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Pamplona

A Pamplona hemos de ir (con sanfermines o sin ellos)

La capital navarra, durante los sanfermines, es muy divertida, sí, pero el resto del año también tiene sus atractivos. Hay pintxos y Garroticos para picar o como aperitivo y chuletones a la parrilla para una buena comida. Hay parques para todos los gustos: versallescos o de estilo japonés, a orillas del río Arga o sobre la antigua Ciudadela. Hay una señora catedral, kilómetros de murallas y baluartes renacentistas y edificios de los mejores arquitectos contemporáneos: Moneo, Sáenz de Oiza, Patxi Mangado…, todos navarros.


Primera mañana

Entre toros y murallas

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 Encierro a cámara lenta

Calle Nueva
Calle Nueva. / Imagen cedida por: Ayuntamiento de Pamplona

Del 7 al 14 de julio, a las 8.00 de la mañana, astados y corredores recorren los 848,6 metros que separan la cuesta de Santo Domingo de la plaza de toros. Ellos cubren esa distancia en dos minutos de intensa emoción, pero nosotros, hoy, que no tenemos ninguna prisa, ni hay toros sueltos a la vista, lo vamos a hacer en un par de horas, parándonos aquí y allá para contemplar un blasón, comprar un recuerdo o comernos unos Garroticos, que enseguida veremos lo que son. Nuestra primera parada será la cuesta de Santo Domingo, en cuya parte baja se montan los corrales desde los que salen los toros en los encierros de San Fermín. Poco más arriba se encuentra el Museo de Navarra, el más valioso de la ciudad, que está instalado en el antiguo hospital de Nuestra Señora de la Misericordia y alberga colecciones arqueológicas y artísticas relacionadas directamente con esta región a lo largo de la historia. Las obras más destacadas son el mosaico romano de Teseo y el Minotauro, la arqueta de Leyre (hispanoárabe, de 1005) y el Retrato del Marqués de San Adrián, pintado por Goya en 1804.

Seguimos subiendo por la cuesta hasta llegar al Ayuntamiento, donde cada 6 de julio, desde uno de los balcones abiertos en su fachada rococó, se lanza el chupinazo, el cohete que señala el inicio de las fiestas. Aquí giramos a la izquierda para adentrarnos en la calle Mercaderes y conocer, desviándonos un poco del recorrido de los encierros, uno de los establecimientos más queridos por los pamplonicas: la churrería La Mañueta. Solamente abre un par de sábados en junio, durante los sanfermines y los domingos de octubre, así que si la encontramos abierta, tendremos mucha suerte y una cola asegurada de 70 personas. Es la churrería más antigua de España, ya que abrió sus puertas en 1872.

11.00 La curva de Estafeta 

Desde Mercaderes, y tras efectuar un giro de 90 grados que suele provocar caídas de los toros durante los encierros, entramos en Estafeta, la calle más famosa de la ciudad. Su nombre le viene de que aquí estuvo la primera oficina de correos, en el siglo XIX. Abundan en ella las casas y palacios con blasones, como el que se ve en la trasera del palacio Goyeneche. Si aún no hemos desayunado, o tenemos ganas de más, nos detendremos en la pastelería Beatriz, célebre por sus Garroticos, unas mini napolitanas de chocolate de las que aquí hacen, como mínimo, 2.400 al día. Al salir de Estafeta se descubre ya, a la izquierda, la plaza de toros, con su temido callejón, una bajada en forma de embudo donde no es difícil que se produzcan aglomeraciones durante los encierros.

La plaza del Castillo ha sido fortaleza, escenario de batallas y mercado… En el lado este, destaca el palacio Goyeneche, con una linterna en el tejado

11.30 Paseo por las murallas 

Detrás de la plaza de toros se encuentra el Centro de Interpretación de las Fortificaciones de Pamplona, que nos habla de la historia bélica de una ciudad cercana a la frontera con Francia, con uno de los recintos amurallados mejor conservados de toda Europa, construido entre los siglos XVI y XVIII. Inaugurado en 2011, el centro se sitúa en el punto de inicio de un paseo continuo por los cinco kilómetros de fortificaciones de Iruña y se aloja en un espacio que fue militar: las cinco casernas o bóvedas a prueba de bombas del fortín de San Bartolomé, del siglo XVIII, que era una defensa avanzada de la ciudad sobre el río Arga, situada en alto. Una espectacular pasarela peatonal conduce desde el fortín hasta el baluarte de Labrit, que ofrece unas magníficas vistas sobre el parque de la Tejería, a la vera del río. Desde aquí, tenemos medio kilómetro de grato paseo por la ronda del Obispo Barbazán hasta el rincón del Caballo Blanco, sobre el baluarte del Redín. Doblando a la izquierda por la calle Redín, vamos a dar a la plaza de San José, donde nos topamos con el flanco occidental de la catedral de Santa María.

