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Ruta 'gastro-motera' por las Rías Baixas

A todo gas por los paisajes de Rosalía de Castro

Cabo Silleiro. Foto: Nuria Sambade

Desde la renovada y vital ciudad de Vigo comenzamos nuestra ruta por la provincia de Pontevedra sobre dos ruedas. Paisajes costeros, pueblitos de pescadores, y el mundo rural del interior nos ponen una Galicia en bandeja a la que no podrás resistirte.


Texto: ALICIA SORNOSA | Fotos: NURIA SAMBADE

Vigo es una ciudad que ha cambiado mucho en los últimos años, aunque continúa conservando lo enxebre de su encanto. Sus edificios más emblemáticos han sido renovados y recuperados; se ha reforzado la zona antigua, llena de bares y restaurantes, y se han diseñado unas calles cuyo asfalto se une con la acera, en las que los peatones tienen preferencia.

Un ejemplo de la apuesta clara de la ciudad por señalarse en el mapa de las ciudades del siglo XXI es el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO). Frente a este espíritu de contemporaneidad, la ciudad de siempre brilla con luz propia en el punto más alto de la ciudad, el monte O Castro y en sus yacimientos de los siglos II y III a. C. en la ladera del mismo monte.

Junto a la ermita de la Lanzada. Foto: Nuria SambadeEl mar siempre está presente. Aquí en la ermita de Nuestra Señora de la Lanzada.

Comprobarás en carnes propias que Vigo está siempre en cuesta y que, además de ser la ciudad más grande de Galicia, es el perfecto punto de partida para esta ruta tan motera como gastronómica puesto que aquí, en Pontevedra, con ese marisco, ese pescado y el Albariño no es para menos. No hay parajes como los de las Rías Baixas, diría la dama de las letras gallegas, Rosalía de Castro.

El Atlántico desde la península de Monteferro. Foto: Nuria SambadeLa península de Monteferro se adentra en el mar y está plagada de pinos y eucaliptos.

Ría de Vigo

Partimos de la capital hacia el sur tomando la PO-324-325 y PO-552 que nos regala, a mano derecha, las vistas de las Islas Cíes (el parque nacional marítimo terrestre de las Islas Atlánticas y la nombrada "mejor playa del mundo", la de Rodas, bien merecen una visita). Sobre la moto, la humedad y la brisa marina te envuelven y, al mismo tiempo, te relajan. Y así, disfrutando de la espectacularidad de esta costa llegamos, en menos de treinta minutos, a uno de los primeros puntos de interés, Monteferro donde la carretera de curvas está inundada de un intenso olor a eucalipto que se combina con asombrosas vistas hasta llegar a la cumbre.

Monumento a la Marina Universal, en Monteferro. Foto: Nuria SambadeHaciendo una parada en el monumento a la Marina Universal por Monteferro.

La ruta continúa por la costa, dejando a la derecha los interminables cortados que bajan hasta las frías aguas del Atlántico que rompen contra las rocas. Una vez alcanzas la villa de Baiona, podrás visitar su interesante conjunto histórico-artístico y la fortaleza de Monterreal, y un poco más hacia el oeste, siguiendo esa misma carretera, subes hasta Cabo Silleiro para encontrarte con el faro y los restos de las baterías desde donde se defendía la costa durante la Guerra Civil.

Si te animas a continuar por esta carretera alcanzarás A Guarda, el punto más al sur de Pontevedra antes de la frontera con Portugal. Pero retomando el rumbo hacia Vigo, desde el interior, te esperan pequeñas localidades llenas de encanto, un clima algo más fresco y algunas paradas más que recomendables como la ruta de los Molinos de Agua (que hay que hacer a pie).

La periodista por la península de Monteferro. Foto: Nuria Sambade.Conducir por estas carreteras, con la brisa marina y el frescor de los árboles, relaja.

