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Cuenca

Cuenca, desafío al espacio y al tiempo

Cuenca desafía la ley de la gravedad al asomarse con sus Casas Colgadas a las hoces del Júcar y del Huécar, que abrazan la ciudad antigua como los fosos abismales de un castillo de cuento. Tampoco rigen en ella las leyes del espacio y del tiempo, y por eso al abrir la puerta de un convento o de un palacio medieval nos podemos encontrar una estación espacial o una deslumbrante sala blanca con cuadros de Tàpies y Saura. ¿Y no va también contra las leyes de la física el que los viajeros no se cansen nunca de subir y bajar por sus endiabladas cuestas? No, para esto hay fácil explicación, y es que el morteruelo proporciona energía de sobra…


Primera mañana

Mucho por encontrar

10.00 Un corazón trapezoidal

La Plaza Mayor, con su peculiar forma de trapecio, es el corazón de Cuenca, su kilómetro cero y el de nuestro recorrido de hoy. En el lado sur, vemos la fachada barroca del Ayuntamiento, que se levanta sobre tres arcos de medio punto, de modo que cierra la plaza visualmente, pero sin estorbar el paso. Y en el lado este, la Catedral, que comenzó a construirse sobre la antigua mezquita a finales del siglo XII, en estilo gótico normando. Algo tuvo que ver en esto Leonor de Inglaterra, la esposa de Alfonso VIII: con ella habían venido a Castilla caballeros, artesanos y clérigos normandos, que marcaban tendencia. Dentro, llaman la atención las bóvedas de crucería sexpartitas; la capilla de los Apóstoles, con su pórtico plate¬resco; la Capilla Mayor; el arco de Jamete, con un rosetón que le da una luz especial, y la capilla de los Caballeros. Tampoco nos pasan inadvertidos los dos órganos del siglo XVIII, que funcionan perfectamente, ni el efecto que producen los rayos de sol al atravesar las vidrieras. La visita, que se hace con audioguía, incluye el tesoro catedralicio. También hay una entrada conjunta que da acceso a la catedral y al vecino Museo Diocesano.

Catedral
Catedral. / Imagen cedida por: Turismo de Cuenca

11.30 Arte encontrado en la basura

Otro edificio que da a la Plaza Mayor, la llamada casa Gris, alberga desde 2013 el curiosísimo Museo del Objeto Encontrado, donde se exponen latas, piedras, troncos y todo tipo de desechos y elementos de la naturaleza que el coleccionista, editor y artista Antonio Pérez ha recogido durante más de 50 años y que, por su elección, han sido elevados a la categoría de arte. Unos recuerdan a famosas obras artísticas; otros, a rostros humanos. Solo hay un museo igual en el mundo: el Musée de l’Objet de Blois, en Francia.

12.30 Casas Colgadas: abstracción y paisaje

A dos minutos de la Plaza Mayor, bajando por Obispo Valero y Canónigos, se hallan las famosas Casas Colgadas, que se asoman vertiginosamente a la hoz del Huécar desde el siglo XIV, aunque su origen quizá sea muy anterior. Albergan el Museo de Arte Abstracto Español, que exhibe más de un centenar de pinturas y esculturas de Chillida, Tàpies, Oteiza, Saura, Zóbel, Torner, Rueda, Canogar, Chirino, Feito, Millares, Sempere…, las cuales compiten en interés con lo que se ve a través de las ventanas de las salas.

Primera tarde

Por el puente hacia lo nuevo

14.00 Comida con vistas a la hoz

Si tenemos hambre nos pasamos por el Mesón Nelia, que a pesar de encontrarse en un entorno natural junto al río Júcar, sorprende por su ambiente moderno y minimalista. A mediodía cuentan con un menú exquisito y, a pesar de encontrarnos lejos del mar, no podemos irnos sin probar su bacalao con pisto o sus manitas de cerdo rellenas. 

16.00 Paseo por el puente de hierro

Después de semejante comida, no es que apetezca, es que es vital darse un paseo digestivo, y ningún paseo más a mano y más bello que el que cruza el Huécar por el puente de hierro de San Pablo. Esta joya de la arquitectura industrial se levantó en 1902, mide 60 metros y se apoya sobre los estribos de un puente de piedra del siglo XVI que se derrumbó. La típica postal de Cuenca, con las Casas Colgadas haciendo equilibrios en la pared del barranco, se fotografía desde aquí. Al otro lado del puente nos aguarda el Convento de San Pablo, del siglo XVI, hoy Parador, que es un exce-lente sitio para pernoctar y, a estas horas, para tomarse un café en la antigua capilla.

La típica postal con las Casas Colgadas sobre el barranco se toma desde el puente de hierro de San Pablo, joya de la arquitectura industrial que se le­vantó en 1902

17.30 Un rico legado arqueológico

Volvemos sobre nuestros pasos, disfrutando nuevamente del panorama, hasta llegar a la calle Obispo Valero, en cuyo número 12 abre sus puertas el Museo de Cuenca. Instalado en la casa del Curato, del siglo XIV, propone un recorrido por la historia de Cuenca a través de los hallazgos arqueológicos, desde el Paleolítico hasta la Edad Moderna. Un periodo espléndido fue el romano, con tres ciudades en lo que hoy es la provincia de Cuenca: Segóbriga, Ercávica y Valeria. Por cierto, en Valeria, 1.500 años antes que en la capital, ya construyeron casas colgadas sobre la hoz del Gritos.

