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Foto de Bilbao

Bilbao

EDITORIAL

Ninguna otra ciudad en el mundo nos ofrece tanto arte, tanto placer, tanta alegría de vivir, caminando tan poco. En un radio de un kilómetro alrededor del Guggenheim, hay una concentración apabullante de buenos restaurantes, hoteles de diseño y obras artísticas. Y si nos cansamos de esto, caminamos 500 metros más y nos colamos en el casco viejo, donde aún no se ha perdido la costumbre de txikitear en barras atiborradas de pintxos. O agarramos la tabla y nos vamos a surfear a la playa La Salvaje… ¡en Metro! Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.30 Por la orilla más modernaNo hay mejor lugar para hacer footing o (si el deporte no es lo nuestro) empezar a visitar la ciudad, que la renovada margen izquierda del Nervión, la del museo Guggenheim. El recorrido por esta orilla comienza en el puente del Ayuntamiento, siguiendo el paseo de Uribitarte, que fue inaugurado en el año 2000 después de que el chatarrero se llevase las mil y una grúas, naves, contenedores y raíles herrumbrosos que copaban esta antigua zona portuaria. Tranvías ecológicos, de andar sedoso y verde color, acompañan ahora al paseante por una vía ajardinada, con bancos y farolas de modernas hechuras. 10.00 Un navío de titanio cargado de arteOtro puente, el de la Salve, vestido de rojo en 2007 por el artista francés Daniel Buren, precede al museo Guggenheim: 60 toneladas de titanio, dispuestas en paneles de medio milímetro de grosor, que relumbran a orillas de la ría como la piel escamosa de un pez: evocaciones de una ciudad marinera e industrial que, a finales del siglo XX, apostó por la cultura y, en particular, por la arquitectura-espectáculo para impulsar su renovación. Aunque la imagen más difundida y loada del edificio de Frank O. Gehry es la de su epidermis acerada, su interior a nadie defrauda. Un atrio de 650 metros cuadrados y 50 metros de altura, inundado de luz natural, actúa como monumental distribuidor del espacio expositivo, que consta de 20 galerías repartidas en tres plantas. Las obras que se exhiben en el exterior (como el florido perro Puppy, de Jeff Koons, o la araña gigante Mamá, de Louise Bourgeois) se han convertido en iconos del moderno Bilbao.En una ciudad industrial que apuesta por la cultura, la epidermis acerada del Guggenheim relumbra a orillas de la ría como la piel escamosa de un pez 11.30 Abandoibarra: arquitectura y diseñoContinuamos ría abajo. Estamos en Abandoibarra, el ombligo del Bilbao más contemporáneo. Al arquitecto argentino César Pelli se debe el proyecto de remodelación de este espacio ribereño, otrora ocupado por ruinas industriales y portuarias y donde hoy se alzan edificios tan vistosos como el centro comercial Zubiarte, de Robert Stern; la biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo; o la torre de Iberdrola, del propio Pelli, que es el mayor rascacielos de la ciudad: 165 metros. La pasarela Padre Arrupe (una libélula de acero de 40 metros que conecta Abandoibarra con Deusto) y el paseo de la Memoria, jalonado por esculturas de Dalí, Chillida, Tücker, Lüpertz…, son otras obras impactantes de esta zona que, aparte de sus enormes encantos museísticos y arquitectónicos, nos ofrece la interesante posibilidad de alojarse en tres hoteles de diseño: el Gran Domine, decorado por Mariscal; el Miró Hotel, creación del modisto Toni Miró, y el Meliá Bilbao, un volumen inspirado en Chillida, obra de Ricardo Legorreta.Tras superar el viejo puente levadizo de Deusto descubrimos el palacio de congresos y de la música Euskalduna. Diseñado por Federico Soriano y Dolores Palacios, semeja un barco en construcción rodeado de andamios, en clara referencia a los viejos Astilleros Euskalduna, cuyo solar ocupa. Hay visitas guiadas gratuitas los sábados a las 12.00. También a los astilleros recuerda Carola, la grúa de 60 metros de altura que se alza delante del Museo Marítimo Ría de Bilbao.12.30 El jardín y la pinacotecaA cien metros del Museo Marítimo, al otro lado de la glorieta que hay encima, se descubren los verdores del parque de Doña Casilda, un jardín centenario de 115.200 metros cuadrados que ofrece un vivo contraste con la modernidad de la zona de Abandoibarra. Dedicado a la memoria de Casilda de Iturrizar y Urquijo (1826-1900), viuda caritativa de uno de los fundadores del Banco de Bilbao, el mayor jardín del centro urbano posee un notable catálogo arbóreo, con 486 especies de los cinco continentes y una lista no menos extensa de esculturas. Al otro extremo del parque está el Museo de Bellas Artes. Más de 6.000 cuadros, esculturas, dibujos y grabados, desde el siglo XII hasta nuestros días, integran los fondos de este museo que ha sido eclipsado por el vecino Guggenheim, a pesar de ser el más importante del país, después del Museo del Prado, en pintura española, flamenca y renacentista italiana. Primera tarde 14.00 Platos de museoSe puede comer de lujo sin salir del Museo de Bellas Artes: cocina moderna de autor, con vistas al parque, en el restaurante Arbolagaña, cuyas especialidades son las setas, el foiegras y los pescados. En el cercano Guggenheim, la cocina vanguardista es una obra de arte que, además de verse, se come en el restaurante Nerua. Y en otro edificio emblemático del moderno Bilbao, el Palacio Euskalduna, se encuentra Etxanobe, con propuestas modernas pero sencillas, que permiten distinguir los sabores con nitidez.  16.00 Un café centenarioPara tomar el café, cambiamos de zona. Cogemos el tranvía en dirección a Atxuri y nos apeamos nada más cruzar el puente del Arenal en la parada de Arriaga, ya en el casco viejo o, como dicen sin más aquí, el Casco. Ahí mismo, en el número 1 de la calle del Arenal, junto al Teatro Arriaga, lleva cien años el café El Tilo. Los bellos frescos que lo decoran, obra de Juan de Aranoa, estuvieron ocultos hasta que la riada de 1983 se llevó la pintura plástica que los cubría. Otra anécdota para amenizar el café: el Teatro Arriaga, cuya fachada está inspirada en la de la Ópera de París, se inauguró el 31 de mayo de 1890. 17.00 Dos plazas, dos iglesias y siete callesA pocos pasos del café, por la calle Fueros, se accede a la porticada Plaza Nueva, lugar de mercados (el navideño y el dominical de sellos, monedas, libros, revistas…); escenario de conciertos durante la Aste Nagusia (la Semana Grande, que empieza el sábado siguiente al 15 de agosto y dura ocho días) y, todo el año, edén cuadrangular de los pintxos. Si apetece otro café, ahí está desde 1911 el Bilbao. Saliendo de la plaza por el sur, se llega a la plaza de Miguel de Unamuno, en cuyo número 4 abre el Museo Vasco, dedicado a la etnografía. En esta plaza también se encuentra el arranque de las Calzadas de Mallona, escaleras que conducen hasta la basílica de la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia.Nuestro paseo sigue, desde la plaza de Miguel de Unamuno, por la calle de la Cruz y por Cinturería, para ir a dar al centro-centro del casco viejo: la plaza de Santiago. Aquí se alza la catedral de Santiago, que es un hermoso templo gótico y lugar de reminiscencias jacobeas. En su gran pórtico se celebraban antiguamente concejos abiertos al público, cuando Bilbao era poco más que las famosas Siete Calles: Somera, Artekale, Tendería, Belostikale, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena (literalmente, “la calle de abajo de la de abajo”).Por Carnicería Vieja bajamos al mercado de la Ribera, un edificio racionalista construido en 1929 sobre planos de Pedro de Ispizua, que, además de anticipo de las creaciones de Gehry, Foster, Moneo y compañía, está considerado el mercado de abastos más grande de Europa. A su vera están el puente y la iglesia de San Antón, que fueron la imagen de la ciudad hasta que el Guggenheim la sustituyó por otra más moderna. 20.30 Pintxos y copas en el casco viejoEs probable que, curioseando por las calles y cantones del casco viejo, se nos haga la hora de cenar, y mejor que aquí, en ningún lado, porque hay 300 barras para picar. Xukela es de los sitios más renombrados y el pintxo suyo más curioso, el de cresta de gallo. En Gatz hay que probar el bacalao y el steak tartare. Pero la meca del picoteo es Víctor Montes, cuya barra abarrotada de ahumados, ensaladillas, revueltos… es la más deseada de Euskadi.A esta hora suele haber conciertos u otras actividades culturales en la sala BilboRock, que está cruzando el puente de la Merced, en la antigua iglesia del mismo nombre. En esta otra orilla del viejo Bilbao abundan los locales underground y de ambiente, casi todos abiertos hasta altas horas. Para los que prefieren no moverse del Casco, en Barrenkale y Barrenkale Barrena hay bares y pubs para aburrir. Bueno, para aburrir no, para todo lo contrario. Segunda mañana 10.00 Paseo por la Gran VíaConcebida como eje central del ensanche decimonónico, cuando Bilbao saltó a la margen izquierda de la ría, la Gran Vía de Don Diego López de Haro se mantiene burguesa y señorial, guardando una imperturbable equidistancia con el casco viejo y la flamante zona de Abandoibarra. Esta mañana vamos a recorrerla entera, un kilómetro y medio, desde la plaza Circular hasta la del Sagrado Corazón. Pero antes, si no hemos desayunado, podemos hacerlo en el cercano, antiguo (1903), espacioso (300 metros cuadrados) y muy originalmente decorado (entre mudéjar y neonazarí) Café Iruña, un lugar por el que han pasado, dejando su rastro de sabiduría, Ortega y Gasset, Unamuno, Maeztu…El primer tramo de la Gran Vía, entre las plazas Circular y Moyúa, es fundamentalmente comercial y financiero, con edificios tan suntuosos como el Banco de España (número 10), la sede del BBVA (número 12) o el Palacio Foral (número 25). Ojo a la muy moderna Biblioteca Foral, que está detrás. En el 24 de la Gran Vía, se halla la pastelería Arrese, que presume de ser la más antigua, con sus trufas y sus bollos de mantequilla. Para probar el más rico pastel de arroz, la estrella de la repostería bilbaína, habría que ir a Martina Zuricalday.En la plaza de Federico Moyúa, punto del que irradian todas las calles importantes del ensanche, se alzan el Palacio Chávarri, de exótico aire neoflamenco, y el antiguo y lujoso hotel Carlton, cuyas habitaciones de hasta 250 metros han alojado a Alfonso XIII, Lorca, Manolete, Einstein y Maria Callas, entre otras celebridades. Desde la plaza Moyúa hasta la del Sagrado Corazón, por último, se suceden los edificios burgueses, que son lo más de lo más de la arquitectura residencial bilbaína de principios del XX, como las Casas de Sota o la Casa Lezama-Leguizamón, en el número 58, ya junto al parque de Doña Casilda. 12.00 La Alhóndiga de Bastida y Philippe StarckA cinco minutos de la plaza Moyúa, subiendo por alameda Recalde, se encuentra La Alhóndiga, un edificio modernista, antiguo almacén de vino, diseñado a principios del siglo XX por Ricardo Bastida, que desde 2010 es un espectacular centro de ocio, deporte y cultura, con interiores de Philippe Starck. Cuenta con uno de los mejores restaurantes de la ciudad, Yandiola. Segunda tarde 14.00 Restaurantes, merenderos y parrillasPara comer, mil posibilidades. Desde las barras de pintxos de la calle Ledesma, a los restaurantes más sólidos del ensanche, como el Zortziko o Guria pasando por otros de reciente implantación, como Zapirain, llegado en 2012 desde Lekeitio con sus increíbles pescados y su fama de 50 años.Otra opción es subir en funicular al monte Artxanda, donde además de una bonita vista aérea de Bilbao, hay terrazas y merenderos de restaurantes, como el Txakoli Simón, paraíso del chuletón a la brasa. 16.00 El Puente ColganteSi vamos a Santurtzi, a la vuelta, parada de rigor en Portugalete para visitar el Puente Bizkaia o, como lo conoce todo el mundo, el Puente Colgante. El primer puente transbordador del mundo, concebido por el ingeniero Alberto de Palacio con el propósito de salvar los 160 metros que mide aquí de ancho la ría sin entorpecer el tráfico naval, comunica desde 1893 Portugalete y Getxo, la orilla obrera y la orilla aristocrática.18.00 Despedida en GetxoCruzando la ría por el Puente Colgante, se accede a la margen derecha, que está salpicada de hermosas casas de finales del siglo XIX y principios del XX, la época de mayor esplendor de Getxo. El Paseo de las Grandes Villas de Getxo es un itinerario autoguiado que recorre 20 de estas mansiones; las más curiosas, las que diseñó Manuel María Smith, de estilo Old English y Reina Ana. Otro paseo apetecible es el que discurre por los acantilados de la Galea, ofreciendo panorámicas y aires yodados que sorprenden por su cercanía a Bilbao. Se puede empezar a caminar en el molino de Aixerrota (1726), uno de los últimos de viento que funcionó en Bizkaia, hoy sala de exposiciones del restaurante Cubita. Enseguida se pasa junto a las ruinas del fuerte de la Galea o del Príncipe, de 1740. Y a la media hora se llega al faro de la Galea, un buen lugar para acabar el viaje, viendo cómo el sol se hunde y se apaga en el Cantábrico.   Más ciudades para visitar en 48 horas Valencia, gótica y vanguardista Tarragona, capital de Hispania Sevilla es mucha Sevilla Oviedo, la vetusta moderna