Puedes cruzar hacia el norte de esta ría por el impresionante puente de Rande, que también es patrimonio histórico y natural, en la ensenada de San Simón, donde se encuentra el que dicen es el banco de madera con las mejores vistas del mundo, convertido en un improvisado lugar de peregrinaje. Si quieres echar un vistazo desde ahí arriba a la ría de Vigo, deja la moto en el aparcamiento más abajo, en la pista de fútbol, y sube a pie por un camino empedrado hasta alcanzarlo.

De nuevo en la moto, vas dejando atrás localidades cuyos nombres nos suenan por sus playas como Moaña y Cangas hasta la Costa de la Vela, llamada así por el insistente viento que impulsa las embarcaciones.

En la carretera por Cabo Silleiro. Foto: Nuria SambadeLas vistas sobre el Atlántico son espectaculares en varios puntos de la costa.

Si continúas por su serpenteante carretera llegarás hasta Cabo Home. Una pista de tierra en perfectas condiciones nos dirige hasta un parking. Desde aquí caminando hasta el faro no hay ni diez minutos. Las vistas merecen la pena, sobre todo, al atardecer.

Ría de Pontevedra

Retrocediendo por el mismo camino desde Cabo Home (EP-1006) y con vistas de la costa te toparás con la PO-315 para entrar en el pueblo pesquero de Aldán. Su playa de aguas tranquilas es perfecta para practicar deportes como el paddle surf o descansar en su único y tranquilo chiringuito 'Máispalá', para después comer en el puerto de esta población en una pequeña casa con terraza y vistas a la playa llamada 'O Con de Aldán', o en la casa de comidas que hay al final del puerto, donde los marineros toman su almuerzo después de faenar. La diferencia es el precio y el servicio, porque en ambos lugares la comida es excelente.

Casas molino por el paraje del embalse de Zamáns. Foto: Nuria SambadePor el embalse de Zamáns las casas molino, junto al río, dibujan un pintoresco paisaje.

Pulpo, mejillones, vieiras, berberechos, centollos, gambas, quisquillas… Como recomendación general, fíjate en los menús de los restaurantes por toda la ruta, porque siempre incluyen algo de marisco o déjate llevar por tu instinto y tu olfato para comerlos en ferias o pequeñas tascas cerca de los puertos. Si quieres pernoctar por la zona 'A Casa de Aldán' es un hotel rural en un entorno idílico.

Con el estómago lleno retomamos la ruta, esta vez por la PO-315 visitando las localidades de Bueu donde un curioso museo, el museo Massó, instalado en una antigua fábrica, expone una historia sobre las primeras manifestaciones culturales de los pobladores de estas tierras y material etnográfico del mundo marinero. Desde aquí alcanzamos Marín. Allí podremos comer marisco y descansar de nuevo estirando las piernas en alguna de sus playas.

En moto por el embalse de Zamáns. Foto: Nuria SambadeEn las carreteras el verde es el protagonista.

Por la PO-11 tardamos 15 minutos en llegar a Pontevedra. Dejamos la moto aparcada porque casi toda esta ciudad es peatonal, hecho que la ha convertido en un referente europeo. Su zona antigua es de las mejor conservadas de Galicia y la iglesia de la Peregrina es una joya del barroco con planta en forma de vieira, el símbolo del Camino de Santiago.

Visitando las bateas

Ponemos rumbo a la parte norte de la ría de Pontevedra para conocerla desde Combarro en una excursión en barco mejillonero y visitando las bateas donde se cultivan estos deliciosos manjares del mar. En el propio barco se degustan los mejillones recién sacados del agua regados, cómo no, con el vino de la tierra, el Albariño.

La periodista en el barco mejillonero. Foto: Nuria SambadeConociendo los secretos de los mejillones de la zona.

Las bateas son una de las fuentes de riqueza marina, pequeños ecosistemas donde viven más de quinientas especies diferentes. Como los arrecifes de coral, filtran el agua y dan cobijo y alimento a nécoras, pulpos, varios tipos de peces, aves e, incluso, delfines, que se adentran en la ría para comer y que, posiblemente, los avistes desde el barco.