12.30 Una campana de 12 toneladas 

Tras la fachada neoclásica de la catedral se esconde un magnífico templo de estilo gótico, cuya nave alcanza los 28 metros de altura. Su claustro, que empezó a construirse a finales del siglo XIII, fue considerado el “más bello del mundo” por Victor Hugo. En el interior destacan el sepulcro de Carlos III el Noble, la capilla de la Barbazana, el retablo de la capilla de Santa Cristina (siglo XVI) y la sillería del coro. Una curiosidad: una de sus campanas, La María, es la segunda en uso más grande de España. Mide 2,50 metros de diámetro por 2,25 de altura y pesa unos 12.000 kilos, lo que obligó a colocarla antes de terminar la torre. 

Catedral
Catedral. / Imagen cedida por: Ayuntamiento de Pamplona

Primera tarde

Hemingway estuvo aquí

14.00 De pintxos por el casco antiguo

Como en tantas otras ciudades españolas, en Iruña hay una extraordinaria tradición de pintxos. Así que nada mejor que saborear estos pequeños bocados de alto nivel gastronómico, tamaño reducido y precio ajustado. En el casco antiguo, los pintxos de Baserri, Gaucho y El Burgalés (siempre están entre los más premiados). También hay que probar el fritico de pimiento del centenario Café Roch.

16.00 Cita en el quiosco 

El punto de encuentro por excelencia de los pamplonicas, y un buen lugar para echarse de nuevo a pasear después del picoteo, es el quiosco central de la plaza del Castillo. Centro neurálgico de la ciudad y uno de sus espacios con más encanto, esta plaza ha sido fortaleza, escenario de batallas y torneos, mercado… En el lado este, destaca el palacio Goyeneche, del siglo XVIII, con una llamativa linterna en el tejado. Su fachada posterior ya la vimos al pasar por la calle Estafeta. Hasta 1843, la plaza también acogió corridas de toros. En el lado oeste se instalaron los toriles, lo que obligó a eliminar los porches de las casas de esta parte.

El número 1 de la plaza corresponde al hotel La Perla. Inaugurado en 1881, en el año 2007 se sometió a una reforma que modernizó sus instalaciones sin restarle encanto. Presume de haber alojado a los tres últimos reyes de España: Alfonso XII, Alfonso XIII y Juan Carlos I. Intacta se conserva la habitación que el violinista pamplonés Pablo Sarasate utilizó durante 20 sanfermines. Desde su balcón obsequiaba a la ciudad con un multitudinario concierto, tradición que hoy prosigue en su honor. También la habitación 201 (en los años 50, era la 217) se mantiene tal y como Ernest Hemingway la conoció. Otro edificio emblemático de la plaza es el Café Iruña. Sus suelos en damero, las sillas Thonet, las molduras y los grandes espejos han sido testigos de todos los acontecimientos de la ciudad desde 1888. 

18.00 Dos templos del siglo XIII

A sólo 200 metros de la plaza del Castillo, se halla la iglesia-fortaleza de San Nicolás, del siglo XIII, que abre sus puertas a esta hora. Otra bonita iglesia del mismo siglo es la de San Cernin o San Saturnino. Es un paseo de diez minutos tomando la calle Zapatería y pasando por la plaza Consistorial. A la salida, buscaremos el pocico donde San Saturnino bautizó a los primeros cristianos de la ciudad, entre ellos, al futuro San Fermín. 

19.00 Moda y delicatessen

El cuadrante más comercial del casco antiguo está formado por las calles Mayor, Estafeta, Zapatería y Comedias. Sin embargo, en todo el barrio se pueden encontrar las más variopintas tiendas. Si nos gustan las antigüedades, el primer sábado de cada mes (excepto en julio) se celebra el Rastrillo de las Buenas Pulgas en la  plaza de San José, al lado de la catedral, donde acuden vendedores y coleccionistas. Para la ropa no hace falta esperar hasta ese día: Minx es un espacio dedicado a la moda y al arte en general. Tampoco podemos irnos sin comprar alguna de las delicatessen de Navarra. Enfrente de San Nicolás se halla la Vinoteca Murillo. Su oferta de vinos y productos gourmet es excelente. Pero el establecimiento que de ningún modo podemos perdernos es Maite Montes, a 10 minutos de la plaza del Castillo. Aquí prestan especial atención a los productos de Navarra. 

21.00 Cena con los hermanos Idoate 

Tampoco está lejos de la plaza del Castillo (cinco minutos) el restaurante Alhambra, toda una institución en Iruña. También merece la pena el Europa, de cocina de autor, con profundas raíces navarras. Una tercera opción para la cena es La Olla, un mesón que apuesta por la cocina tradicional y los productos de temporada: verduras, setas, caza…

Segunda mañana

La ciudadela más verde

10.00 El pino de la Diputación 

Podemos empezar el segundo día desayunando en el Café Iruña, para después cruzar la plaza del Castillo hasta el comienzo de la avenida de San Ignacio. La primera gran avenida que tuvo la ciudad alberga el antiguo Archivo General de Navarra, anexo al palacio de Navarra, sede del Gobierno Foral. En el jardín que da a la calle, podemos ver el árbol más alto de Iruña: una secuoya gigante de 37 metros de altura, conocida popularmente como el pino de la Diputación. Fue plantada aquí en 1855 por el diputado foral José María Gastón y Echeverz, que la trajo de América.

