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Palma de Mallorca

La California de Europa

Tres iconos del gótico levantino: la catedral, el palacio real de la Almudaina y la Lonja. Restaurantes entre barcos y redes secándose al sol, donde se comen pescados salvajes de la bahía, gambas rojas de Sóller y escupiñas de Mahón. Los lienzos que pintó Miró en su taller de Mallorca y las mil obras de arte que coleccionó Bartolomé March. Las vistas desde el castillo de Bellver y las puestas de sol en Portitxol. Una ruta a pie por la serra de Tramuntana y otra en bici con el legendario Stephen Roche. ¿Qué más le podemos pedir a Palma de Mallorca?


Primera mañana

En busca de iluminación

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

9.00 Un desayuno del año 1700

Si nos gusta lo típico, nos encantará desayunar una ensaimada y un chocolate en Ca’n Joan de S’Aigo, una cafetería, pastelería y heladería fundada en 1700, que se dice pronto. Una opción menos tradicional (y menos turística) es tomar un pam amb oli en una terraza de la plaza Salvador Coll. Aquí mismo podemos alquilar una bicicleta en Milenium Bike para recorrer la ciudad o, simplemente, hacer deporte mañanero pedaleando por el carril-bici del paseo marítimo de Palma.

10.00 Plaza Mayor: el kilómetro cero

Estamos a 50 metros de la Plaza Mayor, que es otro excelente lugar para desayunar. Es el centro del casco antiguo y el punto de partida de casi cualquier itinerario que queramos emprender por la ciudad. Sus terrazas invitan a disfrutar del sol y, por su ambiente y ubicación, suponen, en cualquier momento, la parada perfecta si queremos tomarnos un descanso entre visita y visita. Curiosamente, en este sitio hoy tan alegre y acogedor tuvo su sede hasta 1823 la Inquisición. Alrededor de la plaza hay varios edificios de interés, como la iglesia de San Miguel, erigida en el siglo XIV sobre una antigua mezquita, que es el templo cristiano más antiguo de Palma.

Ensaimada
Ensaimada. / Imagen cedida por: Oficina de Turismo de Palma de Mallorca

11.00 La catedral de la luz, del mar y del espacio 

Bajando por las calles de Colom y del Palau Reial, nos plantamos en la Seu, la arquitectura más bella de Mallorca y su símbolo más poderoso. Se le ha llamado la catedral de la luz, por sus 87 ventanales y sus siete rosetones, uno de ellos es el mayor de estilo gótico del mundo. También la catedral del mar, en cuyas aguas se refleja creando un efecto inolvidable. Y la catedral del espacio, ya que es la construcción gótica que, con menos cantidad de piedra, consigue un mayor volumen interior.

La catedral de Palma ha ido sumando aportaciones arquitectónicas y artísticas destacadas desde el siglo XIV. Estas colaboraciones han continuado hasta nuestros días, con la sorprendente y novedosa decoración en arcilla de una de las capillas a manos del artista Miquel Barceló en 2007. Antes que él, figuras como Antoni Gaudí (en la fachada y en los interiores), Juan Bautista Peyronnet (con la reforma de la fachada tras el terremoto de 1851) o Jaume Mates (en las bóvedas y las columnas) aportaron su visión personal a esta joya de la arquitectura.

A la Seu se la ha llamado la catedral de la luz, por sus 87 ventanales y sus siete rosetones, uno de ellos el mayor de estilo gótico del mundo

12.30 Esculturas, murales y un belén

Al lado de la catedral está la Fundación Bartolomé March, cuya colección abarca desde esculturas de Rodin, Moore y Chillida hasta cartas de navegación mallorquinas de los siglos XIV y XV, pasando por manuscritos antiguos, libros preciosos y encuadernaciones artísticas. No hay que dejar de ver los espectaculares murales de Josep Maria Sert (uno de los artistas más importantes del siglo XX en este ámbito), y el magnífico belén napolitano (con unas 2.000 piezas), ni dejar de consultar la agenda de actividades. No sería raro que nuestra visita coincidiera con algún concierto de música clásica recomendable.

Vistas de la Catedral
Vistas de la Catedral. / Imagen cedida por: Oficina de Turismo de Palma de Mallorca

Primera tarde

Exhibición de pintura

14.00 Cocina de fusión

Sólo tenemos que caminar cinco minutos para probar uno de los mejores restaurantes de la capital, Forn de Sant Joan, un antiguo horno de pan decorado con moderno gusto donde se elaboran tapas y platos multiculturales: minicornete de ceviche de lubina y langostinos con espuma de coco, tártaro del mar con salsa ponzu y alga wakame, cordero a las siete horas, banana connection… Imprescindible reservar, porque está siempre lleno. Un poco más lejos (a ocho minutos) tenemos otra buena opción: La Bodeguilla, restaurante y tapería donde el vino es protagonista.

