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Barcelona

Barcelona: mucha vida

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol) Gaudí y Miró, sí, pero también playas y chiringuitos donde el arte más apreciado es dejarse esculpir por el sol y el mar. La catedral de todos, en el Barrio Gótico, y la de los pobres, en el Born. Mercados para abrir el apetito y luego cerrarlo con una tapa de callos: la Boquería y Santa Caterina. Mil arroces en la Barceloneta y un restaurante sólo de postres. Clubes de culto y pistas para bailar bajo las estrellas. Un paseo en golondrina y un chapuzón con los tiburones del Aquàrium. También hay ruinas, como en todas partes, pero quién viene a ver piedras rotas habiendo tanto arte, tanta vida.


Primera mañana

Campo de batalla modernista

9.00 La Pedrera: el mejor Gaudí

Cuando un monumento puede visitarse desde las 9.00 hasta la medianoche es porque hay una cifra astronómica de personas deseando verlo, así que conviene ser de los primeros en casa Milà. Evitaremos colas, nos cundirá el día y disfrutaremos, desde la azotea, de una hermosa vista del Eixample, dorado por el sol aún bajo de esta hora. Conocida como La Pedrera (la cantera, en catalán) por el aspecto pétreo de su fachada, cuyos bloques fueron tallados in situ hasta adquirir el acabado áspero y sinuoso de la roca natural, la casa es obra del mejor Gaudí, que entonces (1906-1912) rondaba los 55 años y estaba en la plenitud de su carrera. Es el edificio de viviendas más bello y representativo del modernismo en Barcelona. Además de la azotea, se visitan una exposición sobre Gaudí, los patios y una casa decorada como hace un siglo. También se ofrece una visita guiada nocturna, la Pedrera Secreta.

10.30 Tour de cumbres modernistas

Una de las fotos más repetidas por quienes visitan La Pedrera es la de la Sagrada Familia vista a través del arco que hay en la esquina oriental de la azotea. La basílica, obra cumbre de Gaudí y símbolo de Barcelona, es una visita importante, pero tampoco nos podemos perder la manzana de la discordia del paseig de Gràcia (así llamada por la rivalidad existente entre los arquitectos que construyeron en ella), con las casas Amatller, de Puig i Cadafalch; Lleó Morera (no visitable), de Domènech i Montaner; y Batlló, de Gaudí. Este tramo del paseo, comprendido entre las calles de Consell de Cent y Aragó, es una exposición de la mejor arquitectura modernista catalana. Otra obra puntera de este estilo, también creada por Gaudí, es el Park Güell, un lugar sin parangón en el mundo.

La Pedrera
La Pedrera. / Imagen cedida por: Barcelona Turisme

12.30 Escaparates de Gràcia

Lo culto no quita lo consumista. Mientras admiramos las arquitecturas del passeig de Gràcia, podemos también echar un vistazo a sus escaparates, porque en esta calle y en las aledañas están las mejores tiendas de la ciudad en moda y marcas. Hay incluso un lugar donde se pueden adquirir productos y conocimientos al mismo tiempo: la perfumería Regia, que es también Museo del Perfume, con más de 9.000 piezas (botellas, material publicitario…) que cuentan la historia y la prehistoria del asunto. 

Primera tarde

Del Gótico a la tapa

14.00 Mercados para ver y comer

Al final de passeig de Gràcia, en dirección al mar, y ya entrando de lleno en la famosa rambla de Canaletes en el distrito de Ciutat Vella, se nos presentará la oportunidad de visitar dos mercados excepcionales, tanto por sus puestos como por su ambiente y su diseño. Aquí deberemos tomar una decisión: dirigirnos hacia el mercado de San José, más conocido como la Boquería, o bien optar por el de Santa Caterina, justo al lado de la catedral, en el barrio de la Ribera. El primero es conocido por su arco modernista de acceso (de 1914, restaurado en 2013), por su colorido y por su amplísima oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África. Dadas las horas que son, haremos bien en buscar la barra del bar Pinotxo, a la que es asiduo el mismísimo Ferrán Adrià. Muy recomendables, las judías salteadas con chipirones, los callos, la ternera con rovellons (níscalos) y el marisco fresco que haya cada día.

