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Lisboa

Lisboa, saudade íntima y universal

Hay un ansia de mundo en Lisboa, mirando siempre desde sus siete colinas al río-mar del Tajo, como el navegante que olfatea desde la proa tierras descubiertas y por descubrir. Y hay, al mismo tiempo, un querer quedarse en casa o en la tasquinha, oyendo el eterno lamento de los fadistas. Aquí conviven la saudade y la esperanza, la eterna tradición y la modernidad más rabiosa, el viejo tranvía que trepa por las cuestas imposibles de Alfama y el teleférico que sobrevuela el deslumbrante parque de las Naciones.


Primera mañana

Fachadas de azulejos azules y blancos

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

9.30 Alfama, el viejo corazón

Catedral
Catedral. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Comenzamos nuestra ruta en el popular barrio de Alfama, el más antiguo de la ciudad. Y lo hacemos desde lo más alto, el Castelo de São Jorge lugar con unas vistas difíciles de creer e imposibles de olvidar. Está situado sobre una de las siete colinas lisboetas, y desde él la mirada vuela sin estorbo sobre todo el casco antiguo de la ciudad, sobre el Tajo y hasta la orilla opuesta, Cacilhas, el Cristo Rei de Almada y Porto Brandão. Sus orígenes se pierden en la noche de los tiempos, más allá de la Edad Media, de los años dorados del dominio musulmán, de las conquistas bárbaras contra el Imperio Romano…, entre leyendas y fábulas.

La visita al castillo permite aprender un poco sobre la historia de Lisboa en el Núcleo Museológico, explorar los vestigios del barrio islámico del siglo XI en el Núcleo Arqueológico, pasear por los jardines y asomarse al mirador. Pero la vista más curiosa es la que se obtiene a través del periscopio, un sistema óptico de lentes y espejos inventado por Leonardo Da Vinci, que permite examinar minuciosamente la ciudad en tiempo real, sus monumentos y zonas más emblemáticas, el río y el ajetreo urbano, abarcando  360º. El periscopio está instalado en la torre de Ulises, antaño conocida como torre del Archivo, donde se guardaban los documentos más importantes del reino portugués.

Alfama está lleno de pasadizos, escadinhas y galerías sin salida, divertidas trampas para el caminante sin prisa

Después bajaremos para visitar otra de las joyas de Lisboa, la catedral de Santa Maria Maior, más conocida como la Sé. Construida entre los siglos XII y XIII, ha tenido que reponerse a varias catástrofes naturales, como el terremoto que arrasó la ciudad en 1755, de ahí que en ella se aprecien diversos estilos, aparte del inicial románico. A sólo unos pasos de la Sé, se encuentra la iglesia de San Antonio, levantada en la cuna del patrón de los lisboetas. San Antonio (cuyo nombre real era Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo) nació y vivió en la capital portuguesa, pero como acabó sus días en la ciudad italiana de Padua, es conocido como San Antonio de Padua, algo que enfada mucho a los lisboetas. 

12.00 Miradores del Tajo

Tranvía de Alfama
Tranvía de Alfama. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Todavía no nos vamos de Alfama. Después de ver sus tesoros monumentales, ahora conoceremos sus calles, sus gentes y su ambiente. El barrio está lleno de pasadizos, escadinhas, callejones, pequeñas casas y almacenes en ruinas, corredores y galerías sin salida, divertidas trampas para el caminante que no tiene prisa por llegar a ninguna parte. Alfama no tiene vistosas fachadas arquitectónicas, ni más museos que el Museu do Fado. Pero tiene el encanto de las cosas sencillas, las de toda la vida: flores en los balcones, ropa tendida al sol y fachadas decoradas con los típicos azulejos azules y blancos.

La otra gran atracción del barrio, sin duda, son sus miradores. Desde ellos podremos observar una encrucijada única: el lugar donde se unen el Tajo y el Atlántico. Los de Santa Luzia y Portas do Sol son los más recomendables. Desde la mayoría de los miradores podremos divisar también la espectacular figura del Cristo Rei. Una estatua de más de 100 metros que resulta ser una réplica adaptada del Cristo Redentor de Río de Janeiro. Incluso cuenta con ascensor en su interior que nos permitirá subir hasta la cima y disfrutar de una vista fantástica. Para llegar hasta allí deberemos cruzar al otro lado del río.

Si el día de nuestra visita a Alfama es martes o sábado, deberemos reservar al menos una hora para curiosear en la Feira da Ladra, en el Campo de Santa Clara. Es el mercadillo más importante de la ciudad y en él podemos encontrar de todo (antigüedades, libros, ropa, cuadros, artesanía, música…) a buen precio. Su nombre, el mercado de la Ladrona, deja bien claro cuál era hace años el origen de las cosas que aquí se vendían.

