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Huesca

Huesca, la Puerta de los Pirineos

Con su origen en la antigua Bolskan celtíbera, más de 2.000 años atrás, Huesca es una ciudad sorprendentemente moderna. Sin olvidar su papel de “puerta de los Pirineos” –no en vano sus límites urbanos rozan las lindes de las sierras exteriores pirenaicas – ni su considerable patrimonio histórico tras diferentes encarnaciones (íbera, romana, visigoda, musulmana…), la capital oscense tiene mucho que ofrecer al viajero más inquieto. ¿Preparados?


Primera mañana

Lecciones de historia

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10:30  Tesoros del Casco Viejo

Una buena manera de empezar nuestra visita de dos días a Huesca es trasladarse al Casco Viejo de la ciudad y a toda la herencia que encierra de sus antiguas etapas y denominaciones: Bolskan, Osca, Wasqa…  El mejor punto de partida es la Catedral de Santa María de Huesca, en pleno corazón del barrio antiguo. Se trata de un edificio gótico (siglos XIII al XVI) iniciado en tiempos de Jaime I de Aragón. Dentro podemos maravillarnos ante su imponente retablo mayor, realizado en alabastro en el siglo XVI, y descubrir la interesante colección de arte sacro del Museo Diocesano, que incluye otro retablo, también de alabastro, rescatado del Castillo-Abadía de Montearagón.

Justo frente a la Catedral nos encontramos con el Ayuntamiento, un palacio del siglo XVI, estupenda muestra del Renacimiento aragonés. No conviene pasar por alto, en su patio, la hermosa techumbre de madera que se repite en el Salón de Justicia, donde puede contemplarse, además, el lienzo La Campana de Huesca, que representa la famosa leyenda en torno a la purga entre los nobles del rey Ramiro II. Desde aquí podemos seguir hacia el Norte de la ciudad, en dirección al río Isuela. Llegaremos a la plaza de la Universidad, y allí encontraremos el Museo de Huesca, o Museo Arqueológico Provincial. En su interior podremos contemplar restos del patrimonio arqueológico de la ciudad.

Si no nos interesa profundizar tanto en la historia de Huesca, al menos conviene deleitarse con los dos edificios en que se ubica: uno, el antiguo Palacio de los Reyes de Aragón, del siglo XII, puro románico hogar de leyendas, como la ya mencionada Campana de Huesca que tuvo lugar en una de sus salas, la de la reina Petronila; y el otro, la Universidad Sertoriana de Huesca, barroco de planta octogonal cuyo patio porticado bien merece un paseo.

Catedral
Catedral. / Luis Vinuesa

12:30 Conventos y murallas

Si aún nos quedan fuerzas o tiempo antes de la comida, un poco más al norte llegaremos al Convento de San Miguel, llamado popularmente Las Miguelas. Data del siglo XII, aunque el edificio conventual es del XVII, y en él destaca su ábside gótico y la torre románica, así como el imponente órgano de 1852 que puede contemplarse en su interior.

A dos pasos tenemos el Puente de San Miguel sobre el Isuela, una de las primeras construcciones de hormigón armado del país (de 1912). Y muy cerca también, la Torre del Amparo, la única que queda en pie de las 99 con que contaba la Antigua Muralla que levantaron los musulmanes en el siglo IX y que ofreció protección a la ciudad durante varios siglos. Parte de sus restos aún rodean el casco histórico, aunque lo único reseñable sea este torreón y la discreta La Porteta, la única superviviente de las nueve puertas que daban acceso a la ciudad medieval, que puede encontrarse frente a la Plaza de Toros.

La Torre del Amparo es la única que queda en pie de las 99 con que contaba la Antigua Muralla

Primer tarde

Animación por un Tubo

14:00  Para comer, sabor tradicional y espíritu creativo

Merece la pena atravesar de nuevo el Casco Viejo para comer en el restaurante Las Torres. Regentado por los tres hermanos Abadía, ofrece cocina tradicional de autor, con querencia por los productos de temporada y de caza, y una carta siempre sorprendente de la que destacaríamos, sin duda, su menú degustación. Trato inmejorable, un entorno coqueto con reminiscencias de otras épocas y una cocina excelente. ¡Ah! Y una biblioteca a disposición de los comensales para empaparse de la cultura oscense mientras se disfruta de su gastronomía. Conviene reservar.

16:00  Huesca verde

Lo mejor para combatir el sopor de una buena comida es un paseo. Cerca de Las Torres tenemos el lugar ideal: el Parque Miguel Servet. Con sus 70.000 metros cuadrados, más de 1.600 árboles de 63 especies distintas y 49 clases de arbustos, es el auténtico pulmón verde de Huesca. Alberga, además, algunos monumentos interesantes: las Pajaritas, emblema de Huesca, el quiosco de música o la estatua de los Reyes de Aragón.

