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Foto de Palma de Mallorca

Palma de Mallorca

EDITORIAL

Tres iconos del gótico levantino: la catedral, el palacio real de la Almudaina y la Lonja. Restaurantes entre barcos y redes secándose al sol, donde se comen pescados salvajes de la bahía, gambas rojas de Sóller y escupiñas de Mahón. Los lienzos que pintó Miró en su taller de Mallorca y las mil obras de arte que coleccionó Bartolomé March. Las vistas desde el castillo de Bellver y las puestas de sol en Portitxol. Una ruta a pie por la serra de Tramuntana y otra en bici con el legendario Stephen Roche. ¿Qué más le podemos pedir a Palma de Mallorca? Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)9.00 Un desayuno del año 1700 Si nos gusta lo típico, nos encantará desayunar una ensaimada y un chocolate en Ca’n Joan de S’Aigo, una cafetería, pastelería y heladería fundada en 1700, que se dice pronto. Una opción menos tradicional (y menos turística) es tomar un pam amb oli en una terraza de la plaza Salvador Coll. Aquí mismo podemos alquilar una bicicleta en Milenium Bike para recorrer la ciudad o, simplemente, hacer deporte mañanero pedaleando por el carril-bici del paseo marítimo de Palma.10.00 Plaza Mayor: el kilómetro ceroEstamos a 50 metros de la Plaza Mayor, que es otro excelente lugar para desayunar. Es el centro del casco antiguo y el punto de partida de casi cualquier itinerario que queramos emprender por la ciudad. Sus terrazas invitan a disfrutar del sol y, por su ambiente y ubicación, suponen, en cualquier momento, la parada perfecta si queremos tomarnos un descanso entre visita y visita. Curiosamente, en este sitio hoy tan alegre y acogedor tuvo su sede hasta 1823 la Inquisición. Alrededor de la plaza hay varios edificios de interés, como la iglesia de San Miguel, erigida en el siglo XIV sobre una antigua mezquita, que es el templo cristiano más antiguo de Palma. 11.00 La catedral de la luz, del mar y del espacio  Bajando por las calles de Colom y del Palau Reial, nos plantamos en la Seu, la arquitectura más bella de Mallorca y su símbolo más poderoso. Se le ha llamado la catedral de la luz, por sus 87 ventanales y sus siete rosetones, uno de ellos es el mayor de estilo gótico del mundo. También la catedral del mar, en cuyas aguas se refleja creando un efecto inolvidable. Y la catedral del espacio, ya que es la construcción gótica que, con menos cantidad de piedra, consigue un mayor volumen interior.La catedral de Palma ha ido sumando aportaciones arquitectónicas y artísticas destacadas desde el siglo XIV. Estas colaboraciones han continuado hasta nuestros días, con la sorprendente y novedosa decoración en arcilla de una de las capillas a manos del artista Miquel Barceló en 2007. Antes que él, figuras como Antoni Gaudí (en la fachada y en los interiores), Juan Bautista Peyronnet (con la reforma de la fachada tras el terremoto de 1851) o Jaume Mates (en las bóvedas y las columnas) aportaron su visión personal a esta joya de la arquitectura.A la Seu se la ha llamado la catedral de la luz, por sus 87 ventanales y sus siete rosetones, uno de ellos el mayor de estilo gótico del mundo12.30 Esculturas, murales y un belénAl lado de la catedral está la Fundación Bartolomé March, cuya colección abarca desde esculturas de Rodin, Moore y Chillida hasta cartas de navegación mallorquinas de los siglos XIV y XV, pasando por manuscritos antiguos, libros preciosos y encuadernaciones artísticas. No hay que dejar de ver los espectaculares murales de Josep Maria Sert (uno de los artistas más importantes del siglo XX en este ámbito), y el magnífico belén napolitano (con unas 2.000 piezas), ni dejar de consultar la agenda de actividades. No sería raro que nuestra visita coincidiera con algún concierto de música clásica recomendable. Primera tarde 14.00 Cocina de fusión Sólo tenemos que caminar cinco minutos para probar uno de los mejores restaurantes de la capital, Forn de Sant Joan, un antiguo horno de pan decorado con moderno gusto donde se elaboran tapas y platos multiculturales: minicornete de ceviche de lubina y langostinos con espuma de coco, tártaro del mar con salsa ponzu y alga wakame, cordero a las siete horas, banana connection… Imprescindible reservar, porque está siempre lleno. Un poco más lejos (a ocho minutos) tenemos otra buena opción: La Bodeguilla, restaurante y tapería donde el vino es protagonista.16.00 Así vivían los nobles musulmanesMadina Mayurqa, la actual Palma, fue refundada por los musulmanes sobre restos romanos. Los árabes transformaron a partir del siglo X la antigua ciudad y realizaron un complejo sistema hidráulico para el centro urbano y su huerta. Uno de los pocos restos de la arquitectura musulmana que se conservan en la isla son los Baños Árabes del jardín de Can Fontirroig, que datan del siglo XI y posiblemente formaban parte del palacio de algún noble. Se trata de una sala cuadrada con doce columnas que soportan una cúpula con diversas aberturas redondas. Esta sala estaba destinada a los baños calientes y, por ello, disponía de un doble suelo con huecos por donde circulaban el agua y el vapor. La diversidad estilística de los capiteles evidencia que fueron extraídos de ruinas bizantinas y romanas. Los jardines de Can Fontirroig, frondosos y sombreados, hacen aún más relajante esta visita.17.00 Bastiones del arte contemporáneoA pesar de que nació en Barcelona, Joan Miró tuvo una relación muy intensa con Mallorca, donde trabajó hasta el final de su vida. La Fundación Pilar y Joan Miró permite revivir el que fue su ambiente de trabajo. El edificio, de Rafael Moneo, alberga una importantísima colección de obras de Miró: 118 pinturas sobre tela, otras 275 realizadas con técnicas diversas sobre diferentes soportes, 1.512 dibujos y 35 esculturas, además de obra gráfica. El óleo conservado más antiguo de Miró forma parte de la colección, así como obras de otros muchos artistas: Arroyo, Canogar, Chagall, Chillida, Chirino, Feito, Genovés, Guerrero, Guinovart, Gordillo, Rueda, Millares, Mompó, Múñoz, Saura, Sempere, Tàpies… El único inconveniente es que queda un poco lejos del centro de Palma, a diez minutos en coche. Para ir en autobús, hay dos líneas: la 3 y la 46.Mucho más céntrico, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo Es Baluard es un lugar imprescindible, donde pueden admirarse obras de Magritte, Chagall, Gauguin, Klimt, Picasso, Miró… El edificio en sí mismo merece una visita. Está ubicado en el perímetro del baluarte de Sant Pere (finales del siglo XVI), que forma parte del recinto amurallado renacentista que rodeaba la ciudad hasta principios del siglo XX. Además, las vistas sobre la bahía de Palma desde aquí son de las mejores.  21.00 Por la noche, Terremoto Un buen restaurante, que queda a cuatro minutos de Es Baluard, es Obvio by Cuchara, donde iba mucho Claudia Schiffer cuando tenía casa en la isla. Su fuerte son los arroces (secos y caldosos), el tartar y los estofados. También podemos probar algún plato de cocina local, como el bacalao a la mallorquina, el conejo con cebolla o la lechona al horno.Para tomar una copa divertida hay que ir al Bar Flexas, con moqueta y taburetes muy kitsch. Cuando se descubre que la “Terremoto de Alcorcón” regenta el local, se entiende todo. No hay que descartar que, mientras estemos tomándonos un gin-tonic de lo más tranquilo, alguien irrumpa en el escenario y el local se convierta en un improvisado cabaré. Si queremos profundizar más en la noche isleña, tenemos el Garito Café y sus sesiones de electrónica que invitan a quedarnos hasta la madrugada. En la pista hay de todo: modernos, jóvenes estilosos y algún que otro hippy. Segunda mañana 10.00 Recuerdos que se comen Sobrasadas, Botifarrons, Camaiots, queso de Mallorca, almendras, vinos de Binissalem y del Pla i Llevant, Ensaimadas, cocas, Robiols… En el Mercado del Olivar, podemos hacernos con unos cuantos kilos y litros de la mejor Mallorca, para seguir disfrutándola en casa. Para otras compras, menos perecederas, están la avenida de Jaume III y su prolongación, la calle de la Unió, que son los ejes comerciales de la capital. Donde se encuentran ambas calles, también desemboca el paseo del Born. Esta popular vía es perfecta para tomarnos un café y disfrutar desde cualquiera de sus terrazas del ambiente cotidiano de la ciudad.11.30 Castillo moro, palacio cristianoPor el paseo de Born nos acercamos, caminado a la sombra de los plátanos, a la plaza de la Reina y al palacio real. Para conocer la historia de Mallorca, no hay mejor visita que la del palacio real de la Almudaina. Como tantas otras construcciones importantes de las Baleares, sus orígenes son romanos y, tras la época musulmana, fue remodelado por los reconquistadores, en este caso por Jaume II, que dio al alcázar almorávide su aspecto actual.El edificio tiene planta rectangular y del exterior destacan la fachada que mira al mar y la torre del Homenaje, coronada por una estatua del arcángel San Gabriel. En el interior, lo hacen el patio del Rey, la capilla gótica de Santa Anna (atención a su portada, con arquivoltas de medio punto sobre capiteles esculpidos con escenas de animales fabulosos), el salón del Trono (del siglo XIV, con grandes arcos diafragma apuntados), el patio de la Reina, la capilla de Sant Jaume y unos baños de la época islámica.En 1963 se iniciaron las obras de restauración y actualmente es utilizado como museo y por el rey de España como residencia oficial para las ceremonias de Estado y recepciones durante el verano.13.30 Cuando la sobriedad es bellaCruzamos la avenida de Antoni Maura y, tras apenas un minuto de camino, llegamos a la Lonja, otra de las obras maestras de la arquitectura gótica en Mallorca, construida por Guillem Sagrera entre 1420 y 1452. Si la catedral y la Almudaina son joyas arquitectónicas ligadas al poder religioso y político, respectivamente, esta construcción representa el poder civil de la época.El antiguo colegio de Mercaderes, combina sobriedad y belleza. Su planta es rectangular y su interior es un único espacio dividido en doce tramos por los peculiares pilares sin base ni capitel, cuyos fustes de aristas helicoidales se elevan hacia el techo hasta formar los nervios de las bóvedas. En el exterior, la ornamentación se centra en las grandes ojivas que decoran los ventanales. Además, cada una de las esquinas está rematada por torreones octogonales. Hoy sirve como sala de exposiciones temporales. De hecho, sólo cuando hay alguna es posible admirar su precioso interior. Segunda tarde 14.00 Mesas con vistas al mar En el muelle de la Lonja, muy cerca del monumento, está el restaurante Pesquero, cuyo nombre lo dice casi todo, porque en él se sirven tapas y platos de pescado y marisco de temporada, todo de calidad, en una terraza frente al mar, justo donde atracan y reparan sus redes los pescadores. 16.00 El misterio de BellverA tres kilómetros al oeste del centro de Palma, coronando una colina de 112 metros, se alza el castillo de Bellver, otro de los polos de atracción de la capital, al que se puede llegar tomando el autobús turístico 50 o los urbanos 3, 20 y 46. Construido a principios del siglo XIV por orden de Jaume II, contiene hoy el Museo de Historia de la Ciudad, pero su interés principal reside en la propia construcción y en el bosque que lo rodea.Esta fortaleza, pensada tanto para ser residencia real como fuerte defensivo, es una de las pocas de Europa diseñada con una planta circular. Resulta espectacular por sus formas y por las vistas privilegiadas que ofrece sobre la bahía y toda la ciudad (Bellver significa bella vista). Su historia militar abarca todos los periodos, pero quizás la anécdota más curiosa se encuentra en la misteriosa cueva artificial que hay en el bosque que lo rodea. Esta excavación de nada menos que 30.000 metros cuadrados data de los orígenes del castillo y su verdadera finalidad se desconoce.Algunos expertos opinan que era una vía de escape del castillo para el monarca Jaume II en caso de emergencia: no hay que olvidar que su propio hermano, Pedro III, le perseguía y que años antes había tenido que huir por las cloacas del palacio de Perpiñán. Desafortunadamente, la cueva (dividida en dos durante la Guerra Civil para almacenar munición y combustible) sólo puede visitarse durante las fiestas patronales de San Sebastián (20 de enero). 19.00 Puesta de sol en Portitxol Reservamos los últimos momentos de nuestra visita a Palma para conocer Portitxol (autobuses 15, 18, 28 y 30). Este antiguo barrio de pescadores, algo alejado del centro de la ciudad (tres kilómetros), es hoy una de las zonas de esparcimiento más apreciadas por los mallorquines gracias a su paseo marítimo y a sus soleadas terrazas. Sus aceras se utilizan para patinar o hacer footing, pero también para disfrutar de la puesta de sol. Un detalle curioso: si nos fijamos en las terrazas de las casas situadas en primera línea, aún podremos ver las argollas a las que se amarraban los botes de pesca.21.00 Sabor mediterráneoUno de los mejores restaurantes de Portitxol es el pequeño y acogedor Sa Roqueta. Sus platos más solicitados son las raolas de jonquillo, los calamares encebollados, las gambas con pochas, los garbanzos con sepia, los arroces marineros y, en general, cualquier pescado. Se nota que es de una familia de pescadores de toda la vida. Más ciudades para visitar en 48 horas A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos) Pamplona Mucho más que Las Meninas Madrid 3.000 años de alegría Cádiz A cuestas con la belleza Granada

