por la plaza de la Independencia. En el centro, rodeado por algunas casas modernistas, como la de las Cigüeñas, se halla el monumento más curioso de Castellón: la Farola. Es exactamente eso, una farola con cinco luces que recuerda el lugar en el que, en 1924, se coronó a la Virgen del Lledó como patrona de la ciudad. Continuamos por la calle Zaragoza hasta la plaza de Tetuán, que está presidida por el edificio de Correos y Telégrafos, de 1932, una de las joyas de la arquitectura local. De estilo neomudéjar, destaca por la acertada combinación de piedra, ladrillo, hierro, cristal y cerámica. Giramos a la izquierda por la avenida de Jaime I. Al llegar a la plaza de Clavé, nos desviamos a la derecha, por San Luis. Tras un trayecto de cinco minutos, desembocaremos en la rotonda de la plaza de María Agustina. Justo por detrás se encuentra la plaza de la Muralla Liberal. Aquí vemos uno de los pocos lienzos que se conservan de la muralla levantada en 1837 para resistir el asedio de las tropas carlistas.19.00 De regreso a la Plaza MayorSalimos de nuevo a la rotonda de María Agustina y tomamos la Calle Mayor en dirección al centro. Al llegar a la calle Colón, giramos a la derecha. Enseguida vemos la Lonja del Cáñamo, con sus grandes arcos apoyados sobre columnas toscanas, que se construyó a principios del siglo XVII para encauzar el rico comercio de este material. Hoy es un edificio de la Universitat Jaume I y alberga, entre otras dependencias, la sala de exposiciones Joaquín Oliet. Estamos al lado mismo de la Plaza Mayor, donde comenzamos la jornada.20.00 Un teatro que fue el primer cineRegresamos a la plaza de la Paz, que a estas horas está en su máximo apogeo. Nos detenemos ante la fachada de inspiración grecorromana del Teatro Principal. Inaugurado en 1894, sólo dos años más tarde acogió la primera sesión de cine de la ciudad. Profundamente restaurado, reabrió sus puertas en 1999. Haremos bien en consultar su programación, que suele ser de gran calidad e incluir espectáculos (comedias, musicales, monólogos, conciertos, ópera, zarzuela, danza…) para todos los gustos.21.30 Pistas para la nocheNo nos equivocaremos si elegimos para cenar el restaurante Arbequina, famoso por sus jornadas gastronómicas: de setas, de alcachofas, de galeras, de bacalao… Otra opción céntrica y buena es La casita de Gredos, un pequeño restaurante de cocina de mercado. Luego, las zonas más animadas son Lagasca (You Club, pub Néctar), María Agustina (pub Waticano, Café dels Artistes) y País Valenciano (Terra, Radiola). Y un acierto, el club Spoonful, donde reinan el soul y el buen ambiente. Hasta las tres de la mañana. 10.00 Hacia el santuario del Lledó  Comenzamos la jornada en la plaza de María Agustina, siguiendo una de las principales vías de Castellón: la avenida de la Virgen del Lledó. La idea es ir hasta el santuario de la patrona de la ciudad. Se trata de un paseo cómodo, sobre todo con buen tiempo. Lo primero que nos llama la atención, a unos 500 metros del inicio, es el monumento de Tombatossals, en la glorieta del cruce con la calle de María Rosa Molas. Es difícil no verlo. Se trata de una gigantesca escultura de 20 metros y 20 toneladas, obra de Melchor Zapata, que representa a una gigantesca criatura de la mitología local.Al otro lado de la plaza, se encuentra la entrada al parque Rafalafena, que tiene una fuente, un pequeño anfiteatro y un restaurante muy agradable gestionado por una asociación de síndrome de Down. Si seguimos por la avenida del Lledó, justo al final del parque, vemos el monumento a Perot. Son dos bueyes arando, guiados por el labrador que, según la tradición, encontró la figura de la Virgen del Lledó (o del Lidón) en 1366. 11.00 Una Virgen de seis centímetrosAunque la avenida es recta y tan sólo hemos recorrido un kilómetro, podemos descansar un rato en el café del Auditori i Palau de Congressos. Es el limpio edificio de volúmenes blancos, homenaje a la luz del Mediterráneo, que aparece a mano derecha. Es obra del estudio de Carlos Ferrater. Proseguimos el paseo con vistas ya a la basílica de la Mare de Déu del Lledó, a donde llegaremos después de cruzar la ronda de Circunvalación. El acceso es muy fácil y se lleva a cabo por una amplia avenida arbolada, lo que hace que este santuario sea muy visitado por los castellonenses. La basílica, de 1730, es de acceso libre, aunque podemos concertar visitas guiadas. La gran atracción es la réplica de la imagen de la Virgen, de solo seis centímetros, que halló en su día el labrador Perot.12.30 El edificio más modernoDel Castellón más tradicional, al más moderno. Usamos el transporte público o el taxi para desplazarnos al sureste de la ciudad. Allí nos aguarda un edificio rompedor, el palau de la Festa, de forma elíptica y fachada multicolor: una arquitectura sostenible de nueva generación, recubierta por 2.530 paneles de cerámica regulables y aislantes, y con un sistema de iluminación interior inteligente. Inaugurado para las Fiestas de la Magdalena de 2011, acoge los principales eventos populares de Castellón, así como la sede de la Junta de Fiestas y varias dependencias para colectivos festeros. 14.00 La mejor cocina creativa Otro largo desplazamiento que merece la pena hacer (ahora, al oeste de la ciudad) es para comer en el restaurante aQua, con la mejor cocina creativa de Castellón.16.00 El Grao, el puerto de CastellónAhora nos dirigimos, de nuevo en taxi o transporte público, al Grao, el puerto de Castellón, que está a cuatro kilómetros del centro. Debe su origen a la exportación de naranjas y azulejos, de gran importancia a principios del siglo XX. Una vez allí, tomamos como punto de partida la plaza del Mar. Mirando hacia el Mediterráneo, a nuestra derecha vemos el edificio Moruno, que acoge la sede de la Fundación del Puerto y una sala de exposiciones. Cruzamos la calle Trabajadores del Mar para perdernos por las pequeñas calles del barrio de pescadores, paseando por plazas que nos hablan de antiguas embarcaciones (la plaza de los Tripulantes de la Paca) o del tranvía a vapor que unía el Grao con el interior (la de la Panderola).Las pequeñas calles del barrio de pescadores invitan a pasear por plazas que hablan de antiguas embarcaciones o del tranvía a vapor que unía el Grao con el interior17.00 Paseo junto al faroSeguimos nuestro camino por el muelle de la Costa. A la izquierda tenemos el centro comercial Puerto Azahar. A la derecha, el puerto deportivo y el faro del Grao, de 25 metros de altura, trasladado hasta aquí piedra a piedra desde un lugar más acorde con su función. Es un relajante paseo, con las embarcaciones meciéndose en las aguas. Llegamos a la rotonda del Muelle del Centenario, con un pórtico-fuente que abriga una escultura de Juan Ripollés. Cruzamos por la plaza del Jardín del Puerto hasta el paseo de Juan Sebastián Elcano, que surge a la derecha.17.30 El pulmón del PinarSeguimos esta calle unos 200 metros, hasta la entrada del parque del Pinar. En sus dos kilómetros de longitud hay zonas de recreo y para la práctica deportiva. Es un sitio perfecto para descansar un rato, ya sea leyendo el periódico o un buen libro, o contemplando el mar. 18.30 Las estrellas del PlanetarioAl comienzo del parque del Pinar, salimos a la derecha en busca del mar. Enseguida reconocemos la cúpula esférica de 25 metros del Planetario. En su interior, que alberga un péndulo de Foucault, podemos disfrutar de exposiciones, proyecciones y experimentos de lo más interesantes.19.00 Puesta de sol en la playaHa llegado la hora de caminar por el paseo que bordea la playa del Pinar hasta el comienzo de la playa del Gurugú (), que marca el final del barrio del Grao. La primera es una alfombra dorada de 1.750 metros de longitud, ideal para pasear y tumbarse a contemplar la puesta del sol.21.00 Platos marineros y ruletaAuténtica cocina marinera, sin minimalismos ni sofisticaciones, es lo que nos ofrece la Tasca del Puerto, en el mismo Grao. Otra buena referencia gastronómica en el puerto es el restaurante Rafael, que sirve pescados, mariscos y arroces marineros frente a la lonja. Después, podemos probar suerte jugando a la ruleta, al black jack o al póquer en el Gran Casino, en el muelle de Serrano Lloberes. 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Alacant

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Alacant es una ciudad cómoda, que se deja pasear, y con un clima envidiable. No es de extrañar que íberos, cartagineses, romanos y demás pueblos históricos le echaran el ojo al monte Benacantil y a esta bahía de aguas tan mansas que ni se inmutan con las mareas, razón por la cual, en 1871, se decidió tomar el nivel del mar en Alacant como referencia para medir la altitud en el resto de España. Además de mucha historia y muchos días de sol, Alacant tiene unas barras de tapas que quitan el sentido y unas comunicaciones tan mejoradas (con la renovación del aeropuerto de El Altet en 2011 y la llegada del AVE en 2013), que el que no viene, es porque no quiere. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.30 Mar, montaña y leyenda Con un clima como el de Alacant, sería un crimen no empezar el día paseando, tro-tando o pedaleando por la orilla del mar. E incluso, si se tercia, dándose un baño. Para todo ello, es perfecta la playa del Postiguet, con el paseo marítimo que la acompaña cuan larga es (800 metros) desde la plaza Puerta del Mar. Desde aquí contemplamos en lo alto del monte el castillo de Santa Bárbara y la famosa Cara del Moro, una ca-prichosa formación rocosa situada debajo de las murallas que parece realmente el rostro de una persona. Dice la leyenda que es la cara de un príncipe moro que no quiso que su hija tuviese amores con un cristiano y que, después de ahorcar al chico, no pudo impedir que la niña se precipitara enloquecida al vacío, cayendo tras ella. 10.00 Al castillo, en ascensor A 200 metros de la plaza, detrás de la playa, se halla el acceso a los ascensores que suben por dentro de la montaña al castillo de Santa Bárbara. La fortaleza medieval de la ciudad se encuentra a 166 metros de altura, en la cima del monte Benacantil, que domina la fachada urbana de Alacant y constituye su imagen más característica. En ella se diferencian tres zonas: desde el área más elevada y antigua (del siglo XIV) hasta la más reciente (del XVII). Su mayor atractivo, sin embargo, no son sus piedras, sino sus vistas: se divisa toda la bahía, la isla de Tabarca y el cabo de Santa Pola. 11.00 Parque de La EretaDejamos el castillo para dirigirnos al barrio de Santa Cruz a través de La Ereta, un moderno parque en cuya construcción se han tenido en cuenta aspectos medioambientales y de simbiosis de lo construido con el entorno, que cuenta con vegetación autóctona, un agradable mobiliario urbano orgánico y unas vistas de impresión sobre el casco antiguo.La Cara del Moro, desde aquí, casi se puede tocar… Es una bajada de unos 700 metros por un camino de piedra y tierra, a pleno sol, así que es mejor que vayamos preparados con una gorra, sobre todo en verano. Cuando veamos unas casitas blancas con puertas y ventanas azules, sabremos que hemos llegado al barrio de Santa Cruz. Su entramado de pequeñas calles ha respetado el ambiente de los pueblos del interior de la provincia. Aquí, a diferencia de lo que ocurre en otros barrios, todos los vecinos se conocen. 