17:00  Memoria histórica

Desde aquí podemos volver en dirección al casco histórico en dirección a la Parroquia de San Pedro el Viejo. Por el camino pasaremos por la plaza de López Allué, la plaza mayor de Huesca. Si ya estamos en horario comercial, según el tiempo que hayamos dedicado a bajar la comida en el Parque Miguel Servet, deberíamos dejarnos caer por Ultramarinos La Confianza: en funcionamiento desde 1871, es la tienda de ultramarinos en activo más antigua de España y mantiene intacta su atmósfera que nos traslada a otros tiempos. Sus techos están decorados por el pintor oscense León Abadías con curiosas alegorías al comercio internacional y los sofisticados productos que se vendían en el establecimiento. Todo ello, dentro de las tendencias románticas de la época. En el centro, por ejemplo, Mercurio, dios romano del comercio, sobrevuela un paisaje en el que destaca un tren cuyos vagones van cargados de mercancías ¿Y qué comprar aquí? Antaño, sedas, encajes y porcelanas; hoy, productos de Aragón, por supuesto, y algunas de sus otras especialidades: bacalao en salazón, chocolate y licores artesanales, vino de la tierra…

Llegados ya a San Pedro el Viejo, no cabe sino dejarse maravillar por uno de los conjuntos más importantes del románico aragonés. Data del siglo XII, y aunque solo se conserva la iglesia y el claustro del antiguo monasterio, su visita es ineludible si uno quiere conocer Huesca. Monumento Nacional desde 1885, alberga, además, los sepulcros de los Reyes Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

19:00  Rematando el paseo

A estas alturas de la tarde, probablemente convendría valorar si retirarse a descansar antes de afrontar la noche oscense, o rematar el paseo. En este último caso, tras recorrer parte del Coso Bajo, una de las calles principales del centro de Huesca, podemos acercarnos a la Basílica de San Lorenzo, construida sobre una iglesia gótica durante el siglo XVII, uno de los principales ejemplos del barroco en la ciudad, y levantada con los donativos de ciudadanos y trabajadores. Un poquito más al sur está, también, el Palacio de Villahermosa o Casa de los Condes de Guara, que actualmente es un Centro Cultural de Ibercaja, tras su adquisición en 1999 en estado de  ruina y consiguiente restauración, abriéndolo de nuevo al público en 2005. El artesonado de madera (siglo XIV) sobre la escalera principal del centro bien merece la visita.

20:30  Huesca de noche, entre el Casco Viejo y el Tubo

La mejor forma de comenzar a disfrutar la animada noche de Huesca es con un buen tapeo. La ciudad renovó hace tiempo su oferta de tapas y pinchos, y buena muestra de ello es el certamen Concurso de Tapas en Huesca , que se celebra cada año y va ya por su décimo primera edición. La cafetería Biloba se alzó en 2011 con el primer premio, con lo que acercarse a probar su surtido es más que recomendable. También lo es la clásica tortilla de patatas del Bar Valero, en la calle Artigas, uno de los destinos más tradicionales si de tapeo se trata. Otras opciones podrían ser el Café Bar Da Vinci, el Café del Arte, con su singular propuesta que incluye conciertos, o el Tomate y Jamón.

Tras preparar el cuerpo, toca salir. Dos zonas aglutinan la vida nocturna oscense: el Casco Viejo, con su surtido de locales de variado pelaje y pequeño tamaño, y el Tubo, en torno a la calle San Lorenzo, el llamado Callejón del Saco y la calle Cleriguech. Aquí se encuentran los locales más dedicados al baile y la marcha hasta altas horas de la madrugada. Conviene destacar el Alt Berlín, un bonito local decorado como si se tratara de una estación ferroviaria de principios del siglo XX, o, para los que buscan algo más de jaleo y música en directo, el Edén, clásica sala de conciertos de la ciudad. Y si de rematar la noche con baile y desenfreno se trata, muy cerquita de Huesca, en Almudévar (a 17km) está Coliseum, una discoteca que goza de gran popularidad en la zona.

Segunda mañana

Un castillo de cine

9:00  Más allá de la ciudad

Para recuperarse del ajetreo de la noche anterior, qué mejor que dejarse llevar durante nuestra segunda jornada en la Puerta de los Pirineos. Huesca cuenta, por ejemplo, con un servicio de autobuses turísticos un poco diferente: más que hacer el típico recorrido por los puntos de interés de la propia ciudad, lo que propone es una serie de rutas para visitar lo más interesante de los alrededores.