Foto de Valencia

Valencia

EDITORIAL

Valencia ha conocido en los últimos tiempos una espectacular renovación arquitectónica de la mano de Calatrava, Foster, Chipperfield y compañía, pero su corazón sigue siendo medieval. Por eso, lo lógico es empezar visitando el centro gótico, donde se forjó su poderío. Luego bajar por el antiguo cauce del Turia y acabar en el mar, donde a pocos pasos del flamante puerto deportivo sobrevive el viejo barrio de pescadores del Cabanyal con sus tabernas de siempre, y sigue tan bella y luminosa la playa de la Malvarrosa, la que miraba Blasco Ibáñez desde su casa y pintaba Sorolla. Primera mañana REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)09.00 Un desayuno histórico La plaza del Mercado es un buen lugar para desayunar y empezar a tomarle el pulso al corazón histórico de una ciudad que en el siglo XV marcó el ritmo del comercio, la cultura y la política del Mediterráneo. Aunque abarca seis barrios, el más carismático y palpitante, el del Carmen, ha acabado dando nombre a toda la zona.La plaza aparece dominada por el Mercado Central. Los arquitectos Francisco Guardia y Alejandro Soler levantaron entre 1914 y 1928 esta grandiosa obra modernista. 10.00 La Lonja de la SedaA esta hora abre sus puertas el edificio más importante en la historia mercantil de Valencia: la Lonja de la Seda. Esta maravilla gótica fue construida por Pere Compte entre 1483 y 1498 y sufragada por la Taula de Canvis, la primera institución bancaria valenciana.Muy cerca, en la plaza Lope de Vega, se yergue la iglesia de Santa Catalina, una de las más antiguas de Valencia, de estilo gótico y con torre hexagonal de finales del siglo XVII. Rodeando el templo por la calle Sombrerería, se pasa junto a dos de las horchaterías más veteranas de la ciudad: El Siglo, y Santa Catalina. Ambas son idóneas para tomarse una horchata con fartons, dulce de bollería alargado y con azúcar glas típico de la ciudad. 12.00 El Santo GrialDesde la plaza de la Reina se accede por la puerta de los Hierros a la Catedral. Aunque dentro hay varios goyas, el brazo incorrupto del patrón san Vicente y una de las mayores custodias de España, el imán de todas las miradas es el Santo Cáliz, una copa de ágata labrada en algún taller oriental entre 100 y 50 años antes de que Cristo bebiera en ella.Detrás de la catedral está el yacimiento arqueológico de L’Almoina, donde pueden verse desde unas termas romanas del siglo II antes de Cristo hasta un pozo medieval.  Primera tarde 14.00 Restaurantes laureados Para comer de lujo, sin alejarnos del centro, la mejor opción es La Sucursal, donde se elaboran platos contemporáneos, en consonancia con el museo dentro del cual se encuentra, el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Otros dos establecimientos céntricos de calidad notable son el gastrobar Vuelve Carolina  y el restaurante La Embajada. Ya en el Ensanche, las referencias gastronómicas son el Riff y el moderno restaurante de Ricard Camarena. 16.00 Un café sin prisa y con mucho estiloEl café, mejor que en el restaurante, es tomarlo tranquilamente en el Café de las Horas, disfrutando de su exquisita decoración a lo Visconti. O hacerlo bajo las acacias que asombran una farmacia decimonónica en la calle Cavallers, 51, convertida en el Café Sant Jaume.17.00 Paseo por Caballeros y SerranosLa calle Cavallers fue el decumanus o arteria principal de la ciudad romana y hoy lo es del barrio del Carmen. En su arranque, a pocos pasos de la catedral, destaca la poderosa presencia del palau de la Generalitat, otra buena pieza del gótico civil valenciano que comenzó a levantarse en el siglo XV.Al rodear el palacio, descubrimos la hermosa plaza de Manises, que parece sacada de alguna ciudad de la Italia renacentista, con edificios como el palacio de Jáudenes y el de los Scala. A continuación, nos dirigimos por la calle Serranos a la plaza de los Fueros. Aquí se erigen, desde finales del siglo XIV, las torres de Serranos, puerta de acceso a la ciudad medieval atribuida a Pere Balaguer, que impresiona por la magnificencia de su arquitectura y su elaborada ornamentación.18.30 Vino, ropa y decoraciónSi nos apetece ir de tiendas, las más curiosas están en las calles Bolsería, Quart y Alta. Además, merece la pena pasarse por Envinarte, un establecimiento con toda clase de vinos, cavas y delicatessen, donde también podemos comprar ropa de estilo rockero para los niños y british para los papás. En las centenarias Bodegas Baviera encontraremos desde vermú a granel hasta las mayores y más caras exquisiteces en materia de vinos, licores y destilados.21.00 Tapas exóticas o autóctonasEn el barrio del Carmen tenemos dos templos del tapeo. Uno es El Molinón, pequeña y siempre abarrotada sidrería asturiana, deseada por su fabada, su lacón, sus cecinas, su revuelto de oricios y sus tapitas de queso Cabrales. El otro, el Bar Pilar, La Pilareta para los fieles, taberna fundada en 1918 que presume de ser la que más mejillones y clóchinas, pequeños mejillones que se crían en aguas valencianas, ha servido en el mundo.22.30 Escapada nocturna a RussafaEn el Carmen hay locales tan incombustibles como Calcatta, un palacio del siglo XVII donde la juventud acude a bailar desde hace 36 años. Últimamente, sin embargo, el barrio de moda es Russafa (o Ruzafa), el Soho valenciano. Allí encontramos el Café Mercedes Jazz, el club revivalero Calypso y otros cien lugares más, ninguno de ellos convencional.24.00 Dos hoteles para soñarDespués de recorrer la vieja Valencia, un buen sitio para descansar es el Hotel del Carmen. Tras la fachada neoclásica hay 25 habitaciones con decoración moderna y vistas a los jardines del Turia. Tampoco está nada mal el SH Inglés, un hotel boutique situado en una antigua residencia señorial frente al palacio del marqués de Dos Aguas, que a su vez alberga el Museo Nacional de Cerámica. El cauce del Turia, antaño protagonista de dramáticas riadas, alberga hoy reclamos como el IVAM, Bioparc o el Palau de la Música Segunda mañana 09.00 Pedaleando por el TuriaEl 14 de octubre de 1957 se produjo la última gran riada del Turia en Valencia, que causó 81 muertos y la decisión de desviar sus aguas por el sur de la ciudad para evitar nuevas inundaciones. Desecado y ajardinado, aquel cauce acabaría convirtiéndose en el mayor parque urbano de España, con más de 11 kilómetros de longitud. Dos de los reclamos turísticos de la capital, la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el zoo de nueva generación Bioparc se asientan sobre el antiguo lecho del Turia. Y edificios tan emblemáticos de la Valencia contemporánea como el Palau de la Música y el IVAM contemplan este río de verdor salpicado de fuentes y paseos arbolados. 10.00 Arte moderno y eternoA la altura del Puente de las Artes, obra de Norman Foster y parada obligada para conocer una de las principales referencias vanguardistas de Europa, nos encontramos con el Instituto Valenciano de Arte Moderno-IVAM. Ocupa un moderno edificio en la margen derecha del antiguo Turia y en su interior podemos admirar desde obras de valencianos precursores del arte moderno, como Sorolla o Pinazo, hasta creaciones más actuales.También a orillas del antiguo Turia, pero más abajo, se halla el Museo de Bellas Artes. Es la segunda pinacoteca más importante de España, con casi 3.000 pinturas que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Lo más destacable son las tablas góticas de los primitivos valencianos: Jacomart, Pere Nicolau, Damián Forment, Reixach… Hay una colección de lienzos de grandes maestros del Barroco (como Velázquez, Murillo o Zurbarán) y otra de pintura valenciana del XIX y XX, con Sorolla a la cabeza.12.00 Ciudad de las Artes y las CienciasMuchos visitantes le dedican un día entero a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, construida por Santiago Calatrava. Su puerta es el Umbracle, una pérgola futurista que protege del sol. A su vera, reflejándose en estanques, están el Hemisfèric –planetario, cine Imax y espectáculos láser– y el Museu de les Ciències Príncipe Felipe. Arriba queda el Palau de les Arts Reina Sofía, una especie de crucero estelar reservado para la difusión de las artes escénicas. Y aguas abajo, el Ágora, donde se celebran eventos como la Valencia Fashion Week y el Oceanogràfic, que es lo más cerca que vamos a estar nunca de un tiburón toro o de una ballena beluga. Segunda tarde 14.30 Peces en el acuario y en el platoPodemos comer en el restaurante Submarino, bajo las aguas del Oceanogràfic, con miles de peces pasando por las ventanas y alguno, como el rodaballo cocido a baja temperatura, en el plato. Tampoco se tarda ni cinco minutos en llegar al restaurante Vertical, que está en la novena planta del hotel Confortel y, además de platos y vinos novedosos, ofrece unas vistas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias que difíciles de olvidar.Otra alternativa para comer son los restaurantes de la primera línea de la playa de las Arenas, establecimientos especializados en arroces y mariscos, alguno con más de cien años de antigüedad. De 1898 data La Pepica, el más famoso.16.00 La Malvarrosa de Sorolla y Blasco IbáñezLa playa de las Arenas se funde al norte con la de la Malvarrosa, la de los cuadros de Sorolla. Amigo suyo fue Vicente Blasco Ibáñez, quien pasó aquí largas temporadas estivales. En la calle de Isabel de Villena, al final del paseo marítimo, se alza la Casa-Museo Blasco Ibáñez, un chalé de tres plantas con hermoso jardín que mira al mar desde una impresionante tribuna y que está lleno de objetos personales del autor de La barraca.19.00 Atardecer en el puerto deportivoUn kilométrico espigón separa la playa de las Arenas del puerto deportivo, o Marina Real Juan Carlos I; un espigón por el que es un placer pasear con la mirada en el mar. Aquí, en la Marina, se yergue una de las arquitecturas más sorprendentes de la ciudad: el edificio Veles e Vents, de los arquitectos David Chipperfield y Fermín Vázquez, concebido como centro de recepciones de la Copa América, celebrada en Valencia en 2007 y 2010.21.00 Las viejas tabernas del CabanyalMuy cerca del puerto deportivo y de la playa de las Arenas, el antiguo barrio de pescadores del Cabanyal ha conservado, pese al sunami modernizador de los últimos tiempos, su aire marinero, sus casitas bajas que antaño fueron calafates y almacenes de pescado, y sus tabernas de siempre. Desde 1836 lleva sirviendo buenos vinos y mejores tapas Casa Montaña. En verano reinan las clóchinas y el resto del año, las habas. Además, hay anchoas, sardinas a la plancha, morcilla de liebre… Comparada con Casa Montaña, Casa Guillermo abrió ayer: en 1957. Aparte de las anchoas, ya míticas, preparan increíbles tomates de la huerta.Los que prefieran algo más fashion, reservarán en 39º27 Norte, un restaurante blanco, diáfano y acristalado que se levanta sobre el espigón que separa el puerto deportivo de la playa. Una terraza espectacular es la del restaurante y club nocturno Laydown, con sus camas blancas en plena Marina, junto al puente de la Fórmula 1.24.00 Hoteles en primera línea de playaPara alojarse en la zona, hay dos buenas alternativas. El hotel Neptuno ofrece habitaciones bien equipadas en un inmueble de diseño contemporáneo con vistas a la playa de las Arenas, al puerto deportivo y al edificio Veles e Vents. A 300 metros, en la misma playa, se encuentra el hotel La Arenas, heredero del antiguo balneario de las Arenas, de finales del siglo XIX, convertido en un cinco estrellas de gran lujo con spa. 