16.00 Así vivían los nobles musulmanes

Madina Mayurqa, la actual Palma, fue refundada por los musulmanes sobre restos romanos. Los árabes transformaron a partir del siglo X la antigua ciudad y realizaron un complejo sistema hidráulico para el centro urbano y su huerta. Uno de los pocos restos de la arquitectura musulmana que se conservan en la isla son los Baños Árabes del jardín de Can Fontirroig, que datan del siglo XI y posiblemente formaban parte del palacio de algún noble. Se trata de una sala cuadrada con doce columnas que soportan una cúpula con diversas aberturas redondas. Esta sala estaba destinada a los baños calientes y, por ello, disponía de un doble suelo con huecos por donde circulaban el agua y el vapor. La diversidad estilística de los capiteles evidencia que fueron extraídos de ruinas bizantinas y romanas. Los jardines de Can Fontirroig, frondosos y sombreados, hacen aún más relajante esta visita.

17.00 Bastiones del arte contemporáneo

A pesar de que nació en Barcelona, Joan Miró tuvo una relación muy intensa con Mallorca, donde trabajó hasta el final de su vida. La Fundación Pilar y Joan Miró permite revivir el que fue su ambiente de trabajo. El edificio, de Rafael Moneo, alberga una importantísima colección de obras de Miró: 118 pinturas sobre tela, otras 275 realizadas con técnicas diversas sobre diferentes soportes, 1.512 dibujos y 35 esculturas, además de obra gráfica. El óleo conservado más antiguo de Miró forma parte de la colección, así como obras de otros muchos artistas: Arroyo, Canogar, Chagall, Chillida, Chirino, Feito, Genovés, Guerrero, Guinovart, Gordillo, Rueda, Millares, Mompó, Múñoz, Saura, Sempere, Tàpies… El único inconveniente es que queda un poco lejos del centro de Palma, a diez minutos en coche. Para ir en autobús, hay dos líneas: la 3 y la 46.

Mucho más céntrico, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo Es Baluard es un lugar imprescindible, donde pueden admirarse obras de Magritte, Chagall, Gauguin, Klimt, Picasso, Miró… El edificio en sí mismo merece una visita. Está ubicado en el perímetro del baluarte de Sant Pere (finales del siglo XVI), que forma parte del recinto amurallado renacentista que rodeaba la ciudad hasta principios del siglo XX. Además, las vistas sobre la bahía de Palma desde aquí son de las mejores. 

21.00 Por la noche, Terremoto

Un buen restaurante, que queda a cuatro minutos de Es Baluard, es Obvio by Cuchara, donde iba mucho Claudia Schiffer cuando tenía casa en la isla. Su fuerte son los arroces (secos y caldosos), el tartar y los estofados. También podemos probar algún plato de cocina local, como el bacalao a la mallorquina, el conejo con cebolla o la lechona al horno.

Para tomar una copa divertida hay que ir al Bar Flexas, con moqueta y taburetes muy kitsch. Cuando se descubre que la “Terremoto de Alcorcón” regenta el local, se entiende todo. No hay que descartar que, mientras estemos tomándonos un gin-tonic de lo más tranquilo, alguien irrumpa en el escenario y el local se convierta en un improvisado cabaré. Si queremos profundizar más en la noche isleña, tenemos el Garito Café y sus sesiones de electrónica que invitan a quedarnos hasta la madrugada. En la pista hay de todo: modernos, jóvenes estilosos y algún que otro hippy.

Segunda mañana

Vivir como un rey

10.00 Recuerdos que se comen

Sobrasadas, Botifarrons, Camaiots, queso de Mallorca, almendras, vinos de Binissalem y del Pla i Llevant, Ensaimadas, cocas, Robiols… En el Mercado del Olivar, podemos hacernos con unos cuantos kilos y litros de la mejor Mallorca, para seguir disfrutándola en casa. Para otras compras, menos perecederas, están la avenida de Jaume III y su prolongación, la calle de la Unió, que son los ejes comerciales de la capital. Donde se encuentran ambas calles, también desemboca el paseo del Born. Esta popular vía es perfecta para tomarnos un café y disfrutar desde cualquiera de sus terrazas del ambiente cotidiano de la ciudad.

11.30 Castillo moro, palacio cristiano

Por el paseo de Born nos acercamos, caminado a la sombra de los plátanos, a la plaza de la Reina y al palacio real. Para conocer la historia de Mallorca, no hay mejor visita que la del palacio real de la Almudaina. Como tantas otras construcciones importantes de las Baleares, sus orígenes son romanos y, tras la época musulmana, fue remodelado por los reconquistadores, en este caso por Jaume II, que dio al alcázar almorávide su aspecto actual.