19.00 Rascacielos del Júcar

Desde la Plaza Mayor, pasando bajo los arcos del Ayuntamiento, se accede a la calle Alfonso VIII, la más importante de la ciudad. Llama mucho la atención el alegre colorido de las fachadas de sus edificios. Bajando por ella y por su prolongación (calles Andrés de Cabrera, San Juan, Palafox y Virgen de la Luz), llegamos en menos de un cuarto de hora al puente de San Antón, sobre el río Júcar, que se construyó en el siglo XVIII para sustituir a otro mucho más antiguo, de tiempo de los moros. Nada más cruzarlo, nos topamos de frente con la iglesia de la Virgen de la Luz, que aloja a la patrona de la ciudad, morena como el Niño que lleva en brazos, y en Semana Santa es el punto de partida de la Procesión de Paz y Caridad. Si avanzamos 150 metros río arriba (es decir, a mano derecha), veremos unas viejas casas de diez pisos de altura que cuelgan, desafiando los postulados de Newton, sobre el abismo de la hoz y que reciben el nombre (o, al menos, eso es lo que ponen en las postales) de Rascacielos del Júcar.

 

20.30 Tapas y mesas de la ciudad nueva

Cruzamos de nuevo el puente de San Antón y nos adentramos en la ciudad nueva por Colón y Mateo Miguel Ayllón hasta llegar a la perpendicular Fray Luis de León, calle que, a pesar de recordar al poeta de la vida retirada, es de las más animadas de la ciudad gracias a lugares como Bodega Basilio, donde ponen grandes tapas y pretapa que, según la época del año, puede ser un caldo, una crema o un gazpacho; o como la Taberna del Agua, una vieja casa con decoración y cocina muy modernas. Más adelante, por Carretería y la plaza de la Hispanidad, arribamos a la calle San Francisco, otra zona óptima para picotear, donde la referencia es La Ponderosa: tomates y espárragos de huerto propio, morteruelo casero, queso manchego de primera… Si preferimos más creatividad, muy cerca tenemos el restaurante y gastrobar Raff, con barra alrededor de la cocina. Entre sus creaciones, destacan el canelón de ajoarriero y el divertido postre ‘Café, copa y puro’, donde nada es lo que parece. Otra opción es ARS Natura, con una vista de la ciudad antigua que parece un cuadro.

Después podemos seguir disfrutando de la noche en la zona de la Estación, donde hay varios pubs con diferentes estilos de música (alternativa, pop-rock, disco…), terrazas en verano y, todo el año, conciertos en la Sala Babylón. Otra zona de mucha marcha es la calle Doctor Galíndez, la Calle por antonomasia, que está repleta de bares de copas, pubs y locales de ambiente. Hasta las 4.00 de la madrugada.

Segunda mañana

Entre el cielo y el subsuel

10.00 De Cuenca a las estrellas

Partimos de nuevo de la Plaza Mayor y volvemos a cruzar los arcos del Ayunta¬miento para subir, por Joaquín Ayala, a la plaza de la Merced. Aquí, un antiguo convento y una ampliación arquitectónica firmada por Salvador Pérez Arroyo alojan el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha: 6.000 metros de atracciones interactivas para aprender los misterios del universo. Hay una máquina del tiempo donde se hace un alucinante viaje en 3D a través del Sistema Solar y la Vía Láctea. Hay un planetario y un observatorio. Hay robots, cohetes, reproducciones a escala real de la Estación Es-pacial Internacional y sofisticados sistemas multimedia como el Magic Planet.

En la siguiente plaza, la de Mangana, se alza el monumento a la Constitución, del ar-tista conquense Gustavo Torner, que dicen los que han visto muchos otros, que es de los más grandes que hay dedicados a la Carta Magna en España. Y se alza, por su-puesto, la torre de Mangana. Su origen no está claro: algunos creen que era un mina-rete que se erguía en la zona del alcázar musulmán (la más alta de la ciudad), cuyas ruinas aún afloran en la explanada. Después de muchas transformaciones, en 1968 le llegó la definitiva. Lo que no ha variado en los últimos siglos es su uso como campanil y reloj, y su percepción, por parte de los vecinos, como un símbolo de la ciudad.

11.30 La procesión de las Turbas

Por la plaza del Carmen bajamos a Alfonso VIII y Andrés de Cabrera, calle en cuyo número 13 se halla el Museo de la Semana Santa de Cuenca. Si no se tiene la ocasión de visitar la ciudad durante esta fiesta, declarada de interés turístico internacional, el museo sirve como un pequeño pero po-tente sucedáneo, transmitiendo la pasión con que la viven los conquenses. La ciudad cuenta con 32 cofradías, de las que 13 son anteriores al siglo XIX. La procesión más famosa es la del Camino del Calvario, popularmente conocida como de las Turbas y, fuera de Cuenca, como de los Borrachos.