Foto de Pamplona

Pamplona

EDITORIAL

La capital navarra, durante los sanfermines, es muy divertida, sí, pero el resto del año también tiene sus atractivos. Hay pintxos y Garroticos para picar o como aperitivo y chuletones a la parrilla para una buena comida. Hay parques para todos los gustos: versallescos o de estilo japonés, a orillas del río Arga o sobre la antigua Ciudadela. Hay una señora catedral, kilómetros de murallas y baluartes renacentistas y edificios de los mejores arquitectos contemporáneos: Moneo, Sáenz de Oiza, Patxi Mangado…, todos navarros. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 Encierro a cámara lenta Del 7 al 14 de julio, a las 8.00 de la mañana, astados y corredores recorren los 848,6 metros que separan la cuesta de Santo Domingo de la plaza de toros. Ellos cubren esa distancia en dos minutos de intensa emoción, pero nosotros, hoy, que no tenemos ninguna prisa, ni hay toros sueltos a la vista, lo vamos a hacer en un par de horas, parándonos aquí y allá para contemplar un blasón, comprar un recuerdo o comernos unos Garroticos, que enseguida veremos lo que son. Nuestra primera parada será la cuesta de Santo Domingo, en cuya parte baja se montan los corrales desde los que salen los toros en los encierros de San Fermín. Poco más arriba se encuentra el Museo de Navarra, el más valioso de la ciudad, que está instalado en el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia y alberga colecciones arqueológicas y artísticas relacionadas directamente con esta región a lo largo de la historia. Las obras más destacadas son el mosaico romano de Teseo y el Minotauro, la arqueta de Leyre (hispanoárabe, de 1005) y el Retrato del Marqués de San Adrián, pintado por Goya en 1804.Seguimos subiendo por la cuesta hasta llegar al Ayuntamiento, donde cada 6 de julio, desde uno de los balcones abiertos en su fachada rococó, se lanza el chupinazo, el cohete que señala el inicio de las fiestas. Aquí giramos a la izquierda para adentrarnos en la calle Mercaderes y conocer, desviándonos un poco del recorrido de los encierros, uno de los establecimientos más queridos por los pamplonicas: la churrería La Mañueta. Solamente abre un par de sábados en junio, durante los sanfermines y los domingos de octubre, así que si la encontramos abierta, tendremos mucha suerte y una cola asegurada de 70 personas. Es la churrería más antigua de España, ya que abrió sus puertas en 1872. 11.00 La curva de Estafeta  Desde Mercaderes, y tras efectuar un giro de 90 grados que suele provocar caídas de los toros durante los encierros, entramos en Estafeta, la calle más famosa de la ciudad. Su nombre le viene de que aquí estuvo la primera oficina de correos, en el siglo XIX. Abundan en ella las casas y palacios con blasones, como el que se ve en la trasera del palacio Goyeneche. Si aún no hemos desayunado, o tenemos ganas de más, nos detendremos en la pastelería Beatriz, célebre por sus Garroticos, unas mini napolitanas de chocolate de las que aquí hacen, como mínimo, 2.400 al día. Al salir de Estafeta se descubre ya, a la izquierda, la plaza de toros, con su temido callejón, una bajada en forma de embudo donde no es difícil que se produzcan aglomeraciones durante los encierros.La plaza del Castillo ha sido fortaleza, escenario de batallas y mercado… En el lado este, destaca el palacio Goyeneche, con una linterna en el tejado 11.30 Paseo por las murallas  Detrás de la plaza de toros se encuentra el Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona, que nos habla de la historia bélica de una ciudad cercana a la frontera con Francia, con uno de los recintos amurallados mejor conservados de toda Europa, construido entre los siglos XVI y XVIII. Inaugurado en 2011, el centro se sitúa en el punto de inicio de un paseo continuo por los cinco kilómetros de fortificaciones de Iruña y se aloja en un espacio que fue militar: las cinco casernas o bóvedas a prueba de bombas del fortín de San Bartolomé, del siglo XVIII, que era una defensa avanzada de la ciudad sobre el río Arga, situada en alto. Una espectacular pasarela peatonal conduce desde el fortín hasta el baluarte de Labrit, que ofrece unas magníficas vistas sobre el parque de la Tejería, a la vera del río. Desde aquí, tenemos medio kilómetro de grato paseo por la ronda del Obispo Barbazán hasta el rincón del Caballo Blanco, sobre el baluarte del Redín. Doblando a la izquierda por la calle Redín, vamos a dar a la plaza de San José, donde nos topamos con el flanco occidental de la catedral de Santa María. 12.30 Una campana de 12 toneladas  Tras la fachada neoclásica de la catedral se esconde un magnífico templo de estilo gótico, cuya nave alcanza los 28 metros de altura. Su claustro, que empezó a construirse a finales del siglo XIII, fue considerado el “más bello del mundo” por Victor Hugo. En el interior destacan el sepulcro de Carlos III el Noble, la capilla de la Barbazana, el retablo de la capilla de Santa Cristina (siglo XVI) y la sillería del coro. Una curiosidad: una de sus campanas, La María, es la segunda en uso más grande de España. Mide 2,50 metros de diámetro por 2,25 de altura y pesa unos 12.000 kilos, lo que obligó a colocarla antes de terminar la torre.  Primera tarde 14.00 De pintxos por el casco antiguo Como en tantas otras ciudades españolas, en Iruña hay una extraordinaria tradición de pintxos. Así que nada mejor que saborear estos pequeños bocados de alto nivel gastronómico, tamaño reducido y precio ajustado. En el casco antiguo, los pintxos de Baserri, Gaucho y El Burgalés (siempre están entre los más premiados). También hay que probar el fritico de pimiento del centenario Café Roch. 16.00 Cita en el quiosco  El punto de encuentro por excelencia de los pamplonicas, y un buen lugar para echarse de nuevo a pasear después del picoteo, es el quiosco central de la plaza del Castillo. Centro neurálgico de la ciudad y uno de sus espacios con más encanto, esta plaza ha sido fortaleza, escenario de batallas y torneos, mercado… En el lado este, destaca el palacio Goyeneche, del siglo XVIII, con una llamativa linterna en el tejado. Su fachada posterior ya la vimos al pasar por la calle Estafeta. Hasta 1843, la plaza también acogió corridas de toros. En el lado oeste se instalaron los toriles, lo que obligó a eliminar los porches de las casas de esta parte.El número 1 de la plaza corresponde al hotel La Perla. Inaugurado en 1881, en el año 2007 se sometió a una reforma que modernizó sus instalaciones sin restarle encanto. Presume de haber alojado a los tres últimos reyes de España: Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I. Intacta se conserva la habitación que el violinista pamplonés Pablo Sarasate utilizó durante 20 sanfermines. Desde su balcón obsequiaba a la ciudad con un multitudinario concierto, tradición que hoy prosigue en su honor. También la habitación 201 (en los años 50, era la 217) se mantiene tal y como Ernest Hemingway la conoció. Otro edificio emblemático de la plaza es el Café Iruña. Sus suelos en damero, las sillas Thonet, las molduras y los grandes espejos han sido testigos de todos los acontecimientos de la ciudad desde 1888.  18.00 Dos templos del siglo XIII A sólo 200 metros de la plaza del Castillo, se halla la iglesia-fortaleza de San Nicolás, del siglo XIII, que abre sus puertas a esta hora. Otra bonita iglesia del mismo siglo es la de San Cernin o San Saturnino. Es un paseo de diez minutos tomando la calle Zapatería y pasando por la plaza Consistorial. A la salida, buscaremos el pocico donde San Saturnino bautizó a los primeros cristianos de la ciudad, entre ellos, al futuro San Fermín. 19.00 Moda y delicatessenEl cuadrante más comercial del casco antiguo está formado por las calles Mayor, Estafeta, Zapatería y Comedias. Sin embargo, en todo el barrio se pueden encontrar las más variopintas tiendas. Si nos gustan las antigüedades, el primer sábado de cada mes (excepto en julio) se celebra el Rastrillo de las Buenas Pulgas en la  plaza de San José, al lado de la catedral, donde acuden vendedores y coleccionistas. Para la ropa no hace falta esperar hasta ese día: Minx es un espacio dedicado a la moda y al arte en general. Tampoco podemos irnos sin comprar alguna de las delicatessen de Navarra. Enfrente de San Nicolás se halla la Vinoteca Murillo. Su oferta de vinos y productos gourmet es excelente. Pero el establecimiento que de ningún modo podemos perdernos es Maite Montes, a 10 minutos de la plaza del Castillo. Aquí prestan especial atención a los productos de Navarra.  21.00 Cena con los hermanos Idoate  Tampoco está lejos de la plaza del Castillo (cinco minutos) el restaurante Alhambra, toda una institución en Iruña. También merece la pena el Europa, de cocina de autor, con profundas raíces navarras. Una tercera opción para la cena es La Olla, un mesón que apuesta por la cocina tradicional y los productos de temporada: verduras, setas, caza… Segunda mañana 10.00 El pino de la Diputación  Podemos empezar el segundo día desayunando en el Café Iruña, para después cruzar la plaza del Castillo hasta el comienzo de la avenida de San Ignacio. La primera gran avenida que tuvo la ciudad alberga el antiguo Archivo General de Navarra, anexo al palacio de Navarra, sede del Gobierno Foral. En el jardín que da a la calle, podemos ver el árbol más alto de Iruña: una secuoya gigante de 37 metros de altura, conocida popularmente como el pino de la Diputación. Fue plantada aquí en 1855 por el diputado foral José María Gastón y Echeverz, que la trajo de América.11.00 Edificios con firmaEl arquitecto pamplonés Víctor Eúsa (1894-1990) realizó durante la primera mitad del siglo XX numerosos edificios de gran valor artístico, la mayoría de ellos situados en esta zona del Segundo Ensanche. Desde esta avenida se aprecian bellos ejemplos, como el edificio de la Vasco-Navarra; la casa Uranga, con sus vigas y tejado a dos aguas; o el edificio Aurora.12.00 De fortaleza militar a parque públicoLa avenida de San Ignacio termina en la plaza del Príncipe de Viana. Doblando en ella a la derecha, por la avenida del Conde Oliveto, llegamos en apenas dos minutos a la Ciudadela la fortificación más espectacular de Iruña (una gran estrella de cinco puntas, con un baluarte en cada una de ellas), que ordenó construir Felipe II en 1571. Junto con la Vuelta del Castillo, el cinturón verde que la rodea, hoy es el gran pulmón de la ciudad, un parque de 280.000 metros cuadrados donde coexisten las viejas arquitecturas militares con los árboles y las praderas. Los pabellones, fosos, baluartes, revellines y glacis, concebidos para la guerra, son ahora lugares públicos de ocio, deporte y cultura. Segunda tarde 14.00 Una mesa excelente  Para comer no nos alejaremos mucho, que seguro que ya lo hemos hecho mientras exploramos la Ciudadela a fondo. Nuestra elección es el cercano restaurante Enekorri. En la carta, platos tan apetecibles como las Borrajas y cocochas de bacalao con su pilpil, la merluza con puntas de espárragos verdes, las manitas de cerdo a la plancha con cebollas glaseadas o el postre de las especias. El local, encantador. La bodega, sobresaliente. Y la atención, impecable. 16.00 Aires de Japón Un paseo digestivo nos va a llevar en 20 minutos hasta uno de los rincones más inesperados de la ciudad: el parque de Yamaguchi. Cruzamos la Ciudadela y el parque de la Vuelta del Castillo en diagonal, hasta la avenida de Sancho el Fuerte. Seguimos a la izquierda por la calle de la Fuente de Hierro hasta Pedro I, giramos a la derecha y nos encontraremos con este auténtico jardín japonés, que debe su nombre a la población nipona de Yamaguchi, con la que Iruña  está hermanada. Fue diseñado por arquitectos y paisajistas japoneses y rinde homenaje a las cuatro estaciones. Data de 1997 y en sus 85.000 metros cuadrados se descubren numerosos elementos ornamentales propios de la cultura japonesa: un géiser, un palafito, un estanque con puente y cascada y varias especies arbustivas y arbóreas niponas. En su interior se halla el Planetario de Pamplona. 17.30 Aquí descansa San Fermín Regresamos al casco antiguo pasando por los románticos jardines de la Taconera, los más antiguos de la ciudad, de 1830, con restos de murallas, un monumento al tenor navarro Julián Gayarre y miradores sobre el río. Muy cerca queda la iglesia de San Lorenzo, que es de mucha devoción de los pamplonicas, pues en la capilla de San Fermín reposan los restos del patrono. Otra opción para la tarde es visitar el campus de la Universidad Pública de Navarra, diseñado al sur de la ciudad por el arquitecto navarro Sáenz de Oiza, con su imponente biblioteca, sus árboles de los cinco continentes y su museo de esculturas al aire libre. Y ya que hablamos de esculturas, otra buena alternativa puede ser el Museo Jorge Oteiza, diseño también de Oiza, que alberga la extensísima colección personal del artista, compuesta por 1.650 obras.20.00 Baluarte cultural y gastronómicoPara la tarde-noche, nos interesa consultar la programación de Baluarte, el flamante Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra. El edificio, obra del arquitecto navarro Patxi Mangado, es una imponente construcción de tres plantas revestida de granito gris oscuro, que debe su nombre a los restos del baluarte de San Antón. Además de sus espectáculos (conciertos, danza y teatro), lo que atrae al público es el restaurante Baluarte, de cocina de autor, con carta dinámica de temporada dedicada a las huertas navarras y bellas vistas a la Ciudadela.21.00 Cocina imaginativa o chuletonesSi queremos una última cena verdaderamente especial, reservaremos en Rodero, restaurante de cocina imaginativa que, para muchos, es el mejor de la ciudad. Más tradicionales, pero no menos apetecibles, son los chuletones que hacen a la parrilla en los asadores Zubiondo y Bidea2, ambos en las vecindades de Iruña. 

Foto de Ruta de día desde Ciudad Real

Ruta de día desde Ciudad Real

EDITORIAL

Almagro está estrechamente ligada a las artes escénicas. Su Corral de Comedias, de hecho, es el único del siglo XVII que se conserva en toda Europa. Cada año la ciudad acoge a más de 60.000 espectadores que lo visitan para disfrutar del conocido Festival Internacional de Teatro Clásico. Creada en 1158 para hacer frente a los almohades, la orden de Calatrava llegó a ser dueña y señora de más de 350 pueblos y 200.000 almas a lo largo de toda la frontera, desde Portugal hasta Aragón. Su poderío fue tal que aún da nombre a una comarca bien grande, el Campo de Calatrava, de la que Almagro, a 25 kilómetros al sureste de Ciudad Real, antigua sede de los maestres de la orden, es la población más bella y la capital. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La Plaza Mayor es como un patio manchego de 180 metros de largo, flanqueado por dos hileras de soportales con 85 columnas toscanas de piedra. En el flanco sur, se abre otro patio, que en su origen era el del mesón del Toro y desde 1629 es el Corral de Comedias, un teatro de dos plantas sostenidas por 54 pilastras de madera, célebre por ser el único de su tipo que aún funciona en Europa. En la calle del Gran Maestre, el Museo Nacional del Teatro exhibe documentos sobre la actividad teatral en España desde el siglo XVIII: retratos de actores y escenas de teatros firmados por Madrazo, Anselmo Miguel Nieto, Zamacois, Romero…; maquetas, trajes, bocetos de escenografías, figurines… A 20 kilómetros al norte de Almagro, en Carrión de Calatrava, están las ruinas del castillo de Calatrava la Vieja, donde nació la orden. Y a 30 kilómetros al sur, en Aldea del Rey, se alza la impresionante fortaleza de Calatrava la Nueva, que fue su cuartel general desde el siglo XIII hasta el XVIII. Edificada con rocas blancas y coloradas, nada más ver esta mole de 46.000 metros cuadrados y triple muralla se nos viene a la mente la siniestra abadía de El nombre de la rosa. Nos sobrecogen su altura, su soledad, su pétrea gravidez y, sobre todo, rasgar el silencio sepulcral de su iglesia cisterciense: un templo grande como una catedral, con bóvedas de nido de golondrina, restos de decoración mudéjar y rosetón gótico que ocupa media fachada.

Foto de Ciudad Real

Ciudad Real

EDITORIAL

Por este rincón de La Mancha no consta que pasaran Don Quijote y Sancho Panza, cuyas andanzas literarias son uno de los más potentes imanes de turistas que existen. Pero para compensar, a Ciudad Real la arropan hermosos viñedos, ruinas milenarias y maares (viejos volcanes). Además, la capital manchega tiene tanta historia como la que más y dos yacimientos arqueológicos a pocos kilómetros que atestiguan su pasado milenario. Y buen vino. Y tapas contundentes. Y gratis, como tienen que ser. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.00 Vía verde al volcán Es una placer salir a correr o pedalear en una ciudad tan llana como Ciudad Real y en la que el sol brilla 2.657 horas al año, las mismas que en Valencia. Aquí no hay mar, pero hay maares, huellas de erupciones que estremecieron la comarca en tiempos geológicos recientes. A uno de ellos se acercan los deportistas de buena mañana, atravesando el parque de Gasset, bordeando el pabellón deportivo Quijote Arena y tomando la vía verde de Poblete. La vía, de 4,3 kilómetros de longitud y dos calzadas (para peatones y para ciclistas), sigue el trazado del antiguo ferrocarril de Ciudad Real a Badajoz hasta el maar de la Hoya del Mortero. Este cráter está cultivado y puede pasar inadvertido para el ojo inexperto, pero hay otros con una laguna dentro, como el de la Posadilla, cerca de la pedanía de Valverde, que son aún más impresionantes y evidentes.11.00 Un Ayuntamiento diferente Comenzamos a tomarle el pulso a la ciudad en la Plaza Mayor. A un lado vemos el Ayuntamiento, un edificio del gran arquitecto Fernando Higueras (1930-2008), de inspiración neogótica, que recuerda las casas consistoriales de los Países Bajos y que aquí, en La Mancha, sorprende un poco. Al lado está la Oficina de Turismo, desde donde los sábados, a las 11.30, se hace una visita guiada a los principales monumentos de la ciudad. Si no disponemos de dos días completos para verlos por nuestra cuenta, es una buena opción. También tenemos en la plaza la estatua de Alfonso X el Sabio, fundador de la ciudad y, detrás de ella, una pequeña casa con un solo arco y un curioso reloj en el primer piso: es la casa del Arco, a la que volveremos más tarde. En este edificio estuvo el primer Ayuntamiento de la ciudad. 12.00 Ronda de museos La Plaza Mayor es la más céntrica y ruidosa de la ciudad, pero la más bonita es la de los jardines del Prado, que está a cien metros escasos. Es una gran plaza cuadrada con quiosco y árboles de sombra generosa, rodeada por la catedral del siglo XVI y el antiguo Gran Casino, un edificio de 1887, con mobiliario y elementos decorativos Art Nouveau, donde habitualmente se celebran exposiciones, conciertos y presentaciones. También podemos ver la casa más vieja de la ciudad, del siglo XV, que fue propiedad de Hernán Pérez del Pulgar, el capitán de los Reyes Católicos, y que ahora alberga el Museo Manuel López-Villaseñor. En él está expuesta la mayor parte de la obra de este pintor ciudadrealeño (1924-1996), famoso por sus inquietantes cuadros sobre el metro y los hospitales, como la cruda sala de autopsias del lienzo titulado ¿Y qué?Si nos gustan los museos, estamos de suerte, porque caminando cuatro pasos podemos ver otros tres: el Provincial, con secciones de Arqueología, Ciencia Naturales y Bellas artes; el Diocesano, situado en el palacio Episcopal, con una importante colección de arte sacro; y el antiguo Convento de la Merced, que ahora es un museo de arte contemporáneo con piezas de famosos artistas de la provincia, como Antonio López, Ángel Andrade y Carlos Vázquez, y también obras de creadores de la talla de Dalí, Chillida, Tàpies, Saura, Canogar y Barceló. Es un museo pequeño, pero intenso. Primera tarde 14.00 Tapas a toque de carillón En 2005, para celebrar el IV centenario de la publicación del Quijote, se instaló un reloj de carillón en la vieja casa del Arco (que ya vimos esta mañana en la Plaza Mayor), que anuncia las horas con tres minutos de alegres campanadas, mientras se mueven en el balcón las figuras de Don Quijote, Sancho Panza y Cervantes. Es un artilugio que fascina a los niños y asombra a los turistas. Funciona a las 12.00, 13.00, 14.00, 18.00 y 20.00, y además, en verano, a las 21.00 y 22.00. La mejor hora para verlo es ésta, porque es también la del tapeo y a la Plaza Mayor hay que ir sí o sí. Aquí se sirve la tapa gratuita más famosa de la ciudad: los huevos duros rebozados con bechamel del bar Acuario. Con dos de estos, casi se come. Hay días en que se han llegado a servir más de mil. El mismo comentario (o parecido) sirve para El Portalón de la Casona, también en la Plaza Mayor: por un par de euros, caña y sartén de migas.Un reloj de carillón en la Casa del Arco anuncia la hora, mientras se menean en el balcón don Quijote, Sancho y CervantesEn la vecina plaza de Cervantes, hay una sucursal del Acuario, El Balcón del Acuario, donde la tapa estrella es la misma, y está también El Callejón, una taberna que recrea una antigua calle de la ciudad, lo cual es de agradecer, porque no quedan muchas. Más abajo, en la plaza del Pilar, se encuentran otros dos clásicos: Los Faroles (ricos calamares) y Taberna España (bravas y chacinas). Si salimos de esta plaza por Hernán Pérez del Pulgar, descubriremos Bodegas Galiana, La Vinoteca y Casa Lucio, sitios todos muy recomendables para tomar un vino; mientras que si lo hacemos por la avenida del Rey Santo, podremos catar los pinchos creativos de Miami Gastro. 16.00 Alarcos: el origen de la ciudad Ciudad Real fue fundada por Alfonso X en 1255, pero no surgió de la nada: hubo antes otra población importante en la zona. A ocho kilómetros, se encuentran las impresionantes ruinas de Alarcos, oppidum ibérico, ciudad medieval y campo de la famosa batalla (1195) en que los almohades pelearon contra los cristianos. De las vidas que allí se perdieron dan idea las 37 puntas de flecha que los arqueólogos sacaron de entre los huesos de un burro. No es de extrañar que el Sabio decidiera plantar la nueva ciudad (Villa Real la llamó) en mejor y más alegre lugar.Hay que advertir que se han producido últimamente cambios en la gestión del parque arqueológico, lo que ha ocasionado su cierre temporal, de modo que conviene llamar antes a la Oficina de Turismo de Ciudad Real para ver en qué situación se halla. Lo que sí puede visitarse, en todo caso, es la ermita de Villa Real, de estilo gótico y planta basilical, con magnífico rosetón de tracería. 19.00 Compras con buen gusto En Ciudad Real no proliferan los centros comerciales. Ni falta que hace. Por la tarde pasearemos por cuatro o cinco calles del centro, donde se concentran las tiendas: General Aguilera, Carlos Vázquez, Paloma, Ramón y Cajal, Ciruela… Un acierto seguro, si queremos hacer una buena compra, son los vinos de las Denominaciones de Origen La Mancha y Valdepeñas. Los podemos encontrar en Vinàlia y en Arte y Sabor. Para comprar dulces típicos, la pastelería La Deliciosa tiene dos tiendas en la Plaza Mayor. También está Enrypas.21.00 Cena en un asadorEn el restaurante Roberto, encontraremos comida elaborada con excelente materia prima y con un toque moderno. Podemos aprovechar para ver la puerta de Toledo, uno de los símbolos de la ciudad, que está al inicio de la calle. Si queremos platos manchegos de toda la vida, sin florituras (gachas, atascaburras, tiznao…), mejor ir al Mesón El Ventero. Otra buena alternativa es el Asador San Huberto.  22.30 Barras y hoteles De noche, la animación se traslada a la zona del torreón del Alcázar, a 400 metros de la Plaza Mayor. De camino, en Hernán Pérez del Pulgar, se encuentra la sala Zahora Magestic: conciertos, monólogos, magia, cabaret… Las primeras copas se toman en El Perro, un pub de música rock bastante original; Disco Bar La Rue, que está siempre lleno pero merece la pena, y Cicelly, donde tomaremos las más baratas. Más tarde, podemos elegir entre Sion Abbey Pub o Bianco. Para los más atravidos, queda El Condensador de Fluzo, un viaje en el tiempo usando como vehículo la música de los 80. Y para los que tienen sueño, el Hotel Alfonso X, el más céntrico de los hoteles de cuatro estrellas de la ciudad. Los otros son: NH Ciudad Real, Santa Cecilia, Guadiana y Doña Carlota. Segunda mañana 10.00 Ruta de las iglesias Si el segundo día de nuestra estancia en Ciudad Real es domingo, nos vendrá de perlas para visitar las iglesias, porque las encontraremos todas abiertas. La de San Pedro está a un minuto de la Plaza Mayor. Es de estilo gótico y tiene tres puertas: Sol, Umbría y Perdón. Esta última se llama así porque daba frente a la sede de la Santa Hermandad, un cuerpo de policía medieval. En el interior, no hay que perderse la capilla de los Coca, de finales del siglo XV, en la que destaca el sepulcro de alabastro de Fernando de Coca. Fue canónigo de Sigüenza, de ahí las similitudes estilísticas con el famoso Doncel. Otra obra maestra es el retablo en alabastro dedicado a la Virgen de Loreto. También merece una visita la capilla de Jesús Nazareno, con arquitectura y reja renacentistas.La catedral, que ya vimos ayer de pasada al visitar los jardines del Prado, es obra del gótico tardío, que comenzó a levantarse en el siglo XV sobre otra del XIII. Tiene una sola nave de una altura impresionante: 34 metros. Admirable, el retablo mayor de Giraldo de Merlo, de 1616.Detrás del antiguo convento de la Merced, que también visitamos ayer, se esconde la iglesia barroca de la Merced, que era la capilla conventual. El callejón que lleva hasta ella, por la derecha del museo, es el pasaje de la Merced, uno de los rincones más queridos por los ciudadrealeños, pues es lugar de paso de las diferentes cofradías y hermandades durante la Semana Santa, fiesta declarada de Interés Turístico Nacional.Por último, vamos a la iglesia de Santiago, la menos céntrica. Impresionan la sencillez de su silueta y la torre cuadrada, del siglo XIII. Atentos, dentro, al artesonado mudéjar y a los dragones pintados en el ábside. 12.00 Enoturismo de calidad Pero no dedicaremos todo el día a ver iglesias, porque a esta hora comienzan las visitas guiadas en Pago del Vicario, una moderna bodega en forma de catalejo, a la vera del Guadiana, que es todo un referente del enoturismo de calidad en la región. Hay visitas guiadas con degustaciones, cursos de cata, club del vino, talleres de cocina… También se ofrecen 24 habitaciones en un hotel de cuidado diseño y arquitectura vanguardista. Y, en su restaurante, comidas maridadas con caldos de la región.  Segunda tarde 16.00 Donde nació la Orden de Calatrava La tarde es buen momento para ir a ver cómo el sol dora las ruinas del castillo de Calatrava la Vieja, cuna de la primera orden militar española (1158) y, antes de eso, ciudad islámica, la más importante de la región. Está a 17 kilómetros, en Carrión de Calatrava, a orillas de un Guadiana que, cuando lleva agua, duplica la belleza del lugar. Vale la misma advertencia que hicimos para Alarcos: llamar antes a la Oficina de Turismo para asegurarnos de que el yacimiento se encuentra abierto.18.00 Despedida en el parqueNos vamos despidiendo de la ciudad, y lo hacemos casi donde empezamos: el parque de Gasset. Inaugurado en 1915, debe su nombre a Rafael Gasset, político que fue ministro de Obras Públicas y promotor del pantano que abastece de agua a los ciudadrealeños. El parque invita al paseo y a la tranquilidad, así como a admirar sus esculturas y fuentes. Como la Talaverana, así llamada porque está revestida con la famosa cerámica de Talavera de la Reina. Alrededor de ella hay varios bancos con diferentes escenas del Quijote. En el extremo sur se alza la Cruz de los Casados, del siglo XV. Recuerda la trágica leyenda de los amantes Sancho y Blanca, cuyas familias, acérrimas enemigas, prefirieron asesinarles antes que consentir su casamiento. En el parque también se encuentra el Museo del Quijote y Biblioteca Cervantina. 21.00 Último bocado y último tragoPara acabar de despedirnos, una cena casera en La Casuca, donde siempre hay platos de cuchara, buen jamón, buen queso, buen vino… Y una copa elegante en el Bastón Pub. Más ciudades para visitar en 48 horas La ciudad de los museos Málaga 3.000 años de alegría Cádiz A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos) Pamplona La ciudad más vetusta Oviedo