12.00 La iglesia más antigua y el arte más moderno   Entramos en el barrio por la plaza del Arquitecto Miguel López y bajamos por unas escaleras situadas al final de ella. Continuamos por las calles de Maldonado y Villavieja hasta la basílica de Santa María; que es la más antigua de Alacant (del siglo XIV, aunque muy reformada) y se construyó sobre la mezquita mayor. En la misma plaza está el Museo de Arte Contemporáneo de Alacant (MACA), que atesora los fondos de Eusebio Sempere, uno de los maestros del arte geométrico, y la colección personal de Juana Francés. Y un par de calles más abajo, encontramos el Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG), con colecciones de arte alicantino del siglo XIX.13.30 “Sobre el nivel del mar en Alacant”Por Gravina llegamos en dos minutos al Ayuntamiento, edificio barroco del siglo XVIII en cuyos bajos podemos visitar la exposición La ciudad descubierta, que muestra la historia y las ruinas de la antigua ciudad amurallada. La gran atracción del Ayuntamiento, sin embargo, es una pequeña placa que hay al pie de la escalera principal. Es la cota cero, el punto a partir del cual se calcula la altura sobre el nivel del mar de las distintas poblaciones de toda España. Primer tarde 14.00 Las mejores barras de tapas Muy cerca de la plaza del Ayuntamiento, se come mejor que bien en La Taberna del Gourmet. Hay un menú de tapeo y un menú degustación. Y hay una larga carta de montaditos, tostas de pan de cristal, raciones enteras o medias de mariscos de lonja, verduras de temporada, arroces…, todo ecológico y de sabor tradicional. Tapas también muy cuidadas y modernas hacen en El Portal Taberna. Y en Monastrell, aunque aquí lo más deseable es sentarse a degustar su cocina innovadora, de aire mediterráneo. Otra barra famosa, la que más, es la de Nou Manolín, que se nutre de los mariscos y pescados de Santa Pola y Dénia. En el comedor, se puede seguir tapeando o probar platos autóctonos y de cocina tradicional actualizados. 16.00 Horchata y helado, en la ExplanadaApetece después de comer un paseo cerca del mar. Y el paseo por excelencia en Alacant es la Explanada, frente al puerto deportivo, con sus palmeras y su pavimento que simula las olas del mar dibujadas con más de seis millones de teselas de mármol de color rojo, crema y negro. En el extremo oriental del paseo, junto a la plaza Puerta del Mar, se alza imponente laCasa Carbonell, un majestuoso edificio de fachada modernista de 1925, evocador del enriquecimiento que experimentaron los industriales de textiles alcoyanos durante la Primera Guerra Mundial.La leyenda urbana dice que el fabricante de tejidos alcoyano Enrique Carbonell tuvo que venirse a vivir a Alacant a causa de la enfermedad de su hija. Eran otros tiempos y los viajes, difíciles; así que se presentó en el Hotel Palas con aspecto sucio y harapiento y no le dejaron hospedarse. Enrabietado, decidió que levantaría un edificio más grande y esplendoroso que el del hotel. Y así fue. Es una buena historia para escuchar y comentar mientras nos tomamos una horchata o un helado en el famoso Kiosco Peret. Está siempre lleno a reventar. Por algo será. 18.00 Una cúpula azul de 45 metrosEn la Explanada desemboca la rambla Méndez Núñez, calle que marca la frontera entre el casco antiguo y la nueva ciudad, y que fue construida después de que se consiguiera el permiso de la reina Isabel II para derribar la muralla. Subiendo por ella y doblando a la derecha por Miguel Soler, vamos a dar a la concatedral de San Nicolás. Los alicantinos están muy orgullosos de ella, como es natural. Llama la atención la fachada de estilo herreriano (la obra se inició en 1600) y cómo está integrada en el barrio. No hay grandes plazas exteriores, así que todo resulta más cercano. En el interior, la austeridad se transforma en una decoración elegante, con la nave central coronada por una cúpula azul de 45 metros de altura. Debajo de la cúpula se halla la capilla de la Comunión, considerada uno de los más bellos ejemplos del barroco español. 20.00 Paseo por el Barrio AntiguoAl salir, tomamos la calle Labradores, que nos conduce al corazón del Barrio Antiguo. Cuando alguien habla en Alacant del Barrio, sin más, todo el mundo sabe que se refiere a éste. Girando a la derecha por la calle Virgen de Belén y luego a la izquierda por la del Abad Nájera, nos plantamos en la plaza del Carmen, que ya empieza a marcar la subida hacia el barrio de Santa Cruz y el castillo. Aunque ya esté cerrada, podemos acercarnos a la ermita de Santa Cruz. Éste es el punto de partida de una de las procesiones más emocionantes de la Semana Santa: la de la Hermandad de la Santa Cruz, el Miércoles Santo. Es todo un espectáculo ver cómo los costaleros llevan el paso por calles tan pinas y estrechas.21.00 Cena con vistasAl restaurante La Ereta, que está en las faldas del castillo, llegaremos después de una pequeña subida de menos de 300 metros. Los arroces y los postres están buenos, pero lo mejor son las vistas de la ciudad, especialmente de noche. De regreso al centro, pararemos en alguno de los bares de copas de esta bulliciosa zona. Tres posibilidades: Red Lion, Callejóny Desafinado House Club.  Segunda mañana 9.30 En tranvía por la ciudad (o más allá) Iniciamos el nuevo día en la Diputación de Alacant, un palacete neoclásico con elementos decorativos barrocos que se inauguró en 1931. A pocos metros, bajo la plaza de los Luceros, hay una sorprendente estación del TRAM, proyectada por el arquitecto Javier García Solera. Si nos gustan las playas (y a quién no), el moderno y eficiente ferrocarril metropolitano nos puede llevar a las de San Juan, El Campello, Benidorm o Dénia. Si nos gusta la arquitectura, otra estación interesante, aparte de la de Luceros, es la de Sergio Cardell, más conocida como la del queso de Gruyère, obra galardonada del estudio Subarquitectura. Pero nuestro destino inmediato es la estación Marq-Castillo, la del Museo Arqueológico Provincial (MARQ). 10.00 MARQ, arqueología del siglo XXI Elegido Museo Europeo del Año 2004, el MARQes el fiel reflejo de la riqueza arqueológica de la zona, habitada por íberos y romanos. Lejos de ser un mero expositor de antigüedades, es un museo didáctico, divertido, riguroso y espectacular, con escenografías, audiovisuales y sistemas interactivos. Además de las salas dedicadas a los distintos periodos históricos (como la de la Cultura Ibérica, presidida por la Dama de Cabezo Lucero), hay otras donde se enseña cómo trabajan los arqueólogos y las que alojan exposiciones temporales, algunas de ellas procedentes de museos tan prestigiosos como el Británico o el Hermitage. En julio y agosto abre una hora más tarde, a las 11.00.11.30 Salazones y turrónVolvemos por donde hemos venido, en el TRAM, y nos apeamos en la parada del Mercado. Construido entre 1911 y 1912, con elementos de inspiración modernista, el Mercado Central fue objeto de uno de los bombardeos más sangrientos e indiscriminados de la Guerra Civil, el del 25 de mayo de 1938, en el que murieron más de 300 personas. Hoy es un símbolo de la vitalidad de Alacant. Destacan los puestos de pescado y los de salazones. Es el lugar ideal para aprovisionarse de mojama de atún, hueva o pulpo seco. Y también de turrón. Al lado, en el número 4 de la misma avenida, se halla Espí, heladería famosa, con terracita para tomarse al fresco un helado de turrón de Xixona. 12.00 Hogueras de San JuanBajando por la rambla Méndez Núñez, en el número 29 aparece el Museo de Hogueras. En él se repasa la historia de una de las tradiciones festivas más importantes de Alacant, las Hogueras de San Juan: fotografías antiguas, carteles, estandartes, ninots indultats… 13.30 Crucero a TabarcaA esta hora zarpa del puerto deportivo el último barco de la mañana rumbo a la isla de Tabarca, que dista once millas náuticas (20 kilómetros) y es la única habitada de la Comunidad Valenciana. La travesía dura unos 50 minutos, así que llegaremos justo a tiempo de comer en sus restaurantes el tradicional caldero. Este antiguo refugio de piratas berberiscos, fortificado y repoblado por Carlos III, además de un valioso conjunto histórico (murallas, puertas, iglesia barroca y torre de vigilancia de 27 metros), posee playas y calas de aguas cristalinas, que son reserva marina y gozo del visitante previsor, que trae gafas de buceo. Además está el Museo Nueva Tabarca, en el antiguo edificio de la Almadraba. Para verlo todo hay que darse prisa, porque el último barco zarpa de la isla a las 17.00.La isla de Tabarca, antiguo refugio de piratas berberiscos, posee playas y calas de aguas cristalinas Segunda tarde 14.00 Arroz de señoritoAunque no se vaya a Tabarca, merece la pena acercarse al muelle de Poniente del puerto deportivo para comer en Aldebarán, restaurante que está emplazado en la primera planta del Club de Regatas y es una de las me-jores opciones en Alacant para tomar, por ejemplo, un arroz del senyoret, con marisco pelado, o un arroz a banda. Si preferimos quedarnos por el centro, las calles de San Francisco, Castaños y Mayor reúnen restaurantes interesantes. 