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Barcelona

EDITORIAL

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol) Gaudí y Miró, sí, pero también playas y chiringuitos donde el arte más apreciado es dejarse esculpir por el sol y el mar. La catedral de todos, en el Barrio Gótico, y la de los pobres, en el Born. Mercados para abrir el apetito y luego cerrarlo con una tapa de callos: la Boquería y Santa Caterina. Mil arroces en la Barceloneta y un restaurante sólo de postres. Clubes de culto y pistas para bailar bajo las estrellas. Un paseo en golondrina y un chapuzón con los tiburones del Aquàrium. También hay ruinas, como en todas partes, pero quién viene a ver piedras rotas habiendo tanto arte, tanta vida. Primera mañana 9.00 La Pedrera: el mejor Gaudí Cuando un monumento puede visitarse desde las 9.00 hasta la medianoche es porque hay una cifra astronómica de personas deseando verlo, así que conviene ser de los primeros en casa Milà. Evitaremos colas, nos cundirá el día y disfrutaremos, desde la azotea, de una hermosa vista del Eixample, dorado por el sol aún bajo de esta hora. Conocida como La Pedrera (la cantera, en catalán) por el aspecto pétreo de su fachada, cuyos bloques fueron tallados in situ hasta adquirir el acabado áspero y sinuoso de la roca natural, la casa es obra del mejor Gaudí, que entonces (1906-1912) rondaba los 55 años y estaba en la plenitud de su carrera. Es el edificio de viviendas más bello y representativo del modernismo en Barcelona. Además de la azotea, se visitan una exposición sobre Gaudí, los patios y una casa decorada como hace un siglo. También se ofrece una visita guiada nocturna, la Pedrera Secreta.10.30 Tour de cumbres modernistasUna de las fotos más repetidas por quienes visitan La Pedrera es la de la Sagrada Familia vista a través del arco que hay en la esquina oriental de la azotea. La basílica, obra cumbre de Gaudí y símbolo de Barcelona, es una visita importante, pero tampoco nos podemos perder la manzana de la discordia del paseig de Gràcia (así llamada por la rivalidad existente entre los arquitectos que construyeron en ella), con las casas Amatller, de Puig i Cadafalch; Lleó Morera (no visitable), de Domènech i Montaner; y Batlló, de Gaudí. Este tramo del paseo, comprendido entre las calles de Consell de Cent y Aragó, es una exposición de la mejor arquitectura modernista catalana. Otra obra puntera de este estilo, también creada por Gaudí, es el Park Güell, un lugar sin parangón en el mundo. 12.30 Escaparates de GràciaLo culto no quita lo consumista. Mientras admiramos las arquitecturas del passeig de Gràcia, podemos también echar un vistazo a sus escaparates, porque en esta calle y en las aledañas están las mejores tiendas de la ciudad en moda y marcas. Hay incluso un lugar donde se pueden adquirir productos y conocimientos al mismo tiempo: la perfumería Regia, que es también Museo del Perfume, con más de 9.000 piezas (botellas, material publicitario…) que cuentan la historia y la prehistoria del asunto.  Primera tarde 14.00 Mercados para ver y comer Al final de passeig de Gràcia, en dirección al mar, y ya entrando de lleno en la famosa rambla de Canaletes en el distrito de Ciutat Vella, se nos presentará la oportunidad de visitar dos mercados excepcionales, tanto por sus puestos como por su ambiente y su diseño. Aquí deberemos tomar una decisión: dirigirnos hacia el mercado de San José, más conocido como la Boquería, o bien optar por el de Santa Caterina, justo al lado de la catedral, en el barrio de la Ribera. El primero es conocido por su arco modernista de acceso (de 1914, restaurado en 2013), por su colorido y por su amplísima oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África. Dadas las horas que son, haremos bien en buscar la barra del bar Pinotxo, a la que es asiduo el mismísimo Ferrán Adrià. Muy recomendables, las judías salteadas con chipirones, los callos, la ternera con rovellons (níscalos) y el marisco fresco que haya cada día.El mercado de Santa Caterina, por su parte, fue el primero cubierto de la ciudad (1848) y exhibe desde 2005 un espectacular techo vanguardista diseñado por Miralles y Tagliabue. En su interior se encuentra el moderno restaurante Cuines Santa Caterina, donde los productos del mercado se cocinan a la vista del público que habitualmente lo llena. También aquí está la taberna La Torna, cuya barra ofrece unos callos soberbios, además de buenas carnes, pescados a la plancha y cazuelas varias. Si preferimos comer en algún lugar menos bullicioso, podemos probar el excelente restaurante Ca L’Isidre, que mantiene el listón altísimo desde 1970, a diez minutos de la Boquería. A cinco minutos de Santa Caterina, tenemos el japonés Koy Shunka y la cocina de autor de Saüc.El mercado de la Boquería destaca por su arco modernista, su colorido y por su amplia oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África 16.00 Un paseo por los orígenes: el barrio GóticoDespués de comer, es buen plan pasear por el barrio Gótico, viendo cómo se han barajado los restos de la ciudad medieval y romana. Andaremos por pequeñas calles y plazas, como la del Pi y la de Felipe Neri, ambas encantadoras. Nos asomaremos a la impresionante catedral gótica y, justo detrás, en una callecita llamada Paradís, descubriremos los restos del templo de Augusto y la placa que señala el lugar exacto donde los romanos fundaron la ciudad. En la plaza del Rei se halla el Museo de Historia de Barcelona MUHBA, emplazado en un bonito palacio medieval, donde puede visitarse la Barcino romana a través de una ruta subterránea. Si hace bueno, nos tomaremos un café en el patio de naranjos del Museo Marès, antiguo vergel del Palacio Real Mayor de los Condes de Barcelona. Y acabaremos en la plaza de Sant Jaume, resguardada por el Ayuntamiento y la Generalitat, centro neurálgico de la ciudad. 18.00 Born en 1714 El barrio del Born lleva ya unos cuantos años en el candelero con sus atrevidas propuestas gastronómicas, sus modernos artesanos, sus tiendas y, sobre todo, su ambiente. A ello hay que añadir la inauguración, en septiembre de 2013, de El Born Centre Cultural, ubicado en el antiguo mercado de El Born, de 1876. Bajo la estructura de hierro del mercado, pueden verse los restos del barrio que quedó sepultado tras la guerra de Sucesión, además de dos exposiciones sobre la época y los hechos históricos de 1714, que marcaron la historia de Cataluña. Otro lugar fundamental del barrio, y una de las maravillas de Barcelona, es la basílica gótica de Santa María del Mar, la serena y delicada catedral de los pobres. Ahí al lado, nos podemos merendar alguna de las obras de arte de la pastelería Bubó y después ir relamiéndonos al Museo Picasso. Sólo unos pasos nos separarán luego del Xampanyet, donde desde 1929 sirven cava fresco, vermut y ricas tapas, ideal para empezar la noche.21.00 Tapas, postres y cóctelesNo faltan en el Born buenos lugares para cenar de picoteo, como Taller de Tapas o Golfo de Bizkaia. Tapas superiores, de autor, encontraremos en Comerç 24. Y una sorprendente barra de tapas dulces, en Espaisucre, que es el único restaurante de postres del mundo. Otra opción es el restaurante El 300 del Born, de la centenaria marca de cerveza Moritz, que ofrece tapas y platos de cocina histórica catalana en el antiguo mercado.Para alargar la noche, en el mismo passeig del Born encontraremos numerosos bares, como Miramelindo, un lugar perfecto para saborear mojitos y caipiriñas; o como El Copetín, donde ponen música salsera y cócteles tropicales. Mudanzas se llena de gente de 30 y 40 años con ganas de conocer a gente. Y en el passeig Picasso está la histórica sala Magic Rock, para rockeros incombustibles. Segunda mañana 09.30 Colón y las golondrinas del puerto El Port Vell (la parte más antigua del puerto de Barcelona) nace donde mueren las Ramblas, con el monumento a Colón como emblema desde 1886. En la cima de la columna, situada a 50 metros de altura, un mirador ofrece vistas al mar y al famoso paseo. A los pies de la estatua (que no señala hacia América, como cualquiera podría pensar, sino hacia Madagascar), están las taquillas de las golondrinas, los tradicionales barcos que ofrecen paseos turísticos. Hay un recorrido de 40 minutos por el interior del puerto y otro de hora y media que sale al mar y permite apreciar el perfil del Puerto Olímpico y las torres casi gemelas de la compañía Mapfre y del hotel Arts.  11.30 Caminando sobre las aguasNos bajamos del barco, pero continuamos sobre las aguas. Caminamos por la rambla del Mar, la plataforma flotante que lleva, cruzando un puente levadizo, a la zona lúdica del Maremagnum y los clubes náuticos. Su diseño es muy original: el pavimento de madera, las formas curvilíneas que recuerdan el estilo del artista modernista Jujol, las pérgolas onduladas que soportan las luces… El proyecto se debe a los arquitectos Helio Piñón y Albert Viaplana, que también son los autores del edificio del Maremagnun. Éste es uno de los centros comerciales y de ocio más importantes de la ciudad, y un lugar muy interesante para ir de compras porque, al estar ubicado en puerto franco, muchos artículos no pagan aranceles y son más baratos. Si las compras no son lo nuestro, podemos visitar el Museo Marítimo de Barcelona, emplazado en las Atarazanas Reales (siglos XIII y XIV).Tras las compras (o la visita al museo), un paseo de diez minutos nos llevará a uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad: la Barceloneta. Allí nos pondremos en contacto con uno de los tesoros naturales de Barcelona: sus playas (Sant Sebastià, Sant Miquel, Barceloneta, Somorrostro, Nova Icària, Bogatell, Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant). En invierno, con mucha menos gente, se transforman en lugares de encuentro tranquilo. Aquí se practican deportes playeros y acuáticos y, por supuesto, se toman los clásicos almuerzos o aperitivos en los chiringuitos a pocos metros del mar, con la luz y el sol del invierno. Los hay para todos los gustos. Segunda tarde 14.00 Arroces famosos Hay infinidad de restaurantes para saborear un buen arroz en la Barceloneta y en el Puerto Olímpico. Dos de los mejores son Els Pescadors y Suquet De L'almirall, este último situado en un antiguo astillero, con terraza mirando al Port Vell. Y algo fuera de lo normal es el restaurante Enoteca, del hotel Arts. Cheriff es célebre por su paella. Can Majó, por su arroz caldoso. Y Casa Solé, fundada en 1903, por la larga lista de famosos que han comido en ella: Joan Miró, Rusiñol, Vázquez Montalbán, Serrat…, y medio Barça. Altamente recomendado para culés.  16.00 Del mar, al cielo de MontjuïcCon el estómago lleno de arroces y platos marineros, ni apetece ni conviene hacer grandes esfuerzos, así que nos dejaremos llevar hasta la cima de Montjuïc tomando el funicular y, a continuación, el teleférico. Después de contemplar el inmenso panorama desde el castillo que vigila el puerto y la ciudad desde sus 173 metros de altura, volveremos montaña abajo paseando y disfrutando de algunas de las muchas atracciones que ofrece el parc de Montjuïc.  Por ejemplo, podemos visitar el Museo Olímpico y dar una vuelta por las instalaciones que acogieron los Juegos de 1992 (el estadi Lluís Companys, el palau Sant Jordi, obra del Arata Izosaki, y la torre de telecomunicaciones de Santiago Calatrava), un hito histórico para la ciudad. 18.00 Museos, jardines y juegos de aguaQuizá prefiramos aprovechar el descenso para acercarnos a algunos de los centros de arte más importantes de España. Destacan la Fundación Joan Miró, que posee la colección pública más completa de la obra del artista, y el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que alberga la mayor de arte sacro románico de Europa. Yendo de un punto de interés a otro, veremos gran variedad de jardines, desde el versallesco que rodea el palacete Albéniz hasta el de cactáceas de Costa i Llobera, de lo mejor del mundo en su especialidad. Y si es fin de semana, acabaremos admirando los juegos de agua, color y sonido de la Font Màgica de Montjuïc.21.00 El gran homenajeSi el dinero no es un problema, podemos cenar en ABaC, restaurante puntero de la Ciudad Condal que elabora innovadoras joyas gastronómicas que se sirven en una exquisita vajilla Versace. Otro lujazo, en todos los sentidos, es el restaurante Via Veneto, de alta cocina catalana.Después nos esperan los mejores clubes de la ciudad. Música electrónica, en Nitsa y Razzmatazz. Conciertos en Marula Café, en el barrio Gótico. Rock underground, en Sidecar Factory. House bajo las estrellas, en La Terrazza. Más ciudades para visitar en 48 horas Toledo, la colina del Greco Toledo Zamora: del Romancero al futuro Zamora Eivissa, abierta desde la noche de los tiempos Ibiza A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos) Pamplona