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Málaga es famosa por su sol, por sus playas y por ser la cuna de Pablo Picasso. Lo que menos gente sabe es que aquí hay un museo para cada día del mes (o casi), diez maneras de pedir el café y cien especies diferentes de palmeras. También hay un puerto espectacular, renovado para recibir a los pasajeros de los muchos cruceros que arriban últimamente a la ciudad. Y un centro peatonal de lujo, enlosado con mármol. Para comer, pescaíto frito en un barrio marinero o tapas contemporáneas en el centro. Y para relajarse, mojitos en la azotea del hotel o tumbarse en la playa, que sale gratis. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 El museo más importante En Málaga hay 29 museos, pero el más llamativo y el que todo el mundo desea visitar primero es el Picasso. El palacio de Buenavista, un magnífico ejemplo de la arquitectura andaluza del siglo XVI donde se mezclan elementos renacentistas y mudéjares, aloja la colección permanente formada por 233 obras de Picasso (más 43 cedidas a largo plazo) e importantes exposiciones temporales, habitualmente (pero no siempre) vinculadas a la obra del genio malagueño y de su tiempo. Desde su apertura, en 1993, lo han visitado más de 350.000 personas cada año. Para evitar colas, es aconsejable reservar on line.11.30 En casa del genioAl salir del Museo Picasso, subimos hacia la plaza de la Merced por las calles San Agustín y Granada. Por el camino, hacemos un alto en una tienda de las de antes, de las que ya no quedan: Ultramarinos Zoilo. Es un buen lugar para comprar vino de Málaga, dulces típicos y embutidos: caña de lomo, salchichón, morcilla, morcón… Para llevar o, por qué no, para hacerse un bocadillo in situ.El 25 de octubre de 1881, en la primera planta del actual número 15 de la Plaza de la Merced, nació Pablo Ruiz Picasso. Paseando por las estancias de la Casa Natal de Picasso, vemos, además de curiosos recuerdos familiares, numerosas obras del artista. Lo que más nos llama la atención son los borradores del famoso cuadro Las señoritas de Avignon. Pero tampoco nos pasa inadvertida la Suite de los saltimbanquis, un cuaderno con todos sus grabados realizados entre 1904 y 1906.En esta casa Picasso vivió con su padre, ayudante de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Málaga y su primera gran influencia, así como con su madre y sus hermanas. Y se dice que hizo sus primeros garabatos sentado en la arena de esta misma plaza de la Merced. Él, que siempre reivindicó su origen andaluz y su afición al flamenco y a los toros, pintó su primer cuadro muy cerca de aquí y lo tituló Vista al puerto de Málaga. Todo un homenaje a la ciudad que lo vio nacer.13.00 Visita a la ManquitaVolvemos sobre nuestros pasos para dirigirnos, bajando toda la calle San Agustín, a la Manquita, que es como llaman a la catedral, porque estuvo 254 años en obras y todavía se quedó con la torre sur a medias. De planta basilical gótica, alzado renacentista y acabados barrocos, la mayor joya arquitectónica de la ciudad se halla en los límites de lo que fue la muralla árabe. Primera tarde 14.00 Ajoblanco, Larios y diez cafésA 150 metros de la catedral está El Chinitas. El nombre de este restaurante es un homenaje al teatrillo o café cantante que hubo hasta 1937 dos calles más arriba, famoso por sus espectáculos flamencos, sus escándalos y los versos de Lorca: “En el Café de Chinitas / dijo Paquiro a su hermano: / Soy más valiente que tú, / más torero y más gitano”. Es un típico entre los típicos, tanto por su arquitectura, como por su decoración y, claro está, por su carta: ajoblanco con pasas de Málaga, tortillitas de camarones, fritura malagueña… Si preferimos una opción menos clásica, a la vuelta de la esquina abre el Manzanilla, bar de tapas creativas, donde debemos probar la hamburguesa de rabo de toro Burger Bull.Por Moreno Monroy salimos, después de comer, a Marqués de Larios, la principal y más elegante calle comercial de la ciudad, entoldada en verano y solada con mármol, como toda la parte peatonal. Marqués de Larios arriba, en la plaza de la Constitución, nos espera el centenario Café Central. Un panel de azulejos en su interior nos enseña las diez formas posibles que hay en Málaga de pedir un café, que son, de más a menos cargado: solo, largo, semilargo, solo corto, mitad, entrecorto, corto, sombra, nube y “no me lo ponga” (un vaso vacío). 16.00 Teatro Romano Las calles Santa María y Císter llevan, en un paseo de cinco minutos, a la de Alcazabilla. Aquí, al pie de la Alcazaba, se encuentra el Teatro Romano. Este teatro, que funcionó como tal hasta el siglo III y luego fue usado como cantera por los moros, permaneció sepultado hasta 1951, cuando se descubrió al hacer unas obras. Hoy pueden admirarse la galería de entrada al proscenium o escenario, parte de la orchestra, el vomitorium o puertas de acceso a las gradas y la cávea, donde otros se sentaron hace 2.000 años a disfrutar de una obra de Plauto o Terencio, igual que hoy hacemos nosotros para gozar de esta obra histórica. 18.00 Tarde de oro en la Alcazaba Con sólo andar unos metros, pasamos del último vestigio de la época romana a una próspera medina andalusí. Estamos en la Alcazaba, una fortificación construida estratégicamente en la falda del monte Gibralfaro y que es visible desde casi toda la ciudad. Esta joya de la arquitectura árabe es la obra militar musulmana más importante conservada en España. Pero ese carácter militar no le resta belleza a sus estancias y jardines. Por allí pasaron desde emires árabes hasta los Reyes Católicos y algunos de sus descendientes. Desde sus torres y murallas se disfruta de una soberbia vista de Málaga, sobre todo a esta hora en que el sol se pone justo por detrás de la ciudad, bañándola en oro.El carácter militar de la Alcazaba no le resta belleza. Por allí pasaron desde emires árabes hasta los Reyes Católicos20.30 Cenas para todos los gustos Si somos carnívoros, iremos a La Reserva 12. Si nos gusta el pescado, a Los Mellizos: muy rico, el arroz a la marinera. Y si queremos algo típico a rabiar, nos tomaremos unos langostinos a la plancha escuchando coplas en El Pimpi Florida, una tasca alegre y flamenca de El Palo donde lo normal es que no quepa ni un alfiler.22.00 Azotea o butacaUna costumbre muy buena y muy malagueña es la de despedir el día con unos mojitos en las azoteas de los hoteles. Las terrazas más céntricas y deseadas son las del Room Mate Larios, el AC Málaga Palacio  y el Molina. Para copas a nivel de calle, se recomienda explorar la plaza Mitjana. Y para una tarde-noche cultural, consultar las carteleras del Cine Albéniz y del Teatro Cervantes. Ambos abren sus puertas al Festival de Málaga de Cine Español, que se celebra en abril, y el segundo además, al Festival Internacional de Jazz, en noviembre. Segunda mañana 09.00 Subida al castillo de Gibralfaro Hoy hay que desayunar bien, que falta nos va a hacer para subir a la más impresionante atalaya de esta zona del Mediterráneo: el castillo de Gibralfaro. Desayunar, por ejemplo, un chocolate con churros en Casa Aranda, el café que lleva más de 75 años matando el gusanillo mañanero de los malagueños con sus famosas ruedas. Y, ya con energías renovadas, al castillo. Aquí resistió El Zegrí tres meses largos el asedio de los Reyes Católicos. Podemos ascender en 25 minutos paseando por la Coracha de la Alcazaba.Otra opción, más cómoda, es el autobús 35. Y otra, estar alojados en el Parador de Gibralfaro, así no hay ni que madrugar. La vista de la ciudad y la bahía es excepcional. Dentro, una curiosidad: el Pozo Airón, de 40 metros de profundidad, excavado en la roca. También es curioso el polvorín, que aloja un centro de interpretación en el que se cuenta cómo era la vida militar en el castillo.11.30 Otros tres museosVolvemos al centro para visitar otros de los muchos museos que hay en la ciudad. Indispensable, el Museo Carmen Thyssen. Junto con el Museo Picasso, es el que más gusta a los extranjeros, porque en sus lienzos pueden ver la Andalucía del siglo XIX, la más típica, llena de bandoleros, ventas bullangueras y playas salvajes. Sin embargo, el más visitado de la ciudad, más incluso que el Picasso, es el Centro de Arte Contemporáneo, sin duda porque es uno de los mejores de España y también porque es gratuito. Si tenemos tiempo, otro museo que merece mucho la pena conocer es el Automovilístico.14.30 Pescaíto en la playaNo se puede venir a Málaga y no comer pescaíto frito y espetos de sardinas en los chiringuitos del barrio marinero de Pedregalejo. Ahí están El Lirio, El Morata y El Cabra. Además, si el tiempo acompaña, que suele hacerlo, nos podemos dar un baño en la playa. En otro barrio tradicional, El Palo, se encuentra El Tintero, donde los camareros van por las mesas subastando los platos recién hechos (¡boqueroncitos, boqueroncitos!) y se los queda el más rápido. Segunda tarde 16.00 El jardín tropical más bello Cambiamos la brisa yodada del mar por el perfume de las flores del Jardín Botánico-Histórico La Concepción. A cinco kilómetros de Málaga, saliendo en dirección a Antequera y Madrid, se halla este jardín tropical, el más bello e importante de España y uno de los mejores de Europa, con más de mil especies plantadas al aire libre. Para no dispersarse, porque es mucho jardín, lo mejor es que sigamos alguno de los cinco itinerarios recomendados: Jardines Temáticos, Joyas de La Concepción, Vuelta al Mundo, Ruta de los Miradores y Ruta Forestal. El de La Concepción es un jardín botánico, sí, pero también histórico, que nos cuenta la historia de los burgueses que amasaron fortunas en la Málaga de siglo XIX y vivían como reyes en fincas como ésta, rodeados de esculturas romanas, ficus gigantescos y palmeras de cien especies.19.30 Brindis con vino de MálagaAhora que apuramos las últimas horas en Málaga, propongamos un brindis a su salud. No hay mejor lugar para hacerlo que la Antigua Casa del Guardia. Desde 1840 lleva abierta esta taberna por la que han pasado la reina Isabel II, Gregorio Marañón, Antonio Gala y media España. Es la otra catedral de Málaga y, para muchos, la primera. Catedral del vino que se expone a la veneración de los parroquianos en cubas que, por su aspecto, debieron de llegar con los barcos fenicios que fundaron Malaka 2.800 años ha. Hay que pedirse un vino de Málaga, ya sea un moscatel, un pajarete o un Pedro Ximénez. Y si es hora de tomar un piscolabis, acompañarlo con marisco. Y si es domingo, con nada, porque esta catedral, precisamente ese día, está cerrada. 21.00 Cocina creativa en el Muelle Uno Como en la variedad está el gusto, pocos gustos mayores que ir de la Antigua Casa de Guarda al restaurante José Carlos García, que es de lo más fashion, creativo y exclusivo, con sus seis mesas en mitad del reluciente Muelle Uno, entre yates, tiendas de moda y terrazas, donde luego, tomando copas, se está mejor que bien. La noche perfecta acaba andando en buena compañía hacia la playa de La Malagueta o, en dirección contraria, hacia el Palmeral de las Sorpresas, el paseo que bordea el puerto bajo una pérgola fantástica, como el esqueleto de una gigantesca serpiente marina.  Más ciudades para visitar en 48 horas Una señora ciudad Santander Tierra de gigantes A Coruña La eterna seductora Córdoba La vetusta más moderna Oviedo

