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Foto de Valladolid

Valladolid

EDITORIAL

Aquí nacieron o vivieron o murieron tantos personajes ilustres (Colón, Felipe II, Cervantes, Zorrilla, Delibes…), que uno podría estarse dos días sin hacer otra cosa que visitar casas-museo. Fue la capital de España (1601-1606) y aún hoy lo es de la buena vida, con museos tan importantes como el Nacional de Escultura, magníficos teatros y auditorios y las mejores barras de tapas de Castilla.  Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Bienvenida de Cervantes  Nuestro paseo comienza en la plaza de la Universidad, donde nos recibe, esculpido en bronce, Miguel de Cervantes, que vivió aquí de niño y también en el momento más importante de su carrera literaria, entre 1604 y 1606, cuando publicó la primera parte del ‘Quijote’. Frente a la estatua, se alza la fachada barroca de la Universidad. Y a su espalda, la catedral. Rodeándola, veremos, desde la plaza de Portugalete, que el edificio se interrumpe de golpe, como cortado por una guillotina. Y es que la obra, iniciada en el siglo XVI sobre planos de Juan de Herrera, quedó inacabada por falta de fondos.11.30 La cuna de Felipe IIA un paso de la catedral, arranca la calle Angustias, en cuyo número 1 se sitúa el magnífico Teatro Calderón, que además de ‘troupes’ en gira, acoge la Semana Internacional de Cine, Seminci. Avanzando por esta misma calle, con la mirada entretenida con los muchos detalles de las casas señoriales, llegaremos sin darnos cuenta a la plaza de San Pablo.La esquina de la derecha, según se entra en la plaza, está ocupada por el palacio de Pimentel, donde nació Felipe II. Hoy es la sede de la Diputación de Valladolid. En el exterior, repararemos en la preciosa ventana esquinera, de estilo plateresco; dentro, en el zaguán decorado con azulejos de Talavera. A la izquierda aparece el Palacio Real, del siglo XVI, que fue la residencia de Felipe III mientras Valladolid fue la capital de España, entre 1601 y 1606. El otro lado de la plaza se halla ocupado por la iglesia de San Pablo, cuya fachada es una filigrana gótico-isabelina, tan fascinante como su interior catedralicio. 12.30 Orfebrería de piedra Justo detrás se encuentra el Museo Nacional de Escultura, que está alojado en el colegio de San Gregorio. Un museo excepcional por tres motivos: por el propio colegio, que es orfebrería fina de piedra, del siglo XV; por su reciente rehabilitación, obra de los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano; y por el contenido, un compendio de imaginería española, con piezas de Alonso Berruguete, Juan de Juni o Gregorio Fernández, entre otros. El fondo del museo es tan amplio que está distribuido por otros edificios vecinos: el palacio de Villena y la casa del Sol.13.30 Plaza Mayor: el gran escenarioDesde San Pablo se va directamente, por la calle de Felipe II y su prolongación, a la Plaza Mayor, el punto de reunión preferido de los vallisoletanos. Muchos quedan a los pies de la estatua de Don Pedro Ansúrez, el repoblador de Valladolid. Es escenario de mercadillos, fiestas, actuaciones y de las famosas procesiones de Semana Santa. También lo fue de los tristemente célebres autos de fe de 1559, inmortalizados por Delibes en El hereje, cuando 2.000 personas cómodamente sentadas presenciaron cómo la incipiente comunidad protestante vallisoletana era condenada a la hoguera. Está rodeada por edificios con soportales. El más importante, en el lado norte, es el Ayuntamiento, de estilo neorrenacentista, presidido por la Torre del Reloj, que se puede visitar llamando a la Oficina de Turismo. En el lado contrario, destaca el Teatro Zorrilla. Primer tarde 14.00 Pinchos de campeonato Hora de elegir alguno de los buenos restaurantes que hay alrededor de la Plaza Mayor. Como La Criolla, que es un referente de la mejor cocina castellana. Son famosas sus mollejas. El Caballo de Troya es otra institución. Se encuentra en un palacio del siglo XVI, con precioso patio de columnas. Es imprescindible probar las legumbres y los postres caseros. También en la calle Correos, en el número 7, está La Mina, del mismo propietario que La Criolla, con buenas tapas. Aunque, si lo que queremos es probar las mejores tapas y pinchos de campeonato, iremos a Los Zagales, que ha ganado varios concursos nacionales: croquetas, hojaldrillo relleno, verbena de canapés, embutidos ibéricos, mollejas de lechazo… Otro excelente lugar para tapear es Villa Paramesa, donde hacen pequeñas obras de arte gastronómicas.16.00 Campo Grande: de hoguera a jardínLa calle Santiago lleva en cinco minutos dela Plaza Mayor al Campo Grande, un triángulo verde de unos 500 metros a cada lado (11,5 hectáreas) que es el pulmón verde de la ciudad. Este parque, construido a finales del siglo XVIII, se acondicionó en 1877 como jardín romántico. Si el tiempo acompaña, es un placer grande y gratuito pasear hasta la pérgola y la fuente del Cisne, hacia el estanque y la cascada, y hacerse una foto en el monumento al Fotógrafo, al lado del paseo del Príncipe.Es un placer grande y gratuito pasear por el Campo Grande, pulmón verde de la ciudad 17.30 Del Pisuerga al PacíficoCruzando el Campo Grande se sale al paseo de los Filipinos, donde se halla el Real Colegio de los Padres Agustinos. Su interior acoge las 18 salas del Museo Oriental. Es el legado de los agustinos que, desde el siglo XVI, fueron los principales evangelizadores del sudeste asiático. A su regreso, trajeron consigo parte de la cultura de los países donde vivieron: caligrafías y muebles chinos, cerámica de Filipinas e incluso la armadura de un samurái japonés de los siglos XVII-XVIII. 19.00 Tiendas y ríos de luz Al salir del museo, bordeamos el Campo Grande por la izquierda (o sea, por el oeste) siguiendo el paseo de Zorrilla, una arteria animada y llena de comercios y tiendas de las mejores firmas, y luego continuamos por Miguel Íscar hasta la plaza de España. Por la mañana hay mercado de frutas y flores, pero a esta hora, sin embargo, está algo más tranquila, así que podemos aprovechar para tomar un café.Después salimos de la plaza por la calle López Gómez y doblamos por la segunda a la izquierda (Fray Luis de León). Hemos de ir despacio; si no, nos pasaremos la entrada del Pasaje Gutiérrez. Se trata de una corta galería comercial cubierta, recuerdo de la época de prosperidad burguesa, que se levantó en 1886, siguiendo la moda de las grandes capitales europeas de la época. El Pasaje Gutiérrez forma parte de la ruta Valladolid, ríos de luz: 35 edificios y monumentos de la ciudad que, al caer la noche, se iluminan con luces led de diferentes colores. Por ejemplo, las torres de las iglesias lucen moradas en Adviento, Cuaresma y Difuntos. El recorrido puede hacerse por libre, descargándose previamente en la web del proyecto el folleto o la aplicación móvil. 21.00 Trigo para cenar A 150 metros del Pasaje, junto a la catedral, abre su puerta el restaurante Trigo, cuyo nombre es un homenaje al ‘oro de Castilla’ y cuya cocina, creativa pero no minimalista, ofrece lo mejor que da esta ancha tierra cada temporada: verduras de las huertas de Tudela de Duero y La Bañeza, carnes supremas de Castilla y León, setas, trufas, caza, quesos…La velada se puede prolongar en alguna de las cuatro zonas de marcha que hay: Paraíso, Coca-San Lorenzo (la más pijilla), Universidad-Portugalete (la más animada) y alrededor de la iglesia de Santa María de la Antigua, a un paso de donde hemos cenado. Segunda mañana 10.00 Ciencia sobre el río Comenzamos la segunda jornada en Valladolid visitando el Museo de la Ciencia. El edificio es obra de Rafael Moneo y Enrique de Teresa, que aprovecharon una antigua fábrica de harina. Conserva una de las fachadas de ladrillo rojo, que contrasta con la torre enrejada o con la cúpula de hormigón del planetario. En su colección, llama la atención el único coche declarado Bien de Interés Cultural en España: un modesto Renault 4, el primero que salió de la fábrica de FASA Renault en Valladolid, en 1953.Cruzando el Pisuerga por la pasarela peatonal, se accede a la casa del Río, un anexo del museo donde se explican los ecosistemas fluviales con módulos interactivos, pero también con acuarios y terrarios llenos de peces, anfibios y crustáceos que habitan (o habitaron alguna vez) estas aguas y estas riberas. Desde la pasarela, disfrutamos de una magnífica vista de la ciudad, con el Puente Colgante frente a nosotros. 11.30 Por la moderna margen izquierda Tomamos la avenida de Salamanca como eje de la ruta y nos dirigimos hacia el norte. En nuestro recorrido, podemos ver el antiguo Monasterio de Nuestra Señora de Prado, que ocupan las consejerías de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León; el Centro Cultural Miguel Delibes, obra de Ricardo Bofill, con una sala sinfónica que sirve de nido a la Orquesta de Castilla y León; o la sede de las Cortes de la Junta de Castilla y León . Para variar (y ahorrar fuerzas), podemos usar el servicio gratuito de préstamo de bicicletas Vallabici.12.00 La Leyenda del PisuergaHemos llegado al Puente Mayor, el más antiguo de la ciudad. Cuando lo crucemos, a nuestra derecha veremos la playa de las Moreras donde, en verano, se tuestan y remojan los vallisoletanos. También veremos una embarcación blanca que recuerda a los viejos vapores del Misisipi. Es la Leyenda del Pisuerga, un barco de 25 metros que zarpa los sábados y domingos, a las 12.00, hacia Arroyo de la Encomienda, cinco kilómetros río abajo. Información y billetes, en la Oficina de Turismo. 12.30 Dulces y arte contemporáneo Damos la espalda al Pisuerga para meternos por la calle de la Encarnación, en cuyo número 6 está el monasterio de Santa Isabel, de clarisas franciscanas, que además de una curiosa visita, tiene fama por sus dulces: Isabeles, Amarguillos, Cocadas, Paciencias… Justo enfrente, en el antiguo monasterio de San Benito, se halla el impresionante Patio Herreriano (Museo de Arte Contemporáneo Español), cuya colección contiene más de 1.100 obras de artistas de la talla de Dalí, Miró, Chillida o Tàpies.13.30 La casa de un famoso hidalgoAunque vayamos justos de tiempo, merece la pena hacer una escapada al Museo Casa de Cervantes. El escritor vivía en este inmueble cuando publicó la primera parte del ‘Quijote’ (1605). En su interior se ha recreado el ambiente de una casa discretamente decorada, de acuerdo con las posibilidades de un hidalgo del siglo XVII. Hay que darse prisa porque cierra a las 15.00. Desde el Patio Herreriano, es un paseo de un cuarto de hora. Segunda tarde 15.00 Asadores, barras de tapas y gastrobares Para comer, hay dos sitios bien conocidos por su lechazo: El Figón de Recoletos y La Parrilla de San Lorenzo. Una alternativa más moderna (y alejada del centro) es la cocina creativa de Ramiro’s, en el Centro Cultural Miguel Delibes. Y una tercera opción es hacer alguna de las rutas de tapas que proponen los hosteleros vallisoletanos. Algunas sugerencias: en Don Bacalao tienen curiosas tapas de eso mismo, de bacalao: en compañía de boletus o sus cocochas al pil pil y con salsa de toffee… Hay quien prefiere el arroz a la zamorana de Vinotinto o las tortillas rellenas de La Central. Entre los clásicos, destacan las tostas y los bocadillos recién hechos de La Cárcava y los torreznos del Alarcón. Lo último, lo más actual, son gastrobares como MQ y la moda oriental: Sushitería, que además organiza talleres, o Taberna Wabi-Sabi.  17.00 Otros dos vecinos famososLa tarde la vamos a dedicar a visitar las casas de otros dos vecinos ilustres. Primero, la renovada casa de Zorrilla, en la que nació el autor en 1817 y donde vivió sus primeros siete años. Entre las piezas que se exponen, están su mesa de despacho y su máscara mortuoria. Tiene también un jardín romántico, perfecto para una escena a lo don Juan con doña Inés. De hecho, hay un tablón recortado para la foto.Después visitamos la casa Museo de Colón, que no es, como algunos creen, donde el navegante murió en 1506, porque nadie sabe con certeza en qué lugar de Valladolid lo hizo. La casa reproduce parcialmente el palacio virreinal de su hijo Diego en Santo Domingo y ofrece información sobre Colón y su época con un gran despliegue multimedia. Merece la pena acercarse luego, por las Colón y Cardenal Mendoza, al palacio de Santa Cruz, que es el monumento que mejor refleja el Valladolid de los tiempos del almirante. Edificado en el siglo XV por dicho cardenal, aloja el rectorado de la Universidad y encierra tres maravillas: el patio de tres pisos con arquerías de medio punto, la biblioteca vieja y la talla del Cristo de la Luz, de Gregorio Fernández. 18.00 Alternativa culturalSi las glorias del pasado no nos conmueven, la alternativa para pasar la tarde puede ser el arte más actual, que se crea, se expone, se canta, se interpreta y se representa en el LAVA, laboratorio de tendencias instalado en los antiguos Mataderos, al final del paseo de Zorrilla, en el número 111. Hagamos lo que hagamos, luego regresaremos al centro histórico, hacia la Plaza Mayor, dando un último paseo por calles que ya son un poco nuestras. Nos confundiremos con los transeúntes que hacen las últimas compras o con los grupos de amigos que deciden el sitio donde cenar o tomar una copa. Tampoco hay que matarse a pensar, porque las zonas de copeo coinciden con las de tapeo. Solo cambian los locales. Más ciudades para visitar en 48 horas Segovia románica, judía y machadiana Segovia Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago Maó, el puerto más deseado Menorca Lisboa íntima y universal Lisboa

