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De la costa a la serranía

Ruta en moto por la Cádiz romana

Apertura OK Clara Peñalver

Hoy vamos tras la pista de la Cádiz más romana en una ruta por carreteras de viento, desde las brillantes aguas del estrecho de Gibraltar hasta Ronda la Vieja, pasando por caminos que dejan atrás la coqueta Vejer de la Frontera, Tarifa, Alcalá de los Gazules o Ubrique.


Texto: CLARA PEÑALVER

Desde donde nos encontramos, podemos admirar cómo el verde de los pinos, los enebros y los lentiscos dan paso a un cinturón de arena blanca y fina que se sumerge poco a poco en los últimos metros de las aguas del Atlántico. Un par de kilómetros a nuestra izquierda, esas aguas se mezclan con las del Mediterráneo. El sol brilla y la mañana nos da los buenos días mostrándonos la ciudad de Tánger al otro lado del Estrecho.

Como sabes, la provincia de Cádiz está plagada de yacimientos romanos y ellos son nuestra excusa de hoy para disfrutar de un nuevo día de moto. Mi compañero de ruta y yo aún estamos sobre nuestras monturas, embelesados con las vistas que la playa de Bolonia nos ofrece en el aparcamiento de la primera parada del día.

Playa de BoloniaLa impresionante Playa de Bolonia. Foto: shutterstock

Baelo Claudia

En una ensenada a orillas del Estrecho, el mar y el viento acarician las ruinas de una antigua ciudad romana cuyas gentes dieron vida a este lugar durante algo más de ochocientos años.

Baelo Claudia disfrutó de siglos de bonanza, gracias a la pesca y a la producción de su famosa salsa garum, y sufrió centenares de años de declive. Los expertos dicen que el principio del fin lo produjo un maremoto entre los siglos I y II d.C.

Con la moto y la playa de Bolonia al fondo. Foto: Clara PeñalverAdmirando las vistas de la playa de Bolonia desde el Centro de interpretación de Baelo Claudia. Foto: Clara Peñalver

No era la primera vez que las entrañas de la tierra sacudían la ciudad amurallada pero, al parecer, en esa ocasión no había recursos suficientes para volverla a levantar. La decadencia empezaba a llegar al Imperio Romano.

A falta de fondos, las pérdidas y los daños intentaron taparse con parches y tras varias generaciones de subsistencia precaria, decidieron dejar atrás una zona muerta para apostar de nuevo por la vida.

Según nos cuentan, es la mejor representación del urbanismo romano que se conserva en nuestro país. Nosotros paseamos por lo que queda de Baelo Claudia (los restos de la muralla, el foro, los templos, el teatro, los baños, el mercado…) intentando evocar su pasado y sus calles en plena efervescencia.

Ruinas de Baelo Claudia con la playa de Bolonia al fondo. Foto: Clara PeñalverUn gran ejemplo de urbanismo romano con unas impresionantes vistas del océano. Foto: shutterstock

¿Cómo sería el día a día en esta ciudad abrigada por montañas y por las aguas del océano? ¿Qué carácter tendrían sus gentes? ¿Habría niños correteando y riendo por donde paseamos? Suerte que para ayudarnos a recrear estos retales lejanos de nuestra historia, aún tenemos a arqueólogos, novelistas y estudiosos del pasado.

Bosques de alcornoques surcados por carreteras

De nuevo en la moto y aún con Baelo Claudia y sus imágenes de postal frente al océano grabadas en la retina, tomamos rumbo hacia nuestro próximo destino. Ya sabes que buscamos huellas romanas en Cádiz, y aunque hay buenas muestras subterráneas por el camino, el buen tiempo y su sol nos animan a escoger ruinas a la intemperie.

Nos dirigimos hacia Ubrique, pero no tenemos prisa, porque estamos a punto de recorrer los mejores kilómetros del camino.

Tierras eólicas desde Tarifa hasta Véjer de la Frontera. Foto: Clara PeñalverTierras eólicas desde Tarifa hasta Vejer de la Frontera. Foto Clara Peñalver

Comenzamos con carreteras de viento desde Tarifa hasta Alcalá de los Gazules, pasando por Vejer de la Frontera y Medina Sidonia. Recorremos amplias calzadas de alquitrán bajo cielos de cigüeñas, milanos, halcones, buitres y alimoches; explanadas asfaltadas por las que bailamos al son del viento y contemplamos, frente a nosotros y en los retrovisores, el giro constante de las aspas de los aerogeneradores.