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Ciudades tradicionales, con palacios para ver y alojarse y restaurantes donde llega el pescado casi vivo, van quedando pocas. Santander es una de ellas. Y gusta que sea así, un poco como cuando los reyes venían a tomar baños de ola, con su Gran Casino en primera línea, sus reales clubes de esto y de lo otro, sus playas para familias numerosas y sus barcas de pasajeros cruzando la bahía mientras las mariscadoras de Pedreña cosechan las almejas que se servirán por la noche en la Bodega Cigaleña. Los modernos pueden estar tranquilos: el Centro Botín, plantado en plenos jardines de Pereda, colmará sus apetitos de nueva arquitectura y de arte y cultura actuales. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.00 Península y palacio de la Magdalena La península que la ciudad regaló a Alfonso XIII para que veranease a sus anchas es la cara más conocida de Santander dentro y fuera de España. En el palacio de la Magdalena, una bombonera de estilo ecléctico que costó 700.000 pesetas de 1912, tiene su sede la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, foco deslumbrante de cultura estival desde 1932, cuyos cercanas Caballerizas Reales usan los alumnos como residencia. Un pequeño zoo con pingüinos, focas y leones marinos, un parque infantil, un campo de polo, un par de playas y los tres galeones que el aventurero cántabro Vital Alsar empleó para emular las navegaciones de Orellana son otros de los entretenimientos que ofrece el real sitio. El mayor, sin embargo, es el parque que diseñó el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, con sus paseos sombreados por pinos maríti¬mos y piñoneros y sus claros con vistas a las playas del Sardinero, la isla de Mouro y la bahía. 11.00 Playas del Sardinero Los 1.700 metros de fina arena dorada que los forasteros llaman el Sardinero son, en realidad, una sucesión de playas que los nativos y los veraneantes habituales reconocen por sus nombres y sus límites precisos. La primera, a contar desde la Magdalena, es la del Camello, que debe su título a una roca jorobada. Le sigue la de la Concha, la favorita de las familias numerosas. Luego vienen la Primera y la Segunda Playa del Sardinero, de 350 y 800 metros de largo, respectivamente, que alcanzan los 80 de ancho en bajamar y se hallan separadas por la punta de Piquío en pleamar. Y finalmente está la de Molinucos, que queda al socaire del cabo Menor y casi ni cuenta de lo pequeña que es. El Sardinero fue pionero en ofrecer baños de ola a mediados del siglo XIX. Y no sólo en eso. El 10 de marzo de 1963, el santanderino Jesús Fiochi hacía surf aquí, convirtiéndose en el primer español que practicaba este deporte.Recorriendo el paseo marítimo (media hora, sin parar; una hora, con paradas contemplativas), lo que más llama la atención es la blancura del Gran Casino del Sardinero, que se levanta desde 1916 a la altura de la Primera Playa. Aquí, donde antaño bailaban reyes, hoy se juega al póker sin mover ni una pestaña. Un poco más adelante, lo que llama la atención es el verdor de los parques de Piquío y del Doctor González Mesones, que forman un pasillo verde de más de 800 metros, casi hasta el final de la Segunda Playa. 12.00 Un faro con mucho arte Poco antes de que termine el paseo marítimo, en la glorieta donde confluyen las calles del Doctor Marañón y de Manuel García Lago, arranca con unas escaleras la senda peatonal que corre por el borde de los acantilados de Cabo Menor, rodeando el parque y el campo de golf de Mataleñas hasta la playa del mismo nombre, muy apreciada por la tranquilidad de sus aguas. Atajando campo a través, cerca de los cantiles donde anidan el halcón y el colirrojo tizón, o siguiendo la avenida del Faro, como los automóviles, se arriba sin pérdida posible a Cabo Mayor, mirador frecuentado por vecinos y forasteros, sobre todo los días de galerna, por más que entonces pocos se atrevan a salir de los coches o del bar que hay al lado. Aquí, al norte de la ciudad, vigilando la entrada de la bahía, se alza un faro cilíndrico de desnuda sillería, con foco situado a 30 metros de altura sobre el terreno y a 91 sobre el mar, que se encendió por primera vez el 15 de agosto de 1839. Una señora torre que, además de emitir dos destellos de luz blanca cada diez segundos y dos pitidos largos cada 40 en caso de niebla, brinda un panorama sobrecogedor de la costa acantilada y alberga un museo, el Centro de Arte Faro de Cabo Mayor , en el que se exponen más de 200 cuadros y cerca de mil dibujos, acuarelas y grafitos dedicados por el santanderino Eduardo Sanz a los principales faros de España. También pueden verse faros pintados por artistas como Úrculo, Eduardo Arroyo o Andrés Rábago El Roto. Primera tarde 14.30 Mesas y habitaciones con vistas Hay que volver al final de la Segunda Playa del Sardinero para comer en el Hotel Chiqui, que tiene un buen restaurante de cocina moderna de mercado, con vistas al mar. Si decidimos alojarnos aquí, haremos bien en pedir una de las habitaciones más altas y renovadas. El que se ha renovado también en fechas recientes es el Gran Hotel Sardinero, todo un clásico, junto al Gran Casino. Aunque el clásico entre los clásicos es el Hotel Real, un edificio blanco de estilo francés inaugurado en 1917 que domina desde un alto privilegiado la bahía y las playas del Sardinero y que ofrece 114 habitaciones con mobiliario clásico de maderas nobles y unas vistas que quitan las ganas de ver la tele.16.30 Dos iglesias superpuestasCambiamos de zona. Desde donde estamos, al final del Sardinero, cogemos el autobús l ó 2 y nos dirigimos a los jardines de Pereda, que son, junto con el paseo homónimo, el auténtico centro de Santander; al menos, el que interesa al turista. Éste ha sido el lugar elegido por la Fundación Botín para levantar su deslumbrante centro de arte. También se encuentra aquí la Oficina de Turismo. Y, a menos de cien metros, la catedral . Parece un templo, pero en realidad son dos superpuestos. Abajo está la iglesia del Cristo, de principios del siglo XIII, el monumento más viejo de la ciudad, y el más achaparrado, con naves de sólo cuatro metros de altura, y con pavimento de cristal para mostrar al visitante los restos de unos baños romanos hallados en el subsuelo. Y encima, la catedral propiamente dicha, que fue reconstruida tras el incendio que asoló la ciudad en 1941 y que conserva, milagrosamente intacto, un luminoso claustro gótico con 20 arcos por banda, donde los vecinos vienen a pasear los días de viento y lluvia, que en Santander no son pocos. También son idóneos para guarecerse los soportales de la Plaza Porticada. De estilo neoherreriano, como casi toda la arquitectura institucional posterior al incendio, esta plaza cuadrada de algo más de 50 metros de lado fue durante casi cuatro décadas el escenario donde, al resguardo de una lona, se celebró el Festival Internacional de Santander, importante evento musical agosteño que, desde 1991, se ha trasladado al Palacio de Festivales de Cantabria, obra de Sáenz de Oiza.18.00 De la prehistoria al bar A tres calles de la Plaza Porticada está el remozado mercado decimonónico del Este, también cubierto y muy socorrido para resguardarse en caso necesario. En sus sótanos, el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria muestra una parte pequeña, pero valiosísima, de sus colecciones: 2.600 útiles de piedra y de arte mueble paleolítico, procedentes de los yacimientos de la Garma, el Castillo, Altamira…, que lo convierten en una institución de referencia a nivel mundial.  Además, en el mercado hay tiendas como Mantequerías Cántabras (sobaos, quesadas, quesucos y todo tipo de conservas artesanas). Y hay bares como La Casa del Indiano, donde, al salir del museo, si ya es hora, podemos ir calentando motores (es decir, estómagos) para el maratón de pinchos que se avecina.20.30 Zonas de pinchos y copasDos bares del paseo de Pereda se llevan la palma en materia de picoteo: en el número 33, Las Hijas de Florencio  (¡qué jamón!), y en el 37, Casa Lita, barra y terraza donde algunos días se sirven más de mil pinchos. En Marcelino Sanz de Sautuola, 4, casi bajo el arco del Banco de Santander, se encuentra Cata Vinos, un local minúsculo pero con una carta de vinos llamativa, una de las mejores (si no la mejor) tortilla de patata de la ciudad y pinchos excelentes, como los de huevo y el de solomillo con foie. Y en Gómez Oreña, 9, detrás de la iglesia de Santa Lucía, La Conveniente, unas antiguas bodegas con suelo de enormes losas de piedra, vigas, pizarras, toneles y un pianista que no para de tocar en toda la noche. Si nos gusta la bechamel, pero mucho, pediremos la bandeja de fritos. Y si no nos gusta la compañía, mejor no iremos, porque está siempre a tope y las mesas se comparten.Otro sitio que se debe probar es la Bodega del Riojano. Su cecina es gloriosa. También tiene restaurante, donde se sirven unos pimientos rellenos fabulosos. Y ya que se ha llegado aquí, habrá que quedarse a tomar unas copas, porque la calle Río de la Pila es una cuesta con bares a ambas manos que cambian de dueño y de nombre a la velocidad del rayo, y que más que nada ponen rock y música independiente. Nada que ver con Cañadío, otra zona de marcha (de hecho, la más famosa), donde abundan los garitos de bailoteo que pinchan música de moda. En esta última zona, para cenar, aparte de La Conveniente, está el restaurante Cañadío, innovador y cosmopolita, para muchos el mejor de la ciudad. Segunda mañana 10.00 Mercado de la Esperanza Detrás del Ayuntamiento se levanta, desde 1904, el mercado de la Esperanza, un diáfano recinto de hierro y cristal, con adornos de inspiración modernista, cuya planta baja ofrece al visitante los pescados más frescos y relucientes del Cantábrico. Además de productos perecederos, que el turista solo puede admirar, en el mercado se venden quesos de Cantabria, embutidos, anchoas de Santoña… Los podemos adquirir en El Rincón de Alejandra.12.00 Libros antiguos y arte modernoDespués de la caminata de ayer, hoy no vamos a andar mucho, solo los 200 metros que separan el mercado de la Esperanza del número 6 de la calle Rubio, donde abren sus puertas, en dos edificios adyacentes, la Biblioteca Menéndez Pelayo y el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria. En este último se pueden ver obras de Alfredo Jaar, Celso Lagar, Bernard Plossu, Isaac Julien, Javier Arce, Jaume Plensa, Eulàlia Valldosera, Iturrino, José Pedro Croft o Eduardo Gruber, entre muchos otros. En la primera, los 42.000 libros que leyó y legó a su ciudad Marcelino Menéndez Pelayo, incluidos 23 incunables y 563 manuscritos, varios de ellos de Quevedo y Lope de Vega. Tanto como los libros, impresiona la sala de lectura, una nave amplia y solemne de dos alturas, forrada de ejemplares pulcramente ordenados en estanterías de roble e inundada de la luz natural que entra por la gran vidriera del techo. También se conserva el despacho donde el infatigable polígrafo alumbró su obra colosal: 67 gruesos volúmenes, sin contar epistolarios y notas. Segunda tarde 14.00 Un museo del vino Para comer, una opción más moderna, la cocina creativa con producto de temporada y base cántabra de El Serbal, y otra más tradicional, la Bodega Cigaleña, un auténtico museo del vino, donde se come rodeado de miles de curiosas botellas, anchoas en salazón, almejas en salsa, pescados coleando, boletus, cuando los hay, buenas carnes e increíbles caldos (de uva, claro).16.00 Paseo por los muellesPocos lugares que atrapen con tanta fuerza la mirada, y la imaginación, como los muelles que se extienden a lo largo de medio kilómetro junto a los jardines y el paseo de Pereda, permitiendo a Santander asomarse sin estorbo, como desde una ventana, a su bahía. Parte fundamental del panorama es la mole de Peña Cabarga, que yergue vigilante al otro lado las aguas, avisando a la ciudad de los temporales que se acercan por el sur. Paseando por los muelles, descubrimos unos cuantos rincones evocadores: la centenaria grúa de Piedra, testigo de lo que fue el antiguo puerto; el palacete del Embarcadero, antaño dependencia de la aduana y hoy sala de exposiciones; el atracadero de las barcas de pasajeros que salen cada media hora para Pedreña y Somo, al otro lado de la bahía; el grupo escultórico de los Raqueros, de una viveza que pasma, y el Real Club Marítimo, un edificio-barco que los que saben de arquitectura dicen que cumple ejemplarmente todos los postulados de Le Corbusier.La mole de Peña Cabarga se yergue vigilante al otro lado de los muelles, avisando a la ciudad de los temporales que se acercan por el surA diez minutos de Puerto Chico (que es donde se alza el Club Marítimo), avanzando por la calle Gamazo y por su prolongación (Carrero Blanco) se encuentra el Museo Marítimo del Cantábrico, que atalaya la bahía desde un moderno edificio, muy vistoso y acristalado, y está dedicado a la mar y a los hombres que bregan con ella. El esqueleto de una ballena de 24 metros domina el patio central, alrededor del cual se distribuyen los 3.000 metros cuadrados de exposición, dividida en cuatro secciones: biología marina, etnografía pesquera, historia y tecnología. Hay acuarios con fauna autóctona y hay 150 maquetas de barcos, alguna del siglo XIX y de más de seis metros de eslora. Además pueden verse curiosidades como una sardina con dos cabezas (en formol, por supuesto), la reconstrucción de un camarote utilizado por los científicos de la expedi¬ción Malaspina-Bustamante (1789-1794) o las escafandras de los buzos que murieron en la explosión del vapor Cabo Machichaco en 1893 en los muelles de Santander. 21.00 Cena y cóctel en 1964 Un final clásico, para amantes del Santander de siempre. En el Bar del Puerto, pescado y marisco de calidad insuperable y las mejores rabas de rejo del mundo (así, sin exagerar). Otra opción: una merluza de pincho a la romana con chipirones en su tinta o un chuletón de vaca vieja, en La Posada del Mar. Y a cien metros de aquí, en Castelar, 13, un cóctel en el Pub Stop, fiel a sí mismo desde 1964.  Más ciudades para visitar en 48 horas Tierra de gigantes A Coruña Gótica y Vanguardista Valencia Arte en los museos y en los fogones Bilbao La eterna seductora Córdoba

