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Menorca

Maó, el puerto más deseado

Maó, la capital de Menorca, presume (porque puede) de tener uno de los puertos naturales más bellos del mundo. Y profundos: cinco kilómetros, nada menos. Y disputados, que su larga bocana ha visto entrar a fenicios, griegos, romanos, árabes, catalanes, franceses y británicos. Aunque todos dejaron su huella, ninguna más curiosa y elegante que la de la Royal Navy, que estuvo aquí atracada 70 años del siglo XVIII. De ahí, el gin menorquín y tanta ventana de guillotina. Y de ahí, también, las casas de estilo georgiano y los fuertes y torres de cuando Nelson se paseaba por el puerto con el pecho acorazado de medallas, poco antes de que lo atravesara una bala en Trafalgar.


Primera mañana

Por el casco antiguo

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 Desayuno en el mercado

Iniciamos el recorrido en la plaza de España, el centro neurálgico de la capital. En lo más alto de la plaza, por la calle de la Costa de Ses Voltes, se halla la casa Mir, de inspiración modernista y con buenas vistas al puerto. Este punto también es estratégico para los amantes de los mercados, pues aquí se ubica el Mercat del Peix (de pescado, que abre de martes a sábado, por las mañanas) y, en la contigua plaza del Carme, el Mercat des Claustre, que ocupa la planta baja del antiguo claustro del convento del Carme, construido entre 1750 y 1808, y donde se venden frutas y verduras, queso de Maó, embutidos (sobrasada y carni-xulla), dulces típicos, abarcas, artesanía, ropa, flores… Las mesas de los bares situadas fuera del espacio porticado son ideales para desayunar.

11.00 Antigüedades menorquinas

Detrás del claustro se encuentra la iglesia barroca del Carme, un templo imponente fundado como convento carmelita en el siglo XVIII. Está consagrado a la Virgen del Carme, patrona de los marineros. También en el claustro, pero en la primera planta, se halla el Museo Hernández Sanz-Hernández Mora, con una amplia colección de muebles y antigüedades menorquinas (mapas, pinturas, grabados, libros…) pertenecientes al profesor Joan Hernández Mora (1902-1984).

12.00 El órgano de Santa María 

Seguimos paseando por las calles del casco antiguo, esta vez bajo la presencia dominante de la iglesia de Santa María, en la plaza de la Constitución. De fachada sencilla, es uno de los edificios religiosos más importantes de la ciudad. Tiene un órgano monumental (15 metros de alto por 9 de ancho) de 1810, con cuatro teclados y 3.006 tubos (algunos, de madera). De mayo a octubre, hay conciertos de órgano casi todos los días. Enfrente se alza el Ayuntamiento, instalado en un edificio de estilo barroco afrancesado. Para cualquier consulta, aquí está la oficina de turismo

Dejamos a la espalda el convento de la Concepción para encarar la calle Isabel II. Conviene ir con paso relajado para fijarnos en las casas señoriales del siglo XVIII que flanquean la calle. Así llegaremos a la iglesia de Sant Francesc, edificada en el siglo XVIII sobre un templo gótico. La robusta fachada se abre con una portada de estilo románico que da paso a un interior decorado con arcos y columnas helicoidales. No hay que perderse, además, la capilla barroca de la Concepción. Al lado de la iglesia, el antiguo claustro del convento franciscano (siglos XVII-XVIII), desamortizado en 1835, aloja el Museo de Menorca, que da cuenta del importante patrimonio arqueológico y artístico de la isla, y donde se programan exposiciones temporales.

13.30 San Roque y la sirenita  

Aunque el puerto de Maó siempre está presente en un paseo por el casco antiguo, es hora de recorrer más de cerca una de las dársenas más largas del mundo (el de Maó es el segundo puerto natural más grande del planeta, después del de Pearl Harbour). Para ello, regresamos desde la iglesia de Sant Francesc y pasamos esta vez por la plaza del Bastió, donde se halla el portal de San Roque, el único que queda de la muralla medieval de Maó. La calle homónima conduce al Ayuntamiento y, más adelante, a la Costa de Ses Voltes y al muelle de Llevant. Pasaremos delante de la sirenita Mô, una escultura de Leonardo Lucarini convertida en el icono del puerto. En el muelle de Ponent podemos hacer un alto en uno de sus numerosos bares y restaurantes para comer. 

Primer tarde

A caballo entre el mar y las cuevas

15.30 En catamarán por el puerto 

Mahó
Mahó. / Imagen cedida por: Fundació Destí Menorca

Una de las formas más entretenidas de visitar el puerto es hacer un recorrido de una hora en catamarán. Durante la ruta, se van indicando los diferentes enclaves (la base naval española, el cementerio angloamericano, la isla del Rei, la isla del Llatzeret, la fortaleza de la Mola…) y se acompañan con comentarios históricos. El puerto también se puede recorrer dando una vuelta por el Paseo Marítimo, desde el que se obtienen buenas vistas de la ciudad.

