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Lleida

EDITORIAL

No sale mucho Lleida en la televisión, ni en las revistas, pero es una ciudad con argumentos de sobra para pasar en ella un fin de semana intenso y con más de una sorpresa que deja al viajero estupefacto. El visitante puede perderse igual entre su pasado templario, en sus más de 400 escaparates de su eje peatonal, disfrutando a orillas del río Segre o sumergido en su animadísima noche. Lleida es más bulliciosa de lo que aparenta y (nueva sorpresa) esconde más secretos y tesoros de los que uno imagina, alguno de ellos bajo tierra. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10:00 Al Olimpo, en ascensor Lo primero de todo es subir en el ascensor panorámico a la Seu Vella, la catedral vieja que domina la ciudad desde lo alto de su turó (colina), como los dioses dominan a los hombres desde el Olimpo. Todavía hay quien la llama el castillo. Porque en eso la convirtieron tras la guerra de Sucesión (1701-1714), en un cuartel. Se conservan los baluartes, que poco a poco han ido siendo ajardinados. El templo, iniciado en el siglo XIII, con uno de los claustros más grandes y mejor labrados de la arquitectura europea, fue despojado de altares y capillas, y estuvo en manos militares hasta los años 80 del pasado siglo. En 1992 se abrió a las visitas, después de una lenta y alentadora restauración, que aún continúa.Donde mejor se puede hacer una idea el viajero del antiguo brillo de la Seu es en la capilla Requesens. En el presbiterio, se ve el agujero donde estuvo el Sant Bolquer, el pañal del Niño Jesús, una de las reliquias más veneradas de Cataluña. Era un lienzo de dos palmos por dos palmos que se exhibía ante miles de peregrinos dos veces al año y al que se atribuían poderes para aliviar los partos (Fernando VII lo mandó trasladar a Madrid para evitar complicaciones durante el nacimiento de la futura Isabel II), así como el prodigio de ser inmune al fuego, pues salió indemne de dos incendios. Lo que no era es a prueba de ladrones, porque durante la Guerra Civil desapareció sin dejar rastro. Más recientemente se ha abierto al público la Suda o Castillo del Rey, el palacio donde el monarca residía durante sus estancias en la ciudad. Erigido entre los siglos XII y XIV sobre una fortaleza mora preexistente, en la roca más alta del turó, su terraza compite con el campanario de la vecina Seu Vella en ofrecer las perspectivas más aéreas de la ciudad. Escenario de momentos históricos como el reconocimiento de Jaime I como rey en las Cortes de 1214 y de enlaces reales, como el Petronila de Aragón y Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, en el año 1150, la Suda acabó convirtiéndose también en cuartel y volando por los aires al estallar el polvorín que alojaba. 12:00  Museu de Lleida: el álbum familiar de la ciudad Se está tan a gusto en los jardines del turó, que el viajero ha de hacer un gran esfuerzo para bajar (casi como si subiera) a la calle Sant Crist, donde se encuentra el Museu de Lleida Diocesà i Comarcal, un edificio cúbico del arquitecto Joan Rodón adosado al antiguo Llar o asilo de Sant Josep, que engloba y aprovecha como espacio expositivo su iglesia barroca. Dos colecciones distintas, pero complementarias, una de arqueología y otra de arte sacro, permiten ojear, como si de un álbum familiar se tratara, la historia de los leridanos, desde los prehistóricos hasta los contemporáneos, pasando por los ilergetes –uno de los primeros pueblos en ocupar esta parte de la Península iberica–, los romanos y los sarracenos.Ya que se está aquí, sería una omisión imperdonable no cruzar la calle y echar un vistazo a la iglesia de Sant Llorenç, que es la segunda en importancia después de la Seu Vella y atesora una colección de retablos góticos deslumbrante. Tampoco anda lejos (en realidad, nada anda lejos en Lleida) La Panera, que era el almodí o granero del siglo XIII, convertido hoy en una plataforma de producción, difusión, formación y exhibición de las artes visuales. Primer tarde 14:00  Un pica-pica con vino de la tierra Nunca fueron los leridanos amigos de comer a salto de mata. Lo más parecido al tapeo practicado en el resto de España es el tradicional vermú con anchoas u olivas, que s-guramente ya tomaban los ilergetes. Pero los tiempos cambian y cada vez son más los amigos que se juntan para compartir un pica-pica, como popularmente se refieren en Cataluña al picoteo: raciones justitas (y, todo hay que decirlo, no siempre baratas) para combinar con buenos vinos de la tierra, Costers del Segre a ser posible, aceite de Les Garrigues y quesos del Alt Urgell y la Cerdanya.El mismo Museu de Lleida, que se acaba de visitar, cuenta con un llamativo café, el Jardí Clos, donde se puede matar (y prácticamente enterrar) el gusanillo con unas patatas de la casa, unos caracoles a la pimienta roja y un paté de muntanya. Al lado está El Cau de Sant Llorenç, donde hay que probar los buñuelos de bacalao y las gambas de Huelva. Aunque el clásico en el barrio –y en la ciudad– es el Iruña, una taberna típica con raciones sobre la barra acristalada: patatas bravas, tigres, callos… Pidiendo estas tres cosas, se come por diez euros.Acurrucado al pie del turó, se halla el bar Blasi, lugar de cita habitual para el vermú dominical. Y más arriba, dentro del área de la Seu, uno de los locales más emblemáticos de Lleida: el bar La Sibil.la. Diseñado por Carles Porta, y con el prestigioso chef Xavier Andreu al frente de sus fogones, disfruta de unas vistas privilegiadas sobre la parte de la ciudad que se tiende hacia el cauce del Segre. Muy recomendables, la tempura de bacalao y la tosta de foie.Al norte de la colina fortificada, la bulliciosa avenida Prat de la Riba es también un excelente lugar para picotear. Destaca Zeke, con una propuesta aparentemente sencilla: platos para compartir y vinos; aunque luego, en la práctica, resulte difícil decantarse por una de las 800 referencias enológicas disponibles y por dos o tres de las abundantes raciones que se anuncian en sus pizarras: timbal de esqueixada, carrilleras de Vedella, trinxat con costilla, papada y morcilla… Otras buenas opciones en la misma avenida son Quer’s y Ducal. 16:00  Misterios templarios a la luz de las velas Si la comida ha sido rica y variada, la digestión va a ser de cine: batallas y misterios proyectados en el castillo de Gardeny, que se yergue des-de el siglo XII en la colina del mismo nombre, al suroeste de la ciudad. El castillo fue levantado por los templarios tras ayudar al conde de Barcelona Ramón Berenguer IV a conquistar la Lleida musulmana y llegó a ser uno de los principales de la orden.Forma parte de la ruta templaria Domus Templi, junto con el castillo oscense de Monzón, los tarraconenses de Miravet y Tortosa y el castellonense de Peñíscola. También esta colina quedó en manos militares hasta hace nada. La fortaleza y la iglesia, que estaban machacadas, se han adecentado para instalar figuras y escenas, y pantallas donde se narra la aventura templaria. Algunos sábados, por la noche, se lleva a cabo una dramatización a la luz de las velas. 18:30  Paseo vespertino por el Segre La del atardecer es una buena hora, si los meteoros lo permiten, para darse un garbeo por el parque del Río. Caminando por la margen izquierda del Segre, el viajero no se cansa de contemplar la fachada noble de la ciudad, que hermosea la orilla contraria: el edificio del Montepío, el Casino Principal, el Museo Jaume Morera, la Casa Melcior, la Paeria, el edificio Pal•les… Y arriba, en lo más alto, recortándose contra la penúltima luz, la silueta de la Seu Vella. Es lo que los modernos llaman el skyline de Lleida.Caminando por la margen izquierda del Segre, el viajero no se cansa de contemplar la fachada noble de la ciudad, que hermosea la orilla contraria 21:00  Cena real con platos virtuales A los amantes de las novedades les encanta Gastronomik 2.0, un restaurante situado en el barrio de Cappont, en la margen izquierda del Segre, donde el comensal ve los platos y hace su pedido en una pantalla táctil. No hay que imaginarse nada, ni cómo será el chupa-chups de queso de cabra, ni cuál será el total de la factura.Tampoco es una experiencia corriente la que se ofrece en El Celler del Roser, donde el mediático cocinero Albert Cogul –cara habitual en la TV3 catalana– prepara el bacalao de más de 200 maneras distintas. En la línea de lo poco convencional están también L’Estel de la Mercè, un restaurante de cocina de mercado elaborada, chiquitín, con media docena de mesas, pero lleno de la alegría y la pasión que Mercè y Toni ponen en todo lo que hacen y recomiendan; y L’Àlzumar, uno de los últimos en abrir sus puertas en la capital y, casi desde el primer día, de los mejor valorados. Una opción más clásica es La Pérgola: cocina tradicional en un chalé en una zona residencial, donde se cuidan todos los detalles (servicio de mesas, mantelería, vajillas…). 22:30 De marcha por Ricard Vinyes A los que les gusta salir, Lleida se lo pone muy fácil, porque casi todos los locales de copas (y de vinos, y no pocos restaurantes) se concentran en la plaza de Ricard Vinyes y las calles adyacentes. La coctelería The Blackberry y los pubs Maracas, Les Paul, Pub 33, Legend, Nuba y O’Sullivans son buenos puertos para los navegantes noctámbulos.  Pero no es la única zona. En el turó de la Seu, el bar La Sibil.la ofrece, aparte de ricas tapas, combinados como el misterioso Seu Vella, con licor de chocolate. En el parque urbano Camps Elisis, el que lleva dando guerra (de la buena) desde 1964 es el River Café: en la planta baja, música tirando a pachanguera; en la alta, house. Hasta las seis de la mañana. Segunda mañana 10:00  Lo que esconde la casa del alcalde Si el primer día empezó con una visita importante –la Seu Vella–, el segundo lo hace con otra que no lo es menos: el Palacio de la Paeria. Paeria es el nombre con que los leridanos designan desde tiempos medievales a su Ayuntamiento, por ser la casa del paer en cap, el alcalde. Paer, a su vez, viene de la voz latina patiarii, que significa (o significaba) hombre de paz. Al bajar a los sótanos de este palacio de principios del siglo XIII, que es la obra más representativa de la arquitectura civil románica en Lleida, el viajero descubre los restos de una casa romana, una siniestra mazmorra medieval o lo que se sospecha que podría haber sido un baño árabe...  Este pequeño laberinto subterráneo forma parte, junto con otros rincones y misterios ocultos en las entrañas de la ciudad, de la ruta La Lleida Secreta, un recorrido guiado del que informan y hacen las correspondientes reservas en el Patronato de Turismo. 11:00  Un patio digno de una princesa En la plaza de la Paeria, donde se alza el Ayuntamiento medieval, nace el Carrer Major, la calle más noble, principal y concurrida de la ciudad, que va a morir 300 metros después junto a la Catedral Nueva. A diferencia de la Seu Vella, esta catedral barroca, construida entre 1761 y 1781, tiene poco que ver, excepto la Verge del Blau, la Virgen del Moratón: la leyenda habla de un martillazo en la frente propinado por el escultor, celoso de un aprendiz que terminó con maestría la obra en su ausencia. Justo enfrente, como para compensar, está el Antiguo Hospital de Santa María, una notable construcción gótico-plateresca de los siglos XV-XVI, sede del Instituto de Estudios Ilerdenses y lugar de frecuentes exposiciones. Embobado se queda el viajero viendo su magnífico patio central, del que nace una escalinata de piedra que conduce a una galería de arcos ojivales. Es un patio digno de una bella y bondadosa princesa de cuento.El Carrer Major es el centro del llamado eje peatonal de Lleida, una de las vías comerciales cerradas al tráfico más largas de Europa. Se extiende a lo largo de más de dos kilómetros, uniendo las calles de Sant Antoni, Blondel, Major, plaza de Sant Joan, Portaferrissa, Carmen y Magdalena, para gozo inmenso de las mujeres (muchas) y los hombres (menos, pero también) que les gusta mirar escaparates. Hay 450, tantos como comercios. Por aquí pasan 15.000 personas al día y hasta 25.000 en fechas señaladas. 12:00  Ruta del Vino de Lleida Llega un momento en que uno se cansa de ver monumentos, por interesantes que estos sean; y no digamos ya de mirar escaparates. Una alternativa liberadora es la Ruta del Vino de Lleida, que ofrece la posibilidad de visitar alguna de las 22 bodegas abiertas al público que hay en la provincia. Por ejemplo, Raimat, que está a sólo 17 kilómetros de la capital. Aquí se producen vinos muy conocidos, ricos y nada caros. También famosa es la bodega Castell del Remei, que data de 1780 y es tipo château, con castillo, santuario, restaurante y viñedos hasta donde alcanza la mirada.  14:00 Caracoles o marisco Otra buena excusa para salir del cogollo comercial y monumental de Lleida es ir a comer a Cal Nenet, una típica brasería situada en medio de la huerta, rodeada de frutales, donde bordan los caragols (caracoles) a la llauna. El cabrito al horno y el conejo al ajillo son otras de sus especialidades. Muy cerca, en el kilómetro 457,5 de la antigua N-II (dirección Zargoza), se halla Carballeira. Este restaurante, laureado con dos Soles Repsol, se nutre y basa su prestigio en los soberbios pescados y mariscos que le llegan de Galicia, lo que explica su nombre. 17:00  Recorrido modernista Lleida alberga numerosas construcciones modernistas, muchas de las cuales han sido objeto de recientes restauraciones que les han devuelto su brillo original. Como la Casa Magí Llorens (Major, esquina Cavallers), que destaca por la decoración de su fachada con motivos florales en piedra. En la plaza de la Sal, esquina Clot de les Monges, se descubre la Casa Bergós, de comienzos del siglo XX, que sobresale por la belleza de la forja y el uso de motivos florales y geométricos en sus estucados.Siguiendo el curso del río Segre, el viajero se tropieza con la elegante Casa Melcior (plaza de Sant Francesc), con una majestuosa tribuna en la planta principal decorada con vidrieras, baldosas, madera y forja de la época. En la avenida Blondel, paralela al río, hay otras dos perlas: la Casa Xammar (1920-1950), con amplias ventanas y ornamentación en piedra, y la Casa Morera, también conocida como la de la Lira por la forma de su fachada. Finalmente, se pueden visitar las Casas de Balasch, un conjunto de tres edificios de dos plantas con amplia tribuna, construidos en 1914 y donde destaca la utilización del mármol. 19:30  De matadero a teatro Otro edificio modernista sobresaliente, el que más, es el Escorxador, un antiguo matadero construido en 1918 y ahora ascendido a teatro municipal. Hay que estar atento a su programación y a la del Café del Teatre Escorxador, por donde pasan las mejores bandas de jazz nacionales e internacionales. Y también a la del Auditori Enric Granados. Este sobrio edificio de los arquitectos locales Artigues y Sanabria (1995), que engancha la colina (antes salvaje) de la Seu Vella con el Carrer Major, aloja el Conservatorio, acoge a la orquesta sinfónica Julia Carbonell y forma parte de la ruta La Lleida Secreta, ya que en sus sótanos se han descubierto restos de la Iltirda íbera.Todos estos espacios, empero, palidecen ante la modernidad deslumbrante de la Llotja, el espectacular palacio de congresos y teatro diseñado por el estudio de arquitectura holandés Mecanoo, con un auditorio de mil plazas con un acústica excepcional y un escenario de 450 metros cuadrados. Dentro, teatro, ópera, danza, musicales… Fuera, en la terraza superior, Da-moon, un bar de tapas y cócteles con suelo de madera y música chill-out, para ver la Luna que le da nombre en buena compañía. 21:00  Tapas para todos los gustos y bolsillos El viajero vuelve a la zona de Ricard Vinyes, donde uno de los últimos en abrir ha sidoRita Cokó, un risueño local de moderna decoración y tapas tan interesantes como el micuit de foie con melocotón o el pie de cerdo con aceite de hongos y piñones. Otros imprescindibles de esta zona son el Bar Gilda y su exquisita ensaladilla, el Kimo (en Sant Martí, 61, con más de 300 referencias de vinos) y el gastrobar D-Vinis, que tiene una de las cartas más variadas y sorprendentes de la ciudad. Para muestra, un botón: la gamba en tempura de quicos y guacamole. Si se prefiere algo menos elaborado, en el Corner Café, sirven callos, bravas y rabas, todo a precios muy asequibles.Tampoco andan lejos de aquí L’Antiquari, Almenara Gourmet, la cervecería On the Rocks Tavern (Rovira Roure, 14-16) y la marisquería Bellera, todos ellos buenas recomendaciones. Más ciudades para visitar en 48 horas León, tan antigua y tan moderna León Cuenca, desafío al espacio y al tiempo Cuenca Eivissa, abierta desde la noche de los tiempos Eivissa Vitoria, días de clorofila y vino Vitoria-Gasteiz

