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Pontevedra

Pontevedra, plaza mayor de las Rías Baixas

Erigida sobre un par de colinas junto a la penúltima curva del río Lérez, que poco más adelante ya es ría de Pontevedra, la Ponte Veteri de la que hablaban las crónicas medievales parece conservarse intacta dentro de un casco antiguo de muy gratas y andaderas proporciones. Para descubrir Pontevedra, hay que recorrer callejones de puro granito tapizados de verdín, rúas donde las casas señoriales alternan con taperías populares y seductoras plazas de reminiscencias gremiales llenas de soportales, fuentes y niños.


Primera mañana

El crucero de la tentación

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00  La Alameda 

Hay el parecer unánime (y por algo lo habrá) de que el mejor lugar para echarse a andar por la vieja Pontevedra es la Alameda. Alrededor de este paseo se alzan los severos edificios del poder (Ayuntamiento, Diputación, Xunta…) y también, como romántico contrapunto, las ruinas de Santo Domingo. Lo poco que queda de este convento (la cabecera, de cinco ábsides, excepcional en el gótico gallego, y parte del muro sur de la iglesia y la entrada al capítulo, todo de finales del siglo XIV) forma una especie de jardín arqueológico, dependiente del Museo de Pontevedra, donde se exhiben esculturas fúnebres y blasones medievales. Es un sitio al que la hierba, el musgo, la lluvia y los años de abandono le han sentado muy bien.

11.00  Tréboles de cuatro hojas y un santo con gafas

Por la avenida de Santa María, que nace junto al Ayuntamiento, se llega en dos zancadas al palacete de los Mendoza, que aloja la Oficina de Turismo de las Rías Baixas, y poco después a la basílica de Santa María. Este templo del siglo XVI, perla del arte isabelino en Galicia, gusta incluso a la gente que se aburre viendo iglesias, con sus bóvedas de crucería en forma de trébol de cuatro hojas y las curiosas esculturas que hay labradas por doquier, como en la portada oeste, donde aparecen un santo con gafas y, por error, Cristo a la izquierda de Dios Padre.

12.00   Adán, Eva y Valle-Inclán

Bajando por Isabel II, se llega a una plazuela, llamada de las Cinco Calles, que preside un crucero del siglo XVIII, adornado en su base con una representación muy expresiva, como de cine mudo, del momento en que Adán y Eva comieron la fruta que no debían. En la casa que queda detrás de la pareja, vivió, según informa una lápida, Valle-Inclán. Pero no es a libros ni a manzanas a lo que huele en esta plaza, sino a vino, a chocos fritos y a chistorra, porque es zona pródiga en bares de tapas, a la que, tarde o temprano, el paseante habrá de volver para reponer energías. 

13.00  La Ferrería y la Peregrina

La rúa Princesa, que arranca poco más abajo, y su prolongación, Manuel Quiroga, llevan derecho a la plaza de Ferrería, que es la mayor y la más concurrida de la ciudad. Por este camino se ven, de pasada, la plaza del Teucro (de la que más tarde se hablará), el Teatro Principal (al que mañana se volverá) y las arcadas de la calle de los Soportales, recuerdo de los tiempos, probablemente aún más lluviosos, en que se podía atravesar toda la ciudad sin mojarse aunque cayeran chuzos de punta.

Las arcadas de la calle de los Soportales recuerdan los tiempos en que se podía atravesar toda la ciudad sin mojarse aunque diluviara

La plaza de Ferrería está también rodeada de soportales, en los que antiguamente trabajaban los herreros que le dieron nombre, y de jardines sonrojados de camelias donde borbotea la fuente que dio lugar al cantar: “Pontevedra é boa vila, / dá de beber a quen pasa / na fonte da Ferrería…”. Uno de los que pasó por la boa vila, y bebió de la fuente de marras, cuando iba camino de Santiago, fue san Francisco de Asís, quien, según la tradición, fundó la iglesia de San Francisco, que se alza al este de la plaza. Al siglo XIV corresponde la mayor parte de este templo gótico, incluido el sepulcro del almirante y trovador Paio Gómez Charino, que fue por mar a la toma de Sevilla. Más reciente, del XVIII, es el anejo edificio conventual, hoy delegación de Hacienda.