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Madrid

EDITORIAL

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol) Un primer acercamiento a Madrid nos conducirá, irremediablemente, a sus famosas pinacotecas. Pero si no nos empeñamos en ver todas y cada una de las 25.000 obras que hay en el Prado, el Thyssen y el Reina Sofía, descubriremos que la gracia de esta ciudad está tanto en sus grandes museos como en sus teatros de 15 metros cuadrados, en comer unas tapas de autor y cenar un bocata de calamares, en hacer deporte en Madrid Río y cerrar los clubes de Malasaña, en codearse con quienes miran sin pestañear los escaparates de la milla de oro y también con el Manolo del Rastro que lo mismo vende zapatos usados que un supuesto grabado de Goya. Primera mañana 8.00 Amanecer deportivo en Madrid Río Empezamos el día corriendo, pedaleando, patinando o remando en Madrid Río. Son seis kilómetros de paseo energizante, desde la calle de la Ribera del Manzanares hasta Legazpi, enhebrando miradores con vistas al Palacio Real y la catedral de la Almudena, puentes de vanguardia (como el de Dominique Perrault), zonas de ocio deportivo (skate, bmx (acrobacias con bicicleta), escalada, petanca, pádel, tenis, circuitos biosaludables…), áreas de juego infantil (la colina de toboganes, la supertirolina, la jungla de los bosques de palos…), una playa con hamacas y, al final, el centro de arte contemporáneo Matadero. 9.00 Desayuno al SolLa línea 6 de Metro nos lleva en ocho minutos de Legazpi a la Puerta del Sol, donde ya hay gente haciendo fotos a la placa que señala el kilómetro cero de las carreteras nacionales y a la estatua de El Oso y el Madroño. Podemos desayunar napolitanas en La Mallorquina, que lleva desde 1894 en el número 2 de la Calle Mayor. O chocolate con churros en San Ginés, que se inauguró el mismo año en el pasadizo homónimo. En Lhardy se sirven desayunos light y salados. Sin embargo, este tradicionalísimo restaurante (desde 1839) es más para venir a la hora del aperitivo, a tomar un caldo y una croqueta, o al mediodía, a comer cocido tan mítico como el de La Bola, cocinado en puchero de barro sobre carbón de encina.10.00 Paseo del ArteLos tres museos más visitados de Madrid, los que hay que ver sí o sí, son los que forman el llamado Paseo del Arte. En el Prado, los mayores imanes de miradas son Las Meninas, de Velázquez, y Los fusilamientos del 3 de Mayo, de Goya. En el museo Thyssen, donde la gente se para más es delante del Díptico de la Anunciación, de Van Eyck, y del Retrato de Giovanna Tornabuoni, de Ghirlandaio. Y en el Reina Sofia, delante del Guernica, de Picasso. También es un poderoso reclamo su estupenda colección de cuadros de Dalí (incluido El gran masturbador) y el propio edificio, del siglo XVIII, con la ampliación que hizo Jean Nouvel entre 2001 y 2005.Para ahorrar, hay un abono Paseo del Arte que permite visitar los tres museos pagando un 20% menos. Para ahorrar más, podemos aprovechar los horarios de acceso gratuito que todos tienen (en el Prado, por ejemplo, es de lunes a sábado de 18.00 a 20.00 y domingos y festivos de 17.00 a 19.00). También podemos ver sin pagar las exposiciones de Caixa Forum si somos clientes del banco. Y, sin necesidad de estar asociado ni ser cliente, la Fundación Mapfre y la Fundación Canal. Fuera de este eje, también son gratuitas las exposiciones de La Casa Encendida y del Matadero. El barrio de las Letras ofrece docenas de galerías, anticuarios y cafés románticos. Aquí vivieron Cervantes, Tirso, Lope y Góngora 12.30 Barrio de las Letras Al oeste del paseo del Prado se extiende, hasta la misma Puerta del Sol, el barrio de las Letras, con docenas de galerías, anticuarios y cafés románticos. Aquí vivieron Cervantes, Tirso, Lope y Góngora. Sentados en alguna de las terrazas de la plaza de Santa Ana, veremos la fachada del Teatro Español, que antes fue corral de comedias del Príncipe, antes corral de la Pacheca y antes corral de gallinas. Y yendo de cañas por la calle Huertas, repararemos en que el suelo está salpicado de frases y versos de autores como Calderón o Cervantes. Por cierto, que en el número 87 de la calle Atocha se puede ver (con cita previa) una réplica de la imprenta de Juan de la Cuesta, casa donde se hizo la primera edición del Quijote (1605). Ahora es sede de la Sociedad Cervantina y suele haber exposiciones y teatro.   Primera tarde 14.00 Tapas de autor En el barrio de las Letras se cuida también la cultura gastronómica. Estado Puro ofrece su cocina de diseño en forma de tapas, con una animada terraza. También picoteo de nivel es el de Vi Cool: buen vino, cocas y hamburguesas gourmet asadas en horno de carbón y cuidada coctelería. En la misma calle, la cocina murciana de El Caldero y la madrileña de Casa Alberto son viejas conocidas de los capitalinos. Si buscamos la calidad suprema, cerca del barrio tenemos La Terraza del Casino,uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Al otro lado del paseo del Prado, junto al Retiro, Viridiana y Horcher rondan la excelencia. Después de comer, podemos pasar por el Café Central a tomarnos uno y a consultar el programa de actuaciones, pues aquí hay conciertos de jazz todas las noches desde hace más de 30 años; o acercarnos al bar Guau a probar sus tartas caseras y regarlas con sus estupendos cócteles. También podemos ver qué hacen en el Teatro Cáser, inaugurado en 1917 con el nombre de Teatro Odeón. 16.00 Retiro obligado Tenemos que pasarnos por el Retiro para saludar a dos vecinos ilustres. Uno es Lucifer, que desde 1885 se contorsiona en lo alto de la fuente del Ángel Caído (el único monumento dedicado al diablo que hay en el mundo, según dicen). Y el otro, el ahuehuete del Retiro, un árbol de más de 400 años que se yergue en la zona del Parterre desde los tiempos en que este parque era real sitio y había un gran palacio decorado por Velázquez. Del palacio no ha quedado mucho, pero los jardines ahí siguen. El Palacio de Cristal, de 1887, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura del hierro en Madrid. De la misma época (1888-1892) es la cercana estación de Atocha, que Moneo remodeló en 1992 transformando la antigua nave de andenes en un invernadero tropical. Para llegar bajamos por la cuesta de Moyano, con sus casetas de libros de segunda mano. 18.00 Plaza Mayor: más calamares que en el marEdificada por Gómez de Mora en 1619, la Plaza Mayor es el centro arquitectónico del Madrid de los Austrias y también el meollo turístico de la capital, lleno de terrazas, hombres-estatua y caricaturistas. Al lado de las tiendas de souvenirs están las de toda la vida (sombrererías, abaniquerías, jugueterías…), los puestos de los mercadillos (el filatélico dominical y el navideño) y los bares que hacen bocatas de calamares sin parar, como Casa Rúa, donde todas las semanas se fríen más de 3.000 kilos de ellos. Gastronómicamente, la plaza y su entorno inmediato tienen otros alicientes, como el restaurante Botín, fundado en 1725, que presume de ser el más antiguo del mundo. O como el mercado de San Miguel, antigua plaza de abastos mutada en espacio delicatessen, para beber buen vino, comer ostras o comprar ibéricos. El Centro de Turismo Plaza Mayor, en la histórica casa de la Panadería, ofrece visitas guiadas a pie o en bicicleta por el viejo Madrid. Otra forma cómoda y entretenida de recorrerlo es en segway, con Segwaytrip Madrid y Madrid-Segway. Sea como fuere, hay que bajar por la calle Mayor y luego bordear por la de Bailén toda la cornisa monumental (la Almudena, el Palacio Real, la plaza de Oriente…) hasta arribar al templo de Debod. Lo ideal es llegar cuando el sol se pone sobre este pedacito del antiguo Egipto, un regalo que el país de los faraones hizo a España por ayudarle a salvar los monumentos que iban a quedar sepultados bajo las aguas de la Presa Alta de Asuán, en los años 60 del pasado siglo.  21.00 La Latina, siempre hasta arribaAl suroeste de la Plaza Mayor, entre las calles de Toledo y Bailén, se encuentra el barrio de La Latina, animado todos los días del año, con infinidad de bares y restaurantes siempre llenos. Con una semana de antelación hay que reservar si se quiere cenar en Casa Lucio, mundialmente famosa por sus huevos estrellados. Otro restaurante muy recomendable, éste de cocina peruana y chifa (chino-peruana), es La Gorda. Para picotear, está La Corolla: buenas cañas y tostas. También cañitas bien tiradas, en El Bonanno.23.00 Fiesta hasta el amanecerSi no tenemos prisa por ir a dormir, podemos entrar en Berlín Cabaret rescoldo de la movida donde hay, hasta tardísimo, actuaciones de humoristas, magos y cabareteras. O podemos explorar otras zonas. Como la de Malasaña, entre la Gran Vía y Sagasta. Cerveza artesanal hecha in situ, en Fábrica Maravillas. Buenos cócteles, en José Alfredo y en Martínez Bar. Y cuatro clubes para alargar la fiesta hasta el amanecer: Siroco, Ya’sta Club, Ocho y medio Club y El Fabuloso. Segunda mañana 09.30 Ropa de segunda mano o de museo Si el segundo día es domingo o festivo, el plan es acercarse a la plaza de Cascorro para dar una vuelta por el Rastro, el mercado al aire libre más grande de España, en cuyos más de mil puestos hay de todo: desde ropa de primera y segunda mano hasta el cerrojo del desaparecido palacio de Arévalo, donde vivió de mocita Isabel la Católica. Si no es día de Rastro o las aglomeraciones nos espantan, una buena alternativa es el Museo del Traje, donde veremos desde un jubón del siglo XVII hasta los vestidos de Givenchy que lució Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.  12.00 Sorolla, Dippy y VersaceOtros dos museos del top ten madrileño son el Sorolla que atesora la mayor colección de pinturas y dibujos del artista en la que fue su casa; y el de Ciencias Naturales. Ambos están a diez minutos el uno del otro, junto a la Castellana. Subiendo por este kilométrico paseo, existe la opción de desviarse a mano derecha para ir de compras a la milla de oro de Madrid, un puñado de calles (Serrano, Ortega y Gasset, Príncipe de Vergara, Velázquez, Jorge Juan...) donde se concentran las tiendas más lujosas.  Segunda tarde 14.00 Banquete madridista Para los apasionados del fútbol (y, en particular, del Real Madrid), comer en el restaurante Puerta 57 o en el Real Café Bernabéu, ambos dentro del estadio, con vistas al casi sagrado césped, es algo difícilmente superable, sobre todo porque no se come nada mal. Después harán el Tour Bernabéu para darse otro atracón, pero éste de trofeos. Para los menos futboleros, el entorno del estadio tiene también atractivos gastronómicos, como el restaurante José Luis de cocina vasca, aunque en su carta no falta el cocido madrileño. Y para los más exigentes, en la Castellana, o cerca de ella, se encuentran varios de los mejores restaurantes de España, como Sant Celoni o Zalacaín, ambos al lado del Museo de Ciencias Naturales. Tampoco andan muy lejos de la gran arteria madrileña DiverXo, Sergi Ariola Gastro y Ramón Freixa.16.30 Un café con mucho arteDe un templo futbolístico, a otro literario: el Café Gijón. Desde 1888, este lugar imprescindible, que ha sido escenario de mil charlas, tertulias y debates culturales, reúne a la flor y nata de las letras y las artes madrileñas. Raro es no toparse con una cara conocida. También mucho arte, pero más joven, tienen las librerías-café, donde se vive la cultura de la ciudad de primera mano. En La Latina, Café Molar, además de vender libros y discos, organiza presentaciones, exposiciones, proyecciones, conciertos… En Malasaña, Tipos Infames hacen más o menos lo mismo, pero maridan la literatura con vinos.19.30 Teatro de bolsilloTambién en Malasaña tiene su sede Microteatro por Dinero. Es una forma diferente de entender el teatro, con obras de menos de 15 minutos para no más de 15 espectadores en menos de 15 metros cuadrados. Hay sesiones de tarde, infantiles y golfas. Y hay un bar para entretener las esperas entre función y función con unas cañas y unas empanadas caseras. 20.30 La terraza de ChuecaEn el corazón de Chueca, deslumbra el renovado mercado de San Antón, un lugar donde comprar productos gourmet y tomates que saben a tomates. Es también un espacio para comer y cenar, y cuenta con una terraza para ver cómo la luna trepa por los tejados del barrio. Más ciudades para visitar en 48 horas Capital de Hispania Tarragona La eterna seductora Córdoba A cuentas con la belleza Granada Todo un descubrimiento Huelva

