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Burgos

Burgos, una puerta abierta a la historia

Visitar la catedral y la tumba del Cid antes de comer unas morcillas y un lechazo asado está muy bien. Esto es lo que se ha hecho en Burgos desde que se inventó el turismo. Pero tampoco están mal, para variar, los museos de nuevo cuño que han surgido últimamente, como el Centro de Arte Contemporáneo de Caja Burgos. O como el de la Evolución Humana, que expone los cráneos y las hachas paleolíticas de Atapuerca en un edificio rebosante de luz y modernidad. También hay nuevos gastro¬bares y tabernas urbanas, donde se le da una vuelta creativa y alegre a la cocina castellana. Todo esto es sumar, mejorar, adaptarse, evolucionar.


Primera mañana

Pasando por el arco

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 Puerta abierta a la Edad Media 

Para viajar al pasado no hacen falta máquinas de ciencia-ficción, sólo cruzar el arco de Santa María; , que es una de las doce puertas que daban acceso a Burgos en la Edad Media. Allí nos reciben, esculpidos en la cara exterior, la que da al río Arlanzón, personajes con tanta fuerza histórica como Fernán González, que fue conde de Burgos y el primero de Castilla, o como el Cid, que por aquí entró y salió unas cuantas veces. Dentro del arco, que es enorme, se halla la Sala de Poridad, un salón de forma octogonal con un bellísimo artesonado mudéjar, donde celebró sus reuniones el concejo de Burgos hasta 1780. Pero para ver este último, si tenemos interés, deberemos volver más tarde, porque el monumento no lo abren hasta las 11.00.

Nada más cruzar el arco se comprueba que, en efecto, es una puerta abierta a la Edad Media, porque allí, al otro lado de la plaza del Rey San Fernando se alza, afilada y radiante, una de las más altas cumbres del arte gótico, la catedral de Burgos, cuya primera piedra se puso en 1221. Antes de entrar, merece la pena dedicar un rato largo a admirar sus proporciones, las torres, las agujas, los pórticos… En el interior, destaca la capilla de los Condestables de Castilla, una maravilla del gótico isabelino que aloja el monumento funerario de Pedro Fernández de Ve¬lasco y su esposa. También hay que detenerse en la tumba del burgalés más famoso de la historia: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Dejaremos para el final un tranquilo paseo por el claustro, uno de los más bellos de su estilo en España.

Catedral de Burgos
Catedral de Burgos. / Imagen cedida por: Turismo de Burgos

12.00 Retablos y arte contemporáneo

A la salida de la catedral, podemos asomarnos a la iglesia de San Nicolás, que está al lado, en la calle de Fernán González, y tiene un retablo renacentista hecho en piedra, el único de este material que hay en Castilla y León. Esta calle era la principal arteria de la ciudad en la Edad Media; por ella pasaba (y pasa) el Camino de Santiago.

También podemos acercarnos, avanzando dos minutos por la calle de Santa Águeda, a la iglesia del mismo nombre, que es la Santa Gadea, donde el Cid hizo jurar a Alfonso IV que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano, Sancho II. Y, si es verano, podemos subir por la calle Pozo Seco a la iglesia de San Esteban, un templo gótico sin culto que abre sus puertas en julio y agosto para mostrar, como Museo del Retablo, 18 piezas excelentes, que van del siglo XV al XVIII.

El que abre todo el año es el CAB, Centro de Arte Caja de Burgos, que queda justo detrás de la iglesia de San Esteban, en la calle de Saldaña: un edificio rompedor que acoge exposiciones del arte más actual y cuya terraza brinda una perspectiva excepcional del casco histórico.

Primera tarde

Un saludo al Cid Campeador

14.00 Mesa con vistas a la catedral 

El Mesón del Cid ocupa una casa-palacio del siglo XV frente a la catedral y, además de unas vistas difí-cilmente mejorables, ofrece auténtica cocina castellana: morcilla, alubias rojas de Ibeas, cordero lechal asado… Reseñar, como curiosidad histórica, que en esta casa estuvo la imprenta de Fadrique de Basilea, discípulo de Gutenberg, donde se imprimió la primera edición de La Celestina, en 1499. En la misma plaza se halla el asador Puerta Real , de cocina tradicional evolucionada y con una ambientación muy cuidada y elegante.

Si queremos algo más original, también pegado a la catedral (justo detrás) está el Restaurante El 24 de la Paloma, donde la morcilla se sirve en forma de crujiente y la sopa castellana, deconstruida. Y si nos apetece una comida informal, más de picoteo, iremos a la taberna urbana La Favorita, para disfrutar de su amplia bodega, sus pinchos y bocadillos creativos y sus chacinas ibéricas de primera.