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Huesca

EDITORIAL

Con su origen en la antigua Bolskan celtíbera, más de 2.000 años atrás, Huesca es una ciudad sorprendentemente moderna. Sin olvidar su papel de “puerta de los Pirineos” –no en vano sus límites urbanos rozan las lindes de las sierras exteriores pirenaicas – ni su considerable patrimonio histórico tras diferentes encarnaciones (íbera, romana, visigoda, musulmana…), la capital oscense tiene mucho que ofrecer al viajero más inquieto. ¿Preparados? Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10:30  Tesoros del Casco Viejo Una buena manera de empezar nuestra visita de dos días a Huesca es trasladarse al Casco Viejo de la ciudad y a toda la herencia que encierra de sus antiguas etapas y denominaciones: Bolskan, Osca, Wasqa…  El mejor punto de partida es la Catedral de Santa María de Huesca, en pleno corazón del barrio antiguo. Se trata de un edificio gótico (siglos XIII al XVI) iniciado en tiempos de Jaime I de Aragón. Dentro podemos maravillarnos ante su imponente retablo mayor, realizado en alabastro en el siglo XVI, y descubrir la interesante colección de arte sacro del Museo Diocesano, que incluye otro retablo, también de alabastro, rescatado del Castillo-Abadía de Montearagón.Justo frente a la Catedral nos encontramos con el Ayuntamiento, un palacio del siglo XVI, estupenda muestra del Renacimiento aragonés. No conviene pasar por alto, en su patio, la hermosa techumbre de madera que se repite en el Salón de Justicia, donde puede contemplarse, además, el lienzo La Campana de Huesca, que representa la famosa leyenda en torno a la purga entre los nobles del rey Ramiro II. Desde aquí podemos seguir hacia el Norte de la ciudad, en dirección al río Isuela. Llegaremos a la plaza de la Universidad, y allí encontraremos el Museo de Huesca, o Museo Arqueológico Provincial. En su interior podremos contemplar restos del patrimonio arqueológico de la ciudad.Si no nos interesa profundizar tanto en la historia de Huesca, al menos conviene deleitarse con los dos edificios en que se ubica: uno, el antiguo Palacio de los Reyes de Aragón, del siglo XII, puro románico hogar de leyendas, como la ya mencionada Campana de Huesca que tuvo lugar en una de sus salas, la de la reina Petronila; y el otro, la Universidad Sertoriana de Huesca, barroco de planta octogonal cuyo patio porticado bien merece un paseo. 12:30 Conventos y murallas Si aún nos quedan fuerzas o tiempo antes de la comida, un poco más al norte llegaremos al Convento de San Miguel, llamado popularmente Las Miguelas. Data del siglo XII, aunque el edificio conventual es del XVII, y en él destaca su ábside gótico y la torre románica, así como el imponente órgano de 1852 que puede contemplarse en su interior.A dos pasos tenemos el Puente de San Miguel sobre el Isuela, una de las primeras construcciones de hormigón armado del país (de 1912). Y muy cerca también, la Torre del Amparo, la única que queda en pie de las 99 con que contaba la Antigua Muralla que levantaron los musulmanes en el siglo IX y que ofreció protección a la ciudad durante varios siglos. Parte de sus restos aún rodean el casco histórico, aunque lo único reseñable sea este torreón y la discreta La Porteta, la única superviviente de las nueve puertas que daban acceso a la ciudad medieval, que puede encontrarse frente a la Plaza de Toros.La Torre del Amparo es la única que queda en pie de las 99 con que contaba la Antigua Muralla Primer tarde 14:00  Para comer, sabor tradicional y espíritu creativo Merece la pena atravesar de nuevo el Casco Viejo para comer en el restaurante Las Torres. Regentado por los tres hermanos Abadía, ofrece cocina tradicional de autor, con querencia por los productos de temporada y de caza, y una carta siempre sorprendente de la que destacaríamos, sin duda, su menú degustación. Trato inmejorable, un entorno coqueto con reminiscencias de otras épocas y una cocina excelente. ¡Ah! Y una biblioteca a disposición de los comensales para empaparse de la cultura oscense mientras se disfruta de su gastronomía. Conviene reservar. 16:00  Huesca verde Lo mejor para combatir el sopor de una buena comida es un paseo. Cerca de Las Torres tenemos el lugar ideal: el Parque Miguel Servet. Con sus 70.000 metros cuadrados, más de 1.600 árboles de 63 especies distintas y 49 clases de arbustos, es el auténtico pulmón verde de Huesca. Alberga, además, algunos monumentos interesantes: las Pajaritas, emblema de Huesca, el quiosco de música o la estatua de los Reyes de Aragón. 17:00  Memoria histórica Desde aquí podemos volver en dirección al casco histórico en dirección a la Parroquia de San Pedro el Viejo. Por el camino pasaremos por la plaza de López Allué, la plaza mayor de Huesca. Si ya estamos en horario comercial, según el tiempo que hayamos dedicado a bajar la comida en el Parque Miguel Servet, deberíamos dejarnos caer por Ultramarinos La Confianza: en funcionamiento desde 1871, es la tienda de ultramarinos en activo más antigua de España y mantiene intacta su atmósfera que nos traslada a otros tiempos. Sus techos están decorados por el pintor oscense León Abadías con curiosas alegorías al comercio internacional y los sofisticados productos que se vendían en el establecimiento. Todo ello, dentro de las tendencias románticas de la época. En el centro, por ejemplo, Mercurio, dios romano del comercio, sobrevuela un paisaje en el que destaca un tren cuyos vagones van cargados de mercancías ¿Y qué comprar aquí? Antaño, sedas, encajes y porcelanas; hoy, productos de Aragón, por supuesto, y algunas de sus otras especialidades: bacalao en salazón, chocolate y licores artesanales, vino de la tierra…Llegados ya a San Pedro el Viejo, no cabe sino dejarse maravillar por uno de los conjuntos más importantes del románico aragonés. Data del siglo XII, y aunque solo se conserva la iglesia y el claustro del antiguo monasterio, su visita es ineludible si uno quiere conocer Huesca. Monumento Nacional desde 1885, alberga, además, los sepulcros de los Reyes Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje. 19:00  Rematando el paseo A estas alturas de la tarde, probablemente convendría valorar si retirarse a descansar antes de afrontar la noche oscense, o rematar el paseo. En este último caso, tras recorrer parte del Coso Bajo, una de las calles principales del centro de Huesca, podemos acercarnos a la Basílica de San Lorenzo, construida sobre una iglesia gótica durante el siglo XVII, uno de los principales ejemplos del barroco en la ciudad, y levantada con los donativos de ciudadanos y trabajadores. Un poquito más al sur está, también, el Palacio de Villahermosa o Casa de los Condes de Guara, que actualmente es un Centro Cultural de Ibercaja, tras su adquisición en 1999 en estado de  ruina y consiguiente restauración, abriéndolo de nuevo al público en 2005. El artesonado de madera (siglo XIV) sobre la escalera principal del centro bien merece la visita. 20:30  Huesca de noche, entre el Casco Viejo y el Tubo La mejor forma de comenzar a disfrutar la animada noche de Huesca es con un buen tapeo. La ciudad renovó hace tiempo su oferta de tapas y pinchos, y buena muestra de ello es el certamen Concurso de Tapas en Huesca , que se celebra cada año y va ya por su décimo primera edición. La cafetería Biloba se alzó en 2011 con el primer premio, con lo que acercarse a probar su surtido es más que recomendable. También lo es la clásica tortilla de patatas del Bar Valero, en la calle Artigas, uno de los destinos más tradicionales si de tapeo se trata. Otras opciones podrían ser el Café Bar Da Vinci, el Café del Arte, con su singular propuesta que incluye conciertos, o el Tomate y Jamón.Tras preparar el cuerpo, toca salir. Dos zonas aglutinan la vida nocturna oscense: el Casco Viejo, con su surtido de locales de variado pelaje y pequeño tamaño, y el Tubo, en torno a la calle San Lorenzo, el llamado Callejón del Saco y la calle Cleriguech. Aquí se encuentran los locales más dedicados al baile y la marcha hasta altas horas de la madrugada. Conviene destacar el Alt Berlín, un bonito local decorado como si se tratara de una estación ferroviaria de principios del siglo XX, o, para los que buscan algo más de jaleo y música en directo, el Edén, clásica sala de conciertos de la ciudad. Y si de rematar la noche con baile y desenfreno se trata, muy cerquita de Huesca, en Almudévar (a 17km) está Coliseum, una discoteca que goza de gran popularidad en la zona. Segunda mañana 9:00  Más allá de la ciudad Para recuperarse del ajetreo de la noche anterior, qué mejor que dejarse llevar durante nuestra segunda jornada en la Puerta de los Pirineos. Huesca cuenta, por ejemplo, con un servicio de autobuses turísticos un poco diferente: más que hacer el típico recorrido por los puntos de interés de la propia ciudad, lo que propone es una serie de rutas para visitar lo más interesante de los alrededores.Por ejemplo, la ruta Castillo de Loarre y Bolea permitirá descubrir una auténtico castillo de película (el de Loarre, claro, donde se rodó, por ejemplo, El reino de los cielos, de Ridley Scott) y la espectacular Colegiata de Bolea, erigida sobre la antigua fortaleza árabe. Otra ruta, la que nos lleva a Ayerbe, nos ofrece la opción de visitar el Centro de Interpretación de Santiago Ramón y Cajal. Nuestro gran premio Nobel de medicina pasó aquí parte de su infancia, y podremos visitar la que fue su casa mientras conocemos más de su persona y su contribución a la ciencia. Cerca, además, están los Mallos de Riglos, unas formaciones rocosas impresionantes jalonadas de colonias de buitres leonados.Y así hasta siete rutas diferentes que nos permitirán descubrir en una mañana otros lugares más que recomendables de los alrededores de Huesca: los Escarpes de la Hoya, el Valle de Belsué o la Sierra de Gratal. Los autobuses salen a las 9 de la mañana desde la Estación Intermodal, y regresan a Huesca en torno a las 14 horas. Los billetes (cinco euros la tarifa para adultos) pueden comprarse de forma anticipada en la Oficina de Turismo de Huesca. Segunda tarde 14:30 Cocina de autor en el Casino No puede uno dejar Huesca sin haber comido en uno de sus restaurantes más célebres: la Taberna de Lillas Pastia. Tomando su nombre de uno de los personajes de la ópera de Bizet, Carmen, este establecimiento especializado en la trufa ofrece cocina de autor a cargo de su chef, Carmelo Bosque, en un entorno tan destacable como es el Círculo Oscense, conocido popularmente en la ciudad como Casino. Con una carta basada en productos de temporada y una actitud de respeto a la tradición a través de la renovación, en Lillas Pastia puede disfrutarse también de un interesante menú cerrado muy asequible y otro de degustación que hará las delicias de los más inquietos aficionados a la gastronomía. Ya que acudiremos a la vuelta de nuestra ruta en Bus Turístico, es más que recomendable reservar con antelación y con margen de tiempo. 16:30  De lo antiguo a lo contemporáneo Quien piense que Huesca solo tiene herencia histórica que enseñar está equivocado. El primer ejemplo sería el propio Casino. El Círculo Oscense, como realmente se llama el edificio debido a la fundación de que depende, data de principios del siglo XX, y es una de las mejores muestras del Modernismo arquitectónico en la ciudad. Sorprende su fachada principal, con un portón de entrada de 1905 imponente. Y, por supuesto, su vestíbulo y escalera principal, así como los salones Rojo y Azul. Muy cerquita, además, nos encontraremos con el edificio de la Diputación Provincial de Huesca. Modesto y moderno en el exterior (el edificio data de la década de los 80, aunque emula formas antiguas), su auténtico valor está en el interior. Concretamente, en la sala dedicada a uno de los personajes ilustres nacidos en Huesca: Antonio Saura, una de las principales figuras del arte del siglo XX en España, y que en 1987 decoró el techo del hall de entrada al Salón de Actos (ahora conocido como Sala Saura) con un tremendo mural, de unos 200 metros cuadrados, que tituló Elegía. Hay que pasar por ella para acceder a la sala de exposiciones de la Diputación, o para las visitas de índole administrativa (lunes a viernes de 9 a 14h).No podemos olvidar el modernísimo y destacable Palacio de Congresos con que se dotó a la ciudad en 2008. Su diseño sobrio a partir de un prisma regular con fachadas de cerámica vidriada en color negro y un volumen sobre éste (que encierra el escenario del Palacio), translúcido de día e iluminado a través de luces led de noche, ofrece contrastes muy interesantes para los más aficionados a la arquitectura.Pero nuestra visita a la Huesca más contemporánea no estaría completo sin el Centro de Arte y Naturaleza, ubicado a las afueras de la ciudad. Perteneciente a la Fundación Beulas, bien merece el trayecto por parte de los amantes del arte y la arquitectura contemporánea y, por qué no, de las mentes más inquietas. Dedicado a las relaciones entre arte contemporáneo, naturaleza y paisaje, el centro alberga diversas colecciones y exposiciones que exploran tan fascinante tema. El edificio en sí mismo es una excelente muestra de su premisa, una construcción rabiosamente contemporánea de Rafael Moneo compuesta a base de volúmenes que van dando lugar al paisaje, inspirado en algunos de los principales atractivos naturales de la zona, como los ya mencionados Mallos de Riglos. Es, pues, todo un hallazgo seguramente poco esperado por el visitante de una ciudad tan aparentemente tradicional como Huesca, pero que, salta a la vista, mira al futuro con decisión. Más ciudades para visitar en 48 horas Valladolid: de la barra a la playa Valladolid 3.000 años de alegría Cádiz Un atracón de cultura Donostia Cuenca, desafío al espacio y al tiempo Cuenca

Foto de Vitoria-Gasteiz

Vitoria-Gasteiz

EDITORIAL

Es la Capital Verde Europea, la ciudad más comprometida con el medio ambiente, rodeada de verdores urbanos y parques naturales por todos los puntos cardinales, con carriles-bici que llevan hasta la playa (sí, sí, hasta la playa). Pero también es, paradójicamente, el paraíso del pintxo. Vitoria, capital de Euskadi, se declara abiertamente gay-friendly y es un imán para los amantes del arte, la arquitectura y la cocina contemporáneas. Pero, al mismo tiempo, conserva con mimo su casco medieval, los niños siguen cambiando cromos en la Plaza de España y un señor sube cada dos días a revisar y dar cuerda a los relojes de sus torres. A veces parece que se han parado, los relojes. Otras diríase que adelantan, mucho, muchísimo. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9:30  El ‘aeropuerto’ de Celedón Si lo primero que hay que visitar es lo más importante (lógico), por donde habría que empezar a recorrer Vitoria sería por la catedral de Santa María, pero como el primer pase no es hasta las 10.30, se lo puede uno tomar con calma e irle cogiendo el pulso a la ciudad en la plaza de la Virgen Blanca, corazón, punto de encuentro y pista donde Celedón, símbolo de las Fiestas de la Virgen Blanca,  aterriza todos los agostos para el pistoletazo de su semana festiva.Para desayunar, ahí están el Café Dublín, de acogedor suelo de roble y esquina acristalada, o la antigua ferretería, ahora llamada Ferrey forrada de piel de vaca, donde se sirven cruasanes en vez de tornillos. De noche, una alfombra de luces trapezoidales y un sugerente baile de aguas (esto, en verano) convierten la plaza en un escenario hipnótico. Al lado está la Plaza de España y, en ella, la oficina de turismo. Las dudas, a partir de las diez, que es cuando abre. 10:00  La Kutxi, la Pinto, la Zapa… Por la cuesta de San Francisco se sube en tres minutos justos a la calle Cuchillería, Kutxi para los amigos. En realidad, casi todos le dicen ya así, como a la calle Pintorería le dicen Pinto y a Zapatería, Zapa. El caso es que en el número 54 de esta vieja calle gremial, una de las nueve que forman la llamada Almendra o casco medieval, se encuentra Bibat, “dos en uno” en euskera, complejo museístico que desde 2009 agrupa el Museo Fournier de Naipes, ubicado en el palacio renacentista de Bendaña, y el Museo de Arqueología, éste en un moderno edificio diseñado por Patxi Mangado que se ha convertido en uno de los más emblemáticos de la capital vasca. Es un espacio denso, austero, contundente, blindado con 100 toneladas de chapa de bronce. Como un cofre. 10:30   Catedral abierta por obras Avanzando 200 metros más por Kutxi, se llega junto a la catedral gótica de Santa María, que ahora sí, es ya el momento de visitarla. Lleva llena de andamios y obreros desde hace más de un década, cuando se vio que se venía abajo. No importa. Al contrario, es la gracia, recorrerla con casco y husmear a capricho, arriba y abajo, en las alturas inaccesibles y en los cimientos, como uno más de los arqueólogos y los canteros que la están restaurando. Es lo que atrajo a Paulo Coelho, a José Saramago o a Ken Follet, quien, según dijo, se había inspirado en ella para escribir Un mundo sin fin, la continuación de Los pilares de la tierra. Le gustó tanto al galés, que la ciudad decidió que debía quedarse allí para siempre, esculpido en bronce, en la puerta. Se puede visitar sólo la catedral, o la catedral y la torre, o (la opción más interesante) la catedral y la muralla. La catedral de Santa María está llena de andamios, lo que permite recorrerla con casco y husmear en las alturas y en los cimientos 13:00 El mercado de la Almendra  Si al salir de la catedral se descubren las calles abarrotadas de tenderetes y de gente con cara de haber tomado ya dos o tres potes de vino, es que es el primer sábado del mes y se está celebrando el mercado de la Almendra. También se nota que es el primer sábado en que la entrada a todos los museos de la ciudad, menos al Artium, es gratuita.En el mercado participan 180 comerciantes y artesanos (tradicionales, pero también nuevos diseñadores) y se organizan actividades para los niños. Los adultos que se aburren viendo puestos pueden emprender además la ruta de las Barricas, en la que varios bares de la zona (entre 15 y 20) ofrecen un pintxo con un pote o un zurito de cerveza por 1,5 euros.  Primera tarde 14:00  Pintxos de campeonato En Vitoria existe una apabullante oferta de barras de pintxos, imposible de abarcar, no ya en 48 horas, sino en 48 días. El atónito visitante puede hacer, según le informan en la oficina de turismo, ¡más de 20 rutas de pintxos! Además de por distintas zonas, las hay para cada día de la semana y para fechas concretas, como la ya mentada de las Barricas. En la mayoría de las rutas, el pote y el pintxo salen por un euro. El folleto con las distintas rutas puede descargarse aquí. Una barra muy justamente premiada es la del Toloño: grandes riojas alaveses y todo tipo de pintxos, desde la clásica gilda (guindilla, anchoa y aceituna) hasta virguerías como el erizo de mar en su hábitat o las Rías Baixas con perlas de caviar cítrico. También ha ganado unos cuantos premios el bar Erkiaga: casi tan célebre como su vieira del peregrino –confitada a baja temperatura con reducción de albariño, vinagreta de algas y espuma de mejillón sobre una base decorativa humeante de hielo seco– es su menú diario de cocina tradicional con aportaciones contemporáneas por solo 9 euros. Fuera del casco medieval, el rey del pintxo es Iñaki Rodaballo, cuyos platillos son obras de arte culinarias y humorísticas, como el chip’s & ron (patata, chipirones y unas gotas de ron) o la cerberza (guiso de cerdo, cerveza y berza). Para un picoteo más cool, la referencia es el Vittoria Bar, un local de diseño donde los pintxos se acompañan de algún champán o gin-tonic.  17:00  Palacios del naipe y del jazz Después de la catedral y de los bares, lo mejor de la Almendra son los palacios renacentistas. En la calle Cuchillería, en el 24, está la Casa del Cordón, y poco más allá el palacio de Villasuso, en la hermosa plaza del Machete, evocadora de los días en que el emperador Carlos V residió en la ciudad. En el 2 de Fray Zacarías se alza el palacio de Montehermoso, que está unido al antiguo depósito de aguas de la ciudad –subterráneo, de 1885–, formando un espectacular contenedor de arte contemporáneo. Este centro cultural acoge y produce arte crítico, con especial atención a las obras sobre igualdad de género. Su bar-terraza Hor Dago se presta al jazz más rompedor durante el festival de verano. Tres números más allá está el palacio de Escoriaza-Esquibel, el mejor conservado de todos, con espectacular patio de doble arquería. 21:00  Trufas, cangrejos risueños y brasas Si a mediodía se comió de pintxos –a salto de barra, por así decirlo¬–, lo suyo es cenar con sosiego en un buen restaurante; si se puede, el mejor. Dos soles Repsol tiene Zaldiaran, cuyo chef, Patxi Eceiza, se declara amante de la trufa, así que es obligado pedir las láminas de trufa negra con yema de huevo a baja temperatura, tocino confitado y espuma de patata, o cualquier otro de los platos que la incorpore esa temporada, porque la carta cambia cuatro veces al año. Muy aconsejables, las medias raciones, para poder probar más cosas, o el menú degustación.La ambientación es una de las grandes bazas de Ikea, restaurante con un sol Repsol e interiorismo de Javier Mariscal y Fernando Salas que pone un marco sorprendente y bienhumorado –las lámparas son cangrejos sonrientes a las creaciones culinarias de Iñaki Moya. Ikea, en euskera, significa colina, y eso parece este restaurante, una casita en lo alto de una colina de cuento y de diseño.Una tercera gran opción es Sagartoki, asador-sidrería con una barra a la entrada que ha merecido innumerables galardones por la calidad de sus pintxos de autor, y comedor contiguo donde triunfa la cocina tradicional a la brasa (¡qué pescados!), con el punto especialísimo que le da Senén González, cocinero autodidacta y dj ocasional en Ibiza. 23:00  Marcha hasta las 4.30 La ruta de copas comienza, obligatoriamente, en la parte vieja. Dos sitios de los que hablan bien casi todo el mundo son Zabala, una gruta de diseño con fiestas temáticas cada dos por tres, camareros simpáticos y ambiente chic, y Zilarrán, bar apreciado por sus óptimos cubatas –en versión pecera y muy asequibles– y gin-tonics. Los locales de la Almendra cierran a las tres de la madrugada. Fuera de ésta, aunque por muy poco, están el Plaza Café, uno de los bares que han apostado más fuerte por el diseño, y el ya mentado Café Dublín, que se define como un miniespacio multicultural, con exposiciones, conciertos, dj’s todos los sábados y mucho jazz. Otros bares donde se sirve cultura son The Man in the Moon y Hor Dago.En el ensanche, la diversión continúa hasta las 4 o 4:30. Aquí los sitios que triunfan son 4 Azules, Río, Juke Box y Worldmusic. Además de esto, hay que andar atentos a lo que se programa en dos salas de conciertos: Jimmy Jazz  y la más grande y cañera Hell Dorado. Segunda mañana 10:00  Tesoros ecológicos Después de estar metidos todo el día de ayer en la Almendra, apetece salir y estirarse. Lugares para hacerlo no faltan. La capital vasca es una de las ciudades europeas con mayor superficie de espacios verdes por persona, unos 42 metros cuadrados: en total, más de diez millones de metros cuadrados de parques para pasear, correr, pedalear, observar aves y ciervos o montar a caballo. Uno de los principales motivos por el que la Comisión Europea ha concedido a Vitoria el título de European Green Capital es su Anillo Verde, un ambicioso plan de recuperación ambiental de seis enclaves de alto valor ecológico y paisajístico de la periferia de la ciudad, ya restaurados o en proceso de restauración: Zabalgana, el bosque de Armentia, Olarizu, los parques de los ríos Alegría y Zadorra…Entre todos ellos, destaca el de los humedales de Salburua, un espacio de 200 hectáreas formado por varias lagunas y un pequeño robledal donde habitan más de 200 especies animales, desde garzas hasta ciervos, pasando por visones europeos. Se puede visitar a pie o en bici, por libre o participando en las actividades que organiza el Centro de Interpretación Ataria: rutas guiadas, talleres, charlas, anillamiento de pájaros... Sólo por ver el moderno edificio del centro Ataria, obra de QVE arquitectos, con un espectacular mirador volado sobre las aguas, ya merece la pena. Una buena manera de recorrer el Anillo Verde, así como los muchos parques y jardines urbanos de Vitoria (El Prado, Arriaga, Judimendi, San Martín…), es en bici. Existe un servicio de préstamo gratuito con más de 500 bicis disponibles en 17 puntos distintos de la ciudad. El plano de los carriles-bici de Vitoria se puede descargar aquí. 12:30  Una medicina dulce y centenaria Para recuperarse del ejercicio, los doctores aconsejan tomar azúcar, medicina no muy difícil de conseguir en Vitoria, cuyos chocolates, confituras y mermeladas gozan de inmejorable reputación en España y en América desde el siglo XVIII. Cerró no hace mucho Hueto, que era el Matusalén de los obradores (más de 175 años), pero aún sobreviven varias pastelerías centenarias, como Sosoaga, una de cuyas cuatro tiendas, en Diputación, 4, abrió sus puertas en 1868. Lo más rico que hacen son los chuchitos y el goxua. Un siglo y cuarto lleva al pie del dulce cañón Confituras Goya, ganándose el corazón y el estómago de los vitorianos con sus vasquitos y sus nesquitas. Y siete décadas, que tampoco es moco de pavo, La Peña Dulce, cuya especialidad son las trufas, de las que hacen diez variedades.  Segunda tarde 14:00 Artium: ‘picassos’ a la hora de comer A tiro de piedra de la Almendra, en el 24 de la calle Francia, aguarda al viajero el Centro Museo de Arte Vasco Contemporáneo Artium. El arquitecto José Luis Catón heredó el boquetazo de un parking inacabado y lo convirtió en un museo-bodega para mostrar las 3.000 obras que atesora la Diputación Foral de Álava. A los picassos, dalís, mirós, sauras, tàpies, chillidas y oteizas, se han unido obras de Bill Viola, Juan Muñoz y Vik Muniz. Además de exposiciones, hay ciclos de cine, conciertos de música electrónica, danza contemporánea, recitales poéticos, conferencias...Puede parecer un poco rara esta hora para visitar el museo, pero deja de parecerlo cuando se sabe que tiene un buen restaurante, Cube, con decoración vanguardista, productos de calidad y precios bastante ajustados. Justo enfrente del Artium, sorprende al visitante un enorme mural que cubre la fachada de la escuela para adultos EPA. Forma parte del itinerario de La ciudad pintada, un original proyecto que ha llenado de color las calles de la almendra medieval para que los ciudadanos disfruten del arte al aire libre. 17:00 Ruta romántica Al igual que la Almendra tiene sus palacios y sus iglesias, el ensanche romántico posee edificios bien hermosos y se presta a un paseo para verlos, empezando por la calle Eduardo Dato, que es la principal arteria comercial de la ciudad. En el número 1 está el Banco de Vitoria, de 1928; en el 2, las Casas de Arrieta, y en el 14-16, la Caja Laboral, que era el antiguo Café Suizo, de 1870.En la plaza del Arca, llaman la atención el edificio del Bankoa, que semeja una antigua casa-torre, y el del Banco Santander, que mezcla elementos medievales con toques románticos. Aquí hay que doblar a la derecha, buscando la calle San Antonio, donde se alzan la Casa Pando-Argüelles, de 1911, que destaca por su cúpula azul con estrellas naranjas; y la Casa de Música , cuya fachada data de 1880.Los siguientes hitos son el Teatro Principal, construido en 1917 por Cesáreo Iradier, quien se inspiró en el Teatro de Madrid, de estilo italiano; la Casa Fournier, de 1866, donde Heraclio Fournier instaló su primera fábrica de naipes; y la estación de tren. El actual edificio es de 1929, pero recuerda la llegada del ferrocarril en el siglo XIX (1862) y la transformación más grande que ha vivido la ciudad. 21:00  Una cena muy clásica o muy moderna Para la última cena, dos opciones radicalmente distintas. Primera, el restaurante Arkupe, para darse todo un homenaje de comida tradicional vasca bajo ese paseo de los Arquillos que tanto gustaba a Ignacio Aldecoa. Y segunda, MarmitaCo, un gastrobar que bajo el lema es “cocina de etiqueta a precios minimalistas” lleva años alucinando a los jurados de los concursos que gana con creaciones como la llamada floración, un pintxo en que el comensal riega su maceta y los ingredientes germinan ante sus propios ojos. Más ciudades para visitar en 48 horas Burgos: historia de la Humanidad y de Castilla Málaga Cáceres, Patrimonio (secreto) de la Humanidad Segovia románica, judía y machadiana Segovia Burgos: historia de la Humanidad y de Castilla Burgos