Foto de Segovia

Segovia

EDITORIAL

Erigida sobre un promontorio de afilada proa en la confluencia del Eresma y el Clamores, Segovia ofrece la más bella postal urbana de la vieja Castilla. Es, por antonomasia, la Ciudad del Acueducto, pero el rastro dejado en ella por los romanos es escaso comparado con otros muchos vestigios de distintas épocas (iglesias románicas, por ejemplo) que salpican el laberinto de sus calles y que le han valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Los pasos de los judíos por la antigua aljama o los de Machado por la Alameda del Parral son otros rastros intensos que apetece seguir. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Plaza del Azoguejo Si hay una ciudad donde está claro cuál es el kilómetro cero turístico, esa es Segovia. Y el kilómetro cero en cuestión es la plaza del Azoguejo. Aquí se levanta el tramo más alto y vistoso del Acueducto, que fue iniciado probablemente por Domiciano en el año 90 y quizá reconstruido en tiempos de Trajano, y es el mejor ejemplo de arquitectura civil romana en España. Aunque el agua se traía desde la sierra por un canal de 12 kilómetros, el acueducto elevado, el visible, tiene 728 metros y alcanza una altura de más de 28. Tiene 166 arcos y está construido con sillares de granito colocados en seco, sin argamasa. Además de esto, que ya es mucho, en la plaza se encuentra el Centro de Recepción de Visitantes, moderno, amplio y bien atendido. Es un kilómetro cero tan fotogénico, y tan agradable, que dan ganas de no moverse.10.30 El bello románico de San MartínSalimos del Azoguejo subiendo por la calle Cervantes, en cuya prolongación, Juan Bravo, vemos la casa de los Picos (inconfundible, del siglo XV) y, 150 metros después, la iglesia de San Martín, uno de los más bellos templos románicos de la ciudad, del siglo XII, que presenta un atrio porticado en tres de sus frentes.  11.00 Una de las juderías más importantesOtros 150 metros, por la calle Juan Bravo, y nos plantamos en la plaza del Corpus. Aquí empezaba la antigua Judería, que era una de las tres más importantes de España, de las que más tributaban. Y aquí se alza la iglesia del Corpus Christi, que fue la sinagoga mayor y conserva el aspecto de tal, con sus tres naves delimitadas por arcos de herradura apoyados sobre columnas octogonales con capiteles de piñas y roleos. A principios del siglo XV, corrió el bulo de que los judíos habían profanado una hostia en su interior, y les fue expropiada. Ello da una idea de cómo se llevaban las comunidades cristiana y hebrea.Bajando por Judería Vieja, enseguida se llega a una casa mejor que el resto. Es (o fue) la casa de Abraham Seneor, que estaba valorada en un millón de maravedíes, cuando una normalita, en aquel entonces, no pasaba de 15.000. Un patio de columnas ilumina la mansión del financiero judío que más mano tuvo con los Reyes Católicos, a tal extremo que llegó a ser miembro del consejo real, algo así como ministro. Después la casa fue propiedad de Andrés Laguna, médico de Carlos V, y ahora alberga el Centro Didáctico de la Judería, donde se puede ver, entre otras curiosidades, un audiovisual sobre el sabbat sefardí en tres dimensiones y comprar cosméticos elaborados con barro del mar Muerto.Otro lugar con miga judía es la puerta de San Andrés, la principal de las nueve con que contaba la aljama, desde cuyo adarve se domina un panorama de tejados que apenas ha variado desde el siglo XV. Se llega bajando hasta el final de Judería Vieja y luego por Martínez Campos. Una vez vistos la puerta y el panorama, continuamos por la calle del Socorro, que corre paralela a la muralla, y nos ponemos en dos minutos en la casa del Sol, antiguo matadero mencionado en el Buscón, que hoy es el Museo Provincial, donde se muestra la historia de Segovia a través de 1.500 piezas artísticas, arqueológicas y etnográficas. 13.00 Aperitivo con vistas a la catedral Regresamos por las calles Socorro y Martínez Campos hasta coger, a la izquierda, la calle de San Frutos, que rodea el ábside de la catedral. Estamos en la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad. Este espacio vio modificado su aspecto original a causa del hundimiento en 1523 de la iglesia de San Miguel, donde Isabel de Castilla fue proclamada reina. El templo fue reubicado en uno de los laterales de la plaza, cediendo buena parte del protagonismo arquitectónico al Ayuntamiento. Liberada del tráfico, la Plaza Mayor es un lugar perfecto para sentarse a tomar el aperitivo en alguna de sus terrazas, contemplando la catedral. Primera tarde 14.00 Cocina creativa, segoviana o sefardí En la plaza se encuentran algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. Un seguro de satisfacción es La Concepción, también conocido como La Concha, con terraza y barra para tapear y comedor de decoración minimalista donde se degustan platos creativos. Si queremos cocina tradicional, ahí está Julián Duque. Y en Cronista Lecea 11, a 80 metros de la plaza, José María, que hace uno de los mejores cochinillos asados. Y ya que estamos al lado de la antigua Judería, podemos probar también las recetas tradicionales de los judíos castellanos en El Fogón Sefardí, en un palacio mudéjar del siglo XV, que además es hotel y spa. Y taberna, premiada por sus tapas.16.00 Una casa pequeña para el gran MachadoMuy cerca también de la plaza, en Desamparados, 5, se encuentra la casa-Museo de Antonio Machado. Difícil no emocionarse al ver la austera pensión donde el ya entonces famoso poeta vivió de 1919 a 1932, mientras daba clases de francés en el instituto: sin baño, de techos bajos y cuartos dispuestos de tal manera que Machado se veía obligado, violentando su natural timidez, a atravesar el de otro huésped, un tal Don Avelino, para llegar al suyo.Pasamos junto a la cocina de leña, que se conserva intacta, como el libro de recetas manuscritas de la patrona, Luisa Torrego. Y después de enhebrar varias estancias llenas de recortes de prensa, fotos y retratos del poeta (incluido uno de Picasso), nos asomamos admirados al cuarto donde sobrevivió trece inviernos con solo una estufa de petróleo: “Tengo que abrir el balcón para que se caldee la habitación”, bromeaba. Uno de sus paseos favoritos era la Alameda del Parral, a orillas del Eresma, que recorreremos mañana. Pero hoy nuestra ruta nos lleva, subiendo por Desamparados y doblando a la derecha por Marqués del Arco, hacia el Alcázar.Difícil no emocionarse al ver la austera habitación sin baño de la pensión donde Machado vivió 18.00 El Alcázar, proa de la ciudadAntes de llegar al Alcázar, pasamos por la plaza de la Merced. Es un pequeño espacio verde dentro de un laberinto de calles, que invita al descanso. En el número 1 se sitúa una curiosa tienda y galería de arte: Montón de Trigo Montón de Paja. Recoge el testigo de un local que, en los años 70, recuperó la cerámica tradicional castellana. Ahora expone pintura y vende bolsos, joyas, juguetes artesanos… Fruto de sucesivas reformas y ampliaciones acometidas (la mayoría, por los Trastámaras y los Reyes Católicos, en el siglo XV) sobre la vieja alcazaba árabe, el Alcázar es un soberbio edificio que se proyecta en forma de proa sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, erizado de pináculos y en el que sobresale la torre de Juan II (90 metros). Ésta es una de las visitas más entretenidas, y con más vistas, de la ciudad. 20.30 Cochinillo cortado con platoCon las últimas luces del día, desandamos nuestro camino hasta la plaza del Azoguejo. Es un recorrido de un cuarto de hora (o poco más) por calles conocidas, que nos va abriendo el apetito para cenar en el restaurante más famoso de Segovia, el Mesón de Cándido, donde es casi obligado comer el típico cochinillo cortado con el canto de un plato (cosa que se hace para demostrar que su carne está tiernísima). El Mesón ocupa el mismo edificio desde 1786, cuando comenzó a funcionar una taberna en su planta baja. Antes de llegar a la plaza, hemos pasado por delante de otro asador bueno y antiguo (1895): Duque.Para poner el punto final a la primera jornada, tenemos las terrazas nocturnas de la Plaza Mayor. El Teatro Juan Bravo, que ocupa uno de los laterales, es otra opción a tener en cuenta. También podemos conocer el ambiente de las zonas más animadas de la ciudad, como el barrio de San Millán, bajo el Acueducto, o el paseo del Salón de Isabel II, al pie de la muralla. Segunda mañana 10.00 Paseo por la alameda del Parral El valle del Eresma, que rodea por el norte la vieja ciudad encastillada, no es un inhóspito foso guerrero, como cabría deducir por su estratégica situación, sino un verde y pacífico paseo, conocido como la alameda del Parral, donde los segovianos van a andar, correr, pedalear, observar aves e incluso pintar, porque este paisaje de arboledas, remansos, puentes y ancianos monumentos es un cuadro difícil de mejorar.Para ver y recorrer la alameda del Parral, nos dirigimos a la plaza de San Lorenzo (a diez minutos del Azoguejo, por la avenida de la Vía Roma y la calle Santa Catalina), que es el conjunto de arquitectura popular mejor conservado de la ciudad, con su iglesia románica en medio. En cinco minutos más, bajando por Cardenal Zúñiga, llegamos al antiguo convento de Santa Cruz la Real (hoy un centro universitario), obra de Juan Guas, con su portada gótica finísimamente labrada, de arquivoltas treboladas; y, en su cornisa, el famoso “tanto monta, monta tanto” de los reyes Isabel y Fernando. Aquí hay que desviarse a mano derecha, bajando por unas escaleras y por un camino peatonal empedrado que desciende rápidamente hasta un puente sobre el Eresma, donde se descubren, cincelados en una gruesa lápida de granito, los versos que en esta orilla dedicó Machado a la ciudad. A medio kilómetro del puente, aguas abajo, se erige el monasterio de Santa María del Parral, un monasterio jerónimo del siglo XV con cuatro claustros, templo plateresco y un porche-mirador a la entrada en cuya alberca se refleja el Alcázar, que visto así, duplicado, parece doblemente un castillo de cuento de hadas. Si es domingo, además de visitarse el monasterio, puede oírse al mediodía a los monjes cantar en gregoriano.11.30 La primera fábrica de moneda en serieMuy cerca, junto a otro puente, se levanta desde 1588 la Real Casa de Moneda. Construida por orden de Felipe II sobre planos de Juan de Herrera, fue la mayor de su época y la primera que acuñó moneda de forma mecanizada y en serie, usando la fuerza del río para mover sus máquinas. Además de la exposición permanente sobre la propia fábrica y de exhibiciones artísticas temporales, alberga el Centro de Interpretación del Acueducto.Más abajo, junto a la carretera de Zamarramala, se alza la curiosa iglesia de la Vera Cruz, un templo dodecagonal que encierra, cual muñeca rusa, otro templete, también de 12 lados, construido en los albores del siglo XIII por la Orden del Santo Sepulcro. Viendo el Alcázar desde aquí, se entiende por qué Chueca Goitia lo llamó “proa de Castilla”. En el barrio de San Marcos, que está a los pies del castillo, acaba este paseo ribereño, visitando el convento de los Carmelitas Descalzos, donde reposan los restos de San Juan de Cruz, y el vecino santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, patrona de Segovia, que dicen que salvó a una judía a la que el celoso marido arrojó desde el cortado en que hoy se apoya el templo. La hebrea, como es lógico, abrazó la cruz y se hizo bautizar María del Salto.  Segunda tarde 14.00 Tres opciones para bien comer Podemos comer oteando la Alameda en la terraza del restaurante El Ingenio Chico, que forma parte de la Real Casa de Moneda. O hacerlo en el San Marcos, uno de los pocos que hay en Segovia especializados en marisco. O acabar de rodear la ciudad por el valle del Clamores (media hora más, por la calle Cuesta de los Hoyos) para probar la moderna cocina castellana de Casa Silvano-Maracaibo.16.00 Joyas románicasSi optamos por Casa Silvano, además de comer en uno de los mejores restaurantes de Segovia, estaremos a un paso de la iglesia de San Millán, que fue construida en el siglo XII sobre los restos de un templo mozárabe y es la más representativa del románico segoviano. También merece la pena acercarse a la de San Justo, a 300 metros del Azoguejo, subiendo por Ochoa Ondategui, para ver sus pinturas románicas. Y, si es miércoles (único día que abre), a la de San Juan de los Caballeros, también románica, que fue comprada en 1904 por Daniel Zuloaga para instalar su taller de cerámica y su vivienda. Desde 1948 es el Museo Zuloaga, donde, además del lugar, se enseñan 150 obras. Pero hay más iglesias románicas: la del Salvador, la de la Trinidad, la de San Nicolás, la de San Quirce… Para visitarlas todas, habría que dedicarles 48 horas sólo a ellas. 19.00 Compra de última hora El tiempo que nos sobre (si nos sobra) después de visitar el abundante patrimonio románico de Segovia, lo podemos emplear en curiosear en las tiendas de las calles Cervantes, Juan Bravo e Isabel la Católica y comprar, por ejemplo, alguna artesanía.21.00 Vinos elegidoNuestros últimos pasos por Segovia nos llevan al restaurante Di Vino, que está a un minuto de la Plaza Mayor, atravesando la plazuela del Potro. Se puede elegir entre una carta de cocina contemporánea, donde los platos armonizan con vinos expertamente seleccionados, y otra de picoteo para una cena más informal en La Bodeguita. Más ciudades para visitar en 48 horas Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago Maó, el puerto más deseado Menorca La joven milenaria Salamanca Logroño, capital de la buena vida Logroño

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Santiago de Compostela

EDITORIAL

El hallazgo en el siglo IX de un sepulcro con los supuestos restos del apóstol Santiago desencadenó una furia peregrinatoria que aún colea, y cada vez con más fuerza. Si a eso se suman los 30.000 estudiantes de la Universidad y el pulso de una capital regional, el resultado es un volcán de una vitalidad que ni siquiera los más de 150 días de lluvia al año logran apagar. Como dijo Suso de Toro, este es un sepulcro muy vivo. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.00 Desayuno con churros en el mercado El Mercado de Abastos de Santiago es un espectáculo olfativo tal, que nada tiene de extraño que sea el lugar más visitado de la ciudad después de la catedral. Dentro y fuera de estas naves de piedra, cuyas fachadas semejan capillas románicas, ‘maruxas’ y ‘pescantinas’ de las aldeas cercanas reclaman con piropos y galanterías la atención de los clientes, que se dejan querer, miran y remiran la mercancía, amagan con irse, vuelven para regatear… Hay pimientos de Padrón, ternera gallega, ‘bacallau’, marisco fresco de las rías, quesos, carne salgada, grelos… Hay artesanías, recuerdos y paraguas. Y hay también un bar, Churro Manía, donde se va a desayunar churros, lógicamente, aunque la fama le viene de que uno puede traer el marisco que ha comprado y pedir que se lo cuezan pagando el diez por ciento de lo que le costó, que no es mucho 10.00 La puerta del Camino A 200 metros del mercado, subiendo por Virxe da Cerca, se encuentra la Porta do Camiño, la principal de las siete que tuvo la ciudad, señalada como ‘primus introitus’ en el ‘Códice Calixtino’. Es una puerta teórica, de la que no queda más que el nom­bre, pero por la que siguen pasando en tropel los peregrinos haciendo cantar sobre el adoquinado las conteras metálicas de sus bordones. No ha cambiado mucho el ca­llejero del casco antiguo desde que Aymeric Picaud escribió en 1139 el mentado ‘Códice’, la primera guía del Camino. De hecho, el recorrido urbano que hacen los modernos romeros es idéntico al de entonces: casas Reais, rúa da Acibechería (donde, en la Edad Media, los artesanos del azabache ofrecían a los viajeros vieiras y cruces como recuerdo de Compostela), vía Sacra, praza da Quintana y, por fin, el Obradoiro.10.30 En el andamio del maestro MateoEl Obradoiro es el eje alrededor del que gira todo en Compostela, lo divino y lo humano. Y nada más humano que la multitud que toma la plaza de sol a sol, siendo aconsejable, para verla a placer, volver de anochecida. Mejor encarar la barroquísima fachada de la catedral, subir los 33 peldaños de su escalinata y entrar sin demora en ella. Permanece abierta de 7.00 a 21.00. A las 12.00 hay misa del peregrino y, con un poco de suerte, si alguien lo solicita y paga por ello, bamboleo de botafumeiro, ese ambientador colosal que donó el rey Luis XI de Francia en 1554, cuando a la muchedumbre de romeros le estaba permitido dormir dentro del templo. Éste y otros rituales (abrazar al Apóstol, venerar su sepulcro, pasar por la Puerta Santa…), por más que a veces se hagan de forma un tanto mecánica, tienen la virtud de entretener por igual al creyente que al mirón más escéptico.Para hacer algo más que rezar o mirar, se puede visitar el museo de la catedral y el vecino pazo de Xelmírez (donde suele haber exposiciones temporales), o recorrer con guía las cubiertas y las excavaciones arqueológicas, o subirse a los andamios que se usan para restaurar el Pórtico de la Gloria y ver, igual que la vio el maestro Mateo, esta obra cumbre del arte románico. Pero todo esto, pagando.A las doce hay misa del peregrino en el Obradoiro y, si alguien paga por ello, bamboleo de botafumeiro 12.30 Caridad de lujo Aparte de la catedral y del románico pazo de Xelmírez (o palacio de Gelmírez), el Obradoiro tiene otros edificios importantes y llamativos, que son (mirando de izquierda a derecha, desde la puerta de la catedral): el colegio de San Xerome, sede del rectorado de la Universidad; el palacio de Raxoi, que aloja el Ayuntamiento; y el Hostal de los Reyes Católicos, antiguo hospital de peregrinos y hoy lujoso Parador. Algo muy curioso: el hostal tuvo siempre encomendada la caridad con los peregrinos y mantiene esta costumbre, dando todos los días de desayunar, comer y cenar a los diez primeros de ellos que se presentan. Eso sí: se les pide que muestren la Compostela y que hagan cola en la puerta cochera. 13.00 La Berenguela y la Puerta Santa  Rodeando la catedral por las rúas do Franco y de Fonseca, se descubre la praza da Praterías y la mejor vista de la Berenguela, el campanario de 70 metros que marca las horas de la ciudad. Aquí, en la esquina con la rúa do Vilar, se levanta la casa do Deán, de mediados del siglo XVIII, que alberga desde 2009 la Oficina del Peregrino, donde se entrega la Compostela. En 2012, se inauguró el Museo de las Peregrinaciones y de Santiago, una profunda y luminosa remodelación del antiguo Banco de España que ofrece a través de su lucernario perspectivas inéditas de la catedral y del casco histórico.Una escalinata da paso a la praza da Quintana, gran espacio abierto en la trasera de la catedral, de piedra dorada y verdosa por los cuatro costados, de un color especial que sólo existe aquí. La Quintana son en realidad dos espacios separados por otra escalinata: Quintana de los Vivos (la de arriba) y Quintana de los Muertos (la de abajo), así llamadas en recuerdo de un cementerio que ocupó la inferior. Aquí se abre la Puerta Santa. No mucho, la verdad, porque sólo lo hace los años jacobeos y el próximo es en 2021. En la siguiente plaza, al norte de la catedral, aparece el tremendo monasterio de San Martiño Pinario, otro de los conjuntos barrocos más fabulosos de esta barroca ciudad. Dicen, los que lo han medido, que es el monasterio más grande de España. Después del Escorial, claro. Primera tarde 14.30 Mesa de reyes o barra de tapas Al lado mismo de la catedral podemos comer como reyes en Dos Reis, el restaurante del Parador. O dejarnos sorprender por la cocina japo-gallega de Casa Marcelo, a 50 metros del anterior. O tapear como se ha hecho toda la vida en la rúa do Franco y aledañas, en lugares tan clásicos como O 42 u O Patata, famoso este último por sus patatas guisadas. En Abellá, tenemos que pedir ‘cocodrilo’, que en realidad es carne de inofensivo cerdo con patatas fritas. En Central, croquetas y tortilla. Y en Orella, eso mismo, ‘orella’ (oreja) y sazonarla con tanto pimentón picante como nos apetezca.16.00 El café favorito de Valle-InclánEn la rúa do Franco se encuentra también, desde el siglo XVI, el colegio de Fonseca (hoy biblioteca de la Universidad), en cuyo claustro renacentista se está tan a gusto sentado con los ojos entrecerrados, que cuando se vuelve a abrirlos del todo ha pasado media hora. Luego el cuerpo pide despabilarse con parsimonia en alguno de los vetustos, doctos e inmutables cafés de la zona vieja, como el Casino o el Derby, el preferido de Valle-Inclán. Paseando arriba y abajo por estas rúas (Vilar, Nova, Orfas y Praza do Toural), se ven los típicos soportales de postal compostelana y palacios tan hermosos como el de Bendaña, coronado por un Atlas que, según dicen, dejará caer el pesado globo terráqueo que sostiene cuando pase una virgen o un estudiante que nunca haya suspendido. Alguno de éstos habrá (no es imposible) en la Facultad de Geografía e Historia, edificio neoclásico que puede y debe visitarse apuntándose a los tours guiados que organiza la Universidad, aunque sólo sea para contemplar la ciudad desde su azotea. 18.00 Tarde de arte y de comprasEn las calles que estamos recorriendo tienen sus sedes varias fundaciones que son activos centros culturales, con exposiciones que importa ver. El pazo de Bendaña alberga la Fundación Eugenio Granell y en la rúa do Vilar se hallan la Fundación Torrente Ballester y el Centro Cultural Novacaixagalicia. También abren sus puertas en esta zona media docena de galerías de arte. Y para comprar (aparte del propio arte), tenemos desde el mercadillo hippie de rúa Nova hasta las platerías de la praza das Praterías, pasando por una montaña de cosas ricas: vinos y aguardientes gallegos, en O Beiro; conservas de pescado y marisco, en Catrineta; panes especiales y pastas, en A Troia; quesos y chorizos caseros, en Cancelada, y de todo, en Manxares de Galicia.21.00 Cocina moderna de mercadoDos opciones igualmente modernas y apetecibles para cenar: Acio, con platos llenos de imaginación y técnica; y la cocina sin nevera de Abastos 2.0, que está, como su nombre indica, en el Mercado de Abastos, y ofrece lo mejor que hay en éste cada día. 22.30 Marcha y calma nocturnasModus Vivendi, Ultramarinosy Retablo son buenos lugares para tomarse una copa, bailar o escuchar música en directo en la ciudad vieja. De camino (o de vuelta ya), hay que pasar por el Obradoiro para ver la plaza sin gentíos, iluminada por la luz de las farolas. Sentarse junto a la fuente de la Praza das Praterías a escuchar el rumor del agua y pasear casi solos por la Praza da Quintana, donde Lorca hizo danzar a la Luna en sus ‘poemas galegos’, son otros placeres reservados para los que nunca tienen sueño. Segunda mañana 10.00 La mejor vista de la ciudadLo ideal, si el tiempo lo permite, es desayunar en las terrazas de Porta Faxeira. Esta puerta, que ya sólo es de aire (como la del Camiño y todas las que tuvo Santiago en su día), separa la ciudad medieval, la que recorrimos ayer, de la Compostela del siglo XIX y principios del XX, la del Ensanche y la del parque de la Alameda, un jardín romántico por el que vamos a subir con el café aún caliente en el estómago para disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad y de las agudas torres de la catedral. 11.30 Una escalera muy originalOtra buena vista del skyline compostelano es la que brinda el parque de Bonaval, antaño cementerio y huerta monacal, que cae al otro lado del casco histórico. Se puede venir andando (15 minutos desde Porta Faxeira), pero es mejor hacerlo en coche, porque esta tarde lo vamos a necesitar. Aquí, en el que fue convento de San Domingos y ahora Museo do Pobo Galego, está la famosa escalera de caracol que diseñó Domingo Andrade, que tiene en un mismo hueco tres rampas distintas; una obra audaz y bienhumorada del albor del Siglo de las Luces, que hace que uno se pregunte por qué ya no se hacen escaleras así.13.00 Arte y arquitectura contemporáneosPara ver las audacias que ahora se estilan, sólo hay que mirar al lado, al Centro Galego de Arte Contemporánea, un edificio racionalista del portugués Álvaro Siza que, desde que se inauguró en 1993, se ha convertido en un espacio de referencia en Galicia por las exposiciones, conferencias y seminarios que alberga. Curiosamente, su revestimiento de granito tostado, que todo el mundo pondera como un acierto, por lo bien que combina con la masa pétrea del vecino convento, no fue previsto por el arquitecto luso, que en realidad había pensado en recubrirlo con una piel de mármol blanco. Perdió el marmolista, pero ganó Compostela. Segunda tarde 14.00 Dos opciones para comer Nos podemos quedar a comer en Kuinart, la cafetería del museo, que tiene una terraza con vistas al convento y un menú diario con productos de mercado y toques de cocina de autor. O, ya que hemos traído coche, podemos ir al barrio del Sar, a un kilómetro al sur del parque de Bonaval.16.00 La torre de Pisa gallegaEn este mismo barrio, pero al otro lado de la circunvalación SC-20, se encuentra Santa María a Real do Sar, que es, junto con la catedral, la iglesia de Compostela que conserva más y mejor su primitiva traza románica. Lo verdaderamente singular de Santa María, sin embargo, es que, por un error técnico en la construcción o por la inestabilidad del terreno, a menudo inundado por el río, sus columnas se inclinan visiblemente hacia las naves laterales, dando la impresión de que va el templo a venirse abajo en cualquier momento. De hecho, si no lo hace, es porque en los siglos XVII y XVIII se le añadieron unos robustos arbotantes. Atención también al claustro: es el único románico de la ciudad y en él trabajó el taller del maestro Mateo.  17.30 Cidade da CulturaEl resto de la tarde lo vamos a dedicar a conocer el más ambicioso proyecto cultural y arquitectónico que se ha planteado nunca en Santiago y en toda Galicia, la Cidade da Cultura, obra del neoyorquino Peter Eisenman. Aunque se puede acceder libremente a los espacios y recorrer los exteriores del complejo, desde las Torres Hedjuk hasta la plaza central, para descubrir los secretos y entresijos de la Cidade hay visitas guiadas sin necesidad de reserva previa a las 11.30 y las 17.30, que salen del Punto On. La gran atracción del complejo es el Museo Centro Gaiás . La espectacularidad de su fachada, sus casi 43 metros de altura y sus más de 16.000 metros de superficie hacen que todas las miradas y todos los visitantes converjan en él. Es una obra de arte en sí mismo, que avalora las exposiciones que acoge en sus tres pisos. 20.00 París-DakarDespués del Camino de Santiago, la ruta más famosa que hay en Compostela es el París-Dakar, que nada tiene que ver con el rally homónimo. Mide solo 200 metros, discurre casi íntegramente por la peatonal rúa do Franco y consiste en irse tomando una taza de ribeiro en todos los bares del trayecto (cerca de 30), desde el París hasta el Dakar. Más divertido que ir tragando polvo y buscando puntos de control por un desierto ya es. No hace falta decir que es un invento de los estudiantes compostelanos y que, fuera de ellos, nadie en su sano juicio hace la ruta completa, ni se echa al coleto el ribeiro (o el albariño) sin su correspondiente tapa. Más ciudades para visitar en 48 horas Maó, el puerto más deseado Menorca A cuestas con la belleza Granada Sevilla es mucha Sevilla Sevilla La ciudad de los museos Málaga