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Hércules vino, venció al gigante Gerión y, sobre su túmulo, levantó la torre-faro. Eso dice la famosa leyenda. Menos conocido es que vino Picasso y pintó cuatro años. Era muy joven, pero ya apuntaba maneras de coloso. Otra sombra gigante: la de María Pita, la heroína popular que se enfrentó a los 12.000 hombres de Francis Drake al grito de “Quen teña honra, que me siga”. Aquí todo es grande. El paseo marítimo más largo de Europa. Olas como montañas. Árboles milenarios. Pulpos de más de diez kilos. Cañones que lanzaban pepinos de casi una tonelada a 38 kilómetros de distancia. Y un ordenador de 1959, el primero de España, del tamaño de varios armarios roperos. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)06.00 Madrugón en la lonja Gigante, como tantas otras cosas en A Coruña, es el madrugón que hay que darse para visitar gratis, pero sólo con reserva previa, la lonja de pescado. Aun así, vale la pena, porque es una de las más importantes de Europa y la segunda de pesca fresca en España. A las seis arranca la subasta de marisco; a las 6.45 h, la de pesca de bajura; y a continuación, la de altura (sólo martes y jueves). Pulpos de más de diez kilos, enormes rapes y merluzas, centollas que no paran y percebes que casi alcanzan los 100 euros por kilo en subasta. Éstos son los productos que irán a los mejores restaurantes de España o que dentro de un rato se venderán en los mercados de la ciudad. Visitar a las nueve el de San Agustín o el de la plaza de Lugo y desayunar en sus bares es una alternativa a la lonja, si hemos pasado del madrugón. 10.00 La Ciudad de Cristal y la Vieja Es buena hora ésta para pasear por la avenida de A Mariña,viendo cómo el sol mañanero se multiplica por mil al reflejarse en las típicas galerías acristaladas. Ciudad de Cristal le dicen a A Coruña y ya sabemos por qué. A pocos pasos se halla la Ciudad Vieja, evocadora de la Coruña medieval. Rúas que nos hablan de los antiguos gremios: Herrerías, Tinajas, Zapatería, Cortaduría… Plazas y plazuelas donde los relojes atrasan siglos, como la de las Bárbaras o la de Azcárraga, con árboles milenarios… Tiendas de anticuarios y tascas codeándose con casas nobles y monumentos religiosos como la colegiata de Santa María del Campo, de estilo románico ojival; la iglesia de Santiago y la de San Francisco; el convento de las Bárbaras y el de Santo Domingo… 12.00 Cuatro museos y un mirador En la Ciudad Vieja hay varios museos que interesa visitar: el de Arte Sacro de la Colegiata, la Casa Museo de María Pita  y la de la escritora Emilia Pardo Bazán, hoy sede de la Real Academia Galega. También interesa acercarse al melancólico jardín de San Carlos, un antiguo baluarte desde el que se observa todo el puerto de A Coruña, en medio de un silencio sólo roto por las risas de los niños que juegan en sus veredas y el rumor del mar, 30 metros más abajo. En el centro del jardín circular, a la sombra de los olmos centenarios, reposan los restos de sir John Moore, el general británico que murió luchando contra los franceses durante la batalla de Elviña o de A Coruña, el 16 de enero de 1809. Desde este espléndido mirador se otea también el castillo de San Antón, fortaleza del siglo XVI que alberga el Museo Arqueológico e Histórico. Primera tarde 14.30 Del mar a la mesa Hemos visto lo más rico de Galicia en la lonja y en los mercados. Ahora toca comerlo en las mejores mesas de la ciudad. En el paseo marítimo, tenemos el restaurante de cocina contemporánea Alborada , con una bodega de más de 600 referencias y grandes vistas a la ría. Y en la plaza de España, A Pulpeira de Melide, restaurante, mesón y terraza, a cual más bullicioso, donde además del pulpo (a la manera tradicional o de otras), hay que probar los platos que se hacen cada día con lo mejor del mercado y, de postre, las cañas de Carballiño (rellenas de crema). Si no queremos salir de la Ciudad Vieja, la opción más recomendable es Pablo Gallego, sobresaliente en pescados y mariscos. Y en atención. 17.00 Los 84 relojes del Ayuntamiento El café lo podemos tomar en la plaza de María Pita, donde después nos esperan el Ayuntamiento  y su insólito Museo de Relojes, que atesora 84 de ellos, de los siglos XVII al XX, y de todo tipo (de sobremesa, de caja alta, de pared, cronómetros de marina…), incluido uno que lleva la firma del parisino Julien Le Roy, el relojero de Luis XV. Paseando luego por la Calle Real, encontraremos todo tipo de recuerdos y tiendas demoday, en invierno, el dulce calor de las castañas asadas. Todas las grandes firmas de la moda irán apareciendo a medida que nos acerquemos a la calle Juan Flórez. La plaza de Lugo, donde estuvimos esta mañana viendo centollas, también es buen lugar para ver escaparates.20.00 Escenarios culturalesPara una tarde-noche cultural, hay tres escenarios fundamentales: el Palacio de la Ópera , sede de la Orquesta Sinfónica de Galicia; el Coliseum y el teatro Rosalía de Castro. La actividad cultural se intensifica con los festivales Mozart, en primavera, y Jazzatlántica, en otoño. 21.30 Picoteo y copasLos coruñeses tienen fama de optimistas innatos, de que les gusta y saben vivir. Ese saber se manifiesta cada noche en los bares de las rúas Real, Olmos, Galera, Franja, Estrella, Barrera…, con chistes, habaneras, cánticos a capela y consumición de grandes cantidades de tapas y raciones. En el Mesón do Pulpo, no hace falta preguntar cuál es la especialidad.Tampoco son un secreto las ruedas de picoteo de O Secreto: de ibéricos, quesos o exquisiteces del Cantábrico. Hay una gran selección de quesos y vinos gallegos, y también raciones calientes: pulpo encebollado, mejillones en salsa de vieiras, zorza con patatas… El legendario ultramarinos Aniceto (desde 1880), hoy Marita Ron Heritage Café, ofrece delicatessen y caldos de calidad, pero también cócteles para estarse hasta las 2.00. Otro sitio diez para las copas es la plaza de Azcárraga, en la Ciudad Vieja, bajo unos fresnos y plátanos de impresión. Segunda mañana 09.00 Deporte a toda costaA Coruña tiene un paseo marítimo de más de 13 kilómetros, que es el mayor de Europa y la mejor pista para los que les gusta empezar el día corriendo o pedaleando (hay carril bici). Va desde el castillo de San Antón hasta el Portiño, envolviendo la ciudad, y cuenta con unas bonitas farolas rojas de inspiración modernista, que sirven de soporte a 1.200 esmaltes de la artista Julia Ares, alusivos a la historia coruñesa. Los situados en la zona de la Torre de Hércules están relacionados con distintos aspectos del faro romano. En la zona del Aquarium, son los peces los elementos destacados. Mientras que en las farolas ubicadas frente a la Escuela de Bellas Artes, los dibujos alegóricos versan sobre Picasso, que fue su alumno, como luego veremos. En el mismo paseo se encuentra el Teatro Colón , de imagen clasicista y tamaño singular que fue proyectado por el arquitecto Jacobo Rodríguez- Losada Trulock e inaugurado en 1948.10.00 El faro y el obelisco Hora de visitar el símbolo de A Coruña, la Torre de Hércules, el faro en activo más antiguo del mundo, de finales del siglo I o principios del II, cuyo arquitecto fue Cayo Sevio Lupo, que dejó su nombre grabado en una piedra en la base. Se puede subir para contemplar el enorme panorama desde sus 55 metros de altura y se debe recorrer el entorno protegido, que, junto con el faro, es Patrimonio de la Humanidad.Alrededor hay un parque escultórico con obras que guardan relación con el mundo de la navegación y los relatos mitológicos que vinculan la fundación de la Torre con el propio Hércules o con el caudillo celta Breogán. Mirando a poniente, en el otro extremo de la ensenada de Orzán, se distingue la cúpu-la que corona el monte de San Pedro (a donde subiremos a mediodía) y, a la izquierda de éste, en el paseo marítimo, el Obelisco Millennium, una aguja cristalina de 46 metros que recoge en sus vidrieras los episodios capitales de la historia coruñesa.12.00 Museos con mucha cienciaMuy cerca de la Torre de Hércules, al otro lado de la cala das Lapas, está el Aquarium Finisterrae , donde nos aguarda un viaje submarino al más puro estilo Julio Verne. No es el único museo con contenidos científicos de la ciudad, ni mucho menos. También podemos explorar los lugares más recónditos del cuerpo humano en Domus, un museo interactivo que finge una vela henchida frente a la ensenada de Orzán, obra del arquitecto japonés Arata Isozaki.Para dejar volar la imaginación entre estrellas y constelaciones tenemos el planetario de la Casa de las Ciencias. Desde 2012, A Coruña cuenta además con el Museo de Ciencia y Tecnología (MUNCYT), un cubo de vidrio diseñado por Victoria Acebo y Ángel Alonso, donde se muestra la evolución técnica del hombre a través de objetos como la última linterna que funcionó sin electricidad en el faro de la Torre de Hércules, a mediados del siglo XIX; el primer ordenador que llegó a España en 1959 y que ocupaba el espacio de varios armarios roperos; o la proa del jumbo de Iberia Lope de Vega, en el que el Guernica vino a España, con una altura de tres pisos. Segunda tarde 14.00 Monte de San Pedro: para ver y comer  Cada media hora, un ascensor-burbuja se arrastra por una vía de cremallera desde el borde del mar hasta la cima del monte de San Pedro. Las antiguas baterías que defendían la ciudad son ahora un espléndido parque de ocio, con merenderos, lagos, laberintos y rutas para bicis, todo ello bajo la imponente presencia de los cañones Vickers, de 18 metros de longitud, que en su día escupían proyectiles de 885 kilos a 38 kilómetros de distancia. La vista abarca desde la ría de Ferrol hasta las islas Sisargas y la costa da Morte, pasando por la urbe peninsular con su faro bimilenario. Además, aquí está el Mirador de San Pedro, uno de los restaurantes mejor situados de Galicia. Si no podemos permitírnoslo o somos de poco comer, en la cafetería, tomando una cerveza puntera y una tapa de salpicón de marisco y raxo con patatas, tampoco se está nada mal. 16.00 Playas de bandera Con dos kilómetros de playas en el corazón de la ciudad, el que no va a nadar o a hacer surf, windsurf, submarinismo o vela es porque le tiene alergia al agua salada, o al agua sin más. Viniendo del monte de San Pedro, se nos ofrecen, tentadoras, las playas de Riazor, Orzán y Matadero, que se funden formando una concha de más de un kilómetro y medio abierta al Atlántico. Después del Matadero, a los pies de la Torre de Hércules, encontramos la cala das Lapas, más tranquila y recogida, de sólo 70 metros.Continuando por el paseo marítimo, llegamos al barrio de Adormideras, donde está la playa de San Amaro (100 metros de longitud) y, saliendo de la ciudad, cerca del barrio de Os Castros, la de Oza (otros 100 metros). En todas ondea la bandera azul.Viniendo del monte de San Pedro, se nos ofrecen, tentadoras, las playas de Riazor, Orzán y MataderoSi el tiempo no acompaña para estar en la playa, una buena alternativa es Termaria, uno de los centros de ocio acuático más grandes de Europa, el primero de talasoterapia (es decir, con agua de mar) de A Coruña y el mayor de Galicia. Se trata de un único gran espacio dividido en tres áreas claramente diferenciadas y complementarias (sport, talaso y club), que cuenta además con una piscina olímpica cubierta. Está al lado del estadio de Riazor.18.00 La ruta de PicassoEn octubre de 1891, Pablo Picasso, a punto de cumplir 10 años, llegaba a A Coruña con sus padres (José Ruiz Blasco y María Picasso) y sus dos hermanas, Lola y Conchita. La muerte de la menor motivaría el traslado de la familia a Barcelona en abril de 1895, tras cuatro intensos años en la ciudad, en los que el joven artista había realizado más de 200 obras. En A Coruña, Picasso descubrió el amor, sintió el desgarro de la muerte y mostró por primera vez sus creaciones en público.  Pequeñas palomas blancas pintadas en las aceras marcan el camino a seguir para conocer la Coruña de Picasso, una ruta que enhebra lugares como la Casa Museo Picasso, el instituto Eusebio da Guarda, la Escuela de Artes Pablo Picasso o el cementerio de San Amaro, donde descansan los restos de la hermana. Si nos interesa la ruta de Picasso, es muy probable que nos interesen también el Museo de Bellas Artes  y el Museo de Arte Contemporáneo MAC, así como las fundaciones Luis Seoane, Barrié y María José Jove . Otra cosa es que nos dé tiempo a visitar alguno. 22.00 Minihamburguesas con gin tonic Cae la noche y la ciudad se agita, pero mucho. La ruleta del Casino Atlántico echa humo. Y en los pubs de las calles Juan Canalejo, Orzán y Panaderas comienza a no caber un alfiler. Pero antes de ir aquí o allá, hay que matar el gusanillo y dejarlo bien enterrado. La penúltima moda son las minihamburguesas. Las hay para todos los gustos. Están la Mc Pulpiño (de pulpo, claro) de Taberna Gaioso y la lacón burger de Culuca. Hay la de ternera adobada, rúcula, tomate al horno y pan de cereales de La Mantelería y la de ternera gallega con cebolla caramelizada de Alma Negra . Otras opciones son las baby burgers de A Tu Vera, las vegetarianas de Cervezoteca Malte  o los ocho tipos de Mejor Sabrá, que como mejor saben es con gin tonic. Debe ser lo único mini que hacen en esta tierra de gigantes. Más ciudades para visitar en 48 horas Todo un descubrimiento Huelva Sevilla es mucha Sevilla Sevilla Mucho más que las Meninas Madrid Un atracón de cultura Donostia

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Recorrer Sevilla en dos días es visitar monumentos almohades y mudéjares, conventos llenos de zurbaranes y murillos y callejuelas de tiempos de los judíos donde resuenan los pasos literarios de Don Juan, de la cigarrera Carmen y de la bella Rosina. También es visitar tabernas centenarias donde la multitud se apelotona para hacerse con un montaíto de pringá. Con eso y una escapada a Itálica, vamos servidos. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.30 La iglesia gótica más grande del mundo “Hagamos una iglesia tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos”, dicen que dijo un canónigo del cabildo cuando en el siglo XV se empezó a construir la catedral de Sevilla. Es el mayor templo gótico del mundo (116 metros de largo por 76 de ancho), un templo por cuya nave central, según otro decir (este, de Mérimée), podría ser paseada a la carrera la catedral de Notre Dame de París. De la mezquita almohade preexistente quedan el patio de los Naranjos (el de las abluciones) y la Giralda, el alminar que Hernán Ruiz transformó en un portentoso campanario renacentista de casi cien metros de altura que el fatigoso ritual del turista escala caracoleando por sus 35 rampas. El rey Fernando el Santo y Cristóbal Colón reposan en el interior de esta montaña hueca (de nuevo, Mérimé), que puede no ser lo más bello de la ciudad, pero sí lo más simbólico y lo primero que todos visitan. En invierno no abre hasta las 11.00 h. No pasa nada. Se visita antes el Real Alcázar y asunto arreglado. 11.00 Real Alcázar: por la casa de Pedro En 1364 Pedro I el Cruel ordenó construir una nueva residencia dentro de los viejos palacios almohades. En un par de años, artesanos locales, nazaríes y toledanos obraron el Real Alcázar, un conjunto mudéjar de estremecedora belleza, sobre todo la portada, el patio de las Doncellas y el salón de Embajadores, con su bóveda de lacerías talladas en cedro sobredorado. Los reyes posteriores hicieron también sus aportaciones, como la casa de Contratación, creada por Isabel la Católica para dirigir los negocios del Nuevo Mundo, o los salones de Carlos V, ricamente decorados con tapices y azulejos. Al sur y al este del complejo palaciego, se extienden unos magníficos jardines, de un kilómetro largo de perímetro, que hacen que la visita sea todavía más larga y entretenida. En el Real Alcázar se pueden echar tres o cuatro horas y, si nos descuidamos, el día entero e incluso la noche, porque hay visitas nocturnas y, en verano, conciertos. En el barrio de Santa Cruz, antigua judería, se codean los fantasmas de Don Juan Tenorio y Doña Inés con los del rey moro Mutamid y su esclava Rumayquilla 13.00 Paseo por Santa CruzSi vamos bien de tiempo, que es difícil, entraremos a echar un vistazo en el Archivo General de Indias, donde suele haber alguna exposición. Si no, nos iremos directamente a dar un paseo por el barrio de Santa Cruz, antigua judería y el pedazo más pintoresco de Sevilla, un laberinto de cal, rejas y macetas donde se codean los fantasmas de Don Juan Tenorio y Doña Inés con los del rey moro Mutamid y su esclava Rumayquilla, el de la hermosa hebrea Susona (hija de David que traicionó a su padre por amor a un caballero cristiano) y el de Doña María Coronel, la viuda fiel que prefirió abrasarse el rostro antes que la besase Pedro I el Cruel. El paseo comienza saliendo del patio de Banderas por la calle de la Judería, un encantador pasaje cubierto y en zigzag que daba acceso al antiguo barrio hebreo. La casa que se descubre a la salida, a caballo sobre el pasadizo y fundida con la muralla almenada del Real Alcázar, debe ser una de las más fotografiadas del mundo. La calle de la Judería desemboca en otra llamada Vida y, ésta, a su vez, muere dos pasos más allá en la del Agua. Este callejón, que poco ha cambiado desde la Edad Media, corre pegado a dicha muralla y se llama como se llama porque por dentro iban las conducciones de agua que abastecían al palacio y a la ciudad. Doblando a la izquierda por la calle Pimienta y luego por Susona, se va a dar a la plaza de Doña Elvira, lugar cantado en docenas de coplas, ágora recoleta sembrada de azulejos y naranjos donde estuvo el corral en que representó sus primeras comedias Lope de Rueda. Una simpática tradición, que revuelve lo real y lo inventado sin ningún pudor, asegura que aquí nació Doña Inés de Ulloa, el “ángel de amor” del Tenorio de Zorrilla. En el número 6, para más señas. La misma tradición afirma que Don Juan vino al mundo en una casa de la plaza de los Venerables, a la que se llega en dos zancadas bajando por la calle Gloria, poco más ancha que un pañuelo. Primera tarde 14.00 Hora de tapear En la plaza de los Venerables se encuentra también la Hostería del Laurel, donde dicen que se alojó Zorrilla mientras escribía el drama y que de ella salió la hostería homónima del primer acto. Todo pudiera ser. Lo que es seguro es que es la hora de tapear y aquí, en la barra de la Hostería, se puede empezar. En la misma plaza, Casa Román sirve el mejor jamón de la ciudad. Aunque tampoco está malo el de Las Teresas, en la calle Santa Teresa, donde tienen expuestos, por fechas, los cuchillos jamoneros y sus años de servicio.  El lugar del barrio que más devoradores de tapas concentra, con diferencia, es la calle Mateos Gago, en cuyo número 1, a la vista de la catedral, abre desde 1934 el bar Giralda, levantado sobre unos baños árabes del siglo XII. Aparte de historia, tiene tres cosas muy ricas: bacalao, salmorejo y acedías. En el número 20 está la taberna La Goleta, que esla esencia concentrada de Sevilla en muy poco espacio y famosa por su vino dulce de naranja; y en el 22, Álvaro Peregil, con más espacio y buenos montaítos caseros. También gustan los montaítos de La Fresquita , bar de apasionado ambiente cófrade, donde se tapea con marchas de Semana Santa y flamenco. Mientras que a Las Columnas (en Rodrigo Caro, bocacalle de Mateos Gago), los que saben van buscando la pringá.Para comer a manteles, dos sugerencias: La Albahaca y Taberna Poncio. 16.00 De Velázquez a Murillo La plaza de los Venerables debe su nombre al hospital de los Venerables Sacerdotes, que fue fundado en 1675 para dar asilo a curas enfermos y ancianos, y hoy alberga el Centro Velázquez, donde se exhiben, entre otras obras del sevillano, el cuadro Santa Rufina, por el que la fundación Focus-Abengoa, que tiene aquí su sede, pagó 12,4 millones de euros. Por las calles Jamerdana, Reinoso y Lope de Rueda, se llega a la plaza de Alfaro, donde hay un balcón esquinero que a la gente le gusta creer que es el de Rosina, la bella y rica huérfana de El barbero de Sevilla, de Rossini. Al lado están los jardines de Murillo, antiguas huertas del Real Alcázar que fueron donadas a la ciudad en 1911 y que forman, junto con el paseo de Catalina de Ribera, un verde corredor de medio kilómetro. Palmeras y ficus gigantes crean la ilusión de hallarse en un bosque tropical, una jungla, eso sí, con bancos forrados de azulejos. Para dar una cabezadita, ideal. 19.00 Un dulce en Sierpes y una caña en el Salvador Al final del paseo de Catalina de Ribera, por delante de la Universidad (antigua fábrica de tabacos donde trabajaba la Carmen de Mérimée), pasa un tranvía que nos lleva en diez minutos a la plaza Nueva. Ahí al lado, detrás del edificio plateresco del Ayuntamiento, se halla la archifamosa calle Sierpes, que no tiene nada de particular, ni es ancha ni larga ni monumental, pero ha sido señalada por el destino como zona de máximo trasiego, punto de encuentro universal y vía comercial pródiga en bares y cafés, tiendas de moda y comercios de toda la vida donde se venden sombreros, abanicos o mantillas. En el número 1, lleva desde 1885 La Campana, confitería idónea para comprar polvorones, cortadillos de cidra y yemas sevillanas. A un minuto de Sierpes, el que se tarda en subir por la calle Sagasta, queda la plaza del Salvador, donde los sevillanos van a tomarse una cañita a mediodía y nosotros antes de cenar.21.00 Terraza con vistas a la Giralda Cerca de la plaza Nueva, se degustan óptimas chacinas y conservas en la antiquísima Casa Moreno, unosultramarinos con taberna en la trastienda. Abre hasta las 21.30. A dos pasos también, está la Taberna del Alabardero, restaurante emblemático, sede de la Escuela Superior de Hostelería de Sevilla. El café y la primera copa se pueden tomar en Picalagartos, un bar con un punto entre doméstico y bohemio, donde se charla, se lee y se juega al parchís. Y más copas, en la terraza del hotel EME, donde se va a ver la Giralda y a ser visto.Para hospedarse es también un buen lugar, pegado a la catedral y con interiores de diseño, pero si preferimos algo más auténtico, miraremos antes Las Casas de la Judería y el Hotel Casa 1800. Segunda mañana 10.00 En bici por el Guadalquivir El plan para esta mañana es recorrer la Sevilla ribereña, desde el puente de Triana hasta el parque de María Luisa. Una buena opción para este paseo son las bicis del servicio municipal Sevici, que se pueden conseguir en el puente de Triana, la Torre del Oro y la calle Palos de la Frontera, junto al parque de María Luisa. Bajando desde el puente por la margen izquierda del río, enseguida se llega a la altura de la plaza de toros de la Real Maestranza, famosa por su belleza y porque quien triunfa ante su experta afición se consagra. Su museo atesora una importante colección de pinturas y estampas taurinas, incluidos doce grabados de Goya. Es el tercer monumento más visitado de Sevilla. 11.00 Torre del Oro: la vigilante del río A 400 metros de la Maestranza, aguas abajo, otro monumento fundamental: la Torre del Oro. Último legado del arte almohade en Sevilla, se erigió en 1220 como torre avanzada de la muralla del Alcázar, para defender el puerto y el puente de barcas que hubo hasta que se construyó el de Triana en 1852. Para ello disponía de una cadena que cruzaba el río y que debía de ser fina. Desde 1944 alberga el Museo Marítimo, donde se repasa la historia naval de Sevilla a través de maquetas, bitácoras, cartas marinas… 12.30 El parque-oasis de María Luisa Al llegar al puente de San Telmo, hay que separarse  del río y meterse por la calle Palos de la Frontera, entre el palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, y el palaciego hotel Alfonso XIII. Este último, renovado en 2012, es sin duda la mejor opción para alojarse en la ciudad, y la más cara. La calle acaba en la glorieta de San Diego, donde se halla el acceso principal al parque de María Luisa. Parte de estos grandes y románticos jardines los donó la infanta María Luisa a la ciudad en 1893, de ahí su nombre. Con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, se hicieron en ellos algunas obras notables, como la plaza de España y la de América. La primera se concibió como eje de la muestra y pabellón de España. En la segunda se levantaron, uno frente al otro, el pabellón Mudéjar, hoy sede del Museo de Artes y Costumbres Populares y el de Arte Antiguo, ahora Museo Arqueológico, donde se exhibe el tesoro tartésico del Carambolo. Estos lagos, fuentes y glorietas sombrías son lo mejor contra el calor en Sevilla, aire acondicionado aparte. Segunda tarde 14.30 Comida y paseo por Triana Si nos da la pájara recorriendo los jardines, muy cerca de la puerta por la que entramos hay un magnífico restaurante, Oriza. Junto a la Maestranza está el restaurante Puerta Grande, taurino y elegante, donde se hacen excelentes cocidos y tartas de Alcalá. Y en la orilla contraria del río, en la calle Betis, el Abades Triana, con increíbles vistas del Guadalquivir y de la Torre del Oro. Después, para bajar la comida, se puede y se debe dar un garbeo por Triana, el barrio más popular de la ciudad, muy flamenco y muy taurino. Todo es muy de verdad aquí, y muy antiguo, empezando por el nombre, que le viene del emperador Trajano. La iglesia de Santa Ana, fundada en el siglo XIII, fue el primer templo cristiano de Sevilla. Tampoco es de ayer la artesanía del azulejo, que se cultiva en Cerámica Santa Ana desde 1870 o en los pequeños talleres que llenan la calle Antillano Campos. La foto de las casas blancas cuajadas de macetas se hace en la calle Pelay Correa. 17.00 Zurbarán, Pilatos y la Macarena La tarde la podemos dedicar a visitar tres lugares que quedan fuera (aunque no lejos) de las zonas que hemos recorrido ayer y esta mañana. Uno: el Museo de Bellas Artes, la segunda mejor pinacoteca de España, en el antiguo convento de la Merced Calzada, con salas enteras dedicadas a Murillo, a Valdés Leal y a Zurbarán. Dos: la casa de Pilatos, el palacio más suntuoso de la ciudad después del Real Alcázar, de estilo renacentista. Y tres: la Macarena, barrio tradicional de la zona norte, donde hay iglesias y conventos, viejos bares y calles recónditas. Un camarín de plata alberga laVirgen más guapa y querida por los sevillanos en la basílica de la Macarena. Más ciudades para visitar en 48 horas Mucho más que las Meninas Madrid Arte en los museos y en los fogones Bilbao A cuestas con la belleza Granada Gótica y Vanguardista Valencia