Al llegar a Alcalá, la carretera autonómica A-375 nos sorprende con un hermoso tramo por el alma del parque natural Los Alcornocales. Hazme caso, no presiones demasiado el puño del acelerador en esta etapa, disfruta de sus curvas y de sus paisajes, de esas hermosas postales que, de cuando en cuando, se cuelan entre los árboles regalándote fotografías y recuerdos inolvidables.

Carretera de curvas por el parque natural de Los Alcornocales. Foto: Clara PeñalverLos Alcornocales y sus carreteras, un paseo de ensueño. Foto: Clara Peñalver

La ciudad romana de Ocuri, un paseo por la naturaleza

Sin duda, de todo el recorrido, nos quedamos con la ciudad romana de Ocuri, en Ubrique, no solo por la historia que hay tras cada una de las piedras que se apilan en sus ruinas, sino porque visitarlas es casi como pasear por un escenario de cuento.

Estamos en la ladera del cerro de la Mora, en plena Sierra de Grazalema y ascendemos junto a la arqueóloga María Campos, directora del yacimiento, disfrutando de la historia de la tierra que pisamos y de su inigualable entorno. Se nota que María adora su profesión y que Ocuri representa para ella mucho más que un simple trabajo.

El mausoleo del yacimiento romano de Ocuri. Foto: Ayuntamiento de UbriqueEl mausoleo del yacimiento romano de Ocuri. Foto: Ayuntamiento de Ubrique

Mientras ascendemos por un camino de piedra serpenteante y abrigado por la naturaleza, nos explica que paseamos por un enclave estratégico por su altura y que su extensión indica que debió de ser un municipio prerromano y romano de gran importancia. También nos cuenta, con cierta pena, que fueron muchos los años en los que el yacimiento fue menguando a causa de los expolios.

Por suerte, dicen los expertos que lo que vemos no es más que un diez por ciento de lo que aún se esconde bajo tierra. Además, no siempre la intervención humana fue motivo de destrucción. Según María, las estructuras que hoy en día se mantienen en pie y han podido ser restauradas (mausoleo, cisternas, baños…) se salvaron de la destrucción gracias a que en los siglos XIX y XX fueron usadas como apoyo o refugio para las explotaciones agrarias y ganaderas que acogieron estas tierras.

Parte alta de Ocuri, Ubrique. Foto: Clara PeñalverDesde la parte más alta de Ocuri, las vistas son realmente impresionantes. Foto: Clara Peñalver

Podría hablarte largo y tendido sobre la historia y las características que enriquecen a la ciudad romana de Ocuri pero, sinceramente, todo eso te lo contarán María y su equipo cuando la visites. Lo único que voy a añadir es que, gracias al ayuntamiento de Ubrique y a toda la gente que se preocupa por darle valor al yacimiento, nosotros, los visitantes, tenemos la oportunidad de disfrutar de un precioso paseo histórico por la naturaleza, caminando sobre los restos de una calzada por la que deambularon hombres, mujeres y niños romanos hace más de dos mil años.

Un paseo por OcuriDe paseo por Ocuri. Foto: Clara Peñalver

Antes de partir hacia la última parada de la ruta, María nos cuenta que aún existe la antigua calzada romana que unía Ubrique con Benaocaz. Nos muestra su trazado desde la ladera opuesta del cerro de la Mora. En la lejanía, intuimos una especie de serpiente grisácea que avanza entre rocas y vegetación hacia el pueblo que se asienta en la sierra del Endrinal. Hoy esa calzada es recorrida por senderistas y amantes de la naturaleza y visitada por moteros, como nosotros en la carretera A-374 que va de Ubrique a Ronda (punto marcado en la ruta que encontrarás al final).

Ruinas de AcinipoLas ruinas de Acinipo, una visita imprescindible. Foto: shutterstock

Atardece en las ruinas de Acinipo

Hoy ha sido un día intenso, tanto en número de kilómetros como en paseos. Le hemos dado los buenos días a la mañana a escasos metros de las aguas del Estrecho y hemos atravesado la provincia de Cádiz disfrutando de carreteras y parajes de ensueño. Todo gracias a una simple excusa: ir en busca de algunas de las huellas que los romanos dejaron en la provincia.

Ahora miramos el cielo, augura un hermoso y colorido atardecer y no queremos perdérnoslo. Por eso, tras la breve pausa para admirar la calzada romana, retomamos el asfalto con rumbo a la última parada de la jornada, a tan solo veinte kilómetros de Ronda.

Allí, mientras nuestras motos aguardan al pie del yacimiento, nosotros nos despedimos del día desde las ruinas del teatro romano de Acinipo. Este lugar no solo es un teatro, unas termas o una muralla, también es un enclave ideal para disfrutar de unas vistas impresionantes de la serranía de Ronda.

Fecha de actualización: 29 de marzo de 2017

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