También asoma sus torres a la plaza de Ferrería el santuario de la Peregrina. La casa de la patrona de Pontevedra y parada obligada del camino portugués es una pequeña iglesia, entre barroca y neoclásica, con planta en forma de vieira y, como pila de agua bendita, una concha gigante traída a finales del siglo XIX por Casto Méndez Núñez, el famoso marino y militar pontevedrés que, al mando de la fragata Numancia, bombardeó Valparaíso y el Callao, y que, en el fragor de la batalla, dijo aquello tan quijotesco de “más vale honra sin barcos, que barcos sin honra”. La enorme concha la encontró en algún lugar del Pacífico, que, por lo que se ve, no lo era tanto.

Primer tarde

Más madera en la plaza de la Leña

14.30  La cocina más innovadora

Dos restaurantes pontevedreses descuellan por su creatividad, ambos capitaneados por cocineros del Grupo Nove. Uno es Casa Solla, que ofrece nueve mesas en un único espacio con la cocina a la vista, muy luminoso y contemporáneo, y una atención esmeradísima, a menudo prodigada por el propio Pepe Solla. Dos soles Repsol avalan su buen hacer y su impecable trayectoria. El único pero es que hay que coger el coche, porque está en el barrio de Salvador de Poio, a tres kilómetros del centro.

A sólo cien metros de la plaza de Ferrería, en cambio, abre su puertas el acogedor restaurante de Iñaki Bretal y Roberto Filgueira, Eirado da Leña. Su lema es producto, producto y producto. Y vox pópuli, el excelente punto que dan a los pescados. Estar en la plaza de la Leña, una de las más típicas y bellas de la ciudad, si no la que más, eleva al cuadrado su atractivo.

16.30  Seis museos en uno

La verdad es que, para lo chica que es la plaza de la Leña, hay en ella bastantes cosas: hay soportales en dos de sus lados y hay cinco bares y restaurantes con sus respectivas terrazas; hay un crucero viajero, procedente de Caldas de Reis, y hay dos pazos barrocos, el Castro Monteagudo y el de García Flórez, ambos de mediados del siglo XVIII, que albergan buena parte de los fondos del Museo de Pontevedra.

Este museo fundado en 1927, con 16.000 piezas expuestas en seis edificios distintos, es un fabuloso rompecabezas de la cultura gallega: brazaletes de oro prehistóricos, espadas de la Edad del Bronce, miliarios romanos, tímpanos románicos, pinturas, grabados y esculturas de todas las épocas, cerámicas de Sargadelos, azabaches compostelanos, abanicos, marfiles, gaitas… y una réplica del interior de la fragata Numancia, primera nave acorazada española (1863).

De los seis inmuebles que alojan las colecciones del Museo de Pontevedra, el más grande, moderno y llamativo es el denominado Sexto Edificio, un proyecto de los arquitectos Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera, inaugurado a principios de 2013. Tiene 10.000 metros cuadrados de superficie y 23 salas donde se exponen de forma permanente obras (pictóricas, en su gran mayoría) que permiten apreciar la evolución del arte gallego desde el gótico hasta la actualidad, así como las manifestaciones artísticas realizadas en otros puntos de España desde los tiempos de Goya hasta mediados del siglo XX. Sólo en ver el Sexto Edificio y lo que hay expuesto en los pazos de la plaza de la Leña, se echa la tarde entera.