16.00 A la sombra de los ficusEn las horas de más calor y sopor se agradece el frescor de oasis de la plaza de Gabriel Miró, con su fuente de la Aguadora y su fronda tropical de ficus centenarios. Antiguamente debió ser una plaza aún más fresca, cuando llegaban hasta ella las olas y se llamaba de las Barcas. Luego se llamó de Isabel II y después de Correos, por el edificio donde tenía sus oficinas el servicio postal, de estilo modernista, recientemente rehabilitado. Otro parque donde no se está mal a esta hora, a la sombra de los ficus, es el de Canalejas, que es la prolongación de la Explanada hacia el muelle de Poniente. 18.30 Compras de última horaLa avenida Maissonave es la calle comercial más importante, la milla de oro donde se concentran las primeras firmas y, desde luego, la mejor opción para hacer compras de última hora, sobre todo si se va a coger el AVE, porque está al lado de la estación. Debe su extraño nombre a Eleuterio Maisonnave, que fue alcalde entre 1870 y 1873.20.30 Hagan juegoSi se nos hace la hora de cenar mirando escaparates en la avenida Maissonave, muy cerca tenemos el restaurante Piripi, con barra de tapas espectacular. En el puerto, en el muelle de Levante, la tentación se llama Dársena, con su más de medio siglo de experiencia y sus 16 variedades de arroces. Otra buena recomendación en el mismo muelle es Els Vents, restaurante de cocina marinera muy moderna y original. Después se puede recalar en alguno de los pubs de esta animada zona del puerto y probar suerte en las mesas del Casino. Quién sabe: podría ser el broche de oro (real, no metafórico) de nuestra visita a Alacant. Más ciudades para visitar en 48 horas Pontevedra, la plaza mayor de las Rías Baixas Pontevedra Palencia, la bella desconocida Palencia Ourense: un baño de historia Ourense Lleida, dos catedrales y un laberinto subterráneo Lleida

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Ruta de día desde Pontevedra

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El plan perfecto para un día soleado: recorrer por la mañana la orilla septentrional de la ría de Pontevedra, para comer y sestear en la kilométrica playa donde lindan los municipios de Sanxenxo y O Grove y visitar por la tarde la meridional. A sólo cinco kilómetros de la capital, en la orilla norte, se encuentra el antiquísimo monasterio de Poio que aparece mencionado por primera vez en un texto de 942, pero se sabe anterior. Impresiona, por su serena belleza renacentista, el claustro de las Procesiones y, por su tamaño, el hórreo de 123 metros cuadrados de planta que hay en la trasera. Docenas de hórreos (no tan grandes, claro) se descubren un par de kilómetros más adelante, en Combarro, el pueblo más cautivador de la ría. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Otro elemento llamativo son las casitas marineras, con balcones apoyados sobre toscas columnas que hacen las veces de soportales. Las mejores pueden verse en A Rúa, que es la calle principal, aunque no muy grande, de este enclave donde todo es estrecho, enrevesado y de granito, estilo castro celta. De ella salen vías aún más angostas que van a morir al mar, entre dos hórreos, o a plazuelas donde asoma la roca madre y, sobre la roca, los siete cruceiros que hay en Combarro, la Virgen mirando siempre para la ría y Cristo para tierra adentro.Avanzando otros 20 kilómetros por el muy urbanizado litoral de Sanxenxo y Portonovo, se llega a la playa de A Lanzada. Este enorme arenal, que se tarda más de media hora en recorrer a pie, da paso a la ría de Arousa. Poco a poco, durante miles de años, los sedimentos depositados en el mar por el río Umia formaron una barrera arenosa que, en el siglo XVII, acabó convirtiendo la hasta entonces isla de O Grove en una península y dando origen, en la parte occidental del istmo, a esta playa de tres kilómetros y medio, que hoy es frecuentada todo el año por paseantes, corredores, surfistas…, y en verano, por una marabunta que recuerda las invasiones de los normandos, sólo que con menos ropa. Para defenderse de estos últimos, precisamente, se levantó en el siglo X la torre cuyas ruinas se ven en el extremo sur de la playa, junto a la ermita de Santa María de A Lanzada. Otros invasores, pero éstos pacíficos y silentes, son los amantes de la naturaleza, que acuden atraídos por las dunas, las aves migratorias y los delfines que de vez en cuando se arriman a la orilla. Esto lo explican muy bien en el centro de interpretación del Complejo Intermareal Ons-O Grove, en lo alto del monte A Siradella. El itinerario por la orilla sur de la ría de Pontevedra enhebra Marín, Mogor (pueblo, playa y petroglifos) y Bueu, donde es posible, y recomendable, cruzar en barco a la isla de Ons para pasearse como Adán por la playa de Melide y asomarse al legendario Buraco do Inferno, sin otra compañía que los cormoranes moñudos y las gaviotas. De nuevo en tierra firme, alto obligado en Hío para admirar el famoso crucero que se alza en el atrio de la parroquia de San Andrés, una auténtica filigrana. Poco más allá quedan los acantilados del cabo de Home, el punto de la costa más próximo a las islas Cíes (2,5 kilómetros) y donde la línea litoral dobla hacia la ría de Vigo, que ya es harina de otro costal, asunto para otra ruta.

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Pontevedra

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Erigida sobre un par de colinas junto a la penúltima curva del río Lérez, que poco más adelante ya es ría de Pontevedra, la Ponte Veteri de la que hablaban las crónicas medievales parece conservarse intacta dentro de un casco antiguo de muy gratas y andaderas proporciones. Para descubrir Pontevedra, hay que recorrer callejones de puro granito tapizados de verdín, rúas donde las casas señoriales alternan con taperías populares y seductoras plazas de reminiscencias gremiales llenas de soportales, fuentes y niños. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00  La Alameda  Hay el parecer unánime (y por algo lo habrá) de que el mejor lugar para echarse a andar por la vieja Pontevedra es la Alameda. Alrededor de este paseo se alzan los severos edificios del poder (Ayuntamiento, Diputación, Xunta…) y también, como romántico contrapunto, las ruinas de Santo Domingo. Lo poco que queda de este convento (la cabecera, de cinco ábsides, excepcional en el gótico gallego, y parte del muro sur de la iglesia y la entrada al capítulo, todo de finales del siglo XIV) forma una especie de jardín arqueológico, dependiente del Museo de Pontevedra, donde se exhiben esculturas fúnebres y blasones medievales. Es un sitio al que la hierba, el musgo, la lluvia y los años de abandono le han sentado muy bien. 11.00  Tréboles de cuatro hojas y un santo con gafasPor la avenida de Santa María, que nace junto al Ayuntamiento, se llega en dos zancadas al palacete de los Mendoza, que aloja la Oficina de Turismo de las Rías Baixas, y poco después a la basílica de Santa María. Este templo del siglo XVI, perla del arte isabelino en Galicia, gusta incluso a la gente que se aburre viendo iglesias, con sus bóvedas de crucería en forma de trébol de cuatro hojas y las curiosas esculturas que hay labradas por doquier, como en la portada oeste, donde aparecen un santo con gafas y, por error, Cristo a la izquierda de Dios Padre. 12.00   Adán, Eva y Valle-Inclán Bajando por Isabel II, se llega a una plazuela, llamada de las Cinco Calles, que preside un crucero del siglo XVIII, adornado en su base con una representación muy expresiva, como de cine mudo, del momento en que Adán y Eva comieron la fruta que no debían. En la casa que queda detrás de la pareja, vivió, según informa una lápida, Valle-Inclán. Pero no es a libros ni a manzanas a lo que huele en esta plaza, sino a vino, a chocos fritos y a chistorra, porque es zona pródiga en bares de tapas, a la que, tarde o temprano, el paseante habrá de volver para reponer energías.  13.00  La Ferrería y la Peregrina La rúa Princesa, que arranca poco más abajo, y su prolongación, Manuel Quiroga, llevan derecho a la plaza de Ferrería, que es la mayor y la más concurrida de la ciudad. Por este camino se ven, de pasada, la plaza del Teucro (de la que más tarde se hablará), el Teatro Principal (al que mañana se volverá) y las arcadas de la calle de los Soportales, recuerdo de los tiempos, probablemente aún más lluviosos, en que se podía atravesar toda la ciudad sin mojarse aunque cayeran chuzos de punta.Las arcadas de la calle de los Soportales recuerdan los tiempos en que se podía atravesar toda la ciudad sin mojarse aunque diluviaraLa plaza de Ferrería está también rodeada de soportales, en los que antiguamente trabajaban los herreros que le dieron nombre, y de jardines sonrojados de camelias donde borbotea la fuente que dio lugar al cantar: “Pontevedra é boa vila, / dá de beber a quen pasa / na fonte da Ferrería…”. Uno de los que pasó por la boa vila, y bebió de la fuente de marras, cuando iba camino de Santiago, fue san Francisco de Asís, quien, según la tradición, fundó la iglesia de San Francisco, que se alza al este de la plaza. Al siglo XIV corresponde la mayor parte de este templo gótico, incluido el sepulcro del almirante y trovador Paio Gómez Charino, que fue por mar a la toma de Sevilla. Más reciente, del XVIII, es el anejo edificio conventual, hoy delegación de Hacienda.También asoma sus torres a la plaza de Ferrería el santuario de la Peregrina. La casa de la patrona de Pontevedra y parada obligada del camino portugués es una pequeña iglesia, entre barroca y neoclásica, con planta en forma de vieira y, como pila de agua bendita, una concha gigante traída a finales del siglo XIX por Casto Méndez Núñez, el famoso marino y militar pontevedrés que, al mando de la fragata Numancia, bombardeó Valparaíso y el Callao, y que, en el fragor de la batalla, dijo aquello tan quijotesco de “más vale honra sin barcos, que barcos sin honra”. La enorme concha la encontró en algún lugar del Pacífico, que, por lo que se ve, no lo era tanto. Primer tarde 14.30  La cocina más innovadora Dos restaurantes pontevedreses descuellan por su creatividad, ambos capitaneados por cocineros del Grupo Nove. Uno es Casa Solla, que ofrece nueve mesas en un único espacio con la cocina a la vista, muy luminoso y contemporáneo, y una atención esmeradísima, a menudo prodigada por el propio Pepe Solla. Dos soles Repsol avalan su buen hacer y su impecable trayectoria. El único pero es que hay que coger el coche, porque está en el barrio de Salvador de Poio, a tres kilómetros del centro.A sólo cien metros de la plaza de Ferrería, en cambio, abre su puertas el acogedor restaurante de Iñaki Bretal y Roberto Filgueira, Eirado da Leña. Su lema es producto, producto y producto. Y vox pópuli, el excelente punto que dan a los pescados. Estar en la plaza de la Leña, una de las más típicas y bellas de la ciudad, si no la que más, eleva al cuadrado su atractivo. 