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Foto de Faba Asturiana

Faba Asturiana

EDITORIAL

Entre el mar y la montaña la costa verde asturiana se extiende por Navia y Valdés, un idílico enclave donde los faros alertan a los barcos que están a punto de entrar en un paraíso natural. El carácter de los hombres de mar y los rostros de los de campo son el reflejo de la Asturias más tradicional y auténtica, la del viento del nordés y los hórreos de las casas de pueblo que siguen guardando el grano, las fabes y los secretos de El Principado. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaEsta ruta se inicia en Cadavedo, una pequeña localidad en la que en cada esquina abundan hórreos y paneras, construcciones de la tradición rural asturiana que se encuentran por todo el centro histórico y de las que se pueden llegar a contar hasta un centenar. Callejeando por el centro, veremos la torre de Villademoros, visita imprescindible junto a la ermita de La Regalina. Este espectacular mirador natural situado frente al Cantábrico nos ofrece uno de los atardeceres más espectaculares de la zona. Desde él se disfruta del perfil accidentado de la costa asturiana y de sus acantilados. También es posible distinguir desde allí todas las diferentes tonalidades de verde del litoral con la estampa de un hórreo construido junto a la ermita.Nuestro viaje por el interior asturiano continúa en Trevías, cuya iglesia de San Miguel Arcángel es el único vestigio que se conserva del monasterio medieval que antiguamente se alzaba en la zona. Siguiendo el camino perpendicular al río Esva, alcanzamos Brieves. Esta preciosa población merece la pena ser visitada por tener un conjunto de casas de piedra y balcones de madera que se encuentran unidas a los hórreos por arcos.Paredes y su puente romano son el siguiente punto de la ruta y no tienen nada que envidiar al anterior destino. Rodeado por verdes praderías en las que pastan las vacas, también es punto de partida para todos los excursionistas que quieren practicar senderismo entre las hoces y las sendas labradas por el río Esva Si queremos profundizar en la cultura tradicional de los vaqueiros de alzada (grupos trashumantes que se trasladaban de pasto en pasto con su familia, enseres y ganados), es necesario llegar a pie hasta alguna de las praderas, donde los vaqueiros construían sus caseríos para poder controlar al ganado sin tener que bajar a hacer noche al pueblo. Una de ellas es la de Aristébano, que se erige como un mirador natural sobre el valle de Paredes. Según dejamos atrás Aristébano llegamos a Luarca. También conocida como la villa blanca de la Costa Verde, esta población volcada al mar está vinculada a la historia del desarrollo de la industria ballenera como reflejan los barrios del Carambal y de la Pescadería. En Luarca visitamos el Aula del Mar, que acoge la mayor colección de calamares gigantes de Europa; los barrios de Barcellina y Villar, donde se encuentran algunas casas de indianos –mansiones construidas gracias a las remesas de los emigrantes que marcharon a América–, el faro, la capilla de la Atalaya o la Mesa de Mareantes.En sus calles más céntricas encontramos tiendas de ultramarinos y pastelerías de grandes ventanales que impregnan el aire con olor a pan. Nuestro recorrido por Luarca finaliza en la plaza del Ayuntamiento para contemplar el estilo modernista de sus edificios y para hacer una pausa y recuperar fuerzas con una fabada al estilo tradicional o bien alguna otra receta más atrevida que incluya centollos y almejas.Siguiendo la carretera hacia Navia y cogiendo en ésta la salida hacia Tox, llegamos a la villa de Puerto de Vega, posiblemente uno de los pueblos de mayor encanto de la costa asturiana. Merecen nuestra atención el paseo del