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Oviedo

La vetusta más moderna

Oviedo era Vetusta, la clerical y opresiva ciudad de La Regenta, la gran novela de Leopoldo Alas Clarín y del siglo XIX español. Mucho ha cambiado Oviedo desde entonces y, sobre todo, desde los años ochenta. Lo ha dicho Woody Allen: “Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada”. Una ciudad que, para no ser menos moderna que las demás, tiene su obra de Santiago Calatrava, el Palacio de Congresos, y una Universidad cuatro veces centenaria que en 2013 dejó estupefacta a toda España al impartir un curso sobre David Bowie.


Primera mañana

El origen del camino

Retablo Mayor de la catedral de Oviedo.
Retablo Mayor de la catedral de Oviedo.

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 En busca de la Cámara Santa

A Oviedo le dicen la ciudad de las esculturas porque en sus calles hay más de un centenar de ellas, algunas de artistas de renombre universal. Empezamos nuestro recorrido junto a una de estas obras, de Mauro Álvarez, situada en la plaza de Alfonso II el Casto. Se trata de la estatua de Ana Ozores, la protagonista de La Regenta. No es ella, sin embargo, la protagonista de esta plaza, sino la imponente fachada gótica de la catedral de San Salvador.

Su torre principal mide 80 metros y parece un dedo que apunta al cielo de Asturias. En el interior del templo, admiraremos el Retablo Mayor, de estilo hispano-flamenco, y el Cristo de Velarde, que parece, si no lo es, obra de Berruguete. Después dirigiremos nuestros pasos hacia la izquierda, mirando desde la puerta principal, hacia la portada de la Capilla del Rey Casto y Panteón de los Reyes de Asturias. 

Claustro gótico de la catedral de Oviedo.
Claustro gótico de la catedral de Oviedo.

Una curiosidad histórica: Alfonso II fue el culpable del Camino de Santiago. Durante su reinado, en 814, se descubrió en Compostela la tumba del apóstol. Y él fue el primero en peregrinar hasta allí. Así inauguró la ruta jacobea. Justo al otro lado de la catedral, si damos una vuelta por la girola, llegaremos a la Cámara Santa. Aquí se guardan las reliquias que este rey donó a la catedral, cuando ésta sólo era una pequeña iglesia prerrománica y Asturias, un reino chico enfrentado al gigante musulmán de Córdoba. Destacan la Cruz de la Victoria, símbolo de Asturias, la Cruz de los Ángeles, el Arca Santa y, en un arcón detrás de la Cruz de los Ángeles, el Santo Sudario o Pañolón de Oviedo. La tradición dice que es la mortaja de Jesucristo. Todo pudiera ser.

11.30 Donde todo comenzó

Detrás de la catedral, en la calle San Vicente, se halla el Museo Arqueológico de Asturias. Ocupa desde 1952 el claustro del antiguo convento de San Vicente, que es el kilómetro cero histórico de la ciudad, donde se fundó en el año 761. El museo fue reinaugurado en 2011, después de ser remodelado y ampliado por los arquitectos Fernando Pardo Calvo y Bernardo García Tapia. Su colección, muy completa, abarca desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Al salir, veremos la fachada de Santa María la Real de la Corte, que está justo al lado, donde se levantó el primer templo ovetense.

13.00 Dulces de cine

La calle San Vicente desemboca en Jovellanos, una vía comercial que sigue parte de las murallas medievales, de las que aún pueden verse varios tramos. En el número 7 está, desde 1914, Casa Camilo de Blas, que es el sitio para comprar los típicos Carbayones (pasteles de almendra y yema), las Duquesitas (aros de almendra y yema) o las Nuglass (nueces confitadas y glaseadas).

Vista de la nave central de la catedral de Oviedo.
Vista de la nave central de la catedral de Oviedo.

Primera tarde

En busca del conocimiento

14.00 El Bulevar de la sidra

A Jovellanos da también la calle Gascona, conocida como el Bulevar de la Sidra, que es el mejor lugar de la ciudad a estas horas. Aquí se puede comer de tapas o de platos más contundentes, pero siempre, salvo que uno sea alérgico, con sidra. En la sidrería El Cachopito, la especialidad es, como indica su nombre, el Cachopo, una especie de San Jacobo enorme, hecho con filetes de ternera, queso fundido y jamón serrano. En Tierra Astur, podemos probar los potentes tortos de maíz con picadillo de jabalí y otros platos típicos, en un ambiente rústico y acogedor que incluye una tienda de productos asturianos, por si queremos intentarlo en casa. Si preferimos un local más tranquilo que las sidrerías de la calle Gascona, en dirección al Campo de San Francisco se halla Casa Conrado, un restaurante clásico con gran materia prima, sabores tradicionales y platos como la merluza de pincho a la sidra o los muslitos de codorniz.