16.30  Seis museos en uno La verdad es que, para lo chica que es la plaza de la Leña, hay en ella bastantes cosas: hay soportales en dos de sus lados y hay cinco bares y restaurantes con sus respectivas terrazas; hay un crucero viajero, procedente de Caldas de Reis, y hay dos pazos barrocos, el Castro Monteagudo y el de García Flórez, ambos de mediados del siglo XVIII, que albergan buena parte de los fondos del Museo de Pontevedra.Este museo fundado en 1927, con 16.000 piezas expuestas en seis edificios distintos, es un fabuloso rompecabezas de la cultura gallega: brazaletes de oro prehistóricos, espadas de la Edad del Bronce, miliarios romanos, tímpanos románicos, pinturas, grabados y esculturas de todas las épocas, cerámicas de Sargadelos, azabaches compostelanos, abanicos, marfiles, gaitas… y una réplica del interior de la fragata Numancia, primera nave acorazada española (1863).De los seis inmuebles que alojan las colecciones del Museo de Pontevedra, el más grande, moderno y llamativo es el denominado Sexto Edificio, un proyecto de los arquitectos Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera, inaugurado a principios de 2013. Tiene 10.000 metros cuadrados de superficie y 23 salas donde se exponen de forma permanente obras (pictóricas, en su gran mayoría) que permiten apreciar la evolución del arte gallego desde el gótico hasta la actualidad, así como las manifestaciones artísticas realizadas en otros puntos de España desde los tiempos de Goya hasta mediados del siglo XX. Sólo en ver el Sexto Edificio y lo que hay expuesto en los pazos de la plaza de la Leña, se echa la tarde entera. 20.30  Tapeo en las Cinco Calles Ya se advirtió, al pasar esta mañana por la plaza de las Cinco Calles, que había un olorcillo que alimentaba y que habría que volver para inspeccionar los bares de tapas. Cinco Calles, como la plaza, se llama uno de los más clásicos del casco antiguo, un bar sin florituras donde hacen rico pulpo, jamón asado y empanada de berberechos con harina de maíz. El vecino O Cruceiro es un lugar coqueto comparado con lo que por aquí se estila, con mantelitos de tela a cuadros. Como también dan comidas, los pinchos pueden ser hasta de arroz con chocos. Hay que probar sus mejillones a la marinera.También se encuentran tradicionales taperías en la calle San Nicolás. En el número 7 se halla O Pulpeiro. “Probablemente o mellor polbo de Pontevedra”, dicen sus fieles. Polbo, en gallego, es pulpo. En el número 5, O Noso Bar: pescaditos fritos de la ría y una empanada distinta cada día. En Princesa, destaca por sus precios y por su suculenta oreja a feira el bar Saudade. Mientras que, poco más allá, en las vecindades del Teatro Principal, están tres de los mejores lugares de picoteo de la zona: El Bocaíto (jamón ibérico, revueltos y bocadillos calientes, y de lo gallego, pulpo y empanada de zamburiñas), Jaqueivi (además de jamón, queso y vino, cuyas primeras sílabas forman el nombre del local, ahumados y foie de oca y pato) y La Alquería Mudéjar (tortillas y huevos fritos con patatas, embutidos y gran variedad de vinos). 22.00  Parar en el Parador o no parar Una de las cinco rúas que irradian de la plaza de las Cinco Calles es la del Barón, que conduce rauda al pazo de Maceda o del Barón de la Casa Goda, también conocido por algunos como casa del Barón y, por todos, como Parador de Pontevedra, pues eso es hoy este palacio renacentista del siglo XVI, con bonitos jardines floridos de camelias y portada labrada en época posterior, de estilo neoclásico. Si no se tienen ganas de fiesta, es un buen lugar para echar el freno e irse a la cama. Que sí se tienen, pues entonces hay que encaminarse a la plaza de la Verdura, otra bonita y evocadora plaza del casco antiguo, que se maciza de terrazas en cuanto el tiempo lo permite. Aquí se encuentra la Oficina Municipal de Turismo, que lógicamente, a estas horas, está cerrada. Las mejores terrazas de la plaza son las de Os Carballos y El Baúl, dos bares que están uno al lado del otro y tan bien hermanados, que no ponen reparos a que uno pida de beber en un lado y se siente en el otro. Así es más fácil encontrar sitio. Si aún se tiene hambre, pruébese la tortilla de Os Carballos, que sabe a huevos de verdad. También se puede comer y/o beber algo en la Vinoteca Bagos, un bistró donde sirven quesos selectos, tostas, platillos exquisitos para compartir y vinos por copas excepcionales; vinos que en otros lugares sólo se encuentran, con suerte, en botella. Después se puede ir, hasta las tres de la madrugada, a Doctor Livingstone, Supongo, un pub de entretenida decoración, muy ajustada a su nombre, donde se hacen buenos cócteles, monólogos y conciertos. Segunda mañana 10.00  Paseo por la orilla del Lérez Los que hayan dormido en el Parador están de suerte, porque para bajar al río Lérez, que es lo que esta mañana toca, no hay que madrugar nada, sólo caerse de la cama. Tanto si se va por la calle del Barón como por la rúa Maceda, hay 200 metros hasta el puente del Burgo, que es el más viejo de la ciudad, el que aparece en su escudo y cuya decoración con conchas recuerda que por él discurre el camino portugués a Santiago. 10.30  Templos del pescado y del albariñoRío arriba se encuentra el antiguo mercado de abastos, templo del pescado que fue remodelado en 2003 por el arquitecto pontevedrés César Portela, sacándose a la luz durante las obras un pedazo de muralla medieval. Detrás del mercado, por un arco que se abre en la calle de César Boente, se accede a la plaza de la Pedreira, una de las muchas ágoras encantadoras de la ciudad, donde tiene su sede, en un palacete barroco con soportales, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rías Baixas, donde se puede visitar un pequeño museo y recabar información para seguir el rastro del albariño por alguno de los cinco rincones de la provincia donde se elabora este vino. Si se necesitan más datos, existe una web específica sobre rutas por las zonas vinícolas de las Rías Baixas. 11.00  Cesta para un picnicComo la idea es comer hoy de picnic, las viandas que no se hayan comprado en el mercado de abastos, se pueden adquirir en Mímate Delicatessen: queso de tetilla, huevas de erizo, chocolates bio… La tienda está en un palacio del siglo XVIII junto a la plaza del Teucro, otra hermosa plaza con fuente, soportales y noble compaña de pazos, cuyo nombre recuerda al arquero griego, hijo de Telamón y medio hermano de Áyax, que dicen que fundó Pontevedra poco después de la guerra de Troya. Esto bien pudiera no ser verdad, pero, si no lo es, es una no verdad que no hace daño a nadie. En Juncal Alimentación, se pueden añadir a la cesta unas sardinas frescas en aceite de oliva y un vino del Salnés elaborado con la ancestral uva ratiño. Segunda tarde 14.00  Arte y bocadillos en la isla de las Esculturas Monolitos, laberintos y bancos con mensajes filosóficos jalonan el museo de esculturas al aire libre que permanece instalado desde el año 2000 en una isla del río Lérez, a diez minutos del puente de Burgo, aguas arriba. Una espectacular pasarela colgante metálica de color blanco da acceso a la Illa da Xunqueira do Lérez, más conocida como la isla de las Esculturas por las 12 obras de granito de artistas internacionales que la hermosean; artistas de la talla de Giovanni  Anselmo, Dan Graham o Francisco Leiro. Es una isla de arte pero, también, o sobre todo, de naturaleza, que está declarada Lugar de Importancia Comunitaria y es perfecta para pasear, correr, pedalear o comerse un bocadillo mirando los patos, las garzas, los somormujos lavancos y otras aves que pululan en estas márgenes fluviales. 16.00  Dos cafés con solera Como se ha comido en plan silvestre, el café, o el digestivo que más apetezca, se puede tomar, para compensar, en dos de los establecimientos con más solera de la capital: el Café Carabela, que abrió sus puertas en 1946 en la plaza de Estrela, contigua a la de Ferrería, y deslumbró a sus clientes con el primer televisor de la ciudad; y el Café Savoy, lugar de tertulias memorables y polo electrizante de la vida artística y social pontevedresa desde 1936, que ha sido recientemente rehabilitado y ha incorporado a su carta cafés especiales y más de 30 tipos de gin tonic. 19.00  Escenarios culturales Si se tienen inquietudes culturales, habrá que estar atentos a la programación del Teatro Principal, del Pazo da Cultura y del Centro Social Novacaixagalicia. Haya o no espectáculos programados, merece la pena acercarse a este último para echar un vistazo al edificio de 1948 rediseñado por César Portela, con imponente vestíbulo, cubo de cristal en la trasera y, en lo más alto, un Teucro de bronce de seis metros, obra de Cándido Pazos.21.00  Despedida a lo grandeDespedida gastronómica a lo grande, en otro restaurante con dos soles Repsol: Pepe Vieira Camiño da Serpe. Cocina evolutiva, comprometida y arriesgada del chef Xosé Torres Cannas en Raxó, a 12 kilómetros de la ciudad. Sin salir de ella, otras dos excelentes opciones para la cena son Alameda 10 y La Casa de las 5 Puertas.Y para dormir, una nueva alternativa, la Hospedería del Monasterio de Poio, que ocupa un moderno edificio anexo al histórico monasterio, a cinco kilómetros de la capital, y es una buena opción para espíritus austeros. 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Palencia