Foto de Cartagena

Cartagena

EDITORIAL

Para visitar bien Cartagena se necesitarían, no 48 horas, sino 3.000, tantas como años tiene la que fue Cartago Spartaria bizantina, Carthago Nova romana, Qart Hadasht cartaginesa y Mastia ibérica o tartésica. Lo mejor es recorrerla siguiendo un orden cronológico, empezando por la arqueología y acabando con la arquitectura más moderna. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00  Itinerario arqueológico El Museo Arqueológico Municipal es el gran almacén de la historia cartagenera, que arrancó oficialmente el año 227 antes de Cristo, cuando el general cartaginés Asdrúbal el Bello fundó la ciudad junto a una población indígena preexistente, quizá la Mastia de la que hablaba Avieno en su Oda marítima. De aquí salió Aníbal con sus elefantes a conquistar Italia en 218 antes de Cristo y aquí entró Escipión triunfante nueve años más tarde. Ninguna otra ciudad de Hispania, salvo Tarragona y Córdoba, le harían sombra en los siglos sucesivos.El museo se sitúa sobre una necrópolis tardorromana, de finales del siglo IV. Además del propio cementerio, merece especial atención la colección de epigrafía funeraria, una de las mejores de España. También tienen mucha miga la sección de minería romana, con una variada tipología de productos, herramientas y utensilios de la época, y la de producciones cerámicas, que da testimonio del intenso tráfico comercial que tuvo el puerto a partir del siglo II antes de Cristo.Los restos de la cerca pétrea (unos 30 metros de ella) que defendía la ciudad cartaginesa pueden contemplarse en el Centro de Interpretación de la Muralla Púnica, dentro de un edificio de cristal y hormigón de líneas sugerentes diseñado por los arquitectos Alberto Ibero y José Manuel Chacón. Y los vestigios más llamativos de Carthago Nova, en el Museo del Teatro Romano.El gran edificio de espectáculos, capaz de albergar a 6.000 personas, comenzó a construirse a finales del siglo I antes de Cristo y fue financiado, según todos los indicios, por personas muy allegadas a la familia imperial. Formando un conjunto único con el teatro, se encuentran los restos de la catedral antigua de Santa María de Gracia. Este fantástico puzle museístico y arqueológico, ordenado y embellecido por Rafael Moneo, se ha convertido desde su inauguración en 2008 en el monumento más visitado de la región.Con la renovación urbana de la ciudad romana en el siglo I antes de Cristo, se levantaron entre el puerto y el foro varias manzanas, siendo ocupada una de ellas por un edificio destinado a la celebración de banquetes religiosos y por un complejo termal con una plaza porticada. Todo esto se enseña desde 2012 en el Barrio del Foro Romano, en la plaza de los Tres Reyes. Se trata de un proyecto de excavación, conservación y puesta en valor del sector meridional del parque arqueológico, que comprende el área existente entre el edificio del atrio y el foro colonial.Otros vestigios relevantes de la ciudad romana, que merece la pena visitar, son la Casa de la Fortuna, una vivienda de una familia acomodada de la época que toma su nombre de la inscripción “fortuna propitia” (buena suerte) hallada en uno de sus pavimentos, y el Augusteum, edificio de carácter religioso donde se reunían los sacerdotes encargados del culto al emperador Octavio Augusto, que era dios.El repaso a las antigüedades de la ciudad estaría incompleto si no se subiera al Castillo de la Concepción. La torre del homenaje y las estancias construidas entre finales del siglo XVII y principios del XVIII acogen el Centro de Interpretación de la Historia de Cartagena, obra también de los arquitectos Ibero y Chacón, donde además de las glorias cartaginesas y romanas, se explican al visitante la Cartagena medieval, la ciudad militar del siglo XVIII y la modernista de principios del XX. El castillo se halla sobre la más alta de las cinco colinas reseñadas por el griego Polibio; por lo que es el punto más elevado del casco antiguo y un balcón como no hay otro en toda la ciudad. 12.30  Vino, salazones y artesanía Después de tanta historia, apetece ir de compras, que no hay que pensar. Se pueden adquirir vinos del Campo de Cartagena en la tienda delicatessen Micuit Gourmet. Salazones (mojama, bonito seco, hueva de mújol…), en el tradicional mercado de Santa Florentina. Y creaciones artesanales, en el Centro para la Artesanía, que se encuentra en la trasera de la Casa Molina, un edificio de finales del siglo XVIII en el que resalta por su belleza la combinación de la piedra, el ladrillo y la rejería. Primer tarde 14.00  Pescado frito y café asiático A la hora de comer tampoco hay que darle muchas vueltas: solo seguir el olorcillo que emana de las cuatro freidurías que abren a la vera del puerto: Techos Bajos, La Casa del Pescador, Varadero y la del Club Náutico Santa Lucía. Además de pescados recién salidos del mar (rape, corvina, gallo pedro, gallineta y pollo de mar…) y mariscos, se puede y se debe probar el típico arroz caldero. También es típico el café asiático, que se sirve en una copa especial, realizada en cristal más grueso para resistir el colapso térmico. Es un café con leche condensada, coñac caliente, Licor 43, canela, unos granos de café y corteza de limón. Un café-bombón-carajillo, podría decirse. 15.30  Paseo (o siesta) en barco Con la panza llena y la mente adormecida por los vaporcillos etílicos del café, lo mejor es olvidarse de caminatas históricas y dejarse llevar y mecer por el barco turístico que recorre la dársena natural de la ciudad, ofreciendo sin ningún esfuerzo a los navegantes una visión completa de la actividad portuaria y del sistema de fortificaciones de la bahía. Si se desea y los horarios cuadran, se puede parar para visitar el Fuerte de Navidad, una batería costera construida en la década de 1860 para defender el interior del puerto, la ciudad y, sobre todo, el Arsenal, del ataque de una flota enemiga. Actualmente es el Centro de Interpretación de la Arquitectura Defensiva.  17.00  El frente marítimo Sin duda lo más vistoso, donde Cartagena ha echado el resto últimamente, es el paseo marítimo. Hace algunos años era poco más que un aparcamiento. Los coches han sido expulsados y se ha acondicionado todo el frente marino, teniendo como fondo la muralla de Carlos III (pieza fundamental del plan de defensa del Arsenal y de la plaza militar de Cartagena, construida por orden de este monarca) y sus jardines.No solo es una buena zona para pasear, sino también para seguir aprendiendo la historia de la ciudad, que además de larga, es profunda, pues muchos de sus testimonios proceden del fondo del mar. Nos referimos a las piezas que se exhiben en el ARQVA o Museo Nacional de Arqueología Subacuática, que abre aquí sus puertas desde 2008 y reúne objetos procedentes de excavaciones arqueológicas subacuáticas que abarcan un arco cronológico de más de 2.500 años, del siglo VII antes de Cristo al XIX de nuestra era.El edificio fue concebido por Guillermo Vázquez Consuegra como una especie de acuario sumergido, para no quitar vista al friso urbano: toda la atmósfera marina de la ciudad parece concentrarse aquí. En su interior refulge el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, compuesto por más de 650.000 monedas de oro y plata.El paseo marítimo es buena zona para descubrir la historia de la ciudad, que es larga y profunda: muchos de sus testimonios proceden del marEn el otro extremo, junto al Arsenal, se levanta el que hasta 1999 fue Centro de Instrucción de Marinería y antiguamente prisión militar, un edificio del siglo XVIII donde hoy conviven la Universidad Politécnica y el Museo Naval. Entre las áreas temáticas del museo destacan las dedicadas a Isaac Peral y los submarinos.El original del torpedero sumergible diseñado en 1884 por el científico, marino y militar cartagenero, ha sido restaurado en 2013, con motivo del 125º aniversario de su botadura, que se efectuó en Cádiz en 1888. Antes de que se decidiera su traslado al museo, el submarino había permanecido largos años a la intemperie en el paseo marítimo, expuesto a la lluvia, el salitre y el agua de las fuentes que lo rodeaban, y había sido pintado y repintado en más de 20 ocasiones.Todos los martes y jueves, el Museo Naval organiza visitas guiadas, con cita previa, para enseñar los trabajos de recuperación del submarino, en los que participa un equipo de ocho personas que pretenden tenerlo listo para su inauguración el 8 de septiembre. 20.30  Una tapa marinera y otra hortelana Más de 75 bares y restaurantes participan en la Ruta de la Tapa de Cartagena, que se celebra todos los años a finales de invierno y es señal de lo mucho que se estila aquí comer y cenar picoteando ricos platillos. La zona más interesante para ello es el eje peatonal formado por las calles Mayor, Puertas de Murcia y Carmen.La tapa más típica, la que llaman marinera es una rosquilla alargada con un montoncito de ensaladilla y una anchoa encima. El marinero es lo mismo, pero con boquerón en vinagre en lugar de anchoa. Otro plato tradicional que suele alegrar las barras cartageneras son los michirones, un guiso elaborado con habas secas, huesos de jamón, tocino magroso, chorizo, patatas y cayena.Barras como la de Bodega Nicolás, un local centenario que destaca por la tortilla de guisantes y la sangre frita. El Rincón de Miguel es famoso por sus montados: el llamado Reglamento, de lomo; el Fronterizo, de lomo y chorizo; el Malasombra, de hueva y jamón; el Campero, de lomo y jamón, y el Cantonal, de jamón y queso roquefort. Si nos pirran los huevos, nuestro sitio es Manda Huevos Si nos gustan los callos y el Real Madrid, Casa Pepe. Si preferimos las tapas de diseño, ARQVA, la cafetería-restaurante del museo homónimo.  Y si pensamos que la mayoría siempre tiene razón, iremos a Tapería Ego’s, D’Almansa y La Catedral, que son los establecimientos que ganaron, por votación popular, la ruta de la tapa de 2013. Especialmente recomendable La Catedral: paredes de sillería, columnas romanas y un aljibe del siglo XVIII son algunas de las joyas que esconde el lugar, desde cuyo interior se ve el Teatro Romano. Además tiene una agradable terraza para tomar copas.23.00 Otra copa y a la cama Hablando de copas, la zona de ellas se sitúa en la encrucijada de las calles Príncipe de Asturias y Jiménez de la Espada. Locales como Delante o Quasar Elite son como imanes para la gente más joven. La que ya no lo es tanto, después de un día tan agotador, opta prudentemente por irse a descansar. Para ello, hay tres buenas alternativas, en la ciudad y en sus alrededores. Junto al Arsenal, con vistas al mar, se encuentra el Hotel NH Cartagena. En Mar de Cristal Resort, a orillas del Mar Menor, se halla El Secreto del Agua, que ofrece habitaciones dobles y lofts muy modernos, blancos y diáfanos. Y en Los Belones, para los amantes del golf, está La Manga Club, donde se puede elegir entre el hotel de cinco estrellas Príncipe Felipe y las habitaciones y apartamentos de Las Lomas Village, un resort estilo pueblo andaluz. Segunda mañana 09.00  La ciudad modernista Otra de las rutas posibles y apetecibles es la de la Cartagena modernista, que también tiene una historia interesante detrás. Hubo un tiempo, allá cuando la Primera República, en que el cantón de Cartagena se erigió en nación soberana, acuñó moneda e incluso solicitó a Estados Unidos su ingreso en la Unión; un episodio que duró seis meses (1873-1874) y fue novelado por Galdós en De Cartago a Sagunto y por Ramón J. Sender en Mr. Witt en el cantón.Las bombas que pusieron fin a la aventura cantonal destruyeron tres cuartas partes del tejido urbano, pero, por fortuna, el auge de las minas de La Unión en los años siguientes empujó a la burguesía local a llenar los huecos con espléndidos palacetes. El arquitecto del momento fue Víctor Beltrí, quien firmó la Casa Cervantes (1900), la Casa Zapata (1906), la Casa Dorda (1908), el Gran Hotel (con Tomás Rico, 1916) y, sobre todo, el preciosista Palacio Aguirre (1901). A este se le acopló en 2008 una estructura nueva, obra del arquitecto Martín Lejárraga, para albergar sin estrecheces el MURAM, el Museo Regional de Arte Moderno. 10.30  Arquitectura contemporánea Para acceder al Castillo de la Concepción, que ya visitamos ayer, existe un espectacular ascensor-pasarela, ideado por Andrés Cánovas, Atxu Amann, Nicolás Maruri y Martín Lejárraga, que salva el desnivel de 45 metros existente desde la calle Gisbert. Este ascensor es ya todo un icono de la arquitectura española actual.Se trata de un cilindro metálico exento, que va acompañado de unos módulos de hormigón. En ellos se alojan diversas oficinas y la entrada al Refugio-Museo de la Guerra Civil, donde se pueden ver las galerías que fueron excavadas en el interior del cerro de la Concepción para cobijar a la población durante los bombardeos. En este espacio, los visitantes reviven la devastación de los ataques aéreos sobre Cartagena, ciudad que fue uno de los objetivos preferentes de la aviación franquista, al ser la base de gran parte de la flota republicana.Las diversas fuentes son muy dispares en cuanto al número de ataques que soportó la ciudad: entre 40 y 117 bombardeos. Entre ellos, destaca el llamado Bombardeo de las Cuatro Horas, efectuado por la Legión Cóndor alemana la tarde del 25 de noviembre de 1936, con el objetivo de golpear la retaguardia republicana y desmoralizar a la población. Sus efectos fueron tan graves, que muchos cartageneros abandonaron la ciudad.Otra obra contemporánea impactante es el auditorio y palacio de congresos El Batel, que aparece apostado junto al cantil del muelle como una pieza más del paisaje portuario de contenedores comerciales. Es un diseño de los arquitectos madrileños José Selgas y Lucía Cano y fue inaugurado a finales de 2011. 12.00  Bajar a la mina y subirse al carro Un pedazo importante de la historia cartagenera que nos queda por conocer es el de las minas (principalmente, de plomo y zinc) que dieron vida a la comarca durante el último tercio del siglo XIX y buena parte del XX. Las riquezas y miserias de aquellas explotaciones se explican muy bien en el Centro de Interpretación de la Mina Las Matildes, donde, además de lo que habitualmente se ofrece en este tipo de centros, existe un servicio de turismo ecológico y cultural, con una amplia oferta de itinerarios y visitas guiadas, en coche o a pie, que permiten descubrir paisajes sorprendentes, terreras de colores imposibles, grandes cortas mineras y múltiples elementos de arqueología industrial: castilletes, chimeneas, hornos, lavaderos… Está en Beal, a 16 kilómetros al este de Cartagena.Muy cerca de allí, a solo tres kilómetros, se encuentra El Algar, donde abre sus puertas el Museo de Carruajes Zamar. El museo muestra la evolución histórica de este medio de transporte, con piezas que abarcan desde el siglo XVII hasta nuestros días: coches urbanos, carruajes de paseo y viaje, deportivos y de caza, carros de campo y trabajo, así como distintos modelos de guarniciones (calesera, inglesa y húngara). También alberga una de las colecciones de motos más grandes de España. Tanto para visitar la mina de Beal como el museo de El Algar se recomienda llamar antes, pues no tienen horarios muy convencionales. Segunda tarde 14.30 Apuestas seguras para comer Además de La Catedral, restaurante del que todo el mundo habla maravillas (por algo será), una apuesta segura es La Marquesita. En este establecimiento de cocina casera, regentado por madre e hija, la especialidad, como la de todos los restaurantes de la comarca, es el caldero del Mar Menor, pero también se pueden probar, para variar, el rabo de buey, el bacalao con cebolla y piñones o unos simples huevos estrellados con jamón ibérico.Otro lugar de confianza es El Barrio de San Roque, un almacén de finales del siglo XIX, gratamente rehabilitado y decorado, donde se borda el arroz cartagenero. Y otro, Los Churrascos, una casa con más de 35 años de experiencia y extensa carta de arroces, guisos tradicionales, carnes a la parrilla, bacalaos y pescados fritos, a la plancha, a la sal, al ajo pescador y a la murciana. Se halla en El Algar: así que si hemos ido antes a visitar el Museo de Carruajes Zamar, que está en la misma localidad, nos viene perfecto.  17.30 Encajes de bolillos   A 12 kilómetros al norte de Cartagena, se halla La Palma, población que fue fundada hace poco más de 500 años por los pastores de la Mesta, quienes paraban aquí a descansar con sus rebaños al arrimo de un pilón y una palmera, la que dio nombre al lugar. La Palma ha mantenido vivo un rico folclore, del que es buena muestra el Museo del Bolillo, donde las encajeras de la localidad han reunido tapetes, puntillas, toallas, cojines y otras piezas realizadas con bolillo al modo tradicional.19.00 - Cabo de Palos y el Mar MenorSi La Palma tomó su nombre de una palmera, Cabo de Palos (a 29 kilómetros al este de Cartagena), lo hizo de una charca (palus, en latín), pero no de una charquita cualquiera, sino del Mar Menor, que está al lado y es la mayor laguna costera salina del Mediterráneo occidental, con unos 135 kilómetros cuadrados de superficie. Junto a la iglesia se encuentra el Centro de Documentación y Exposición de Cabo de Palos, donde se cuenta la historia de los grandes naufragios que ha habido en esta esquina de Murcia: el más trágico y sonado, el del transatlántico italiano Sirio, que se fue a pique el 4 de agosto de 1906 llevándose con él a cerca de 250 pasajeros (emigrantes a América, la mayoría), después de que el capitán y los oficiales se pusieran a salvo, ellos los primeros.  También se puede ver cómo se formó la Manga del Mar Menor y un acuario donde se está recuperando el caballito del mar, que corre peligro de desaparecer de sus aguas. Luego, lo cómodo es quedarse a cenar en El Mosqui: arroz al caldero, dorada a la sal, pez de San Pedro frito con ajetes... La Tana y Miramar son otras buenas opciones en el mismo puerto.22.00 Fiesta todo el año De aburrimiento no se muere nadie en Cartagena, con la cantidad de fiestas y festivales que se celebran: el Carnaval, declarado de Interés Turístico Regional; la Semana Santa, de Interés Turístico Internacional; la Noche de los Museos en mayo; el Festival de la Guitarra a finales de junio; el de Folclore de La Palma, en julio; el Festival Internacional de Poesía Oral Improvisada Trovalia, en agosto; el de Habaneras de Cabo de Palos, también en agosto; el de Jazz en noviembre; el de Cine, en diciembre…Dos eventos suscitan más interés que ningún otro dentro y fuera de Cartagena: el Festival La Mar de Músicas, que viene celebrándose desde 1995, cada año dedicado a un país distinto, y que reúne la segunda quincena de julio a artistas y bandas nacionales e internacionales en ocho escenarios de la ciudad; y las Fiestas de Carthagineses y Romanos, que tienen lugar la segunda quincena de septiembre, cuando 4.500 personas se visten de una u otra cosa y reviven los episodios más famosos de la Segunda Guerra Púnica (la de Aníbal cruzando los Alpes en elefante) como si de verdad les fuera la vida en ello. Más ciudades para visitar en 48 horas Cáceres, Patrimonio (secreto) de la Humanidad Cáceres Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago de Compostela 3.000 años de alegría Cádiz León, tan antigua y tan moderna León