El edificio tiene planta rectangular y del exterior destacan la fachada que mira al mar y la torre del Homenaje, coronada por una estatua del arcángel San Gabriel. En el interior, lo hacen el patio del Rey, la capilla gótica de Santa Anna (atención a su portada, con arquivoltas de medio punto sobre capiteles esculpidos con escenas de animales fabulosos), el salón del Trono (del siglo XIV, con grandes arcos diafragma apuntados), el patio de la Reina, la capilla de Sant Jaume y unos baños de la época islámica.

En 1963 se iniciaron las obras de restauración y actualmente es utilizado como museo y por el rey de España como residencia oficial para las ceremonias de Estado y recepciones durante el verano.

13.30 Cuando la sobriedad es bella

Cruzamos la avenida de Antoni Maura y, tras apenas un minuto de camino, llegamos a la Lonja, otra de las obras maestras de la arquitectura gótica en Mallorca, construida por Guillem Sagrera entre 1420 y 1452. Si la catedral y la Almudaina son joyas arquitectónicas ligadas al poder religioso y político, respectivamente, esta construcción representa el poder civil de la época.

El antiguo colegio de Mercaderes, combina sobriedad y belleza. Su planta es rectangular y su interior es un único espacio dividido en doce tramos por los peculiares pilares sin base ni capitel, cuyos fustes de aristas helicoidales se elevan hacia el techo hasta formar los nervios de las bóvedas. En el exterior, la ornamentación se centra en las grandes ojivas que decoran los ventanales. Además, cada una de las esquinas está rematada por torreones octogonales. Hoy sirve como sala de exposiciones temporales. De hecho, sólo cuando hay alguna es posible admirar su precioso interior.

Segunda tarde

Por un castillo redondo

14.00 Mesas con vistas al mar

En el muelle de la Lonja, muy cerca del monumento, está el restaurante Pesquero, cuyo nombre lo dice casi todo, porque en él se sirven tapas y platos de pescado y marisco de temporada, todo de calidad, en una terraza frente al mar, justo donde atracan y reparan sus redes los pescadores. 

16.00 El misterio de Bellver

A tres kilómetros al oeste del centro de Palma, coronando una colina de 112 metros, se alza el castillo de Bellver, otro de los polos de atracción de la capital, al que se puede llegar tomando el autobús turístico 50 o los urbanos 3, 20 y 46. Construido a principios del siglo XIV por orden de Jaume II, contiene hoy el Museo de Historia de la Ciudad, pero su interés principal reside en la propia construcción y en el bosque que lo rodea.

Esta fortaleza, pensada tanto para ser residencia real como fuerte defensivo, es una de las pocas de Europa diseñada con una planta circular. Resulta espectacular por sus formas y por las vistas privilegiadas que ofrece sobre la bahía y toda la ciudad (Bellver significa bella vista). Su historia militar abarca todos los periodos, pero quizás la anécdota más curiosa se encuentra en la misteriosa cueva artificial que hay en el bosque que lo rodea. Esta excavación de nada menos que 30.000 metros cuadrados data de los orígenes del castillo y su verdadera finalidad se desconoce.Algunos expertos opinan que era una vía de escape del castillo para el monarca Jaume II en caso de emergencia: no hay que olvidar que su propio hermano, Pedro III, le perseguía y que años antes había tenido que huir por las cloacas del palacio de Perpiñán. Desafortunadamente, la cueva (dividida en dos durante la Guerra Civil para almacenar munición y combustible) sólo puede visitarse durante las fiestas patronales de San Sebastián (20 de enero).

19.00 Puesta de sol en Portitxol

Reservamos los últimos momentos de nuestra visita a Palma para conocer Portitxol (autobuses 15, 18, 28 y 30). Este antiguo barrio de pescadores, algo alejado del centro de la ciudad (tres kilómetros), es hoy una de las zonas de esparcimiento más apreciadas por los mallorquines gracias a su paseo marítimo y a sus soleadas terrazas. Sus aceras se utilizan para patinar o hacer footing, pero también para disfrutar de la puesta de sol. Un detalle curioso: si nos fijamos en las terrazas de las casas situadas en primera línea, aún podremos ver las argollas a las que se amarraban los botes de pesca.

21.00 Sabor mediterráneo

Uno de los mejores restaurantes de Portitxol es el pequeño y acogedor Sa Roqueta. Sus platos más solicitados son las raolas de jonquillo, los calamares encebollados, las gambas con pochas, los garbanzos con sepia, los arroces marineros y, en general, cualquier pescado. Se nota que es de una familia de pescadores de toda la vida.


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Fecha de actualización: 3 de noviembre de 2016

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