Baluarte y el conjunto arquitectónico que forman el casino y las señoriales casonas de indianos. No muy lejos de ahí se encuentra la playa de Frejulfe; un monumento natural que invita a pasear por un campo de dunas y contemplar el Cantábrico más fiero desde los acantilados.Navia, centro administrativo de la zona, es un buen destino si queremos realizar algunas compras. Podemos recorrer a pie parte de su muralla medieval, visitar el monumento al Emigrante, en la playa, y disfrutar de varios ejemplos de la arquitectura indiana que vuelve a ser protagonista también en esta localidad. No hay que dejar pasar tampoco la oportunidad de probar su gastronomía, en especial del sabor del Rapón, una especie de empanada de maíz con tocino, y la Venera; el dulce más conocido del concejo. Subiendo al Alto de la Bobia, se llega a Busmargalí, desde donde tomar la foto que será el penúltimo recuerdo del viaje. Una instantánea para llevarnos el recuerdo de los valles, las sierras y la costa de Valdés y Navia, donde los cultivos de la faba vuelven a ser los predominantes del paisaje. El saborLa fabada, cocido elaborado con alubias blancas y distintos embutidos de cerdo, es el sabor que mejor define la cocina tradicional asturiana. Dependiendo del lugar donde se cultiven, las vainas de las judías que encierran estas semillas comestibles tienen nombres diferentes; pero en Asturias se las llama faba o fabes. Visualmente, el grano, que pertenece a la especie de las Phaseolus vulgaris, es ovalado, de propiedades cremosas, largo, aplanado y de fondo.Este plato es una importante fuente de hidratos de carbono, proteínas de origen vegetal, fibra y bajo contenido en lípidos. Es rica en calcio, hierro, zinc, magnesio, fósforo y vitaminas del grupo B. Su aporte de ácido fólico es elevado. Eso sí, cuidado al repetir, una ración cubre más del 50% de la ingesta diaria recomendada de hidratos de carbono. Todos los detalles del sabor de la fabada aquí. Los pescados y mariscos del Cantábrico son la base de la gastronomía asturiana. La centolla o las almejas suelen incorporarse además a la fabada. En Valdés se celebran jornadas gastronómicas como las del pescado de roca, las del pitu de aldea (pollo de aldea), las de las setas, los callos o las de la cocina asturiana, perfectas para disfrutar en pildoritas de los mejores platos de la zona. En los concejos de Valdés y Navia se celebran durante el año varias ferias populares, especialmente durante el verano. En ellas se puede aprender del arte y la cultura populares y comprar productos artesanales, tallados en madera o forjados, madreñas y redes marinas. También hay mercadillos que  venden licores, dulces, mermeladas, miel o embutidos. La Reserva Natural Parcial de Barayo es un interesante espacio natural de 2,5 kilómetros cuadrados que cuenta con dunas y marismas de gran valor ecológico y paisajístico. Situada entre los concejos de Navia y Valdés, se extiende desde la Punta de Romanellas hasta la playa de Arnela pasando por los acantilados y los islotes de Pedroña y Romanellas.  El Festival Vaqueiro y de la Vaquirada tiene lugar el último domingo de julio en Aristébano y mantiene viva la cultura tradicional de los ganaderos de antaño. La romería de San Timoteo, fiesta del prao asturiano (el 22 de agosto en Luarca) es la más popular y concurrida de la zona. Otra cita obligada para deportistas es el Descenso Internacional a Nado de la Ría de Navia. Después de haber visto los edificios indianos durante la ruta, es hora de disfrutar de uno de ellos desde dentro. La Casona de Lupa es una vieja construcción colonial que dispone de spa, piscina y un entorno privilegiado en la localidad de Cudillero. Recién restaurada, es como viajar en el tiempo por la Asturias de los inmigrantes americanos.