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Ávila

EDITORIAL

Ávila es como una ciudad de bola de cristal, inmune a los estragos y las desilusiones del tiempo dentro de su muralla perfecta, llena de palacios medievales, iglesias románicas y dulces recuerdos de Santa Teresa. Porque todo recuerda a la santa en su ciudad natal: los monumentos, los museos, los muchos conventos que fundó y gobernó o en que profesó, los nombres de calles y plazas y, por supuesto, las famosas yemas. Cuando nieva dentro de esa bola, uno tiene la tentación de llevarse unos copos a la boca, para ver si son de azúcar. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.30 Paseo sobre la muralla Debe haber pocas plazas en el mundo con dos esculturas dedicadas a un mismo personaje. La plaza de Santa Teresa es una de ellas. No hace falta decir quién es la esculpida. Aquí comenzamos nuestro paseo por la ciudad, entrando por la puerta del Alcázar y subiendo al adarve de la muralla. Tiene la muralla de Ávila dos kilómetros y medio de longitud, tres de espesor y una media de 12 de altura. Cuenta con 88 torreones y nueve puertas. Se construyó a finales del siglo XI. En el siglo XIX, se salvó de ser derribada por falta de presupuesto. Ahora es la mejor conservada de Europa. Hay otros dos puntos donde se puede subir a pasear sobre ella: la puerta del Peso de la Harina y la del Puente (accesible para personas en silla de ruedas o con movilidad reducida).10.00 Una catedral como un castilloBajamos de la muralla y nos dirigimos por la calle de la Cruz Vieja a la cercana catedral. Se comenzó a edificar a mediados del siglo XII, época a la que corresponde la cabecera, la cual se incrusta directamente en la muralla, como un magnífico torreón más de la misma, transmitiendo al conjunto un marcado carácter de fortaleza. Este aspecto sobrio y guerrero da paso, en el interior, a la ligereza del gótico, estilo en el que fue construida la mayor parte del templo. El retablo del altar mayor, emprendido por Berruguete en 1499, es uno de sus grandes tesoros. Otro, la custodia labrada por Juan de Arfe en 1571, que se guarda en el Museo Catedralicio y que cada Corpus Christi recorre las calles de la ciudad. Es de plata y pesa 70 kilos. 11.00 La plaza de los palaciosLa plaza de la Catedral está llena de muy antiguos y sólidos palacios: el de Valderrábanos, del siglo XIV, con portada gótica y torre, que hoy es hotel; el de los Velada, del siglo XVI, que también es hotel; y el antiguo palacio episcopal, que ahora es Biblioteca Pública. De lo que fue originalmente este último todavía queda un pórtico de piedra, una ventana esquinada y el Episcopio, que algunos relacionan con el desaparecido Palacio del Rey Niño. Actualmente es una sala de propiedad municipal, donde se celebran exposiciones, conciertos y conferencias.11.30 San Vicente: el románico más belloSalimos por la puerta del Peso de la Harina y giramos a la izquierda. Vemos, adosada a la muralla, la casa de las Carnicerías, del siglo XVI, que ahora es uno de los accesos para subir a la muralla y oficina de turismo. Seguimos bordeando las murallas hasta la puerta de San Vicente. Enfrente se levanta la basílica de San Vicente, para muchos la iglesia románica más bonita de Ávila. Delante de la basílica se halla el Centro de Recepción de Visitantes y, detrás, la ermita del Humilladero, donde se guarda la figura del Cristo de los Ajusticiados, que es uno de los grandes protagonistas de la Semana Santa, ya que participa en la Procesión de los Pasos y en el Vía Crucis.13.00 Hacia la plaza del Mercado ChicoPor la puerta de San Vicente, volvemos a la ciudad amurallada y avanzamos por la calle de López Núñez entre grandes palacios medievales. Dejamos a la izquierda elpalacio de los Verdugo, del siglo XVI, que es sede del Archivo Municipal y de Patrimonio. Tiene un espectacular patio con arcadas con decoración floral y escudos. Enfrente se alza el palacio de los Águila, de la misma época, que se ha rehabilitado para ser la sede del Museo del Prado en Ávila.Seguimos por López Núñez hasta el jardín donde se halla la capilla de Mosén Rubí. Fue levantada en el siglo XVI por dos de las familias más poderosas de la ciudad: los Bracamonte y los Herrera. Desde aquí, por la calle Bracamonte, llegamos en un minuto a la plaza del Mercado Chico. Es la típica plaza castellana, con soportales que cobijan pequeños comercios, bares y restaurantes. Está presidida por la fachada del Ayuntamiento. Al otro lado se encuentra laiglesia de San Juan Bautista, en cuya pila gótica fue bautizada Santa Teresa. Primera tarde 14.00 Cocina abulense o sefardí Es hora de probar la cocina abulense, sencilla pero con grandes materias primas: judías de El Barco de Ávila, patatas revolconas, ternera de raza avileña… Y, de postre, las yemas de Santa Teresa y las torrijas. A 50 metros de la plaza, el restaurante Reyes Católicosofrece de todo esto y, además, un menú sefardí, homenaje a los muchos judíos que tenían aquí, en la antigua Cal de Andrín, sus negocios. El Doña Guiomar es conocido por su chuletón. Otra buena opción es el restaurante Piedras Albas, en el Palacio de Don Juan de Henao, actual Parador de Ávila. Y otra, el Mesón El Rastro, también de cocina tradicional, que está adosado a la muralla, junto a la puerta homónima, y que si ha durado desde 1885, por algo será.16.00 Digestión místicaSi optamos por este último restaurante, luego sólo tendremos que atravesar la puerta del Rastro y bajar bordeando la muralla para llegar en dos minutos al Centro de Interpretación del Misticismo, un moderno edificio con aire de museo de arte contemporáneo, en el que han colaborado arquitectos, escultores, pintores, escritores y creadores de vídeo para dar una visión de este etéreo e inefable asunto.Entrando de nuevo en la ciudad amurallada por la siguiente puerta, descubrimos el convento de la Santa, que se levanta desde el siglo XVII sobre la casa donde nació Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515. En la iglesia, de estilo barroco, hay varias tallas de Gregorio Fernández, una abigarrada capilla donde estuvo la habitación de la niña Teresa y un jardín donde ésta jugaba a hacer ermitas. En la cripta, un museo nos desvela aspectos insospechados de la santa, como los nobles orígenes de los Cepeda y los Ahumada. 18.00 La herencia judíaCuriosamente, en el museo no se dice nada del abuelo judío de Santa Teresa, que vino a Ávila huyendo de Toledo. La cercana calle de Santo Domingo fue el eje de la judería abulense. En la travesía de Santo Domingo, esquina con Pocillo, vemos la portada de la antigua sinagoga. Más abajo, acortando por la travesía de los Telares, salimos al jardín Moshé de León, junto a la muralla, que nos recuerda al sabio hebreo que, tras establecerse en Ávila hacia 1290, escribió el ‘Zohar’ o ‘Libro del esplendor’, la obra principal de la Cábala o pensamiento místico-filosófico del judaísmo. Los jardines dan a la puerta de la Malaventura, que para los judíos ciertamente lo fue, pues por ella abandonaron su ciudad en 1492, cuando fueron expulsados por los Reyes Católicos.19.00 Atardecer en los Cuatro PostesNosotros también salimos por ella y continuamos bordeando las murallas para llegar, en menos de cinco minutos, a la puerta del Puente. En este extremo de la ciudad, que baña el río Adaja, se concentran varios puntos de interés: el puente romano, los restos de las tenerías medievales, el viejo molino de la Losa (hoy un restaurante) y la iglesia de San Segundo, patrón de Ávila. Cruzando el río, subimos en dos zancadas a los Cuatro Postes, un humilladero que ofrece la mejor vista de la ciudad, sobre todo cuando el último sol da paso a la iluminación de la muralla. También se ve muy bien el cercano Centro de Congresos y Exposiciones Lienzo Norte, un espectacular edificio forrado de granito, obra de Patxi Mangado, que aloja varias salas para conciertos, representaciones teatrales y exposiciones. Nos interesa consultar la programación, para esta noche o para mañana.20.30 Tapas en Mercado Chico, copas en San SegundoEntramos en la ciudad por la puerta del Puente y subimos por las calles Conde Don Ramón y Vallespín a la plaza del Mercado Chico, que es buen lugar para cenar de tapas, sobre todo si elegimos Casa Guillermo . En la misma plaza está El Portalón. Y en las calles adyacentes, El Buen Yantar, Don Camilo y Mesón Gredos.Otra zona muy animada, a esta hora y hasta bien tarde, es la de los Seis de San Segundo. Se llama así porque son media docena los restaurantes y bares de copas que forman una gran terraza en la calle San Segundo, junto a la puerta del Peso de la Harina. En Cáramel Lounge, sirven tapas diferentes y buenos gin tonics. En La Bodeguita, vino por copas. En invierno, hay calefacción en las terrazas; en verano, música en vivo, magia y humor. También hay diversión en la zona de Doctor Fleming-Avenida de Portugal, donde brilla más que ningún otro lugar el setentero café-teatro Delicatessen. Segunda mañana 10.00 Desayuno monumental  Después del largo paseo de ayer, hoy vamos a tomárnoslo con más calma, visitando menos lugares, todos ellos extramuros, y echando mano del coche para acercarnos a los más apartados. Iniciamos esta segunda jornada en el mismo sitio, la plaza de Santa Teresa. Aquí podemos desayunar tranquilamente en alguna de las terrazas, contemplando a un lado de la plaza la puerta del Alcázar y al otro la iglesia románica de San Pedro, con su gran rosetón.11.00 Un pequeño eje culturalA cien metros, por la calle de Estrada, está la plaza de Italia y, en ella, el renacentista Palacio Los Serrano, que ahora es un espacio cultural de la Fundación Caja de Ávila, donde siempre hay exposiciones o presentaciones interesantes. Al otro lado de la plaza se encuentra la iglesia románica de Santo Tomé el Viejo. Es el almacén visitable del Museo Provincial de Ávila, que se aloja en la cercana Casa de los Deanes. Tumbas de guerreros vetones, verracos, colodras pastoriles, vidrieras románicas… son instantes de la historia de Ávila que se muestran en el museo.12.30 Tras los pasos de TeresaDesde la plaza de Italia hay un paseo de cinco minutos (por las calles Don Ferreol Hernández, Duque de Alba y Padre Silverio), hasta la plaza de las Madres, donde Santa Teresa fundó en 1562 su primer convento de Carmelitas Descalzas, el de San José Se visita primero el museo (donde está la famosa clavícula que se rompió al caer por las ‘escaleras del diablo’, que también se pueden ver), luego la iglesia fundacional y, por último, el templo herreriano. Aquí hay una capilla preciosa, que estaba lista para dar sepultura a la santa, pero esta murió en 1582 en Alba de Tormes y allí se la quedaron. Segunda tarde 14.00 Dos restaurantes muy bien situados  Para comer, podemos ir al restaurante El Rincón del Jabugo, que está en un lugar excepcional, frente al cimborrio de la catedral, y cuya especialidad no hace falta decir cuál es. Tampoco está en mal sitio Barbacana, que además de comedor y de agradable terraza, dispone de bar de tapas.16.00 Almohada de santaHora de coger el coche (hay un párking subterráneo en la plaza de Santa Teresa) para ir al barrio de Ajates, en el norte de la ciudad, donde se levanta el monasterio de la Encarnación. Aquí permaneció Santa Teresa desde 1535 hasta 1574, siendo priora los últimos años. Se conserva, en el templo, el cubículo en que San Juan de la Cruz confesó a lo largo de cinco años a la santa, ayudándola a planear la reforma carmelitana. Y existe un museo, donde, entre otras cosas, se muestra el madero que ella usaba de almohada.En el templo del monasterio de la Encarnación se conserva el cubículo en que San Juan de la Cruz confesó a lo largo de cinco años a Santa Teresa17.30 Una de las joyas de la ciudadDejamos a Santa Teresa y nos vamos al otro lado de la ciudad, al sureste, para ver una de sus joyas menos conocidas, el Real Monasterio de Santo Tomás, que fue construido a finales del siglo XV para, entre otras cosas, servir como palacio de verano a los Reyes Católicos. Contiene tres espléndidos claustros, lo que lo hace único, el sepulcro del Infante Don Juan y un retablo de Pedro Berruguete.19.00 La compra más dulceVolvemos al centro para comprar algunos recuerdos. Y los más dulces que podemos llevarnos son los de la pastelería Chuchi. Las yemas están ricas, pero aquí lo que bordan son las pastas: pequeñas, crocantes, variadísimas. Compras de otro tipo, en Reyes Católicos, la calle de los comercios.21.00 Concierto de despedidaHay que consultar la agenda de cultura y ocio del Ayuntamiento de Ávila, por si hay alguna actividad programada en el Auditorio de San Francisco. Oír un concierto bajo la bóveda estrellada de esta antigua iglesia conventual es un plan difícilmente mejorable. Quizá solo lo iguale cenar en el que, para muchos, es el mejor restaurante de la ciudad, El Almacén. Se encuentra a un paso del mirador de los Cuatro Postes y ocupa un viejo almacén del siglo XVIII. Más ciudades para visitar en 48 horas La joven milenaria Salamanca Tenerife: de la playa a las estrellas Tenerife Cáceres, Patrimonio (secreto) de la Humanidad Cáceres Soria, la ciudad de los poetas Soria