16.00 Los judíos y el viajero

Pocos saben que Oviedo es una de las ciudades que forman parte de la Red de Juderías de España. La antigua judería de la ciudad comenzaba en la  plaza de Juan XXIII, justo al lado de Casa Conrado, y seguía por la plaza Porlier, que se encuentra detrás. Aquí hay un plano con los asentamientos judíos de la época medieval. En estas plazas, además de tomar un café o lo que queramos, podemos admirar algunas de las estatuas más famosas de Oviedo. Una es Amigos, de Santiago de Santiago, en Juan XXIII. La otra, El regreso de William B. Arrensberg, más conocida como El viajero, de Eduardo Úrculo, en Porlier.

De esta plaza salimos por la calle Eusebio González Abascal, en dirección a la catedral. Pasamos por delante de los  palacios de Conde Toreno, Valdecarzana y Marqués de Camposagrado. En la esquina de la plaza de Alfonso II se halla un edificio singular: la capilla de la Balesquida. Esta pequeña construcción data del siglo XIII, aunque fue reformada en el XVIII, y debe su nombre a la dama Velasquita Giráldez, que legó la capilla, dedicada a la Virgen de la Esperanza, al gremio de sastres. Por eso, si levantamos la vista, veremos unas tijeras en uno de sus ventanales.

17.00 De visita a los genios

A 50 metros de la plaza de Alfonso II, en la calle Santa Ana, se halla el palacio de Velarde, uno de los edificios que forman el Museo de Bellas Artes de Asturias. El otro es la casa de los Oviedo-Portal, en la calle Rúa. El museo es de entrada gratuita y tiene una gran colección (más de 15.000 piezas), con obras de El Greco, Goya y Picasso, entre otros.

18.00 La ciudad de Clarín

Después de visitar el museo, reanudamos nuestro paseo por la calle Rúa y por su prolongación, Cimadevilla, una de las arterias más conocidas de la ciudad, llena de casas nobles y burguesas del siglo XIX, que recuerda intensamente el ambiente novelado por Clarín en La Regenta, donde aparece con el nombre de Encimada. Pasamos por debajo de la torre del Reloj del Ayuntamiento hasta llegar a una amplia plaza flanqueada por edificios con soportales. Es la plaza de la Constitución, aunque los vecinos la siguen llamando plaza del Ayuntamiento. Para solucionar cualquier duda que tengamos, aquí hay una Oficina de Turismo.

Volvemos a pasar bajo la torre del Reloj por Cimadevilla. A los pocos metros, a mano derecha, surge la calleja de los Huevos, que conduce a la plaza de Trascorrales, una de las más bonitas de Oviedo. Aquí se unían los corrales de las antiguas casas señoriales y, hasta hace no mucho, ganaderos, pescadores y granjeros mercadeaban con sus productos. No faltan las estatuas que recuerdan este pasado: La lechera y su burra, El vendedor de pescado y La pescadera. Es un lugar de mucho ambiente y tapeo.

19.00 Hacia la Universidad

Volvemos de nuevo a la plaza de la Constitución y, por la calle del Peso, nos acercamos a la plaza de Riego para conocer la Librería Ojanguren, toda una institución, fundada en 1856. Entre sus clientes se encontraba Clarín, que cobraba aquí sus colaboraciones en las revistas de Madrid. Al lado se alza el edificio de la Universidad, al que, después de admirar su fachada, entramos para deambular como unos estudiantes más. Preside el patio la estatua del arzobispo e inquisidor Fernando Valdés Salas, que fundó la Universidad a finales del siglo XVI. 

21.00 Cumbres gastronómicas

Ahí mismo, en el número 8 de la calle San Francisco, se encuentra Casa Fermín, cumbre de la gastronomía ovetense, de cocina moderna, pero sin perder de vista las raíces. Otro restaurante de altura es Ca’Suso. Después de cenar, encontraremos lugares animados en la plaza de Riego y la calles Mon, Ildefonso Martínez (también conocida como Salsipuedes) y Luna. Pero mejor no acostarse muy tarde, que mañana nos espera otro intenso día.

Segunda mañana:

Entre la historia y el mercado

10.00 Joyas del prerrománico asturiano

La jornada comienza en una de las grandes arterias del nuevo Oviedo: la calle Uría. Aquí tomamos la línea 10 del autobús, que nos lleva hasta dos joyas del prerrománico astur, situadas en la falda del Naranco, a cuatro kilómetros del centro. Declaradas Patrimonio de la Humanidad, Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo datan del siglo IX, cuando Alfonso II el Casto y su hijo, Ramiro I, quisieron dotar a su nueva capital, Oviedo, de unas construcciones dignas de su rango. 

Es el momento de ir sin prisas, de observar todos los detalles de unos edificios que se integran perfectamente en el verde entorno. La vista más conocida se obtiene desde el interior de Santa María, a través del ventanal de tres arcos de la fachada oriental, que es el símbolo turístico de Asturias. Si tenemos mucho interés en el prerrománico, en el Centro de Recepción e Interpretación nos dirán cómo acceder a otro monumento clave de este estilo, la iglesia de San Julián de los Prados, que está a casi siete kilómetros de aquí.

12.00 El latido de Oviedo

Regresamos a Oviedo. Una vez en la calle Uría, nos dirigimos por Fruela y Rosal al Mercado del Fontán, que para muchos es el verdadero corazón de la ciudad. Para sentir su latido, sólo tenemos que dejarnos arrastrar por la gente que se arremolina alrededor de los puestos del mercado cubierto, de arquitectura industrial y finalizado en 1885. En el exterior también hay mercado los jueves, sábados y domingos (en este último caso, un rastro).

