COMER
VIAJAR
SOÑAR
La Guía
MAPAS
TU PLAN
Maleta

¿Vas a hacer un viaje?

Organiza los detalles con nuestro planificador y no te pierdas nada.

Empezar

Soria

Soria, la ciudad de los poetas

Del verano de 1909 al verano de 1912, Antonio Machado pasó en Soria los días más felices de su vida junto a su esposa, Leonor. Visitaremos con emoción los escenarios de aquel amor y de la temprana muerte de ella: el paseo de San Saturio, el Instituto, el casino, la iglesia donde se casaron, el cementerio del Espino... Paseando por las calles que recorrió Machado, descubriremos también lugares que frecuentaron y cantaron Bécquer y Gerardo Diego, y nos preguntaremos cómo una ciudad tan pequeña inspiró tanta poesía.


Primera mañana

Tras los pasos de Machado

REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)

9.30 La casa de Machado y Leonor

Comenzamos el recorrido a pie por Soria en la ermita del Mirón, lugar alto y oreado cerca del cual Machado alquiló una casa cuando Leonor enfermó de tuberculosis y al que venían a pasear confiando en el poder curativo del sol y del aire puro, ella cada día más débil, y al final en silla de ruedas. Un sencillo monumento (la silueta de la pareja, recortada en metal) recuerda esos paseos. El sitio es muy romántico y la vista de Soria abrazada por el Duero, también.

10.00 San Pedro y el puente de Piedra

Al pie del cerro sobre el que está la ermita, nos aguarda la concatedral de San Pedro, con su claustro de mediados del siglo XII y, dentro del claustro, el capitel de la lujuria, en el que aparecen cuatro dragones mordiendo los pechos de dos mujeres. Enfrente de la concatedral, en la calle Real, se hallan las ruinas de la iglesia románica de San Nicolás. Y a 300 metros, bajando por la calle de San Agustín, el puente de Piedra sobre el Duero, que tiene ocho ojos y se construyó durante la repoblación del siglo XIII.

11.00 Un claustro de arcos entrelazados

Nada más cruzar el Duero, a mano izquierda, queda el Centro de Recepción de Visitantes, que es el sitio indicado para hacernos con un plano de la ciudad y solucionar las dudas que tengamos. Poco más allá, en la misma orilla, los caballeros hospitalarios levantaron en el siglo XII el monasterio de San Juan de Duero. Su claustro destechado de arcos entrelazados es un rincón bellísimo, misterioso, inspirador… Nos encontramos en el inicio del camino al monte de las Ánimas, escenario de una de las leyendas más famosas de Bécquer.

Claustro de San Juan de Duero
Claustro de San Juan de Duero. / Imagen cedida por Turismo de Soria

12.00 De San Polo a San Saturio 

Vamos ahora hacia la derecha, por la carretera de Ágreda, y a los 200 metros nos desviamos por el camino de San Polo, que bordea el Duero. El sendero pasa por debajo de la antigua iglesia del monasterio de San Polo, que fue fundado por los templarios en el siglo XIII y hoy es una vivienda particular. Superamos el paso a nivel y nos adentramos en terreno más agreste. Estamos en el paseo de San Saturio, lugar pleno de evocaciones machadianas. Aquí Machado escribió algunos de los mejores poemas de Campos de Castilla, antes y después de conocer a Leonor.

Al final del paseo están el Rincón del Poeta, que la ciudad le dedicó en 1932, y la ermita de San Saturio, patrón de Soria. La iglesia es de planta octogonal y se erige sobre dos grutas naturales. Saturio era un noble visigodo que, en el siglo VI, repartió sus riquezas y se fue a vivir como un ermitaño en estas cuevas. La casa de aquel pobre voluntario tiene unas vistas sobre el Duero que muchos ya quisieran.

El paseo de San Saturio está lleno de evocaciones machadianas. Aquí el poeta rumió algunos de los mejores poemas de Campos de Castilla

13.00 La última morada de Leonor

Cruzamos por una pasarela que nos lleva al paseo de San Prudencio y giramos a la derecha. Desde el aparcamiento de San Prudencio, una pequeña carretera zigzagueante (las Siete Curvas, le llaman) sube directamente al cerro del Castillo. Arriba, el Parador Antonio Machado domina un panorama de lo más amplio y evocador. Bajando por el lado contrario del cerro, por la calle de Fortún López, llegamos sin pérdida al cementerio del Espino, donde hay una lápida de mármol blanco con un breve epitafio (“A Leonor, Antonio”) y, junto a la iglesia, un olmo seco, como el del famoso poema. Para Leonor, sabido es, no hubo “otro milagro de la primavera”.