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Gran Canaria

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Las Palmas de Gran Canaria, fundada en 1478, fue la capital de facto de Canarias hasta el siglo XVII. Hoy sigue siendo su ciudad más poblada y el puerto más importante. Por ella pasó Colón antes de cruzar el océano y descubrir un nuevo continente. Y por ella pasan, antes o después, cuantos acuden a descubrir Gran Canaria, que también viene a ser un continente, pero en miniatura: tal es la variedad de su relieve, de su clima, de su fauna y, sobre todo, de su flora, con más de cien plantas que sólo crecen en ella. Según un estudio de la Universidad de Siracusa (Nueva York), Las Palmas de Gran Canaria es la ciudad con mejor clima del mundo. ¿Qué más se puede pedir? Gran Canaria REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Donde nació la ciudad  Empezamos la ruta donde se fundó la ciudad. La plaza de Santa Ana reúne a su alrededor muchos de los puntos de interés de Las Palmas. En ella encontramos las casas consistoriales y el palacio episcopal; edificios sobrios y elegantes, flanqueados por las palmeras típicas de la isla.Sin embargo, el atractivo principal de la plaza es la catedral. Construida en estilo gótico, renacentista y neoclásico (se trabajó en ella de 1497 a 1570 pero, por falta de fondos, no se retomó la actividad hasta 1781) y declarada Monumento Histórico-Artístico, es una de las mayores obras arquitectónicas de España fuera del territorio peninsular. En el interior, no podemos dejar de admirar el órgano de siete metros de altura. Salimos al Patio de los Naranjos para visitar el Museo Diocesano, que destaca por su colección de pinturas flamencas y por sus famosas microimaginerías: imágenes en miniatura de carácter religioso.  11.00 A la playa o a la casa de Colón  Si el objetivo de nuestro viaje es descansar y recargar pilas bajo el sol, quizás sea el momento de conocer la primera playa de la ruta. Muchas de las mejores orillas se encuentran en el suroeste de la isla. La de Amadores, en la localidad de Puerto Rico, a 72 kilómetros de Las Palmas bordeando la costa oriental, es una de las mejor valoradas.La playa del Inglés, en Maspalomas (a 45 kilómetros, en el extremo sur), es una de las más conocidas y apreciadas de la isla. Su extensión (casi tres kilómetros) hace, sin embargo, que no sea un problema encontrar un lugar para extender la toalla y disfrutar de sus aguas y su arena dorada. El lugar cuenta, además, con casi 400 hectáreas de dunas donde las puestas de sol son un espectáculo extraordinario. Si buscamos algo más próximo a la capital, Agaete, a 35 kilómetros, por el norte, cuenta con espectaculares formaciones escarpadas y aguas tranquilas.La playa del Inglés, en Maspalomas, cuenta con casi 400 hectáreas de dunas donde las puestas de sol son un espectáculo extraordinarioSi preferimos quedarnos en la ciudad, sin dejar la plaza de Santa Ana, entramos en la casa de Colón donde se dice que el descubridor pernoctó antes de viajar a América. Hoy, esta institución se dedica a investigar y difundir la historia de Canarias y de sus relaciones con América a través de su colección de arqueología, pintura, cartografía, aparatos de navegación… Más allá de presentar diferentes obras e ingenios de valor, lo que se propone este museo es explicar al visitante el enorme salto que implicó en aquella época descubrir tierra hasta entonces desconocida y la revolución supuso que esta nueva concepción del mundo. 12.30 Teatro Pérez Galdós  Dejamos el barrio de la Vegueta por la calle del Obispo Codina y, siguiendo la carretera del Centro hasta la calle de Francisco Gourié, en el límite sur del barrio de Triana, nos topamos con la elegancia del Teatro Pérez Galdós. Si hemos llegado antes de la una de la tarde, podremos visitarlo. La vistosidad de los frisos y los detalles de la carpintería que tan bien encajan en el conjunto hacen difícil imaginar que, en 1918, el edificio fue destruido casi por completo por un incendio. Su aspecto actual se debe a la creatividad de los hermanos canarios Miguel (arquitecto) y Néstor (artista) Martín-Fernández de la Torre.  Primer tarde La Vegueta. Creative Commons. Flickr El Coleccionista de Instantes 14.00 Creatividad en los fogones Aprovechando que tenemos tiempo de sobra, podemos acercarnos (en taxi o en autobús, porque andando es media hora) al mejor restaurante de la isla, La Terraza, en el hotel Santa Catalina, para disfrutar de su cocina creativa. Más cerca (un paseo de algo menos de un cuarto de hora) nos pilla la taberna Thomas Algo?, donde sorprenden propuestas originales y risueñas, como las croquetas líquidas o los mejillones tigre cuadrados.  16.00 El mejor museo de arte contemporáneo Después regresaremos al barrio de la Vegueta, concretamente a la calle Los Balcones, en cuyo número 11 se encuentra el Centro Atlántico de Arte Moderno, el principal museo de arte contemporáneo de Canarias. Las vanguardias del siglo XX (con una rica representación canaria de los años 30 y 40, además de importantes autores españoles e internacionales) ocupan sus salas blancas y minimalistas. Este centro supone una dosis de contraste impactante, que comienza con el propio edificio, obra de Francisco J. Sáenz de Oiza.18.00 Triana: recuerdos de SevillaAvanzamos por la calle de los Balcones hasta tomar la del Obispo Codina, giramos a la derecha y, tras cruzar la carretera (la calle pasa a llamarse del General Bravo), en dos minutos entramos de nuevo en el barrio de Triana.Si el barrio de la Vegueta, que ya conocemos bien, fue el origen de la ciudad, el rápido crecimiento de la primera capital de Castilla en las islas Canarias hizo que pronto tomara forma el de Triana, hoy con la misma solera que su hermano mayor y llamado así por su parecido, en la época, con la zona homónima de Sevilla.La riqueza arquitectónica salta a la vista a cada paso. Para disfrutar de uno de sus mejores ejemplos, nos detenemos en la plaza de Cairasco. El edificio blanco de influencias modernistas es el Gabinete Literario. Su interior, tan luminoso y elegante como su fachada, acoge a menudo exposiciones de diversas temáticas. Si queremos tomarnos un descanso, las mesas de su terraza son perfectas para admirar con toda comodidad los detalles de este edificio singular antes de seguir explorando la zona.El recorrido continúa por la calle de los Malteses hasta llegar a la Calle Mayor (o Triana), una de las principales vías comerciales de Las Palmas, que está llena de interesantes edificios modernistas levantados para la burguesía del siglo XIX. Mientras la recorremos, no estará de más fijarnos en sus escaparates si queremos hacer algunas compras antes de dejar la ciudad. Al final de la vía (un paseo relajado nos puede tomar media hora) llegamos al parque de San Telmo, con su simpático quiosco en el centro. 21.00 Platos sanos y cocina vasca Subimos por la calle de Buenos Aires hasta llegar a la de Pérez Galdós y giramos a la izquierda. En el número 23, nos esperan los platos de Deliciosa Marta, un restaurante preocupado por el sabor y la salud. Productos de mercado (a menudo ecológicos) y mucha verdura en sus recetas (aunque no es un restaurante vegetariano) es lo que le ha convertido en uno de los locales preferidos de la ciudad, junto con la delicadeza de la decoración, el trato al cliente y la presentación de los platos. Sólo tiene ocho mesas, por lo que resulta imprescindible reservar. En la misma calle, tenemos otro buen restaurante, Amaiur, de cocina vasca, elegante, en un edificio de estilo colonial.Si queremos seguir estirando la noche, la plaza de Cairasco, el pasaje de San Pedro y la calle de Mendizábal están llenos de vida hasta bien entrada la madrugada. Si buscamos un aire más moderno, en los alrededores del puerto y del parque de Santa Catalina, al norte de la ciudad, se encuentran los mejores pubs y el ambiente más festivo. Segunda mañana Catedral de Santa Ana 10.00 El pasado (y el presente) aborigen de Canarias  Regresamos hoy al barrio de la Vegueta y, muy cerca de la catedral, dedicamos las primeras horas al Museo Canario. Aquí se encuentra la colección arqueológica más importante de las islas, que rememora los estilos de vida de los habitantes canarios antes de la conquista. Sus piezas (huesos, cerámicas, ídolos, momias, artes de pesca, aperos de labranza…) hablan de la vida en las cuevas, del uso de los recursos naturales, de las creencias y los rituales, de la manera de vestirse, de las momificaciones y de las trepanaciones que llevaba a cabo esta población que no está tan desaparecida como se podría creer. De hecho, los estudios afirman que su ADN representa todavía entre el 42 y el 73% del de los canarios actuales. Un material genético que sobrevivió porque los españoles tuvieron descendencia con aborígenes, una vez acabada la contienda y diezmada la población masculina local.  12.00 La cuna del gran escritor Pasamos por delante de la catedral y, como ayer (tomando la calle del Obispo Codina y su continuación, General Bravo), giramos a la derecha por la calle de los Malteses. En tres minutos llegamos a la Casa-Museo Pérez Galdós, donde el escritor nació y vivió 19 años, hasta 1862. En este edificio decimonónico encontramos manuscritos, álbumes de dibujos, instrumentos musicales, su biblioteca, fotografías…, pero también muebles y objetos de decoración (la casa está conservada según los gustos de la época) que permiten entender el tiempo, la vida y la obra del más importante autor realista del siglo XIX en España. Segunda tarde 14.00 Comer bien y en familia  Seguimos por Cano hacia el norte y, al llegar a la calle Perdomo, a la derecha, descubrimos el restaurante Hoya La Vieja. Se trata de un lugar pequeño, familiar, especialista en recetas locales, pero donde se mezclan también sabores de otras tierras. Destacan sus caldos y potajes, la musaca, la carne de cochino frita, la lubina con mojo verde y papas, los chocos en salsa y la sardina rellena.16.00 Defensa de piratasDespués de comer, nos desplazamos al norte de la ciudad (podemos coger la línea 1 de autobús, Teatro-Puerto, a cuatro manzanas en la avenida de Rafael Cabrera, junto al parque de San Telmo; parada de descenso: castillo de la Luz) para conocer la primera defensa de Las Palmas, levantada en 1494 y, durante varios años, la única protección contra los piratas. El castillo de la Luz (a media altura de la calle de Juan Rejón) está declarado Monumento Histórico-Artístico. Hoy lo rodean los edificios de la capital, pero en su tiempo se alzaba solitario sobre un arrecife que, al subir la marea, quedaba aislado. Ocupa un parque ambientado con un viejo barco de madera que hace soñar a los chicos con los piratas que hace siglos amenazaban estas costas. 17.00 Museo Elder: fascinados por la ciencia  Siguiendo el trazo de la autopista del Sur (que bordea el puerto) hacia el centro de la ciudad, por la calle del General Balmes, tras unos 15 minutos de paseo llegamos al Museo Elder. Los niños (y los adultos con espíritu curioso) quedarán encantados con este centro de ciencia y tecnología donde está prohibido no tocar. Sus 20 salas reproducen los grandes inventos y avances tecnológicos que nos han permitido, a lo largo de la historia, llegar al nivel de desarrollo actual. Desde un invernadero o una estación meteorológica, hasta una sala de cine 3D o un planetario caben en los 4.600 metros cuadrados de exposiciones fascinantes, donde el tiempo pasa volando.  19.30 Surf y conciertos en las Canteras Salimos del museo y, en cinco minutos, por la calle de Luis Morote, nos plantamos en la playa. El final de la tarde es perfecto para darse un baño, o para hacer surf si somos aficionados a este deporte y las olas lo permiten. Otra opción igualmente atractiva es caminar por el paseo de las Canteras, siguiendo la línea de la costa hacia el suroeste hasta llegar, en el extremo final de la playa, al Auditorio Alfredo Kraus, icono de la modernidad palmeña.Esta espectacular obra del arquitecto Óscar Tusquets, que lleva el nombre del famoso tenor nacido en la ciudad, acoge conciertos de las mejores orquestas internacionales (si estamos interesados en asistir a alguno, podemos consultar la programación) y, tanto en el exterior como en el interior, cuenta con numerosas esculturas del artista Juan Bordes. La sirena de la entrada principal es quizás la pieza más vistosa, pero no quedan por detrás en belleza la medusa que mira al mar desde el ventanal del edificio o el pulpo que parece ascender con los tentáculos extendidos por una de las fachadas.  21.00 Una despedida con sabor gallego  Sin alejarnos demasiado del paseo de la playa, la cena final de la ruta nos acerca a los sabores gallegos a través del restaurante Ribera del Río Miño, que ofrece una carta tan variada en carnes (chuletón de Galicia, carré de cordero lechal, morcilla de Burgos…) como en pescados (lubina al horno, caldeirada de rape y merluza, rodaballo a la espalda…). En la carta de vinos, se encuentran representadas todo tipo de bodegas nacionales e internacionales, desde estadounidenses hasta sudafricanas. Otro restaurante gallego bueno es Casa de Galicia, que cae hacia el norte de la playa de las Canteras. Más cerca del Ribera del Río Miño, quedan el argentino El Churrasco  y el uruguayo El Novillo Precoz. 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Zaragoza

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Reservemos al menos 48 horas para conocer a fondo la ciudad antes, durante o después de las fiestas del Pilar. Porque dos días aquí, dan para mucho. Dan para viajar de la Caesaraugusta romana a la Zaragoza de la Expo, pasando por la Saraqusta taifal y mudéjar del palacio de la Alfajería y por la ciudad del joven Goya, pintor de cielos en la basílica del Pilar. Dan para admirar las más modernas arquitecturas, hacer piragüismo en el Ebro y tomar tapas en la famosa zona “el Tubo”. Pero lo primero es lo primero: saludar a la Pilarica.      REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 La pequeña gran Pilarica A todo el que la ve por primera vez le choca que la Virgen del Pilar, siendo tan famosa y patrona de algo tan grande como la Hispanidad, mida solo 36,5 centímetros. Otra cosa que sorprende es el armario que tiene, con diez coronas diferentes y mantos de todas las épocas y colores (blancos, morados, verdes, rojos, azules…). Y otra, los prodigios que obra, como cuando en 1640 restituyó por completo la pierna amputada de un joven de Calanda. Nada tiene de extraño que la gente le tenga mucha fe y compre por docenas su cinta para entregársela a alguien a quien estima y darle así buena suerte. Se llama Cinta de la Medida de Nuestra Señora del Pilar, porque mide lo mismo que la Pilarica. Y tiene que regalarse. Si no, no funciona.Bajo los techos altísimos de la Basílica del Pilar nos sentimos muy pequeños, más aún que la Pilarica. Impresiona el tamaño, pero también el arte que encierra este templo barroco levantado a la vera del Ebro. Aparte de la Santa Capilla, obra maestra del siglo XVIII diseñada por Ventura Rodríguez, que preside la Virgencita desde lo alto de su columna, destacan el retablo mayor de Damián Forment, el coro mayor, el órgano y (lo que más cabezas diminutas hace levantarse hacia arriba) los frescos de Goya que decoran la bóveda del Coreto y la cúpula Regina Martyrum. De noche, desde el puente de Piedra, es como más bello se ve el Pilar. 12.00  El legado de la Expo Desde el Pilar hasta la zona de la Expo, siguiendo la recuperada ribera del Ebro, lo ideal es ir andando o en bici. No tardamos más de 15 minutos y, a cada paso (o a cada pedalada), la ribera nos sorprende con algo diferente, sobre todo con sus puentes. El más espectacular es el Pabellón Puente, firmado por Zaha Hadid: tiene forma de gladiolo y apoya un extremo del tallo en la margen derecha del río y el otro, bifurcado en tres ramales, en la izquierda, donde se celebró la Exposición Universal de 2008, dedicada al agua y a la sostenibilidad.Sobre todas las arquitecturas aquí presentes, señorea la torre del Agua, un edificio acristalado de 76 metros de altura cuya planta dibuja una simbólica gota, que es opaco de día y faro luminoso de noche. La Asociación Legado Expo Zaragoza organiza visitas guiadas. El que se puede (y se debe) visitar por libre es el Acuario Fluvial, que es el mayor de Europa. Recubierto por un cristal blanco que simula un iceberg, alberga más de 1.200 animales de 120 especies originarias de cada uno de los cinco ríos que articulan el espacio expositivo: Nilo, Mekong, Amazonas, Murray-Darling y Ebro.También hay que visitar y pasear el Parque del Agua Luis Buñuel, un nuevo concepto de jardín urbano que se extiende sobre 120 hectáreas del meandro de Ranillas, ofreciendo amplias zonas verdes y numerosas actividades: talleres de jardinería, teatro, paseos a caballo e incluso rafting en un canal de aguas bravas. En 2009 recibió el premio FAD, en la categoría de Ciudad y Paisaje. 14.00 Comer en un palacio Volvemos sobre nuestros pasos para comer como reyes en un palacio renacentista a 300 metros del Pilar. Montal es un restaurante encantador, pero también una tienda (en la planta baja) regentada por la familia de este apellido desde 1919, donde antes se vendían legumbres y ahora productos gourmet. Merece la pena visitar la bodega, que atesora unas 800 referencias. Y pedir las alcachofas rebozadas con queso, que son la especialidad. La Bastilla es otro restaurante de toda confianza, a pocos minutos del Pilar, al igual que La Matilde. Este último, muy recomendable para apasionados del vino: 25.000 botellas en bodega y cavas que se abren con un golpe de espada. 16.30 La Aljafería, joya del arte hispano-musulmán Viajamos después de comer a Saraqusta, la que fue taifa independiente desde 1018 hasta 1110. Y lo hacemos visitando la Aljafería, el Palacio de la Alegría que soñó para su recreo el monarca Al-Muqtadir, una de las tres grandes joyas artísticas de la presencia musulmana en el sur de Europa, junto con la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba, y uno de los monumentos más representativos del mudéjar aragonés, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.Tras la conquista cristiana, la Aljafería fue, ya en su época mudéjar, residencia de Pedro IV de Aragón y palacio de los Reyes Católicos. Tuvo luego varios usos poco edificantes (inquisición, cárcel real y cuartel), hasta que, en 1987, las Cortes de Aragón se instalaron aquí. El patio de Santa Isabel, con su jardincillo y sus pórticos de arcos afiligranados, es tan hermoso, tan plácido, que dan ganas de quedarse en él y no ver nada más, pero hay que visitar también el Salón Dorado y el Oratorio para hacerse una idea del esplendor de Zaragoza en la época taifal.  18.00 Compras en Alfonso I y merienda en Don Jaime I A Alfonso I, el Batallador, que arrebató a los musulmanes la Aljafería y el resto de la ciudad en 1118, está dedicada la principal calle del casco histórico, arteria peatonal y comercial donde nos relajamos mirando escaparates y también la bella perspectiva de la basílica del Pilar asomando al fondo de la misma. En esta calle y las adyacentes, se encuentran las mismas cosas y las mismas tiendas que en tantos otros lugares, pero también originales regalos en Grillo; dulces adoquines, piedras de río, frutas de Aragón y souvenirs mil en El Mañico; y artículos de otra época, que no hubieran extrañado al mismo Alfonso I; mantones de manila y mantillas en La Parisien o imaginería y productos litúrgicos en Belloso. Para comprar las famosas alpargatas de Casa Alfaro hay que ir al otro extremo del casco antiguo, pero el paseo de diez minutos merece la pena: esparteñas personalizables y de lujo, incluso para novias. Otra calle por la que apetece pasear al atardecer es Don Jaime I, porque en ella abre sus puertas desde 1858 la pastelería Fantoba, catedral zaragozana del dulce cuyos fieles acuden todos los días a venerar las frutas de Aragón, las de Niza, los guirlaches y las trenzas de la Virgen. En el extremo sur de la calle, a punto de llegar a la del Coso, se encuentra el Teatro Principal, que también conserva el encanto de siglos pasados (data de 1799) y cuya programación nos interesa consultar, por si nos cuadra para hoy o mañana. 21.00 Tapas “por un tubo” Entre las calles Alfonso I y Don Jaime I, que acabamos de recorrer, está el meollo de Zaragoza, su corazón y (lo que es más importante a estas horas) su estómago. El Tubo, que así se llama la zona, es un denso entramado de callejuelas (Cuatro de Agosto, Mártires, Libertad, José Pellicer Ossau, Cinegio, Estébanes, Blasón Aragonés, El Pino y Plaza Santiago Sas) plagadas de bares de tapas. Hay mil posibilidades, pero deben probarse los champiñones a la plancha de La Cueva en Aragón, alguna de las 16 variedades de empanadillas libanesas del Fenicia, las migas de diseño de La Miguería, las cigalas de la huerta (ajos tierno a la plancha) de Casa Pascualillo y el papapico (picadillo de carne y patatas) de El Limpia, donde además se ofrece servicio de limpiabotas desde 1914.Sin salir de la tumultuosa zona del Tubo, existen también opciones para una cena sosegada y de gran calidad gastronómica, como Casa Lac, uno de los restaurantes más antiguos de España (1825), de cocina aragonesa de autor; o como Bal d’Onsera, éste de decoración y platos minimalistas.Si hay ganas de seguir, en la zona no faltan precisamente las opciones, pero el lugar legendario, al que hay que ir si es nuestra primera vez en Zaragoza, es El Plata, el cabaré ibérico ideado por el cineasta Bigas Luna. La alternativa al Tubo, en verano, son las terrazas a orillas del Ebro. Como Le Pastis: conciertos gratis, cócteles y vistas hipnotizadoras al río, en el paseo de la Ribera, junto al Puente de Hierro.  10.00  Ruta de los museos romanos Hoy vamos a empezar por el principio. Por el principio de la propia ciudad, la que fundaron los romanos 14 años antes de que naciera Jesucristo y que tuvo el honor de llevar el nombre del mismísimo emperador: Caesaraugusta. Las ruinas de aquella población se concentran en la zona oriental del casco antiguo, entre las calles Don Jaime I y del Coso, y pueden verse en los cuatro museos que integran la llamada Ruta Caesaraugusta: el del Teatro, el del Foro, el del Puerto Fluvial y el de las Termas Públicas. Todos ellos nos hablan de una ciudad que vivió su periodo de mayor esplendor durante los siglos I y II después de Cristo, en el que se realizaron grandes obras públicas, como el teatro capaz de albergar 6.000 personas, cuyos restos fueron descubiertos de manera fortuita en 1972. Como se explica en el Museo del Puerto Fluvial, el río Ebro era entonces navegable desde Tortosa hasta Logroño, y Caesaraugusta ocupaba un estratégico lugar, a medio camino. 11.00 La torre octogonal de San Pablo  Damos un salto en el tiempo y nos vamos de la ciudad romana a la mudéjar, para visitar la iglesia de San Pablo, otro de los monumentos de este estilo declarados Patrimonio de la Humanidad. Su torre es el máximo exponente del mudéjar en Zaragoza. Es octogonal y tiene estructura de alminar almohade, con una torre exterior que envuelve a otra interior, situándose entre ambas las escaleras. Un detalle curioso: la decoración exterior, de tracerías murales y grandes vanos bíforos de arcos apuntados, se centra en los pisos superiores, que son los que se ven desde casi cualquier punto de la ciudad, mientras que la parte inferior, menos visible, es un muro de ladrillo pelado. Como abre a las nueve, si no nos importa madrugar, podemos adelantar la visita a esa hora y ganar tiempo.   12.30 Dos genios zaragozanos Cerca de la iglesia de San Pablo (a cinco minutos, por las calles San Pablo y Torre Nueva), se encuentra el palacio de Argillo, del siglo XVII, que alberga el Museo Pablo Gargallo, con más de 150 obras del gran escultor zaragozano (de la localidad de Maella): bronces, dibujos, plantillas de cartón recortado (singular paso previo para algunas de sus piezas), grabados, joyas y documentación de uno de los artistas esenciales del siglo XX español. Es el museo más visitado de la ciudad. Otro museo imprescindible es el Ibercaja Camón Aznar, instalado en el palacio renacentista del Infanzón Jerónimo Cósida, cuyo gran reclamo son las cinco series de grabados de Goya (otro genio zaragozano, de Fuendetodos). Y también hay que visitar el Museo de Zaragoza, donde se exhibe desde el hacha de Cauvaca (Caspe), el objeto más antiguo fabricado por el hombre (100.000 años), hasta pintura contemporánea. Pero lo que todo el mundo viene a ver son los cuadros de Goya y, en particular, sus retratos: Carlos IV, María Luisa de Parma, Fernando VII, el duque de San Carlos, el infante Luis María de Borbón… 14.00 Cocina para todos los gustos En el entorno del Museo de Zaragoza hay bastantes buenos restaurantes. Destaca La Granada, de cocina de autor, con la trufa como ingrediente habitual. Otro aliciente de este restaurante es que está al lado de la Sede Central de Ibercaja, en cuyo interior puede verse una de las joyas del Renacimiento aragonés, el Patio de la Infanta, que se montó aquí después de que la casa original se incendiara y de haber pasado tres cuartos de siglo en París. Pero si esta primera opción nos falla, o preferimos otra, tenemos el acreditado restaurante del NH Gran Hotel, La Ontina; la cocina moderna de Moss, el vasco Pantxika Orioy El Asador de Aranda. 16.00 La otra catedral: la SeoComo la basílica del Pilar es tan grande y famosa, hay forasteros que la visitan y que se marchan de Zaragoza sin sospechar que en la misma plaza hay otra catedral, la de San Salvador. La Seo, como la llaman los zaragozanos, es la segunda catedral en importancia, pero la primera en el tiempo. Se asienta sobre lo que fue el foro romano y más tarde la mezquita mayor, de cuyo minarete todavía perdura la impronta en la torre. Empezó a construirse en el siglo XII en estilo románico y fue objeto de numerosas reformas y ampliaciones hasta 1704, cuando se colocó el chapitel barroco rematando la torre. En ella hay elementos de todas las épocas y estilos intermedios, pero los que tienen una especial relevancia son los mudéjares del ábside, la capilla de la Parroquieta y el cimborrio, que forman parte, junto con la Aljafería y la iglesia de San Pablo, del conjunto del mudéjar aragonés declarado Patrimonio de la Humanidad.18.00 Vuelta a la Edad MediaDetrás de la Seo se esconde el arco del Deán, uno de los rincones con más encanto de la ciudad, donde al pasar los relojes atrasan hasta el siglo XIII, que fue cuando se construyó este pasadizo elevado para comunicar directamente la catedral con la nueva casa del deán. Su precioso mirador, con ventanales de tracería gótico-mudéjar, data del siglo XIV. Paseando por debajo del arco y por las plazuelas que rodean la Seo, nos despediremos de la vieja Zaragoza, no sin antes decidir en qué restaurante pondremos el punto final. Dos de los mejores de la ciudad son Novodabo, de cocina moderna, y El Cachirulo, de estilo tradicional. Están lejos del casco histórico, pero el desplazamiento vale la pena.Al pasar por el arco del Deán uno de los rincones con más encanto, los relojes atrasan hasta el siglo XIII, que fue cuando se construyó este pasadizo elevado para comunicar la catedral con la nueva casa del deán Más ciudades para visitar en 48 horas Segovia románica, judía y machadiana Segovia Lisboa íntima y universal Lisboa Logroño, capital de la buena vida Logroño Barcelona: mucha vida Barcelona

