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Segovia

Segovia, la ciudad del Acueducto

Erigida sobre un promontorio de afilada proa en la confluencia del Eresma y el Clamores, Segovia ofrece la más bella postal urbana de la vieja Castilla. Es, por antonomasia, la Ciudad del Acueducto, pero el rastro dejado en ella por los romanos es escaso comparado con otros muchos vestigios de distintas épocas (iglesias románicas, por ejemplo) que salpican el laberinto de sus calles y que le han valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Los pasos de los judíos por la antigua aljama o los de Machado por la Alameda del Parral son otros rastros intensos que apetece seguir.


Primera mañana

Del acueducto a la catedral

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

10.00 Plaza del Azoguejo

Si hay una ciudad donde está claro cuál es el kilómetro cero turístico, esa es Segovia. Y el kilómetro cero en cuestión es la plaza del Azoguejo. Aquí se levanta el tramo más alto y vistoso del Acueducto, que fue iniciado probablemente por Domiciano en el año 90 y quizá reconstruido en tiempos de Trajano, y es el mejor ejemplo de arquitectura civil romana en España. Aunque el agua se traía desde la sierra por un canal de 12 kilómetros, el acueducto elevado, el visible, tiene 728 metros y alcanza una altura de más de 28. Tiene 166 arcos y está construido con sillares de granito colocados en seco, sin argamasa. Además de esto, que ya es mucho, en la plaza se encuentra el Centro de Recepción de Visitantes, moderno, amplio y bien atendido. Es un kilómetro cero tan fotogénico, y tan agradable, que dan ganas de no moverse.

10.30 El bello románico de San Martín

Salimos del Azoguejo subiendo por la calle Cervantes, en cuya prolongación, Juan Bravo, vemos la casa de los Picos (inconfundible, del siglo XV) y, 150 metros después, la iglesia de San Martín, uno de los más bellos templos románicos de la ciudad, del siglo XII, que presenta un atrio porticado en tres de sus frentes.

 

11.00 Una de las juderías más importantes

Otros 150 metros, por la calle Juan Bravo, y nos plantamos en la plaza del Corpus. Aquí empezaba la antigua Judería, que era una de las tres más importantes de España, de las que más tributaban. Y aquí se alza la iglesia del Corpus Christi, que fue la sinagoga mayor y conserva el aspecto de tal, con sus tres naves delimitadas por arcos de herradura apoyados sobre columnas octogonales con capiteles de piñas y roleos. A principios del siglo XV, corrió el bulo de que los judíos habían profanado una hostia en su interior, y les fue expropiada. Ello da una idea de cómo se llevaban las comunidades cristiana y hebrea.

Bajando por Judería Vieja, enseguida se llega a una casa mejor que el resto. Es (o fue) la casa de Abraham Seneor, que estaba valorada en un millón de maravedíes, cuando una normalita, en aquel entonces, no pasaba de 15.000. Un patio de columnas ilumina la mansión del financiero judío que más mano tuvo con los Reyes Católicos, a tal extremo que llegó a ser miembro del consejo real, algo así como ministro. Después la casa fue propiedad de Andrés Laguna, médico de Carlos V, y ahora alberga el Centro Didáctico de la Judería, donde se puede ver, entre otras curiosidades, un audiovisual sobre el sabbat sefardí en tres dimensiones y comprar cosméticos elaborados con barro del mar Muerto.

Otro lugar con miga judía es la puerta de San Andrés, la principal de las nueve con que contaba la aljama, desde cuyo adarve se domina un panorama de tejados que apenas ha variado desde el siglo XV. Se llega bajando hasta el final de Judería Vieja y luego por Martínez Campos. Una vez vistos la puerta y el panorama, continuamos por la calle del Socorro, que corre paralela a la muralla, y nos ponemos en dos minutos en la casa del Sol, antiguo matadero mencionado en el Buscón, que hoy es el Museo Provincial, donde se muestra la historia de Segovia a través de 1.500 piezas artísticas, arqueológicas y etnográficas.

13.00 Aperitivo con vistas a la catedral

Ayuntamiento
Ayuntamiento. / Imagen cedida por: Turismo de Segovia

Regresamos por las calles Socorro y Martínez Campos hasta coger, a la izquierda, la calle de San Frutos, que rodea el ábside de la catedral. Estamos en la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad. Este espacio vio modificado su aspecto original a causa del hundimiento en 1523 de la iglesia de San Miguel, donde Isabel de Castilla fue proclamada reina. El templo fue reubicado en uno de los laterales de la plaza, cediendo buena parte del protagonismo arquitectónico al Ayuntamiento. Liberada del tráfico, la Plaza Mayor es un lugar perfecto para sentarse a tomar el aperitivo en alguna de sus terrazas, contemplando la catedral.

