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Cartagena

Cartagena, 3.000 años en dos días

Para visitar bien Cartagena se necesitarían, no 48 horas, sino 3.000, tantas como años tiene la que fue Cartago Spartaria bizantina, Carthago Nova romana, Qart Hadasht cartaginesa y Mastia ibérica o tartésica. Lo mejor es recorrerla siguiendo un orden cronológico, empezando por la arqueología y acabando con la arquitectura más moderna.


Primera mañana

Despidiendo a Aníbal

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00  Itinerario arqueológico

El Museo Arqueológico Municipal es el gran almacén de la historia cartagenera, que arrancó oficialmente el año 227 antes de Cristo, cuando el general cartaginés Asdrúbal el Bello fundó la ciudad junto a una población indígena preexistente, quizá la Mastia de la que hablaba Avieno en su Oda marítima. De aquí salió Aníbal con sus elefantes a conquistar Italia en 218 antes de Cristo y aquí entró Escipión triunfante nueve años más tarde. Ninguna otra ciudad de Hispania, salvo Tarragona y Córdoba, le harían sombra en los siglos sucesivos.

El museo se sitúa sobre una necrópolis tardorromana, de finales del siglo IV. Además del propio cementerio, merece especial atención la colección de epigrafía funeraria, una de las mejores de España. También tienen mucha miga la sección de minería romana, con una variada tipología de productos, herramientas y utensilios de la época, y la de producciones cerámicas, que da testimonio del intenso tráfico comercial que tuvo el puerto a partir del siglo II antes de Cristo.

Los restos de la cerca pétrea (unos 30 metros de ella) que defendía la ciudad cartaginesa pueden contemplarse en el Centro de Interpretación de la Muralla Púnica, dentro de un edificio de cristal y hormigón de líneas sugerentes diseñado por los arquitectos Alberto Ibero y José Manuel Chacón. Y los vestigios más llamativos de Carthago Nova, en el Museo del Teatro Romano.

El gran edificio de espectáculos, capaz de albergar a 6.000 personas, comenzó a construirse a finales del siglo I antes de Cristo y fue financiado, según todos los indicios, por personas muy allegadas a la familia imperial. Formando un conjunto único con el teatro, se encuentran los restos de la catedral antigua de Santa María de Gracia. Este fantástico puzle museístico y arqueológico, ordenado y embellecido por Rafael Moneo, se ha convertido desde su inauguración en 2008 en el monumento más visitado de la región.

Con la renovación urbana de la ciudad romana en el siglo I antes de Cristo, se levantaron entre el puerto y el foro varias manzanas, siendo ocupada una de ellas por un edificio destinado a la celebración de banquetes religiosos y por un complejo termal con una plaza porticada. Todo esto se enseña desde 2012 en el Barrio del Foro Romano, en la plaza de los Tres Reyes. Se trata de un proyecto de excavación, conservación y puesta en valor del sector meridional del parque arqueológico, que comprende el área existente entre el edificio del atrio y el foro colonial.

Otros vestigios relevantes de la ciudad romana, que merece la pena visitar, son la Casa de la Fortuna, una vivienda de una familia acomodada de la época que toma su nombre de la inscripción “fortuna propitia” (buena suerte) hallada en uno de sus pavimentos, y el Augusteum, edificio de carácter religioso donde se reunían los sacerdotes encargados del culto al emperador Octavio Augusto, que era dios.

El repaso a las antigüedades de la ciudad estaría incompleto si no se subiera al Castillo de la Concepción. La torre del homenaje y las estancias construidas entre finales del siglo XVII y principios del XVIII acogen el Centro de Interpretación de la Historia de Cartagena, obra también de los arquitectos Ibero y Chacón, donde además de las glorias cartaginesas y romanas, se explican al visitante la Cartagena medieval, la ciudad militar del siglo XVIII y la modernista de principios del XX. El castillo se halla sobre la más alta de las cinco colinas reseñadas por el griego Polibio; por lo que es el punto más elevado del casco antiguo y un balcón como no hay otro en toda la ciudad.