17.00 El gin de la Pomada

Se acerca la hora de probar la típica bebida de Menorca, la Pomada, una mezcla de gin Xoriguer con limonada. La proporción idónea es una parte de gin y dos de limonada. Se suele servir muy fría, incluso en forma de granizado. Pero antes de beberla, vale la pena conocer las características propias de la ginebra que hace de la Pomada un cóctel único. Por eso, una visita imprescindible es a la destilería Xoriguer. Fundada en el siglo XVIII, esta empresa familiar recoge el legado de la producción británica de ginebra, pero con un resultado totalmente diferente gracias a la combinación de hierbas utilizadas en su elaboración.

18.00 Carreras de trotones

Otra tradición isleña que no hay que perderse son las carreras de trotones. En el hipódromo municipal, en el kilómetro 3,5 de la carretera Maó-Sant Lluís (PM-702), hay carreras cada sábado a las 18.00 durante la temporada de verano (de mayo a octubre). También se celebran unas jornadas especiales, con otras carreras, a veces nocturnas, y demostraciones de doma, por lo que conviene consultar la programación. En invierno, las carreras son los domingos a las 11.30.

19.30 Cuando Es Castell se llamaba Georgetown

Volvemos a tomar contacto con el mar y nos dirigimos a Es Castell, el municipio más oriental de España. Por su posición estratégica como puesto avanzado en el puerto natural de Maó, su historia está plagada de relatos de piratas y luchas contra invasores de los lugares más lejanos.

La huella más visible es la de la dominación inglesa, como se aprecia en las casas de estilo georgiano repartidas por sus calles y levantadas cuando la población se llamaba Georgetown, en honor al rey de Inglaterra Jorge III, y en el fuerte Marlborough, construido por los ingleses entre 1720 y 1726 para proteger el castillo de Sant Felip (hoy en ruinas) y la entrada al puerto. La visita al fuerte, buena parte de la cual transcurre por las galerías subterráneas excavadas en la roca, permite conocer la historia militar de Menorca. Solo permanece abierto de Semana Santa a octubre. En verano, hay también visitas teatralizadas nocturnas al castillo de Sant Felip, con figurantes uniformados, iluminación de época (antorchas y quinqués) y disparos de cañones y mosquetes.

21.30 Una copa en la cueva

Cales Fonts es la zona del puerto de Es Castell, y la mejor para elegir uno de los restaurantes típicos que aquí se ubican. Hay muchos para escoger: locales excavados en la roca, terrazas al aire libre, mesas con vistas a la isla del Llatzeret… Y para tomar la última copa en un ambiente agradable, iremos a cala Corb, una buena opción para escuchar música tradicional. Cau es uno de los locales con más solera (desde 1962), una institución nocturna que sería una falta de respeto no visitar. En invierno se está mejor dentro, cantando en la cueva. En verano, en la terraza.

Segunda mañana

Antepasados de todas las épocas

9.00 La edad de las piedras gigantes 

Hoy vamos a coger el coche para conocer el entorno excepcional de Maó. Una de las características diferenciales de la isla de Menorca es la cantidad de monumentos megalíticos, la mayoría del período talayótico (desde 1500 hasta 123 antes de nuestra era, cuando llegaron los romanos), que se hallan desperdigados por el territorio sin que sus secretos se hayan desvelado aún.

A cuatro kilómetros de Maó, en la carretera que une la capital con Ciutadella, se halla el poblado prehistórico de Talatí de Dalt, uno de los yacimientos más importantes por la conservación de su gran taula (dos bloques de piedra en forma de T, que son el corazón de un santuario), de un talayote (talaiot, en catalán: una torre troncocónica que pudo servir para vigilar y defender el territorio) y de los restos de casas de los siglos VI-III a.C. Se piensa que aquí pudo llegar a vivir un centenar de personas. A dos kilómetros de Maó, en dirección a Sant Lluís, se halla otro importante yacimiento prehistórico: el poblado de Trepucó. En él se puede ver una taula y un gigantesco talayote. La vista al poblado es gratuita.

Desperdigados por toda la isla hallamos una gran cantidad de monumentos megalíticos, la mayoría del período ta­layótico

10.30 Un museo en el viejo molino

Muy cerca de Trepucó está Sant Lluís, una pequeña población de casas encaladas, levantada por los franceses a mediados del siglo XVIII. En la entrada de la localidad se halla el Molí de Dalt, un molino harinero de viento construido en 1762, desbaratado por la tramontana en 1949 y restaurado completamente en 1987, que alberga un museo etnológico en el que se exponen aperos de labranza, herramientas y muestras de la vida rural menorquina.