Primera tarde

Haciendo hambre para el cochinillo

14.00 Cocina creativa, segoviana o sefardí

En la plaza se encuentran algunos de los mejores restaurantes de la ciudad. Un seguro de satisfacción es La Concepción, también conocido como La Concha, con terraza y barra para tapear y comedor de decoración minimalista donde se degustan platos creativos. Si queremos cocina tradicional, ahí está Julián Duque. Y en Cronista Lecea 11, a 80 metros de la plaza, José María, que hace uno de los mejores cochinillos asados. Y ya que estamos al lado de la antigua Judería, podemos probar también las recetas tradicionales de los judíos castellanos en El Fogón Sefardí, en un palacio mudéjar del siglo XV, que además es hotel y spa. Y taberna, premiada por sus tapas.

16.00 Una casa pequeña para el gran Machado

Muy cerca también de la plaza, en Desamparados, 5, se encuentra la casa-Museo de Antonio Machado. Difícil no emocionarse al ver la austera pensión donde el ya entonces famoso poeta vivió de 1919 a 1932, mientras daba clases de francés en el instituto: sin baño, de techos bajos y cuartos dispuestos de tal manera que Machado se veía obligado, violentando su natural timidez, a atravesar el de otro huésped, un tal Don Avelino, para llegar al suyo.

Pasamos junto a la cocina de leña, que se conserva intacta, como el libro de recetas manuscritas de la patrona, Luisa Torrego. Y después de enhebrar varias estancias llenas de recortes de prensa, fotos y retratos del poeta (incluido uno de Picasso), nos asomamos admirados al cuarto donde sobrevivió trece inviernos con solo una estufa de petróleo: “Tengo que abrir el balcón para que se caldee la habitación”, bromeaba. Uno de sus paseos favoritos era la Alameda del Parral, a orillas del Eresma, que recorreremos mañana. Pero hoy nuestra ruta nos lleva, subiendo por Desamparados y doblando a la derecha por Marqués del Arco, hacia el Alcázar.

Difícil no emocionarse al ver la austera habitación sin baño de la pensión donde Machado vivió

18.00 El Alcázar, proa de la ciudad

Antes de llegar al Alcázar, pasamos por la plaza de la Merced. Es un pequeño espacio verde dentro de un laberinto de calles, que invita al descanso. En el número 1 se sitúa una curiosa tienda y galería de arte: Montón de Trigo Montón de Paja. Recoge el testigo de un local que, en los años 70, recuperó la cerámica tradicional castellana. Ahora expone pintura y vende bolsos, joyas, juguetes artesanos… Fruto de sucesivas reformas y ampliaciones acometidas (la mayoría, por los Trastámaras y los Reyes Católicos, en el siglo XV) sobre la vieja alcazaba árabe, el Alcázar es un soberbio edificio que se proyecta en forma de proa sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, erizado de pináculos y en el que sobresale la torre de Juan II (90 metros). Ésta es una de las visitas más entretenidas, y con más vistas, de la ciudad.

20.30 Cochinillo cortado con plato

Con las últimas luces del día, desandamos nuestro camino hasta la plaza del Azoguejo. Es un recorrido de un cuarto de hora (o poco más) por calles conocidas, que nos va abriendo el apetito para cenar en el restaurante más famoso de Segovia, el Mesón de Cándido, donde es casi obligado comer el típico cochinillo cortado con el canto de un plato (cosa que se hace para demostrar que su carne está tiernísima). El Mesón ocupa el mismo edificio desde 1786, cuando comenzó a funcionar una taberna en su planta baja. Antes de llegar a la plaza, hemos pasado por delante de otro asador bueno y antiguo (1895): Duque.

Para poner el punto final a la primera jornada, tenemos las terrazas nocturnas de la Plaza Mayor. El Teatro Juan Bravo, que ocupa uno de los laterales, es otra opción a tener en cuenta. También podemos conocer el ambiente de las zonas más animadas de la ciudad, como el barrio de San Millán, bajo el Acueducto, o el paseo del Salón de Isabel II, al pie de la muralla.

Segunda mañana

Arboledas y conventos

10.00 Paseo por la alameda del Parral

El valle del Eresma, que rodea por el norte la vieja ciudad encastillada, no es un inhóspito foso guerrero, como cabría deducir por su estratégica situación, sino un verde y pacífico paseo, conocido como la alameda del Parral, donde los segovianos van a andar, correr, pedalear, observar aves e incluso pintar, porque este paisaje de arboledas, remansos, puentes y ancianos monumentos es un cuadro difícil de mejorar.