12.30  Vino, salazones y artesanía

Después de tanta historia, apetece ir de compras, que no hay que pensar. Se pueden adquirir vinos del Campo de Cartagena en la tienda delicatessen Micuit Gourmet. Salazones (mojama, bonito seco, hueva de mújol…), en el tradicional mercado de Santa Florentina. Y creaciones artesanales, en el Centro para la Artesanía, que se encuentra en la trasera de la Casa Molina, un edificio de finales del siglo XVIII en el que resalta por su belleza la combinación de la piedra, el ladrillo y la rejería.

Primer tarde

Un paseo frente a la costa

14.00  Pescado frito y café asiático

A la hora de comer tampoco hay que darle muchas vueltas: solo seguir el olorcillo que emana de las cuatro freidurías que abren a la vera del puerto: Techos Bajos, La Casa del Pescador, Varadero y la del Club Náutico Santa Lucía. Además de pescados recién salidos del mar (rape, corvina, gallo pedro, gallineta y pollo de mar…) y mariscos, se puede y se debe probar el típico arroz caldero. También es típico el café asiático, que se sirve en una copa especial, realizada en cristal más grueso para resistir el colapso térmico. Es un café con leche condensada, coñac caliente, Licor 43, canela, unos granos de café y corteza de limón. Un café-bombón-carajillo, podría decirse.

15.30  Paseo (o siesta) en barco

Con la panza llena y la mente adormecida por los vaporcillos etílicos del café, lo mejor es olvidarse de caminatas históricas y dejarse llevar y mecer por el barco turístico que recorre la dársena natural de la ciudad, ofreciendo sin ningún esfuerzo a los navegantes una visión completa de la actividad portuaria y del sistema de fortificaciones de la bahía. Si se desea y los horarios cuadran, se puede parar para visitar el Fuerte de Navidad, una batería costera construida en la década de 1860 para defender el interior del puerto, la ciudad y, sobre todo, el Arsenal, del ataque de una flota enemiga. Actualmente es el Centro de Interpretación de la Arquitectura Defensiva. 

17.00  El frente marítimo

Sin duda lo más vistoso, donde Cartagena ha echado el resto últimamente, es el paseo marítimo. Hace algunos años era poco más que un aparcamiento. Los coches han sido expulsados y se ha acondicionado todo el frente marino, teniendo como fondo la muralla de Carlos III (pieza fundamental del plan de defensa del Arsenal y de la plaza militar de Cartagena, construida por orden de este monarca) y sus jardines.


No solo es una buena zona para pasear, sino también para seguir aprendiendo la historia de la ciudad, que además de larga, es profunda, pues muchos de sus testimonios proceden del fondo del mar. Nos referimos a las piezas que se exhiben en el ARQVA o Museo Nacional de Arqueología Subacuática, que abre aquí sus puertas desde 2008 y reúne objetos procedentes de excavaciones arqueológicas subacuáticas que abarcan un arco cronológico de más de 2.500 años, del siglo VII antes de Cristo al XIX de nuestra era.

El edificio fue concebido por Guillermo Vázquez Consuegra como una especie de acuario sumergido, para no quitar vista al friso urbano: toda la atmósfera marina de la ciudad parece concentrarse aquí. En su interior refulge el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, compuesto por más de 650.000 monedas de oro y plata.

El paseo marítimo es buena zona para descubrir la historia de la ciudad, que es larga y profunda: muchos de sus testimonios proceden del mar


En el otro extremo, junto al Arsenal, se levanta el que hasta 1999 fue Centro de Instrucción de Marinería y antiguamente prisión militar, un edificio del siglo XVIII donde hoy conviven la Universidad Politécnica y el Museo Naval. Entre las áreas temáticas del museo destacan las dedicadas a Isaac Peral y los submarinos.