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Oviedo era Vetusta, la clerical y opresiva ciudad de La Regenta, la gran novela de Leopoldo Alas Clarín y del siglo XIX español. Mucho ha cambiado Oviedo desde entonces y, sobre todo, desde los años ochenta. Lo ha dicho Woody Allen: “Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada”. Una ciudad que, para no ser menos moderna que las demás, tiene su obra de Santiago Calatrava, el Palacio de Congresos, y una Universidad cuatro veces centenaria que en 2013 dejó estupefacta a toda España al impartir un curso sobre David Bowie. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)10.00 En busca de la Cámara SantaA Oviedo le dicen la ciudad de las esculturas porque en sus calles hay más de un centenar de ellas, algunas de artistas de renombre universal. Empezamos nuestro recorrido junto a una de estas obras, de Mauro Álvarez, situada en la plaza de Alfonso II el Casto. Se trata de la estatua de Ana Ozores, la protagonista de La Regenta. No es ella, sin embargo, la protagonista de esta plaza, sino la imponente fachada gótica de la catedral de San Salvador.Su torre principal mide 80 metros y parece un dedo que apunta al cielo de Asturias. En el interior del templo, admiraremos el Retablo Mayor, de estilo hispano-flamenco, y el Cristo de Velarde, que parece, si no lo es, obra de Berruguete. Después dirigiremos nuestros pasos hacia la izquierda, mirando desde la puerta principal, hacia la portada de la Capilla del Rey Casto y Panteón de los Reyes de Asturias.  Una curiosidad histórica: Alfonso II fue el culpable del Camino de Santiago. Durante su reinado, en 814, se descubrió en Compostela la tumba del apóstol. Y él fue el primero en peregrinar hasta allí. Así inauguró la ruta jacobea. Justo al otro lado de la catedral, si damos una vuelta por la girola, llegaremos a la Cámara Santa. Aquí se guardan las reliquias que este rey donó a la catedral, cuando ésta sólo era una pequeña iglesia prerrománica y Asturias, un reino chico enfrentado al gigante musulmán de Córdoba. Destacan la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, la Cruz de los Ángeles, el Arca Santa y, en un arcón detrás de la Cruz de los Ángeles, el Santo Sudario o Pañolón de Oviedo. La tradición dice que es la mortaja de Jesucristo. Todo pudiera ser. 11.30 Donde todo comenzó Detrás de la catedral, en la calle San Vicente, se halla el Museo Arqueológico de Asturias. Ocupa desde 1952 el claustro del antiguo convento de San Vicente, que es el kilómetro cero histórico de la ciudad, donde se fundó en el año 761. El museo fue reinaugurado en 2011, después de ser remodelado y ampliado por los arquitectos Fernando Pardo Calvo y Bernardo García Tapia. Su colección, muy completa, abarca desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Al salir, veremos la fachada de Santa María la Real de la Corte, que está justo al lado, donde se levantó el primer templo ovetense.13.00 Dulces de cineLa calle San Vicente desemboca en Jovellanos, una vía comercial que sigue parte de las murallas medievales, de las que aún pueden verse varios tramos. En el número 7 está, desde 1914, Casa Camilo de Blas, que es el sitio para comprar los típicos Carbayones (pasteles de almendra y yema), las Duquesitas (aros de almendra y yema) o las Nuglass (nueces confitadas y glaseadas). Primera tarde 14.00 El Bulevar de la sidra A Jovellanos da también la calle Gascona, conocida como el Bulevar de la Sidra, que es el mejor lugar de la ciudad a estas horas. Aquí se puede comer de tapas o de platos más contundentes, pero siempre, salvo que uno sea alérgico, con sidra. En la sidrería El Cachopito, la especialidad es, como indica su nombre, el Cachopo, una especie de San Jacobo enorme, hecho con filetes de ternera, queso fundido y jamón serrano. En Tierra Astur, podemos probar los potentes tortos de maíz con picadillo de jabalí y otros platos típicos, en un ambiente rústico y acogedor que incluye una tienda de productos asturianos, por si queremos intentarlo en casa. Si preferimos un local más tranquilo que las sidrerías de la calle Gascona, en dirección al Campo de San Francisco se halla Casa Conrado, un restaurante clásico con gran materia prima, sabores tradicionales y platos como la merluza de pincho a la sidra o los muslitos de codorniz.16.00 Los judíos y el viajeroPocos saben que Oviedo es una de las ciudades que forman parte de la Red de Juderías de España. La antigua judería de la ciudad comenzaba en la  plaza de Juan XXIII, justo al lado de Casa Conrado, y seguía por la plaza Porlier, que se encuentra detrás. Aquí hay un plano con los asentamientos judíos de la época medieval. En estas plazas, además de tomar un café o lo que queramos, podemos admirar algunas de las estatuas más famosas de Oviedo. Una es Amigos, de Santiago de Santiago, en Juan XXIII. La otra, El regreso de William B. Arrensberg, más conocida como El viajero, de Eduardo Úrculo, en Porlier.De esta plaza salimos por la calle Eusebio González Abascal, en dirección a la catedral. Pasamos por delante de los  palacios de Conde Toreno, Valdecarzana y Marqués de Camposagrado. En la esquina de la plaza de Alfonso II se halla un edificio singular: la capilla de la Balesquida. Esta pequeña construcción data del siglo XIII, aunque fue reformada en el XVIII, y debe su nombre a la dama Velasquita Giráldez, que legó la capilla, dedicada a la Virgen de la Esperanza, al gremio de sastres. Por eso, si levantamos la vista, veremos unas tijeras en uno de sus ventanales.17.00 De visita a los geniosA 50 metros de la plaza de Alfonso II, en la calle Santa Ana, se halla el palacio de Velarde, uno de los edificios que forman el Museo de Bellas Artes de Asturias. El otro es la casa de los Oviedo-Portal, en la calle Rúa. El museo es de entrada gratuita y tiene una gran colección (más de 15.000 piezas), con obras de El Greco, Goya y Picasso, entre otros.18.00 La ciudad de ClarínDespués de visitar el museo, reanudamos nuestro paseo por la calle Rúa y por su prolongación, Cimadevilla, una de las arterias más conocidas de la ciudad, llena de casas nobles y burguesas del siglo XIX, que recuerda intensamente el ambiente novelado por Clarín en La Regenta, donde aparece con el nombre de Encimada. Pasamos por debajo de la torre del Reloj del Ayuntamiento hasta llegar a una amplia plaza flanqueada por edificios con soportales. Es la plaza de la Constitución, aunque los vecinos la siguen llamando plaza del Ayuntamiento. Para solucionar cualquier duda que tengamos, aquí hay una Oficina de Turismo. Volvemos a pasar bajo la torre del Reloj por Cimadevilla. A los pocos metros, a mano derecha, surge la calleja de los Huevos, que conduce a la plaza de Trascorrales, una de las más bonitas de Oviedo. Aquí se unían los corrales de las antiguas casas señoriales y, hasta hace no mucho, ganaderos, pescadores y granjeros mercadeaban con sus productos. No faltan las estatuas que recuerdan este pasado: La lechera y su burra, El vendedor de pescado y La pescadera. Es un lugar de mucho ambiente y tapeo.19.00 Hacia la UniversidadVolvemos de nuevo a la plaza de la Constitución y, por la calle del Peso, nos acercamos a la plaza de Riego para conocer la Librería Ojanguren, toda una institución, fundada en 1856. Entre sus clientes se encontraba Clarín, que cobraba aquí sus colaboraciones en las revistas de Madrid. Al lado se alza el edificio de la Universidad, al que, después de admirar su fachada, entramos para deambular como unos estudiantes más. Preside el patio la estatua del arzobispo e inquisidor Fernando Valdés Salas, que fundó la Universidad a finales del siglo XVI. 21.00 Cumbres gastronómicasAhí mismo, en el número 8 de la calle San Francisco, se encuentra Casa Fermín, cumbre de la gastronomía ovetense, de cocina moderna, pero sin perder de vista las raíces. Otro restaurante de altura es Ca’Suso. Después de cenar, encontraremos lugares animados en la plaza de Riego y la calles Mon, Ildefonso Martínez (también conocida como Salsipuedes) y Luna. Pero mejor no acostarse muy tarde, que mañana nos espera otro intenso día. Segunda mañana: 10.00 Joyas del prerrománico asturiano La jornada comienza en una de las grandes arterias del nuevo Oviedo: la calle Uría. Aquí tomamos la línea 10 del autobús, que nos lleva hasta dos joyas del prerrománico astur, situadas en la falda del Naranco, a cuatro kilómetros del centro. Declaradas Patrimonio de la Humanidad, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo datan del siglo IX, cuando Alfonso II el Casto y su hijo, Ramiro I, quisieron dotar a su nueva capital, Oviedo, de unas construcciones dignas de su rango.  Es el momento de ir sin prisas, de observar todos los detalles de unos edificios que se integran perfectamente en el verde entorno. La vista más conocida se obtiene desde el interior de Santa María, a través del ventanal de tres arcos de la fachada oriental, que es el símbolo turístico de Asturias. Si tenemos mucho interés en el prerrománico, en el Centro de Recepción e Interpretación nos dirán cómo acceder a otro monumento clave de este estilo, la iglesia de San Julián de los Prados, que está a casi siete kilómetros de aquí.12.00 El latido de OviedoRegresamos a Oviedo. Una vez en la calle Uría, nos dirigimos por Fruela y Rosal al Mercado del Fontán, que para muchos es el verdadero corazón de la ciudad. Para sentir su latido, sólo tenemos que dejarnos arrastrar por la gente que se arremolina alrededor de los puestos del mercado cubierto, de arquitectura industrial y finalizado en 1885. En el exterior también hay mercado los jueves, sábados y domingos (en este último caso, un rastro). Segunda tarde 14.00 De tapeo por el Fontán Para comer, dentro del mercado tenemos el restaurante El Fontán, una casa de comidas tradicional, sin florituras, que sirve rica y contundente fabada, buenas carnes (el dueño cría terneras y gallinas) y pescados frescos, habitualmente fuera de carta. Y para tapear, en los alrededores están Casa Ramón, Les Forgaxes, Casa Amparo y La Gran Manzana, entre otros. En todos ellos, podremos picotear fritos de pixín (rape), bocartes, croquetas caseras, lacón, escalopines al Cabrales, tablas de quesos…16.00 Teatro CampoamorHa llegado la hora de recorrer el Oviedo más pujante, decidido y ambicioso. Y empezamos a hacerlo en la plaza de la Escandalera, junto al Campo de San Francisco y el Parlamento de Asturias. Aquí hay un carillón, en la Caja de Ahorros de Asturias (Cajastur), que anuncia las horas en punto con la famosa canción Asturias, patria querida. Como se oye en toda la ciudad, incluso en el monte Naranco, muchos forasteros se piensan que son las campanas de la catedral. También hay dos estatuas muy conocidas por los ovetenses: Maternidad (o La Gorda), de Botero, y Asturcones, de Manolo Valdés. A la vuelta de la esquina están la plaza del Carbayón, con una escultura de Úrculo cuyo nombre lo dice todo: Culis monumentalibus, y el Teatro Campoamor, sede de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Inaugurado en 1892, es un edificio de líneas claras y majestuosas, que recuerda los grandes teatros líricos italianos. Semidestruido durante la Guerra Civil, una profunda labor de restauración hace que esta obra de los arquitectos Salaberry y Borrajo luzca en todo su esplendor. Por el teatro pasan las mejores compañías del mundo de la danza, la ópera o la música. 17.00 De paseo por el campoEl Ensanche ovetense, surgido en el siglo XIX, no se puede entender sin el Campo San Francisco, un parque casi cuadrado, de unos 300 metros de lado, que es el pulmón de la ciudad. Hay que andarlo sin prisas por el paseo del Bombé, con su viejo quiosco de música; o por el de los Álamos, paralelo a la calle Uría y que termina en el pabellón de corte romántico al que llaman el Escorialín, donde hoy se encuentra la otra Oficina de Turismo que hay en la ciudad.18.00 Un asturiano de BrooklynSi salimos del Campo San Francisco por el norte y cruzamos Uría, llegaremos a la calle Milicias Nacionales. Aquí se encuentra la estatua más famosa de Oviedo, la de Woody Allen. El director se ha convertido en un personaje muy querido en la ciudad después de recibir el Príncipe de Asturias y haber rodado Vicky Cristina Barcelona. Esta vía peatonal desemboca en la calle Palacio Valdés, por la que avanzamos a la izquierda hasta toparnos con la iglesia de San Juan el Real.  Construida entre 1912 y 1915, la catedral del Ensanche es espectacular de noche, cuando está iluminada. Justo enfrente, podemos detenernos un momento en la librería Cervantes, con más de 100.000 volúmenes y un millón y medio de referencias en su base de datos.19.00 El hotel de los premiados Regresamos a San Juan el Real y continuamos hacia la derecha por la calle Melquíades Álvarez. Esto nos sitúa de nuevo en la calle Uría. En la esquina con Independencia, se halla uno de los edificios más singulares de la ciudad: las Casas del Cuitu, encargo de un rico indiano de principios del siglo XX al arquitecto Ulpiano Muñoz. El resultado: un edificio modernista y neobarroco con unas balconadas que son un desfile escultórico de ninfas, hadas, motivos florales y referencias mitológicas sorprendentes. Seguimos por Independencia hasta el cruce con Marqués de Pidal. En esta calle se reúnen algunas de las mejores tiendas de la ciudad. Avanzando por ella, alcanzamos el cruce con Gil de Jaz. A la derecha, aparece la solemne fachada del Hotel de la Re-conquista, famoso por hospedar a los galardonados con el Príncipe de Asturias. El edificio, del siglo XVIII, es Monumento Nacional. Merece la pena asomarse para ver su acogedor vestíbulo, el salón Gil de Jaz y el patio de la Reina.Las balconadas de las Casas del Cuitu son un desfile escultórico de ninfas, hadas, motivos florales y referencias mitológicas sorprendentes21.00 Cena de despedidaA cinco minutos del hotel, en la avenida de Galicia, tenemos dos buenos restaurantes para despedirnos de Oviedo con el mejor sabor de boca: Naguar y Fromestano. Y poco más allá, en la plaza de América, Del Arco. Más ciudades para visitar en 48 horas A cuestas con la belleza Granada La eterna seductora Córdoba La capital de Hispania Tarragona Un atracón de cultura Donostia