Por ejemplo, la ruta Castillo de Loarre y Bolea permitirá descubrir una auténtico castillo de película (el de Loarre, claro, donde se rodó, por ejemplo, El reino de los cielos, de Ridley Scott) y la espectacular Colegiata de Bolea, erigida sobre la antigua fortaleza árabe. Otra ruta, la que nos lleva a Ayerbe, nos ofrece la opción de visitar el Centro de Interpretación de Santiago Ramón y Cajal. Nuestro gran premio Nobel de medicina pasó aquí parte de su infancia, y podremos visitar la que fue su casa mientras conocemos más de su persona y su contribución a la ciencia. Cerca, además, están los Mallos de Riglos, unas formaciones rocosas impresionantes jalonadas de colonias de buitres leonados.

Y así hasta siete rutas diferentes que nos permitirán descubrir en una mañana otros lugares más que recomendables de los alrededores de Huesca: los Escarpes de la Hoya, el Valle de Belsué o la Sierra de Gratal. Los autobuses salen a las 9 de la mañana desde la Estación Intermodal, y regresan a Huesca en torno a las 14 horas. Los billetes (cinco euros la tarifa para adultos) pueden comprarse de forma anticipada en la Oficina de Turismo de Huesca.

Segunda tarde

Cita con Antonio Saura

14:30 Cocina de autor en el Casino

No puede uno dejar Huesca sin haber comido en uno de sus restaurantes más célebres: la Taberna de Lillas Pastia. Tomando su nombre de uno de los personajes de la ópera de Bizet, Carmen, este establecimiento especializado en la trufa ofrece cocina de autor a cargo de su chef, Carmelo Bosque, en un entorno tan destacable como es el Círculo Oscense, conocido popularmente en la ciudad como Casino. Con una carta basada en productos de temporada y una actitud de respeto a la tradición a través de la renovación, en Lillas Pastia puede disfrutarse también de un interesante menú cerrado muy asequible y otro de degustación que hará las delicias de los más inquietos aficionados a la gastronomía. Ya que acudiremos a la vuelta de nuestra ruta en Bus Turístico, es más que recomendable reservar con antelación y con margen de tiempo.

16:30  De lo antiguo a lo contemporáneo

Quien piense que Huesca solo tiene herencia histórica que enseñar está equivocado. El primer ejemplo sería el propio Casino. El Círculo Oscense, como realmente se llama el edificio debido a la fundación de que depende, data de principios del siglo XX, y es una de las mejores muestras del Modernismo arquitectónico en la ciudad. Sorprende su fachada principal, con un portón de entrada de 1905 imponente. Y, por supuesto, su vestíbulo y escalera principal, así como los salones Rojo y Azul. 

Muy cerquita, además, nos encontraremos con el edificio de la Diputación Provincial de Huesca. Modesto y moderno en el exterior (el edificio data de la década de los 80, aunque emula formas antiguas), su auténtico valor está en el interior. Concretamente, en la sala dedicada a uno de los personajes ilustres nacidos en Huesca: Antonio Saura, una de las principales figuras del arte del siglo XX en España, y que en 1987 decoró el techo del hall de entrada al Salón de Actos (ahora conocido como Sala Saura) con un tremendo mural, de unos 200 metros cuadrados, que tituló Elegía. Hay que pasar por ella para acceder a la sala de exposiciones de la Diputación, o para las visitas de índole administrativa (lunes a viernes de 9 a 14h).

No podemos olvidar el modernísimo y destacable Palacio de Congresos con que se dotó a la ciudad en 2008. Su diseño sobrio a partir de un prisma regular con fachadas de cerámica vidriada en color negro y un volumen sobre éste (que encierra el escenario del Palacio), translúcido de día e iluminado a través de luces led de noche, ofrece contrastes muy interesantes para los más aficionados a la arquitectura.

Pero nuestra visita a la Huesca más contemporánea no estaría completo sin el Centro de Arte y Naturaleza, ubicado a las afueras de la ciudad. Perteneciente a la Fundación Beulas, bien merece el trayecto por parte de los amantes del arte y la arquitectura contemporánea y, por qué no, de las mentes más inquietas. Dedicado a las relaciones entre arte contemporáneo, naturaleza y paisaje, el centro alberga diversas colecciones y exposiciones que exploran tan fascinante tema. El edificio en sí mismo es una excelente muestra de su premisa, una construcción rabiosamente contemporánea de Rafael Moneo compuesta a base de volúmenes que van dando lugar al paisaje, inspirado en algunos de los principales atractivos naturales de la zona, como los ya mencionados Mallos de Riglos. Es, pues, todo un hallazgo seguramente poco esperado por el visitante de una ciudad tan aparentemente tradicional como Huesca, pero que, salta a la vista, mira al futuro con decisión.


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Fecha de actualización: 8 de noviembre de 2016

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