Primera tarde

Piedras, libros y café

14.30 Restaurantes para todos los gustos 

Podemos comer en el Parador de Soria, gozando de la vistas. O hacerlo en el restaurante Baluarte, que está en un palacete de la calle Caballeros, a 200 metros de la tumba de Leonor, y ofrece la cocina más creativa de Soria. Al lado queda la iglesia de San Juan de Rabanera, obra maestra del románico castellano. Otra opción es bajar a la Plaza Mayor para probar las migas, los torreznos del alma, el picadillo, los asados y las carnes rojas hechas a la parrilla a la vista del público en el Mesón Castellano.

16.30 La reina de la Plaza Mayor

La Plaza Mayor está llena de edificios nobles: la casa de los Doce Linajes, hoy Ayuntamiento; la casa del Común, sede del Archivo Histórico Local; el palacio de la Audiencia, antaño cárcel y ahora centro cultural y teatro; el palacio de Sotovega... Lugares que sin duda fueron y son muy importantes, pero que nos llaman menos la atención que la moderna escultura de Leonor que hay junto a la portada románica de la iglesia de Santa María la Mayor, donde se casó con Machado y donde, tres años y tres días después, se celebró su funeral. Leonor aparece en este bronce tal como iba vestida y peinada el día de la boda. Eso sí: tenía 15 años y el escultor, prudentemente, le ha añadido cinco, como poco.

17.00 Un café en el casino de los poetas

Salimos de la Plaza Mayor por la calle peatonal de El Collado, que es el corazón y la aorta de la ciudad, donde los sorianos se pasean y se dejan ver, se paran a mirar las novedades de los escaparates o se reúnen para toman el café. Nosotros lo tomamos en el Círculo de la Amistad, el casino que frecuentaron Machado, Gerardo Diego y Bécquer. En uno de sus salones se conserva el piano de cola que solía tocar Gerardo Diego. Apenas ha cambiado nada. Lo único, el desván, que fue reformado en 2012 para albergar la Casa de los Poetas, un museo dedicado a los tres socios más ilustres.

Tampoco ha cambiado mucho, ni está lejos, el Instituto Antonio Machado, donde el poeta daba clase de francés. Hay un busto de Machado junto a la puerta, obra de Pablo Serrano, y un aula-museo con fotos y autógrafos del famoso profesor, incluido el libro de calificaciones, que demuestra que aprobaba a todo el mundo. Es un lugar machadiano clave que, lamentablemente, solo puede visitarse de lunes a viernes, cuando hay clase.

19.00 Santo Domingo al atardecer

A esta hora, dorada por el sol de la tarde, es cuando más bella está la portada de la iglesia de Santo Domingo, una de las más ricas del románico español, que preside la plaza de los Condes de Lérida, a cien metros del instituto, calle arriba. Machado, que no era un habitual de las iglesias, venía a esta por amor, acompañando a su esposa.

Regresamos por la calle Aduana Vieja. Esta calle peatonal reúne algunas de las mejores casas señoriales de la ciudad. Como el palacio Viejo de los Ríos y Salcedo, obra renacentista del siglo XVI, sede del Archivo Histórico Provincial. El palacio de los Castejones es, junto al anterior, el mejor ejemplo de estilo plateresco de Soria. El palacio de don Diego Solier también es de finales del siglo XVI. Pero la estrella, el que todo el mundo quiere ver y fotografiar, es el palacio de San Clemente, de la familia Marichalar.

Palacio de los Río y Salcedo
Palacio de los Río y Salcedo. / Imagen cedida por: Turismo de Soria

20.00 La plaza de Bécquer 

Doblando a la derecha por la plaza de San Clemente y de nuevo a la derecha por El Collado, llegamos a la plaza de Ramón Benito Aceña. Aunque ese es su nombre oficial, los sorianos la siguen conociendo como la plaza de los Herradores. Aquí vivió Gustavo Adolfo Bécquer. Y prácticamente viven todos a los que les gusta alternar y comer y cenar saltando de barra en barra. Hay que probar los calamares del bar Apolonia y las gambas con gabardina del bar Iruña (www.irunaplaza.com). Otra zona de picoteo idónea es la plaza de San Clemente, más conocida como el Tubo. Aquí triunfan los champis del Poli y las tostas del Patata.

Si preferimos cenar sentados, con calma, cerca tenemos el El Fogón del Salvador, especializado en carnes y con buena bodega, y el restaurante Garrido: cocina castellana, setas y cangrejos.

