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Bilbao

Arte en los museos y en los fogones

Ninguna otra ciudad en el mundo nos ofrece tanto arte, tanto placer, tanta alegría de vivir, caminando tan poco. En un radio de un kilómetro alrededor del Guggenheim, hay una concentración apabullante de buenos restaurantes, hoteles de diseño y obras artísticas. Y si nos cansamos de esto, caminamos 500 metros más y nos colamos en el casco viejo, donde aún no se ha perdido la costumbre de txikitear en barras atiborradas de pintxos. O agarramos la tabla y nos vamos a surfear a la playa La Salvaje… ¡en Metro!


Primera mañana

Arte por todas partes


Museo Marítimo Ría de Bilbao
Museo Marítimo Ría de Bilbao.

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

09.30 Por la orilla más moderna

No hay mejor lugar para hacer footing o (si el deporte no es lo nuestro) empezar a visitar la ciudad, que la renovada margen izquierda del Nervión, la del museo Guggenheim. El recorrido por esta orilla comienza en el puente del Ayuntamiento, siguiendo el paseo de Uribitarte, que fue inaugurado en el año 2000 después de que el chatarrero se llevase las mil y una grúas, naves, contenedores y raíles herrumbrosos que copaban esta antigua zona portuaria. Tranvías ecológicos, de andar sedoso y verde color, acompañan ahora al paseante por una vía ajardinada, con bancos y farolas de modernas hechuras.

10.00 Un navío de titanio cargado de arte

Otro puente, el de la Salve, vestido de rojo en 2007 por el artista francés Daniel Buren, precede al museo Guggenheim: 60 toneladas de titanio, dispuestas en paneles de medio milímetro de grosor, que relumbran a orillas de la ría como la piel escamosa de un pez: evocaciones de una ciudad marinera e industrial que, a finales del siglo XX, apostó por la cultura y, en particular, por la arquitectura-espectáculo para impulsar su renovación. Aunque la imagen más difundida y loada del edificio de Frank O. Gehry es la de su epidermis acerada, su interior a nadie defrauda. Un atrio de 650 metros cuadrados y 50 metros de altura, inundado de luz natural, actúa como monumental distribuidor del espacio expositivo, que consta de 20 galerías repartidas en tres plantas. Las obras que se exhiben en el exterior (como el florido perro Puppy, de Jeff Koons, o la araña gigante Mamá, de Louise Bourgeois) se han convertido en iconos del moderno Bilbao.

En una ciudad industrial que apuesta por la cultura, la epidermis acerada del Guggenheim relumbra a orillas de la ría como la piel escamosa de un pez

11.30 Abandoibarra: arquitectura y diseño

Continuamos ría abajo. Estamos en Abandoibarra, el ombligo del Bilbao más contemporáneo. Al arquitecto argentino César Pelli se debe el proyecto de remodelación de este espacio ribereño, otrora ocupado por ruinas industriales y portuarias y donde hoy se alzan edificios tan vistosos como el centro comercial Zubiarte, de Robert Stern; la biblioteca de la Universidad de Deusto, de Rafael Moneo; o la torre de Iberdrola, del propio Pelli, que es el mayor rascacielos de la ciudad: 165 metros. La pasarela Padre Arrupe (una libélula de acero de 40 metros que conecta Abandoibarra con Deusto) y el paseo de la Memoria, jalonado por esculturas de Dalí, Chillida, Tücker, Lüpertz…, son otras obras impactantes de esta zona que, aparte de sus enormes encantos museísticos y arquitectónicos, nos ofrece la interesante posibilidad de alojarse en tres hoteles de diseño: el Gran Domine, decorado por Mariscal; el Miró Hotel, creación del modisto Toni Miró, y el Meliá Bilbao, un volumen inspirado en Chillida, obra de Ricardo Legorreta.

Tras superar el viejo puente levadizo de Deusto descubrimos el palacio de congresos y de la música Euskalduna. Diseñado por Federico Soriano y Dolores Palacios, semeja un barco en construcción rodeado de andamios, en clara referencia a los viejos Astilleros Euskalduna, cuyo solar ocupa. Hay visitas guiadas gratuitas los sábados a las 12.00. También a los astilleros recuerda Carola, la grúa de 60 metros de altura que se alza delante del Museo Marítimo Ría de Bilbao.

12.30 El jardín y la pinacoteca

A cien metros del Museo Marítimo, al otro lado de la glorieta que hay encima, se descubren los verdores del parque de Doña Casilda, un jardín centenario de 115.200 metros cuadrados que ofrece un vivo contraste con la modernidad de la zona de Abandoibarra. Dedicado a la memoria de Casilda de Iturrizar y Urquijo (1826-1900), viuda caritativa de uno de los fundadores del Banco de Bilbao, el mayor jardín del centro urbano posee un notable catálogo arbóreo, con 486 especies de los cinco continentes y una lista no menos extensa de esculturas.