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Incrustada en pleno centro del triángulo que forman León, Burgos y Valladolid, y dominando una llanura desde su posición privilegiada a orillas del río Carrión, Palencia es un municipio cargado de herencia. Importante plaza en otras épocas, nexo de unión entre el centro de la península y los puertos del Norte, esta ciudad castellana esconde mucha historia y unos cuantos tesoros que pueden descubrirse fácilmente a pie. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10:00  Calle y Plaza Mayor, el corazón de la ciudad Desde la Plaza de León, junto a los Jardines de la Estación, arranca la Calle Mayor de Palencia, auténtica arteria principal de esta localidad que aglutina su principal actividad comercial. Con tres kilómetros de longitud, soportales a lo largo de buena parte de su recorrido y completamente peatonal, es el lugar idóneo para arrancar un paseo por el centro histórico y comenzar a tomarle el pulso, sosegado y tranquilo, a esta pequeña pero coqueta capital.A medio camino, nos encontramos con la Plaza Mayor, que data del siglo XVII y presenta la clásica planta rectangular con sus soportales y en la que se celebraba el mercado diario que se trasladó al nuevo Mercado de Abastos hace unos pocos años, en 1898. Aquí se encuentra la Casa Consistorial, edificio neoclásico de finales del XIX donde podemos contemplar un mural que representa alegóricamente a la ciudad y a los palentinos, obra del artista local Germán Calvo.De vuelta a la Calle Mayor, y avanzando por su recorrido, llegaremos a Los Cuatro Cantones, un punto simbólico de la ciudad situado en el cuadrado perfecto que forma el cruce de la Calle Mayor con las calles Don Sancho y La Cestilla. También podremos contemplar varias de las esculturas que salpican todo su recorrido, como la Mujer Palentina (en la confluencia con la calle Marqués de Albaida) o, más próxima a la Plaza Mayor, La Castañera.Al final de su recorrido, la Calle Mayor desemboca en uno de los extremos del parque Salón de Isabel II, El Salón, una de las muchos pulmones verdes de Palencia que puede presumir de ser una de las más sostenibles y con más espacio verde por habitante de España. Quienes gusten de un poco de naturaleza urbana podrán disfrutar de un paseo por este jardín de estilo romántico antes de volver a adentrarse en las calles y callejuelas del centro histórico. 12:00  La Catedral Volviendo sobre nuestros pasos por la Calle Mayor, y callejeando por el casco histórico desde Los Cuatro Cantones por La Cestilla y hacia la preciosa Calle del Árbol del Paraíso, llegaremos a la Catedral de Palencia. Dedicada al patrono de la ciudad, la Catedral de San Antolín data del siglo XIV, cuando se iniciaron las primeras obras de construcción, que no finalizaron hasta el XVI. Sus orígenes están en templos anteriores de época visigótica y románica, y actualmente se encuentra en la confluencia de las plazas de Cervantes, Inmaculada y San Antolín.Se le llama, no sin razón, la Bella Desconocida, porque su fachada poco monumental (no tiene fachada, propiamente dicha) no deja adivinar todo lo que esconde en su interior. Por ejemplo, un Martirio de San Sebastián de El Greco (en el Museo Catedralicio, en la sala capitular del templo), un Zurbarán o un retrato de Carlos V del siglo XVII según el procedimiento de la anamorfosis, que hay que observar a través de un agujero para visualizar correctamente. Para acceder al museo hay que pagar entrada y avisar en la puerta: un encargado nos acompañará para abrirnos las salas que ocupa y esperará, paciente, a que terminemos la visita.La Catedral, en la que también destaca el retablo plateresco de la Capilla Mayor, de Juan de Flandes, fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1929. Pese a su timidez, es una de las más grandes de nuestro país, con más de 130 metros de longitud y 50 de ancho en el punto máximo, tres naves y dos cruceros, y un ábside que se acerca a los 30 metros de altura. Muy recomendable es también la Cripta de San Antolín, que data del siglo VII, y en el que pueden apreciarse los restos visigóticos sobre los que se erige la actual Catedral. Primer tarde 14:00  Comer Muy cerca de la Catedral, en la calle de San Marcos, se encuentra La Traserilla donde recomendamos hacer una buena parada para disfrutar de su cocina. Regentado por Miguel Sánchez, se trata de un singular restaurante ubicado en una antigua casa del siglo XIX, respetada tal cual hasta el punto de que todo el servicio se hace a través de las escaleras, por la imposibilidad de instalar un montacargas. A la autenticidad del entorno hay que añadir una carta basada en la tradición, pero en la que se encuentran platos que, como sus responsables afirman, “evolucionan un paso o dos”.Otras opción sería, algo más escondido en el casco histórico, Casa Damián, un coqueto restaurante cerca de la Plaza Mayor donde la comida casera es la protagonista. O lanzarse a una excursión de vinos y tapas, que en Palencia se pagan, por los bares del centro, como el clásico Bar Maño. 16:00 - San Miguel, joya románicaTambién próxima a la Catedral se encuentra una de las joyas del patrimonio histórico, cultural y religioso de Palencia: la Iglesia de San Miguel. De estilo románico y gótico temprano por sus sucesivas ampliaciones, es Monumento Nacional desde 1931, y no se sabe a ciencia cierta de cuándo exactamente data su construcción, aunque sus orígenes se estiman en torno a mediados del siglo XI. Consta de tres naves, pero destaca sin duda por su característica fachada, coronada por una torre de carácter militar que dota al templo de un apariencia casi de castillo. Según la leyenda, es aquí donde se casaron El Cid y Doña Jimena.17:00 - Cruzando el CarriónLa geografía de Palencia está marcada por el discurrir del Río Carrión y varios son los puentes que lo cruzan. Los principales quedan muy cerca de San Miguel, con lo que éste sería un buen momento para acercarnos a verlos. El más cercano es, en realidad, una pasarela que comunica con el Parque Isla Dos Aguas, en la que, al igual que en el cercano Puente de Hierro, de principios del siglo XX, los enamorados palentinos –y las novelas de Federico Moccia– han impuesto la costumbre de colgar candados tras arrojar la llave al río para sellar su amor.Luego encontramos el Puente Mayor, que data del siglo XVI: un gran puente de piedra sobre el Carrión que fue luego reformado en el siglo XIX. El más antiguo, en cambio, es Puentecillas. Bien de Interés Cultural desde 2005, de origen romano, es famoso precisamente por su longevidad y por el particular encanto que desprende. Ambos puentes conectan el centro de la ciudad con Allende el Río. Y casi tan famoso como ellos es el pedestal que se encuentra a la entrada de Puentecillas, el Bolo de la Paciencia, que fue durante mucho tiempo el lugar donde las palentinas lavaban su ropa. 18:00  De compras antes de cenar En Palencia se dan la mano la actividad comercial más tradicional con tiendas de rabiosa contemporaneidad. La Calle Mayor, a la que volveremos para recorrerla de nuevo bajo una luz distinta al caer la tarde, aglutina buena parte del comercio palentino. Ahí podemos encontrar, por ejemplo, cuchillerías tradicionales, como la Cuchillería Alonso, donde, además de lo que uno esperaría encontrar en sus escaparates, puede adquirirse el famoso juego de la Rana y la Tanga.20:00 - Cena y copasQué mejor forma de comenzar una noche de copas que con... ¡tortilla de patata! Una manera estupenda de hacer acopio de energía con un plato tan español como, en fin, los festejos hasta altas horas de la madrugada. Da la casualidad, además, de que en Palencia está la mejor tortilla de patata de España. No es broma: en La Encina, muy cerca del Parque Salón de Isabel II, encontramos a la cocinera Ciri González, que ha ganado hasta tres veces el Campeonato de España de Tortilla de Patata.Tras preparar el cuerpo, conviene saber que son dos las zonas principales que abarcan la vida nocturna en Palencia, mucho más animada y concurrida de lo que uno podría imaginar. Por un lado, el barrio de la Puebla o San Lázaro (según se refiera uno a la calle o la parroquia), más frecuentado por público joven, y donde pueden encontrarse algunos de los locales más emblemáticos de la ciudad (La Gomila, Universonoro, Utopia, el Vaticano…). Y, por otro, más habitual entre gente de más edad, está la plaza del Seminario, también en el casco antiguo, cerca de la Iglesia de San, con locales como el Jimmy Jazz. Y muy cerca, un destino mítico para la madrugada profunda palentina: el Club38. Segunda mañana 10:00  Cristo del Otero Comenzamos la segunda mañana alejándonos del centro histórico y visitando uno de los monumentos más representativos de Palencia: el Cristo del Otero. Construido en 1931, se trata, claro, de una estatua de Jesús que, desde la cima del cerro que corona el norte del casco viejo, bendice la ciudad de Palencia. Curiosamente, no se sabe con exactitud cuánto mide, aunque las estimaciones más habituales sitúan al Cristo del Otero en algo más de 20 metros de altura, colocándolo muy cerca de la referencia habitual cuando de este tipo de esculturas monumentales se trata: el Cristo Redentor de Río de Janeiro. A los pies de esta figura, también conocida en la ciudad como Monumento de Palencia al Sagrado Corazón de Jesús, hay una ermita –de Santa María del Otero– y un museo y centro de interpretación, junto con el sepulcro del escultor, Victorio Macho. Se trata, más allá de su valor artístico, con un estilo con resonancias Art Deco e incluso cubistas, de un gran mirador para observar la ciudad y su comarca, Tierra de Campos.Todos los años, además, se celebra una típica romería al amparo del Cristo del Otero. Si uno visita Palencia en abril, debería intentar coincidir con el domingo más cercano al 16 de dicho mes (Santo Toribio) en que se celebra esta curiosa celebración en la que, desde el balcón de la ermita, se arrojan bolsas con el típico pan y quesillo en recuerdo del apedreamiento del mártir. 