El mercado de Santa Caterina, por su parte, fue el primero cubierto de la ciudad (1848) y exhibe desde 2005 un espectacular techo vanguardista diseñado por Miralles y Tagliabue. En su interior se encuentra el moderno restaurante Cuines Santa Caterina, donde los productos del mercado se cocinan a la vista del público que habitualmente lo llena. También aquí está la taberna La Torna, cuya barra ofrece unos callos soberbios, además de buenas carnes, pescados a la plancha y cazuelas varias. Si preferimos comer en algún lugar menos bullicioso, podemos probar el excelente restaurante Ca L’Isidre, que mantiene el listón altísimo desde 1970, a diez minutos de la Boquería. A cinco minutos de Santa Caterina, tenemos el japonés Koy Shunka y la cocina de autor de Saüc.

El mercado de la Boquería destaca por su arco modernista, su colorido y por su amplia oferta, que abarca desde las peras de Lleida hasta las hormigas fritas de África

16.00 Un paseo por los orígenes: el barrio Gótico

Después de comer, es buen plan pasear por el barrio Gótico, viendo cómo se han barajado los restos de la ciudad medieval y romana. Andaremos por pequeñas calles y plazas, como la del Pi y la de Felipe Neri, ambas encantadoras. Nos asomaremos a la impresionante catedral gótica y, justo detrás, en una callecita llamada Paradís, descubriremos los restos del templo de Augusto y la placa que señala el lugar exacto donde los romanos fundaron la ciudad. En la plaza del Rei se halla el Museo de Historia de Barcelona MUHBA, emplazado en un bonito palacio medieval, donde puede visitarse la Barcino romana a través de una ruta subterránea. Si hace bueno, nos tomaremos un café en el patio de naranjos del Museo Marès, antiguo vergel del Palacio Real Mayor de los Condes de Barcelona. Y acabaremos en la plaza de Sant Jaume, resguardada por el Ayuntamiento y la Generalitat, centro neurálgico de la ciudad.

18.00 Born en 1714

El barrio del Born lleva ya unos cuantos años en el candelero con sus atrevidas propuestas gastronómicas, sus modernos artesanos, sus tiendas y, sobre todo, su ambiente. A ello hay que añadir la inauguración, en septiembre de 2013, de El Born Centre Cultural, ubicado en el antiguo mercado de El Born, de 1876. Bajo la estructura de hierro del mercado, pueden verse los restos del barrio que quedó sepultado tras la guerra de Sucesión, además de dos exposiciones sobre la época y los hechos históricos de 1714, que marcaron la historia de Cataluña. Otro lugar fundamental del barrio, y una de las maravillas de Barcelona, es la basílica gótica de Santa María del Mar, la serena y delicada catedral de los pobres. Ahí al lado, nos podemos merendar alguna de las obras de arte de la pastelería Bubó y después ir relamiéndonos al Museo Picasso. Sólo unos pasos nos separarán luego del Xampanyet, donde desde 1929 sirven cava fresco, vermut y ricas tapas, ideal para empezar la noche.

21.00 Tapas, postres y cócteles

No faltan en el Born buenos lugares para cenar de picoteo, como Taller de Tapas o Golfo de Bizkaia. Tapas superiores, de autor, encontraremos en Comerç 24. Y una sorprendente barra de tapas dulces, en Espaisucre, que es el único restaurante de postres del mundo. Otra opción es el restaurante El 300 del Born, de la centenaria marca de cerveza Moritz, que ofrece tapas y platos de cocina histórica catalana en el antiguo mercado.

Para alargar la noche, en el mismo passeig del Born encontraremos numerosos bares, como Miramelindo, un lugar perfecto para saborear mojitos y caipiriñas; o como El Copetín, donde ponen música salsera y cócteles tropicales. Mudanzas se llena de gente de 30 y 40 años con ganas de conocer a gente. Y en el passeig Picasso está la histórica sala Magic Rock, para rockeros incombustibles.

Segunda mañana

Del puerto a la playa

09.30 Colón y las golondrinas del puerto

El Port Vell (la parte más antigua del puerto de Barcelona) nace donde mueren las Ramblas, con el monumento a Colón como emblema desde 1886. En la cima de la columna, situada a 50 metros de altura, un mirador ofrece vistas al mar y al famoso paseo. A los pies de la estatua (que no señala hacia América, como cualquiera podría pensar, sino hacia Madagascar), están las taquillas de las golondrinas, los tradicionales barcos que ofrecen paseos turísticos. Hay un recorrido de 40 minutos por el interior del puerto y otro de hora y media que sale al mar y permite apreciar el perfil del Puerto Olímpico y las torres casi gemelas de la compañía Mapfre y del hotel Arts.