11.00 Aguas de color turquesa

Es hora de darse un baño en una de las playas de Menorca, sin duda uno de los principales reclamos de la isla. Cómo resistirse a estas aguas turquesas y al perfume de los pinares que las abrazan. En el sureste de la isla, a pocos kilómetros de Maó, hay muchas playas para darse un buen baño, como Es Canutells, Binidalí, Biniparratx o Binibèquer, pero nosotros enfilamos de nuevo hacia el norte. Bordeamos Maó y nos dirigimos a una de las playas más valoradas por su fácil acceso y sus instalaciones: Sa Mesquida.

13.00 Fortaleza de la Mola

Tras el baño, nos acercaremos a la Mola, la pequeña península donde se alza la fortaleza de Isabel II, un antiguo enclave militar en la bocana norte de la entrada al puerto de Maó. Si se prefiere, de mayo a octubre, también se puede llegar a la Mola en barco desde el puerto de Maó o desde Cales Fonts, en Es Castell. La fortificación es muy extensa y hay que dejar el coche fuera del recinto. Desde el aparcamiento se puede ir a pie, en bici eléctrica (se alquilan allí), en vehículos también eléctricos (con reserva previa) o en los todoterrenos de las visitas guiadas. Las vistas al litoral y a la isla del Llatzeret (la isla del Lazareto, donde los barcos y sus tripulaciones cumplían las cuarentenas) son espectaculares.

Segunda tarde

Un faro y mucha música

14.00 Es Grau: comida y playa 

De nuevo en la carretera que lleva a Maó, nos desviamos a la derecha hacia Es Grau, un pequeño pueblo que ha conservado el aire marinero de antaño, donde podemos parar a comer en alguno de sus establecimientos o, si llevamos comida, descansar en la bonita y resguardada playa que hay cerca del núcleo urbano. Desde aquí se divisa la isla de Colom, cuyo territorio forma parte del Parque Natural de s’Albufera des Grau.

16.00 El húmedo corazón de Menorca

Menorca fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1993. El corazón de la Reserva es el Parque Natural de s’Albufera des Grau, la zona húmeda más importante de Menorca y lugar imprescindible para los aficionados a la ornitología. En el Centro de Interpretación Rodríguez Femenias se puede ver la exposición ‘S’Albufera des Grau, núcleo de la Reserva de la Biosfera’. Aquí nace el sendero de Santa Madrona, de 2,8 kilómetros de longitud y una hora aproximada de duración, que discurre cerca de la albufera que da nombre al parque (una laguna alargada de dos kilómetros), con observatorios desde los que no es difícil ver anátidas, fochas y cormoranes moñudos, además de rapaces como milanos y águilas pescadoras y calzadas.

En el extremo noreste del parque natural, descubrimos el faro de Favàritx, erguido sobre una oscura punta pizarrosa de formas fantásticas. Al final de la carretera, hay una balsa formada por las lluvias y las olas del invierno; según la leyenda, si se camina por sus aguas someras durante las noches de luna llena, se reciben los efectos combinados del satélite y del mar: fuerza, energía y fertilidad. Todo pudiera ser. Las voces apenas se oyen aquí, mitigadas por el bravo batir de las olas contra la roca.

18.30 La ópera más antigua de España

De vuelta en Maó, no es mala idea consultar la programación del Teatre Principal, el teatro de ópera más antiguo de España. Construido sobre un teatro anterior más pequeño, abrió sus puertas en 1829, tras una remodelación impulsada por el empresario Giovanni Palagi. En verano, acoge el Festival de Música de Maó, que abarca diferentes estilos y épocas, desde el Barroco hasta la música del siglo XX, y artistas de renombre mundial como invitados. En junio y diciembre se celebran sendas semanas de ópera. Si nuestra estancia coincide con una de ellas, asistir a una en esta sala con forma de herradura y aforo para mil espectadores sería un final inmejorable para nuestro viaje. O casi final, porque queda la cena.

21.00 Cena en el muelle de Levante

Volvemos al puerto de Maó para elegir restaurante. Esta vez nos dirigimos al muelle de Levante, una zona muy apetecible para cenar, con vistas al puerto deportivo. Una de las mejores opciones es el restaurante Jágaro, con una interesante carta de arroces, pescados y mariscos, además de una buena bodega de vinos. La Minerva ofrece a sus clientes diferentes ambientes para disfrutar de una buena comida o cena, según sus preferencias: desde los salones privados de estilo inglés en el edificio principal, hasta las terrazas sobre una plataforma en el mar con amarre propio, o en la proa de un barco, especiales para una cena romántica.


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Fecha de actualización: 7 de noviembre de 2016

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