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En ruta con Bebe

"Mis padres me inculcaron el amor por la carretera"

Ha sido gamberra, luchadora, rockera y hasta hiphopera. Pero la Bebe de final de 2016 parece más tranquila, instrospectiva, casi como si hubiera puesto el freno de mano. Acaba de reeditar 'Cambio de piel', su último álbum, con temas inéditos, videoclips y directos, y cierra el año en la Riviera.


Texto: ISMAEL MARINERO

La mujer que entró como un huracán en la música española de los 2000 parece haberse reencontrado a sí misma, o al menos su versión más intimista y positiva. Nacida en Valencia pero criada en Extremadura, Bebe es un animal de carretera. Lejos quedan los tiempos de La Quinquillera, como apodó a su furgoneta cuando 'Pafuera telarañas', su primer disco, era apenas un sueño irrealizable. Después vinieron las nominaciones a los Grammy latinos, los recintos repletos, las giras y algún que otro bache en un camino que, desde que lo comparte con su hija Candela, parece más seguro y luminoso que nunca.

Un alto en el camino para disfrutar de las vistas con un figurante bellotero.

¿Qué tal llevas las giras?

Tienen mucho encanto. Cuando estamos en España son más fáciles. Como nuestra base de operaciones es Madrid podemos ir a donde sea, dormir una noche y volver con cierta facilidad. Cuando estamos fuera se complica la cosa, pero también es verdad que tienes algo más de tiempo para hacer turismo.

¿Qué ambiente se respira en la 'furgo'?

Vamos muy tranquilos. Solemos salir tempranito, al principio vamos adormilados, cada uno un poco a lo suyo. Es un rato de tranquilidad, luego poco a poco vamos hablando de todo: de lo que vamos a hacer en el show, depende del que sea, de lo que hemos hecho anteriormente, recordamos cosas que hemos vivido juntos... También hay largos ratos de dormir. A mí me gusta mucho sentarme adelante y ponerme a mi aire a charlar con Antonio, que es nuestro conductor habitual. De vez en cuando suelto alguna bomba y hablamos de política, los caliento y entonces ya participan todos.

¿Escucháis música? ¿Cómo os ponéis de acuerdo para decidir qué suena?

Suelo escucharla con auriculares, porque alguno va con el ordenador, otro leyendo… A menos que alguien traiga algo en concreto, en plan "oye, quiero que escuchemos esto", solemos ir bastante a nuestra bola.  

 A pesar de la cantidad de kilómetros que tienes que hacer y que a veces se puede caer en la monotonía, ¿también hay sitio para la diversión?

La carretera tiene muchas cosas divertidas. Estoy acostumbrada a viajar desde que era pequeña, íbamos mucho con nuestros padres. Recuerdo pasármelo muy bien, cuando vas con todos los hermanos y vas cantando, peleando o jugando. La de sitios increíbles que hemos conocido gracias a ellos… Nos han inculcado ese amor por la carretera. Y con mi hija me gusta mucho viajar, le encantan los preparativos y le gusta como a mí lo de ir parando en sitios.

El coche te ha servido de inspiración, como en 'Todo lo que deseaba'… ¿Conducir pone en orden tus pensamientos?

Por supuesto. No sólo Todo lo que deseaba… Mi segundo disco entero, Y., fue hecho a base de kilómetros, kilómetros y kilómetros en la furgoneta. A mí conducir me encanta, me relaja, hace que mi cabeza fluya. Sobre todo cuando voy sola en mi coche, puedo ir escuchando la música que quiero o cantando lo que se me va ocurriendo. Cuando hago viajes con tiempo me encanta pararme, a escribir o a tomarme algo. Como ya te sabes el recorrido vas conociendo algunos sitios y tienes tus paradas en las que puedes meterte en un bar mirando hacia el campo.

¿Cuáles son esas paradas más habituales?

Cuando voy a Extremadura, al pasar Miravete paro muchas veces al lado de Deleitosa, donde hay un área de servicio de Repsol, muy chiquitita. Es un sitio que lleva muchísimos años ahí, yo iba con mi padre y siempre que puedo voy a ese bar, me tomo algo y compro aceitunas. También me gusta parar a la vuelta, viniendo de Badajoz, en uno nuevo bastante grande que han hecho donde son muy cariñosos. Tiene columpios y a Candela le encanta jugar ahí. Cuando voy a Andalucía me gusta mucho parar en 'Los Palacios', ya cerca de Jerez y de Cádiz. Hacia el norte mi sitio favorito para parar es cerca de Los Monegros, en esa tierra tan abrupta y reseca, casi en cualquier lugar puedes quedarte pasmada observando el paisaje.

Con tanto viaje, seguro que has descubierto parajes increíbles de la geografía española…

Muchos. Pero te voy a contar uno de los últimos que me viene a la memoria. Este verano tocamos en el castillo de Xátiva y flipé con lo bonito que está. Tiene unas vistas sobrecogedoras, desde las que se ve otro castillo, porque ese es uno de los reclamos de toda la costa del Levante. A mí me encanta imaginármelo todo sin ciudades, sin otros edificios. Estuvimos en el 'Mont-Sant', un hotel que hay justo debajo y que tiene unos jardines preciosos, donde nos trataron superbien. Me gustan mucho los hoteles.