Foto de La cara B de Eivissa

La cara B de Eivissa

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REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)   Es conocida como la isla del disfrute, donde el ritmo, los bailes, el sol y la arena forman la combinación perfecta para la diversión eterna. Sin embargo, cuando la música se apaga, Eivissa sigue latiendo. Sus 570 kilómetros cuadrados de tierra concentran un patrimonio histórico tan extenso que, pese a ser una isla, tenemos la sensación de estar en un territorio infinito. Murallas centenarias, edificios monumentales y los mejores miradores sobre el Mediterráneo nos están esperando. Vamos a descubrir la otra cara de Eivissa. REDACCIÓN GUÍA REPSOLLa Almudaina es el recinto fortificado que se encuentra en el interior de las murallas de la ciudad, en la zona conocida como Dalt Vila, la parte más alta del núcleo urbano. El monumento, del siglo XVIII, se encuentra unido al Castillo de Eivissa desde que se derribase la muralla y torre que los separaba. Ambos formaban una auténtica fortificación incluso antes de la construcción de la muralla.  Consta de siete baluartes y abraza un perímetro de 1.800 metros que nos impresionarán especialmente si tenemos la oportunidad de contemplarla desde el mar, sobre todo al atardecer. Es muy recomendable que entremos a la zona de Dalt Vila por la entrada principal de la muralla, la puerta de Ses Taules, desde donde accedemos al Patio de Armas. Uno de los mayores monumentos de la isla. Empezó a gestarse antes incluso de la toma de Eivissa ya que sus conquistadores, Guillermo de Montgrí, Pedro de Portugal y Nunó Sanç, acordaron, antes de iniciar su empresa, la construcción de una parroquia en honor a Santa María. Son especialmente valiosas las obras de arte que encontramos en su interior y el campanario.  Se trata del primer poblado fenicio y el asentamiento urbano más antiguo de la isla. Estos restos arqueológicos están ubicados en la cala homónima, en el término municipal de Sant Josep de sa Talaia, y nos ofrecen una perfecta composición del singular urbanismo fenicio. El asentamiento fue fundado a finales del siglo VIII aC por pobladores procedentes del extremo occidental del Mediterráneo. Está ubicado en la plaza de la Catedral, en el Dalt Vila. Tiene más de cien años de historia y conserva el legado histórico de las Pitiüses -Eivissa y Formentera-. Paseando pos sus galerías podemos adentrarnos en los 3.000 años de historia de estas islas, desde los primeros pobladores hasta la conquista catalana de 1.235. Un auténtico baño de cultura. Elegido como uno de enclaves finalistas de El Mejor Rincón 2013, se trata de la atalaya más alta de toda la costa ibicenca. Desde este enclave podemos contemplar el cercano islote de Es Vedrà, a 200 metros sobre el nivel del mar. Disfrutar de un atardecer aquí es una de las mejores formas de vivir y sentir la isla de Eivissa.  El consistorio ibicenco está instalado en un antiguo convento dominico, construido durante los siglos XVI y XVII en la zona de Dalt Vila. El salón de plenos está ubicado en el antiguo refectorio, en el techo del cual se encuentran los restos de las pinturas originarias que lo decoraban. Está permitido visitar el exterior del convento y el vestíbulo. Es tal el valor ecológico de las praderas de posidonia oceánica que se encuentran bajo las aguas de las Pitiüses que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se calcula que existen unos 750 kilómetros cuadrados de extensión de praderas de este tipo de planta, un frondoso bosque bajo el Mediterráneo que aporta oxígeno y materia orgánica al mar.  Ésta es una isla para comérsela, por eso siempre vale la pena probar su gastronomía en algún buen restaurante. Un acierto seguro es visitar Ama Lur (Carretera de San Miguel km 2.300; 971 314 554) a 9 kilómetros de Eivissa, una casa de campo con un patio perfecto para degustar un buen solomillo de cordero. El mismo éxito tendremos en Es Xarcu (Cala Es Xarco, Sant Josep; 971 187 867) a media hora de la capital, donde podemos comer un exquisito pescado fresco en una terraza a la orilla del mar.

Gran Premio de Catalunya 2016

Gran Premio de Catalunya 2016

EDITORIAL

Montmeló celebra este fin de semana el Gran Premio de Catalunya 2016 con dos noticias: la renovación de Marc Márquez con el equipo Repsol Honda hasta el 2018 y la triste muerte del piloto Luis Salom. La competición, que se encuentra a tan sólo 30 minutos en coche de Barcelona, es la excusa perfecta para exprimir lo mejor de la Ciudad Condal en 48 horas. ¡Quema el asfalto! Primera mañana 9.00 La Pedrera: el mejor Gaudí Cuando un monumento puede visitarse desde las 9.00 hasta la medianoche es porque hay una cifra astronómica de personas deseando verlo, así que conviene ser de los primeros en casa Milà. Evitaremos colas, nos cundirá el día y disfrutaremos, desde la azotea, de una hermosa vista del Eixample, dorado por el sol aún bajo de esta hora. Conocida como La Pedrera (la cantera, en catalán) por el aspecto pétreo de su fachada, cuyos bloques fueron tallados in situ hasta adquirir el acabado áspero y sinuoso de la roca natural, la casa es obra del mejor Gaudí, que entonces (1906-1912) rondaba los 55 años y estaba en la plenitud de su carrera. Es el edificio de viviendas más bello y representativo del modernismo en Barcelona. Además de la azotea, se visitan una exposición sobre Gaudí, los patios y una casa decorada como hace un siglo. También se ofrece una visita guiada nocturna, la Pedrera Secreta.10.30 Tour de cumbres modernistasUna de las fotos más repetidas por quienes visitan La Pedrera es la de la Sagrada Familia vista a través del arco que hay en la esquina oriental de la azotea. La basílica, obra cumbre de Gaudí y símbolo de Barcelona, es una visita importante, pero tampoco nos podemos perder la manzana de la discordia del paseig de Gràcia (así llamada por la rivalidad existente entre los arquitectos que construyeron en ella), con las casas Amatller, de Puig i Cadafalch; Lleó Morera (no visitable), de Domènech i Montaner; y Batlló, de Gaudí. Este tramo del paseo, comprendido entre las calles de Consell de Cent y Aragó, es una exposición de la mejor arquitectura modernista catalana. Otra obra puntera de este estilo, también creada por Gaudí, es el Park Güell, un lugar sin parangón en el mundo. 12.30 Escaparates de GràciaLo culto no quita lo consumista. Mientras admiramos las arquitecturas del passeig de Gràcia, podemos también echar un vistazo a sus escaparates, porque en esta calle y en las aledañas están las mejores tiendas de la ciudad en moda y marcas. Hay incluso un lugar donde se pueden adquirir productos y conocimientos al mismo tiempo: la perfumería Regia, que es también Museo del Perfume, con más de 9.000 piezas (botellas, material publicitario…) que cuentan la historia y la prehistoria del asunto.  Primera tarde 14.00 Mercados para ver y comer Al final de passeig de Gràcia, en dirección al mar, y ya entrando de lleno en la famosa rambla de Canaletes en el distrito de Ciutat Vella, se nos presentará la oportunidad de visitar dos mercados excepcionales, tanto por sus puestos como por su ambiente y su diseño. Aquí deberemos tomar una decisión: dirigirnos hacia el mercado de San José, más conocido como la Boquería, o bien optar por el de Santa Caterina, justo al lado de la catedral, en el barrio de la Ribera. El primero es conocido por su arco modernista de acceso (de 1914, restaurado en 2013), por su colorido y por su amplísima oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África. Dadas las horas que son, haremos bien en buscar la barra del bar Pinotxo, a la que es asiduo el mismísimo Ferrán Adrià. Muy recomendables, las judías salteadas con chipirones, los callos, la ternera con rovellons (níscalos) y el marisco fresco que haya cada día.El mercado de Santa Caterina, por su parte, fue el primero cubierto de la ciudad (1848) y exhibe desde 2005 un espectacular techo vanguardista diseñado por Miralles y Tagliabue. En su interior se encuentra el moderno restaurante Cuines Santa Caterina, donde los productos del mercado se cocinan a la vista del público que habitualmente lo llena. También aquí está la taberna La Torna, cuya barra ofrece unos callos soberbios, además de buenas carnes, pescados a la plancha y cazuelas varias. Si preferimos