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Menorca

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Maó, la capital de Menorca, presume (porque puede) de tener uno de los puertos naturales más bellos del mundo. Y profundos: cinco kilómetros, nada menos. Y disputados, que su larga bocana ha visto entrar a fenicios, griegos, romanos, árabes, catalanes, franceses y británicos. Aunque todos dejaron su huella, ninguna más curiosa y elegante que la de la Royal Navy, que estuvo aquí atracada 70 años del siglo XVIII. De ahí, el gin menorquín y tanta ventana de guillotina. Y de ahí, también, las casas de estilo georgiano y los fuertes y torres de cuando Nelson se paseaba por el puerto con el pecho acorazado de medallas, poco antes de que lo atravesara una bala en Trafalgar. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Desayuno en el mercado Iniciamos el recorrido en la plaza de España, el centro neurálgico de la capital. En lo más alto de la plaza, por la calle de la Costa de Ses Voltes, se halla la casa Mir, de inspiración modernista y con buenas vistas al puerto. Este punto también es estratégico para los amantes de los mercados, pues aquí se ubica el Mercat del Peix (de pescado, que abre de martes a sábado, por las mañanas) y, en la contigua plaza del Carme, el Mercat des Claustre, que ocupa la planta baja del antiguo claustro del convento del Carme, construido entre 1750 y 1808, y donde se venden frutas y verduras, queso de Maó, embutidos (sobrasada y carni-xulla), dulces típicos, abarcas, artesanía, ropa, flores… Las mesas de los bares situadas fuera del espacio porticado son ideales para desayunar.11.00 Antigüedades menorquinasDetrás del claustro se encuentra la iglesia barroca del Carme, un templo imponente fundado como convento carmelita en el siglo XVIII. Está consagrado a la Virgen del Carme, patrona de los marineros. También en el claustro, pero en la primera planta, se halla el Museo Hernández Sanz-Hernández Mora, con una amplia colección de muebles y antigüedades menorquinas (mapas, pinturas, grabados, libros…) pertenecientes al profesor Joan Hernández Mora (1902-1984). 12.00 El órgano de Santa María  Seguimos paseando por las calles del casco antiguo, esta vez bajo la presencia dominante de la iglesia de Santa María, en la plaza de la Constitución. De fachada sencilla, es uno de los edificios religiosos más importantes de la ciudad. Tiene un órgano monumental (15 metros de alto por 9 de ancho) de 1810, con cuatro teclados y 3.006 tubos (algunos, de madera). De mayo a octubre, hay conciertos de órgano casi todos los días. Enfrente se alza el Ayuntamiento, instalado en un edificio de estilo barroco afrancesado. Para cualquier consulta, aquí está la oficina de turismo. Dejamos a la espalda el convento de la Concepción para encarar la calle Isabel II. Conviene ir con paso relajado para fijarnos en las casas señoriales del siglo XVIII que flanquean la calle. Así llegaremos a la iglesia de Sant Francesc, edificada en el siglo XVIII sobre un templo gótico. La robusta fachada se abre con una portada de estilo románico que da paso a un interior decorado con arcos y columnas helicoidales. No hay que perderse, además, la capilla barroca de la Concepción. Al lado de la iglesia, el antiguo claustro del convento franciscano (siglos XVII-XVIII), desamortizado en 1835, aloja el Museo de Menorca, que da cuenta del importante patrimonio arqueológico y artístico de la isla, y donde se programan exposiciones temporales. 13.30 San Roque y la sirenita   Aunque el puerto de Maó siempre está presente en un paseo por el casco antiguo, es hora de recorrer más de cerca una de las dársenas más largas del mundo (el de Maó es el segundo puerto natural más grande del planeta, después del de Pearl Harbour). Para ello, regresamos desde la iglesia de Sant Francesc y pasamos esta vez por la plaza del Bastió, donde se halla el portal de San Roque, el único que queda de la muralla medieval de Maó. La calle homónima conduce al Ayuntamiento y, más adelante, a la Costa de Ses Voltes y al muelle de Llevant. Pasaremos delante de la sirenita Mô, una escultura de Leonardo Lucarini convertida en el icono del puerto. En el muelle de Ponent podemos hacer un alto en uno de sus numerosos bares y restaurantes para comer.  Primer tarde 15.30 En catamarán por el puerto  Una de las formas más entretenidas de visitar el puerto es hacer un recorrido de una hora en catamarán. Durante la ruta, se van indicando los diferentes enclaves (la base naval española, el cementerio angloamericano, la isla del Rei, la isla del Llatzeret, la fortaleza de la Mola…) y se acompañan con comentarios históricos. El puerto también se puede recorrer dando una vuelta por el Paseo Marítimo, desde el que se obtienen buenas vistas de la ciudad.17.00 El gin de la PomadaSe acerca la hora de probar la típica bebida de Menorca, la Pomada, una mezcla de gin Xoriguer con limonada. La proporción idónea es una parte de gin y dos de limonada. Se suele servir muy fría, incluso en forma de granizado. Pero antes de beberla, vale la pena conocer las características propias de la ginebra que hace de la Pomada un cóctel único. Por eso, una visita imprescindible es a la destilería Xoriguer. Fundada en el siglo XVIII, esta empresa familiar recoge el legado de la producción británica de ginebra, pero con un resultado totalmente diferente gracias a la combinación de hierbas utilizadas en su elaboración.18.00 Carreras de trotonesOtra tradición isleña que no hay que perderse son las carreras de trotones. En el hipódromo municipal, en el kilómetro 3,5 de la carretera Maó-Sant Lluís (PM-702), hay carreras cada sábado a las 18.00 durante la temporada de verano (de mayo a octubre). También se celebran unas jornadas especiales, con otras carreras, a veces nocturnas, y demostraciones de doma, por lo que conviene consultar la programación. En invierno, las carreras son los domingos a las 11.30. 19.30 Cuando Es Castell se llamaba GeorgetownVolvemos a tomar contacto con el mar y nos dirigimos a Es Castell, el municipio más oriental de España. Por su posición estratégica como puesto avanzado en el puerto natural de Maó, su historia está plagada de relatos de piratas y luchas contra invasores de los lugares más lejanos.La huella más visible es la de la dominación inglesa, como se aprecia en las casas de estilo georgiano repartidas por sus calles y levantadas cuando la población se llamaba Georgetown, en honor al rey de Inglaterra Jorge III, y en el fuerte Marlborough, construido por los ingleses entre 1720 y 1726 para proteger el castillo de Sant Felip (hoy en ruinas) y la entrada al puerto. La visita al fuerte, buena parte de la cual transcurre por las galerías subterráneas excavadas en la roca, permite conocer la historia militar de Menorca. Solo permanece abierto de Semana Santa a octubre. En verano, hay también visitas teatralizadas nocturnas al castillo de Sant Felip, con figurantes uniformados, iluminación de época (antorchas y quinqués) y disparos de cañones y mosquetes.21.30 Una copa en la cuevaCales Fonts es la zona del puerto de Es Castell, y la mejor para elegir uno de los restaurantes típicos que aquí se ubican. Hay muchos para escoger: locales excavados en la roca, terrazas al aire libre, mesas con vistas a la isla del Llatzeret… Y para tomar la última copa en un ambiente agradable, iremos a cala Corb, una buena opción para escuchar música tradicional. Cau es uno de los locales con más solera (desde 1962), una institución nocturna que sería una falta de respeto no visitar. En invierno se está mejor dentro, cantando en la cueva. En verano, en la terraza. Segunda mañana 9.00 La edad de las piedras gigantes  Hoy vamos a coger el coche para conocer el entorno excepcional de Maó. Una de las características diferenciales de la isla de Menorca es la cantidad de monumentos megalíticos, la mayoría del período talayótico (desde 1500 hasta 123 antes de nuestra era, cuando llegaron los romanos), que se hallan desperdigados por el territorio sin que sus secretos se hayan desvelado aún.A cuatro kilómetros de Maó, en la carretera que une la capital con Ciutadella, se halla el poblado prehistórico de Talatí de Dalt, uno de los yacimientos más importantes por la conservación de su gran taula (dos bloques de piedra en forma de T, que son el corazón de un santuario), de un talayote (talaiot, en catalán: una torre troncocónica que pudo servir para vigilar y defender el territorio) y de los restos de casas de los siglos VI-III a.C. Se piensa que aquí pudo llegar a vivir un centenar de personas. A dos kilómetros de Maó, en dirección a Sant Lluís, se halla otro importante yacimiento prehistórico: el poblado de Trepucó. En él se puede ver una taula y un gigantesco talayote. La vista al poblado es gratuita.Desperdigados por toda la isla hallamos una gran cantidad de monumentos megalíticos, la mayoría del período ta­layótico 10.30 Un museo en el viejo molino Muy cerca de Trepucó está Sant Lluís, una pequeña población de casas encaladas, levantada por los franceses a mediados del siglo XVIII. En la entrada de la localidad se halla el Molí de Dalt, un molino harinero de viento construido en 1762, desbaratado por la tramontana en 1949 y restaurado completamente en 1987, que alberga un museo etnológico en el que se exponen aperos de labranza, herramientas y muestras de la vida rural menorquina.11.00 Aguas de color turquesaEs hora de darse un baño en una de las playas de Menorca, sin duda uno de los principales reclamos de la isla. Cómo resistirse a estas aguas turquesas y al perfume de los pinares que las abrazan. En el sureste de la isla, a pocos kilómetros de Maó, hay muchas playas para darse un buen baño, como Es Canutells, Binidalí, Biniparratx o Binibèquer, pero nosotros enfilamos de nuevo hacia el norte. Bordeamos Maó y nos dirigimos a una de las playas más valoradas por su fácil acceso y sus instalaciones: Sa Mesquida.13.00 Fortaleza de la MolaTras el baño, nos acercaremos a la Mola, la pequeña península donde se alza la fortaleza de Isabel II, un antiguo enclave militar en la bocana norte de la entrada al puerto de Maó. Si se prefiere, de mayo a octubre, también se puede llegar a la Mola en barco desde el puerto de Maó o desde Cales Fonts, en Es Castell. La fortificación es muy extensa y hay que dejar el coche fuera del recinto. Desde el aparcamiento se puede ir a pie, en bici eléctrica (se alquilan allí), en vehículos también eléctricos (con reserva previa) o en los todoterrenos de las visitas guiadas. Las vistas al litoral y a la isla del Llatzeret (la isla del Lazareto, donde los barcos y sus tripulaciones cumplían las cuarentenas) son espectaculares. Segunda tarde 14.00 Es Grau: comida y playa  De nuevo en la carretera que lleva a Maó, nos desviamos a la derecha hacia Es Grau, un pequeño pueblo que ha conservado el aire marinero de antaño, donde podemos parar a comer en alguno de sus establecimientos o, si llevamos comida, descansar en la bonita y resguardada playa que hay cerca del núcleo urbano. Desde aquí se divisa la isla de Colom, cuyo territorio forma parte del Parque Natural de s’Albufera des Grau.16.00 El húmedo corazón de MenorcaMenorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1993. El corazón de la Reserva es el Parque Natural de s’Albufera des Grau, la zona húmeda más importante de Menorca y lugar imprescindible para los aficionados a la ornitología. En el Centro de Interpretación Rodríguez Femenias se puede ver la exposición ‘S’Albufera des Grau, núcleo de la Reserva de la Biosfera’. Aquí nace el sendero de Santa Madrona, de 2,8 kilómetros de longitud y una hora aproximada de duración, que discurre cerca de la albufera que da nombre al parque (una laguna alargada de dos kilómetros), con observatorios desde los que no es difícil ver anátidas, fochas y cormoranes moñudos, además de rapaces como milanos y águilas pescadoras y calzadas. En el extremo noreste del parque natural, descubrimos el faro de Favàritx, erguido sobre una oscura punta pizarrosa de formas fantásticas. Al final de la carretera, hay una balsa formada por las lluvias y las olas del invierno; según la leyenda, si se camina por sus aguas someras durante las noches de luna llena, se reciben los efectos combinados del satélite y del mar: fuerza, energía y fertilidad. Todo pudiera ser. Las voces apenas se oyen aquí, mitigadas por el bravo batir de las olas contra la roca.18.30 La ópera más antigua de España De vuelta en Maó, no es mala idea consultar la programación del Teatre Principal, el teatro de ópera más antiguo de España. Construido sobre un teatro anterior más pequeño, abrió sus puertas en 1829, tras una remodelación impulsada por el empresario Giovanni Palagi. En verano, acoge el Festival de Música de Maó, que abarca diferentes estilos y épocas, desde el Barroco hasta la música del siglo XX, y artistas de renombre mundial como invitados. En junio y diciembre se celebran sendas semanas de ópera. Si nuestra estancia coincide con una de ellas, asistir a una en esta sala con forma de herradura y aforo para mil espectadores sería un final inmejorable para nuestro viaje. O casi final, porque queda la cena.21.00 Cena en el muelle de LevanteVolvemos al puerto de Maó para elegir restaurante. Esta vez nos dirigimos al muelle de Levante, una zona muy apetecible para cenar, con vistas al puerto deportivo. Una de las mejores opciones es el restaurante Jágaro, con una interesante carta de arroces, pescados y mariscos, además de una buena bodega de vinos. La Minerva ofrece a sus clientes diferentes ambientes para disfrutar de una buena comida o cena, según sus preferencias: desde los salones privados de estilo inglés en el edificio principal, hasta las terrazas sobre una plataforma en el mar con amarre propio, o en la proa de un barco, especiales para una cena romántica. Más ciudades para visitar en 48 horas Lisboa íntima y universal Lisboa Eivissa, abierta desde la noche de los tiempos Eivissa Burgos: historia de la Humanidad y de Castilla Burgos Soria, la ciudad de los poetas Soria