22.00 Copas y hoteles

Después de cenar, podemos explorar los locales del Casco Viejo (calles Real y Zapatería), los del barrio de El Calaverón y los de la Zona (Rota de Calatañazor y aledaños). De ahí, a dormir. Tenemos tantas opciones para ello como hemos tenido para la cena. Una muy buena opción es el Parador. ¿Buscamos un hotel más céntrico?: el hotel Alfonso VIII, en la calle de su nombre. También podemos acabar donde empezamos esta mañana, si nos alojamos en el hotel Leonor Mirón, que está junto a la ermita y comparte las vistas y la poesía del lugar.

Segunda mañana

Rendidos a Numancia

10.00 La Alameda de Cervantes

El gran parque urbano de Soria es la Alameda de Cervantes, también conocida como la Dehesa, donde antiguamente se llevaban a pastar los rebaños. Aquí hay una ermita de gran devoción: la de la Soledad. Y ahí al lado abre su puerta el Museo Numantino, que atesora los más valiosos hallazgos efectuados en los yacimientos celtíberos de la provincia. Destacan por su número y su belleza los de Numancia. Como la Fíbula de Caballo, que es el símbolo de Soria. O como el Vaso de los Toros, cuya decoración es un anticipo de Picasso.

12.00 Numancia, la ciudad indomable

Si nos gusta lo que hemos visto en el Museo Numantino, más nos va a gustar lo que vamos a ver en la propia Numancia, cuyas ruinas se encuentran sobre el cerro de la Muela, en Garray, a siete kilómetros al norte de la capital. Los numantinos resistieron los ataques romanos 20 años, del 153 al 133 antes de Cristo. Al final, prefirieron suicidarse y quemar su ciudad antes que rendirse. Podemos pasear por las calles de la villa original celtíbera y por la ciudad romana, y ver cómo eran sus casas, cómo tejían o molían el grano y cómo se defendían, que era lo que mejor hacían.

Segunda tarde

Arte rupestre y repostería

14.00 Paseo por la prehistoria

Al volver de Numancia, no entramos en Soria, sino que la rodeamos por el norte para dirigirnos por la carretera de Burgos (N-234) al monte Valonsadero, que aparece señalizado a siete kilómetros de la ciudad. Esta dehesa de pastos jugosos y robledales esconde, entre sus peñas coloradas, 34 covachas con pinturas rupestres esquemáticas, del tercer milenio antes de Cristo: figuras humanas y animales esbozadas con pigmentos ferruginosos que representan, entre otras escenas, ritos de iniciación sexual.

La ruta de las pinturas de la Cañada Honda (señalizada con mojones) permite visitar en menos de una hora 11 estaciones de arte rupestre. Se puede hacer antes de comer o después, a modo de paseo digestivo. Aquí mismo se come de maravilla en el restaurante micológico del Hotel Valonsadero. Y con un presupuesto más ajustado, en La Casa del Guarda: chuletas, lomitos y chorizos a la brasa.

18.00 Mantequilla dulce y costrada

Volvemos a la calle El Collado para llevarnos un recuerdo tangible (y comestible) de Soria. En el número 18, la pastelería Nueva York vende mantequilla dulce y la típica Costrada (tarta de hojaldre y crema). Y en el 34, Muñoz despacha los mejores vinos sorianos, embutidos caseros, patés, quesos de Oncala y conservas de Boletus. Muy cerca, en el número 38, está la librería Las Heras, especializada en temas sorianos. Lleva ahí desde 1860, así que nuestros poetas tuvieron por fuerza que entrar a curiosear en ella, como hoy nosotros.

Como hay tiempo, nos podemos acercar a la plaza de San Esteban para conocer el Centro Cultural Gaya Nuño, dedicado a la memoria del gran historiador, crítico de arte y escritor soriano (de Tardelcuende, para más señas). Siempre hay alguna exposición. Y después, a la calle Aguirre, para contemplar con el penúltimo sol la impresionante fachada del palacio de los Condes de Gómara (renacentista, de finales del siglo XVI), actual palacio de Justicia, que es la principal obra de la arquitectura civil en Soria.

21.00 La última cena

Para nuestra última cena en Soria, podemos elegir entre el restaurante Santo Domingo II, que es uno de los históricos de la ciudad, o Rincón de San Juan, que tiene una carta muy cuidada y apetecible.


Más ciudades para visitar en 48 horas

Fecha de actualización: 7 de noviembre de 2016

Comentarios

Aviso sobre uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y su experiencia de usuario de acuerdo a sus hábitos de navegación. Si continúa navegando acepta su uso. Más información aquí.

Cerrar el tooltip