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Ruta de día desde Cáceres

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Parte de este recorrido de cuatro horas transcurre por tramos de la Cañada Real de la Plata y nos permite obtener una panorámica espectacular desde el mirador que domina la confluencia del río Tiétar y el puente del Cardenal. El Monsfragorum (monte fragoso) de los romanos, o Al-Mofrag (el abismo) de los árabes, es un inmenso breñal de pizarra y cuarcita que se pliega en serrijones de entre 500 y 600 metros de altura y que el Tajo, haciendo bueno su nombre, parte en dos mitades. Aislado en un océano de encinas, en el noreste de Cáceres, Monfragüe ha visto pasar a cavernícolas y vetones, a legionarios y visigodos, a moros y cristianos…; todos pasaron por estas soledades, incluidos los rebaños de la Mesta, sin dejar más rastro que un castillejo, un puñado de chozos y abono para las plantas. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Para caminar por Monfragüe hay que acercarse a Villarreal de San Carlos (a 71 kilómetros de Cáceres yendo por la EX-390 hasta Torrejón el Rubio y luego por la EX-208 hacia Plasencia), un poblado fundado por Carlos III a medio camino entre Plasencia y Trujillo para amparar a los pastores en las noches de lobos y bandidos de la sierra, donde hoy se encuentra el Centro de Visitantes. Aquí arranca la senda del Castillo, un hermoso paseo de cuatro horas por el cogollo del parque nacional, señalizado con estacas rojas. El camino, que sigue a trechos la Cañada Real de la Plata, nos llevará en menos de media hora hasta la orilla del Tajo, pasando antes por un mirador que domina la confluencia del Tiétar y el puente del Cardenal.En caso de que éste esté sumergido, deberemos conformarnos con el moderno que surca la carretera un kilómetro más abajo para cambiar de margen y plantarnos en la fuente del Francés, donde un cartel nos invitará a seguir la empinada trocha que serpentea hasta la ermita y el castillo de Monfragüe. La selva que puebla esta umbría contrasta con el ralo encinar, los contados acebuches y los cantuesales de la ladera sur, por la que descenderemos después oteado a placer el horizonte desde la torre del ruinoso alcázar árabe sin tiempo ni límite de estas sierras prehistóricas.  Prehistóricas son, de la Edad de Bronce, las pinturas que descubriremos a la bajada (ahora, por la solana) en un recodo del camino, poco antes de enlazar con la carretera que nos ha de guiar hasta el Salto del Gitano. Y prehistóricas son las muchas aves que pululan en este paraje, inconfundible por el observatorio allí instalado, frente a la mole de Peñafalcón: alimoches, cigüeñas negras, águilas reales… Sobre todas señorea el buitre negro, la más grande rapaz de Eurasia, de casi tres metros de envergadura, que con más de 300 parejas tiene aquí la mayor colonia del planeta. Al puente volveremos por la vera del río, y a Villarreal de San Carlos, por el camino conocido.

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Cáceres

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Es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, pero la humanidad que la conoce es poca, comparada con la que visita ciudades de similar historia y belleza, como Toledo o Compostela. Paseando por estas callejuelas comprimidas entre palacios renacentistas, llegamos a dudar que sea el siglo XXI, ya que la ciudad vieja se ha mantenido muy al margen de la nueva. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Un café contemplando la muralla  La Plaza Mayor es un lugar estupendo para desayunar antes de entrar en la ciudad vieja, contemplando desde sus terrazas un buen trozo de la muralla que levantaron los romanos y reconstruyeron los almohades en el siglo XII. Ahí mismo tenemos la Oficina de Turismo, para hacernos con un mapa y unos horarios actualizados. Y ahí está la torre del Bujaco, emblema de Cáceres, que antaño defendía el flanco noroeste de la ciudad amurallada y hoy es sede del Centro de Interpretación de las Tres Culturas. Desde la torre hay una bonita vista y acceso al adarve de la muralla.Al lado se abre el arco de la Estrella, por el que entramos en la urbe milenaria, un laberinto de calles empedradas y muchas cuestas. Ni cien metros hay que andar para llegar a la plaza de Santa María, centro del centro histórico, donde los romanos tenían su foro. Es un espacio de pura piedra y tiempo detenido, rodeado por edificios nobles de los siglos XV y XVI, como el Palacio Episcopal (con el escudo del obispo Galarza), el de Hernando de Ovando, el de Mayoralgo o la casa de los Moraga, sede del Centro Provincial de Artesanía.  10.30 El santo de los pies afortunados Preside la plaza la concatedral de Santa María, la iglesia principal de la ciudad, que fue construida entre los siglos XV y XVI sobre otra anterior. En el poyo de piedra de la portada se reunía antiguamente el concejo. Eran tiempos en que los concejales de una ciudad cabían en un banquito. Si nos fijamos, veremos que todo el que pasa le toca los pies a la escultura de bronce de San Pedro de Alcántara que hay en la esquina. Dicen que trae suerte. Además, merece la pena subir a la torre para ver la ciudad vieja como la ven las cigüeñas. 11.30 La casa árabe Casi en la misma plaza, en el número 1 de la calle Amargura, se encuentra el palacio de Carvajal, que es la sede del Patronato de Turismo de la Diputación y alberga una exposición permanente sobre las comarcas extremeñas. Seguimos por Amargura hasta el Adarve del Cristo. Los adarves eran los caminos que permitían una fácil conexión entre las puertas y torres de la muralla. Al llegar al arco del Cristo (puerta de origen romano, que fue la entrada de la Judería Vieja), subimos a la derecha por la cuesta del Marqués, en cuyo número 4 nos aguarda la Casa-Museo Árabe, donde se reproduce el ambiente de un hogar durante la etapa musulmana de la ciudad. 13.00 ¿A qué huele la Semana Santa? Llegamos a la plaza de San Jorge. Uno de sus laterales está ocupado por el vistoso palacio de los Golfines de Abajo, donde se alojaron alguna vez los Reyes Católicos. El edificio que domina la plaza, sin embargo, es la iglesia jesuita de San Francisco Javier, reconocible por sus dos torres cuadradas. En su cripta, llamada de la Preciosa Sangre, se halla el Centro de Divulgación de la Semana Santa Cacereña, donde podemos escuchar cómo suenan momentos destacados de las procesiones, saber a qué huele la fiesta, probarnos un capirote y sentirnos como hermanos de carga, participando en la experiencia de levantar un paso.Después subimos por la cuesta del Mono, al final de la cual se encuentra el antiguo palacio de los Pizarro-Espadero o la casa del Mono. Debe su sobrenombre a la figura de un mono encadenado que hay esculpida en la escalera principal. La leyenda dice que aquí vivió un mono de verdad, un simio celoso que tiró por la ventana al primogénito de la casa, porque sólo quería mimos para él. Primera tarde 14.00 Comer en una torre  Si doblamos a la izquierda por la cuesta de Aldana y seguimos hasta la calle de los Condes, daremos con un buen lugar para comer, el restaurante Torre de Sande, que ocupa la planta baja de una torre del siglo XV, perfectamente conservada. En el jardín, si el tiempo lo permite, es donde mejor se está y se saborea su cocina moderna. Dispone también de tapería.16.00 De postre, dulces conventualesDespués de comer, continuamos nuestro paseo por la calle Olmos, apreciando la imponente arquitectura del palacio de los Golfines de Arriba. Pasamos junto a la antigua enfermería franciscana de San Antonio, que actualmente es el convento de las Jerónimas. En él podemos comprar la repostería elaborada por las monjas de clausura: Perrunillas, Alfajores, Tocino de Cielo, trufas, Milanesas, Nevaditos… Pero si somos realmente golosos, reservaremos parte de nuestro apetito y nuestro presupuesto para cuando pasemos, más tarde, por la plaza de San Mateo, donde hay que probar y llevarse las deliciosas yemas de San Pablo, que hacen en el convento homónimo. 17.00 De los palacios, a las casitas de la Judería  Salimos del recinto amurallado por la plaza de Santa Clara y giramos a la izquierda hasta la torre Mochada, una atalaya avanzada del siglo XII que reforzaba las defensas de la ciudad por este flanco sur. A sus pies, se encuentra el pequeño Olivar de la Judería. De regreso por la plaza de los Pereros, entramos en la Judería Vieja, en el barrio de San Antonio de la Quebrada, así llamado por sus continuos desniveles, que las pequeñas casas salvan como pueden. Ya no vemos palacios, sino casitas blanqueadas. A través del rincón de la Monja, llegamos a la ermita de San Antonio, hija sencilla de la devoción y la arquitectura populares, construida en 1470 sobre la antigua sinagoga.18.00 El aljibe milenario Subimos a la plaza de las Veletas para visitar el Museo de Cáceres, que ocupa dos edificios históricos levantados sobre el solar de la alcazaba árabe: el palacio de las Veletas (que alberga las colecciones de arqueología y etnografía), del siglo XVII, y la casa de Caballos (bellas artes), que fue una caballeriza. Destacan la estatua romana del Genio Andrógino y, sobre todo, el aljibe hispano-árabe, de los siglos XI y XII, que es uno de los más grandes de su época y de los mejor conservados. Este resto impactante sigue almacenando, mil años después, el agua que llueve en el patio renacentista que hay encima. El agua, las columnas y los arcos de herradura, iluminados por la luz dorada que se vierte desde el cénit, componen la foto más bella de Cáceres.El aljibe hispano-árabe, de los siglos XI y XII, sigue almacenando, mil años después, el agua que llueve en el patio renacentista que hay encima 19.00 Una torre más alta que las demás Seguimos paseando por la zona alta del centro histórico. La continuación natural de las Veletas es la plaza de San Mateo, de lo más bello de Cáceres. Una de sus esquinas está ocupada por la iglesia de San Mateo, del siglo XVI. Probablemente aquí se levantaba la mezquita cuando ésta era la plaza de armas musulmana. Los fines de semana se puede subir a la torre del vecino palacio del capitán Diego de Ovando. La torre de las Cigüeñas, como se la conoce, es mucho más alta que la de ningún otro palacio cacereño (25 metros) porque la reina Isabel se lo permitió a su dueño, que era buen vasallo. 21.00 Cocina y arquitectura de premio No nos vayamos muy lejos de la plaza de San Mateo, porque si queremos cenar y dormir en el mejor lugar de Cáceres, tenemos que volver a ella. Aquí, en un hotel diseñado por Tuñón y Mansilla, que mereció el Premio FAD de Arquitectura en 2011, se aloja el restaurante Atrio; , uno de los mejores de España, donde los comensales quedan deslumbrados con sus creaciones de alta vanguardia gastronómica. Su bodega impresiona y la calidad de su cocina ha sido reconocida internacionalmente.Después de cenar, iremos a La Habana o al pub María Mandiles. En ambos hay buenas copas y exposiciones de pintores y fotógrafos locales. Si queremos más de lo primero, la zona es La Madrila, siempre a tope de universitarios. Segunda mañana 10.00 Museo de Escultura al Aire Libre  Iniciamos la jornada en el parque del Príncipe, en una elevación que constituye uno de los límites naturales de la ciudad. Es un lugar perfecto para hacer deporte mañanero y también, desde 1997, un Museo de Esculturas al Aire Libre, con 27 obras de artistas contemporáneos.11.00 La iglesia de los ganaderosCaminando desde el parque cinco minutos, o poco más (por Rodríguez Ledesma, Viena y San Pedro de Alcántara), nos plantamos en la avenida de España, que es la principal arteria del ensanche, una zona de aire burgués y muchos comercios. Otros cinco o seis minutos de paseo, por la propia avenida y por calles San Antón y San Pedro, y llegamos a la plaza que preside la iglesia de San Juan. Del siglo XIII, hace unos años fue profundamente remozada para quitarle los añadidos arquitectónicos que la habían afeado. A su alrededor se celebraban las ferias de ganado. Hoy vienen los que quieren comerlo asado en la media docena de restaurantes que hay. 11.30 Lo mejor del arte contemporáneoMuy cerca de la plaza de San Juan, en el número 8 de la calle Pizarro, abrió sus puertas en 2010 el Centro de Artes Visuales Helga de Alvear, que alberga la colección privada de arte contemporáneo más completa de España. En este palacete ecléctico acondicionado por Tuñón y Mansilla pueden verse obras de Dan Flavin, Louise Bourgeois, Smithson, Matta-Clark o Jeff Wall, entre otros artistas que casi no se encuentran en ninguna otra colección pública española. También el arte español reciente está representado: desde los consagrados Juan Muñoz o Pepe Espaliù, hasta pioneros como el grupo Zaj o Schlosser, o los que se están haciendo un nombre fuera, como Dora García o Alicia Framis. 12.30 La calle de las comprasRegresamos a la plaza de San Juan para dirigirnos, por Felipe Uribarri, a la calle Pintores. Esta vía peatonal de 300 metros ha mantenido su intensa actividad comercial, tras cambiar los talleres artesanales por tiendas de las principales marcas. Es la calle a la que los cacereños acuden de compras. Giramos luego a la izquierda por la calle Paneras. Junto a la calle de la Cruz, fue uno de los ejes de la Judería Nueva. La sinagoga estaba en el solar que después ocupó la ermita de la Cruz y luego el palacio de la Isla, un hermoso edificio del siglo XVI, de propiedad municipal donde se celebran exposiciones. 13.00 Aparcamiento con historiaPor la calle Alzapiernas salimos a la plaza del Obispo Galarza. En la cuarta planta del aparcamiento se halla el Centro Turístico Cáceres Galarza, donde se muestra y explica con modernos recursos la huella de los sucesivos pobladores de la ciudad. La terraza ofrece unas excelentes vistas del conjunto monumental. Segunda tarde 14.30 Dos plazas para comer bien En la plaza de San Juan, como ya vimos, no escasean los restaurantes. El mejor es El Figón de Eustaquio, que conserva el ambiente cálido de la casa de comidas familiar que era cuando se fundó en 1947 y el gusto por los productos extremeños. También podemos sentarnos en las terrazas de la Plaza Mayor. El Pato y Los Arcos son auténticas instituciones.17.00 Tarde de museosHay dos museos más en Cáceres que vale la pena conocer. Uno es el Museo de Historia y Cultura Casa Pedrilla, que tiene una importante colección de arte contemporáneo y acoge también la sede de la Fundación Guayasamín, dedicada a la obra de este famoso pintor ecuatoriano y al arte precolombino y colonial. Y el otro, el Museo Municipal Ciudad de Cáceres, de etnografía, que ilustra una larga tradición de ferias y fiestas con planos, carteles, objetos y fotografías originales. Al salir de éste, podemos ver un pequeño espacio a la sombra de la muralla. Es el Foro de los Balbos, donde se reunía el concejo de la ciudad, después de que el banco de la puerta de la iglesia de Santa María se les quedara chico. A un lado hay una réplica de la estatua del Genio Andrógino. Adosada a la muralla, está la Pila de San Francisco, un abrevadero con los escudos de la ciudad y los Reyes Católicos. 21.00 Tapas y cocina extremeña Para cenar, el restaurante Eustaquio Blanco nos ofrece dos ambientes: tapería informal o comedor con cocina de la tierra. En la misma calle, en el hotel Extremadura, se halla el Orellana, para degustar la cocina extremeña con un puntito moderno.23.00 El renovado ParadorSi el hotel Atrio se sale de nuestro presupuesto, una gran alternativa es el Parador de Cáceres, que ocupa dos edificios medievales de la ciudad vieja (el palacio de los Marqueses de Torreorgaz y la casa de los Ovando-Mogollón-Perero-Paredes) y que sufrió una profunda renovación en 2011, que lo puso a la altura de los mejores de la cadena. 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Toledo