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Lisboa

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Hay un ansia de mundo en Lisboa, mirando siempre desde sus siete colinas al río-mar del Tajo, como el navegante que olfatea desde la proa tierras descubiertas y por descubrir. Y hay, al mismo tiempo, un querer quedarse en casa o en la tasquinha, oyendo el eterno lamento de los fadistas. Aquí conviven la saudade y la esperanza, la eterna tradición y la modernidad más rabiosa, el viejo tranvía que trepa por las cuestas imposibles de Alfama y el teleférico que sobrevuela el deslumbrante parque de las Naciones. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.30 Alfama, el viejo corazón Comenzamos nuestra ruta en el popular barrio de Alfama, el más antiguo de la ciudad. Y lo hacemos desde lo más alto, el Castelo de São Jorge lugar con unas vistas difíciles de creer e imposibles de olvidar. Está situado sobre una de las siete colinas lisboetas, y desde él la mirada vuela sin estorbo sobre todo el casco antiguo de la ciudad, sobre el Tajo y hasta la orilla opuesta, Cacilhas, el Cristo Rei de Almada y Porto Brandão. Sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos, más allá de la Edad Media, de los años dorados del dominio musulmán, de las conquistas bárbaras contra el Imperio Romano…, entre leyendas y fábulas.La visita al castillo permite aprender un poco sobre la historia de Lisboa en el Núcleo Museológico, explorar los vestigios del barrio islámico del siglo XI en el Núcleo Arqueológico, pasear por los jardines y asomarse al mirador. Pero la vista más curiosa es la que se obtiene a través del periscopio, un sistema óptico de lentes y espejos inventado por Leonardo Da Vinci, que permite examinar minuciosamente la ciudad en tiempo real, sus monumentos y zonas más emblemáticas, el río y el ajetreo urbano, abarcando  360º. El periscopio está instalado en la torre de Ulises, antaño conocida como torre del Archivo, donde se guardaban los documentos más importantes del reino portugués.Alfama está lleno de pasadizos, escadinhas y galerías sin salida, divertidas trampas para el caminante sin prisaDespués bajaremos para visitar otra de las joyas de Lisboa, la catedral de Santa Maria Maior, más conocida como la Sé. Construida entre los siglos XII y XIII, ha tenido que reponerse a varias catástrofes naturales, como el terremoto que arrasó la ciudad en 1755, de ahí que en ella se aprecien diversos estilos, aparte del inicial románico. A sólo unos pasos de la Sé, se encuentra la iglesia de San Antonio, levantada en la cuna del patrón de los lisboetas. San Antonio (cuyo nombre real era Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo) nació y vivió en la capital portuguesa, pero como acabó sus días en la ciudad italiana de Padua, es conocido como San Antonio de Padua, algo que enfada mucho a los lisboetas.  12.00 Miradores del Tajo Todavía no nos vamos de Alfama. Después de ver sus tesoros monumentales, ahora conoceremos sus calles, sus gentes y su ambiente. El barrio está lleno de pasadizos, escadinhas, callejones, pequeñas casas y almacenes en ruinas, corredores y galerías sin salida, divertidas trampas para el caminante que no tiene prisa por llegar a ninguna parte. Alfama no tiene vistosas fachadas arquitectónicas, ni más museos que el Museu do Fado. Pero tiene el encanto de las cosas sencillas, las de toda la vida: flores en los balcones, ropa tendida al sol y fachadas decoradas con los típicos azulejos azules y blancos.La otra gran atracción del barrio, sin duda, son sus miradores. Desde ellos podremos observar una encrucijada única: el lugar donde se unen el Tajo y el Atlántico. Los de Santa Luzia y Portas do Sol son los más recomendables. Desde la mayoría de los miradores podremos divisar también la espectacular figura del Cristo Rei. Una estatua de más de 100 metros que resulta ser una réplica adaptada del Cristo Redentor de Río de Janeiro. Incluso cuenta con ascensor en su interior que nos permitirá subir hasta la cima y disfrutar de una vista fantástica. Para llegar hasta allí deberemos cruzar al otro lado del río.Si el día de nuestra visita a Alfama es martes o sábado, deberemos reservar al menos una hora para curiosear en la Feira da Ladra, en el Campo de Santa Clara. Es el mercadillo más importante de la ciudad y en él podemos encontrar de todo (antigüedades, libros, ropa, cuadros, artesanía, música…) a buen precio. Su nombre, el mercado de la Ladrona, deja bien claro cuál era hace años el origen de las cosas que aquí se vendían. Primera tarde 14.00 Comer en un palacio o en una leonera Para comer, podemos ir al restaurante Pateo de Alfama, situado en el atrio del antiguo palacio de los condes de Murça, que milagrosamente se salvó del terremoto de 1755. Aquí podemos degustar desde la famosa sopa da pedra (una especie de cocido con carne, verduras, embutidos y alubias) hasta las vieiras gratinadas o el bacalhau com natas. Otra opción es Casa do Leao, una antigua leonera del castelo de São Jorge, hoy restaurante de Pousadas de Portugal, donde saborear cocina tradicional y disfrutar de inmejorables panorámicas de Lisboa. Tampoco nos equivocaremos si elegimos el restaurante del Museo do Fado, A Travessa do Fado, u O Eurico Casa de Pasto, que es uno de los mejores de Lisboa y de los más auténticos, una genuina tasca, pequeña y acogedora. Comamos donde comamos (y lo que comamos), el café lo dejaremos para hacer la sobremesa en un lugar especial. 16.00 Cita con Pessoa en el Chiado Para la sobremesa, cambiamos de barrio: el Chiado. Podemos (y  debemos) utilizar un medio de transporte original, pero al mismo tiempo muy tradicional, el ascensor. El Elevador de Santa Justa se levanta sobre la calle del mismo nombre y enlaza este céntrico paseo con la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico do Carmo. El café de sobremesa lo tomaremos en un local inolvidable, A Brasileira. Es un lugar famoso, sobre todo por haber sido el punto de encuentro de poetas y literatos de la ciudad. En una de las mesas de la terraza se sienta, ya convertido en bronce, el mítico poeta Fernando Pessoa. Raro es el forastero que pasa por aquí y no se hace una foto con él. 17.30 Ronda de escaparatesNos quedamos por el Chiado para pasear y explorar lo que nos ofrece Lisboa en materia de compras. En esta zona, encontraremos la oferta comercial más glamourosa y diversificada de la ciudad. En sus principales vías comerciales, como la rua Augusta o la rua do Carmo, nos toparemos con cotizadas tiendas de moda. También podremos echar un vistazo en librerías con solera y tiendas de firmas de ropa internacionales.21.00 Fado en el Barrio AltoPodemos cenar en Tavares, entre el Chiado y el Barrio Alto. Inaugurado en 1784, es quizás el restaurante con más clase y pedigrí de Lisboa. Aunque los precios no son nada bajos, el gasto quedará sobradamente recompensado cuando probemos su espectacular variedad de pescados y mariscos. Además, el lugar, con su deslumbrante salón dorado de estilo barroco, es muy romántico.Acabada la cena, subiremos al Barrio Alto y daremos una vuelta por sus calles estrechas en busca del local que más nos llame la atención. En A Tasca do Chico  podemos escuchar fado vadio (bohemio, de aficionados…), aunque a veces hay que hacerlo desde la calle, porque suele estar a tope y el espacio es microscópico.Si el fado nos parece una opción demasiado turística, en el mismo barrio hay otras alternativas, como Indie Rock, con la mejor música rock e indie de la zona, y Agito, un simpático bar de ambiente donde se pueden tomar cervezas, o lo que sea, hasta las tres de la mañana. Segunda mañana 10.00 Parque de las Naciones: la ciudad más moderna Parece mentira que en tan pocos metros puedan convivir calles estrechas, tranvías casi centenarios y  monumentos  medievales con una construcción tan moderna y vanguardista como el Parque de las Naciones. A orillas del Tajo, en la zona oriental de Lisboa, se levanta el Parque das Nações, construido con motivo de la Exposición Universal de 1998, donde destacan, arquitectónicamente, las cúpulas de las plataformas de la Estación de Oriente, de Santiago Calatrava, y el Pabellón de Portugal, de Álvaro Siza, con una enorme pala de hormigón armado que imita la vela de un barco. Se puede visitar el Pavilhão do Conhecimento, un moderno museo de ciencia y tecnología con varias exposiciones interactivas, y también el Oceanário más grande de Europa. Y luego coger el teleférico que va desde éste hasta la torre Vasco da Gama, el edificio más alto de Lisboa.Las vistas sobre el río y el parque son espectaculares. También hay zonas verdes, como el jardín García de Orta, el de las Olas y el parque Tejo, extensa franja a orillas del río donde está el skate park. Hay una bolera enorme, el Bowling Internacional de Lisboa. Y hay bares, restaurantes y terrazas, siempre en contacto con el río, así como un anfiteatro al aire libre, la plaza Sony, donde se pueden ver espectáculos en vivo o en pantallas gigantes. 12.00 El histórico tranvía número 28 Volvemos de nuevo a la vieja Lisboa. Si salimos de la zona de la Expo, cogemos la avenida Infante Dom Henrique hasta la Praça do Comercio y de allí subimos por la rúa do Prata hasta la praça do Rossio, donde nos montamos en uno de los tranvías más históricos de la ciudad, el número 28, para subir al miradouro do São Pedro.El viaje en tranvía, indispensable, será otro de los momentos memorables de nuestro paso por Lisboa. Aunque los hay modernos, en esta línea suelen circular los históricos, para gran satisfacción de los turistas, que son su principal clientela. Los interiores de madera y el ímpetu con que estos venerables vehículos suben y bajan las cuestas son toda una experiencia para el que se monta en ellos por primera vez. Una vez arriba, disfrutaremos de nuevas vistas privilegiadas de la ciudad y podremos comprobar algunas de las características tradicionales de la ciudad: los tejados rojos construidos con tejas de barro, los azulejos de las terrazas y de los balcones, y el encalado de los edificios. Este paisaje sólo se puede ver en Lisboa: es la firma de la ciudad. Los tranvías pertenecen a la empresa de transporte público Carris. Para usar todos los medios de la red, lo más cómodo y barato es comprar la Tarjeta 7 Colinas, que se puede recargar y supone un importante ahorro sobre las tarifas normales. Segunda tarde 14.00 Açorda de marisco y bacalao Nos quedamos a comer en el Barrio Alto, en el famoso Pap’Açorda, un restaurante de cocina tradicional adaptada a los nuevos tiempos, cuya especialidad es la açorda (sopa de pan) de mariscos, aunque la clientela, de lo que mejor habla, es de su mousse de chocolate. Conviene reservar porque es cita obligada para todo el mundo, para los modernos y para los turistas. Si queremos algo más asequible, podemos ir a cualquier tasquinha de las muchas que hay en el barrio y comernos un plato a base de bacalao. 16.30 Los Jerónimos y la torre de Belém Nuestro siguiente destino es el barrio de Belém, situado al oeste de la ciudad, donde el Tajo se funde con el mar. Para llegar hasta allí, podemos coger el tranvía número 15 en el intercambiador de la céntrica Praça do Comerço y bajarnos cuando veamos la silueta del enorme Mosteiro dos Jerónimos. Este monumento fue financiado con los tesoros traídos de las colonias de ultramar. El rey Manuel I encargó la construcción del famoso monasterio para celebrar el descubrimiento de la ruta marítima de Vasco de Gama. La gran explanada que le precede es de una inmensidad que pasma. De hecho, nos llevará un buen rato contemplar su impresionante fachada orientada al Tajo.  En ella destaca la puerta de entrada, llamada Portada del Mediodía. Otra de las joyas del barrio es la torre de Belém, construida entre 1514 y 1520, que en un principio cumplió tareas defensivas, pero que con el tiempo se utilizó como aduana, faro y prisión. Es uno de los ejemplos más bellos y representativos de la arquitectura manuelina.18.00 Una señora meriendaEn Belém es una vieja tradición entre los lisboetas pasear comiendo unos pastelitos muy especiales. A pocos metros del monasterio está la culpable de que se siga manteniéndose esta antigua costumbre, la pastelería Pastéis de Belém. Aquí, desde 1837, hacen unos pastelitos de unos 10 centímetros de diámetro rellenos de crema y espolvoreados con canela que, hoy en día, han conseguido fama internacional. Si comemos un par de ellos, acompañados de un chocolate caliente, tendremos energía suficiente para lo que resta de jornada.21.00 Noche cultural o gastronómicaLa última noche podemos disfrutar de alguna de las muchas propuestas del Centro Cultural de Belém: teatro, danza, jazz, música clásica… En tal caso, nos interesará también consultar el programa de conciertos de la Fundación Gulbenkian. Otro tipo de conciertos no menos interesantes son los que se realizan en el parque da Bela Vista, un enorme anfiteatro natural situado en la avenida Gago Coutihno, en las afueras de Lisboa. Allí han tocado Roger Waters, Madonna y Carlos Santana, entre otros. También es una buena manera de acabar el día (y la visita) dándose un homenaje gastronómico en alguno de los mejores restaurantes de la ciudad: Belcanto, para muchos es el número uno, de altísima cocina, casi artística. De cerca le siguen Varanda do Ritz, Eleven, 100 Maneiras y Feitoria, este último en el lujoso hotel y spa Altis del barrio de Belém.22.30 Hasta que el cuerpo aguanteSi aún queremos más, y queremos fado, Chapitô es uno de los mejores lugares para escucharlo hasta altas horas de la noche (cuando los fadistas olvidan los micros y cantan, entre las mesas de los parroquianos, sus canciones más íntimas). Está muy cerca del castelo de São Jorge, en Alfama, y tiene una fantástica terraza donde sirven almuerzos y cenas. Si preferimos marcha, hay tres clubes que no defraudan: Lux, MusicBox y Europa. Más ciudades para visitar en 48 horas Eivissa, abierta desde la noche de los tiempos Eivissa Burgos: historia de la Humanidad y de Castilla Burgos León, tan antigua y tan moderna León Muchas razones para volver Palma de Mallorca

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Eivissa

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Pocos lugares hay tan viejos y tan vivos como esta ciudad, cuyo recinto amurallado, Dalt Vila, es Patrimonio de la Humanidad. Eivissa, hogar de fenicios y púnicos, pero también plaza romana y musulmana, explotó de creatividad con los hippies de los años 60 y se convirtió en la meca de la música electrónica a partir de los 80. Algún tipo de energía secreta debe tener para haber atraído durante siglos a tantos espíritus inquietos de toda clase y condición. La belleza de esta isla no es un secreto. Sus pinares, sus pitreras, sus blancas casas payesas y sus playas de aguas hipnotizadoras poco han cambiado desde que, hace 2.300 años, una nave fenicia echó aquí el ancla. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Entrar por la puerta grande  Dalt Vila, la ciudad alta o recinto amurallado de Eivissa, es el área que engloba la mayoría de los puntos de interés de este destino lleno de historia. La mejor forma de adentrarse en ella es a través del portal de Ses Taules, construido a finales del siglo XVI. Antiguamente, el foso se salvaba a través de un puente levadizo de madera (o de tablas, de ahí el nombre de la puerta), que con los años pasó a ser de obra. La puerta está coronada por el escudo imperial y a sus lados se levantan dos réplicas de estatuas romanas.Pasado el portal llegamos al Patio de Armas, con diez arcos de medio punto que durante años acogió el primer mercado hippie de la isla.Desde aquí, accedemos por otro portal a la plaça de Vila, llena de coquetos restaurantes, galerías de arte y tiendas de artesanía. Esto en verano, claro. En invierno, es como volver al siglo XVI. Es algo que deberemos tener en cuenta si visitamos Eivissa fuera de temporada: que muchos negocios y atracciones turísticas cierran o reducen sus horarios drásticamente 10.30 Omnipresente y sobrecogedora: la catedral  Cualquiera de las calles que suben nos lleva a la catedral de Santa María. Cuatro siglos de trabajo han dado para mucho en este templo levantado, según se cree, sobre una mezquita árabe. Su construcción se remonta al año 1.235, cuando las tropas cristianas tomaron la isla. Es una catedral del gótico catalán, aunque la nave es de estilo barroco. Se puede ver desde casi cualquier punto de la ciudad y de cerca, no decepciona.Desde la plaza, contemplamos el viejo reloj de sol del campanario, bajo el de agujas actual, y la imagen de la Virgen de las Nieves sobre la puerta, a quien está consagrado el lugar. Antes de entrar, rodeamos el campanario para llegar, por el exterior, a la zona de las vidrieras, que llenan de color por dentro el altar mayor. Además, las vistas de la ciudad desde aquí son espectaculares. En el interior, destacan la custodia de plata dorada realizada por Francesc Martí en el año 1399 y las tablas góticas de Valentí Montoliu.  11.30 La Eivissa de hace un siglo Muy cerca de la catedral, en Can Comasema, se halla el Museo Puget. Esta noble y hermosa casa, cuya parte más antigua data de siglo XV, alberga 130 obras pictóricas de Narciso Puget Riquer y de Narciso Puget Viñas: óleos y acuarelas que recogen paisajes y escenas cotidianas de la vida de la isla de principios y de la mitad del siglo XX.12.30 El nuevo Museo de Arte ContemporáneoNuestro siguiente destino es el renovado MACE, Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza, que en 2012 volvió a abrir sus puertas después de cinco años de obras. Ocupa un edificio militar de 1727 en el baluarte de Sant Joan, sobre el portal de Ses Taules, y una moderna ampliación, de Víctor Beltrán Roca, que al profundizar en el terreno ha puesto al descubierto restos fenicio-púnicos y de épocas posteriores que se han incorporado al espacio museístico. Inaugurado en 1964, es uno de los museos de arte contemporáneo más antiguos de España, con una colección que incluye obras de Bechtold, Floris, Broner, Micus, Flanagan, Vedova, Schlosser, Hausmann, Le Parc, Tàpies, Gordillo…Otro espacio que depende del MACE y que vale la pena visitar es la Casa Broner. A cinco minutos del museo, en el intrincado barrio de Sa Penya, se halla la que fue residencia y estudio del pintor y arquitecto Erwin Broner (1898-1971), ejemplo del tipo de espíritus creativos e incon­formistas que ha atraído la ciudad en las últimas décadas. Broner llegó a la isla en 1934 huyendo de la persecución nazi. Aquí se con­virtió en una figura destacada del panorama cultural, formó el grupo Ibiza 59 y orga­nizó numerosas exposiciones antes de que la ola hippie hiciera famoso el lugar. La casa, construida por el propio Broner en 1960 y restaurada en 2010, constituye una pieza clave de la arquitectura moderna de las islas Baleares.Si el día es demasiado caluroso, o simplemente queremos disfrutar desde ya de las famosas aguas de la isla, podemos cambiar la última visita por las cálidas arenas de la playa de Figueretas (uno de los dos arenales urbanos de Ibiza) hasta la hora de comer. Primera tarde 14.30 Ricos arroces y pescados Callejeamos hacia el oeste y bajamos a la zona nueva (la calle de Antonio Palau es la que se acerca más directamente) hasta llegar al paseo de Vara de Rey, donde, en el número 16, se encuentra el restaurante Ca N’Alfredo. Este restaurante ocupa un interesante edificio colonial. Excelentes, los arroces, los pescados y la cazuela de calamar al estilo ibicenco.16.30 Los baluartes: así se construyeron las murallasRegresamos al recinto fortificado para bajar la comida paseando por sus murallas. Esta vez vamos a entrar por el Portal Nou (a dos minutos del paseo Vara de Rey, subiendo por Carrer de Joan Xicó). Acostumbrada a numerosas invasiones, desde la púnica hasta la árabe, la ciudad reforzó a partir de 1235, año de su reconquista, las defensas hasta ofrecer la versión que hoy conocemos. En el siglo XVI, en su política de defensa del Mediterráneo, Felipe II se vio obligado a renovar las antiguas murallas y a convertirlas en el baluarte mejor defendido del Mediterráneo occidental. Para ello, utilizó la mejor técnica constructiva del Renacimiento, aplicando los modelos italianos a la fortificación abaluartada de Eivissa. El recinto amurallado, que conserva su trazado original desde aquel siglo, fue proyectado por el ingeniero Giovan Battista Calvi y posteriormente modificado por Giacomo Paleazzo ‘el Fratin’.Llegamos al baluarte de Sant Pere, que está situado en el extremo noroeste del complejo y ha sido transformado en museo (con audiovisuales, paneles informativos y otros elementos) para explicar al visitante cómo se llevó a cabo esta construcción inmensa en un terreno tan complicado por sus desniveles y las diversas estrategias de defensa. En el baluarte de Sant Jaume, al sur del anterior, está representada la tecnología militar de los siglos XVI al XVIII: cañones, morteros, mosquetes, espadas…, y también cascos que nos podemos probar. Hay que advertir que, si visitamos la ciudad en invierno, los baluartes sólo abren hasta las 16.30 (hasta las 14.00, los fines de semana), como casi todos los museos y monumentos de la ciudad. 18.00 Un salto a la medina árabe En la calle Major, por la que ya pasamos esta mañana, abre el Centro de Interpretación Madina Yabisa. Está alojado en la casa de la Curia, que durante el siglo XVI fue sede de los tribunales de justicia y uno de los centros de poder de Eivissa, y que se construyó aprovechando las estructuras de la muralla andalusí. Hoy este espacio recupera la memoria de la que fue una importante ciudad musulmana en la Edad Media. Es un centro moderno, en el que se apuesta por la tecnología audiovisual para transmitir conocimientos de la historia de la ciudad, haciendo hincapié en la época islámica y la fortificación árabe. Ubicado delante de la catedral de Eivissa, cuenta con una oficina de información turística.21.00 El Lío de Eivissa Restaurante, cabaret y club, todo en uno: Lío, integrante del grupo Pachá, es uno de los locales más interesantes que han surgido en los últimos años en Eivissa. Empezamos escogiendo alguno de sus cócteles en una sala con amplias vistas al puerto, para, durante la cena, dejarnos entretener por un espectáculo muy variado. Después la fiesta continúa, de domingo a domingo, hasta las cuatro de la mañana, con la faceta más ‘dance’ del local.Eivissa es mundialmente famosa por sus fiestas y sus discotecas. Sitios como Pachá, Ushuaia, Space y Privilege son conocidos incluso por quienes no salen de noche. Mención especial para las fiestas del agua de Es Paradis, que convierten la pista de baile en una enorme piscina donde se chapotea al ritmo de los DJs. Un plan más tranquilo (y exclusivo) es el que ofrece Blue Marlin, beachclub, restaurante y bar de copas para ver y ser vistos. Segunda mañana 10.30 La cueva de los contrabandistasHoy vamos a coger el coche para desplazarnos hasta Port de Sant Miquel, a poco más de 20 kilómetros al norte de la capital. Aquí se encuentra la cueva de Can Marçà (971 334 776; www.covadecanmarsa.com), de más de 100.000 años de antigüedad. Aparte de las espectaculares estalactitas y cavidades iluminadas para el visitante, llama la atención el uso que en un pasado no tan lejano hicieron de ellas los contrabandistas, quienes escondían aquí las mercancías con las que traficaban izándolas desde una abertura situada a diez metros sobre el mar.12.00 Dos calas escondidas y un excelente hotelAprovechamos el viaje para disfrutar de una de las calas más populares de la isla. Las aguas de Port de Sant Miquel son cristalinas a más no poder, así que no debemos olvidar las gafas de buceo. Además, la ocasión es perfecta para realizar una excursión en kayak y gozar al máximo de esta hermosa costa.Tampoco está de más dar un paseo por los caminos que bordean los riscos. Las vistas son preciosas en cada curva. Al oeste de la principal, hay dos calitas escondidas, cala Multons y Es Pas de S’Illa den Bosc, especialmente bella esta última. Su nombre (El Paso de la Isla del Bosque) lo dice todo, y es que es una barra arenosa que une la costa con un pequeño islote cubierto de pinos, de propiedad privada y considerada la isla más cara del mundo. Cerca también, sobre un acantilado, se encuentra Hacienda Na Xamena, uno de los mejores hoteles de Eivissa. Segunda tarde 14.00 Comida en la playa o en el interior Una elección acertada para comer es el restaurante Port de Balasant, con terraza junto al mar que hace más placentera su oferta gastronómica, en la que el pescado es el protagonista y el ‘bullit de peix’ el plato estrella. Otra opción es comer en alguno de los buenos restaurantes que hay por el camino entre Port de Sant Miquel y la capital. El mejor, Ama Lur , una casa payesa donde se sirve cocina de inspiración vasca. También notables, Can Pau y Macao Café, ambos en Santa Gertrudis.16.00 A Dios rogando y a los piratas vigilandoDespués de comer en Port de Sant Miquel (o antes, si lo hacemos en Santa Gertrudis), nos detendremos en el pueblo de Sant Miquel de Balançat, a apenas dos kilómetros de la playa. Aquí encontraremos una hermosa iglesia que, desde el siglo XIV, se fue ampliando hasta desarrollar su complejidad actual. Resultan especialmente interesantes los frescos de sus muros, ocultos hasta hace unos pocos años. La iglesia está situada en lo alto de una pequeña colina, por lo que las vistas del campo ibicenco son otro de sus atractivos. Si el día de nuestra visita es jueves, podemos curiosear y comprar recuerdos en el mercadillo de la plaza de Sant Miquel. 18.30 El espectáculo de la muerteLa necrópolis púnica más grande del mundo, con más de 3.000 tumbas, sarcófagos, ajuares, amuletos de barro cocido y capillas subterráneas, es un espectáculo único que no podemos dejar pasar. El impresionante yacimiento de Puig des Molins, al pie del casco histórico, habla con sobrecogedora elocuencia de los orígenes fenicios de la ciudad a través del que fue su cementerio: un terreno lleno de cuevas que llegó a ocupar 50.000 metros cuadrados y que posteriormente fue también utilizado por los romanos. A menos de 200 metros de la necrópolis se puede ver otro yacimiento importante, el de Sa Capelleta, con restos púnicos, enterramientos romanos y numerosos vestigios de época islámica, correspondientes estos últimos al arrabal urbano que hubo al oeste de las murallas.El yacimiento de Puig des Molins habla con elocuencia de los orígenes fenicios de la ciudad a través del que fue su cementerio 19.30 Pasear sobre la arena al atardecer La playa de Talamanca, al otro lado de la ciudad, ofrece casi un kilómetro de arena y mucho más mar Mediterráneo en el que disfrutar en pareja, con la familia o rodeado de amigos. El atardecer es el momento perfecto para descalzarse y caminar junto a las olas con el sol acariciándonos la espalda. La alternativa es tomarse algo en la plaza del Parque, que está llena de terrazas, al igual que el vecino paseo Vara de Rey. 21.00 Visitas teatralizadas y música en vivo A lado de la plaza del Parque, a los pies de unas murallas que al caer la tarde parecen cambiar de textura, en la zona noroeste de la fortificación, se encuentra el restaurante La Brasa, de cocina mediterránea con un toque moderno, servida en un patio encantador. En la oficina de turismo se pueden consultar los horarios nocturnos de la visita teatralizada a Dalt Vila, que varían a lo largo del año. Estas visitas, de una hora y cuarto de duración, tienen como hilo conductor una historia de amores contrariados ambientada en el siglo XVI. Después de cenar (o de la visita), nos aguarda, enfrente del restaurante, el antiguo Teatro Pereyra, en cuya planta baja se celebran desde 1988 los mejores conciertos de música en vivo. 23.00 Compras a medianocheÉsta es buena hora para adentrarnos por las callejuelas del puerto, ya que, en temporada alta, mantienen sus tiendas abiertas hasta la medianoche. Resulta un placer especial curiosear y conocer la ropa, complementos y productos isleños bajo las estrellas. La zona está abarrotada de restaurantes y terrazas, entre los que desfilan gogós y relaciones públicas anunciando las fiestas que va a haber esta noche en cada discoteca. Quien busque bares de ambiente en las calles Enmig y Mare de Déu los encontrará. Más ciudades para visitar en 48 horas Burgos: historia de la Humanidad y de Castilla Burgos Soria, la ciudad de los poetas Soria Logroño, capital de la buena vida Logroño A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos) Pamplona