11.00 Edificios con firma

El arquitecto pamplonés Víctor Eúsa (1894-1990) realizó durante la primera mitad del siglo XX numerosos edificios de gran valor artístico, la mayoría de ellos situados en esta zona del Segundo Ensanche. Desde esta avenida se aprecian bellos ejemplos, como el edificio de la Vasco-Navarra; la casa Uranga, con sus vigas y tejado a dos aguas; o el edificio Aurora.

12.00 De fortaleza militar a parque público

La avenida de San Ignacio termina en la plaza del Príncipe de Viana. Doblando en ella a la derecha, por la avenida del Conde Oliveto, llegamos en apenas dos minutos a la Ciudadela la fortificación más espectacular de Iruña (una gran estrella de cinco puntas, con un baluarte en cada una de ellas), que ordenó construir Felipe II en 1571. Junto con la Vuelta del Castillo, el cinturón verde que la rodea, hoy es el gran pulmón de la ciudad, un parque de 280.000 metros cuadrados donde coexisten las viejas arquitecturas militares con los árboles y las praderas. Los pabellones, fosos, baluartes, revellines y glacis, concebidos para la guerra, son ahora lugares públicos de ocio, deporte y cultura.

Segunda tarde

Parques y jardines

14.00 Una mesa excelente 

Para comer no nos alejaremos mucho, que seguro que ya lo hemos hecho mientras exploramos la Ciudadela a fondo. Nuestra elección es el cercano restaurante Enekorri. En la carta, platos tan apetecibles como las Borrajas y cocochas de bacalao con su pilpil, la merluza con puntas de espárragos verdes, las manitas de cerdo a la plancha con cebollas glaseadas o el postre de las especias. El local, encantador. La bodega, sobresaliente. Y la atención, impecable. 

16.00 Aires de Japón 

Un paseo digestivo nos va a llevar en 20 minutos hasta uno de los rincones más inesperados de la ciudad: el parque de Yamaguchi. Cruzamos la Ciudadela y el parque de la Vuelta del Castillo en diagonal, hasta la avenida de Sancho el Fuerte. Seguimos a la izquierda por la calle de la Fuente de Hierro hasta Pedro I, giramos a la derecha y nos encontraremos con este auténtico jardín japonés, que debe su nombre a la población nipona de Yamaguchi, con la que Iruña  está hermanada. Fue diseñado por arquitectos y paisajistas japoneses y rinde homenaje a las cuatro estaciones. Data de 1997 y en sus 85.000 metros cuadrados se descubren numerosos elementos ornamentales propios de la cultura japonesa: un géiser, un palafito, un estanque con puente y cascada y varias especies arbustivas y arbóreas niponas. En su interior se halla el Planetario de Pamplona.

17.30 Aquí descansa San Fermín

Regresamos al casco antiguo pasando por los románticos jardines de la Taconera, los más antiguos de la ciudad, de 1830, con restos de murallas, un monumento al tenor navarro Julián Gayarre y miradores sobre el río. Muy cerca queda la iglesia de San Lorenzo, que es de mucha devoción de los pamplonicas, pues en la capilla de San Fermín reposan los restos del patrono. Otra opción para la tarde es visitar el campus de la Universidad Pública de Navarra, diseñado al sur de la ciudad por el arquitecto navarro Sáenz de Oiza, con su imponente biblioteca, sus árboles de los cinco continentes y su museo de esculturas al aire libre. Y ya que hablamos de esculturas, otra buena alternativa puede ser el Museo Jorge Oteiza, diseño también de Oiza, que alberga la extensísima colección personal del artista, compuesta por 1.650 obras.

20.00 Baluarte cultural y gastronómico

Para la tarde-noche, nos interesa consultar la programación de Baluarte, el flamante Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra. El edificio, obra del arquitecto navarro Patxi Mangado, es una imponente construcción de tres plantas revestida de granito gris oscuro, que debe su nombre a los restos del baluarte de San Antón. Además de sus espectáculos (conciertos, danza y teatro), lo que atrae al público es el restaurante Baluarte, de cocina de autor, con carta dinámica de temporada dedicada a las huertas navarras y bellas vistas a la Ciudadela.

21.00 Cocina imaginativa o chuletones

Si queremos una última cena verdaderamente especial, reservaremos en Rodero, restaurante de cocina imaginativa que, para muchos, es el mejor de la ciudad. Más tradicionales, pero no menos apetecibles, son los chuletones que hacen a la parrilla en los asadores Zubiondo y Bidea2, ambos en las vecindades de Iruña.

 


Fecha de actualización: 3 de noviembre de 2016

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