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Encastillada sobre un cerro granítico, con el Tajo como profundo foso, Toledo guarda dentro de sus murallas cien monumentos que son testimonio de su formidable pasado: villa fortificada en tiempos de los romanos, capital del reino visigodo, taifa poderosa, foco de cultura con Alfonso X el Sabio, la urbe más floreciente de España durante los siglos XIV y XV, ciudad imperial con Carlos I, sede primada… Sobre esa montaña de piedras históricas que es Toledo, hay un hombre sentado delante de un caballete. Es un anciano caballero de cara larga y amojamada, en cuyos ojos brilla (así lo vio Azorín) “un fulgor de eternidad”. Es el Greco. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.30 Empezar por todo lo alto  Si hay un edificio fácil de encontrar en Toledo, ése es el Alcázar, porque está en la zona más alta de la ciudad y su mole rectangular se ve desde todas partes. La fortaleza romana, visigoda, árabe y cristiana que Carlos I y Felipe II transformaron en un palacio renacentista ha sufrido tres arrasadores incendios y un asedio no menos devastador durante la Guerra Civil; de modo que es milagroso que el Alcázar haya llegado a viejo y justo que disfrute de su jubilación convertido en un pacífico espacio cultural.Ahora alberga el Museo del Ejército, en cuyas 20 salas se puede ver (y a veces tocar, porque es bastante interactivo) de todo, desde un ordenador para cifrar mensajes hasta armaduras de samurái. Y también la Biblioteca de Castilla-La Mancha, que atesora una de las colecciones de libros antiguos más valiosas de España, la cual se muestra en la decimonónica sala Borbón-Lorenzana. Además tiene una cafetería con una de las mejores vistas de la ciudad. Podemos desayunar aquí con calma, ver la Biblioteca y luego el Museo del Ejército, porque éste no abre hasta las 11.00.Si la parafernalia militar no nos seduce y ver libros antiguos, tampoco, al lado está el Museo de Santa Cruz, cuya colección abarca de la prehistoria a las vanguardias, pasando por el Greco, todo ello expuesto bajo los soberbios artesonados del hospital plateresco que diseñó Enrique Egas por encargo del cardenal Mendoza. Y es gratis.12.00 La campana más gordaLa catedral de Toledo es un majestuoso edificio construido entre 1227 y 1493 que presenta la lógica superposición de estilos habidos a lo largo de esos años. Se levantó sobre una mezquita que, a su vez, ocupaba el lugar de un templo atribuido a Recaredo (finales del siglo VI). Su interior, con cinco naves y 29 capillas, es un museo religioso lleno de tesoros, entre los que destacan el coro y las capillas Mayor y del Sagrario. La sacristía, pintada al fresco por Luca Giordano, fue posteriormente enriquecida con El Expolio y otras 17 obras del Greco, así como con cuadros de Van Eyck, Tiziano, Veláquez, Goya y otros, hasta formar el actual museo catedralicio, que no tiene nada que envidiar a las pinacotecas más renombradas. Más de 750 vidrieras de los siglos XV y XVI iluminan este magno templo, donde el curioso no puede dejar de rendir admirada visita al Transparente churrigueresco, a la sala capitular (siglo XVI) y a la capilla de San Juan o del Tesoro, en la que se halla la enorme custodia de 2,5 metros de altura.En 2011 se abrió nuevamente al público la torre, que había estado cerrada 28 años; allí, después de subir 284 escalones, nos espera la campana Gorda, de 10 metros de circunferencia y 12 de altura, que dicen que es la más grande de la Cristiandad y que cuando sonó por primera vez se rompieron todos los cristales de la ciudad. Primera tarde 14.00 Carcamusas y celebrities Pegada a la catedral se encuentra Adolfo Colección, una tienda de productos gourmet, vinoteca y tapería donde se degustan exquisitos platillos. En la planta baja, se pueden comprar quesos, aceites, especias, dulces y más de 300 referencias de vino, mientras que en el piso de arriba hay una cocina abierta con vistas al público, donde se picotean especialidades de la zona, versionadas de forma moderna.Si preferimos un tapeo más clásico, nos podemos acercar en tres minutos a Ludeña, en la plaza de la Magdalena, para probar las típicas Carcamusas toledanas (carne guisada con tomate, guisantes y salsa un poco picante), que se inventaron hace más de medio siglo en este bar. Y si queremos sentarnos con tranquilidad delante de una buena mesa, iremos a Adolfo, una casona del siglo XIV bajo cuyo vetusto artesonado se sirven platos como el arroz de caza o la merluza al azafrán. Otra alternativa es Casa Aurelio, que presume de ser la casa de comidas más antigua del casco histórico y de clientela más ilustre: Morgan Freeman, Ray Liotta, Joaquín Sabina, Estopa, Juan Echanove, Elsa Pataki…  16.00 Paseos por lo desconocido Si visitamos la ciudad durante el Corpus Christi, además de una fiesta de Interés Turístico Internacional, tendremos la suerte de poder ver los patios de Toledo, que en estas fechas se abren y compiten por ver cuál es más bello. Al igual que los patios cordobeses, son una herencia árabe, espacios habitados que comparten y cuidan entre todos los vecinos, y que lógicamente no se enseñan fuera de esos días.Otros espacios que poca gente conoce, porque llevaban décadas (incluso siglos) cerrados, son los que integran las rutas del Patrimonio Desconocido, que organiza el Consorcio de Toledo. Rutas guiadas y gratuitas que nos descubrirán lugares como los baños árabes del Ángel o de Tenerías. También se pueden visitar (con o sin guía) las termas romanas de la plaza Amador de los Ríos y las cuevas de Hércules, de la misma época.El que no es un desconocido es el obrador Santo Tomé, que lleva elaborando mazapanes desde 1856 en el número 3 de la calle del mismo nombre. Es el sitio idóneo para comprar una caja, o dos, porque además de hacerlos muy ricos, coge de camino (cerca, en todo caso) de los siguientes museos que vamos a visitar. 17.30 Un entierro muy concurrido Pocos entierros más multitudinarios que el del Señor de Orgaz. Entre el medio centenar de personajes que se apiña en el famoso cuadro del Greco (incluido el pintor) y la muchedumbre que viene a verlo a la iglesia de Santo Tomé, no deben de bajar de mil los asistentes, el día que menos. Por suerte, el lienzo es grande: 4,80 x 3,60 metros. Aparte de para sacar a mucha gente conocida, se pintó para dar fe del milagro sucedido durante el sepelio de Don Gonzalo Ruiz de Toledo en 1323, cuando bajaron dos santos, Agustín y Esteban, a enterrarlo. El milagro fue reconocido oficialmente en 1583 y, para celebrarlo, el párroco de Santo Tomé encargó al Greco la pintura que preside la capilla del difunto.Unas calles más abajo, se halla el Museo del Greco. Renovado entre 2006 y 2011, ya no es más la Casa-museo del Greco, pues nunca fue vivienda del pintor, como muchos visitantes pensaban, sino una recreación efectuada por el marqués de Vega-Inclán, militar, pintor, viajero y mecenas que fundó aquélla en 1911. Ahora es un museo de corte moderno, que enseña bajo una nueva luz las viejas estancias y las obras del Greco y de otros artistas manieristas y barrocos, así como notables piezas decorativas del periodo. Para programar la visita, debemos tener en cuenta que, en invierno, tanto el museo como la iglesia de Santo Tomé cierran antes. 21.00 Copas con vistas al Tajo Después de andar todo el día por siglos lejanos, apetece volver al presente para cenar en Alfileritos 24. Está situado en pleno centro, en dicha calle y dicho número. Su cocina aúna vanguardia y tradición, tanto en su zona de vinos y tapas como en su restaurante gastronómico. Luego se transforma en un sitio para bailar y tomar copas, frecuentado por público de 30 años para arriba.Para escuchar música en directo, hay tres lugares muy recomendables: Los Clásicos, antigua Sala Garcilaso; el Círculo del Arte, una iglesia sin culto convertida en club, sala de conciertos y exposiciones, y café para desayunar o tomarlo por la tarde; y la Sala Pícaro, que programa conciertos de jazz y música actual los fines de semana. Para gente de más edad, están Venta del Alma y Caravantes. Y para los más modernos, la Terraza del Miradero, que se encuentra en la zona remodelada por Rafael Moneo, sobre el Palacio de Congresos, con bar de copas y restaurante de rollo muy libre, música variada y tranquila, actuaciones en directo e increíbles vistas al valle del Tajo. Segunda mañana 10.00 Sinagoga del Tránsito Justo detrás del Museo del Greco, donde dimos por concluido nuestro paseo ayer por la tarde, se levanta la Sinagoga del Tránsito, que fue construida durante el reinado de Pedro I, a mediados del siglo XIV, por su tesorero, el poderoso Samuel Leví. Hoy es sede del excepcional Museo Sefardí, divulgador infatigable de la cultura judía: exposiciones, conciertos, congresos, cursos… La pieza estelar del museo es la propia sinagoga. Impresionante, la sala de oración, cubierta con una armadura de tradición mudéjar.11.00 Callejones de la JuderíaLa Judería de Toledo no tuvo una sola sinagoga. Tuvo diez. Y cinco casas de estudio y palacios como el de Samuel Leví (el actual Museo del Greco) y viviendas para sus casi 4.000 vecinos, además de escuelas, zocos, orfanatos, carnicerías, tiendas, hornos, baños, dos fortalezas y una cerca que abarcaba la décima parte del entramado urbano de Toledo. Aunque mucho de eso se perdió, el tiempo ha respetado el trazado angosto y laberíntico de este barrio lleno de cuestas, travesías, bajadas, plazuelas y callejones sin salida: Verde, San Juan de Dios, Naranjos, Siete Revueltas, Esquivias, Alarife… Genuinamente medieval es el sabor de la calle Ángel, con su arco-pasadizo. Y la atmósfera de la calle Judería, que permanece inmune a la plaga de tiendas de souvenirs. El tiempo ha respetado el trazado angosto y laberíntico de la Judería, llena de cuestas, travesías, bajadas, plazuelas y callejones sin salida 12.00 Santa María la Blanca y el arco del JudíoEntre las calles Judería y Reyes Católicos, se yergue desde principios del siglo XIII la sinagoga de Santa María la Blanca. Es el monumento más bello de la ciudad, con sus arcos de herradura (blancos y livianos como palomas) apoyados sobre 32 columnas octogonales, cada una con su capitel labrado de distinta manera. A menos de 100 metros de esta belleza, en la confluencia de las calles Reyes Católicos y Ángel, nace la travesía del Arquillo, uno de los rincones más sugerentes de la Judería. A esta callejuela se accede a través del arco del Judío (de ladrillo, en forma de herradura), que recuerda las puertas con las que se cerraba el barrio al caer la noche.13.00 La casi tumba de Isabel y FernandoAhí mismo, frente al arco del Judío, está el monasterio de San Juan de los Reyes, bellísimo ejemplo del gótico isabelino, iniciado en 1476, donde Isabel y Fernando pensaban ser enterrados hasta que conquistaron Granada y cambiaron de planes. Aunque la iglesia es magnífica, la supera el claustro, donde se nota la mano de cinceladores moriscos. Segunda tarde 14.00 Comedor tradicional o de vanguardia Para comer bien en la Judería, tenemos La Perdiz (Reyes Católicos 7), un clásico toledano cuyas especialidades son las setas confitadas y la perdiz estofada. En el mismo barrio, pero en el polo opuesto, está Maruxiña Lounge, un restaurante urbano, vanguardista, selecto, con bar de tapas, comedor y terraza para cenas y cócteles. Si no nos importa cambiar de zona, podemos ir detrás de la catedral a probar uno de los restaurantes favoritos de los toledanos, Locum: cocina moderna con base tradicional y producto de calidad en una casa del siglo XVII con patio de tres alturas.16.00 De puerta en puertaAl final de la calle Reyes Católicos, se encuentra la monumental puerta del Cambrón, la principal de la Judería, abierta en la antiquísima muralla (romana, visigoda y, fundamentalmente, árabe) de Toledo. Para bajar la comida, podemos ir rodeándola hacia la derecha, por el exterior, hasta llegar a la puerta de Alfonso VI y a la vecina de Bisagra, que es la más importante de la ciudad y la más imponente, con sus grandes torreones y su escudo imperial. Entrando por ella y subiendo por la calle Real del Arrabal, enseguida veremos la puerta de Bib-al-Mardum, junto a la mezquita del Cristo de la Luz, una visita también muy recomendable. Poco más arriba, en la calle Carretas, se hallan la puerta del Sol y la de Alarcones. Cuando se iluminan por la noche, éste es un recorrido aún más bonito. 18.00 Una calle de armas tomar  Las tiendas de recuerdos de la calle Comercio están llenas de armas blancas de todas las formas y tamaños, desde alabardas hasta espaditas para pinchar aceitunas, pasando por catanas y estoques de torero. Si queremos algo más práctico, mejor ir a Casa Cuartero, que desde 1920 lleva vendiendo cosas ricas a los toledanos: queso, aceite, vino, cecina de ciervo, chorizo de jabalí, patés de caza, conservas gourmet, mantecados, turrón artesano, arrope, miel…19.30 Puesta de sol y cena en los CigarralesHa llegado la hora de coger el coche, que no lo hemos tocado en dos días, y dirigirnos a la otra orilla del Tajo, la sur, la de los Cigarrales o fincas campestres, donde siempre les gustó relajarse a los grandes prelados, políticos y militares toledanos. Nuestro destino: el Parador de Toledo. Y nuestra intención: contemplar desde su terraza la ciudad, cuando el último sol dora las piedras milenarias y hace sangrar los ladrillos mudéjares. Verla bañándose en la piscina, es otro lujo. Y otro mayor, cenando. También se cena de maravilla y con vistas en La Ermita y en Hierbabuena. Más ciudades para visitar en 48 horas Zamora: del Romancero al futuro Zamora Soria, la ciudad de los poetas Soria Lisboa íntima y universal Lisboa Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago de Compostela