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Visitar la catedral y la tumba del Cid antes de comer unas morcillas y un lechazo asado está muy bien. Esto es lo que se ha hecho en Burgos desde que se inventó el turismo. Pero tampoco están mal, para variar, los museos de nuevo cuño que han surgido últimamente, como el Centro de Arte Contemporáneo de Caja Burgos. O como el de la Evolución Humana, que expone los cráneos y las hachas paleolíticas de Atapuerca en un edificio rebosante de luz y modernidad. También hay nuevos gastro¬bares y tabernas urbanas, donde se le da una vuelta creativa y alegre a la cocina castellana. Todo esto es sumar, mejorar, adaptarse, evolucionar. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Puerta abierta a la Edad Media  Para viajar al pasado no hacen falta máquinas de ciencia-ficción, sólo cruzar el arco de Santa María; , que es una de las doce puertas que daban acceso a Burgos en la Edad Media. Allí nos reciben, esculpidos en la cara exterior, la que da al río Arlanzón, personajes con tanta fuerza histórica como Fernán González, que fue conde de Burgos y el primero de Castilla, o como el Cid, que por aquí entró y salió unas cuantas veces. Dentro del arco, que es enorme, se halla la Sala de Poridad, un salón de forma octogonal con un bellísimo artesonado mudéjar, donde celebró sus reuniones el concejo de Burgos hasta 1780. Pero para ver este último, si tenemos interés, deberemos volver más tarde, porque el monumento no lo abren hasta las 11.00.Nada más cruzar el arco se comprueba que, en efecto, es una puerta abierta a la Edad Media, porque allí, al otro lado de la plaza del Rey San Fernando se alza, afilada y radiante, una de las más altas cumbres del arte gótico, la catedral de Burgos, cuya primera piedra se puso en 1221. Antes de entrar, merece la pena dedicar un rato largo a admirar sus proporciones, las torres, las agujas, los pórticos… En el interior, destaca la capilla de los Condestables de Castilla, una maravilla del gótico isabelino que aloja el monumento funerario de Pedro Fernández de Ve¬lasco y su esposa. También hay que detenerse en la tumba del burgalés más famoso de la historia: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Dejaremos para el final un tranquilo paseo por el claustro, uno de los más bellos de su estilo en España. 12.00 Retablos y arte contemporáneo A la salida de la catedral, podemos asomarnos a la iglesia de San Nicolás, que está al lado, en la calle de Fernán González, y tiene un retablo renacentista hecho en piedra, el único de este material que hay en Castilla y León. Esta calle era la principal arteria de la ciudad en la Edad Media; por ella pasaba (y pasa) el Camino de Santiago.También podemos acercarnos, avanzando dos minutos por la calle de Santa Águeda, a la iglesia del mismo nombre, que es la Santa Gadea, donde el Cid hizo jurar a Alfonso IV que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano, Sancho II. Y, si es verano, podemos subir por la calle Pozo Seco a la iglesia de San Esteban, un templo gótico sin culto que abre sus puertas en julio y agosto para mostrar, como Museo del Retablo, 18 piezas excelentes, que van del siglo XV al XVIII.El que abre todo el año es el CAB, Centro de Arte Caja de Burgos, que queda justo detrás de la iglesia de San Esteban, en la calle de Saldaña: un edificio rompedor que acoge exposiciones del arte más actual y cuya terraza brinda una perspectiva excepcional del casco histórico. Primera tarde 14.00 Mesa con vistas a la catedral  El Mesón del Cid ocupa una casa-palacio del siglo XV frente a la catedral y, además de unas vistas difí-cilmente mejorables, ofrece auténtica cocina castellana: morcilla, alubias rojas de Ibeas, cordero lechal asado… Reseñar, como curiosidad histórica, que en esta casa estuvo la imprenta de Fadrique de Basilea, discípulo de Gutenberg, donde se imprimió la primera edición de La Celestina, en 1499. En la misma plaza se halla el asador Puerta Real , de cocina tradicional evolucionada y con una ambientación muy cuidada y elegante.Si queremos algo más original, también pegado a la catedral (justo detrás) está el Restaurante El 24 de la Paloma, donde la morcilla se sirve en forma de crujiente y la sopa castellana, deconstruida. Y si nos apetece una comida informal, más de picoteo, iremos a la taberna urbana La Favorita, para disfrutar de su amplia bodega, sus pinchos y bocadillos creativos y sus chacinas ibéricas de primera.16.00 De plaza en plazaDespués de comer, vamos dando un paseo a la Plaza Mayor (a dos minutos de la catedral, por la calles de la Paloma y Cardenal Segura), antiguo lugar de mercados, con soportales en todo su contorno. Sobre la puerta de Carretas se levantó a finales del siglo XVIII el Ayuntamiento.Por la calle Entremercados, de nombre bien expresivo, pasamos a la vecina plaza de Santo Domingo de Guzmán. Y de ésta, cruzando la calle de Santander, a la plaza de la Libertad, donde se alza el palacio de los Condestables de Castilla, popularmente conocido como casa del Cordón, por el cíngulo franciscano que hay esculpido en la portada. Los Reyes Católicos recibieron aquí a Colón cuando regresó de su segundo viaje a América, en 1497. En la actualidad es Cultural Cordón, un centro que organiza importantes exposiciones y conciertos, a menudo en el magnífico patio renacentista que amplifica la magia de la música. 17.00 Paseo del Espolón: el salón de la ciudad Continuamos nuestro paseo en dirección al río Arlanzón, a 200 metros, no sin antes detenernos ante el monumento al Cid, estatua ecuestre de bronce, obra de Juan Cristóbal González Quesada, que es, después de la catedral, lo más fotografiado de Burgos.A la diestra del Campeador, si miramos hacia el río, comienza el paseo del Espolón, lugar de encuentro y recreo de los burgaleses. Este auténtico espejo social de la ciudad acoge edificios que han sido testigos de su historia, como la remozada sede de la Diputación Provincial, la casa del Consulado del Mar, de estilo neoclásico, que hoy es sala de exposiciones; o el Teatro Principal, un elegante edificio de mediados del siglo XIX.  El Templete de Música es en realidad una reproducción del original, diseñado en 1897. Está, como todo el paseo, asombrado por las acacias, los castaños de indias, los álamos y los plátanos. 17.30 Historia y arte de Burgos  Al llegar al arco de Santa María, donde arrancamos esta mañana, cruzamos el río por el puente del mismo nombre y enseguida encontramos el inicio de la calle Miranda, a mano izquierda. Aquí se sitúa el Museo de Burgos, que ocupa dos edificios contiguos del siglo XVI: la casa de Miranda y la casa de Íñigo Angulo. La fachada principal de la primera da a la calle paralela de Calera y luce una hermosa portada plateresca. El museo acoge una rica y extensa colección de arqueología y bellas artes, de profundas raíces burgalesas. 19.30 Ruta de la Luz Al caer el sol, se pone en marcha la llamada Ruta de la Luz, formada por 30 monu-mentos y rincones que adquieren otra dimensión cuando se iluminan. El recorrido, de casi seis kilómetros, se puede hacer a pie, pero es mejor en el tren turístico Chuchutrén: es más cómodo y más rápido (60 minutos) y, además, es todo ventanilla. Sale de la plaza del Rey San Fernando, al pie de la catedral, entre las 19.15 y las 22.30, dependiendo de la época del año.Al caer el sol, se pone en marcha la llamada Ruta de la Luz, formada por 30 monu­mentos y rincones que adquieren otra dimensión cuando se iluminan21.00 Cena, postre y copa Después de hacer el recorrido, regresamos a la orilla sur del Arlanzón por el puente de Santa María, doblamos a la derecha y llegamos al hotel NH Palacio de la Merced. Ocupa un monasterio del siglo XVI con claustro gótico y vistas inmejorables a la catedral. En su restaurante El Rincón de la Merced podemos disfrutar de platos elaborados con productos locales de temporada.Postre y copa se pueden tomar en el Vará Café, muy cerca de la Plaza Mayor. Aquí han descubierto que las tartas de la merienda y los gin tonics de la noche maridan bien a cualquier hora. Tampoco hay que andar mucho para hacer la ruta de la Puebla (250 metros desde la Plaza Mayor), con paradas obligadas en Larekabala y La Chica de Ayer . En verano, la terraza que más apetece es la de El Vagón del Castillo. El viejo vagón de tren se fue hace mucho, pero el castillo de Burgos y sus vistas siguen ahí. Primera mañana 10.00 Monumentales Huelgas Vamos a conocer uno de los grandes monumentos de Castilla: el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. Desde el arco de Santa María, es un trayecto de 20 minutos a pie por las avenidas de Palencia y del Monasterio de las Huelgas. Pero, teniendo en cuenta las otras visitas que vamos a hacer después, es aconsejable coger el coche. El monasterio de las Huelgas fue fundado en 1187 por Alfonso VIII y su esposa, Leonor de Plantagenet, con el deseo de convertirlo en panteón de los reyes castellanos. Su rica arquitectura destaca por la simbiosis de arte cristiano y musulmán. Además, su Museo de Ricas Telas atesora una magnífica colección de tapices y ropajes de la monarquía medieval. El monasterio dispone de hospedería, en la que solo se cobra una aportación económica libre. La única condición es respetar el silencio y la discreción que rige la vida de las monjas cistercienses. Después, si vamos bien de tiempo, podemos acercarnos al antiguo Hospital del Rey, que está a un kilómetro largo. Era lugar de acogida de peregri-nos jacobeos. Ahora, totalmente reformado, forma parte de la Universidad de Burgos, pero sigue conservando la espléndida entrada al patio de Romeros.12.00 Tumbas de reyes, héroes y caballos Hay que ir a la otra punta de la ciudad, hasta el parque de Fuentes Blancas (a tres kilómetros del centro), para descubrir sobre una loma la magnífica Cartuja de Miraflores. Fue fundada por Juan II en 1442, haciendo donación a los cartujos de un pabellón de caza que aquí tenía. Alberga un gran conjunto funerario (el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, y el del infante Alfonso de Castilla, ambos de alabastro, obra de Gil de Siloé) y un soberbio retablo, joya del arte tardogótico. Una veintena de cartujos vive, ora y duerme en ella.Continuando por la misma carretera, llegamos al monasterio de San Pedro de Cardeña. Su origen se remonta al siglo IX y, según el Cantar de Mio Cid, el Campeador dejó en él a su mujer y a sus hijas cuando marchó al destierro. El Cid y Doña Jimena estuvieron aquí enterrados hasta 1921, año en que sus restos fueron trasladados a la catedral de Burgos. El caballo Babieca sigue descansando (o eso le gusta pensar a la gente) bajo un monolito que hay cerca de la entrada. Segunda tarde 14.30 Cordero asado o tapas innovadoras  El cordero lechal asado en horno de leña de Casa Ojeda tiene fama de ser el mejor de todo Burgos. A dos pasos, en la plaza de la Libertad, tenemos otro clásico de la restauración burgalesa: Polvorilla. Dos opciones menos céntricas, pero igualmente válidas, son Casa Avelino y Blue Gallery. La primera es una casa de comidas de toda la vida, famosa por sus guisos. El segundo, un gastrobar donde se ofrece la cocina más innovadora de la ciudad, fusionando lo castellano con lo oriental, lo francés o lo peruano. Se puede comer un menú de degustación o tapear en barra. Aunque, para picotear, el lugar número uno, bueno y barato, es la cervecería El Morito. Su único defecto es que está siempre lleno. Sombrerería, San Lorenzo y Avellanos son las calles donde más se tapea.  16.30 En busca de nuestros orígenesSi nos parece que hemos comido mucho y variado, eso no es nada comparado con lo que zampaba nuestro tatarabuelo, el Homo antecessor, que, además de consumir gran cantidad de vegetales, cazaba y devoraba ciervos, carneros y caballos, carroñeaba rinocerontes y mamuts y encima practicaba el canibalismo.El padre de todos los homínidos europeos, que anduvo por estas tierras hace 850.000 años, es la estrella del Museo de la Evolución Humana. Inaugurado en 2010, el museo es una caja de luz transparente, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, donde se ofrece una visión panorámica de la presencia del hombre en la Tierra, poniendo el énfasis en los hallazgos efectuados en los yacimientos de Atapuerca, a 24 kilómetros de Burgos, los más importantes del mundo en volumen, calidad y variedad de fósiles humanos.Si además del museo, se desea ver los Yacimientos y Parque Arqueológico de Atapuerca, es mejor programar la visita por la mañana y reservar buena parte de la jornada, pues la hora de regreso a Burgos oscila entre las 13.30 y las 17.30, dependiendo del día y de la época. También hay que tener en cuenta que el museo cierra lunes y domingos por la tarde. 19.30 Compras gastronómicas Al salir del museo, podemos consultar la programación del vecino Fórum Evolución, por si nos apetece asistir esta noche a una ópera o un concierto en su audito¬rio, inaugurado en 2012. Otra posibilidad, dadas las horas que son, es ir a merendar a Juarreño, un obrador de alta pastelería donde hacen dulces tan curiosos como los Bifaces de la Sierra, unos bombones inspirados en las hachas de mano halladas en Atapuerca. Y, ya que estamos metidos en harina gastronómica, podemos comprar algunos productos típicos para llevar a casa: morcilla y vinos de Ribera del Duero en La Vieja Castilla, o alubias rojas de Ibeas y queso mantecoso de Burgos en Delicatessen Ojeda, o cecina de novillo en la charcutería El Pilar, a pocos metros de la catedral. Más ciudades para visitar en 48 horas Una señora ciudad Santander La ciudad de los museos Málaga 3.000 años de alegría Cádiz La joven milenaria Salamanca