Primera tarde

Un café entre poetas

14.00 Comer en un palacio o en una leonera

Para comer, podemos ir al restaurante Pateo de Alfama, situado en el atrio del antiguo palacio de los condes de Murça, que milagrosamente se salvó del terremoto de 1755. Aquí podemos degustar desde la famosa sopa da pedra (una especie de cocido con carne, verduras, embutidos y alubias) hasta las vieiras gratinadas o el bacalhau com natas. Otra opción es Casa do Leao, una antigua leonera del castelo de São Jorge, hoy restaurante de Pousadas de Portugal, donde saborear cocina tradicional y disfrutar de inmejorables panorámicas de Lisboa. Tampoco nos equivocaremos si elegimos el restaurante del Museo do Fado, A Travessa do Fado, u O Eurico Casa de Pasto, que es uno de los mejores de Lisboa y de los más auténticos, una genuina tasca, pequeña y acogedora. Comamos donde comamos (y lo que comamos), el café lo dejaremos para hacer la sobremesa en un lugar especial.

16.00 Cita con Pessoa en el Chiado

Elevador de Santa Justa
Elevador de Santa Justa. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Para la sobremesa, cambiamos de barrio: el Chiado. Podemos (y  debemos) utilizar un medio de transporte original, pero al mismo tiempo muy tradicional, el ascensor. El Elevador de Santa Justa se levanta sobre la calle del mismo nombre y enlaza este céntrico paseo con la Praza do Carmo, junto al Museu Arqueológico do Carmo. El café de sobremesa lo tomaremos en un local inolvidable, A Brasileira. Es un lugar famoso, sobre todo por haber sido el punto de encuentro de poetas y literatos de la ciudad. En una de las mesas de la terraza se sienta, ya convertido en bronce, el mítico poeta Fernando Pessoa. Raro es el forastero que pasa por aquí y no se hace una foto con él.

17.30 Ronda de escaparates

Nos quedamos por el Chiado para pasear y explorar lo que nos ofrece Lisboa en materia de compras. En esta zona, encontraremos la oferta comercial más glamourosa y diversificada de la ciudad. En sus principales vías comerciales, como la rua Augusta o la rua do Carmo, nos toparemos con cotizadas tiendas de moda. También podremos echar un vistazo en librerías con solera y tiendas de firmas de ropa internacionales.

21.00 Fado en el Barrio Alto

Podemos cenar en Tavares, entre el Chiado y el Barrio Alto. Inaugurado en 1784, es quizás el restaurante con más clase y pedigrí de Lisboa. Aunque los precios no son nada bajos, el gasto quedará sobradamente recompensado cuando probemos su espectacular variedad de pescados y mariscos. Además, el lugar, con su deslumbrante salón dorado de estilo barroco, es muy romántico.

Acabada la cena, subiremos al Barrio Alto y daremos una vuelta por sus calles estrechas en busca del local que más nos llame la atención. En A Tasca do Chico  podemos escuchar fado vadio (bohemio, de aficionados…), aunque a veces hay que hacerlo desde la calle, porque suele estar a tope y el espacio es microscópico.

Si el fado nos parece una opción demasiado turística, en el mismo barrio hay otras alternativas, como Indie Rock, con la mejor música rock e indie de la zona, y Agito, un simpático bar de ambiente donde se pueden tomar cervezas, o lo que sea, hasta las tres de la mañana.

Segunda mañana

Viejos tranvías en una ciudad moderna

10.00 Parque de las Naciones: la ciudad más moderna

Oceanario
Oceanario. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Parece mentira que en tan pocos metros puedan convivir calles estrechas, tranvías casi centenarios y  monumentos  medievales con una construcción tan moderna y vanguardista como el Parque de las Naciones. A orillas del Tajo, en la zona oriental de Lisboa, se levanta el Parque das Nações, construido con motivo de la Exposición Universal de 1998, donde destacan, arquitectónicamente, las cúpulas de las plataformas de la Estación de Oriente, de Santiago Calatrava, y el Pabellón de Portugal, de Álvaro Siza, con una enorme pala de hormigón armado que imita la vela de un barco. Se puede visitar el Pavilhão do Conhecimento, un moderno museo de ciencia y tecnología con varias exposiciones interactivas, y también el Oceanário más grande de Europa. Y luego coger el teleférico que va desde éste hasta la torre Vasco da Gama, el edificio más alto de Lisboa.

Las vistas sobre el río y el parque son espectaculares. También hay zonas verdes, como el jardín García de Orta, el de las Olas y el parque Tejo, extensa franja a orillas del río donde está el skate park. Hay una bolera enorme, el Bowling Internacional de Lisboa. Y hay bares, restaurantes y terrazas, siempre en contacto con el río, así como un anfiteatro al aire libre, la plaza Sony, donde se pueden ver espectáculos en vivo o en pantallas gigantes.

12.00 El histórico tranvía número 28

Volvemos de nuevo a la vieja Lisboa. Si salimos de la zona de la Expo, cogemos la avenida Infante Dom Henrique hasta la Praça do Comercio y de allí subimos por la rúa do Prata hasta la praça do Rossio, donde nos montamos en uno de los tranvías más históricos de la ciudad, el número 28, para subir al miradouro do São Pedro.