comer en algún lugar menos bullicioso, podemos probar el excelente restaurante Ca L’Isidre, que mantiene el listón altísimo desde 1970, a diez minutos de la Boquería. A cinco minutos de Santa Caterina, tenemos el japonés Koy Shunka y la cocina de autor de Saüc.El mercado de la Boquería destaca por su arco modernista, su colorido y por su amplia oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África 16.00 Un paseo por los orígenes: el barrio GóticoDespués de comer, es buen plan pasear por el barrio Gótico, viendo cómo se han barajado los restos de la ciudad medieval y romana. Andaremos por pequeñas calles y plazas, como la del Pi y la de Felipe Neri, ambas encantadoras. Nos asomaremos a la impresionante catedral gótica y, justo detrás, en una callecita llamada Paradís, descubriremos los restos del templo de Augusto y la placa que señala el lugar exacto donde los romanos fundaron la ciudad. En la plaza del Rei se halla el Museo de Historia de Barcelona MUHBA, emplazado en un bonito palacio medieval, donde puede visitarse la Barcino romana a través de una ruta subterránea. Si hace bueno, nos tomaremos un café en el patio de naranjos del Museo Marès, antiguo vergel del Palacio Real Mayor de los Condes de Barcelona. Y acabaremos en la plaza de Sant Jaume, resguardada por el Ayuntamiento y la Generalitat, centro neurálgico de la ciudad. 18.00 Born en 1714 El barrio del Born lleva ya unos cuantos años en el candelero con sus atrevidas propuestas gastronómicas, sus modernos artesanos, sus tiendas y, sobre todo, su ambiente. A ello hay que añadir la inauguración, en septiembre de 2013, de El Born Centre Cultural, ubicado en el antiguo mercado de El Born, de 1876. Bajo la estructura de hierro del mercado, pueden verse los restos del barrio que quedó sepultado tras la guerra de Sucesión, además de dos exposiciones sobre la época y los hechos históricos de 1714, que marcaron la historia de Cataluña. Otro lugar fundamental del barrio, y una de las maravillas de Barcelona, es la basílica gótica de Santa María del Mar, la serena y delicada catedral de los pobres. Ahí al lado, nos podemos merendar alguna de las obras de arte de la pastelería Bubó y después ir relamiéndonos al Museo Picasso. Sólo unos pasos nos separarán luego del Xampanyet, donde desde 1929 sirven cava fresco, vermut y ricas tapas, ideal para empezar la noche.21.00 Tapas, postres y cóctelesNo faltan en el Born buenos lugares para cenar de picoteo, como Taller de Tapas o Golfo de Bizkaia. Tapas superiores, de autor, encontraremos en Comerç 24. Y una sorprendente barra de tapas dulces, en Espaisucre, que es el único restaurante de postres del mundo. Otra opción es el restaurante El 300 del Born, de la centenaria marca de cerveza Moritz, que ofrece tapas y platos de cocina histórica catalana en el antiguo mercado.Para alargar la noche, en el mismo passeig del Born encontraremos numerosos bares, como Miramelindo, un lugar perfecto para saborear mojitos y caipiriñas; o como El Copetín, donde ponen música salsera y cócteles tropicales. Mudanzas se llena de gente de 30 y 40 años con ganas de conocer a gente. Y en el passeig Picasso está la histórica sala Magic Rock, para rockeros incombustibles. Segunda mañana 09.30 Colón y las golondrinas del puerto El Port Vell (la parte más antigua del puerto de Barcelona) nace donde mueren las Ramblas, con el monumento a Colón como emblema desde 1886. En la cima de la columna, situada a 50 metros de altura, un mirador ofrece vistas al mar y al famoso paseo. A los pies de la estatua (que no señala hacia América, como cualquiera podría pensar, sino hacia Madagascar), están las taquillas de las golondrinas, los tradicionales barcos que ofrecen paseos turísticos. Hay un recorrido de 40 minutos por el interior del puerto y otro de hora y media que sale al mar y permite apreciar el perfil del Puerto Olímpico y las torres casi gemelas de la compañía Mapfre y del hotel Arts.  11.30 Caminando sobre las aguasNos bajamos del barco, pero continuamos sobre las aguas. Caminamos por la rambla del Mar, la plataforma flotante que lleva, cruzando un puente levadizo, a la zona lúdica del Maremagnum y los clubes náuticos. Su diseño es muy original: el pavimento de madera, las formas curvilíneas que recuerdan el estilo del artista modernista Jujol, las pérgolas onduladas que soportan las luces… El proyecto se debe a los arquitectos Helio Piñón y Albert Viaplana, que también son los autores del edificio del Maremagnun. Éste es uno de los centros comerciales y de ocio más importantes de la ciudad, y un lugar muy interesante para ir de compras porque, al estar ubicado en puerto franco, muchos artículos no pagan aranceles y son más baratos. Si las compras no son lo nuestro, podemos visitar el Museo Marítimo de Barcelona, emplazado en las Atarazanas Reales (siglos XIII y XIV).Tras las compras (o la visita al museo), un paseo de diez minutos nos llevará a uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad: la Barceloneta. Allí nos pondremos en contacto con uno de los tesoros naturales de Barcelona: sus playas (Sant Sebastià, Sant Miquel, Barceloneta, Somorrostro, Nova Icària, Bogatell, Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant). En invierno, con mucha menos gente, se transforman en lugares de encuentro tranquilo. Aquí se practican deportes playeros y acuáticos y, por supuesto, se toman los clásicos almuerzos o aperitivos en los chiringuitos a pocos metros del mar, con la luz y el sol del invierno. Los hay para todos los gustos. Segunda tarde 14.00 Arroces famosos Hay infinidad de restaurantes para saborear un buen arroz en la Barceloneta y en el Puerto Olímpico. Dos de los mejores son Els Pescadors y Suquet De L'almirall, este último situado en un antiguo astillero, con terraza mirando al Port Vell. Y algo fuera de lo normal es el restaurante Enoteca, del hotel Arts. Cheriff es célebre por su paella. Can Majó, por su arroz caldoso. Y Casa Solé, fundada en 1903, por la larga lista de famosos que han comido en ella: Joan Miró, Rusiñol, Vázquez Montalbán, Serrat…, y medio Barça. Altamente recomendado para culés.  16.00 Del mar, al cielo de MontjuïcCon el estómago lleno de arroces y platos marineros, ni apetece ni conviene hacer grandes esfuerzos, así que nos dejaremos llevar hasta la cima de Montjuïc tomando el funicular y, a continuación, el teleférico. Después de contemplar el inmenso panorama desde el castillo que vigila el puerto y la ciudad desde sus 173 metros de altura, volveremos montaña abajo paseando y disfrutando de algunas de las muchas atracciones que ofrece el parc de Montjuïc.  Por ejemplo, podemos visitar el Museo Olímpico y dar una vuelta por las instalaciones que acogieron los Juegos de 1992 (el estadi Lluís Companys, el palau Sant Jordi, obra del Arata Izosaki, y la torre de telecomunicaciones de Santiago Calatrava), un hito histórico para la ciudad. 18.00 Museos, jardines y juegos de aguaQuizá prefiramos aprovechar el descenso para acercarnos a algunos de los centros de arte más importantes de España. Destacan la Fundación Joan Miró, que posee la colección pública más completa de la obra del artista, y el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que alberga la mayor de arte sacro románico de Europa. Yendo de un punto de interés a otro, veremos gran variedad de jardines, desde el versallesco que rodea el palacete Albéniz hasta el de cactáceas de Costa i Llobera, de lo mejor del mundo en su especialidad. Y si es fin de semana, acabaremos admirando los juegos de agua, color y sonido de la Font Màgica de Montjuïc.21.00 El gran homenajeSi el dinero no es un problema, podemos cenar en ABaC, restaurante puntero de la Ciudad Condal que elabora innovadoras joyas gastronómicas que se sirven en una exquisita vajilla Versace. Otro lujazo, en todos los sentidos, es el restaurante Via Veneto, de alta cocina catalana.Después nos esperan los mejores clubes de la ciudad. Música electrónica, en Nitsa y Razzmatazz. Conciertos en Marula Café, en el barrio Gótico. Rock underground, en Sidecar Factory. House bajo las estrellas, en La Terrazza. Más ciudades para visitar en 48 horas Toledo, la colina del Greco Toledo Zamora: del Romancero al futuro Zamora Eivissa, abierta desde la noche de los tiempos Ibiza A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos) Pamplona