 

11.30 Caminando sobre las aguas

Nos bajamos del barco, pero continuamos sobre las aguas. Caminamos por la rambla del Mar, la plataforma flotante que lleva, cruzando un puente levadizo, a la zona lúdica del Maremagnum y los clubes náuticos. Su diseño es muy original: el pavimento de madera, las formas curvilíneas que recuerdan el estilo del artista modernista Jujol, las pérgolas onduladas que soportan las luces… El proyecto se debe a los arquitectos Helio Piñón y Albert Viaplana, que también son los autores del edificio del Maremagnun. Éste es uno de los centros comerciales y de ocio más importantes de la ciudad, y un lugar muy interesante para ir de compras porque, al estar ubicado en puerto franco, muchos artículos no pagan aranceles y son más baratos. Si las compras no son lo nuestro, podemos visitar el Museo Marítimo de Barcelona, emplazado en las Atarazanas Reales (siglos XIII y XIV).

Tras las compras (o la visita al museo), un paseo de diez minutos nos llevará a uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad: la Barceloneta. Allí nos pondremos en contacto con uno de los tesoros naturales de Barcelona: sus playas (Sant Sebastià, Sant Miquel, Barceloneta, Somorrostro, Nova Icària, Bogatell, Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant). En invierno, con mucha menos gente, se transforman en lugares de encuentro tranquilo. Aquí se practican deportes playeros y acuáticos y, por supuesto, se toman los clásicos almuerzos o aperitivos en los chiringuitos a pocos metros del mar, con la luz y el sol del invierno. Los hay para todos los gustos.

Segunda tarde

En lo más alto

14.00 Arroces famosos

Hay infinidad de restaurantes para saborear un buen arroz en la Barceloneta y en el Puerto Olímpico. Dos de los mejores son Els Pescadors y Suquet De L'almirall, este último situado en un antiguo astillero, con terraza mirando al Port Vell. Y algo fuera de lo normal es el restaurante Enoteca, del hotel Arts. Cheriff es célebre por su paella. Can Majó, por su arroz caldoso. Y Casa Solé, fundada en 1903, por la larga lista de famosos que han comido en ella: Joan Miró, Rusiñol, Vázquez Montalbán, Serrat…, y medio Barça. Altamente recomendado para culés. 

16.00 Del mar, al cielo de Montjuïc

Con el estómago lleno de arroces y platos marineros, ni apetece ni conviene hacer grandes esfuerzos, así que nos dejaremos llevar hasta la cima de Montjuïc tomando el funicular y, a continuación, el teleférico. Después de contemplar el inmenso panorama desde el castillo que vigila el puerto y la ciudad desde sus 173 metros de altura, volveremos montaña abajo paseando y disfrutando de algunas de las muchas atracciones que ofrece el parc de Montjuïc

Por ejemplo, podemos visitar el Museo Olímpico y dar una vuelta por las instalaciones que acogieron los Juegos de 1992 (el estadi Lluís Companys, el palau Sant Jordi, obra del Arata Izosaki, y la torre de telecomunicaciones de Santiago Calatrava), un hito histórico para la ciudad.

Montjuïc
Montjuïc. / Imagen cedida por: Barcelona Turisme

18.00 Museos, jardines y juegos de agua

Quizá prefiramos aprovechar el descenso para acercarnos a algunos de los centros de arte más importantes de España. Destacan la Fundación Joan Miró, que posee la colección pública más completa de la obra del artista, y el Museo Nacional de Arte de Cataluña, que alberga la mayor de arte sacro románico de Europa. Yendo de un punto de interés a otro, veremos gran variedad de jardines, desde el versallesco que rodea el palacete Albéniz hasta el de cactáceas de Costa i Llobera, de lo mejor del mundo en su especialidad. Y si es fin de semana, acabaremos admirando los juegos de agua, color y sonido de la Font Màgica de Montjuïc.

21.00 El gran homenaje

Si el dinero no es un problema, podemos cenar en ABaC, restaurante puntero de la Ciudad Condal que elabora innovadoras joyas gastronómicas que se sirven en una exquisita vajilla Versace. Otro lujazo, en todos los sentidos, es el restaurante Via Veneto, de alta cocina catalana.

Después nos esperan los mejores clubes de la ciudad. Música electrónica, en Nitsa y Razzmatazz. Conciertos en Marula Café, en el barrio Gótico. Rock underground, en Sidecar Factory. House bajo las estrellas, en La Terrazza.


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Fecha de actualización: 3 de noviembre de 2016

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