12:00  Iglesias que son tesoros De vuelta al centro histórico de la ciudad, visitaremos algunos de los interesantes templos de la ciudad que aún no hemos visitado y que convendría no dejar pasar por alto. Por ejemplo, Santa Clara, muy cerca de la Plaza Mayor, acoge el conocido Cristo de Santa Clara, o de la Buena Muerte, de factura hiperrealista; tanto que se llegó a decir que le seguían creciendo las uñas y el pelo. También cuenta la leyenda que se encontró flotando en una urna de cristal en el Mediterráneo emitiendo un resplandor sobrenatural.La iglesia de Santa Clara acoge al conocido Cristo de la Buena Muerte, de factura hiperrealista, tanto que se llegó a decir que le crecían las uñas y el peloCerca de la estación y su parque, los Jardinillos, está el Convento de San Pablo. Data del siglo XIII, aunque el edificio actual del templo se erigió entre el XIV y XVI en estilo gótico tardío. Curiosas son las dos figuras de nazarenos que hay junto a la puerta por donde los feligreses entran a misa. Una costumbre, la de las estatuas en bronce, a la que los palentinos tienen mucha afición.Cabe destacar también la hermosa Ermita de San Juan Bautista. Situada en el parque de La Huerta de Guadián, se trata de un pequeño templo románico del siglo XI que fue trasladado piedra por piedra desde su ubicación original, en Villanueva del Río, para que no quedará sepultado bajo las aguas de un embalse. Si uno se fija, aún pueden localizarse los números que se usaron para catalogar cada uno sus sillares durante el transporte. Segunda tarde 14:00  Comer entre la tradición y la novedad La última comida en Palencia debería ser una que luego podamos recordar y comentar. Para ello, un gran lugar es Casa Lucio. Situado exactamente en los Cuatro Cantones, su carta se basa en la comida tradicional castellana. A destacar su lechazo asado en horno de leña, especialidad de la casa, aunque su carta no tiene desperdicio, fuerte en platos típicos palentinos, productos de temporada y matanza.Y si no tenemos reparos en coger el coche para darnos un buen banquete, a 40 kilómetros de la ciudad, en la calle Mayor de Villoldo, tenemos el restaurante del muy familiar Hotel Estrella del Bajo Carrión. Con sus dos Soles Repsol, exhibe una cocina sobria y delicada, llena de matices entre lo clásico y lo novedoso. Alfonso Fierro es el jefe de cocina, y para él los productos de temporada son una condición indispensable a la hora de hacer su magia en los fogones. Lechazo, setas del bosque, huevos de corral, perdices y codornices, verduras de la huerta... 16:30 Teatro PrincipalCerca de Casa Lucio, en la calle Burgos, está el Teatro Principal (979 718 100). De estilo italiano del siglo XVII, pero construido en el XIX sobre el solar que desde el siglo XVI había ocupado un corral de comedias, se trata de un edificio modesto en el exterior, pero bastante más interesante en el interior. Destaca su patio de butacas con planta de herradura, y se puede visitar previa cita.17:30 Persiguiendo a Jerónimo ArroyoJusto al lado del Teatro Principal, se encuentra el palacio de la Diputación Provincial de Palencia. Un lugar estupendo para comenzar una pequeña ruta por el casco viejo de la ciudad siguiendo los pasos, arquitectónicos, de uno de los principales artistas que ha dado la capital palentina: Jerónimo Arroyo. Licenciado en Barcelona, donde aprendió de figuras como Domènech y Montaner, Arroyo volvió a Palencia para convertirse, sin duda, en el arquitecto más ilustre de su ciudad natal. Desarrolló su obra a principios del siglo XX, principalmente a través de diferentes edificios proyectados en Palencia, siguiendo el estilo modernista, unas veces; el historicismo arquitectónico, otras, o ambos al tiempo tras empaparse de ellos en la Ciudad Condal.Podemos empezar el recorrido por la mencionada Diputación Provincial, con ecos renacentistas y neoclásicos y algunos elementos barrocos. Se inauguró en 1916 y, probablemente, se trate de la obra maestra del arquitecto. No hay que perderse su fachada principal, sus pináculos y, en el interior, el vestíbulo a la italiana y la escalera principal. Desde aquí, podremos volver a la inevitable Calle Mayor, para contemplar con detenimiento dos edificios que pueden ya habernos llamado la atención: el de los Estudios Arroyo y Gallego, precioso con sus elementos medievales (las vidrieras) y renacentistas, y el del Consejo de Cuentas de Castilla y León, cuya sede se encuentra efectivamente en un edificio proyectado por Arroyo mucho más apegado al art nouveau. Frente a él, además, está la estatua dedicada al arquitecto.En la misma calle está el Colegio de Villandrando. Data de 1910, y en su día ostentaba el nombre de Asilo de San Joaquín y Santa Eduvigis, y la noble función de hogar de recogimiento y formación de institutrices para niñas huérfanas. Su fachada reinterpreta con desparpajo el gótico veneciano, y resulta espectacular, dentro del hermoso conjunto, el friso de la cornisa, obra del segoviano Daniel Zuloaga.Otros edificios proyectados por Jerónimo Arroyo en la ciudad incluyen la Casa de los Señores García Germán, el Centro de Salud La Puebla, la Casa de Flora Germán, algunos elementos de la Catedral de Palencia que animamos a localizar (como la gárgola que representa a un fotógrafo amigo del arquitecto) o el Instituto Jorge Manrique. Éste ofrece un cierre estupendo a esta ruta de tarde, y a nuestra estancia en Palencia. Es la sede del Museo Jerónimo Arroyo y puede visitarse en diferentes horarios según la época del año previa petición de hora. En sus dos salas, bajo las cúpulas diseñadas por el propio arquitecto, pueden contemplarse muchos de los proyectos de quien, sin duda, dio una nueva personalidad al centro histórico de la ciudad. Más ciudades para visitar en 48 horas Lleida, dos catedrales y un laberinto subterráneo Lleida Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago de Compostela Maó, el puerto más deseado Menorca Tenerife: de la playa a las estrellas Tenerife

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Ruta de día desde Ourense

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Son muchas las rutas que pueden hacerse por Galicia. Una de las más impresionantes es, sin duda, la que corre en paralelo por el río Sil, que atraviesa valles, forja acantilados y nos regala unas estampas increíbles. El interior de Galicia destaca por el verde de sus prados, sus ríos y los cañones que han ido forjando. Esa conjugación natural junto con el clima de la zona propician una tierra excelente para el cultivo de la uva con la que luego se produce el vino ribeiro. Una delicia para el paladar y para la vista. Pero no es el caldo el que da nombre a la comarca, sino que se llama así debido a la cantidad de monasterios que abundan a ambos lados del río Sil. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Poco antes de que se lo beba el Miño, el Sil corre encajado entre acantilados de granito a los que se asoman aéreos miradores, escarpados viñedos de uva mencía y monasterios medievales que justifican el nombre de la comarca: la Ribeira Sacra. No se entiende viajar a la capital ourensana y no arrimarse a estos cañones sagrados, que están prácticamente al lado.La ruta propuesta comienza en Os Peares, a 24 kilómetros de Ourense yendo por la carretera de Monforte de Lemos y Ponferrada (N-120). O Peares es un pueblo que está más repartido que el gordo de Navidad, pues sus casas se levantan sobre dos provincias (Ourense y Lugo), cuatro municipios (A Peroxa, Nogueira de Ramuín, Pantón y Carballedo) y tres orillas, las que crea la confluencia de los ríos Miño y Sil. Visto desde lo alto –tres puñados de tejados negros y colorados, la i griega verde de las aguas y el puente de hierro del ferrocarril pintado de azul–, Os Peares parece de juguete, una maqueta de trenes. Muy cerca, volviendo hacia Ourense por la N-120, aparece señalizado el desvío que lleva al monasterio (y parador) de Santo Estevo pasando por Nogueira y Luíntra.  Después de 20 kilómetros, subiendo y bajando a través de espesos robledales, aparece Santo Estevo de Ribas do Sil en un paraje encantador, sobre un rellano de la abrupta ribera que domina buena porción de valle, aquí boscoso a rabiar. Sus orígenes se remontan al siglo VI, pero su esplendor llegó con los hijos de San Benito. Nueve santos obispos del siglo X acabaron sus días recogidos en sus celdas y, a partir del XVI, contó incluso con un colegio de Artes y Filosofía, donde estudió el más ilustre de los ourensanos y uno de los españoles más ilustrados, el Padre Feijóo. Tiene tres claustros, especialmente bello, el de los Obispos, románico.Diez kilómetros más adelante, la carretera entra el concejo de Parada do Sil, donde el valle se torna un puro precipicio de roca gris, como se puede comprobar en el mirador de Cabezoás, con rampa volada sobre el abismo. Junto a la capital del concejo, está el mirador de Os Torgás, al que también llaman Balcones de Madrid, no porque desde él se vea tal ciudad, que casi, sino porque antiguamente las mujeres despedían desde esta altura a sus maridos emigrantes. Muchos eran barquilleros e iban donde más verbenas había. Lógico. De la misma población sale la carreterilla que baja zigzagueando –cada curva, un mirador– al monasterio de Santa Cristina,un auténtico tesoro románico escondido, desde el siglo X, en esta fraga ourensana. La pendiente es del 12% y hay gente que, por precaución o por gusto, prefiere bajar a pie. La ruta continúa río arriba, bordeando castañares de pies mastodónticos y viñedos casi verticales –sólo de verlos, uno se marea–, hasta llegar a Castro Caldelas, donde termina sumando un total de 70 kilómetros. En lo más alto de Castro Caldelas, rodeado de calles empedradas y casas con galerías, hay un castillo-museo de la casa de Alba, a cuyas torres se puede subir para echar un último vistazo al valle, cuando el sol se acuesta entre los pámpanos y las dulces uvas de mencía.La vuelta, para variar, se puede hacer por la carretera OU-538, que lleva a Ourense pasando por Esgos. En este municipio se encuentra el monasterio de San Pedro de Rocas, que es el más antiguo de Galicia, de 573, y el único rupestre, singularidad que se explica porque el granito es la roca predominante en la región y excavar en ella un monasterio-cueva, como éste, una machada difícilmente repetible. Junto a la antiquísima iglesia cincelada en la entraña berroqueña del monte Barbeirón, se alza la casa prioral, una añadidura del siglo XVII que alberga el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra.