El original del torpedero sumergible diseñado en 1884 por el científico, marino y militar cartagenero, ha sido restaurado en 2013, con motivo del 125º aniversario de su botadura, que se efectuó en Cádiz en 1888. Antes de que se decidiera su traslado al museo, el submarino había permanecido largos años a la intemperie en el paseo marítimo, expuesto a la lluvia, el salitre y el agua de las fuentes que lo rodeaban, y había sido pintado y repintado en más de 20 ocasiones.

Todos los martes y jueves, el Museo Naval organiza visitas guiadas, con cita previa, para enseñar los trabajos de recuperación del submarino, en los que participa un equipo de ocho personas que pretenden tenerlo listo para su inauguración el 8 de septiembre.

20.30  Una tapa marinera y otra hortelana

Más de 75 bares y restaurantes participan en la Ruta de la Tapa de Cartagena, que se celebra todos los años a finales de invierno y es señal de lo mucho que se estila aquí comer y cenar picoteando ricos platillos. La zona más interesante para ello es el eje peatonal formado por las calles Mayor, Puertas de Murcia y Carmen.

La tapa más típica, la que llaman marinera es una rosquilla alargada con un montoncito de ensaladilla y una anchoa encima. El marinero es lo mismo, pero con boquerón en vinagre en lugar de anchoa. Otro plato tradicional que suele alegrar las barras cartageneras son los michirones, un guiso elaborado con habas secas, huesos de jamón, tocino magroso, chorizo, patatas y cayena.

Barras como la de Bodega Nicolás, un local centenario que destaca por la tortilla de guisantes y la sangre frita. El Rincón de Miguel es famoso por sus montados: el llamado Reglamento, de lomo; el Fronterizo, de lomo y chorizo; el Malasombra, de hueva y jamón; el Campero, de lomo y jamón, y el Cantonal, de jamón y queso roquefort. Si nos pirran los huevos, nuestro sitio es Manda Huevos Si nos gustan los callos y el Real Madrid, Casa Pepe. Si preferimos las tapas de diseño, ARQVA, la cafetería-restaurante del museo homónimo. 

Y si pensamos que la mayoría siempre tiene razón, iremos a Tapería Ego’sD’Almansa y La Catedral, que son los establecimientos que ganaron, por votación popular, la ruta de la tapa de 2013. Especialmente recomendable La Catedral: paredes de sillería, columnas romanas y un aljibe del siglo XVIII son algunas de las joyas que esconde el lugar, desde cuyo interior se ve el Teatro Romano. Además tiene una agradable terraza para tomar copas.

23.00 Otra copa y a la cama

Hablando de copas, la zona de ellas se sitúa en la encrucijada de las calles Príncipe de Asturias y Jiménez de la Espada. Locales como Delante o Quasar Elite son como imanes para la gente más joven. La que ya no lo es tanto, después de un día tan agotador, opta prudentemente por irse a descansar. Para ello, hay tres buenas alternativas, en la ciudad y en sus alrededores. Junto al Arsenal, con vistas al mar, se encuentra el Hotel NH Cartagena. En Mar de Cristal Resort, a orillas del Mar Menor, se halla El Secreto del Agua, que ofrece habitaciones dobles y lofts muy modernos, blancos y diáfanos. Y en Los Belones, para los amantes del golf, está La Manga Club, donde se puede elegir entre el hotel de cinco estrellas Príncipe Felipe y las habitaciones y apartamentos de Las Lomas Village, un resort estilo pueblo andaluz.

Segunda mañana

De palacio en palacio

09.00  La ciudad modernista

Otra de las rutas posibles y apetecibles es la de la Cartagena modernista, que también tiene una historia interesante detrás. Hubo un tiempo, allá cuando la Primera República, en que el cantón de Cartagena se erigió en nación soberana, acuñó moneda e incluso solicitó a Estados Unidos su ingreso en la Unión; un episodio que duró seis meses (1873-1874) y fue novelado por Galdós en De Cartago a Sagunto y por Ramón J. Sender en Mr. Witt en el cantón.