20.30  Tapeo en las Cinco Calles

Ya se advirtió, al pasar esta mañana por la plaza de las Cinco Calles, que había un olorcillo que alimentaba y que habría que volver para inspeccionar los bares de tapas. Cinco Calles, como la plaza, se llama uno de los más clásicos del casco antiguo, un bar sin florituras donde hacen rico pulpo, jamón asado y empanada de berberechos con harina de maíz. El vecino O Cruceiro es un lugar coqueto comparado con lo que por aquí se estila, con mantelitos de tela a cuadros. Como también dan comidas, los pinchos pueden ser hasta de arroz con chocos. Hay que probar sus mejillones a la marinera.

También se encuentran tradicionales taperías en la calle San Nicolás. En el número 7 se halla O Pulpeiro. “Probablemente o mellor polbo de Pontevedra”, dicen sus fieles. Polbo, en gallego, es pulpo. En el número 5, O Noso Bar: pescaditos fritos de la ría y una empanada distinta cada día. En Princesa, destaca por sus precios y por su suculenta oreja a feira el bar Saudade. Mientras que, poco más allá, en las vecindades del Teatro Principal, están tres de los mejores lugares de picoteo de la zona: El Bocaíto (jamón ibérico, revueltos y bocadillos calientes, y de lo gallego, pulpo y empanada de zamburiñas), Jaqueivi (además de jamón, queso y vino, cuyas primeras sílabas forman el nombre del local, ahumados y foie de oca y pato) y La Alquería Mudéjar (tortillas y huevos fritos con patatas, embutidos y gran variedad de vinos).

22.00  Parar en el Parador o no parar

Una de las cinco rúas que irradian de la plaza de las Cinco Calles es la del Barón, que conduce rauda al pazo de Maceda o del Barón de la Casa Goda, también conocido por algunos como casa del Barón y, por todos, como Parador de Pontevedra, pues eso es hoy este palacio renacentista del siglo XVI, con bonitos jardines floridos de camelias y portada labrada en época posterior, de estilo neoclásico. Si no se tienen ganas de fiesta, es un buen lugar para echar el freno e irse a la cama. Que sí se tienen, pues entonces hay que encaminarse a la plaza de la Verdura, otra bonita y evocadora plaza del casco antiguo, que se maciza de terrazas en cuanto el tiempo lo permite. Aquí se encuentra la Oficina Municipal de Turismo, que lógicamente, a estas horas, está cerrada. Las mejores terrazas de la plaza son las de Os Carballos y El Baúl, dos bares que están uno al lado del otro y tan bien hermanados, que no ponen reparos a que uno pida de beber en un lado y se siente en el otro. Así es más fácil encontrar sitio. Si aún se tiene hambre, pruébese la tortilla de Os Carballos, que sabe a huevos de verdad. También se puede comer y/o beber algo en la Vinoteca Bagos, un bistró donde sirven quesos selectos, tostas, platillos exquisitos para compartir y vinos por copas excepcionales; vinos que en otros lugares sólo se encuentran, con suerte, en botella. Después se puede ir, hasta las tres de la madrugada, a Doctor Livingstone, Supongo, un pub de entretenida decoración, muy ajustada a su nombre, donde se hacen buenos cócteles, monólogos y conciertos.

Segunda mañana

Siguiendo el río Lérez

10.00  Paseo por la orilla del Lérez

Los que hayan dormido en el Parador están de suerte, porque para bajar al río Lérez, que es lo que esta mañana toca, no hay que madrugar nada, sólo caerse de la cama. Tanto si se va por la calle del Barón como por la rúa Maceda, hay 200 metros hasta el puente del Burgo, que es el más viejo de la ciudad, el que aparece en su escudo y cuya decoración con conchas recuerda que por él discurre el camino portugués a Santiago. 

10.30  Templos del pescado y del albariño

Río arriba se encuentra el antiguo mercado de abastos, templo del pescado que fue remodelado en 2003 por el arquitecto pontevedrés César Portela, sacándose a la luz durante las obras un pedazo de muralla medieval. Detrás del mercado, por un arco que se abre en la calle de César Boente, se accede a la plaza de la Pedreira, una de las muchas ágoras encantadoras de la ciudad, donde tiene su sede, en un palacete barroco con soportales, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rías Baixas, donde se puede visitar un pequeño museo y recabar información para seguir el rastro del albariño por alguno de los cinco rincones de la provincia donde se elabora este vino. Si se necesitan más datos, existe una web específica sobre rutas por las zonas vinícolas de las Rías Baixas.