Foto de Cuenca

Cuenca

EDITORIAL

Cuenca desafía la ley de la gravedad al asomarse con sus Casas Colgadas a las hoces del Júcar y del Huécar, que abrazan la ciudad antigua como los fosos abismales de un castillo de cuento. Tampoco rigen en ella las leyes del espacio y del tiempo, y por eso al abrir la puerta de un convento o de un palacio medieval nos podemos encontrar una estación espacial o una deslumbrante sala blanca con cuadros de Tàpies y Saura. ¿Y no va también contra las leyes de la física el que los viajeros no se cansen nunca de subir y bajar por sus endiabladas cuestas? No, para esto hay fácil explicación, y es que el morteruelo proporciona energía de sobra… Primera mañana 10.00 Un corazón trapezoidal La Plaza Mayor, con su peculiar forma de trapecio, es el corazón de Cuenca, su kilómetro cero y el de nuestro recorrido de hoy. En el lado sur, vemos la fachada barroca del Ayuntamiento, que se levanta sobre tres arcos de medio punto, de modo que cierra la plaza visualmente, pero sin estorbar el paso. Y en el lado este, la Catedral, que comenzó a construirse sobre la antigua mezquita a finales del siglo XII, en estilo gótico normando. Algo tuvo que ver en esto Leonor de Inglaterra, la esposa de Alfonso VIII: con ella habían venido a Castilla caballeros, artesanos y clérigos normandos, que marcaban tendencia. Dentro, llaman la atención las bóvedas de crucería sexpartitas; la capilla de los Apóstoles, con su pórtico plate¬resco; la Capilla Mayor; el arco de Jamete, con un rosetón que le da una luz especial, y la capilla de los Caballeros. Tampoco nos pasan inadvertidos los dos órganos del siglo XVIII, que funcionan perfectamente, ni el efecto que producen los rayos de sol al atravesar las vidrieras. La visita, que se hace con audioguía, incluye el tesoro catedralicio. También hay una entrada conjunta que da acceso a la catedral y al vecino Museo Diocesano. 11.30 Arte encontrado en la basura Otro edificio que da a la Plaza Mayor, la llamada casa Gris, alberga desde 2013 el curiosísimo Museo del Objeto Encontrado, donde se exponen latas, piedras, troncos y todo tipo de desechos y elementos de la naturaleza que el coleccionista, editor y artista Antonio Pérez ha recogido durante más de 50 años y que, por su elección, han sido elevados a la categoría de arte. Unos recuerdan a famosas obras artísticas; otros, a rostros humanos. Solo hay un museo igual en el mundo: el Musée de l’Objet de Blois, en Francia.12.30 Casas Colgadas: abstracción y paisajeA dos minutos de la Plaza Mayor, bajando por Obispo Valero y Canónigos, se hallan las famosas Casas Colgadas, que se asoman vertiginosamente a la hoz del Huécar desde el siglo XIV, aunque su origen quizá sea muy anterior. Albergan el Museo de Arte Abstracto Español, que exhibe más de un centenar de pinturas y esculturas de Chillida, Tàpies, Oteiza, Saura, Zóbel, Torner, Rueda, Canogar, Chirino, Feito, Millares, Sempere…, las cuales compiten en interés con lo que se ve a través de las ventanas de las salas. Primera tarde 14.00 Comida con vistas a la hoz Si tenemos hambre nos pasamos por el Mesón Nelia, que a pesar de encontrarse en un entorno natural junto al río Júcar, sorprende por su ambiente moderno y minimalista. A mediodía cuentan con un menú exquisito y, a pesar de encontrarnos lejos del mar, no podemos irnos sin probar su bacalao con pisto o sus manitas de cerdo rellenas. 16.00 Paseo por el puente de hierroDespués de semejante comida, no es que apetezca, es que es vital darse un paseo digestivo, y ningún paseo más a mano y más bello que el que cruza el Huécar por el puente de hierro de San Pablo. Esta joya de la arquitectura industrial se levantó en 1902, mide 60 metros y se apoya sobre los estribos de un puente de piedra del siglo XVI que se derrumbó. La típica postal de Cuenca, con las Casas Colgadas haciendo equilibrios en la pared del barranco, se fotografía desde aquí. Al otro lado del puente nos aguarda el Convento de San Pablo, del siglo XVI, hoy Parador, que es un exce-lente sitio para pernoctar y, a estas horas, para tomarse un café en la antigua capilla.La típica postal con las Casas Colgadas sobre el barranco se toma desde el puente de hierro de San Pablo, joya de la arquitectura industrial que se le­vantó en 1902 17.30 Un rico legado arqueológicoVolvemos sobre nuestros pasos, disfrutando nuevamente del panorama, hasta llegar a la calle Obispo Valero, en cuyo número 12 abre sus puertas el Museo de Cuenca. Instalado en la casa del Curato, del siglo XIV, propone un recorrido por la historia de Cuenca a través de los hallazgos arqueológicos, desde el Paleolítico hasta la Edad Moderna. Un periodo espléndido fue el romano, con tres ciudades en lo que hoy es la provincia de Cuenca: Segóbriga, Ercávica y Valeria. Por cierto, en Valeria, 1.500 años antes que en la capital, ya construyeron casas colgadas sobre la hoz del Gritos.19.00 Rascacielos del JúcarDesde la Plaza Mayor, pasando bajo los arcos del Ayuntamiento, se accede a la calle Alfonso VIII, la más importante de la ciudad. Llama mucho la atención el alegre colorido de las fachadas de sus edificios. Bajando por ella y por su prolongación (calles Andrés de Cabrera, San Juan, Palafox y Virgen de la Luz), llegamos en menos de un cuarto de hora al puente de San Antón, sobre el río Júcar, que se construyó en el siglo XVIII para sustituir a otro mucho más antiguo, de tiempo de los moros. Nada más cruzarlo, nos topamos de frente con la iglesia de la Virgen de la Luz, que aloja a la patrona de la ciudad, morena como el Niño que lleva en brazos, y en Semana Santa es el punto de partida de la Procesión de Paz y Caridad. Si avanzamos 150 metros río arriba (es decir, a mano derecha), veremos unas viejas casas de diez pisos de altura que cuelgan, desafiando los postulados de Newton, sobre el abismo de la hoz y que reciben el nombre (o, al menos, eso es lo que ponen en las postales) de Rascacielos del Júcar.  20.30 Tapas y mesas de la ciudad nueva Cruzamos de nuevo el puente de San Antón y nos adentramos en la ciudad nueva por Colón y Mateo Miguel Ayllón hasta llegar a la perpendicular Fray Luis de León, calle que, a pesar de recordar al poeta de la vida retirada, es de las más animadas de la ciudad gracias a lugares como Bodega Basilio, donde ponen grandes tapas y pretapa que, según la época del año, puede ser un caldo, una crema o un gazpacho; o como la Taberna del Agua, una vieja casa con decoración y cocina muy modernas. Más adelante, por Carretería y la plaza de la Hispanidad, arribamos a la calle San Francisco, otra zona óptima para picotear, donde la referencia es La Ponderosa: tomates y espárragos de huerto propio, morteruelo casero, queso manchego de primera… Si preferimos más creatividad, muy cerca tenemos el restaurante y gastrobar Raff, con barra alrededor de la cocina. Entre sus creaciones, destacan el canelón de ajoarriero y el divertido postre ‘Café, copa y puro’, donde nada es lo que parece. Otra opción es ARS Natura, con una vista de la ciudad antigua que parece un cuadro.Después podemos seguir disfrutando de la noche en la zona de la Estación, donde hay varios pubs con diferentes estilos de música (alternativa, pop-rock, disco…), terrazas en verano y, todo el año, conciertos en la Sala Babylón. Otra zona de mucha marcha es la calle Doctor Galíndez, la Calle por antonomasia, que está repleta de bares de copas, pubs y locales de ambiente. Hasta las 4.00 de la madrugada. Segunda mañana 10.00 De Cuenca a las estrellasPartimos de nuevo de la Plaza Mayor y volvemos a cruzar los arcos del Ayunta¬miento para subir, por Joaquín Ayala, a la plaza de la Merced. Aquí, un antiguo convento y una ampliación arquitectónica firmada por Salvador Pérez Arroyo alojan el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha: 6.000 metros de atracciones interactivas para aprender los misterios del universo. Hay una máquina del tiempo donde se hace un alucinante viaje en 3D a través del Sistema Solar y la Vía Láctea. Hay un planetario y un observatorio. Hay robots, cohetes, reproducciones a escala real de la Estación Es-pacial Internacional y sofisticados sistemas multimedia como el Magic Planet.En la siguiente plaza, la de Mangana, se alza el monumento a la Constitución, del ar-tista conquense Gustavo Torner, que dicen los que han visto muchos otros, que es de los más grandes que hay dedicados a la Carta Magna en España. Y se alza, por su-puesto, la torre de Mangana. Su origen no está claro: algunos creen que era un mina-rete que se erguía en la zona del alcázar musulmán (la más alta de la ciudad), cuyas ruinas aún afloran en la explanada. Después de muchas transformaciones, en 1968 le llegó la definitiva. Lo que no ha variado en los últimos siglos es su uso como campanil y reloj, y su percepción, por parte de los vecinos, como un símbolo de la ciudad. 