¿Qué otros hoteles recomiendas?

Me gusta mucho el 'AC Barcelona Fórum', que está al lado de la playa. También te digo que hay otros en los que me digo "en la vida voy a volver aquí". Hay algunos que son tremendos, en los que dan ganas de preguntar dónde está la segunda estrella aunque sea, ya no te pido las cuatro que pone ahí. A pesar de eso, me gusta mucho probar hoteles nuevos, descubrirlos.

¿Cuál es el criterio a la hora de elegir?

Para mí que tenga servicio de habitaciones. Muchas veces llego muy cansada. Normalmente antes de tocar como un poco, pero no ceno a lo bestia porque saldría con la comida dándome tumbos. Cuando llegas al hotel ya te ha bajado la adrenalina y es cuando te apetece comer algo. O incluso si llegas por la tarde te tomas un café tranquilamente en tu habitación. Cuando voy con Candela me viene muy bien, también. A veces es un cuatro estrellas y no tiene servicio de habitaciones y eso es una jodienda, la verdad. También me gusta que las habitaciones tengan mucho espacio y mucha luz.

¿Tienes algún restaurante especial para celebraciones?

No celebro nada. Mi madre me dice que debería celebrar más cosas, pero yo soy así, qué le vamos a hacer.

Un vino y queso para llenar el estómago en plena ruta.

"Si no arriesgas no ganas", dices en una canción. ¿Cuál ha sido tu mayor riesgo?

Mi mayor riesgo ha sido haber sido mamá. La mayor aventura y la mayor satisfacción. En lo profesional siempre me ha gustado tomarlos, pero no es nada comparable con lo de ser madre.

¿Hay lugares concretos que te han inspirado canciones?

Muchísimos. Por ejemplo, un viaje que hice por Las Hurdes, que me inspiró canciones como El olivo. Sobre todo cerca del mar, para mí es el lugar más inspirador que hay. Los desiertos también, los lugares inhóspitos. Cuanto más despojado es el sitio y más insignificante me siento, me dejo llevar y me relajo muchísimo. Cuando llegas al mar o a un desierto los pensamientos vuelan, no se chocan contra nada. No es como en una ciudad o la montaña, que si estoy demasiado encajonada me pasa lo mismo, me agobian. Necesito ver el horizonte para que se vayan los pensamientos.  

¿Qué no puede faltar en tu maleta cuando te vas de gira?

Zapatillas, ropa interior… Aunque eso lo puedes reponer allá donde vayas. Lo que no me puede faltar son los cascos para escuchar música y el ordenador.

¿Sueles preparar mucho los viajes o eres más de improvisar?

Procuro prepararlos, pero casi siempre me paso la última noche ultimándolo todo, haciendo las maletas… Si es un ida y vuelta corto, tengo ya casi preparada una maleta y un esquema de lo que necesito llevar. Pero cuando son viajes largos, de un mes o así, tengo que dedicarle bastante tiempo porque tengo que llevar una maleta para los shows, otra para mí y una más incluso cuando tienes que hacer prensa. Lo escribo todo para acordarme. Sobre todo cuando voy a sitios como Latinoamérica, que pasas por países con climas contrapuestos. Vas a México y hace un sol estupendo y luego vas a Chile y te pelas de frío.

Tampoco puede faltar un café entre amigas para entrar en calor.

También tienes experiencia como actriz. ¿Puedes aprovechar los rodajes para hacer turismo?

En los rodajes las cosas suelen estar muy organizadas y no tienes mucho tiempo para nada más que dormir y descansar para el día siguiente. Cuando rodé La educación de las hadas es cuando realmente he estado fuera. Rodamos en Viladrau y flipé porque el sitio era maravilloso. Solo con ir a los lugares a los que íbamos a rodar ya era una maravilla. De camino también podías disfrutar de la belleza de los bosques. Fue una pasada.

¿Te has quedado alguna vez sin gasolina en mitad de la carretera?

Cuando íbamos a Xátiva, precisamente. Iba con Antonio charlando y me dice, "que igual no llegamos". Nos estábamos quedando sin gasolina y era una de esas carreteras en las que prácticamente no hay ninguna gasolinera. Empezamos a sudar como locos, porque no llegábamos al concierto, pero al final tuvimos suerte y pudimos repostar cuando debían quedar un litro o dos en el depósito. Me acuerdo de cuando me saqué el carné y me compré la furgoneta. Después de haberme recorrido todo Portugal, todos los cortafuegos y las playas increíbles del sur, llegamos a Badajoz y resulta que había gripado la furgoneta. Le tuve que poner un motor nuevo, porque perdía agua y yo no me había enterado. Llegando a Mérida eso empezó a echar humo y no había manera de arrancarlo.

Lee todos los 'En ruta' en Guía Repsol

Fecha de actualización: 19 de junio de 2017

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