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Córdoba es mucho más que la Mezquita y la Judería, que los lienzos de Julio Romero de Torres y las esculturas romanas del Museo Arqueológico, que los patios inundados de flores y las tabernas donde corren ríos dorados de Montilla-Moriles, que las mañanas fragantes en los jardines del Alcázar y las noches al fresco en la plaza de la Corredera. Pero solo con esas cosas Córdoba lleva siglos enamorando al mundo entero. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)08.30 A quien madruga… Si visitamos Córdoba a finales de primavera o en verano, merece la pena madrugar. A primera hora hace menos calor y se puede aprovechar para visitar la Mezquita, que hasta las 9.30 es gratis. También es la mejor hora para bajar al Guadalquivir y contemplar la ciudad desde el puente romano, oyendo a los pajaritos trinar en los sotos de la Albolafia. Para desayunar, podemos comernos unos jeringos (así les llaman en Córdoba a los churros, por la jeringa con que se echan al aceite) en la churrería de la plaza del Campo Santo de los Mártires. Si no somos tan golosos, tenemos el bar Casa Santos y sus tortillas, hechas con cinco kilos de patatas y 30 huevos, quizá las más grandes del mundo.   10.00 Los orígenes de la ciudad  Fuera de las épocas de más calor, en Córdoba no es necesario madrugar en exceso. Podemos desayunar tranquilamente en el hotel y empezar visitando la ciudad romana. Y es que, aunque muchos tenemos en la cabeza la imagen de la Córdoba mora, los orígenes de la ciudad son romanos y se remontan al siglo II antes de Cristo, cuando el general Claudio Marcelo se asentó a orillas del Guadalquivir para fundar Corduba. Además del mencionado puente (un gigante de 270 metros que salva la corriente en 16 zancadas desde la época de Julio César), están las ruinas del templo dedicado a la diosa Diana que hay en la calle Claudio Marcelo, al lado del Ayuntamiento. Y están las esculturas y los restos del teatro romano que pueden verse en la moderna ampliación del Museo Arqueológico.Cada año, más de un millón de personas deambulan boquiabiertas por la Mezquita, cima del arte islámico en Occidente, alma y sentido de Córdoba12.00 Callejas de la Judería Seguimos descubriendo la ciudad y nos dirigimos a la calleja de las Flores, una minúscula vía peatonal (como toda la Judería, por otra parte) que hay a 40 metros de la Mezquita, subiendo por la calle de Velázquez Bosco y doblando a la derecha. Con sus paredes forradas de macetas de geranios y gitanillas y con la torre de la Mezquita asomando por encima, esta calle es como un imán para los aficionados a la fotografía. La más bella del barrio, quizá. Pegada también a la Mezquita (a 70 metros) está la calle de Pedro Jiménez, a la que llaman del Pañuelo porque cabría en un bolsillo. Esta calle muere en una placita todavía más chica conocida como los Rincones de Oro, que dicen que es la más pequeña del mundo. En sus 15 metros cuadrados, se acurrucan tres puertas, una fuente, dos naranjos que buscan desesperadamente la luz del sol y un farolillo. Otro tesoro que hay que encontrar (con la ayuda de un plano, o preguntando mucho, porque la Judería es un laberinto) es la calleja de la Hoguera, que está llena de recodos, pasadizos, aromáticos naranjuelos, puertas de traza moruna y plazuelas íntimas, que parecen patios privados. La quintaesencia de la Judería. Primera tarde 14.00 Salmorejo de todos los colores La que no tiene pérdida es la puerta de Almodóvar, porque forma, con la muralla de la calle Cairuán, un conjunto bien llamativo, el resto mejor conservado de la cerca que rodeaba la Medina. A su vera hay una escultura dedicada al filósofo Séneca, el hijo más famoso de la ciudad. Y unos metros más allá, en la calle Doctor Fleming, está el Mesón Juan Peña, un lugar pequeño pero exquisito, ideal para tomarnos un respiro y disfrutar de unos platillos riquísimos (salmorejo, berenjenas, ortiguillas, flamenquín…), acompañados de un buen vino. También muy cerca está el Mercado Victoria, que abrió en la primavera de 2013 en los jardines del paseo homónimo. Esta antigua caseta de feria, de esqueleto metálico y aire modernista, se ha acristalado y acondicionado para que la gente cate en taburetes y mesas compartidas las delicias que preparan en 30 puestos: sushi, ostras, pinchos de atún rojo, hamburguesitas... Destacan los coloridos salmorejos de La Salmoreteca: el rojo de siempre, el amarillo de maíz, el verde de aguacate, el negro de tinta de calamar… Kisco García, cocinero del laureado Restaurante Choco, también tiene su puesto en el mercado. Sirve cocina de vanguardia en tarros de la abuela.  16.00 A la Mezquita o a los baños árabes Cada año, más de un millón de personas deambulan boquiabiertas por la Mezquita, cima del arte islámico en Occidente, alma y sentido de Córdoba. No ha visto la ciudad quien no ha visto el luminoso patio de los Naranjos, el bosque de columnas y arcos superpuestos que empezó a plantar Abderramán I en 785 y concluyó Almanzor en 987, y las deslumbrantes decoraciones de la maqsura y el mihrab, para las cuales al-Hakam II echó mano de artesanos y 320 quintales de teselas vidriadas procedentes, unos y otras, de Bizancio…  Si ya la vimos por la mañana, porque madrugamos, ahora podemos relajarnos en los baños árabes Hammam Al-Andalus, a cien metros de la Mezquita.En verano,tampoco se está mal en la piscina del NH Amistad Córdoba o, simplemente, tomando un café con hielo en el patio de columnas mudéjar de este hotel que ocupa dos mansiones del siglo XVIII, en la plaza de Maimónides.20.00 Tabernas, restaurantes y terrazas Por la plaza de Maimónides tenemos que pasar, en cualquier caso, para acercarnos a la calle Judíos, donde abre su portón una de las tabernas más auténticas de la ciudad Bodega Guzmán con sus carteles de toros, su tertulia de devotos de Finito de Córdoba y su botas de fino Montillano que, frío como un estoque, entra sin darse cuenta. Al lado está la Sinagoga, que es la única que se conserva en Andalucía. Decorada con espléndidos atauriques mudéjares, fue construida entre 1314 y 1315, y tras la expulsión de los judíos sobrevivió como hospital, como ermita y como escuela. Lógicamente, a estas horas ya está cerrada. Pero ahí queda el apunte, por si queremos volver mañana u otro día.Para cenar sin salir de la Judería, hay tres buenos y acreditados restaurantes: Casa Pepe, El Churrasco  y El Caballo Rojo. Pero si preferimos seguir de tabernas, es mejor cambiar de barrio. Una con solera, de 1879, es Salinas, donde se cena rico, barato y, si elegimos las naranjas picás con bacalao, muy sano. Y otra, El Juramento famosa por sus pimientos rellenos. Las dos quedan a un paso de la plaza de la Corredera, en pleno centro de la ciudad, donde hay mil terrazas para estarse luego hasta las tantas. 21.30 Espectáculos de luz y sonidoUna interesante opción de ocio nocturno son las visitas con luz y sonido que se ofrecen en la Mezquita y en los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos, así como los espectáculos ecuestres que se celebran en las Caballerizas Reales. Segunda mañana 9.30 Dos planes regios Ofrecemos dos alternativas: seguir conociendo la ciudad o desplazarse a ocho kilómetros y descubrir Medina Azahara, la urbe palatina que mandó edificar Abderramán III.Si nos decantamos por salir de la ciudad, lo haremos por la carretera de Palma del Río (A-431), siguiendo las indicaciones viales hasta llegar a las ruinas de Madinat al-Zahra, la fastuosa y misteriosa ciudad que Abderramán III mandó construir a los pies de sierra Morena. Hasta su nombre encierra historias legendarias. La tradición popular afirma que, autoproclamado Abderramán III califa en 929 y, tras ocho años de reinado, decidió edificar una ciudad palatina en honor a su favorita, Azahara. Sin embargo, recientes estudios señalan como origen de la nueva medina la voluntad de ofrecer al mundo una imagen deslumbrante del recién creado Califato Omeya de Córdoba.Si preferimos seguir descubriendo la ciudad, esta no nos defraudará. En este caso, empezaremos con el Alcázar de los Reyes Cristianos. Este edificio gótico de carácter militar sirvió de residencia a los Reyes Católicos durante ocho años y aquí recibieron en audiencia a Cristóbal Colón cuando les contó su loca empresa de viajar a las Indias por el otro lado. El exterior es de apariencia sobria, pero los patios y los jardines que esconde en su interior son de una delicadeza sorprendente. Tampoco debemos perdernos la torre del Homenaje y la torre de la Inquisición, ni el salón de los Mosaicos. 12.00 Patios todo el añoUno de los grandes atractivos de Córdoba son los patios: los señoriales, que presiden casas y palacios con sus arcadas y ricas esculturas, y los populares, patiecitos adornados con 300 macetas. Declarados en 2013 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, estos cuadros naïf de vida cotidiana pueden admirarse todo el año (y no solo en mayo, cuando se celebra su festival) gracias a la Asociación de Amigos de los Patios Cordobeses, que deja visitar gratis su sede, una vivienda popular en la calle San Basilio, 50, cerca del Alcázar, y otra propiedad que tiene, la señorial Casa de las Campanas, en Siete Revueltas, 3. También se pueden visitar siempre los doce famosos patios del Palacio de Viana, cada uno con una arquitectura y una decoración distintas. Segunda tarde 14.00 Tapas o pizzas Al lado del Palacio de Viana hay un par de sitios perfectos para hacer un alto en el camino y comer. A 200 metros se encuentra la clásica taberna Rincón de las Beatillas, ideal para despedirnos de la ciudad con unas buenas tapas. Si vamos con la familia, quizá será mejor ir a la aún más cercana calle Enrique Redel y sentarnos a comer unas pizzas en El Patrón. ¡Ojo! No son pizzas corrientes. Todos los ingredientes vienen directamente de sus lugares de origen y existe la opción de que nos las hagan a la leña. Ambas son excelentes alternativas. 16.00 Plazas con mucho encanto Dos plazas hay en Córdoba, la del Potro y la de Capuchinos, que compiten en encanto y que sería imperdonable no visitar. Austera y larguirucha, la plaza de Capuchinos alberga en uno de sus flancos al Cristo de los Faroles, que iluminado por ocho de ellos, en lo alto de la cruz y en escenario tan poco poblado, parece un paso procesional abandonado.Un caballito rampante, en lo alto de una pequeña fuente renacentista de pilón octogonal, da nombre a la plaza del Potro, uno de los lugares más sugestivos y enjundiosos de la ciudad, mencionado un par de veces en el Quijote. A un lado está la antigua Posada del Potro, con su vetusto y alargado patio tipo corrala. Al otro, el Hospital de la Caridad, que fue fundado a finales del siglo XV para atender solo a dolientes varones, los cuales, para más distingo, no debían padecer enfermedades venéreas ni contagiosas. Hoy alberga dos museos: el Julio Romero de Torres en el ala que fue casa del pintor, y el de Bellas Artes, en el que brillan las obras hondamente humanas del escultor cordobés Mateo Inurria.21.00 Cena y copa con vistas al ríoNo hay que irse lejos de la plaza del Potro para cenar bien. A la vuelta de la esquina, en la calle Lineros, se halla Bodegas Campos, una bodega centenaria muy bien ambientada, con una excelente cocina de raíz cordobesa. El ajoblanco con langostinos y el rabo de toro deshuesado con cremoso de patata son auténticas delicias. Para los que buscan la sorpresa de las tapas y las decoraciones más modernas, en la misma zona están Garum 2.1 y Sojo Fusión.Y para acabar el día, un terraza de moda con vistas al Guadalquivir, la de Sojo Ribera. Más ciudades para visitar en 48 horas Un atracón de cultura Donostia Capital de Hispania Tarragona A cuesta con la belleza Granada La vetusta más moderna Oviedo

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Pocos lugares más romanos, fuera de Roma, que la antigua Tarraco. Fue la capital de una enorme provincia, la Tarraconense, que abarcaba dos terceras partes de la península Ibérica. Y sus murallas cobijaron al mismísimo emperador, Augusto, que pasó aquí dos años, dirigiendo por primera vez el mundo desde una ciudad que no era Roma. Ese inmenso pasado ha dejado un rastro apabullante de ruinas que son Patrimonio de la Humanidad barajadas con arquitecturas medievales, modernistas y contemporáneas.. Primer mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.00 Una maqueta para entender Tarraco Para andar por Tarragona, más importante que un plano turístico, es llevar un mapa de la ciudad romana en la cabeza, porque preguntando se llega a todas partes, pero tropezarse cada dos por tres con ruinas que no se sabe cómo encajan es un puzzle imposible que puede llegar a desesperarnos. Por eso los guías profesionales, lo primero que llevan a ver a sus guiados es la maqueta de Tarraco que hay en la Antigua Audiencia, donde se ve muy bien cómo era la ciudad en su momento de mayor grandeza, en el siglo II de nuestra era, con su muralla de tres kilómetros y medio, su circo, sus dos foros, su anfiteatro y todas las demás piezas del rompecabezas arqueológico que nos aguarda ahí fuera. Ya sabemos cómo se arma. Ahora, a disfrutar. 10.00 El Foro Provincial y el Circo Donde más piezas hay de ese puzzle es en el Museo Nacional Arqueológico, que atesora buena parte de los hallazgos efectuados en la ciudad y su entorno durante más de 150 años de excavaciones. Destacan el lienzo de la muralla romana del sótano, los medallones ciclópeos del Foro Provincial, los mosaicos de los Peces y la Medusa y el busto de Marco Aurelio. También es curioso El Negret, un bronce que representa a un esclavo africano. En la misma plaza se alza la torre del Pretorio, que  formaba parte del recinto del Foro Provincial (desde donde se gobernaba la Tarraconense) y en la Edad Media pasó a ser residencia real. En el interior se puede contemplar otra maqueta (ésta, de la ciudad medieval) y el sarcófago de Hippolytus, del siglo III. Lo mejor son las vistas desde su terraza sobre la ciudad antigua, el anfiteatro y todo el campo de Tarragona. Desde el Pretorio se accede también al circo romano . Lo más llamativo son las bóvedas subterráneas que soportaban las graderías. Aquí se organizaban las carreras de carros de dos caballos (bigas) o de cuatro (cuadrigas), que eran el gran espectáculo de la época, el fútbol de los romanos.   13.00 Rambla Nova: la avenida modernistaCruzamos la rambla Vella y tomamos la calle San Agustín hasta llegar a la rambla Nova, una amplia avenida creada en 1854, donde los tarraconenses vienen a pasear, a ver y a ser vistos. Avanzando por ella, admiramos los edificios modernistas más importantes de la ciudad, como la casa Bofarull, de 1920, con sus finas fajas verticales, las barandillas de hierro y las ventanas con molduras. Al otro lado, se encuentra el Teatro Metropol, construido en 1908 por Josep Maria Jujol i Gilbert, estrecho colaborador de Gaudí, y decorado con fantasiosos motivos marinos. Más adelante, nos llama la atención la característica fachada de ladrillo del Convento de Teresianas, de 1922, y, aunque no es modernista, el monumento a los Castellers (1999), que es un castillo humano de ocho pisos, con 222 figuras de bronce a tamaño real. Desde la rambla Nova llegamos, por la calle d'En Canyelles, a la plaza Corsini. Allí se encuentra el Mercado Central, de 1915, que fue revolucionario por el uso de columnas de hierro colado para aligerar el interior.  Primera tarde 14.00 Cocina tradicional en un barquito A tres minutos de la plaza Corsini, está el Barquet, donde podemos comer el que quizá sea el mejor arroz negro de Tarragona, calderetas, sepias… Este negocio familiar lo llevan, muy bien, los nietos de Angeleta, que lo fundó hace más de medio siglo. Un pescador le auguró que se iría a pique. Por eso ella, de guasa, le llamó Bar Quet (barquito). Y hasta ahora.15.30 Murallas romanas y medievalesEs sano e instructivo, darse un garbeo después de comer por el llamado paseo Arqueológico, andando entre la muralla romana, de la que se conserva casi una tercera parte (1.100 metros), y la medieval. Por el camino vamos descubriendo la torre del Arzobispo, de base romana y alzado medieval, la del Cabiscol y la de Minerva, así como la estatua de César Augusto (réplica de la famosa escultura original, en Roma) y el monumento a Rómulo y Remo.  16.30 Callejeando por la Parte AltaEl trayecto termina en el paseo de Sant Antoni. Por el portal del mismo nombre, abierto en la muralla romana en el siglo XVIII, entramos en el casco antiguo o Parte Alta y el panorama cambia. Las calles se acortan y estrechan. Bajamos por la calle Granada hasta la de Arc de Sant Bernat, giramos a la derecha y llegamos a la plaza del Fòrum. Aquí se conservan algunos restos de los edificios administrativos romanos. Salimos por el lado contrario, por la calle Mercería, y paseamos por los soportales góticos (zona comercial en la Edad Media, que hoy se anima mucho con el mercadillo dominical de antigüedades y cacharrería varia), que nos conducen hasta la plaza de Santiago Rusiñol. A la derecha, nos encontramos con las escalinatas que conducen al Pla de la Seu, uno de los espacios con mayor ambiente medieval de la ciudad. 17.00 Las ratas de la CatedralSituados en el Pla, tenemos frente a nosotros la fachada de la catedral de Santa María. Se consagró en 1331 y es un ejemplo de la transición del románico al gótico catalán. Se levanta sobre los restos del antiguo templo de Augusto y cabe destacar en ella el gran rosetón situado sobre el pórtico, presidido por la columna del parteluz con la imagen de la Virgen con el Niño. Ya en el interior nos detendremos ante el retablo de Pere Joan, del siglo XV, y ante el frontal del siglo XIII que narra la vida y los milagros de Santa Tecla, patrona de la ciudad, cuyo brazo se guarda en un relicario. El claustro merece especial atención. Es de planta cuadrangular, con arcos de medio punto combinados con otros apuntados. Data de finales del siglo XII y principios del XIII. Los capiteles y ábacos de las columnas están decorados y cuentan historias como la de la procesión de las ratas. Según la leyenda, un gato engañó a las ratas, que se comían toda la comida, haciéndose el muerto. Cuando las ratas se llevaban el cuerpo del felino a su cubil, éste resucitó y acabó con todas. La visita completa incluye, además de todo lo anterior, el museo diocesano, los restos de muros romanos y la subida al campanario. 19.00 Baixada a la plaza de la Font Como hemos llegado al punto más alto de la ciudad, toca bajar y, para variar, lo hacemos por la Calle Major. A la izquierda, al lado del antiguo ayuntamiento, hay una Oficina de Turismo, donde podemos resolver cualquier duda. A nuestro paso aparecen calles muy especiales, como la de Cuirateries o Cavallers, de sabor medieval, en las que apetece sacar fotos y pararse a mirar las coquetas tiendas. Llegamos a la Baixada de la Misericòrdia. A la derecha, observamos una curiosidad artística: la fachada lateral de una casa de la plaza dels Sedassos, decorada con un espectacular trampantojo. Detrás del edificio aparecen, al aire libre, las ruinas del Circo Romano. Seguimos bajando por la calle de Sant Domènec hasta la plaza de la Font, la del Ayuntamiento, que es uno de los lugares preferidos de los tarraconenses para sus fiestas. Como las de Santa Tecla, que cada mes de septiembre (diez días antes del 23) convierten la ciudad en un jolgorio de fuegos artificiales, cabezudos y castillos humanos. La plaza está llena de bares y restaurantes que no invitan a dar muchas más vueltas, sino a sentarse a pensar en la cena.21.00 Salsa romesco y cócteles Entre los muchos y buenos  restaurantes de la zona se encuentran la brasería La Taula Rodona y el restaurante Degvusta. Para una cocina más elaborada, hay que volver hacia la catedral. Al lado se encuentra el AQ. Y a 20 metros está Les Coques. Obligado, en cualquier caso, probar la típica salsa romesco, que acompaña tanto a platos fríos como calientes. Después, para tomarse unos cócteles y escuchar música en directo, hay dos zonas especialmente animadas: los aledaños de la rambla Nova y la calle Unió, y la Parte Alta. Lugares bien conocidos son el Café Metropol, la sala El Cau, Dotzè, el Museum Café y l'Antiquari. Segunda mañana 9.00 Un anfiteatro con vistas  La pieza más vistosa del puzzle arqueológico de Tarragona, el monumento romano más visitado, es el anfiteatro. Construido a principios del siglo II aprovechando la inclinación del terreno, este óvalo de 109,5 por 86,5 metros fue escenario de luchas de gladiadores y fieras y del martirio de cristianos. El aforo era de unos 14.000 espectadores. Extraordinarias, las vistas que ofrece del mar y la ciudad. Sobre la arena, vemos los restos en forma de cruz latina de la iglesia de Santa María del Miracle, levantada en los siglos XII y XIII sobre una basílica visigótica.El anfiteatro fue escenario de luchas de gladiadores y fieras y del martirio de cristianos10.30 Tocar ferro y comer galletasEncima del anfiteatro, donde la rambla Nova se asoma al mar, nos espera el Balcón del Mediterráneo. La tradición es que todo aquel que pasea por la rambla llegue hasta aquí, contemple el puerto y la playa del Miracle, y toque ferro, es decir, el hierro de la barandilla que Ramón Salas diseñó en 1889 para sustituir el muro de piedra que había antes.  Otra tradición: ahí al lado, en la terraza de Sirvent, podemos  tomarnos una horchata o desayunar unas galletas Maginet, las de toda la vida en Tarragona.11.30 El otro foro, el localEn Tarraco hubo dos foros: el Provincial, que ocupaba casi todo lo que hoy es el casco antiguo, con un templo dedicado a Augusto en lo más alto; y el Foro de la Colonia, donde se concentraba la actividad pública local, que estaba en la parte baja, en la zona residencial, muy cerca del Mercado Central. Aquí podemos ver columnas, parte de una pequeña plaza, tramos de una calle pavimentada y restos de la basílica y de las tabernae (tiendas que se abrían en los pórticos de la plaza). 12.30 Tumbas hasta en el aparcamiento Otro espacio arqueológico importante, que forma parte del conjunto declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, es  la Necrópolis Paleocristiana. La construcción del edificio de la Compañía de Tabacos hizo que a principios del siglo XX aparecieran las decenas de sarcófagos y mausoleos que vemos, parte de una extensa área funeraria tardorromana, surgida seguramente en torno a los restos del obispo Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio, que fueron quemados en el anfiteatro en el año 259. Si nos quedamos con ganas de ver más tumbas, podemos cruzar al vecino centro comercial Parc Central, en cuyo aparcamiento subterráneo se conserva y se visita (con cita previa) el Conjunto Paleocristiano del Francolí, con restos de una villa del siglo IV, una basílica del V y más de 160 enterramientos.  Segunda tarde 14.00 Rossejat de fideos en el puerto Después de tan fúnebres visitas, apetece comer con el mar en los ojos, oliendo la brisa y lo que se cuece en el Moll de Pescadors, el puerto de pescadores, y su barrio, El Serrallo. En cualquiera de las terrazas sirven pescadito frito, que horas antes estaba dando respingos en las redes, y un delicioso rossejat de fideos, donde la pasta tostada se acompaña de alioli. Cuatro opciones: L’Onada, L’Ancora, La Puda  y Taverna del Mar.Dando luego un paseo por el muelle de Costa, podemos asomarnos, si ya ha abierto sus puertas, al Museo del Puerto  para hacernos una idea de la historia marítima de Tarragona. O podemos continuar paseando hasta el muelle de Llevant para saludar a un ilustre tarraconense: el reloj del puerto. Construido en 1922, todavía da las horas en su pequeña torre, sustentada por cuatro columnas jónicas. A sus espaldas, vemos los pantalanes del puerto deportivo y el Reial Club Nàutic, toda una institución en la ciudad. Cuando se fundó, en 1878, le llamaron el club de los chiflados, porque nadie podía entender que se divirtieran remando como pescadores.18.00 El Puente del DiabloAún nos falta, para completar el puzzle de Tarraco, una pieza importante: el acueducto de Les Ferreres. Está a cuatro kilómetros del centro histórico, bien señalizado yendo por la carretera N-240, hacia Valls y Lleida. Construido en el siglo I para llevar el agua del río Francolí a la ciudad, medía 15 kilómetros, pero sólo se conserva este tramo de 217 metros, con dos niveles de arcadas superpuestas. Se puede pasear por el canal elevado, a 27 metros del suelo. Su nombre popular, el puente del Diablo, tiene su origen en la leyenda que dice que Satanás lo construyó en una noche a cambio del alma del primero que lo cruzara. Los que por allí vivían hicieron, listos ellos, que cruzara un burro. 21.00 De la masía al club Muy cerca, de regreso a Tarragona por la misma N-240, encontramos el restaurante Les Fonts de Can Sala, que ofrece cocina tradicional catalana en una masía centenaria. Y ya en la ciudad, para rematar la jornada, nos aguarda un club donde saben organizar bueneso saraos, Sala Zero. Por cierto, que las ruinas del Teatro Romano están ahí mismo, en Sant Magí, en la acera de enfrente. Más ciudades para visitar en 48 horas Es mucho Sevilla Sevilla La vetusta más moderna Oviedo Un atracón de cultura Donostia A cuestas con la belleza Granada