11.30 La procesión de las TurbasPor la plaza del Carmen bajamos a Alfonso VIII y Andrés de Cabrera, calle en cuyo número 13 se halla el Museo de la Semana Santa de Cuenca. Si no se tiene la ocasión de visitar la ciudad durante esta fiesta, declarada de interés turístico internacional, el museo sirve como un pequeño pero po-tente sucedáneo, transmitiendo la pasión con que la viven los conquenses. La ciudad cuenta con 32 cofradías, de las que 13 son anteriores al siglo XIX. La procesión más famosa es la del Camino del Calvario, popularmente conocida como de las Turbas y, fuera de Cuenca, como de los Borrachos. 12.00 Viaje al fondo de la ciudadSi ya conocíamos la Semana Santa de Cuenca, tanto mejor, porque no podemos dedicar mucho tiempo a su museo. Y es que, a mediodía, nos espera la Cuenca Subterránea. Cerca del museo, frente al número 87 de Alfonso VIII, se localiza la entrada de este re¬fugio de la Guerra Civil, de 90 metros de longitud y 250 metros cuadrados de superficie, que se construyó aprovechando unas cuevas preexistentes, usadas anti-guamente como viviendas y expropiadas por el Ayuntamiento a finales del siglo XIX. Hay visitas guiadas, de unos 35 minutos de duración, a distintas horas, dependiendo del día y de la época, pero la que nunca falla es la de las 12.00. 12.45 Recuerdos de Antonio SauraSubiendo a la Plaza Mayor y luego por la calle San Pedro, enseguida vemos a mano izquierda el pasadizo que conduce a la escondida (nadie diría que está ahí) plaza de San Nicolás, donde tiene su sede, en la histórica casa Zavala, la Fundación Antonio Saura. Creada en 2008, diez años después de la muerte del artista que tan estrechos lazos mantuvo con Cuenca, es un centro dedicado no solo a la exhibición de obras del propio Saura, sino al fomento de iniciativas plásticas contemporáneas, con numerosas actividades y exposiciones. Segunda tarde 14.00 Caza para comer Junto al arco que da acceso a la plaza, abre su puerta el restaurante San Nicolás, célebre por sus jornadas gastronómicas dedicadas a la caza. Lógicamente, en la carta mandan platos como el solomillo de venado relleno de hígado de pato y trufas sobre cama de boletus con salsa de castañas o la suprema de faisán rellena de queso manchego con salsa de higos, pero también hay migas, morteruelo… Si el tiempo lo permite, mejor en la terraza.16.00 Vista desde lo más altoDespués de comer, continuamos subiendo a la zona más alta de la ciudad por la calle San Pedro. Al final de esta vía, en la plaza del Trabuco, podemos visitar la iglesia de San Pedro y trepar a su torre: vista más aérea de Cuenca, no hay. Al lado, el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas es la sede de la Fundación Antonio Pérez; , donde se muestra su colección de arte contemporáneo, con obras de Saura, Millares, Gordillo, Torner, el Equipo Crónica, Barceló, Warhol y otros artistas. Más arriba, el arco de Bezudo, de medio punto y con un escudo con toisón, es lo poco que se ha conservado del castillo (primero musulmán y luego cristiano), junto con un torreón, dos cubos cuadrados y fragmentos de muralla. 17.30 Las Angustias y San Miguel  Volvemos por la calle del Trabuco y cogemos a la derecha por la ronda del Júcar, que nos lleva, por detrás de la iglesia de San Nicolás, a la confluencia con la calle Severo Catalina. Aquí gira¬mos a la derecha por la Bajada de las Angustias, espléndido paseo que nos conduce a la ermita de la Virgen de las Angustias, por la que los conquenses sienten fervor. Es tradición besar su manto el Viernes de Dolores y acompañarla la noche de Viernes Santo. Y también casarse aquí. El camino sigue descendiendo en zigzag hasta la misma orilla del Júcar, que se puede cruzar por el puente de los Descalzos. Si no queremos cruzarlo, en esta margen del río hay una zona acondicionada para el ocio: el Recreo Peral. Las vistas de la ciudad son magníficas.El regreso lo hacemos por la misma Bajada de las Angustias, que ahora es subida, lógicamente. Llegando a la plaza de San Nicolás, doblamos a la derecha por la calle Armas. Estamos en el pintoresco barrio de San Miguel, donde las casas están tan pegadas que el único tráfico posible es el peatonal. Encaramada sobre el Júcar, se halla la iglesia de San Miguel, de origen románico, aunque remodelada en el siglo XVIII. Es uno de los escenarios de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, que se celebra inmediatamente antes de Semana Santa y en la que intervienen grandes orquestas de toda Europa.19.00 Cerámica y productos ricosSubimos por la empinada Bajada de San Miguel, que nos deja en la parte posterior del Ayuntamiento. Es un buen momento para curiosear en los talleres de cerámica de la ciudad antigua, como el de Adrián Navarro o el de Fernando Alcalde; y también en los de la parte baja, como el de Qerameis o el de Luis del Castillo. Si somos más de comprar cosas para comer, nuestro lugar es La Alacena: quesos, perdices, morteruelo, lomo de orza, dulces típicos…21.00 Cena en casa de PeralesAcabamos a dos pasos de la catedral, en la fue casa del cantante José Luis Perales y hoy es restaurante Figón del Huécar, disfrutando de sus platos de cocina manchega actualizada mientras contemplamos la hoz del Huécar, hermosamente iluminada, a nuestros pies. Más ciudades para visitar en 48 horas Valladolid: de la barra a la playa Valladolid Segovia románica, judía y machadiana Segovia Santiago de Compostela, un sepulcro muy vivo Santiago Sevilla es mucha Sevilla Sevilla

Foto de Turismo verde en Barcelona

Turismo verde en Barcelona

EDITORIAL

Barcelona es una ciudad ligada al mar pero su cercanía a los Pirineos hace que sus habitantes sientan también especial predilección por la montaña. La segunda ciudad más grande de España presenta dos alternativas diferentes pero igualmente atractivas para los amantes de la naturaleza. Seamos de mar o de montaña, en la ciudad y en los alrededores podremos disfrutar de ambas. Y es que, además de conocer su gran variedad de museos y monumentos, no está de más desconectar por un día y buscar planes donde el verde de los montes y el azul del mar sean los protagonistas. El Mediterráneo, desde dentroL’Aquàrium es la segunda mayor atracción turística de Barcelona, después de la Sagrada Familia. Es el más importante del mundo en temática mediterránea, con 14 acuarios específicos y un enorme oceanario que puede atravesarse por un túnel submarino de 80 metros, como quien pasea por el fondo del Mare Nostrum, viéndole la barriga a las rayas y a los tiburones. Montserrat, la montaña sagradaA 49 kilómetros al noroeste de Barcelona, se alza este imponente macizo de roca conglomerada que ha sido modelado por la erosión hasta adquirir el aspecto de una gigantesca sierra (de serrar). Es el más importante foco de devoción mariana de Cataluña, la casa de la Moreneta, pero también un imán de senderistas y escaladores. En la estación superior del funicular de Sant Joan encontraremos un aula y un mirador de la naturaleza. Y en el portal del Patronat de la Muntanya de Montserrat, todas los senderos y vías de escalada que recorren esta montaña abrupta y sagrada.

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