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Badajoz

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Su situación estratégica, a orillas del Guadiana, ha marcado tanto su historia belicosa y su arquitectura que hasta la catedral tiene almenas. Pero el tiempo de los cañonazos pasó, y la alcazaba musulmana y los baluartes de los siglos XVII y XVIII son ahora pacíficos jardines y observatorios de atardeceres. No quieren más guerras los pacenses, sino carnavales. Ni más muros. La antigua cárcel es un museo de arte contemporáneo y la vieja plaza de toros, que fue campo de prisioneros, un Palacio de Congresos. Badajoz es ahora ciudad de paso y de encuentro, mesa franca donde el jamón de la dehesa de Extremadura se codea con el bacalao dorado portugués y con una centolla gallega. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 El Divino y la catedral Badajoz ha dado conquistadores (Pedro de Alvarado), políticos, toreros (Talavante) y cantantes pero, su hijo más grande, sin duda, fue el pintor Luis de Morales, al que sus contemporáneos llamaban el Divino por su predilección por los temas religiosos (inolvidable, su Virgen con el Niño) y por lo bien que pintaba. Hasta Felipe II quiso conocerlo cuando pasó por Badajoz en 1580. Justo es, pues, que su escultura se levante en el corazón de la ciudad, la plaza de España. Detrás del Divino encontramos el palacio Municipal, de mediados del siglo XIX, cuya fachada luce un bonito color melocotón.El otro gran edificio de la plaza, al que parece mirar Morales, es la catedral de San Juan, que hay quienes piensan que empezó a construirse en el siglo XIII y quienes creen que en el XV; sea cuando fuere, se hizo con una enorme torre de 41 metros y con almenas, para defenderse del vecino portugués. Dentro, son llamativos el retablo mayor barroco, el coro y la lámpara central, con 102 brazos y ¡3.700 kilos de peso! En la parte posterior, podemos ver el Museo Catedralicio, donde hay obras de Morales. 11.30 Carteles de toros de hace 500 años  Salimos de la plaza por la calle de José López Prudencio. Al hacerlo pasamos por delante del convento de las Carmelitas Descalzas, del siglo XVIII, y del Museo Taurino, que es uno de los mejores de España, con una colección de carteles que comienza en el siglo XVI. Al final de la calle descubrimos la coqueta plaza de Cervantes, con su bello empedrado blanco y negro colocado en estrella, al estilo portugués, en 1888. La estatua que la preside no es de Cervantes, como cabría esperar, sino del pintor extremeño Francisco de Zurbarán. Tampoco la gente la conoce como plaza de Cervantes, ni de Zurbarán, sino como San Andrés, que es la iglesia que se levanta en su esquina suroccidental. 12.30 Plaza Alta: de zoco a rastrillo  Volvemos a la plaza de España y subimos por San Juan hasta la iglesia de la Concepción, curioso templo dieciochesco de planta circular (caso único en Extremadura) atribuido a Ventura Rodríguez, cuya cúpula se ve desde casi cualquier punto de la ciudad. Luego seguimos ascendiendo por Moreno Zancudo hasta la plaza Alta, que es la más típica y vistosa de la ciudad.El edificio con cuatro arcos de herradura son las antiguas Casas Consistoriales, de estilo mudéjar. En esta plaza estaba el antiguo zoco árabe, justo al lado de la muralla. En el siglo XV el recinto se cerró para albergar ferias, corridas de toros y fiestas populares. Las denominadas casas Coloradas, que ocupan dos de los lados de la plaza y nos asombrarán con su desenfadada combinación de piedra roja, gris y blanca (no se ven muchas fachadas así), datan del siglo XVII. El primer sábado de cada mes hay un rastrillo de artesanía y antigüedades. 13.30 Jardín secreto y botánico  Saliendo por la calle Castillo, y bordeando la torre de Espantaperros, llegamos a los jardines de La Galera. Son uno de los más bellos y desconocidos de la ciudad. En ellos podemos ver desde un lienzo de la primitiva muralla, del siglo IX, hasta un árbol botella procedente de Brasil, pasando por un edificio del siglo XVI que recuerda a las villas de la Toscana. También han sido Ayuntamiento, depósito de trigo, hospicio, cárcel de mujeres (en el siglo XIX), escuela (1923) y Museo Arqueológico Provincial (1938- 1978). Ahora, es un jardín botánico con 90 especies de plantas de los cinco continentes.  Primera tarde 14.00 Las mejores tapas  Para comer bien, al lado de la plaza de España está el restaurante El Potro, especializado en carnes y embutidos de la tierra. Si preferimos tapear (bacalao dorado, ibéricos…), cerca de la misma plaza se encuentran La Abacería de San Juan, La Casona Baja y El Tronco. En la plaza Alta, encontraremos La Casona Alta y La Cacharrería del Chupys. Y en la vecina plaza de San José, la Bodega San José, con originales tostas.16.00 Paseo por la AlcazabaPor la plaza de San José pasamos, en cualquier caso, para visitar la alcazaba. Pero antes entramos en las casas Mudéjares, unas viviendas del siglo XIV o XV, de adobe y ladrillo, con columnas de mármol y capiteles visigóticos en su soportal, que albergan la Oficina de Turismo. La alcazaba es el recinto amurallado árabe más grande de Europa. Desde el adarve tenemos unas vistas sensacionales sobre la ciudad. En su recinto está el palacio de los duques de Feria, sede del Museo Arqueológico Provincial. Lo más bello de la alcazaba es la torre de Espantaperros, con sus perspectivas sobre el río Rivillas y el barrio de San Roque. 17.30 Para saber más de la ciudad  Regresamos a la plaza de San José y bajamos hasta la de Santa María para visitar el Museo de la Ciudad Luis de Morales, en el que se repasa la historia y el patrimonio de Badajoz de forma amena y didáctica. Seguimos por la calle Céspedes, que nos lleva hasta la iglesia y el convento de San Agustín, una de las parroquias más queridas por los pacenses, que suelen casarse en ella.Continuamos a la izquierda por José Lanot hasta la pequeña plaza de la Soledad. Aquí se encuentra la ermita de la Soledad, otro lugar habitual de bodas. Se consagró en 1935, cuando la imagen de la patrona de Badajoz se trasladó desde la catedral. A su derecha tenemos la casa de las Tres Campanas, una de las más bellas de la ciudad, construida por encargo de la familia Ramallo en 1899. Fue la primera que dispuso de ascensor en Extremadura (en 1917) y, durante buena parte del siglo XX, la tienda de juguetes más emblemática de Badajoz. 18.30 La Giralda pacense Al otro lado de la calle nos sorprende… ¡la Giralda! Es un edificio de estilo regionalista andaluz, construido entre 1927 y 1930, que reproduce la famosa torre sevillana. La escultura que corona esta Giralda pacense no es la de la Fe Victoriosa, sino un Mercurio, dios del Comercio, porque el edificio fue originalmente un almacén. A la derecha está el Museo Provincial de Bellas Artes, la pinacoteca más importante de la región.19.00 Puesta de sol sobre el Guadiana Es una buena hora para pasear en busca de alguna ganga o de esos regalos que son tan agradecidos a nuestra vuelta. Para ello, sólo tenemos que bajar por las calles Francisco de Pizarro y Menacho hasta la avenida de Juan Carlos I, que es una de las principales arterias comerciales de Badajoz. Pero también es ya buena hora para observar la puesta del sol sobre el Guadiana desde la alcazaba. Así que, después de las compras, volvemos sobre nuestros pasos por Pizarro y San Pedro de Alcántara, y nos dirigimos a la torre de los Ahorcados, desde donde obtenemos unas vistas increíbles de la ciudad. 21.00 Platos extremeños y gallegos   Para cenar, cruzamos el Guadiana por el puente de la Universidad, uno de los cuatro que hay sobre el río, y nos dirigimos a Lugaris, restaurante de cocina tradicional actualizada con tres cartas al año, donde las carnes y los quesos extremeños son protagonistas. Cerca está La Toja, que es un pedacito de Galicia (con sus pulpos, sus centollas, sus merluzas de pincho, sus pimientos de Padrón y sus vinos de Ribeiro) a orillas del Guadiana.Si queremos apurar más nuestra primera jornada, regresamos al centro, a las zonas de Soledad, Juan Carlos I o a la plaza Minayo. Es hora de buscar algún club o bar con buen ambiente. El Cafe Dadá tiene, además de una atmósfera muy agradable, una excelente carta de gin-tonics. Y el veterano Café Concierto Mercantil , una gran tradición de música en directo. Segunda mañana 10.00 Puentes de todas las épocas  Nos situamos frente al Guadiana, en la puerta de Palmas, la más bonita de la ciudad, construida en 1551. Sus dos torres fueron prisión real: por el lado exterior las une un doble arco de medio punto con el escudo de Carlos V. En el interior hay una hornacina con la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles.Cruzamos la avenida Entrepuentes y comenzamos a caminar por el puente peatonal de Palmas. El primero se construyó en 1460, pero una riada se lo llevó en 1545. El que vemos se terminó en 1596, pero también ha sido reconstruido más de una vez. Mide 585 metros. Desde el centro tenemos una gran panorámica sobre la ciudad, con el puente Real muy cerca. Este último fue inaugurado en 1994. La imagen de su arco o pinza central, con 28 tirantes de acero, es una de las más características del moderno Badajoz. 11.00 Menacho: el eje comercialDesde la puerta de Palmas vamos por Ramón y Cajal hasta el parque de Castelar, situado en el antiguo olivar y huertos del convento de Santo Domingo. Éste es otro de los pequeños pulmones verdes de la ciudad, abundante en árboles y agua. Cruzamos el parque y salimos por la calle Gómez de Solís en busca de la cercana zona de Menacho. En esta calle y su entorno hay más de 140 comercios, que se han agrupado en la asociación Centro Comercial Abierto Menacho. Entre las 10.00 y las 21.00 horas, podemos encontrar prácticamente de todo. 12.00 Del carnaval a la cárcel Nuestro próximo destino es el baluarte de Santiago, del siglo XVIII. Sobre él se abre la plaza de la Libertad, donde se halla el Museo del Carnaval. Aquí podemos ver una selección de los elaborados disfraces que crean cada año las comparsas, de la música carnavalesca y de las letras murgueras, además de conocer la historia de esta fiesta de Interés Turístico Nacional.Avanzando por la cercana ronda del Pilar y girando por la avenida de Europa, llegamos, tras pasar la plaza de la Constitución, a un nuevo parque. En medio, vemos un chocante cilindro de color rojizo, con una especie de tapa: es el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC). Su colección de arte y las exposiciones temporales rivalizan en interés con la construcción, que ha adaptado el edificio central de la antigua prisión. 13.30 Las huellas del asedio  No lejos, junto a la plaza de toros, nos encontramos con el baluarte de Santa María o de la Laguna (así llamado porque sus fosos se podían inundar en caso de ataque) y el de la Trinidad. Ambos fueron escenario de combates en 1812 cuando el ejército anglo-portugués saqueó Badajoz en uno de los más sangrientos episodios de la Guerra de la Independencia. Al salir del recinto fortificado y entrar en los jardines de la Legión descubrimos uno de los espacios verdes que más ha ganado en los últimos años. Ofrece unas vistas diferentes sobre los baluartes, la alcazaba y la ribera del Rivillas. Podemos caminar por el paseo central o sentarnos al lado del estanque a ver el paisaje.  Segunda tarde 14.30 Pescados y mariscos  A cinco minutos del Museo del Carnaval y otros tantos del MEIAC, se halla el restaurante Galaxia Cocina Pepehillo, que es el mejor de la ciudad para comer pescados y mariscos, aunque también sirve buenas carnes de retinto e ibéricos y embutidos regionales con denominación de origen. 16.30 Un edificio rompedorComenzamos la última etapa de nuestra visita en el baluarte de San Roque. En uno de sus lados, vemos la puerta del Pilar. Abierta en 1692, fue mandada construir por el conde de Montijo. En la parte exterior, vemos los escudos de Carlos II y del propio conde. Al otro lado, dando a la ronda del Pilar, se encuentra otro de los símbolos del nuevo Badajoz, el Palacio de Congresos. Es un edificio excepcional (un cilindro de 75 metros de diámetro construido en 2006 sobre la plaza de toros vieja) que ha sido elegido por el MOMA de Nueva York como uno de los más representativos de la arquitectura española de los últimos 30 años.El Moma ha elegido el Palacio de Congresos como uno de los más representativos de la arquitectura española de los últimos 30 años 17.30 Donde la ciudad se divierte Cruzamos la ronda y giramos por Zurbarán a la derecha, hasta la plaza de San Atón. Es muy conocida y popular, ya que es uno de los lugares donde se celebran especialmente las fiestas del carnaval pacense. La plaza se une físicamente con la de Minayo. Ha sido peatonalizada, lo que ha impulsado su condición de punto de encuentro y reunión. En una esquina vemos la iglesia de San Juan Bautista, que aunque no lo parece, es de las más antiguas de la ciudad. Pero el dinamizador de la plaza es el Teatro López de Ayala. Construido en 1886, este monumental escenario acoge los festivales de murgas de los carnavales y las actuaciones de los grandes artistas que pasan por Badajoz.18.30 El paseo-parque de San Francisco A la izquierda del teatro desembocamos en el paseo de San Francisco, que ocupa el antiguo huerto del convento del mismo nombre que se inauguró en 1836. El templete para actuaciones musicales se instaló en 1894. Después llegarían las palmeras, los plataneros y los bancos decorados con motivos del Descubrimiento. Volvemos a estar muy cerca de Menacho. A estas horas se vive una intensa actividad comercial. Nos dedicamos a dar un agradable paseo por esta vía peatonal, que invita a pararse en cada uno de sus escaparates. Subimos hasta Juan Carlos I y Pizarro, y tomamos Meléndez Valdés a la derecha. Esta calle nos devuelve a la plaza de España y a sus terrazas.21.00 Cena de despedidaUna buena visita merece una buena cena de despedida. Si queremos ambiente y platos modernos, el restaurante indicado es El Sigar. Si preferimos un lugar con solera y calidad, iremos a Marchivirito: todo el mundo habla maravillas del steak tartare, pero también gustan mucho los escalopines de retinto con crema de torta de la Serena y las manitas de cerdo rellenas de foie y hongos. Más ciudades para visitar en 48 horas Soria, la ciudad de los poetas Soria La joven milenaria Salamanca La vetusta más moderna Oviedo La reina de las tapas y viejos volcanes Ciudad Real

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Soria

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Del verano de 1909 al verano de 1912, Antonio Machado pasó en Soria los días más felices de su vida junto a su esposa, Leonor. Visitaremos con emoción los escenarios de aquel amor y de la temprana muerte de ella: el paseo de San Saturio, el Instituto, el casino, la iglesia donde se casaron, el cementerio del Espino... Paseando por las calles que recorrió Machado, descubriremos también lugares que frecuentaron y cantaron Bécquer y Gerardo Diego, y nos preguntaremos cómo una ciudad tan pequeña inspiró tanta poesía. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.30 La casa de Machado y Leonor Comenzamos el recorrido a pie por Soria en la ermita del Mirón, lugar alto y oreado cerca del cual Machado alquiló una casa cuando Leonor enfermó de tuberculosis y al que venían a pasear confiando en el poder curativo del sol y del aire puro, ella cada día más débil, y al final en silla de ruedas. Un sencillo monumento (la silueta de la pareja, recortada en metal) recuerda esos paseos. El sitio es muy romántico y la vista de Soria abrazada por el Duero, también.10.00 San Pedro y el puente de PiedraAl pie del cerro sobre el que está la ermita, nos aguarda la concatedral de San Pedro, con su claustro de mediados del siglo XII y, dentro del claustro, el capitel de la lujuria, en el que aparecen cuatro dragones mordiendo los pechos de dos mujeres. Enfrente de la concatedral, en la calle Real, se hallan las ruinas de la iglesia románica de San Nicolás. Y a 300 metros, bajando por la calle de San Agustín, el puente de Piedra sobre el Duero, que tiene ocho ojos y se construyó durante la repoblación del siglo XIII.11.00 Un claustro de arcos entrelazadosNada más cruzar el Duero, a mano izquierda, queda el Centro de Recepción de Visitantes, que es el sitio indicado para hacernos con un plano de la ciudad y solucionar las dudas que tengamos. Poco más allá, en la misma orilla, los caballeros hospitalarios levantaron en el siglo XII el monasterio de San Juan de Duero. Su claustro destechado de arcos entrelazados es un rincón bellísimo, misterioso, inspirador… Nos encontramos en el inicio del camino al monte de las Ánimas, escenario de una de las leyendas más famosas de Bécquer. 12.00 De San Polo a San Saturio  Vamos ahora hacia la derecha, por la carretera de Ágreda, y a los 200 metros nos desviamos por el camino de San Polo, que bordea el Duero. El sendero pasa por debajo de la antigua iglesia del monasterio de San Polo, que fue fundado por los templarios en el siglo XIII y hoy es una vivienda particular. Superamos el paso a nivel y nos adentramos en terreno más agreste. Estamos en el paseo de San Saturio, lugar pleno de evocaciones machadianas. Aquí Machado escribió algunos de los mejores poemas de Campos de Castilla, antes y después de conocer a Leonor.Al final del paseo están el Rincón del Poeta, que la ciudad le dedicó en 1932, y la ermita de San Saturio, patrón de Soria. La iglesia es de planta octogonal y se erige sobre dos grutas naturales. Saturio era un noble visigodo que, en el siglo VI, repartió sus riquezas y se fue a vivir como un ermitaño en estas cuevas. La casa de aquel pobre voluntario tiene unas vistas sobre el Duero que muchos ya quisieran.El paseo de San Saturio está lleno de evocaciones machadianas. Aquí el poeta rumió algunos de los mejores poemas de Campos de Castilla13.00 La última morada de LeonorCruzamos por una pasarela que nos lleva al paseo de San Prudencio y giramos a la derecha. Desde el aparcamiento de San Prudencio, una pequeña carretera zigzagueante (las Siete Curvas, le llaman) sube directamente al cerro del Castillo. Arriba, el Parador Antonio Machado domina un panorama de lo más amplio y evocador. Bajando por el lado contrario del cerro, por la calle de Fortún López, llegamos sin pérdida al cementerio del Espino, donde hay una lápida de mármol blanco con un breve epitafio (“A Leonor, Antonio”) y, junto a la iglesia, un olmo seco, como el del famoso poema. Para Leonor, sabido es, no hubo “otro milagro de la primavera”. Primera tarde 14.30 Restaurantes para todos los gustos  Podemos comer en el Parador de Soria, gozando de la vistas. O hacerlo en el restaurante Baluarte, que está en un palacete de la calle Caballeros, a 200 metros de la tumba de Leonor, y ofrece la cocina más creativa de Soria. Al lado queda la iglesia de San Juan de Rabanera, obra maestra del románico castellano. Otra opción es bajar a la Plaza Mayor para probar las migas, los torreznos del alma, el picadillo, los asados y las carnes rojas hechas a la parrilla a la vista del público en el Mesón Castellano.16.30 La reina de la Plaza MayorLa Plaza Mayor está llena de edificios nobles: la casa de los Doce Linajes, hoy Ayuntamiento; la casa del Común, sede del Archivo Histórico Local; el palacio de la Audiencia, antaño cárcel y ahora centro cultural y teatro; el palacio de Sotovega... Lugares que sin duda fueron y son muy importantes, pero que nos llaman menos la atención que la moderna escultura de Leonor que hay junto a la portada románica de la iglesia de Santa María la Mayor, donde se casó con Machado y donde, tres años y tres días después, se celebró su funeral. Leonor aparece en este bronce tal como iba vestida y peinada el día de la boda. Eso sí: tenía 15 años y el escultor, prudentemente, le ha añadido cinco, como poco. 17.00 Un café en el casino de los poetas Salimos de la Plaza Mayor por la calle peatonal de El Collado, que es el corazón y la aorta de la ciudad, donde los sorianos se pasean y se dejan ver, se paran a mirar las novedades de los escaparates o se reúnen para toman el café. Nosotros lo tomamos en el Círculo de la Amistad, el casino que frecuentaron Machado, Gerardo Diego y Bécquer. En uno de sus salones se conserva el piano de cola que solía tocar Gerardo Diego. Apenas ha cambiado nada. Lo único, el desván, que fue reformado en 2012 para albergar la Casa de los Poetas, un museo dedicado a los tres socios más ilustres.Tampoco ha cambiado mucho, ni está lejos, el Instituto Antonio Machado, donde el poeta daba clase de francés. Hay un busto de Machado junto a la puerta, obra de Pablo Serrano, y un aula-museo con fotos y autógrafos del famoso profesor, incluido el libro de calificaciones, que demuestra que aprobaba a todo el mundo. Es un lugar machadiano clave que, lamentablemente, solo puede visitarse de lunes a viernes, cuando hay clase. 19.00 Santo Domingo al atardecer A esta hora, dorada por el sol de la tarde, es cuando más bella está la portada de la iglesia de Santo Domingo, una de las más ricas del románico español, que preside la plaza de los Condes de Lérida, a cien metros del instituto, calle arriba. Machado, que no era un habitual de las iglesias, venía a esta por amor, acompañando a su esposa.Regresamos por la calle Aduana Vieja. Esta calle peatonal reúne algunas de las mejores casas señoriales de la ciudad. Como el palacio Viejo de los Ríos y Salcedo, obra renacentista del siglo XVI, sede del Archivo Histórico Provincial. El palacio de los Castejones es, junto al anterior, el mejor ejemplo de estilo plateresco de Soria. El palacio de don Diego Solier también es de finales del siglo XVI. Pero la estrella, el que todo el mundo quiere ver y fotografiar, es el palacio de San Clemente, de la familia Marichalar. 20.00 La plaza de Bécquer  Doblando a la derecha por la plaza de San Clemente y de nuevo a la derecha por El Collado, llegamos a la plaza de Ramón Benito Aceña. Aunque ese es su nombre oficial, los sorianos la siguen conociendo como la plaza de los Herradores. Aquí vivió Gustavo Adolfo Bécquer. Y prácticamente viven todos a los que les gusta alternar y comer y cenar saltando de barra en barra. Hay que probar los calamares del bar Apolonia y las gambas con gabardina del bar Iruña (www.irunaplaza.com). Otra zona de picoteo idónea es la plaza de San Clemente, más conocida como el Tubo. Aquí triunfan los champis del Poli y las tostas del Patata.Si preferimos cenar sentados, con calma, cerca tenemos el El Fogón del Salvador, especializado en carnes y con buena bodega, y el restaurante Garrido: cocina castellana, setas y cangrejos.22.00 Copas y hotelesDespués de cenar, podemos explorar los locales del Casco Viejo (calles Real y Zapatería), los del barrio de El Calaverón y los de la Zona (Rota de Calatañazor y aledaños). De ahí, a dormir. Tenemos tantas opciones para ello como hemos tenido para la cena. Una muy buena opción es el Parador. ¿Buscamos un hotel más céntrico?: el hotel Alfonso VIII, en la calle de su nombre. También podemos acabar donde empezamos esta mañana, si nos alojamos en el hotel Leonor Mirón, que está junto a la ermita y comparte las vistas y la poesía del lugar. Segunda mañana 10.00 La Alameda de Cervantes El gran parque urbano de Soria es la Alameda de Cervantes, también conocida como la Dehesa, donde antiguamente se llevaban a pastar los rebaños. Aquí hay una ermita de gran devoción: la de la Soledad. Y ahí al lado abre su puerta el Museo Numantino, que atesora los más valiosos hallazgos efectuados en los yacimientos celtíberos de la provincia. Destacan por su número y su belleza los de Numancia. Como la Fíbula de Caballo, que es el símbolo de Soria. O como el Vaso de los Toros, cuya decoración es un anticipo de Picasso.12.00 Numancia, la ciudad indomableSi nos gusta lo que hemos visto en el Museo Numantino, más nos va a gustar lo que vamos a ver en la propia Numancia, cuyas ruinas se encuentran sobre el cerro de la Muela, en Garray, a siete kilómetros al norte de la capital. Los numantinos resistieron los ataques romanos 20 años, del 153 al 133 antes de Cristo. Al final, prefirieron suicidarse y quemar su ciudad antes que rendirse. Podemos pasear por las calles de la villa original celtíbera y por la ciudad romana, y ver cómo eran sus casas, cómo tejían o molían el grano y cómo se defendían, que era lo que mejor hacían. Segunda tarde 14.00 Paseo por la prehistoria Al volver de Numancia, no entramos en Soria, sino que la rodeamos por el norte para dirigirnos por la carretera de Burgos (N-234) al monte Valonsadero, que aparece señalizado a siete kilómetros de la ciudad. Esta dehesa de pastos jugosos y robledales esconde, entre sus peñas coloradas, 34 covachas con pinturas rupestres esquemáticas, del tercer milenio antes de Cristo: figuras humanas y animales esbozadas con pigmentos ferruginosos que representan, entre otras escenas, ritos de iniciación sexual.La ruta de las pinturas de la Cañada Honda (señalizada con mojones) permite visitar en menos de una hora 11 estaciones de arte rupestre. Se puede hacer antes de comer o después, a modo de paseo digestivo. Aquí mismo se come de maravilla en el restaurante micológico del Hotel Valonsadero. Y con un presupuesto más ajustado, en La Casa del Guarda: chuletas, lomitos y chorizos a la brasa. 18.00 Mantequilla dulce y costrada Volvemos a la calle El Collado para llevarnos un recuerdo tangible (y comestible) de Soria. En el número 18, la pastelería Nueva York vende mantequilla dulce y la típica Costrada (tarta de hojaldre y crema). Y en el 34, Muñoz despacha los mejores vinos sorianos, embutidos caseros, patés, quesos de Oncala y conservas de Boletus. Muy cerca, en el número 38, está la librería Las Heras, especializada en temas sorianos. Lleva ahí desde 1860, así que nuestros poetas tuvieron por fuerza que entrar a curiosear en ella, como hoy nosotros.Como hay tiempo, nos podemos acercar a la plaza de San Esteban para conocer el Centro Cultural Gaya Nuño, dedicado a la memoria del gran historiador, crítico de arte y escritor soriano (de Tardelcuende, para más señas). Siempre hay alguna exposición. Y después, a la calle Aguirre, para contemplar con el penúltimo sol la impresionante fachada del palacio de los Condes de Gómara (renacentista, de finales del siglo XVI), actual palacio de Justicia, que es la principal obra de la arquitectura civil en Soria.21.00 La última cenaPara nuestra última cena en Soria, podemos elegir entre el restaurante Santo Domingo II, que es uno de los históricos de la ciudad, o Rincón de San Juan, que tiene una carta muy cuidada y apetecible. Más ciudades para visitar en 48 horas La joven milenaria Salamanca Todo un descubrimiento Huelva A cuestas con la belleza Granada 3.000 años de alegría Cádiz