Santa María del Naranco.
Santa María del Naranco.

Segunda tarde

Un saludo a Woody Allen

14.00 De tapeo por el Fontán

Para comer, dentro del mercado tenemos el restaurante El Fontán, una casa de comidas tradicional, sin florituras, que sirve rica y contundente fabada, buenas carnes (el dueño cría terneras y gallinas) y pescados frescos, habitualmente fuera de carta. Y para tapear, en los alrededores están Casa Ramón, Les Forgaxes, Casa Amparo y La Gran Manzana, entre otros. En todos ellos, podremos picotear fritos de pixín (rape), bocartes, croquetas caseras, lacón, escalopines al Cabrales, tablas de quesos…

16.00 Teatro Campoamor

Ha llegado la hora de recorrer el Oviedo más pujante, decidido y ambicioso. Y empezamos a hacerlo en la plaza de la Escandalera, junto al Campo de San Francisco y el Parlamento de Asturias. Aquí hay un carillón, en la Caja de Ahorros de Asturias (Cajastur), que anuncia las horas en punto con la famosa canción Asturias, patria querida. Como se oye en toda la ciudad, incluso en el monte Naranco, muchos forasteros se piensan que son las campanas de la catedral. También hay dos estatuas muy conocidas por los ovetenses: Maternidad (o La Gorda), de Botero, y Asturcones, de Manolo Valdés. A la vuelta de la esquina están la plaza del Carbayón, con una escultura de Úrculo cuyo nombre lo dice todo: Culis monumentalibus, y el Teatro Campoamor, sede de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Inaugurado en 1892, es un edificio de líneas claras y majestuosas, que recuerda los grandes teatros líricos italianos. Semidestruido durante la Guerra Civil, una profunda labor de restauración hace que esta obra de los arquitectos Salaberry y Borrajo luzca en todo su esplendor. Por el teatro pasan las mejores compañías del mundo de la danza, la ópera o la música.

Parlamento de Asturias.
Parlamento de Asturias.
Parque San Francisco.
Parque San Francisco.

17.00 De paseo por el campo

El Ensanche ovetense, surgido en el siglo XIX, no se puede entender sin el Campo San Francisco, un parque casi cuadrado, de unos 300 metros de lado, que es el pulmón de la ciudad. Hay que andarlo sin prisas por el paseo del Bombé, con su viejo quiosco de música; o por el de los Álamos, paralelo a la calle Uría y que termina en el pabellón de corte romántico al que llaman el Escorialín, donde hoy se encuentra la otra Oficina de Turismo que hay en la ciudad.

18.00 Un asturiano de Brooklyn

Si salimos del Campo San Francisco por el norte y cruzamos Uría, llegaremos a la calle Milicias Nacionales. Aquí se encuentra la estatua más famosa de Oviedo, la de Woody Allen. El director se ha convertido en un personaje muy querido en la ciudad después de recibir el Príncipe de Asturias y haber rodado Vicky Cristina Barcelona. Esta vía peatonal desemboca en la calle Palacio Valdés, por la que avanzamos a la izquierda hasta toparnos con la iglesia de San Juan el Real

Construida entre 1912 y 1915, la catedral del Ensanche es espectacular de noche, cuando está iluminada. Justo enfrente, podemos detenernos un momento en la librería Cervantes, con más de 100.000 volúmenes y un millón y medio de referencias en su base de datos.

19.00 El hotel de los premiados

Regresamos a San Juan el Real y continuamos hacia la derecha por la calle Melquíades Álvarez. Esto nos sitúa de nuevo en la calle Uría. En la esquina con Independencia, se halla uno de los edificios más singulares de la ciudad: las Casas del Cuitu, encargo de un rico indiano de principios del siglo XX al arquitecto Ulpiano Muñoz. El resultado: un edificio modernista y neobarroco con unas balconadas que son un desfile escultórico de ninfas, hadas, motivos florales y referencias mitológicas sorprendentes. Seguimos por Independencia hasta el cruce con Marqués de Pidal. En esta calle se reúnen algunas de las mejores tiendas de la ciudad. Avanzando por ella, alcanzamos el cruce con Gil de Jaz. A la derecha, aparece la solemne fachada del Hotel de la Re-conquista, famoso por hospedar a los galardonados con el Príncipe de Asturias. El edificio, del siglo XVIII, es Monumento Nacional. Merece la pena asomarse para ver su acogedor vestíbulo, el salón Gil de Jaz y el patio de la Reina.

Las balconadas de las Casas del Cuitu son un desfile escultórico de ninfas, hadas, motivos florales y referencias mitológicas sorprendentes

21.00 Cena de despedida

A cinco minutos del hotel, en la avenida de Galicia, tenemos dos buenos restaurantes para despedirnos de Oviedo con el mejor sabor de boca: Naguar Fromestano. Y poco más allá, en la plaza de América, Del Arco.


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Fecha de actualización: 3 de noviembre de 2016

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