Las bombas que pusieron fin a la aventura cantonal destruyeron tres cuartas partes del tejido urbano, pero, por fortuna, el auge de las minas de La Unión en los años siguientes empujó a la burguesía local a llenar los huecos con espléndidos palacetes. El arquitecto del momento fue Víctor Beltrí, quien firmó la Casa Cervantes (1900), la Casa Zapata (1906), la Casa Dorda (1908), el Gran Hotel (con Tomás Rico, 1916) y, sobre todo, el preciosista Palacio Aguirre (1901). A este se le acopló en 2008 una estructura nueva, obra del arquitecto Martín Lejárraga, para albergar sin estrecheces el MURAM, el Museo Regional de Arte Moderno.

10.30  Arquitectura contemporánea

Para acceder al Castillo de la Concepción, que ya visitamos ayer, existe un espectacular ascensor-pasarela, ideado por Andrés Cánovas, Atxu Amann, Nicolás Maruri y Martín Lejárraga, que salva el desnivel de 45 metros existente desde la calle Gisbert. Este ascensor es ya todo un icono de la arquitectura española actual.

Se trata de un cilindro metálico exento, que va acompañado de unos módulos de hormigón. En ellos se alojan diversas oficinas y la entrada al Refugio-Museo de la Guerra Civil, donde se pueden ver las galerías que fueron excavadas en el interior del cerro de la Concepción para cobijar a la población durante los bombardeos. En este espacio, los visitantes reviven la devastación de los ataques aéreos sobre Cartagena, ciudad que fue uno de los objetivos preferentes de la aviación franquista, al ser la base de gran parte de la flota republicana.

Las diversas fuentes son muy dispares en cuanto al número de ataques que soportó la ciudad: entre 40 y 117 bombardeos. Entre ellos, destaca el llamado Bombardeo de las Cuatro Horas, efectuado por la Legión Cóndor alemana la tarde del 25 de noviembre de 1936, con el objetivo de golpear la retaguardia republicana y desmoralizar a la población. Sus efectos fueron tan graves, que muchos cartageneros abandonaron la ciudad.

Otra obra contemporánea impactante es el auditorio y palacio de congresos El Batel, que aparece apostado junto al cantil del muelle como una pieza más del paisaje portuario de contenedores comerciales. Es un diseño de los arquitectos madrileños José Selgas y Lucía Cano y fue inaugurado a finales de 2011.

12.00  Bajar a la mina y subirse al carro

Un pedazo importante de la historia cartagenera que nos queda por conocer es el de las minas (principalmente, de plomo y zinc) que dieron vida a la comarca durante el último tercio del siglo XIX y buena parte del XX. Las riquezas y miserias de aquellas explotaciones se explican muy bien en el Centro de Interpretación de la Mina Las Matildes, donde, además de lo que habitualmente se ofrece en este tipo de centros, existe un servicio de turismo ecológico y cultural, con una amplia oferta de itinerarios y visitas guiadas, en coche o a pie, que permiten descubrir paisajes sorprendentes, terreras de colores imposibles, grandes cortas mineras y múltiples elementos de arqueología industrial: castilletes, chimeneas, hornos, lavaderos… Está en Beal, a 16 kilómetros al este de Cartagena.

Muy cerca de allí, a solo tres kilómetros, se encuentra El Algar, donde abre sus puertas el Museo de Carruajes Zamar. El museo muestra la evolución histórica de este medio de transporte, con piezas que abarcan desde el siglo XVII hasta nuestros días: coches urbanos, carruajes de paseo y viaje, deportivos y de caza, carros de campo y trabajo, así como distintos modelos de guarniciones (calesera, inglesa y húngara). También alberga una de las colecciones de motos más grandes de España. Tanto para visitar la mina de Beal como el museo de El Algar se recomienda llamar antes, pues no tienen horarios muy convencionales.