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Salamanca

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El puente Romano sobre el río Tormes es testigo de que esta ciudad no se creó hace un siglo, ni dos, ni diez. Muchos de los que la habitan, sin embargo, son estudiantes que no tienen más de 25 años. Y es que Salamanca es ciudad universitaria. Pero no una Universidad cualquiera, sino una de 800 años. Encontraremos muchos contrastes caminando por una ciudad donde lo nuevo se funde a la perfección con lo antiguo. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Un astronauta en la puerta gótica  En el césped de la plaza de Anaya siempre hay jóvenes tocando la guitarra. El día que no los haya, dicen, será porque se ha acabado el mundo. Aquí, junto al palacio de Anaya, hoy Facultad de Filología, comenzamos la ruta por la ciudad universitaria contemplando la catedral Nueva de la Asunción de la Virgen, una de las más grandes y majestuosas de España.Se empezó a construir en 1513, en un estilo gótico muy tardío, y se terminó en 1733; de ahí que la cúpula y los cuerpos superiores del campanario sean barrocos. Evidentemente, el astronauta que hay esculpido en la puerta de Ramos es posterior, de una restauración que se hizo en 1992. Dentro de la catedral, nos llevará un buen rato recorrer su planta de más de 100 metros de longitud, con tres naves cubiertas por altísimas bóvedas de crucería. Al espectáculo arquitectónico se suma la luz entrando por las 90 vidrieras que ordenaron traer de Flandes.11.00 La catedral Vieja y las torresPara llegar a nuestro próximo destino no hace falta salir del templo: accedemos a la catedral Vieja por el interior de la Nueva. Y es que Salamanca es una de las pocas ciudades de España que puede presumir de tener dos catedrales. Fue una suerte que se decidiera conservar la antigua, que se había quedado pequeña por el aumento de la población.Esta primera catedral se construyó entre los siglos XII y XIII en estilos románico y gótico. En su interior, destaca el retablo de la Historia de la Salvación, formado por 53 tablas que narran la vida de la Virgen y Jesucristo. Un recurso muy útil para evangelizar a una población que, en su inmensa mayoría, era analfabeta. Además de la entrada conjunta para visitar ambas catedrales, existe la opción denominada Ieronimus, un recorrido autoguiado por sus cubiertas y sus torres medievales, caminando entre almenas, pináculos y gárgolas, a un centenar de metros de altura. 12.00 Museo de art nouveau y art déco Bajando por la cuesta de Tentenecio (“¡Tente, necio!”, dicen que le dijo el patrón de Salamanca, San Juan de Sahagún, a un toro huido que iba a embestirle en esta vía y que, obediente, se paró), llegamos en menos de un minuto a la calle Gibraltar y a la casa Lis, que es el mejor ejemplo de art nouveau de Castilla y León y alberga una magnífica colección europea de arte decorativo de finales del siglo XIX y principios del XX, con más de 1.600 piezas: esmaltes, bronces, vidrios modernistas y art déco, joyas de Fabergé, muñecas de porcelana y criselefantinas (esculturas de marfil y oro u otro metal precioso).Muy cerca de aquí, la iglesia de San Millán aloja desde 2010 el moderno centro de interpretación Monumenta Salmanticae, donde podemos conocer cerca de 140 edificios y espacios urbanos de Salamanca a través de recreaciones virtuales, infografías y elementos audiovisuales. Si no tenemos mucho tiempo o muchas ganas de visitar los monumentos en persona, éste es nuestro sitio. 13.00 Dos aperitivos literarios Antes de comer, y para abrir el apetito, podemos dar un paseo por el Huerto de Calixto y Melibea, un jardín romántico plantado sobre la antigua muralla, donde a la gente le gusta pensar que tuvieron sus encuentros amorosos los protagonistas de La Celestina. Soñar es como pasear: no cuesta nada. También es la ocasión de bajar al Tormes, a ver el puente Romano. Como advertencia curiosa, cualquier salmantino nos recordaría que, si al llegar a la escultura de verraco vetón que hay a su entrada, un ciego nos dice que apoyemos la oreja (“escucharás ruido dentro de él”), no le hagamos caso: nos estamparía la cabeza como le hizo al Lazarillo.En el Huerto de Calixto y Melibea, un jardín romántico plantado sobre la antigua muralla, a la gente le gusta pensar que tuvieron sus encuentros los protagonistas de La Celestina Primera tarde 14.00 Comida en la escuela En el número 22 de la calle Veracruz, frente a Monumentia Salmanticae, se halla la Fonda Veracruz, un antiguo albergue que desde 1994 aloja la primera escuela de hostelería de Salamanca. Si hemos reservado con meses de antelación, podremos disfrutar de los platos que cocinan sus alumnos a la vista del cliente. Si no somos tan previsores, hay otra opción no menos apetecible, que es ir al mejor restaurante de la ciudad, el del peruano Víctor Gutiérrez, que hace alta cocina de mercado con las técnicas culinarias del Nuevo Mundo. En la misma calle está Momo, un restaurante con estética de club industrial a la berlinesa, ideal para picotear o para comer ligero. Y también La Hoja 21, que es elegante y acogedor, con el ambiente y la decoración perfectos para ir en pareja, y donde todo el mundo sale hablando muy bien de los crepes de txangurro y el solomillo de buey con foie. 16.00 San Esteban: una fachada de oro Justo enfrente del restaurante Víctor Gutiérrez, relumbra la fachada plateresca del convento de San Esteban, diseñada como si fuera un retablo por Juan de Álava y que parece orientada a propósito hacia poniente para que la piedra franca de Villamayor (la roca arenisca de la que está hechos todos los monumentos ilustres de la ciudad) se vuelva de oro al atardecer. Del interior, impresionan el claustro renacentista de los Reyes; la escalera de Soto (enorme y sin apoyos visibles, que parece que levita) y la grande y luminosa iglesia, con el retablo mayor de José Benito Churriguera. 18.00 La rana de la UniversidadPero si hay una fachada en Salamanca que deslumbra y atrae todas las miradas, ésa es la de la Universidad. Nos situamos en medio de esa plaza que es pura armonía, en el patio de Escuelas, junto al Fray Luis de bronce. Y nos entretendremos buscando la rana de la extraordinaria fachada plateresca. Según dicen, el estudiante que entra por primera vez y no la encuentra, suspende seguro. Una pista: está posada sobre una calavera, símbolo del nefasto destino que aguarda a quienes, en lugar de hincar los codos, se distraen con otras cosas (representado, a su vez, por el batracio). A dos pasos se halla la casa-Museo Unamuno, que fue su vivienda en su época como rector (1901-1914) y conserva su biblioteca. 20.30 Clases nocturnas A esta hora las calles se van llenando de estudiantes que se disponen a asistir a su clase favorita: la de ir de tapas. Y nosotros tampoco queremos perdérnosla, así que subiendo por Libreros, Rúa Antigua y Rúa Mayor, nos dirigimos a la Plaza Mayor, que es el salón de Salamanca, donde la ciudad vive, recibe y celebra.En 1729 Alberto de Churriguera inició las obras de esta preciosa plaza barroca que luce la mentada piedra de Villamayor y 88 arcadas en cuyas enjutas hay tallados 57 medallones con los rostros de reyes de España, descubridores y colonizadores de América. También redondas, y más llamativas que cualquier medallón, son las tortillas rellenas del Mesón Cervantes; en el otro extremo de su carta, el más fino y caro, está el lomo de Kobe, una de las mejores carnes del mundo y un imprescindible en Salamanca. Otras aulas magnas del picoteo son Las Tapas de Gonzalo o El Mesón de Gonzalo, renovado en 2011, que ofrece tapas como el típico Farinato con patatas y huevo asado, tostas elaboradas al momento y platos a los que es difícil decir no, como el steak tartar. En Casa Paca y Casa Vallejo también se cena muy bien.No tendremos que andar mucho para encontrar lugares animados después de cenar. Saliendo de la Plaza Mayor por la calle Prior, enseguida nos topamos con el pub Cum Laude, todo un clásico ambientado como un claustro universitario, donde predomina la música pop de los años 80. Más adelante está Garamond, un local también con buena música y gente más arreglada. Otra institución de la noche salmantina es la cercana discoteca Camelot, adosada al convento de las Úrsulas, con auténtica portada blasonada y decoración de palacio medieval. Segunda mañana 10.00 Desayuno con Torrente Ballester Empezamos donde lo dejamos ayer, en la Plaza Mayor, para poder admirarla de día y, de paso, desayunar en el famoso Café Novelty. Fundado en 1905, ha sido lugar de encuentro de escritores y pensadores en Salamanca y que se han acercado a charlar aquí alrededor de un café: Unamuno, Ortega, Antonio Tovar, Juan Benet, Laín Entralgo, Umbral, Carmen Martín Gaite… Al que más se recuerda es a Gonzalo Torrente Ballester, tomando su copa de Ribera y su croqueta de los sábados, porque hay una escultura suya a tamaño natural sentada en uno de los veladores. Hoy el café sigue teniendo su tertulia vespertina e incluso cuenta con una publicación, Papeles del Novelty. Además de cultura, el Novelty ofrece cafés hechos con mimo, dulces artesanales y 25 tipos de helados de ela-boración propia. Para solucionar cualquier duda que tengamos, la Oficina de Turismo  está en la esquina contraria. 12.00 La Casa de las 373 Conchas Ayer la pasamos de largo, pero no porque se nos olvidara, sino porque la casa de las Conchas merece ser visitada con calma. Despidámonos de la Plaza Mayor y, bajando la Rúa Mayor unos 300 metros, nos encontraremos con este edificio gótico con elementos platerescos.Se construyó a caballo entre los siglos XV y XVI, y en ella vivieron Rodrigo Arias Maldonado y Juana de Pimentel (padres del famoso caudillo comunero Pedro Maldonado). De ahí, la decoración de la fachada: las conchas de los Pimentel y las flores de lis del escudo de los Maldonado.Una leyenda urbana dice que detrás de una de las 373 conchas se esconde un tesoro; otra versión más comedida, que una sola moneda de oro. Hay que fijarse también en las rejas, las más bellas, según los que saben, de la ferrería gótica española. Y, ya dentro, en el espléndido patio con arcos mixtilíneos y columnas de mármol de Carrara. Ahora la casa es biblioteca pública, y organiza exposiciones, lecturas, talleres… En el siglo XVIII fue cárcel de estudiantes. Segunda tarde 14.00 Almuerzo histórico Pegado a la casa de las Conchas, en un edificio tan antiguo como ella (si no más), está el restaurante El Bardo, que es ideal para tapear en su terraza, contemplando las nobles piedras de esta histórica calle. Otra buena opción para picotear o comer de plato es el Café Corrillo, que lo encontramos a tan sólo 100 metros de la casa de las Conchas y es lugar frecuentado por estudiantes, artistas y aficionados al jazz, donde se sirven desde desayunos hasta cócteles, pasando por los platos modernos de su restaurante. 16.00 Scala Coeli: las torres de la Clerecía En la misma calle que la casa de las Conchas, justo enfrente, se halla la Universidad Pontificia de Salamanca . Está situada en el antiguo Colegio Real de la Compañía de Jesús, un edificio fastuoso cuya primera piedra se puso en 1617 y que fue diseñado con la intención de competir con la Universidad ya existente.La iglesia de la Clerecía, armoniosa y espectacular, se inició en estilo herreriano, pero al igual que sucedió en el resto del colegio, su ornamentación se fue acrecentando hasta convertirse en una de las más espléndidas manifestaciones del barroco español. El patio Barroco o claustro de los Estudios es de unas dimensiones y una monumentalidad impactantes, más propias de un palacio que de una institución educativa.Al parecer, los jesuitas no estaban del todo satisfechos con la magnitud arquitectónica del colegio, por lo que propagaron el rumor de que en la vecina casa de las Conchas había escondido un tesoro, para que fuera derribada y ellos pudieran ampliar. Desde 2012 se ofrece una visita especial, denominada Scala Coeli, que permite subir a las torres de la iglesia de la Clerecía, recorriendo espacios restaurados y ambientados con luz y sonido, y contemplar la ciudad a vista de cigüeña. 18.30 De compras en el convento Si ya no nos caben más monumentos en la cabeza, podemos acercarnos a la peatonal calle del Toro, que nace en una esquina de la Plaza Mayor, y dedicar el resto de la tarde a mirar y remirar sus escaparates. Entre otras muchas tiendas, hay una de ropa  (Toro, 58-62) sorprendente, pues ocupa el que fue convento de San Antonio el Real de los Franciscanos, del siglo XVIII.  Aunque no compremos nada, vale la pena recorrer esta vía, siempre muy animada, al igual que la calle Zamora. Si queremos ver todavía más monumentos, en esta última calle podemos visitar la curiosa iglesia de San Marcos, de planta circular, como un palomar. 21.00 Despedida con humor Para la cena, podemos arrimarnos al Ensanche, que aún no lo hemos visitado, y probar los sabores tradicionales (aunque en platos de moderna presentación) de La Cocina de Toño, que tiene también una buena barra para tapear. Cerca quedan el gastrobar Vida y Comida, donde se elaboran tapas de autor, y El Alquimista, de cocina actual. Si además de cenar, queremos pasar una velada muy divertida, el sitio es Tormento , un restaurante donde la cocina es lo de menos, y lo de más, el espectáculo de drag queens. Se encuentra al lado de la Plaza Mayor. Más ciudades para visitar en 48 horas Capital de la buena vida Logroño León, tan antigua y tan moderna León Muchas razones para volver Palma de Mallorca Arte en los museos y en los fogones Bilbao