11.00  Cesta para un picnic

Como la idea es comer hoy de picnic, las viandas que no se hayan comprado en el mercado de abastos, se pueden adquirir en Mímate Delicatessen: queso de tetilla, huevas de erizo, chocolates bio… La tienda está en un palacio del siglo XVIII junto a la plaza del Teucro, otra hermosa plaza con fuente, soportales y noble compaña de pazos, cuyo nombre recuerda al arquero griego, hijo de Telamón y medio hermano de Áyax, que dicen que fundó Pontevedra poco después de la guerra de Troya. Esto bien pudiera no ser verdad, pero, si no lo es, es una no verdad que no hace daño a nadie. En Juncal Alimentación, se pueden añadir a la cesta unas sardinas frescas en aceite de oliva y un vino del Salnés elaborado con la ancestral uva ratiño.

Segunda tarde

Una pasarela espectacular

14.00  Arte y bocadillos en la isla de las Esculturas

Monolitos, laberintos y bancos con mensajes filosóficos jalonan el museo de esculturas al aire libre que permanece instalado desde el año 2000 en una isla del río Lérez, a diez minutos del puente de Burgo, aguas arriba. Una espectacular pasarela colgante metálica de color blanco da acceso a la Illa da Xunqueira do Lérez, más conocida como la isla de las Esculturas por las 12 obras de granito de artistas internacionales que la hermosean; artistas de la talla de Giovanni  Anselmo, Dan Graham o Francisco Leiro. Es una isla de arte pero, también, o sobre todo, de naturaleza, que está declarada Lugar de Importancia Comunitaria y es perfecta para pasear, correr, pedalear o comerse un bocadillo mirando los patos, las garzas, los somormujos lavancos y otras aves que pululan en estas márgenes fluviales.

16.00  Dos cafés con solera

Como se ha comido en plan silvestre, el café, o el digestivo que más apetezca, se puede tomar, para compensar, en dos de los establecimientos con más solera de la capital: el Café Carabela, que abrió sus puertas en 1946 en la plaza de Estrela, contigua a la de Ferrería, y deslumbró a sus clientes con el primer televisor de la ciudad; y el Café Savoy, lugar de tertulias memorables y polo electrizante de la vida artística y social pontevedresa desde 1936, que ha sido recientemente rehabilitado y ha incorporado a su carta cafés especiales y más de 30 tipos de gin tonic.

19.00  Escenarios culturales

Si se tienen inquietudes culturales, habrá que estar atentos a la programación del Teatro Principal, del Pazo da Cultura y del Centro Social Novacaixagalicia. Haya o no espectáculos programados, merece la pena acercarse a este último para echar un vistazo al edificio de 1948 rediseñado por César Portela, con imponente vestíbulo, cubo de cristal en la trasera y, en lo más alto, un Teucro de bronce de seis metros, obra de Cándido Pazos.

21.00  Despedida a lo grande

Despedida gastronómica a lo grande, en otro restaurante con dos soles Repsol: Pepe Vieira Camiño da Serpe. Cocina evolutiva, comprometida y arriesgada del chef Xosé Torres Cannas en Raxó, a 12 kilómetros de la ciudad. Sin salir de ella, otras dos excelentes opciones para la cena son Alameda 10 y La Casa de las 5 Puertas.

Y para dormir, una nueva alternativa, la Hospedería del Monasterio de Poio, que ocupa un moderno edificio anexo al histórico monasterio, a cinco kilómetros de la capital, y es una buena opción para espíritus austeros.


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Fecha de actualización: 9 de noviembre de 2016

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