Segunda tarde

El menor de los mares

14.30 Apuestas seguras para comer

Además de La Catedral, restaurante del que todo el mundo habla maravillas (por algo será), una apuesta segura es La Marquesita. En este establecimiento de cocina casera, regentado por madre e hija, la especialidad, como la de todos los restaurantes de la comarca, es el caldero del Mar Menor, pero también se pueden probar, para variar, el rabo de buey, el bacalao con cebolla y piñones o unos simples huevos estrellados con jamón ibérico.

Otro lugar de confianza es El Barrio de San Roque, un almacén de finales del siglo XIX, gratamente rehabilitado y decorado, donde se borda el arroz cartagenero. Y otro, Los Churrascos, una casa con más de 35 años de experiencia y extensa carta de arroces, guisos tradicionales, carnes a la parrilla, bacalaos y pescados fritos, a la plancha, a la sal, al ajo pescador y a la murciana. Se halla en El Algar: así que si hemos ido antes a visitar el Museo de Carruajes Zamar, que está en la misma localidad, nos viene perfecto. 

17.30 Encajes de bolillos  

A 12 kilómetros al norte de Cartagena, se halla La Palma, población que fue fundada hace poco más de 500 años por los pastores de la Mesta, quienes paraban aquí a descansar con sus rebaños al arrimo de un pilón y una palmera, la que dio nombre al lugar. La Palma ha mantenido vivo un rico folclore, del que es buena muestra el Museo del Bolillo, donde las encajeras de la localidad han reunido tapetes, puntillas, toallas, cojines y otras piezas realizadas con bolillo al modo tradicional.

19.00 - Cabo de Palos y el Mar Menor

Si La Palma tomó su nombre de una palmera, Cabo de Palos (a 29 kilómetros al este de Cartagena), lo hizo de una charca (palus, en latín), pero no de una charquita cualquiera, sino del Mar Menor, que está al lado y es la mayor laguna costera salina del Mediterráneo occidental, con unos 135 kilómetros cuadrados de superficie. Junto a la iglesia se encuentra el Centro de Documentación y Exposición de Cabo de Palos, donde se cuenta la historia de los grandes naufragios que ha habido en esta esquina de Murcia: el más trágico y sonado, el del transatlántico italiano Sirio, que se fue a pique el 4 de agosto de 1906 llevándose con él a cerca de 250 pasajeros (emigrantes a América, la mayoría), después de que el capitán y los oficiales se pusieran a salvo, ellos los primeros. 

También se puede ver cómo se formó la Manga del Mar Menor y un acuario donde se está recuperando el caballito del mar, que corre peligro de desaparecer de sus aguas. Luego, lo cómodo es quedarse a cenar en El Mosqui: arroz al caldero, dorada a la sal, pez de San Pedro frito con ajetes... La Tana y Miramar son otras buenas opciones en el mismo puerto.

22.00 Fiesta todo el año

De aburrimiento no se muere nadie en Cartagena, con la cantidad de fiestas y festivales que se celebran: el Carnaval, declarado de Interés Turístico Regional; la Semana Santa, de Interés Turístico Internacional; la Noche de los Museos en mayo; el Festival de la Guitarra a finales de junio; el de Folclore de La Palma, en julio; el Festival Internacional de Poesía Oral Improvisada Trovalia, en agosto; el de Habaneras de Cabo de Palos, también en agosto; el de Jazz en noviembre; el de Cine, en diciembre…

Dos eventos suscitan más interés que ningún otro dentro y fuera de Cartagena: el Festival La Mar de Músicas, que viene celebrándose desde 1995, cada año dedicado a un país distinto, y que reúne la segunda quincena de julio a artistas y bandas nacionales e internacionales en ocho escenarios de la ciudad; y las Fiestas de Carthagineses y Romanos, que tienen lugar la segunda quincena de septiembre, cuando 4.500 personas se visten de una u otra cosa y reviven los episodios más famosos de la Segunda Guerra Púnica (la de Aníbal cruzando los Alpes en elefante) como si de verdad les fuera la vida en ello.


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Fecha de actualización: 8 de noviembre de 2016

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