Al otro extremo del parque está el Museo de Bellas Artes. Más de 6.000 cuadros, esculturas, dibujos y grabados, desde el siglo XII hasta nuestros días, integran los fondos de este museo que ha sido eclipsado por el vecino Guggenheim, a pesar de ser el más importante del país, después del Museo del Prado, en pintura española, flamenca y renacentista italiana.

Primera tarde

Café, pintxos y buena música


14.00 Platos de museo

Se puede comer de lujo sin salir del Museo de Bellas Artes: cocina moderna de autor, con vistas al parque, en el restaurante Arbolagaña, cuyas especialidades son las setas, el foiegras y los pescados. En el cercano Guggenheim, la cocina vanguardista es una obra de arte que, además de verse, se come en el restaurante Nerua. Y en otro edificio emblemático del moderno Bilbao, el Palacio Euskalduna, se encuentra Etxanobe, con propuestas modernas pero sencillas, que permiten distinguir los sabores con nitidez.

 

La Plaza Nueva, sede de mercados y conciertos
La Plaza Nueva, sede de mercados y conciertos.

16.00 Un café centenario

Para tomar el café, cambiamos de zona. Cogemos el tranvía en dirección a Atxuri y nos apeamos nada más cruzar el puente del Arenal en la parada de Arriaga, ya en el casco viejo o, como dicen sin más aquí, el Casco. Ahí mismo, en el número 1 de la calle del Arenal, junto al Teatro Arriaga, lleva cien años el café El Tilo. Los bellos frescos que lo decoran, obra de Juan de Aranoa, estuvieron ocultos hasta que la riada de 1983 se llevó la pintura plástica que los cubría. Otra anécdota para amenizar el café: el Teatro Arriaga, cuya fachada está inspirada en la de la Ópera de París, se inauguró el 31 de mayo de 1890.

Teatro Arriaga
Teatro Arriaga.

17.00 Dos plazas, dos iglesias y siete calles

A pocos pasos del café, por la calle Fueros, se accede a la porticada Plaza Nueva, lugar de mercados (el navideño y el dominical de sellos, monedas, libros, revistas…); escenario de conciertos durante la Aste Nagusia (la Semana Grande, que empieza el sábado siguiente al 15 de agosto y dura ocho días) y, todo el año, edén cuadrangular de los pintxos. Si apetece otro café, ahí está desde 1911 el Bilbao. Saliendo de la plaza por el sur, se llega a la plaza de Miguel de Unamuno, en cuyo número 4 abre el Museo Vasco, dedicado a la etnografía. En esta plaza también se encuentra el arranque de las Calzadas de Mallona, escaleras que conducen hasta la basílica de la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia.

Nuestro paseo sigue, desde la plaza de Miguel de Unamuno, por la calle de la Cruz y por Cinturería, para ir a dar al centro-centro del casco viejo: la plaza de Santiago. Aquí se alza la catedral de Santiago, que es un hermoso templo gótico y lugar de reminiscencias jacobeas. En su gran pórtico se celebraban antiguamente concejos abiertos al público, cuando Bilbao era poco más que las famosas Siete Calles: Somera, Artekale, Tendería, Belostikale, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena (literalmente, “la calle de abajo de la de abajo”).

Por Carnicería Vieja bajamos al mercado de la Ribera, un edificio racionalista construido en 1929 sobre planos de Pedro de Ispizua, que, además de anticipo de las creaciones de Gehry, Foster, Moneo y compañía, está considerado el mercado de abastos más grande de Europa. A su vera están el puente y la iglesia de San Antón, que fueron la imagen de la ciudad hasta que el Guggenheim la sustituyó por otra más moderna.

Mercado de la Ribera
Mercado de la Ribera.

20.30 Pintxos y copas en el casco viejo

Es probable que, curioseando por las calles y cantones del casco viejo, se nos haga la hora de cenar, y mejor que aquí, en ningún lado, porque hay 300 barras para picar. Xukela es de los sitios más renombrados y el pintxo suyo más curioso, el de cresta de gallo. En Gatz hay que probar el bacalao y el steak tartare. Pero la meca del picoteo es Víctor Montes, cuya barra abarrotada de ahumados, ensaladillas, revueltos… es la más deseada de Euskadi.

A esta hora suele haber conciertos u otras actividades culturales en la sala BilboRock, que está cruzando el puente de la Merced, en la antigua iglesia del mismo nombre. En esta otra orilla del viejo Bilbao abundan los locales underground y de ambiente, casi todos abiertos hasta altas horas. Para los que prefieren no moverse del Casco, en Barrenkale y Barrenkale Barrena hay bares y pubs para aburrir. Bueno, para aburrir no, para todo lo contrario.