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El récord mundial de iglesias románicas en una ciudad lo tiene Zamora, con 23. Más curioso, por inesperado, es su gran catálogo modernista, con 19 edificios de este estilo. Y más sorprendentes, todavía, son las relucientes calles peatonales que esconde dentro de sus viejas murallas (“Zamora, la bien cercada”, se le llamaba en el Romancero hace mil años). Sin olvidar los museos de nueva arquitectura, que son las armaduras de aluminio y cristal que esta ciudad medieval necesita para seguir dando guerra en el futuro. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.30 Plaza Mayor: el escaparate de la ciudad “No se ganó Zamora en una hora”, advierte el viejo refrán castellano. Pocas cosas se pueden hacer en una hora, es verdad, pero si no tuviéramos más que ese tiempo para conocer Zamora, podríamos sentarnos a desayunar tranquilamente en una terraza de la Plaza Mayor, porque éste es el mejor escaparate de la ciudad, donde podemos ver, sin movernos, una selección de las joyas de diversas épocas y estilos que hay en ella.En medio de la plaza está la iglesia de San Juan Bautista, románica. A un lado, el antiguo Ayuntamiento, renacentista. Enfrente, el nuevo, neoclásico. Y a la izquierda de éste, la casa de Juan Gato, modernista. Además, junto al templo, se alza la escultura del Merlú, el dúo de encapirotados, con corneta y tambor destemplado, que recorre la ciudad la madrugada del Viernes Santo avisando a los 6.000 hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno de que va a comenzar la procesión. Y es que la Semana Santa de Zamora es algo muy serio y muy grande: moviliza a casi 40.000 cofrades y la población (66.000 personas normalmente) se multiplica por cinco.11.00 Un insólito patrimonio modernistaA cien metros de la Plaza Mayor, saliendo de ella por la calle Renova, encontramos la plaza de Sagasta, un pequeño triángulo peatonal donde se levanta una de las casas más populares de la ciudad, la de Fidel Luelmo, más conocida por la decoración ecléctica de su fachada como la de las Cariátides. Con ella conviven las casas de Gregorio Prada (1908) y de Norberto Macho (1915), dos de los 19 edificios modernistas que hay en Zamora.La abundancia de construcciones de este estilo, introducido por el barcelonés Francisco Ferriol, hace de Zamora un caso llamativo, pues es una de las pocas urbes españolas no mediterráneas que forman parte de la Red Europea del Modernismo. El estilo que más abunda en Zamora, sin embargo, es el románico, del que hay otra joya más adelante, avanzando por la calle de Santa Clara: la iglesia de Santiago del Burgo. Pero antes de llegar a ella pasamos por la plaza de Zorrilla, que embellece el palacio de los Momos, del siglo XVI, y la escultura La maternidad, obra del artista zamorano Baltasar Lobo (1910-1993).La abundancia de construcciones de estilo modernista hace de Zamora una de las pocas urbes españolas no mediterráneas de la Red Europea del Modernismo 13.00 Para abrir el apetitoAtravesando la plaza de la Constitución, que está al lado de la iglesia de Santiago del Burgo, se accede a la plaza del Mercado. En la plaza de abastos se nos abrirá el apetito viendo y oliendo el queso zamorano, los espárragos de La Guareña y de Toro, los pimientos rojos de Benavente, los garbanzos de Fuentesaúco, los habones, la miel de Sanabria, las dulces cañas, el rebojo y mil otras delicias de la repostería local. Apetito que podemos mitigar tomando el aperitivo en uno de los bares de la misma plaza. Primera tarde 14.00 Ternera de Aliste y vino de Toro  A cinco minutos de la plaza del Mercado, en medio del parque de la Marina, se en-cuentra el restaurante Sancho 2-La Marina, uno de los mejores lugares de la ciudad para comer una chuleta de ternera de aliste acompañada de vino de Toro. A este parque mira también el gastrobar Benito & Co, donde podemos comer a base de tapas imaginativas. Y, si volvemos hacia la Plaza Mayor, en el número 2 de la calle Santa Clara, tenemos La Oronja, restaurante de cocina creativa situado en la segunda planta del antiguo casino Círculo de Zamora, preciosa obra modernista del arquitecto Miguel Mathet y Coloma, de 1905.16.00 Tradición envuelta en arenisca y aluminioLa digestión la podemos hacer tomando un café en el mismo casino. O consultando la cartelera del Teatro Principal, que ocupa un edificio de 1874 al que los lugareños llaman cariñosamente La bombonera. O viendo los escaparates de tiendas de regalos y productos típicos, como El Rincón de Zamora o Aperos y Viandas. Todo esto, más que nada, para hacer tiempo hasta que a las cinco de la tarde abra el Museo Etnográfico de Castilla y León. Su contenido (cántaros, aguijadas, vasares, relicarios, amuletos, máquinas de embutir, futbolines…) contrasta con el muy moderno edificio, obra de Roberto Valle, que ha envuelto en arenisca y aluminio un hospicio de los Austrias que fue luego fábrica de tejidos. 18.00 Una Semana Santa de museoAl salir del museo, subimos por la calle Barandales a la plaza de Santa María la Nueva, donde se levanta la iglesia románica del mismo nombre, del siglo XI. Al lado está el Museo de Semana Santa, donde se guardan 37 pasos. La Semana Santa zamorana, declarada de Interés Turístico Internacional, es una de las más impresionantes de España, por su tono tradicional, austero y dramático. Del Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección, 17 cofradías desfilan por las calles. Momentos clave son el Juramento del Silencio, la procesión de las Capas Pardas y el canto del Miserere en la procesión del Yacente.20.00 Paseo por la muralla antes de cenarPor la calle Orejones, que arranca en la misma puerta del museo, nos acercamos a la plaza de la Leña y, tras contemplar la puerta de Doña Urraca y su palacio, bordeamos la muralla por la ronda de Santa María la Nueva. Después volvemos por el Museo de Semana Santa y por el Etnográfico, para dirigirnos por la calle del Sacramento hacia la plaza de San Miguel, al lado de la Plaza Mayor, que es donde abre su puerta el restaurante Los Caprichos de Meneses. Tiene barra para picotear buena cecina, bacalao (la especialidad de la casa) o foie; comedor para degustar platos modernos con base tradicional, terraza con vistas a la iglesia románica de San Juan Bautista y bodega con más de 600 vinos distintos. 23.00 Copas y dulces sueñosEl copeo nocturno se concentra en dos zonas. Una es alrededor de la Plaza Mayor, donde se encuentran locales como Ópera Café o Gran Café Jalisco, El Buen Amoro Rúa X. Y la otra zona es la que llaman de los Lobos (calles Alfonso de Castro y aledañas), aunque ésta es más conocida por sus tapas que por sus copas, como veremos mañana. Otro clásico de la noche zamorana, que lleva ya tres décadas animándola, es La Cueva del Jazz.Después de las copas (o en lugar de), nos esperan varios buenos hoteles. El NH Palacio del Duero y el AC Zamora ofrecen un ambiente moderno y refinado. Para gustos más tradicionales, están el Parador de Zamora, en el palacio renacentista de los Condes de Alba y Aliste, y el Horus Zamora, que ocupa la mansión de los Bobo, de 1916, que antes fue Banco de España. Segunda mañana 10.00 El terror de los romanos  Si hemos dormido en el Parador no tendremos que madrugar mucho hoy, porque va-mos a empezar nuestro recorrido en la misma plaza de Viriato, donde se alza este pa-lacio del siglo XV. En la plaza hay una escultura de bronce, obra de Eduardo Barrón, que representa a Viriato, el pastor que durante ocho años (de 147 a 140 antes de Cristo) trajo de cabeza a los dueños del mundo. El terror de los romanos era, según el lado del Duero en que se pregunte, zamorano de pura cepa o más portugués que el fado. Para los lusos no hay ninguna duda de que nació en la sierra de la Estrella. Para los zamoranos, es obvio que lo hizo en la comarca de Sayago, en Torrefrades para más señas. También se halla en la plaza la Oficina de Turismo de la Diputación.10.30 En busca del DueroRodeando el Parador por la derecha, encontramos una plaza más pequeña, la de Claudio Moyano. En ella se ubican el Archivo Histórico Provincial, antiguo convento de la Concepción del siglo XVII, y la iglesia de la Concepción. Proseguimos nuestro recorrido bajando por la cuesta de San Cipriano, en busca del Duero. Por el camino des-cubrimos, una al lado del otro, la iglesia de San Cipriano y el Museo de Zamora. El museo es un cubo de líneas diáfanas dibujado por Tuñón y Mansilla, donde se muestran mosaicos romanos y el tesoro celtíbero de Arrabalde. Y la iglesia, otro de los muchos templos románicos que hay en Zamora y que hoy sirve para almacenar lo que no cabe en el museo. 11.30 El Mirador Zen y los molinosCien metros más, bajando por la calle del Puente, y estamos en la orilla del Duero. En 1167 aparecía por primera vez citado, como pontem novum, el puente de Piedra, que consta de 16 arcos apuntados y es tan estrecho que, hasta hace poco, los coches tenían que turnarse para pasar. Desde enero de 2013, que se peatonalizó, disfruta de una merecida jubilación. Muy cerca del puente, aguas abajo, en la cuesta del Pizarro, está el Centro de Interpretación de las Ciudades Medievales, alojado en un edificio de cristal de Rafael Berchez que aprovecha una brecha en la muralla. Además de la parte expositiva, en que se explica la génesis de Zamora, hay un mirador Zen para contemplar el río relajadamente.De vuelta en la orilla, y ya sin apartarnos de ella, bordeamos las peñas de la ciudad amurallada a lo largo de casi un kilómetro, hasta descubrir, al lado de la iglesia románica de San Claudio, las aceñas de Olivares, tres molinos del siglo X que han sido remozados para albergar el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua. 13.00 Regreso a la ciudad amurallada A la altura de las aceñas se encuentra el mejor acceso, el más impactante, al recinto amurallado de Zamora: la puerta del Obispo, también llamada Óptima. A mano derecha, nada más entrar, se descubre la casa medieval del Cid, que dicen que fue la residencia del joven Rodrigo Díaz de Vivar, antes de ser armado caballero. A la otra mano, el palacio Episcopal. Y enfrente de este, la portada del Obispo (cien por cien románica, la única que no ha sufrido alteraciones) de la catedral. La catedral de la Transfiguración del Salvador (tal es su nombre, que no usa nadie) se levantó en sólo 23 años (entre 1151 y 1174) y es una de las obras cumbre del románico en España. En ella destaca, más incluso que la majestuosa torre-campanario cuadrada de 50 metros, el cimborrio, que está recubierto de escamas.Hay quienes piensan que esta curiosa cúpula denota influencia bizantina; para otros, francesa y lombarda; y luego están los que consideran que es un invento puramente zamorano, como el bacalao a la tranca. A cien metros de la catedral, en la plaza de Arias Gonzalo, se encuentra la Oficina Municipal de Turismo.14.30 Cocina de autor o arroz a la zamoranaHemos dado un buen paseo y visitado un museo, dos centros de interpretación y otras tantas iglesias románicas. Lo normal es que tengamos ya un cosquilleo en el estómago. Si, para calmarlo, preferimos cocina de autor, nuestra elección será El Rincón de Antonio. Si buscamos algo típico (arroz a la zamorana, bacalao a la tranca, lechazo…), iremos a Serafín o a la no demasiado céntrica Casa Cipri. El restaurante del hotel NH y el del Parador serán también dos elecciones acertadas. Segunda tarde 16.30 Un castillo lleno de lobos Volvemos a la plaza de la Catedral. Allí, además de la entrada para visitantes del templo, se abre la puerta plateresca que da paso al parque del Castillo y al castillo propiamente dicho, soberbiamente rehabilitados en 2009, donde se exponen, al aire libre y bajo techo, más de medio centenar de lobos. Nos referimos a los bronces y mármoles del escultor zamorano Baltasar Lobo, famoso por sus curvilíneos torsos femeninos y sus orondas mamás jugando con bebés. La antigua casa de los Gigantes, en una esquina del parque, es ahora el Centro de Arte Baltasar Lobo donde, además de esculturas, se muestran dibujos, fotografías de la vida del artista y útiles de trabajo. Las labores de restauración han hecho accesibles todas las zonas del castillo, incluso las almenas, que ahora son un estupendo mirador de la ciudad, sobre todo al atardecer.Al lado del centro de arte, pero fuera del parque, está el portillo de la Lealtad, por donde Vellido Dolfos se metió en la ciudad, huyendo como un cobarde, después de apuñalar al confiado rey Sancho II. La historia completa es un poco larga para contarla aquí. Baste decir que corría el año 1072, que el rey asediaba la ciudad de su hermana Urraca y que, a pesar de la muerte a traición de aquel, Zamora, “la bien cercada”, resistió siete meses largos. No se ganó Zamora en una hora, no.20.00 Tapeando en los LobosTodavía hay otros lobos más famosos en Zamora, y no son los ibéricos que habitan en la sierra de la Culebra, a 45 kilómetros al noroeste de la capital. Es la zona de los Lobos, donde todo el mundo va a tapear. Desde la Plaza Mayor, se llega en cinco minutos por las calles Renova y San Torcuato. Al final de ésta, raro sería que no viéramos gente esperando para entrar en el célebre bar El Lobo. Dicen que quien no ha comido sus pinchos morunos, no ha estado en Zamora. Hay que probar también las tapas de casquería de El Abuelo (Alfonso de Castro, 3), los callos del Tupinamba y los Tiberios (mejillones en salsa picantona), Perdices (sardinas rebozadas) y patatas bravas del Bambú (Flores de San Torcuato, 1). Más ciudades para visitar en 48 horas Tenerife: de la playa a las estrellas Tenerife Cuenca, desafío al espacio y al tiempo Cuenca Gótica y vanguardista Valencia Todo un descubrimiento Huelva

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La capital de la isla, Santa Cruz de Tenerife, tiene uno de los mejores carnavales del mundo. Arquitectura moderna deslumbrante, firmada por Santiago Calatrava y Herzog & de Meuron. Playas del fin del mundo y bosques prehistóricos en la península de Anaga. Y una vecina, San Cristóbal de la Laguna, que es Patrimonio de la Humanidad. Si todavía queremos más, podemos subir al Teide y, desde sus 3.718 metros, ver y casi tocar las estrellas. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.30 La Cruz de la Conquista  En 1500, seis años después de que Castilla se lanzara a la conquista de Tenerife, empezó a construirse la que, andando el tiempo, sería la iglesia de la Concepción, una de las más queridas de los tinerfeños y, después del templo homónimo situado en La Laguna (que también vamos a visitar), la parroquia más antigua de la isla. Su elemento más representativo es la estilizada torre, que data de casi tres siglos después de su edificación (1786). En su interior destaca la Cruz de la Conquista, que el adelantado Alonso Fernández de Lugo bajó con sus propias manos al desembarcar en la isla en 1494. Los vecinos, como muestra de cariño y reconocimiento, se refieren al lugar como la catedral de Santa Cruz, pese a que no es una catedral ni una basílica. La catedral de la diócesis de Tenerife es la de La Laguna.10.30 Arquitectura y arte contemporáneosCruzamos el puente del Cabo. Mirando al frente descubrimos el Museo de la Naturaleza y El Hombre (que vamos a visitar mañana) y, a la derecha de éste, el TEA, Tenerife Espacio de las Artes. Lo primero que llama la atención son las 1.200 piezas acristaladas, casi todas de diferentes tamaños y formas, que salpican la fachada diseñada por los famosos arquitectos suizos Herzog & de Meuron, junto con el canario Virgilio Gutiérrez Herreros. El lugar juega con rampas y ambientes abiertos que difuminan la frontera entre el espacio público y el privado, presentándose como una invitación para adentrarse en sus salas. La oferta cultural del TEA se basa en un programa de exposiciones temporales y actividades destinadas a atraer al mundo del arte a público no especializado, generando curiosidad y reflexión. Su sala de cine independiente, de autor y documental es una de las grandes aportaciones a la escena cultural de la isla. 12.30 El Tigre que dejó manco a Nelson  Los mismos arquitectos que diseñaron el TEA se ocuparon de la remodelación de la plaza de España, a la que llegamos en cinco minutos por la avenida de San Sebastián y tirando a la izquierda por Bravo Murillo. En 2006, durante las obras en la plaza, aparecieron las ruinas del castillo de San Cristóbal, que formó parte del sistema defensivo de Tenerife desde 1575 hasta su derribo en 1928. Una galería subterránea permite visitar sus restos en el Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal. En una sala especial, vemos la joya del centro: el mítico cañón Tigre, el que dicen que arrancó el brazo derecho al almirante Nelson cuando, en 1797, intentó invadir la isla. Es un cañón de bronce del siglo XVIII, fundido en Sevilla, de unos tres metros de largo y dos toneladas de peso.Si nos interesa profundizar en la historia bélica de la isla, podemos acercarnos al cuartel de Almeida (a diez minutos de la plaza de España, por la calles de la Marina y Arquitecto Marrero Regalado), donde está instalado el Museo Militar Regional. Allí veremos otro ‘cañoncito’, el Hércules, que fue forjado en Flandes en el siglo XVI, de casi cinco metros y más de 3.500 kilos. Primera tarde 14.00 Japonés, vasco y canario Pegado a la plaza de España está Kazán, restaurante de cocina japonesa de autor que los que más saben de sushi dicen que es uno de los mejores lugares de España para comerlo. Otras dos buenas opciones son Clavijo Treinta y Ocho, donde degustaremos platos con un toque vasco, y el Bistró de Víctor Cruz, que ofrece cocina de fusión y especialidades canarias en plan desenfadado, mucho pincho y picoteo, cazuelitas y guisos en formato tapa.16.00 Jardín botánico y escultóricoConstruido en los años veinte del pasado siglo, el parque García Sanabria es un auténtico jardín botánico donde se puede pasear atravesando pasadizos de bambúes chinos, leer bajo una palmera canaria o recostarse en un drago aspirando el perfume de las distintas flores tropicales. Salpican el parque numerosas esculturas contemporáneas, procedentes de la Primera Exposición Internacional de Esculturas en la Calle, celebrada en el invierno de 1973-1974. Obras de Moore, Gaudí, Chirino, Paolozzi, Torner…, pueden verse aquí, en la vecina rambla de Santa Cruz y en otros parques y plazas de la ciudad. Se puede aprovechar también para conocer la cercana plaza 25 de Julio, o de los Patos, con su réplica de la fuente de las Ranas del sevillano parque de María Luisa y sus bancos de azulejos con publicidad de las empresas que patrocinaron la construcción de esta glorieta a comienzos del siglo XX.En el parque García Sanabria podemos pasear atravesando pasadizos de bambúes chinos o recostarnos en un drago 17.00 Un café largo de cultura  Nuestro siguiente destino es la iglesia de San Francisco. En diez minutos desde la plaza 25 de Julio (por las calles Viera y Clavijo, Pérez Galdós y Villalba Hervás), llegamos a este bello ejemplo del estilo barroco insular (su fachada actual data de 1777), cuyo antiguo huerto es hoy la vecina plaza del Príncipe. Dentro nos fijamos en una curiosa talla del Señor de las Tribulaciones, que está hecha de pasta de maíz y se cree que vino de Sudamérica, y en el retablo central, una joya del barroco. Antes o después, nos podemos pasar por el Círculo de Bellas Artes a tomar un café y ver las exposiciones que haya.18.00 La playa sahariana de las TeresitasAprovechamos que el sol aún calienta, pero ya no aprieta, para relajarnos en las reputadas playas tinerfeñas. A ocho kilómetros del centro, por la TF-11 (en autobús, la línea 910 parte cada pocos minutos del Intercambiador de Transportes, en la avenida de la Constitución, delante del auditorio), se hallan el barrio de San Andrés y la playa más popular de Santa Cruz, la de las Teresitas, de arena fina y dorada (traída del Sáhara) y aguas cristalinas y calmas, que relajan nada más verlas. 21.00 Cocina canaria de mercado Para cenar, hemos elegido un excelente restaurante de cocina canaria elaborada con los productos más frescos del mercado, sobre todo, pescados: El Coto de Antonio. En la misma zona tenemos, como alternativas más económicas, Los Troncos, que ofrece platos caseros del recetario isleño y castellano, y la familiar Taberna Ramón, también de cocina canaria de mercado.22.00 Diversión en la NoriaMerece la pena volver a la plaza de España a esta hora, cuando la impactante fuente central y todo el espacio que la rodea se iluminan, proporcionando un espectáculo realmente llamativo. En cinco minutos, por General Gutiérrez, Imeldo Serís y Candelaria, nos plantaremos en la calle Antonio Domínguez Alfonso (más conocida como la Noria, por la que se instalaba aquí antiguamente), donde se concentra la animación nocturna. En la calle Clavel hallaremos locales más alternativos, como Banda Aparte y el Generador, que está enfrente. Y si nos tira la ruleta, iremos al Casino de Santa Cruz, en los bajos del lujoso Grand Hotel Mencey, que para irse después a descansar no es una mala opción, desde luego. Segunda mañana 9.30 Canarias, laboratorio científico Canarias, mucho antes de ser un paraíso para los turistas, ya lo era para los naturalistas y los científicos. Darwin, Humboldt, Verneau, Lyell y Berthelot, entre otros, realizaron expediciones a las islas durante los siglos XVIII y XIX, encontrando en ellas un verdadero laboratorio bioantropológico. Comenzamos la segunda mañana visitando el Museo de la Naturaleza y el Hombre, un espacio donde confluyen arqueología, geología y ciencias naturales. El museo está ubicado en el antiguo Hospital Civil, una de las más bellas arquitecturas neoclásicas de las islas. Sus piezas más impactantes y valiosas son, sin duda, sus momias guanches (antiguos aborígenes del archipiélago). Nos conviene informarnos bien para decidir el recorrido y elegir los contenidos que más nos interesen (arqueología de Tenerife, grabados rupestres, evolución y especiación, botánica, prehistoria, minerales, rocas y fósiles, biología marina, meteoritos…), ya que, seguramente, no tendremos tiempo de verlo todo.11.30 Colores y sabores localesEn dos zancadas, rodeando el museo y el vecino TEA, nos ponemos en el Mercado de Nuestra Señora de África La Recova, un bonito edificio neocolonial (1943) de dos plantas, con patio central, que es el lugar idóneo para adquirir productos típicos de la isla (papas negras, vinos, ron…) y conocer el ambiente y el auténtico sabor de la ciudad. 12.30 Playas del fin del mundoEl municipio de Santa Cruz abarca gran parte de la península de Anaga, el extremo nororiental de Tenerife, un macizo de cumbres recortadas, profundos barrancos, costas acantiladas y playas del fin del mundo, a las que no siempre resulta fácil llegar. Tal es el caso de la playa de Antequera, un arenal dorado de 400 metros, sin acceso por carretera y bastante complicado a pie, a donde podemos acercarnos en un barco-taxi de Náutica Nivaria. Otras playas preciosas, a las que sí se puede ir en coche, son las de Almáciga, Roque de las Bodegas y Benijo.Si no nos apetece ir a la playa, podemos dedicar las últimas horas de la mañana a visitar el Auditorio de Tenerife, construcción emblemática de Santiago Calatrava, cuyas formas vanguardistas recuerdan una ola gigantesca saltando desde el mar. Las visitas suele ser guiadas y con cita previa. A 400 metros del Auditorio, se halla el Recinto Ferial, obra también de Calatrava, donde tienen lugar algunos de los actos más sonados del Carnaval, como los concursos de murgas o la elección de la reina. Justo enfrente se ha inaugurado, en otoño de 2013, el Palmetum, un jardín botánico de 120.000 metros especializado en palmeras, que atesora la mayor colección de ellas en Europa. En la Oficina de Turismo informan sobre horarios y tarifas. Segunda tarde 14.30 Una vecina que es Patrimonio de la Humanidad Vamos a dedicar la última tarde a conocer la vecina San Cristóbal de La Laguna, un ejemplo único de ciudad colonial no amurallada, trazada ex novo a cordel en 1497 como modelo para América, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Podemos ir a La Laguna en coche (está a diez kilómetros por la autopista del Norte) y en guagua; pero el mejor transporte, el más relajado y vistoso, es el tranvía que une desde 2007 ambas poblaciones. Una vez allí, lo primero, antes de ver nada, es comer. Una buena recomendación: La Perica, una tienda-bar montada al estilo tradicional en la zona peatonal de La Laguna, cuyo lema lo dice todo: queso, vino y compañía.16.30 Paseo por el siglo XVLa primera capital de Tenerife, fundada por Alonso Fernández de Lugo tras la rendición de los guanches en 1496, conserva casi intacto su trazado original del siglo XV, un casco histórico trufado de casonas, conventos y palacios que parece inmune a los estragos del progreso. Sus calles rectilíneas, sus colores y su ambiente nos transportan a ciudades coloniales de América como La Habana Vieja (Cuba), Lima (Perú) o Cartagena de Indias (Colombia), con la cual, por cierto, está hermanada. La joya de los laguneros es la iglesia de la Concepción, el primer templo que se fundó en Tenerife y la parroquia matriz a partir de la cual se han gestado todas las demás de la isla. La torre cuadrada de cantería, del siglo XVII, es su elemento más atractivo y emblemático. 17.30 Los primeros mapas del archipiélago En el número 88 de la calle Herradores, a 150 metros de la iglesia, el Café Don Tito es un buen lugar, fresco y acogedor, para hacer un alto los días de más calor. Tampoco se está mal en la terraza, viendo pasar a la juventud (22.000 estudiantes hay en la Universidad de La Laguna) por esta popular calle peatonal. Después de un buen café y de un paseo de cinco minutos por las calles Núñez de la Peña y San Agustín, llegamos a la casa Lercaro, de finales del siglo XVI, que perteneció a una familia de comerciantes genoveses instalada tras la conquista y que hoy es una de las sedes del Museo de Historia y Antropología de Tenerife. Fascinante su colección de cartografía de Canarias, con documentos que datan del siglo XVI. En la misma calle, seis números más adelante, está el Palacio Episcopal, que nadie diría que fue devorado por las llamas en 2006, viendo su aseada fachada barroca, su patio de columnas y sus obras de arte, incluidos dos bustos de Benlliure. Si tenemos tiempo, el convento de Santo Domingo, en la calle del mismo santo, es otra visita recomendable y apetecible.21.00 Cena en Santa CruzTres sugerencias para cenar bien a nuestro regreso a Santa Cruz de Tenerife: Los Menceyes, el elegante restaurante del Grand Hotel Mencey, con cocina de mercado muy elaborada y vistas al gran jardín; el Gastrobar MNH Armando Saldanha, dentro del Museo de la Naturaleza y el Hombre, ideal para picotear cocina canaria en tapas de formato atrevido y tomarse después un gin tonic; y La Cazuela, una bonita casa santacrucera con agradable terraza donde, entre otros platos, bordan el steak tartar. 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