Para ver y recorrer la alameda del Parral, nos dirigimos a la plaza de San Lorenzo (a diez minutos del Azoguejo, por la avenida de la Vía Roma y la calle Santa Catalina), que es el conjunto de arquitectura popular mejor conservado de la ciudad, con su iglesia románica en medio. En cinco minutos más, bajando por Cardenal Zúñiga, llegamos al antiguo convento de Santa Cruz la Real (hoy un centro universitario), obra de Juan Guas, con su portada gótica finísimamente labrada, de arquivoltas treboladas; y, en su cornisa, el famoso “tanto monta, monta tanto” de los reyes Isabel y Fernando. Aquí hay que desviarse a mano derecha, bajando por unas escaleras y por un camino peatonal empedrado que desciende rápidamente hasta un puente sobre el Eresma, donde se descubren, cincelados en una gruesa lápida de granito, los versos que en esta orilla dedicó Machado a la ciudad.

Monasterio de Santa María del Parral
Monasterio de Santa María del Parral. / Imagen cedida por: Turismo de Segovia

A medio kilómetro del puente, aguas abajo, se erige el monasterio de Santa María del Parral, un monasterio jerónimo del siglo XV con cuatro claustros, templo plateresco y un porche-mirador a la entrada en cuya alberca se refleja el Alcázar, que visto así, duplicado, parece doblemente un castillo de cuento de hadas. Si es domingo, además de visitarse el monasterio, puede oírse al mediodía a los monjes cantar en gregoriano.

11.30 La primera fábrica de moneda en serie

Muy cerca, junto a otro puente, se levanta desde 1588 la Real Casa de Moneda. Construida por orden de Felipe II sobre planos de Juan de Herrera, fue la mayor de su época y la primera que acuñó moneda de forma mecanizada y en serie, usando la fuerza del río para mover sus máquinas. Además de la exposición permanente sobre la propia fábrica y de exhibiciones artísticas temporales, alberga el Centro de Interpretación del Acueducto.

Más abajo, junto a la carretera de Zamarramala, se alza la curiosa iglesia de la Vera Cruz, un templo dodecagonal que encierra, cual muñeca rusa, otro templete, también de 12 lados, construido en los albores del siglo XIII por la Orden del Santo Sepulcro. Viendo el Alcázar desde aquí, se entiende por qué Chueca Goitia lo llamó “proa de Castilla”. En el barrio de San Marcos, que está a los pies del castillo, acaba este paseo ribereño, visitando el convento de los Carmelitas Descalzos, donde reposan los restos de San Juan de Cruz, y el vecino santuario de Nuestra Señora de la Fuencisla, patrona de Segovia, que dicen que salvó a una judía a la que el celoso marido arrojó desde el cortado en que hoy se apoya el templo. La hebrea, como es lógico, abrazó la cruz y se hizo bautizar María del Salto.

 

Segunda tarde

Templos, también de la gastronomía

14.00 Tres opciones para bien comer

Podemos comer oteando la Alameda en la terraza del restaurante El Ingenio Chico, que forma parte de la Real Casa de Moneda. O hacerlo en el San Marcos, uno de los pocos que hay en Segovia especializados en marisco. O acabar de rodear la ciudad por el valle del Clamores (media hora más, por la calle Cuesta de los Hoyos) para probar la moderna cocina castellana de Casa Silvano-Maracaibo.

16.00 Joyas románicas

Si optamos por Casa Silvano, además de comer en uno de los mejores restaurantes de Segovia, estaremos a un paso de la iglesia de San Millán, que fue construida en el siglo XII sobre los restos de un templo mozárabe y es la más representativa del románico segoviano. También merece la pena acercarse a la de San Justo, a 300 metros del Azoguejo, subiendo por Ochoa Ondategui, para ver sus pinturas románicas. Y, si es miércoles (único día que abre), a la de San Juan de los Caballeros, también románica, que fue comprada en 1904 por Daniel Zuloaga para instalar su taller de cerámica y su vivienda.

Desde 1948 es el Museo Zuloaga, donde, además del lugar, se enseñan 150 obras. Pero hay más iglesias románicas: la del Salvador, la de la Trinidad, la de San Nicolás, la de San Quirce… Para visitarlas todas, habría que dedicarles 48 horas sólo a ellas.

Museo de Zuloaga
Museo de Zuloaga. / Imagen cedida por: Turismo de Segovia

19.00 Compra de última hora

El tiempo que nos sobre (si nos sobra) después de visitar el abundante patrimonio románico de Segovia, lo podemos emplear en curiosear en las tiendas de las calles Cervantes, Juan Bravo e Isabel la Católica y comprar, por ejemplo, alguna artesanía.

21.00 Vinos elegido

Nuestros últimos pasos por Segovia nos llevan al restaurante Di Vino, que está a un minuto de la Plaza Mayor, atravesando la plazuela del Potro. Se puede elegir entre una carta de cocina contemporánea, donde los platos armonizan con vinos expertamente seleccionados, y otra de picoteo para una cena más informal en La Bodeguita.


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Fecha de actualización: 7 de noviembre de 2016

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