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Rodando por Asturias

Una ruta entre cachopos, miradores y carreteras zigzageantes

Mar, montaña y muchas, muchas curvas. Eso es lo que nos ofrece Asturias sobre la moto, una aventura sin igual recorriendo hermosos paisajes verdes, carreteras comarcales, puertos de vértigo y pueblos donde comer es un auténtico placer. Llenamos nuestras alforjas y rodamos durante dos días junto a Alicia Sornosa.


ALICIA SORNOSA (aliciasornosa.com)

Nuestro punto de partida es la ciudad de Gijón, con su bonito paseo marítimo y el puerto deportivo como telón de fondo, y donde una foto junto a las letras rojas típicas de esta ciudad no pueden faltar en nuestro álbum. Antes de comenzar a rodar, buscamos un lugar para pasar nuestra primera noche: el Hotel Santa Rosa, un alojamiento “motorbike friendly” que ofrece todas las facilidades a los motoristas: está en pleno centro y tiene garaje, desde donde se accede directamente a la recepción. Aquí que podemos dar un paseo estirando las piernas a sabiendas de que nuestra montura está a salvo. El hotel no ofrece habitaciones muy amplias, pero sí modernas, limpias, con una buena cama y un balcón desde el que mirar la zona peatonal en la que está situado.

En el puerto de Gijón. Foto: A.S.

Desde el hotel puedes ir caminando por el paseo marítimo y subir a la parte alta y más tradicional de la ciudad. Allí, después de haber escanciado unas sidras en plena calle, camina por la zona de Cimadevilla, hasta llegar a la sidrería La Mar de Vinos, en la calle Escultor Sebastián Miranda, 5. Una casa con toda la tradición asturiana, abundantes raciones y un ambiente único. No te pierdas su tabla de quesos de la tierra, fuertes, contundentes y deliciosos para untar en pan de pueblo.

Comienza la ruta

Madrugamos por la mañana para rodar rumbo a Cangas del Narcea, por pequeñas carreteras y fresquitos puertos de montaña. Las comarcales que llevan hasta aquí son extremadamente reviradas, lo que nos hace disfrutar de un día lleno de curvas, olores y sabores. Desde la moto podemos darnos cuenta de la altitud que vamos tomando ya que las nubes están pegadas al suelo, es increíble la sensación de entrar en ellas y volver a salir.

Reponiendo fuerzas en Casa Pepito. Foto: A.S.

Mientras el estómago no se queje podemos seguir sobre nuestra montura, rodeando el Parque Natural de Somiedo y después subir hacia la costa del tirón dirección Villaviciosa. Pese a que el camino está lleno de mil restaurantes donde saciar nuestro hambre, cerca de esta ciudad, medio escondido en una comarcal, encontramos Casa Pepito. Este restaurante es una tradicional casa de comidas que ya lleva tres generaciones. Te quedarás alucinado con sus abundantes raciones de carne, su hamburguesa gigante o la tabla de más de un metro de tierna carne de buey en tiras que deberás asar tu mismo en la plancha. Puedes aprovechar el merendero para hacer la digestión a la sombra, tumbado bajo alguno de sus árboles, un placer que nos recuerda a la dolce vita.

Llegando a Cangas. Foto: A.S.

Tras la siesta, tomamos la carretera local que nos lleva hasta Villaviciosa, esta vez disfrutando de la brisa marina de la tarde. Si seguimos por la costa llegaremos a tiempo para tomarnos un café en el puerto de Lastres y ver un atardecer de película en la Playa de la Espasa, en Caravia baja. Aquí, en las últimas horas de la tarde, el cielo se tiñe de una increíble gama de rojos hasta que poco a poco las luces de los pueblos costeros aparecen como luciérnagas que tililan en la roca. Para dormir, optamos esta vez por una pequeña casa rural de pulcras habitaciones: La Forquita. Su desayuno es una auténtica gozada: casero, a base de queso, pan tostado, bizcocho, zumo recién exprimido y café típico de pote. El mejor comienzo del día.

Rodando en el puerto de Lastres. Foto: A.S.

Ya con las energías a tope nos dirigiremos a una de las zonas más conocidas de esta parte asturiana: Arriondas y Ribadesella, famosas poblaciones por el conocido Descenso del Sella, declarado el primer deporte de Interés Turístico Nacional y que además en 2016 cumple 80 años.

Las carreteras cercanas al mar nos hacen sentir el olor a salitre, siempre con grandes helechos en los arcenes que indican la humedad reinante todo el año. Pocas carreteras tienen un color verde tan intenso como las de esta zona. Seguramente nos crucemos con otros motoristas, Asturias es una tierra donde el olor a gasolina y el amor por el asfalto revirado está a flor de piel.

El tremendo cachopo de Casa Colo. Foto: A.S.

Y hoy ¿dónde comemos? En realidad esta pregunta no es un problema en ningún lugar de la ruta ya que cualquier restaurante o merendero, chiringuito u hotel que encontremos con una mesa, estará llena de buenas viandas. Mi recomendación: no te despidas de esta ruta sin pasar por Casa Colo, a unos 30 kilómetros de Carabia, al que se accede por una carretera revirada y llena de vegetación. Allí el plato estrella es el cachopo con patatas, un filete de ternera de asombrosas dimensiones.

Vistas desde la subida de El Fito. Foto: A.S.

La vuelta, mucho más relajada por la costa o por el interior, visitando los Lagos de Covadonga, recorriendo la típica subida al pico del Fito y parando a disfrutar de sus vistas en cualquiera de los miradores que hay en los bordes de la carretera. Estar hilando curva tras curva, perfectamente peraltadas y con muy buena adherencia pese a la reinante humedad hace que te sientas un piloto en toda regla. Hay que tener cuidado con las vacas, que campan a sus anchas e incluso algunas duermen sobre el Asfalto. La vuelta hacia Caravia, donde termina nuestra ruta, es de insuperables paisajes y verdes infinitos que contrastan con un Cantábrico azul marino de telón de fondo. Pero esto ya lo sabíamos, ya que Asturias, dicen con razón es un Paraíso Natural.


NUESTRA RUTA

Km Totales: 457 aprox.

Duración: Mínimo dos días.

Para visitar: La playa de la Espasa, Ribadesella, Arriondas y su descenso del río Sella (Finales de Julio), Lagos de Covadonga, Picos de Europa, Mirador del Fito.

No te puedes perder: Probar un cachopo gigantesco en Casa Colo en su terraza con magnificas vistas, la tabla de carne de buey con patatas en Casa Pepito, probar unas fabes con almejas en Lastres mirando el puerto, pasear por el casco antiguo de Gijón aprendiendo la historia del rey Don Pelayo.

Para dormir: Hotel Santa Rosa


 

Fecha de actualización: 22 de noviembre de 2016

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