16.00 De plaza en plaza

Después de comer, vamos dando un paseo a la Plaza Mayor (a dos minutos de la catedral, por la calles de la Paloma y Cardenal Segura), antiguo lugar de mercados, con soportales en todo su contorno. Sobre la puerta de Carretas se levantó a finales del siglo XVIII el Ayuntamiento.

Por la calle Entremercados, de nombre bien expresivo, pasamos a la vecina plaza de Santo Domingo de Guzmán. Y de ésta, cruzando la calle de Santander, a la plaza de la Libertad, donde se alza el palacio de los Condestables de Castilla, popularmente conocido como casa del Cordón, por el cíngulo franciscano que hay esculpido en la portada. Los Reyes Católicos recibieron aquí a Colón cuando regresó de su segundo viaje a América, en 1497. En la actualidad es Cultural Cordón, un centro que organiza importantes exposiciones y conciertos, a menudo en el magnífico patio renacentista que amplifica la magia de la música.

17.00 Paseo del Espolón: el salón de la ciudad 

Continuamos nuestro paseo en dirección al río Arlanzón, a 200 metros, no sin antes detenernos ante el monumento al Cid, estatua ecuestre de bronce, obra de Juan Cristóbal González Quesada, que es, después de la catedral, lo más fotografiado de Burgos.

A la diestra del Campeador, si miramos hacia el río, comienza el paseo del Espolón, lugar de encuentro y recreo de los burgaleses. Este auténtico espejo social de la ciudad acoge edificios que han sido testigos de su historia, como la remozada sede de la Diputación Provincial, la casa del Consulado del Mar, de estilo neoclásico, que hoy es sala de exposiciones; o el Teatro Principal, un elegante edificio de mediados del siglo XIX.  El Templete de Música es en realidad una reproducción del original, diseñado en 1897. Está, como todo el paseo, asombrado por las acacias, los castaños de indias, los álamos y los plátanos.

17.30 Historia y arte de Burgos 

Al llegar al arco de Santa María, donde arrancamos esta mañana, cruzamos el río por el puente del mismo nombre y enseguida encontramos el inicio de la calle Miranda, a mano izquierda. Aquí se sitúa el Museo de Burgos, que ocupa dos edificios contiguos del siglo XVI: la casa de Miranda y la casa de Íñigo Angulo. La fachada principal de la primera da a la calle paralela de Calera y luce una hermosa portada plateresca. El museo acoge una rica y extensa colección de arqueología y bellas artes, de profundas raíces burgalesas.

19.30 Ruta de la Luz

Al caer el sol, se pone en marcha la llamada Ruta de la Luz, formada por 30 monu-mentos y rincones que adquieren otra dimensión cuando se iluminan. El recorrido, de casi seis kilómetros, se puede hacer a pie, pero es mejor en el tren turístico Chuchutrén: es más cómodo y más rápido (60 minutos) y, además, es todo ventanilla. Sale de la plaza del Rey San Fernando, al pie de la catedral, entre las 19.15 y las 22.30, dependiendo de la época del año.

Al caer el sol, se pone en marcha la llamada Ruta de la Luz, formada por 30 monu­mentos y rincones que adquieren otra dimensión cuando se iluminan

21.00 Cena, postre y copa

Después de hacer el recorrido, regresamos a la orilla sur del Arlanzón por el puente de Santa María, doblamos a la derecha y llegamos al hotel NH Palacio de la Merced. Ocupa un monasterio del siglo XVI con claustro gótico y vistas inmejorables a la catedral. En su restaurante El Rincón de la Merced podemos disfrutar de platos elaborados con productos locales de temporada.

Postre y copa se pueden tomar en el Vará Café, muy cerca de la Plaza Mayor. Aquí han descubierto que las tartas de la merienda y los gin tonics de la noche maridan bien a cualquier hora. Tampoco hay que andar mucho para hacer la ruta de la Puebla (250 metros desde la Plaza Mayor), con paradas obligadas en Larekabala y La Chica de Ayer . En verano, la terraza que más apetece es la de El Vagón del Castillo. El viejo vagón de tren se fue hace mucho, pero el castillo de Burgos y sus vistas siguen ahí.

Primera mañana

Historia de punta a punta

10.00 Monumentales Huelgas

Vista de noche
Vista de noche. / Imagen cedida por: Turismo de Burgos

Vamos a conocer uno de los grandes monumentos de Castilla: el Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas. Desde el arco de Santa María, es un trayecto de 20 minutos a pie por las avenidas de Palencia y del Monasterio de las Huelgas. Pero, teniendo en cuenta las otras visitas que vamos a hacer después, es aconsejable coger el coche. El monasterio de las Huelgas fue fundado en 1187 por Alfonso VIII y su esposa, Leonor de Plantagenet, con el deseo de convertirlo en panteón de los reyes castellanos. Su rica arquitectura destaca por la simbiosis de arte cristiano y musulmán. Además, su Museo de Ricas Telas atesora una magnífica colección de tapices y ropajes de la monarquía medieval. El monasterio dispone de hospedería, en la que solo se cobra una aportación económica libre. La única condición es respetar el silencio y la discreción que rige la vida de las monjas cistercienses.