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Ourense

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En el nombre de Ourense aún brillan las arenas auríferas del Miño que encandilaron a los romanos: Aquae Aurente. Romanos son los cimientos de la Ponte Vella y romanos los restos arqueológicos hallados en las fuentes termales de As Burgas, las cuales manan vaporosas en el centro de la población, como si hubiese un volcán debajo. Por antigüedad, fama y rareza, estas últimas son el punto de partida más lógico y apetecible para visitar Ourense, que alberga un casco de 300 metros de diámetro, casi de bolsillo, que parece pensado para no cansarse. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00  Un chapuzón en las céntricas Burgas Estupefacto se queda el paseante al descubrir, en una plaza ajardinada junto a la Rúa do Progreso, la principal de la ciudad, el humeante y borboteante fontanal de As Burgas, donde las aguas fluoradas, carbonatadas y silicatadas afloran a 67 grados de temperatura con un caudal de 300 litros por minuto. Y más aún, al ver la cantidad de vecinos que vienen a beber, lavarse los dientes o sumergir alguna parte de su anatomía en ellas, porque se dice que son mano de santo para las heridas y afecciones de la piel. Aviso para forasteros: el agua a 67 grados no es que esté caliente, es que abrasa.As Burgas, como indica el plural, son varias. Está la Burga de Abaixo, que mana a través de dos gruesos caños y un surtidorcillo en una fuente monumental de mediados del siglo XIX y que es donde la gente coge agua libremente. Y está, en la misma plaza pero a mayor altura, la Burga de Arriba, que fue acondicionada en 2010 como baño termal (de pago), con gran piscina exterior y sauna húmeda. Ver al personal bañándose en la vía pública, porque la piscina está en mitad de la calle, a dos pasos de la Praza Maior, es algo que choca bastante, sobre todo en invierno; pero enseguida se advierte que es un lujo extraordinario, que pocas ciudades del mundo ofrecen y menos por tan poco (tres euros y pico).En noviembre de 2012 se inauguró en la misma zona el Centro de Interpretación de As Burgas, con cinco salas expositivas, dos audiovisuales y 6.000 metros de jardines salpicados de restos arqueológicos, donde al visitante se le invita a dar un paseo por la historia termal de la ciudad, tropezándose aquí con una natatio o piscina romana, allá con un hipocausto (sistema de calefacción del suelo inventado por los romanos) y acullá con un ara votiva ofrendada a las ninfas por una tataradeuda de los actuales ourensanos: Calpurnia Abana Aeboso. 11.00  Praza Maior: corazón de granito A sólo 150 metros de As Burgas se encuentra la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad, su centro geográfico y secular. Esta plaza ha visto miles de mercados, motines, ejecuciones, procesiones, lecturas de bandos y constituciones, comedias, bailes e incluso corridas de toros, pese a que su suelo inclinado de granito no se presta a muchas florituras. La rodean soportales y edificios menos antiguos de lo que cabría esperar, como el del Ayuntamiento, obra clasicista de Queralt (1888), o la graciosa casa que Vázquez-Gulías proyectó para el comerciante Fermín García (1909) y que ahora ocupa el Centro Social Novacaixagalicia, donde se organizan frecuentes exposiciones.La única arquitectura realmente vetusta de la plaza es la del antiguo Palacio Episcopal, que se alza a la izquierda del Ayuntamiento, según se mira éste de frente, y que dicen que se construyó entre los siglos XII y XVIII, de ahí la mezcla de elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos que presenta. También dicen que en su solar estuvo antes el palacio de los reyes suevos y, previamente, un cuartel romano. Tiene sentido que un edificio con tanta historia sea hoy la sede del Museo Arqueológico Provincial. Actualmente está cerrado por reformas, pero una muestra antológica de sus fondos escultóricos se exhibe en la sala de exposiciones de San Francisco.Desde la Praza Maior se ve, en lo alto de una escalinata, la iglesia de Santa María Nai, o Santa María Madre, cuya fachada barroca incorpora unas columnas marmóreas recicladas de la primitiva catedral ourensana, que se levantaba en este lugar. Para visitar la catedral de verdad, la actual, el paseante sólo tiene que cruzar las recoletas plazas de la Magdalena y del Trigo. La primera fue uno de los cementerios que tuvo en su día la ciudad, como lo demuestran las lápidas que descansan apoyadas en el exterior del templo. En ella hay un crucero de 1718 y una paz, no de camposanto, pero casi. En la segunda, antaño mercado de grano, hay una fuente donde se espejan hermosamente las hidalgas casas porticadas y la puerta sur de la catedral. 12.00  Tesoros de la catedral No por la puerta sur, la de la plaza del Trigo, sino por la norte, se accede a la catedral de San Martiño. Labraba en su mayor parte durante los siglos XII y XIII, con influencias compostelanas y del arte cisterciense, es la joya monumental de la ciudad y, con permiso de As Burgas, su mayor atractivo.Lo primero que se descubre es la capilla del Santísimo Cristo, que está presidida por una antiquísima y escalofriante talla, de un verismo brutal, con la boca abierta y sangre corriendo por entre las barbas y melenas de cabello natural. Ello, unido a los sepulcros de nobles prelados que se ven por doquier –como el del Obispo Desconocido, gótico, del siglo XIV–, crea una atmósfera tétrica que debía dejar el corazón de los pobres fieles medievales del tamaño de una nuez. Más alegres son el retablo de la capilla Mayor, obra de Cornelis de Holanda, y el luminoso cimborrio octogonal de estilo hispano-flamenco, ambos de comienzos del siglo XVI, así como el pórtico del Paraíso, que fue esculpido en el XIII a semejanza del santiagués. Hay quien opina que es una copia y quien piensa que tiene personalidad propia. Para gustos, colores. Por cierto, que éste conserva su policromía.Instalado en la Claustra Nova, un claustro gótico que se inició en el siglo XIII y se dejó sin acabar en el XIV, el museo catedraliciocontiene objetos tan curiosos como las ocho piezas de cristal de roca de un ajedrez fatimí, del siglo X, que forman parte del tesoro de San Rosendo, o como el Misal Auriense (1494), que dicen que es el primer libro impreso en Galicia. Al salir de la catedral, se ha de tirar de frente, por la calle Lepanto, para visitar el Museo Municipal, que alberga exposiciones temporales y una permanente con 42 obras inéditas del ourensano Julio Prieto Nespereida, uno de los más prestigiosos grabadores del siglo XX. La casa perteneció en su día a la familia Méndez Montouto y es una construcción renacentista del XVI. Primera tarde 14.30  Tapeo en la Praza do Ferro La calle Lepanto desemboca en la Praza do Ferro, antiguo mercado de útiles de labranza, quincallería y potes, cuyas casas y soportales miran a una fuente barroca procedente del monasterio de Santo Estevo, en la Ribeira Sacra. La fuente vierte de una taza superior a otra intermedia y, de ésta, a un pilón, un poco como una torre de copas de champán. No es el agua, sin embargo, lo que atrae a la gente a este lugar, sino los vinos de Ribeiro y las tapas.Más de 30 bares se concentran en esta plaza y las calles adyacentes, que no en vano se conoce como la Zona do Vinos: Paz, Lepanto, Viriato, Fornos... Bares como O Eironciño, el rey de los calamares: solos, rellenos, en bocata... O como A Porta Da Aira, donde hacen ricos huevos rotos. O como Orellas, cuya especialidad es, como cabe deducir por su nombre, la oreja, aunque hay quienes prefieren el lacón, el rabo o la cachucha prensada (cabeza de cerdo). Como dicen aquí: “Do porco aprovéitase todo”. 16.30  Café en el Liceo Tras recuperar fuerzas en los bares de tapas, el paseo por el casco antiguo prosigue por la calle Paz, que conduce a la larguirucha plaza donde se alza, como en el fondo de un pasillo, la iglesia de Santa Eufemia, cuya fachada curva, dicen los que saben, es arquetípica del barroco gallego. Y luego continúa por Lamas Carvajal, rúa señoreada por uno de los más importantes palacios urbanos de la región, el renacentista pazo de los Oca-Valladares, sede del Liceo de Ourense. El patio de columnas es buen lugar para tomar el café, admirando con los ojos entornados su fuente de mármol de Carrara.  