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Logroño

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Logroño ha sido elegida en varias ocasiones entre las cinco ciudades donde sus habitantes viven más felices. Sólo hay que pasarse por la calle del Laurel a la hora del aperitivo o de la cena para entenderlo. Se come bien en Logroño, se bebe mejor (vino de Rioja, naturalmente) y se camina de maravilla. La ciudad es pequeña y está llena de verdes paseos por la ribera del Ebro y calles peatonales por las que los peregrinos pasan muy despacio, casi a cámara lenta, tratando de capturar el aroma de los asadores y las tabernas. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 De Moneo a Miguel Ángel Logroño tiene un Ayuntamiento que merece mucho la pena verlo. Fue proyectado por uno de los grandes de la arquitectura española, Rafael Moneo, y revestido con rubia piedra arenisca de Salamanca. Aunque tampoco estaba mal el antiguo Ayuntamiento, el palacete Los Chapiteles, del siglo XVI, que fue Casa Consistorial durante 115 años, hasta 1980. Está a 300 metros del nuevo, al comienzo de la calle Portales, la principal arteria del casco antiguo peatonal. Ahora es la sede del Instituto de Estudios Riojanos y acoge una sorprendente biblioteca, de acceso libre, y una tienda donde se venden libros, revistas y otras publicaciones que tratan sobre Logroño y La Rioja.Avanzando por la calle Portales, llegamos en un minuto a la concatedral de Santa María la Redonda que, como salta a la vista, no es redonda. La que era redonda era la iglesia románica sobre la que se construyó en el siglo XVI. Tampoco las gemelas, como llaman a sus torres, lo son, porque una es un par de metros más alta que la otra. En el deambulatorio podemos ver, echando una moneda, un cuadro de la Crucifixión que se ha atribuido a Miguel Ángel y que ha inspirado una novela de misterio: La conexión Buonarotti, de Mariano F. Urresti. 11.00 Reliquias del viejo comercio  Atravesamos en diagonal la plaza del Mercado para salir, por la calle Carnicerías, a la de Sagasta, en cuyo número 8 se encuentra una reliquia del viejo Logroño, Botas Rioja, uno de los últimos talleres de España que aún fabrica estos pellejos para beber. Félix Barbero, botero de cuarta generación, hace botas de piel de cabra, de pelo, de serraje (ternera), lisas o con escudos, con pez o con tripa de látex, que son las que él recomienda porque no dan sabor al vino ni se estropean por falta de uso. Esto, a los más tradicionales, les sorprende mucho.Otra reliquia es el Café Moderno, superviviente del Teatro Moderno (ahora un multicine), que nos aguarda al final de la calle Carnicerías, en Francisco Martínez Zaporta. Por este negocio familiar, fundado en 1916, han pasado muchas de las estrellas del arte escénico del país. También sirvió como localización en el clásico de José Antonio Bardem Calle Mayor. Además, tiene su propio himno: todos los viernes y sábados, a partir de medianoche, en el café suena la canción Fibra de pájaro, de Daniel Bravo, entonada, con más o menos acierto, por los parroquianos. 12.00 La huerta en la ciudad Continuamos nuestro paseo cruzando la calle Portales y subiendo por Capitán Gallarza hasta llegar al Mercado de San Blas, un bonito edificio de 1930 en cuya planta baja se exhiben (y se venden, claro) los mejores productos de la huerta riojana: lechugas, escarolas, cebollas, tomates, pimientos, alcachofas, borrajas y espárragos de un calibre desconocido fuera de esta región. En el exterior también se ven tiendas llamativas, como La Casa del Pimentón, en la que se venden azafrán, miel, especias, hierbas y, obviamente, pimentón.13.00 Restos de la murallaNuestra próxima parada es en la calle San Agustín, perpendicular a la del mercado. Aquí, en el palacio de Espartero del siglo XVIII, se encuentra instalado el Museo de la Rioja, recién reformado y ampliado para mostrar mejor unas colecciones que abarcan desde la prehistoria hasta el arte contemporáneo. Más arriba, al llegar a la calle Once de Junio, doblamos a la derecha para conocer los últimos restos de la muralla de Logroño: el Cubo del Revellín, una torre artillera del siglo XVI acondicionada para la visita, y la Puerta del Camino, con los escudos de Carlos V y de la ciudad sobre su arco. El Camino era (y es) el de Santiago, que por aquí pasa. Muy cerca queda la Oficina de Turismo y un par de buenos hoteles, el Sercotel Portales y el NH Herencia Rioja, de tres y cuatro estrellas. Primera tarde 14.00 Cocina creativa y bombones de aceite También tenemos cerca, para comer, la cocina creativa y la bodega de 340 vinos de La Galería. Y si caminamos diez minutos por las calles Once de Junio y Bretón de los Herreros, siguiendo el contorno de la desaparecida muralla, llegaremos a Tondeluna, un gastrobar diseñado por el estudio de arquitectura Picado / de Blas. Al lado, en el café y pastelería Viena, nos ofrecen un postre singular: bombones Caricia Olium, rellenos de aceite de oliva virgen extra. Chocolate y aceite, una combinación inesperada y deliciosa.17.00 Un paseo por el EspolónEstamos en el Espolón, el parque que es el corazón verde de la ciudad desde inicios del siglo XIX. Aquí vemos la estatua de Espartero, que estaba casado con una logroñesa, y su famoso caballo. Y vemos el neoclásico escenario de La Concha del Espolón, uno de los lugares más habituales para celebrar conciertos y donde, en las fiestas de San Mateo (o de la Vendimia, que se celebran la semana natural que engloba el 21 de septiembre), se realiza la ofrenda del primer mosto del año a la Virgen.Una vez descansados, abandonamos el parque para proseguir nuestro paseo por la calle Muro del Carmen, bordeando el Instituto Sagasta. Construido en los últimos años del siglo XIX, fue una de las muchas cosas que hizo por su tierra el liberal riojano Práxedes Mateo Sagasta, siete veces presidente del Consejo de Ministros entre 1870 y 1902. La reina María Cristina, que le apreciaba mucho, dicen que siempre le preguntaba al entrar en palacio: “¿Qué es lo que necesita Logroño?”. 19.30 Iglesia de San Bartolomé Una visita que muchas veces se pasa por alto cuando se viaja a Logroño, y sería una pena que no le dedicáramos un rato, es la iglesia de San Bartolomé. Catalogada como bien cultural protegido en 1866, es una bella obra gótica del siglo XIII, reconstruida en el XV y con una torre de base cuadrangular y estilo mudéjar del XVI. Está a 200 metros del instituto, yendo por la plaza Amós Salvador y la calle de San Bartolomé.20.30 La Senda de los ElefantesAsí llaman a la calle del Laurel, repleta de bares y famosa zona de copas. Hay otra calle de vinos y pinchos muy apetecible, la de San Juan, pero la del Laurel, que abarca la travesía y la calle del mismo nombre y la paralela de San Agustín, es la meca del picoteo, el kilómetro cero de la diversión. En ella se concentran 58 bares, nada menos, cada cual con su pincho estrella: champis, migas, embuchados, matrimonios, zapatillas de jamón, orejas, morros, bravas, rotos… Ante tal variedad gastronómica, conviene que hagamos una selección previa visitando la web oficial de la calle del Laurel. Dos sugerencias: La Taberna del Laurel, donde todo el mundo para a comerse una patatas bravas, y La Taberna de Baco, donde podemos empezar con una ensalada Chucha con tomates de huerta propia, seguir con unas migas con huevo (servidas en sartén) y rematar con un embuchado (tripa de cordero frita). Segunda mañana 10.00 Bodegas vanguardistas o clásicas Mañana de bodegas. Comenzamos visitando las más modernas y alejadas: Bodegas Darien. Vale la pena sólo por ver el edificio, una arquitectura resplandeciente de Jesús Marino Pascual, cuyos volúmenes blancos evocan las piedras angulosas, aún no erosionadas por los meteoros, que emergen en los ribazos de los viñedos. También muy modernas, las Bodegas Campoviejo se hallan en lo alto de una colina con grandes vistas, al noroeste de la ciudad, mimetizadas y soterradas bajo el viñedo. Que estén bajo tierra es bueno parar el paisaje y también para la producción, porque la uva y el vino se mueven por gravedad y allá abajo hay una temperatura y una humedad óptimas. Las Bodegas Franco-Españolas son las más tradicionales. Y céntricas. Hasta aquí llegamos cruzando el Ebro a pie por el decimonónico puente de Hierro.Los volúmenes blancos de las modernas Bodegas Darien evocan las piedras angulosas, aún no erosionadas por los meteoros 13.00 Calados de vino en Ruavieja Para variar, volvemos paseando por el milenario (y mil veces reconstruido) puente de Piedra y subimos por la calle Ruavieja, sin duda el rincón más evocador del viejo Logroño, con sus monumentales calados, que es como llaman en La Rioja a las bodegas caseras. Y decimos caseras porque están debajo de las casas, no porque sean pequeñas. El calado de San Gregorio, en el número 29, es como una estación de metro, con una longitud de 30 metros y bóveda de cañón, todo de piedra de sillería. Data del siglo XVI. También son impactantes el calado del antiguo palacio de los Yanguas, hoy Centro de la Cultura del Rioja, en la esquina con Mercaderes, y las ruinas del Espacio Lagares. De junio a septiembre hay visitas narradas por actores. Tal concentración y grandiosidad de infraestructuras vitivinícolas habla de la importancia que daban al vino los antiguos riojanos. Tanta, que una ordenanza municipal de 1583 prohibía el paso de carruajes herrados por la Ruavieja, no porque aquellos terremotos rodantes molestasen a los vecinos, sino porque perturbaban el descanso de los vinos que reposaban en los calados.Los que pasaban y siguen pasando en grandes grupos son los peregrinos, porque esta calle forma parte del Camino de Santiago. Cruzan el Ebro por el puente de Piedra, suben por Ruavieja y, después de hacer un alto en la fuente del Peregrino y en la iglesia de Santiago, continúan por la calle Barriocepo en busca de la puerta del Camino, que antes los devolvía al campo y ahora a la ciudad moderna. Durante las fiestas de San Bernabé (del 9 al 12 de junio y algún día más de propina), cuando se instalan en Barriocepo los puestos del mercado renacentista y andan los caminantes con sus cayados, Logroño es puro siglo XVI, seguramente más de lo que lo era en el siglo XVI. No hace falta decir que estas calles son las más antiguas, el origen de la ciudad. Segunda tarde 14.00 Caparrones y chuletillas a la brasa  En la paralela a Barriocepo se halla El Rincón del Vino, buen lugar para reponer fuerzas después de una mañana tan ajetreada. Siguiendo la tradición del establecimiento familiar en Ezcaray, este restaurante ofrece los típicos Caparrones (alubias rojas del valle del Oja) y carnes y pescados a la brasa, junto a fórmulas menos clásicas, maridadas con los vinos de Rioja. Más modernos, pero sin exagerar, son los platos de La Cocina de Ramón, un restaurante pequeño, sencillo, luminoso, con los mejores productos del mercado de San Blas. Y algo más asequible que los anteriores es el asador Enascuas, donde el comensal ve desde su mesa cómo se doran sobre las brasas las chuletillas, las hamburguesas caseras o los tacos de bacalao.  16.00 El Parlamento y la Iglesia Imperial Para bajar la comida, damos un paseo por la calle Marqués de San Nicolás y vemos un par de lugares que nos quedan por visitar. Arriba, en el número 111, está el Parlamento de La Rioja, que anteriormente fue convento (aún conserva la portada barroca del siglo XVII) y fábrica de tabaco. Y abajo, en el número 30, la iglesia Imperial de Santa María de Palacio. Lo más antiguo de este templo se construyó entre los siglos XII y XIII. De esa época es su característica aguja octogonal, que es uno de los elementos más destacados del skyline logroñés. 18.00 De compras en Cien Tiendas  Ya va siendo hora de pensar en la despedida y en las inevitables compras. Abandonamos por unas horas el casco antiguo. Dejamos atrás el Espolón y entramos en la ciudad nueva, donde se halla la zona de las Cien Tiendas: calles Calvo Sotelo, Juan XXIII, Capitán Cortés, Doctores Castroviejo y Ciriaco Garrido. Aquí podemos encontrar de todo: moda, complementos, decoración, electrónica, ocio... Por algo Logroño es considerada una de las principales capitales comerciales de España. Una vez satisfechos por el resultado, volvemos a la zona de la calle del Laurel, en sólo diez minutos.21.00 Cocina cien por cien caseraPodemos cenar de pinchos, otra vez, o probar un buen restaurante de la zona, como Iruña o Matute, ambos de cocina tradicional y cien por cien casera. Y luego, pasarnos por alguna de las zonas de copas cercanas a Bretón de los Herreros o a la plaza del Mercado, para comprobar si en Logroño se vive tan bien de noche como de día. Más ciudades para visitar en 48 horas Tan antigua y tan moderna León Muchas razones para volver Palma de Mallorca La ciudad de los museos Málaga La eterna seductora Córdoba

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León

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Todo un símbolo de esta ciudad: los trenes de alta velocidad cruzándose a orillas del Bernesga con el camino de Santiago. Así es León: carriles-bici y empedrados medievales. Una tapa de autor y una ración de morcilla. En nuestro recorrido por esta urbe tan antigua y, al mismo tiempo, tan moderna, vamos a subir a una plataforma elevada para ver la catedral desde lo alto y a conocer una de las pocas obras que hizo Gaudí fuera de Cataluña. Nos iremos de tapas por el barrio Húmedo y de copas a la taberna del Buda, que hizo famosa el grupo Café Quijano. Primera mañana 09.00 La puerta medieval y la muralla romana Como hay mucho que ver y que recordar (2.000 años de ciudad, nada menos), comenzamos a recorrer León temprano, en la puerta Castillo. Situada al norte de la ciudad antigua, es la única de las puertas medievales de León que todavía permanece en pie. También se conoce como Arco de la Cárcel. ¿El motivo? El edificio del Archivo Histórico Provincial, que está al lado, fue antiguamente una prisión. La entrada al archivo es libre.Echamos a andar por la parte de fuera de la puerta, por la calle Carretas, y al doblar la esquina, ya en la avenida de los Cubos, nos encontramos ante los torreones de las murallas romanas, levantadas y reconstruidas varias veces entre los siglos I y IV, que son el mejor recuerdo del origen de la ciudad. León surgió del campamento de la famosa Legio VI Victrix (la que venció a Marco Antonio en la batalla de Actium), a la que posteriormente sucedió la Legio VII Gemina. Viendo estas murallas de diez metros de alto por siete de espesor, nos damos cuenta de la importancia que tenía para Roma este remoto asentamiento desde el que se controlaban las minas de oro de la región, sobre todo las de Las Médulas, donde llegaron a trabajar hasta 80.000 esclavos.10.00 El Sueño de la Luz Al fondo de la avenida de los Cubos aparece, con sus gárgolas y pináculos, la catedral, maravilla del arte gótico. Su vista llenaba de alegría y de fuerzas renovadas a los peregrinos que hacían parada obligada en su camino a Santiago. Y les sigue llenando. Se empezó a levantar en 1205 sobre el palacio de Ordoño II, que había sido construido a su vez sobre las termas romanas. La fachada la apreciaremos en su máximo esplendor si llegamos cuando los primeros rayos de sol inciden sobre el rosetón central y las dos torres, de 65 y 68 metros de altura.En el interior, nos faltan ojos parar abarcar los 1.800 metros cuadrados de sus famosas vidrieras. Sobre todas destaca, por su temática y su antigüedad, la de la Cacería, un excepcional documento gráfico sobre la vida cortesana del siglo XIII, donde se mezclan escenas de cetrería, asuntos circenses, juglares, caballeros con ballestas, músicos... Como se ven mejor es desde la plataforma de 14 metros de altura que se utiliza para restaurarlas, abierta al público gracias al proyecto cultural El Sueño de la Luz. 13.00 Mercado en la Plaza Mayor Desde la plaza de la Regla, la de la catedral, tomamos la calle de Mariano Domínguez Berrueta, que nos conduce a la Plaza Mayor en un trayecto de apenas dos minutos. Esta clásica plaza cuadrangular y porticada se construyó en la segunda mitad del siglo XVII, cuando los artesanos se arracimaban en calles gremiales (Zapaterías, Herreros, Cantareros...). Hay que verla los días de mercado (miércoles y sábados), cuando se reúnen en un cuadro abigarrado y nutritivo las peras, las manzanas reinetas y las castañas del Bierzo, los pimientos de Fresno de la Vega, los tomates de Mansilla, los puerros de Sahagún, los quesos azules de Valdeón, las cecinas, los chorizos, los botillos y las morcillas. Aquí las morcillas se hacen sin arroz ni piñones, sólo con sangre y con mucha cebolla y, para darles más originalidad, se fríen sin tripa. Primera tarde 14.00 De tapas por el barrio Húmedo Caminando apenas dos pasos llegamos, por la calle de las Plegarias, a la plaza de San Martín, corazón gastronómico del barrio Húmedo, así conocido por la gran cantidad de bebidas que se consumen en sus bares de tapas. También fue en su día el corazón de la judería leonesa: ahí al lado, en la calle de la Misericordia, antaño Cal de Moros, estuvo la sinagoga. En la misma plaza destacan la taberna El Llar, con sus patatas al queso de Valdeón; El Rebote, donde la tapa que manda es la croqueta, y La Bicha, bar famoso por su morcilla. La tapa, en esta zona de León, se entiende que es gratuita.Si comer a base de tapas no nos seduce, una buena alternativa es el restaurante Bodega Regia, donde nos servirán platos como los pimientos del Bierzo, el lechazo al horno o el bacalao a la bodega en un edificio del siglo XVI, en cuyas salas afloran restos de la muralla romana.16.00 Vamos al GranoCon el apetito satisfecho, caminamos por calles angostas y enrevesadas, como se estilaban en las juderías, hasta la vieja plaza del Grano, hoy de Santa María del Camino. Señalada hace mil años por los reyes para acoger el mercado de granos y legumbres, esta plaza de trazado irregular es el rincón más bello y evocador de la ciudad, con su iglesia de ábsides románicos, su cruz de rollo y su empedrado de grandes cantos. En el número 28 de la vecina calle de la Rúa, Choco Latte elabora trufas de una docena de sabores, pasteles modernos y chocolate líquido que se puede llevar en un vaso de papel para beber, aún más tranquilamente, en la plaza del Grano.La plaza de Santa María del Camino, de trazado irregular, es el rincón más evocador de la ciudad 17.00 La Capilla Sixtina del románico  Unas conchas metálicas pegadas en el suelo, como fósiles que atestiguasen el milenario serpentear de la ruta jacobea por la ciudad, guían nuestros pasos hasta la muralla medieval, por la calle de los Herreros y la de la puerta Moneda. Por esta puerta, hoy desaparecida, los peregrinos entraban en la ciudad. En dirección contraria, las veneras de chapa nos conducen hasta la calle Ancha, la más famosa de León y la más antigua, heredera de la via Principalis que llevaba desde el río al campamento legionario. Hacemos un alto para entrar en la farmacia Merino. De pronto, el reloj se atrasa casi dos siglos, hasta 1827, cuando se fundó esta botica: adornos de mármol en el escaparate, estanterías de nogal, artesonado de inspiración mudéjar…Al otro lado de la calle Ancha nos espera la calle del Cid y, al final de la misma, nos encontramos con otro monumento deslumbrante, el que más después de la catedral: la basílica románica de San Isidoro y el Panteón Real, por sus pinturas conocido como la Capilla Sixtina del arte románico. Pinturas de inocentes degollados, campesinos trabajando y otras escenas de la Biblia y de la vida cotidiana medieval, que han entretenido durante casi mil años a los 33 reyes y miembros de la corte leonesa que yacen en este mausoleo. Todos los sábados por la noche, de mayo a octubre, la fachada de la basílica se ilumina con una proyección artística con imágenes de la historia del reino de León. 19.00 León, según Gaudí  Al salir de San Isidoro, bajamos una escalinata que hay a mano derecha y nos acercamos por Ruiz de Salazar a la plaza de San Marcelo, donde reparamos en dos edificios singulares. Uno es la  neogótica casa Botines, obra de Gaudí. Construida entre 1892 y 1893, fue un antojo de unos comerciantes locales de tejidos, que querían un edificio de postín para ubicar su tienda-almacén y sus residencias particulares, pero también un antojo historicista del arquitecto de Reus, que imaginó un León de libro de caballerías. Hoy es propiedad de Caja España y en la planta baja hay una sala cultural donde se organizan exposiciones. El otro edificio es el Palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación, que esa influyente familia homónima encargó a mediados del siglo XVI al gran arquitecto renacentista Rodrigo Gil de Hontañón. El patio es espectacular. 21.00 Arte en el comedor Para la cena podemos elegir entre un restaurante de cocina creativa, Cocinandos, y uno tradicional, Formela, pero con mucho arte también, porque los cuadros son de Picasso, Miró, Chillida…22.30 Cita con La LolaSi nos gusta la noche y nos gustan los conciertos, nuestro sitio es El Gran Café. Enfrente se encuentra la cervecería La Céltica, con sus 18 grifos de distintas variedades. También podemos acabar el día tomando un cóctel en Ébanno, que queda justo detrás de la catedral y permite disfrutar de la iluminación nocturna de la misma. Pero el lugar más curioso es La Lola, el “local de mala muerte” de la canción de Café Quijano, que en realidad es un sitio acogedor, incluso hogareño, con chimenea, docenas de fotos de visitantes y amigos, recuerdos del grupo musical y Manolo, el “tipo que parece el mismo Buda” y padre de los Café Quijano, cantando boleros a partir de la una. Segunda mañana 10.00 Colores de la catedral para el Musac  En esta segunda jornada vamos a descubrir la cara más moderna de León. Visitaremos una de las zonas con más impulso de la ciudad, Eras de Renueva, que está en la remozada ribera del Bernesga, un edén longitudinal de mimados céspedes, doradas alamedas, carriles-bici, puentes peatonales y hasta represas para practicar el piragüismo. Su eje principal es la avenida de los Reyes Leoneses. Aquí se halla el icono arquitectónico del nuevo León, el Musac, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, obra de Luis Mansilla y Emilio Tuñón, premio Mies van der Rohe 2007, que luce en sus fachadas cristales de 42 colores, exactamente los mismos que el panel del Halconero de la catedral, uno de los que integran el famoso vitral de La Cacería.  11.00 Del auditorio al tanatorio Siguiendo por la avenida de los Reyes Católicos en dirección al centro, nos damos cuenta de la apuesta que ha hecho León por la arquitectura como seña de su moderna identidad. Es un agradable paseo de un kilómetro por una avenida ancha y tranquila. Destacan el auditorio, de los mismos arquitectos del Musac, que más que construido, parece esculpido en un solo bloque gigantesco de travertino blanco; o la sede del Ente Regional de la Energía. El Edificio de Usos Múltiples, sede administrativa de la Junta de Castilla y León, se halla en la paralela avenida de los Peregrinos, al igual que otra arquitectura impactante, la del tanatorio municipal, obra del estudio BAAS y premio internacional AR 2001 a la mejor arquitectura emergente, cuya cubierta acuática refleja el cielo inmenso de León como una alegoría de la eternidad. 12.00 Un hotel que es un museo El Hostal de San Marcos se halla en esta misma zona, la más moderna y pulcra de León, pero en sus orígenes, allá en el siglo XII, era un hospital para peregrinos situado a casi un kilómetro de la ciudad amurallada. Además de esto, ha sido convento de la orden de Santiago, prisión de Quevedo, instituto de segunda enseñanza, casa de misioneros, cuartel…, y parador donde los amantes de la historia y el arte duermen arropados por la más espléndida fachada del plateresco español. Es un hotel y es un museo que el propio conserje enseña en visitas guiadas. Una muestra de antigüedades, pero también de arte contemporáneo. 13.00 Parque de Quevedo  Aprovechamos para cruzar el Bernesga por el puente peatonal de San Marcos. Al otro lado se halla el parque de Quevedo, uno de los preferidos de los leoneses. Dispone de estanque con aves acuáticas, un pequeño jardín botánico, zona de juegos infantiles… Puede que hasta nos tengamos que hacer a un lado para ceder el paso a un pavo real. Segunda tarde 14.00 Un restaurante con nombre propio  Ya que estamos tan cerca del Parador de León, podemos probar la cocina de su restaurante Rey Don Sancho: platos tradicionales con toques innovadores y productos de la tierra, como la cecina y la morcilla de León, acompañados de vinos del Bierzo y de Valdevimbre.16.00 Paseos por el ríoPara regresar al centro desde la plaza de San Marcos hay varias rutas posibles y apetecibles. La más directa nos llevaría por la señorial Gran Vía de San Marcos hasta la plaza de San Marcelo. Un trayecto de un kilómetro en línea recta. Si disponemos de algo más de tiempo podemos bordear el río Bernesga por el paseo de la Condesa de Sagasta, algo muy agradable. También podemos cruzar el Bernesga por el puente peatonal de San Marcos, caminar al lado del río hacia la izquierda por el paseo de Salamanca y volver a cruzarlo por el puente de la avenida de Palencia. 18.00 La calle de las compras  Desde Guzmán el Bueno, tomamos la avenida de Ordoño II, el eje de la vida comercial de León; una calle llena de establecimientos con las mejores marcas en ropa, complementos, electrónica, muebles, repostería… En Artesa Gourmet podemos adquirir cerveza artesanal leonesa o delicias tan sorprendentes como el chocolate con cecina. Otro lugar para aprovisionarse de cosas ricas es La Abacería, donde se venden los mejores embutidos y vinos de León. También es bar y lugar idóneo para tapear.20.30 Picoteo en el barrio RománticoY ya que hablamos de tapas, vamos a acabar nuestro recorrido visitando otro barrio que tiene fama por ellas, casi tanta como el Húmedo. Es el llamado barrio Romántico, situado junto a la basílica de San Isidoro. Aquí sobresale La Jouja con sus tapas imaginativas. Tampoco están mal los mejillones en salsa roja que ponen en el bar La Ribera, ni la paella de Camarote Madrid, ni los sushis y tempuras de La Trastienda del 13, aunque más que lo que sale de su cocina lo que gusta es la decoración y la gente que lo visita. Más ciudades para visitar en 48 horas Muchas razones para volver Palma de Mallorca Todo un descubrimiento Huelva Una señora ciudad Santander La reina de las tapas y viejos volcanes Ciudad Real

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