Pero antes o después de esta visita hay que pasar a ver los más de sesenta hórreos y cruceiros a orillas de la ría, una de las cosas que ha hecho célebre a Combarro cuyo centro histórico, aunque reducido, tiene un encanto particular.

Alicia Sornos en el barco mejillonero con Combarro al fondo. Foto: Nuria SambadeLa periodista motera sobre una de las barcas con las bateas tras de sí y, al fondo, Combarro.

De nuevo sobre la moto, por la PO-308, nos encaminamos hacia la playa de la Lanzada, una vez más, con el sabor a mar por toda la ruta. Esta es una de las más largas de la ría y guarda un precioso tesoro: las vistas desde la pequeña ermita de la Lanzada, una maravilla románica que siempre mira al mar.

Continuando por la PO-308 se puede ver el mar a un lado. Un poco más adentro, los humedales protegidos de la ensenada de O Vao. La carretera EP-9101 te permite recorrerla entera hasta el Salnés, nombre que se deriva de las salinas que rodean la localidad de O Grove.

En la ermita románica de La Lanzada. Foto: Nuria SambadeDisfrutando de las vistas y el salitre desde la ermita románica de la Lanzada.

La ruta costera termina en la exclusiva isla de La Toja a la que se accede por un inmaculado puente blanco. La ermita de San Sebastián con su fachada recubierta de conchas merece una parada.

Pese a que la ruta se interna tierra adentro, otra opción es evitar este camino continuando hasta la Ría de Arousa; visitando Cambados (la capital del Albariño); la reserva natural de la isla de Arosa y el pazo de Rubianes, cuyo jardín en época de floración de las camelias es un espectáculo de más de sesenta variedades, para finalizar en Catoira. Allí, entre otras cosas, se unen las desembocaduras del río Ulla y la ría de Arosa y podrás ver los tres tipos de molinos tradicionales y las Torres del Oeste que defendieron estas tierras, durante siglos, de los ataques de normandos y piratas sarracenos.

Por la Isla de la Toja. Foto: Nuria SambadePor el mítico puente de la Toja, de 1911, que une O Grove con la isla.

Otra visita interesante es la de los Petróglifos de Ballotes (desde la PO-542 hasta la localidad de Carril tomando el desvío de la PO-192). Te sorprenderán estas representaciones de arte rupestre datadas en el segundo milenio a. C. El atardecer es el mejor momento para hacer esta visita.

Oda al Albariño

No te puedes marchar sin conocer la riqueza gastronómica y cultural de las Rías Bajas. La Denominación de Origen Rías Baixas, con más de 30 localidades adscritas y cinco subzonas entre Pontevedra y A Coruña, bien vale una visita. Puedes elegir entre decenas de bodegas, todas con vistas a la ría y cata de vinos incluida.

La periodista por las tierras del Albariño. Foto: Nuria SambadeEl olor a mar se torna dulzón con el aroma a uva por tierras del Albariño.

Si te decides por una más familiar, la bodega de 'Don Olegario' en Cambados, presume de contar con el cuarto mejor vino del mundo según el periódico estadounidense The Wall Sreet Journal, y cuya degustación en bodega se acompaña de empanada, mejjillones o pulpo. Además, se encuentra muy cerca del monasterio de Armenteira, con uno de los claustros y conjunto de piedra mejor conservados del románico en toda Galicia.

Pasando junto a uno de los hórreos gallegos a pie de carretera. Foto: Nuria SambadeJunto a un hórreo, símbolo del mundo rural.

La ruta interior está envuelta en olor a eucalipto, unos árboles cuya madera, resistente y flexible, sirve para construir las bateas donde se cultiva el mejillón. Además, por la zona encontrarás 'La Pousada de Armenteira', un hotel de lujo en un lugar muy tranquilo a tiro de piedra de la Ría de Pontevedra y la ruta del Albariño, aunque la oferta hotelera por todas esta zona es interminable. Una recomendación: pregunta en cada destino por el parking del hotel y así no tendrás que dejar fuera la moto.

Fecha de actualización: 4 de octubre de 2017

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