12.00 Viaje al fondo de la ciudad

Si ya conocíamos la Semana Santa de Cuenca, tanto mejor, porque no podemos dedicar mucho tiempo a su museo. Y es que, a mediodía, nos espera la Cuenca Subterránea. Cerca del museo, frente al número 87 de Alfonso VIII, se localiza la entrada de este re¬fugio de la Guerra Civil, de 90 metros de longitud y 250 metros cuadrados de superficie, que se construyó aprovechando unas cuevas preexistentes, usadas anti-guamente como viviendas y expropiadas por el Ayuntamiento a finales del siglo XIX. Hay visitas guiadas, de unos 35 minutos de duración, a distintas horas, dependiendo del día y de la época, pero la que nunca falla es la de las 12.00.

12.45 Recuerdos de Antonio Saura

Subiendo a la Plaza Mayor y luego por la calle San Pedro, enseguida vemos a mano izquierda el pasadizo que conduce a la escondida (nadie diría que está ahí) plaza de San Nicolás, donde tiene su sede, en la histórica casa Zavala, la Fundación Antonio Saura. Creada en 2008, diez años después de la muerte del artista que tan estrechos lazos mantuvo con Cuenca, es un centro dedicado no solo a la exhibición de obras del propio Saura, sino al fomento de iniciativas plásticas contemporáneas, con numerosas actividades y exposiciones.

Segunda tarde

Por todo lo alto

14.00 Caza para comer

Junto al arco que da acceso a la plaza, abre su puerta el restaurante San Nicolás, célebre por sus jornadas gastronómicas dedicadas a la caza. Lógicamente, en la carta mandan platos como el solomillo de venado relleno de hígado de pato y trufas sobre cama de boletus con salsa de castañas o la suprema de faisán rellena de queso manchego con salsa de higos, pero también hay migas, morteruelo… Si el tiempo lo permite, mejor en la terraza.

16.00 Vista desde lo más alto

Después de comer, continuamos subiendo a la zona más alta de la ciudad por la calle San Pedro. Al final de esta vía, en la plaza del Trabuco, podemos visitar la iglesia de San Pedro y trepar a su torre: vista más aérea de Cuenca, no hay. Al lado, el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas es la sede de la Fundación Antonio Pérez; , donde se muestra su colección de arte contemporáneo, con obras de Saura, Millares, Gordillo, Torner, el Equipo Crónica, Barceló, Warhol y otros artistas. Más arriba, el arco de Bezudo, de medio punto y con un escudo con toisón, es lo poco que se ha conservado del castillo (primero musulmán y luego cristiano), junto con un torreón, dos cubos cuadrados y fragmentos de muralla.

17.30 Las Angustias y San Miguel 

Volvemos por la calle del Trabuco y cogemos a la derecha por la ronda del Júcar, que nos lleva, por detrás de la iglesia de San Nicolás, a la confluencia con la calle Severo Catalina. Aquí gira¬mos a la derecha por la Bajada de las Angustias, espléndido paseo que nos conduce a la ermita de la Virgen de las Angustias, por la que los conquenses sienten fervor. Es tradición besar su manto el Viernes de Dolores y acompañarla la noche de Viernes Santo. Y también casarse aquí. El camino sigue descendiendo en zigzag hasta la misma orilla del Júcar, que se puede cruzar por el puente de los Descalzos. Si no queremos cruzarlo, en esta margen del río hay una zona acondicionada para el ocio: el Recreo Peral. Las vistas de la ciudad son magníficas.

El regreso lo hacemos por la misma Bajada de las Angustias, que ahora es subida, lógicamente. Llegando a la plaza de San Nicolás, doblamos a la derecha por la calle Armas. Estamos en el pintoresco barrio de San Miguel, donde las casas están tan pegadas que el único tráfico posible es el peatonal. Encaramada sobre el Júcar, se halla la iglesia de San Miguel, de origen románico, aunque remodelada en el siglo XVIII. Es uno de los escenarios de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, que se celebra inmediatamente antes de Semana Santa y en la que intervienen grandes orquestas de toda Europa.

19.00 Cerámica y productos ricos

Subimos por la empinada Bajada de San Miguel, que nos deja en la parte posterior del Ayuntamiento. Es un buen momento para curiosear en los talleres de cerámica de la ciudad antigua, como el de Adrián Navarro o el de Fernando Alcalde; y también en los de la parte baja, como el de Qerameis o el de Luis del Castillo. Si somos más de comprar cosas para comer, nuestro lugar es La Alacena: quesos, perdices, morteruelo, lomo de orza, dulces típicos…

21.00 Cena en casa de Perales

Acabamos a dos pasos de la catedral, en la fue casa del cantante José Luis Perales y hoy es restaurante Figón del Huécar, disfrutando de sus platos de cocina manchega actualizada mientras contemplamos la hoz del Huécar, hermosamente iluminada, a nuestros pies.


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Fecha de actualización: 9 de marzo de 2016

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