Segunda mañana

El ensanche está de dulce

10.00 Paseo por la Gran Vía

Concebida como eje central del ensanche decimonónico, cuando Bilbao saltó a la margen izquierda de la ría, la Gran Vía de Don Diego López de Haro se mantiene burguesa y señorial, guardando una imperturbable equidistancia con el casco viejo y la flamante zona de Abandoibarra. Esta mañana vamos a recorrerla entera, un kilómetro y medio, desde la plaza Circular hasta la del Sagrado Corazón. Pero antes, si no hemos desayunado, podemos hacerlo en el cercano, antiguo (1903), espacioso (300 metros cuadrados) y muy originalmente decorado (entre mudéjar y neonazarí) Café Iruña, un lugar por el que han pasado, dejando su rastro de sabiduría, Ortega y Gasset, Unamuno, Maeztu…

El primer tramo de la Gran Vía, entre las plazas Circular y Moyúa, es fundamentalmente comercial y financiero, con edificios tan suntuosos como el Banco de España (número 10), la sede del BBVA (número 12) o el Palacio Foral (número 25). Ojo a la muy moderna Biblioteca Foral, que está detrás. En el 24 de la Gran Vía, se halla la pastelería Arrese, que presume de ser la más antigua, con sus trufas y sus bollos de mantequilla. Para probar el más rico pastel de arroz, la estrella de la repostería bilbaína, habría que ir a Martina Zuricalday.

En la plaza de Federico Moyúa, punto del que irradian todas las calles importantes del ensanche, se alzan el Palacio Chávarri, de exótico aire neoflamenco, y el antiguo y lujoso hotel Carlton, cuyas habitaciones de hasta 250 metros han alojado a Alfonso XIII, Lorca, Manolete, Einstein y Maria Callas, entre otras celebridades. Desde la plaza Moyúa hasta la del Sagrado Corazón, por último, se suceden los edificios burgueses, que son lo más de lo más de la arquitectura residencial bilbaína de principios del XX, como las Casas de Sota o la Casa Lezama-Leguizamón, en el número 58, ya junto al parque de Doña Casilda.

12.00 La Alhóndiga de Bastida y Philippe Starck

A cinco minutos de la plaza Moyúa, subiendo por alameda Recalde, se encuentra La Alhóndiga, un edificio modernista, antiguo almacén de vino, diseñado a principios del siglo XX por Ricardo Bastida, que desde 2010 es un espectacular centro de ocio, deporte y cultura, con interiores de Philippe Starck. Cuenta con uno de los mejores restaurantes de la ciudad, Yandiola.

Segunda tarde

Miradas desde el puente

14.00 Restaurantes, merenderos y parrillas

Para comer, mil posibilidades. Desde las barras de pintxos de la calle Ledesma, a los restaurantes más sólidos del ensanche, como el Zortziko o Guria pasando por otros de reciente implantación, como Zapirain, llegado en 2012 desde Lekeitio con sus increíbles pescados y su fama de 50 años.

Otra opción es subir en funicular al monte Artxanda, donde además de una bonita vista aérea de Bilbao, hay terrazas y merenderos de restaurantes, como el Txakoli Simón, paraíso del chuletón a la brasa.

16.00 El Puente Colgante

Si vamos a Santurtzi, a la vuelta, parada de rigor en Portugalete para visitar el Puente Bizkaia o, como lo conoce todo el mundo, el Puente Colgante. El primer puente transbordador del mundo, concebido por el ingeniero Alberto de Palacio con el propósito de salvar los 160 metros que mide aquí de ancho la ría sin entorpecer el tráfico naval, comunica desde 1893 Portugalete y Getxo, la orilla obrera y la orilla aristocrática.

18.00 Despedida en Getxo

Cruzando la ría por el Puente Colgante, se accede a la margen derecha, que está salpicada de hermosas casas de finales del siglo XIX y principios del XX, la época de mayor esplendor de Getxo. El Paseo de las Grandes Villas de Getxo es un itinerario autoguiado que recorre 20 de estas mansiones; las más curiosas, las que diseñó Manuel María Smith, de estilo Old English y Reina Ana. Otro paseo apetecible es el que discurre por los acantilados de la Galea, ofreciendo panorámicas y aires yodados que sorprenden por su cercanía a Bilbao. Se puede empezar a caminar en el molino de Aixerrota (1726), uno de los últimos de viento que funcionó en Bizkaia, hoy sala de exposiciones del restaurante Cubita. Enseguida se pasa junto a las ruinas del fuerte de la Galea o del Príncipe, de 1740. Y a la media hora se llega al faro de la Galea, un buen lugar para acabar el viaje, viendo cómo el sol se hunde y se apaga en el Cantábrico.

 

 


Fecha de actualización: 3 de noviembre de 2016

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