Después, si vamos bien de tiempo, podemos acercarnos al antiguo Hospital del Rey, que está a un kilómetro largo. Era lugar de acogida de peregri-nos jacobeos. Ahora, totalmente reformado, forma parte de la Universidad de Burgos, pero sigue conservando la espléndida entrada al patio de Romeros.

12.00 Tumbas de reyes, héroes y caballos

Hay que ir a la otra punta de la ciudad, hasta el parque de Fuentes Blancas (a tres kilómetros del centro), para descubrir sobre una loma la magnífica Cartuja de Miraflores. Fue fundada por Juan II en 1442, haciendo donación a los cartujos de un pabellón de caza que aquí tenía. Alberga un gran conjunto funerario (el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, y el del infante Alfonso de Castilla, ambos de alabastro, obra de Gil de Siloé) y un soberbio retablo, joya del arte tardogótico. Una veintena de cartujos vive, ora y duerme en ella.

Continuando por la misma carretera, llegamos al monasterio de San Pedro de Cardeña. Su origen se remonta al siglo IX y, según el Cantar de Mio Cid, el Campeador dejó en él a su mujer y a sus hijas cuando marchó al destierro. El Cid y Doña Jimena estuvieron aquí enterrados hasta 1921, año en que sus restos fueron trasladados a la catedral de Burgos. El caballo Babieca sigue descansando (o eso le gusta pensar a la gente) bajo un monolito que hay cerca de la entrada.

Segunda tarde

Encuentro con nuestros antepasados

14.30 Cordero asado o tapas innovadoras 

El cordero lechal asado en horno de leña de Casa Ojeda tiene fama de ser el mejor de todo Burgos. A dos pasos, en la plaza de la Libertad, tenemos otro clásico de la restauración burgalesa: Polvorilla. Dos opciones menos céntricas, pero igualmente válidas, son Casa Avelino y Blue Gallery. La primera es una casa de comidas de toda la vida, famosa por sus guisos. El segundo, un gastrobar donde se ofrece la cocina más innovadora de la ciudad, fusionando lo castellano con lo oriental, lo francés o lo peruano. Se puede comer un menú de degustación o tapear en barra. Aunque, para picotear, el lugar número uno, bueno y barato, es la cervecería El Morito. Su único defecto es que está siempre lleno. Sombrerería, San Lorenzo y Avellanos son las calles donde más se tapea. 

16.30 En busca de nuestros orígenes

Si nos parece que hemos comido mucho y variado, eso no es nada comparado con lo que zampaba nuestro tatarabuelo, el Homo antecessor, que, además de consumir gran cantidad de vegetales, cazaba y devoraba ciervos, carneros y caballos, carroñeaba rinocerontes y mamuts y encima practicaba el canibalismo.

El padre de todos los homínidos europeos, que anduvo por estas tierras hace 850.000 años, es la estrella del Museo de la Evolución Humana. Inaugurado en 2010, el museo es una caja de luz transparente, obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, donde se ofrece una visión panorámica de la presencia del hombre en la Tierra, poniendo el énfasis en los hallazgos efectuados en los yacimientos de Atapuerca, a 24 kilómetros de Burgos, los más importantes del mundo en volumen, calidad y variedad de fósiles humanos.

Si además del museo, se desea ver los Yacimientos y Parque Arqueológico de Atapuerca, es mejor programar la visita por la mañana y reservar buena parte de la jornada, pues la hora de regreso a Burgos oscila entre las 13.30 y las 17.30, dependiendo del día y de la época. También hay que tener en cuenta que el museo cierra lunes y domingos por la tarde.

Fórum Evolución Homana
Fórum Evolución Homana. / Imagen cedida por: Turismo de Burgos

19.30 Compras gastronómicas

Al salir del museo, podemos consultar la programación del vecino Fórum Evolución, por si nos apetece asistir esta noche a una ópera o un concierto en su audito¬rio, inaugurado en 2012. Otra posibilidad, dadas las horas que son, es ir a merendar a Juarreño, un obrador de alta pastelería donde hacen dulces tan curiosos como los Bifaces de la Sierra, unos bombones inspirados en las hachas de mano halladas en Atapuerca. Y, ya que estamos metidos en harina gastronómica, podemos comprar algunos productos típicos para llevar a casa: morcilla y vinos de Ribera del Duero en La Vieja Castilla, o alubias rojas de Ibeas y queso mantecoso de Burgos en Delicatessen Ojeda, o cecina de novillo en la charcutería El Pilar, a pocos metros de la catedral.


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Fecha de actualización: 7 de noviembre de 2016

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