El viaje en tranvía, indispensable, será otro de los momentos memorables de nuestro paso por Lisboa. Aunque los hay modernos, en esta línea suelen circular los históricos, para gran satisfacción de los turistas, que son su principal clientela. Los interiores de madera y el ímpetu con que estos venerables vehículos suben y bajan las cuestas son toda una experiencia para el que se monta en ellos por primera vez. Una vez arriba, disfrutaremos de nuevas vistas privilegiadas de la ciudad y podremos comprobar algunas de las características tradicionales de la ciudad: los tejados rojos construidos con tejas de barro, los azulejos de las terrazas y de los balcones, y el encalado de los edificios. Este paisaje sólo se puede ver en Lisboa: es la firma de la ciudad. Los tranvías pertenecen a la empresa de transporte público Carris. Para usar todos los medios de la red, lo más cómodo y barato es comprar la Tarjeta 7 Colinas, que se puede recargar y supone un importante ahorro sobre las tarifas normales.

Plaza del Rossio
Plaza del Rossio. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Segunda tarde

A por los pasteles más famosos

14.00 Açorda de marisco y bacalao

Nos quedamos a comer en el Barrio Alto, en el famoso Pap’Açorda, un restaurante de cocina tradicional adaptada a los nuevos tiempos, cuya especialidad es la açorda (sopa de pan) de mariscos, aunque la clientela, de lo que mejor habla, es de su mousse de chocolate. Conviene reservar porque es cita obligada para todo el mundo, para los modernos y para los turistas. Si queremos algo más asequible, podemos ir a cualquier tasquinha de las muchas que hay en el barrio y comernos un plato a base de bacalao.

16.30 Los Jerónimos y la torre de Belém

Torre de Belem
Torre de Belem. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

Nuestro siguiente destino es el barrio de Belém, situado al oeste de la ciudad, donde el Tajo se funde con el mar. Para llegar hasta allí, podemos coger el tranvía número 15 en el intercambiador de la céntrica Praça do Comerço y bajarnos cuando veamos la silueta del enorme Mosteiro dos Jerónimos. Este monumento fue financiado con los tesoros traídos de las colonias de ultramar. El rey Manuel I encargó la construcción del famoso monasterio para celebrar el descubrimiento de la ruta marítima de Vasco de Gama. La gran explanada que le precede es de una inmensidad que pasma. De hecho, nos llevará un buen rato contemplar su impresionante fachada orientada al Tajo. 

En ella destaca la puerta de entrada, llamada Portada del Mediodía. Otra de las joyas del barrio es la torre de Belém, construida entre 1514 y 1520, que en un principio cumplió tareas defensivas, pero que con el tiempo se utilizó como aduana, faro y prisión. Es uno de los ejemplos más bellos y representativos de la arquitectura manuelina.

18.00 Una señora merienda

En Belém es una vieja tradición entre los lisboetas pasear comiendo unos pastelitos muy especiales. A pocos metros del monasterio está la culpable de que se siga manteniéndose esta antigua costumbre, la pastelería Pastéis de Belém. Aquí, desde 1837, hacen unos pastelitos de unos 10 centímetros de diámetro rellenos de crema y espolvoreados con canela que, hoy en día, han conseguido fama internacional. Si comemos un par de ellos, acompañados de un chocolate caliente, tendremos energía suficiente para lo que resta de jornada.

21.00 Noche cultural o gastronómica

La última noche podemos disfrutar de alguna de las muchas propuestas del Centro Cultural de Belém: teatro, danza, jazz, música clásica… En tal caso, nos interesará también consultar el programa de conciertos de la Fundación Gulbenkian. Otro tipo de conciertos no menos interesantes son los que se realizan en el parque da Bela Vista, un enorme anfiteatro natural situado en la avenida Gago Coutihno, en las afueras de Lisboa. Allí han tocado Roger Waters, Madonna y Carlos Santana, entre otros.

Puente Vasco de Gama
Puente Vasco de Gama. / Imagen cedida por: Turismo de Portugal

También es una buena manera de acabar el día (y la visita) dándose un homenaje gastronómico en alguno de los mejores restaurantes de la ciudad: Belcanto, para muchos es el número uno, de altísima cocina, casi artística. De cerca le siguen Varanda do Ritz, Eleven, 100 Maneiras y Feitoria, este último en el lujoso hotel y spa Altis del barrio de Belém.

22.30 Hasta que el cuerpo aguante

Si aún queremos más, y queremos fado, Chapitô es uno de los mejores lugares para escucharlo hasta altas horas de la noche (cuando los fadistas olvidan los micros y cantan, entre las mesas de los parroquianos, sus canciones más íntimas). Está muy cerca del castelo de São Jorge, en Alfama, y tiene una fantástica terraza donde sirven almuerzos y cenas. Si preferimos marcha, hay tres clubes que no defraudan: Lux, MusicBox y Europa.


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Fecha de actualización: 7 de noviembre de 2016

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