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Granada

EDITORIAL

Por la cuesta del Chapiz se sube al Albaicín y al Sacromonte. Por la de Gomérez, a la Alhambra. Colinas que son cumbres pintorescas de poesía urbana y arte andalusí, por las que los viajeros hormiguean arriba y abajo, un poco abrumados por tanto palacio, por tanto mocárabe, por tanto jardín, por tanta callejuela moruna, por tanto mirador, por tanta tapa buena…, La estancia tendría que durar cuatro días para verlo y probarlo todo. Un poeta andaluz formuló esta extraña plegaria: “¡Oh, Señor, que no haya tanta belleza!”. Pues algo así piensan quienes visitan Granada. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.00 Poético despertar Uno se enamora de Granada sin hacer nada, con sólo respirar su aire, así que es fácil imaginar el flechazo que se llevó Juan Ramón Jiménez cuando la visitó en el verano de 1924 acompañado por Lorca y Falla, nada menos. Ochenta veranos después, se inauguraba El Ladrón de Agua , un hotel májico (con jota, como le gustaba escribir al poeta) emplazado en una casona palaciega del siglo XVI, a orillas del Darro, donde todo nos recuerda a Juan Ramón, empezando por el nombre, que es el título de uno de los poemas de Olvidos de Granada. En el zaguán hay un mural de 21 metros pintado por el artista Pedro Garciarias, que evoca en imágenes y textos la poesía de aquel viaje cautivador. En la biblioteca, una colección casi completa de la obra de Juan Ramón, donada por su familia. Y, en el centro del patio renacentista, una fuente minimalista de mármol azul inspirada en el poético ladrón que “hace música al rorobar el agua”. 10.00 Carrera del Darro Estemos donde estemos alojados, tenemos que subir por esta calle, la Carrera del Darro, para hacernos una idea de cómo era la Granada mora. Desde la Plaza Nueva, la calle asciende a la vera del Darro, afluente del Genil, encajada entre las laderas de la Alhambra y del Albaicín, con puentecillos a una mano y casonas a la otra, y sin sitio ni para una acera, que debemos andar en fila india y atentos al tráfico.  Con la Alhambra siempre vigilante hay que prestar atención para no pasarnos de largo la Casa de Zafra. Austera por fuera al igual que venía siendo habitual en la época, sorprende su interior donde las estancias se reparten en dos plantas siempre con el patio y su alberca como protagonistas absolutas. Construida en el siglo XIV, fue cedida a Don Hernando de Zafra, secretario de Isabel La Católica tras la conquista de Granada. Tras diversas restauranciones durante el siglo XX, abre sus puertas para deleitarnos con esta joya de arquitectura nazarí y qeu sirve, además, como Centro de Interpretación del Albaicín. 11.30 Cuevas del Sacromonte Subiendo por la cuesta del Chapiz y doblando a la derecha por el camino del Sacromonte, accedemos al barrio de este nombre, caso sin parangón de poblamiento en cavernas en una gran ciudad del siglo XXI, si bien muchas de las cuevas, más que como casas, perviven como reclamo de aves de paso (es decir, turistas) que acuden de noche al sonido de las palmas, taconazos, cantos y guitarras de las zambras gitanas. El Museo Cuevas del Sacromonte . Y la placita de acceso a la Abadía del Sacromonte , un buen mirador que no tiene nada que envidiar a los del vecino Albaicín. 13.00 Miradores del AlbaicínVolvemos a la cuesta del Chapiz y la atravesamos para adentrarnos por la de San Agustín en el Albaicín, que es el barrio de más sabor de la ciudad, con sus callejuelas de aire moruno y sus cármenes, antiguas casas señoriales de origen árabe con patio y huerto. Karm, en árabe, es viña. Todos los letreros llevan al mirador de San Nicolás, donde siempre hay una guitarra y una voz gitanas que ponen el fondo musical a la más bella vista de Granada, la de la Alhambra. A medida que avanza el día, se va llenando y, al atardecer, casi hay que pedir la vez para mirar y ver cómo los últimos rayos de sol tiñen de rojo sus murallas y torres. Más arriba, hay otros lugares que ver y por donde pasear, como el callejón del Agua, la puerta Nueva, donde arranca el tramo mejor conservado de la muralla Zirí, o el mirador de San Cristóbal.En el mirador de San Nicolás, siempre hay una guitarra y una voz gitanas que ponen el fondo musical a la más bella vista de Granada, la de la Alhambra Primera tarde 14.00 Para comerse la Alhambra (con los ojos) Cerca del mirador de San Nicolás, el restaurante El Agua ofrece parecidas vistas a la Alhambra y una llamativa variedad de ensaladas y fondues. De cocina tradicional, El Huerto de Juan Ranas y Mirador de Morayma son los restaurantes más acreditados en el barrio del Albaicín. Otro lugar recomendable es el bar Aliatar, que está en la plaza del mismo nombre, junto a la iglesia del Salvador; pero éste no lo es por sus vistas o por tener una larga lista de especialidades, sino por sus caracoles con caldito picante de almendras y guindillas. 16.00 Subida a la cima del arte andalusí Después de ver la Alhambra desde abajo, desde arriba y desde la mesa, lo que apetece, y lo que toca ya, es visitar los Palacios Nazaríes, la flor más bella de la arquitectura árabe en España, y el Generalife, el arte floral hecho palacio. A esta cumbre del arte andalusí ascendemos, desde la Plaza Nueva, por la cuesta de Gomérez (lugar idóneo para comprar artesanía de la buena: guitarras, castañuelas, taracea…). Hay varios tipos de visita (general, sólo jardines, nocturna, exclusiva…) y hay que reservar con bastante antelación, porque el aforo está limitado y toda la humanidad (de la que la Alhambra es patrimonio desde 1984) quiere venir. Poca gente veremos, en cambio, si al salir, en vez de bajar por donde subimos, rodeamos las murallas rojas por el norte y descendemos por la cuesta del Rey Chico al paseo de los Tristes. Tan felices de haber dado este paseo casi solos. 19.00 Compras, té y heladoAdemás de las artesanías que vimos en la cuesta de Gomérez, podemos comprar los mejores productos de la tierra (jamones de Trevélez, vinos de la Contraviesa…) en Al Sur de Granada y souvenirs morunos (kohl, darbukas, shishas, babuchas…) en el zoco de Calderería Nueva, también conocida como la calle de las Teterías por la cantidad de ellas que hay: en el número 4, Kasbah; en el 5, As-Sirat; en el 7, Alfaguara;en el 11, Dar Ziryab; en el 14, Nazarí. También es muy recomendable la del Bañuelo por sus vistas a la Alhambra. 21.00 De tapas por la Plaza Nueva y calle ElviraDe hambre no se muere nadie en los alrededores de la Plaza Nueva, porque hay cien bares de tapas. La Trastienda es realmente una trastienda con buena bodega y tapas de embutidos. Casa Julio , un minúsculo y siempre abarrotado bar donde ponen rico pescaíto y excelentes y caserísimas croquetas. En Bodegas Castañeda, además de tapas, sirven tablas de quesos, fiambres y patés acompañadas de calicasas (una mezcla potente de varios vinos). Y en Babel World Fushion, tapas del mundo: kebab, rissotto, fajitas… En la misma calle, El Círculo y El Espejo mutan de bares de tapas a bares de copas.Y si somos más de mesa y mantel y menos de barra y aglomeraciones, La Fábula se convierte en un remanso de paz tras este intenso día de turismo. Situado en el hotel Villa Oniria, Ismael Delgado da rienda suelta a su imaginación transformándola en platos equilibrados, elegantes y con la técnica precisa para mimar, siempre, la materia prima de primera calidad con la que trabaja.22.00 Zambra o discotecaMás de medio siglo lleva ofreciendo espectáculos de flamenco la Zambra de María la Canastera, la cueva más típica del Sacromonte y la mejor aislada, porque está forrada de fotos de famosos que han recalado en ella. Gente de Granada aquí, viene poca. Para confraternizar con los locales, mejor ir al club Bellagio, en la calle Neptuno. Segunda mañana 10.00 Parque de las Ciencias: mirador al futuroCambio de tercio radical. De las colinas milenarias del Albaicín y la Alhambra, que recorrimos ayer, al Parque de las Ciencias, un museo interactivo de 70.000 metros dedicado a divulgar los avances científicos y tecnológicos. Entre otras muchas cosas, hay un mariposario tropical, un planetario con 110 proyectores que reproducen más de 7.000 estrellas y una sala llena de todas las trampas visuales imaginables. También tiene el lugar su pizca de tradición: un espacio dedicado a la ciencia en al-Ándalus. Y su mirador para competir con los de la vieja Granada: una torre de observación de 50 metros desde la que se hace una bonita foto de la ciudad, con Sierra Nevada al fondo.12.00 Recuerdos de LorcaA un kilómetro justo al norte del Parque de las Ciencias (12 minutos a pie, por la calle Eudoxia Piriz), se halla la Huerta de San Vicente, la casa campestre elegida por la familia García Lorca para pasar los calores del estío, donde el poeta escribió Yerma y Bodas de sangre y donde vivió los funestos días del verano de 1936 previos a su detención y posterior asesinato. Ahora la casa está en mitad de un parque urbano, pero el interior se conserva prácticamente igual que en tiempos de Lorca, con los muebles que allí quedaron y otros muchos enseres y documentos aportados por la familia del poeta.13.30 La Alcaicería y Bib-RamblaDesde el parque García Lorca, que es donde se encuentra la antigua Huerta de San Vicente, hasta nuestro siguiente destino, la catedral, hay 20 minutos a pie. Se puede ir en autobús, cogiendo la línea 6 en la calle Neptuno. Pero tampoco hay prisa, porque la catedral cierra a las 13.15 y no abre hasta las 16.00. De modo que tenemos tiempo de sobra para acercarnos, dar una vuelta por los alrededores del templo y comer. Al ladito de la catedral queda la Alcaicería, un puñado de callejuelas que antaño fue zoco o mercado de la seda, y hoy lo es de recuerdos para turistas, con tiendas donde se vende la popular loza de Fajalauza, la incrustación de madera o taracea y las farolas de cristal coloreado. También está ahí mismo la plaza Bib-Rambla, donde los moros hacían sus fiestas, los cristianos corrían toros, Cisneros quemaba libros y hoy se venden flores, aunque el perfume que se huele a esta hora no es de rosas sino de tapas. Segunda tarde 14.00 Tapeando junto a la catedral Alrededor de la plaza Bib-Rambla abundan los bares, todos buenos para tapear. Uno de los favoritos de los granadinos es Oliver, en la vecina plaza Pescadería. Al lado, Cunini sirve tapas y raciones de marisco fresquísimo. En la plaza Romanilla, a la sombra de la catedral, hay una gran variedad de locales clásicos y modernos. Entre los últimos destaca por su calidad y su generosidad Ojo Meridional, en cuyas tapas hay una mezcla étnica y cultural muy afín con la historia de la ciudad. Si en lugar de salir de Bib-Rambla por el norte, lo hacemos por el sur, buscando la calle Reyes Católicos, en el número 13 de esta vía descubriremos La Cueva de 1900: jamón y embutidos granadinos, para comer in situ o para llevar en bocata y guisos típicos. Cruzando la plaza del Carmen, en el número 28 de la calle Navas, está el bar Los Diamantes, cuyo pescado frito es inmejorable. Otra gran referencia es La Tana, auténtica taberna andaluza con tapas y raciones de calidad (calabaza frita, jamón, morcilla picante, paté casero…) y 400 referencias de vinos. En el 11 de la calle Rosario, la prolongación de Navas. 16.00 La última morada de Isabel y FernandoDiego de Siloé, el gran arquitecto del Renacimiento andaluz, hizo su mejor obra (de estilo renacentista, lógicamente) en la catedral de la Anunciación. Pero todo, todo, no lo hizo Siloé: hubo otros que colaboraron. Antes había trabajado Enrique Egas, que dibujó un templo gótico, y después, ya en el siglo XVII, Alonso Cano, que se ocupó de la fachada. La idea de los Reyes Católicos era crear un mausoleo que, siglos después, hablara claro (claro como el mármol de Carrara) de su importante papel en la historia de Occidente. La capilla mayor del templo finalmente fue sustituida para este cometido por la Capilla Real, la última iglesia de España levantada en estilo gótico florido, donde además de Isabel y Fernando, yacen los cuerpos de Juana la Loca y de Felipe el Hermoso, excepto el corazón de este que, como es fama, dispuso antes de morir que se enviara a Bruselas. 18.00 Monasterio de la CartujaEn la Gran Vía de Colón, muy cerca de la catedral, se cogen los autobuses 8 y C, que nos llevan al monasterio de la Cartuja, la más imponente construcción religiosa de la ciudad después de aquella. Aunque poco queda del monasterio original, el que se levantó en el siglo XVI por iniciativa de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, para dar gracias al cielo por sus muchas victorias, las construcciones posteriores tienen, según los que entienden, mucho mérito, sobre todo la iglesia, el Sancta Sanctorum y la Sacristía, considerada como una de las obras cumbres del barroco final español.En invierno, como el monasterio cierra a las 18.00, es mejor programar la visita por la mañana y, como alternativa, quedarse en el centro a merendar. Si queremos una merienda clásica con un amplio y delicioso surtido de pasteles, iremos a Puerta Bernina. Para tomar un chocolate con churros, el lugar indicado es, desde 1922, el Café Fútbol. Y en Casa Isla, además de los auténticos Piononos de Santa Fe, podemos comprar unas pastas moriscas para llevar a casa, que nuestra estancia en Granada ya está tocando a su fin.20.00 Baño y masaje antes de cenarAntes de cenar en cualquiera de los lugares a los que no se pudo ir ayer o a mediodía, apetece relajarse en un spa. En Granada hay tres que fingen ser baños árabes, con arcos de herradura, farolillos morunos y tratamientos de títulos extravagantes: Al-Zahráwi piernas cansadas, masaje con guante kessa y jabón de uva roja… A saber: Hammam Al Ándalus, Aljibe de San Miguel; y Baños de Elvira. 22.00 Despedirse a lo grandeUna última cena para hacer balance de toda la grandeza de la ciudad (que no es fácil de resumir estos dos días) merece hacerse en el restaurante El Claustro, del hotel AC Palacio de Santa Paula. Con los productos de temporada y kilómetro 0 de los que hace gala Juan Andrés Morilla, volveremos a saborear Granada en platos sorprendentes como el ravioli de rabo de ternera pajuna (raza autóctona de Sierra Nevada) o su choto al ajillo, servido encima de un mosaico realizado en el momneto y para el que Morilla utiliza hueso de aceituna en polvo. Una versión andaluzaa de la receta del cordero mozárabe pero utilizando choto y combinado a la perfección con mermelada de ciruela y orejones. No nos hace falta más para saber que es el broche perfecto a 48 horas en la capital nazarí. Más ciudades para visitar en 48 horas Mucho más que Las Meninas Madrid La eterna seductora Córdoba Gótica y vanguardista Valencia Capital de Hispania Tarragona

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