18.00  Un puente de cada milenio Del Liceo se baja paseando en diez minutos a la orilla del Miño para conocer la Ponte Vella, un puente colosal, de 370 metros, que fue levantado en el siglo XIII sobre otro anterior romano, y reconstruido en el XVII. Su ojo central de 43 metros de luz es el mayor arco gótico de España.El siguiente puente, aguas abajo, es el Ponte do Milenio, que se construyó en 2001 (de ahí, su nombre). Es una obra futurista, radiante, símbolo optimista del Ourense contemporáneo. Río abajo se suceden, durante cuatro kilómetros, las pozas termales al aire libre de A Chavasqueira, Muiño das Veigas, Outariz y Burgas de Canedo, que mañana se recorrerán (y disfrutarán) con más calma.  21.00  Cena tradicional o innovadora Al lado de la Ponte Vella está la Adega do Emilio, que es un imán para los amantes de los platos tradicionales. Todo el mundo habla bien de su rape y de su cabrito. Los que prefieran algo más de novedad tendrán que conducir ocho kilómetros, hasta Bentraces, para disfrutar de las creaciones del chef Javier González en su encantadora casona A Rexidora. Un sol Repsol distingue la calidad de su cocina. 22.00  Una noche suave El kilómetro cero de la noche ourensana, el lugar más céntrico y adecuado para arrancar, es el Café Druida, un bar con aire de catacumba que, según la leyenda urbana, era usado por los obispos ourensanos para ir subterráneamente de su palacio a la catedral. Al Café Latino le avalan 25 años de buen jazz. En Miudiño hay conciertos todos los miércoles. Otras dos buenas recomendaciones para empezar la noche son elPub Turco y el Bar Colors. Más avanzada la noche, la animación se traslada a los locales de la Praza das Mercedes (Casablanca, La Bull, Vanitas…). Por cierto: si Liverpool tiene a sus Beatles, Ourense saca pecho con Os Suaves, tanto que hasta tienen su propia plaza en el casco antiguo. En la placa, como debe ser, el gato que es insignia de la banda. 02.00  Hoteles céntricos Para pernoctar, una buena opción, muy céntrica, es el hotel de cuatro estrellas Carrís Cardenal Quevedo. Y, en plan más económico, el Irixo. Segunda mañana 10.00  Torres de panes y empanadas Después de las muchas visitas de ayer y de la salida nocturna, hoy apetecen planes más relajados. Y pocos lo son más que darse un garbeo mañanero alrededor de la plaza de Abastos, mirando y husmeando los puestos callejeros de flores, los de frutas y verduras y, los mejores de todos, aquéllos en los que se venden los panes densos y oscuros de centeno, los amarillos de maíz, los blancos de trigo, los de pasas y nueces… Por haberlos, haylos hasta con denominación de origen, como el de Cea.Al lado de los panes, torres humeantes de empanadas de carne, de atún, de vieiras, de bacalao... Para los muy forofos, a diez minutos de la plaza, en la avenida de Portugal, está El Couto, donde las hacen de carne y de bonito, de setas y de langostinos, de sardinas, de pulpo y hasta con harina de castañas. Hay que aprovisionarse de panes y empanadas, porque la idea es comer de picnic, en las pozas a orillas del Miño.Los puestos callejeros de la plaza de Abastos venden flores, frutas y, los mejores de todos, panes 11.00  Paseo por la Alameda Al lado mismo de la plaza de Abastos, se halla la Alameda, la medieval Huerta del Concejo, que conserva el encanto de finales del siglo XIX (edificio del Obispado, concebido por Queralt como seminario) y de principios del XX (varias casas diseñadas por Vázquez-Gulías, como la Román, de bellas vidrieras), cuando la pujante burguesía se afincó por estos lares. Tampoco es un plan muy cansado pasearse por ella. 12.00  Compras de artesanía Las compras más genuinas de la ciudad son las que se hacen siguiendo la ruta de los Artesanos, por la calle de Colón y aledañas. Se trata de pequeños comercios con objetos elaborados con técnicas de toda la vida, como las marionetas de madera de A Bufarda o la bisutería en plata de A Picota. En el polo opuesto, está Drum Balo!, una concept store con incontables chucherías de diseño, desde libros hasta figuritas de vinilo, que es puro siglo XXI.  Segunda tarde 14.00  Ruta termal por la orilla del Miño Además de As Burgas, que son las fuentes termales más céntricas y famosas de la ciudad, hay otra media docena de ellas a orillas del Miño. Aguas abajo del Ponte do Milenio se suceden, a lo largo de cuatro kilómetros, las pozas y termas de Chavasqueira, Muiño das Veigas, Outariz y Burgas de Canedo, y las fuentes de Tinteiro y de Reza, todas ellas, menos esta última, en la margen derecha del río. Algunas son instalaciones privadas, spas de estilo japonés donde lógicamente hay que pagar (tampoco mucho: 4 o 5 euros), pero otras son baños públicos acondicionados con vestuarios, cuidado césped y piscinas naturales de granito, donde se puede pasar el día en remojo gratuitamente. Se pueden recorrer andando o pedaleando por el paseo asfaltado que discurre por la orilla del río. Las bicis se alquilan en Bilurico, junto a la Ponte Vella. Otra opción es tomar el tren turístico que sale cada hora en verano –cada dos, en invierno– de la Praza Maior. Un plano detallado de la ruta termal se puede ver aquí.Las primeras termas que se descubren, a 300 metros del puente, son las de Chavasqueira, también conocidas como Baños do Bispo, porque fueron acondicionadas por el obispo y luego cardenal Pedro de Quevedo y Quintano (1736-1818) para mayor comodidad de los enfermos que peregrinaban en demanda de estas aguas ardientes, que son muy indicadas, según se dice, para las afecciones reumáticas (artrosis, artritis reumatoide y artritis psoriásica), secuelas postraumáticas o quirúrgicas, la psoriasis y el acné. Hay unas pequeñas pozas de uso libre en la ribera ajardinada y hay unas termas privadas, construidas y decoradas en plan onsen nipón, donde se ofrecen sesiones de 90 minutos de baños, saunas y relajación zen. Se puede tomar un té verde japonés y comer sushi (por encargo). Aunque lo mejor, para matar el gusanillo al tiempo que el estrés, es hacer coincidir la visita con las pulpadas que se organizan los días 7 y 17 de cada mes en el vecino Campo da Feira y darse un festín de pulpo y ribeiro.Los siguientes puntos calientes de la ruta son la fuente del Tinteiro, donde la gente hace cola con sus garrafas para coger unas aguas recomendadas para los problemas bucodentales y de cicatrización; y, a tres kilómetros ya del inicio, las pozas de Muiño das Veigas, que son cuatro, la mayor de 200 metros cuadrados, y sus aguas indicadas para afecciones reumáticas, como la artrosis, y dermatológicas, como los eccemas y la dermatitis atópica. Este pulcro enclave ribereño toma su nombre de un antiguo molino harinero rehabilitado que hay allí mismo.Muy cerca, unos 300 metros río abajo, se encuentran las termas de Outariz, que son del mismo estilo que las de Chavasqueira, con mucha madera, piedra zen, arce japonés y chorro de agua deslizándose a través de cañas de bambú, pero más grandes, lujosas y caras. La alternativa gratuita son las pozas de Outariz y Burgas de Canedo, que aparecen poco después, junto a una vistosa pasarela peatonal blanca que cruza el río a esta altura. Es un lugar cuidadísimo, con vestuario, cafetería y hierba bien segada. Las aguas de estas pozas (ocho en total) son buenas para las afecciones reumáticas del aparato locomotor. Las pozas del Miño se pueden visitar en cualquier época del año. En verano, no difieren mucho de cualquier playa fluvial (salvo por la temperatura del agua, claro). En invierno, a la luz de la luna o, mejor aún, nevando, son una experiencia mágica.19.30  Alternativa cultural Si no se desea echar toda la tarde en las termas, una alternativa son los espectáculos que hay programados en los dos escenarios más importantes de la ciudad: el Teatro Principal y el Auditorio Municipal. El Teatro es muy antiguo, de 1830; el Auditorio, muy moderno, de 2005.21.00  Cena en la Ribeira SacraPara acabar la jornada con el mejor sabor de boca, se puede ir a un buen restaurante del centro: en A Taberna, bordan el arroz a banda y la lubina a la sal; en el Asador de Roa, el lechazo y el cochinillo en horno de leña. O se puede poner rumbo al parador de Santo Estevo (en Nogueira de Ramuín, a 20 kilómetros de Ourense), que además de un gran comedor, digno de un abad, es un soberbio lugar para alojarse y la base perfecta para recorrer la comarca de la Ribeira Sacra, famosa por sus monasterios medievales (el más bello de todos, el propio Santo Estevo), sus vinos y sus miradores asomados al vertiginoso cañón del Sil. Más ciudades para visitar en 48 horas Lleida, dos catedrales y un laberinto subterráneo Lleida Huesca, la Puerta de los Pirineos Huesca Vitoria, días de clorofila y vino Vitoria Cartagena, 3.000 años en dos días Cartagena

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