Foto de Miel de Villuercas-Ibores

Miel de Villuercas-Ibores

EDITORIAL

Montañas llenas de grutas por descubrir, calles empedradas que conducen a miradores con increíbles vistas y caminos que se pierden en iglesias de encanto renacentista son tres poderosas razones para conocer la provincia de Cáceres. Sin embargo, es en los campos verdes y floridos donde se encuentran las verdaderas protagonistas de la ruta. Las abejas son las responsables directas de la miel de Viluercas-Ibores, el dulce más natural de la comarca. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaComenzamos la ruta empapándonos de uno de los paisajes más bellos y desconocidos de Extremadura. En el término de Alía, las retamas, jaras, brezos y lentiscos sirven de alimento para las abejas que fabrican la miel de Villuercas-Ibores. En la zona, el arroyo Jarigüela ha labrado una espectacular garganta, el Estrecho de la Peña, que separa las sierras del Hospital del Obispo y de la Pintora. Desde el mirador sur, veremos colonias de buitres que vuelan en círculo en busca de alimento.Después de una primera aproximación con el entorno natural conducimos hasta Guadalupe, a los pies de la sierra de Altamira. La Calle Mayor sirve de eje para disfrutar de un paseo por un entramado de rúas empedradas y casas de arquitectura tradicional con balcones de madera rebosantes de flores, pórticos y soportales.Entre todos los puntos de interés, destaca el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe (plaza Su Majestad Juan Carlos I, s/n; 927 367 000), a cuyo abrigo ha ido creciendo el pueblo, hoy declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su arquitectura singular es una mezcla de estilos gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, de los siglos XIII al XVIII. Aunque no es la única muestra del esplendor cultural que vivió la población, el auge de Guadalupe se observa también en el antiguo hospital de San Juan Bautista, del siglo XV, cuyos patios forman parte del actual Parador de Turismo (Marqués de la Romana, 12; 927 367 075; www.parador.es/es/parador-de-guadalupe), y en el colegio de Infantes, donde los alumnos aprendían canto, gramática y teología. La gruta de la Cruz tiene un lago interior que llena la cavidad de susurros provocados por el aire que penetra en la cueva Proseguimos ahora por una carretera de montaña en buen estado que, con sus infinitas curvas, nos conduce hasta la sierra de las Villuercas, que antecede a la de los Ibores. A través de ella es sencillo llegar hasta Castañar de Ibor, donde se encuentra la gruta de la Cruz. La cueva es especialmente bonita por dentro, ya que a las habituales estalactitas y estalagmitas se suma un lago interior que llena la gruta de susurros provocados por el aire que penetra en la cueva.Al salir, tomamos dirección hacia Deleitosa, pueblo que saltó a la fama en 1950, cuando el fotógrafo estadounidense W. Eugene Smith lo hizo protagonista de un reportaje para la revista Life. Lo recorremos palmo a palmo para encontrar los rincones que salen en las famosas instantáneas. Imprescindible  también son la casa palacio de los Duques de Frías y el palacio de San Pedro de Alcántara. Después, nuestro viaje continúa hasta Retamosa, que sobresale por su paisaje serrano y por la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, que posee una interesante portada de estilo mudéjar. Sólo ocho kilómetros más allá aparece Cabañas del Castillo que, rodeada por las sierras de Valdelaorden, la Artijuela, el Verdinal de Viejas y el Alcornocal, cuenta con picos que superan los mil metros de altitud.También desde la carretera disfrutaremos de un buen paisaje fluvial, pues por esta zona pasan los ríos Viejas, Almonte, Berzocana y la Garganta de Santa Lucía. La siguiente parada es Berzocana. Por estas tierras caminaron culturas rupestres, tribus celtibéricas, dejó huella el Imperio Romano y se descubrieron reliquias de santos visigodos. Todo un pasado histórico que mantiene aún vestigios en la localidad y que conoceremos, como la cueva de los Cabritos. Sus gentes presumen del llamado Tesoro de Berzocana: en 1961 un pastor halló en la sierra tres torques de oro macizo dentro de una vasija de bronce, objetos de valor arqueológico incalculable pertenecientes a la Edad del Bronce. Otra visita merece también la iglesia de San Juan Bautista, espléndida muestra del arte renacentista. Cañamero pone punto final al viaje por esta zona de Extremadura. El río Ruecas, afluente del Guadiana, forma el valle donde se asienta el pueblo. Podemos ir a ver la cueva de la Chiquita, donde se hallan pinturas rupestres en trazos negros, rojos y blancos. Y también la mesa de las Brujas, un dolmen del Calcolítico-Bronce que en la Edad Media se convirtió en lugar de reunión de hechiceras. El saborA partir del néctar y las secreciones de las flores que succionan, las abejas producen la miel de Villuercas-Ibores, que puede ser fluida, espesa o cristalina. Su composición se basa en azúcares, por lo que es una gran fuente de energía. También contiene agua, enzimas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales, vitaminas, sustancias aromáticas, pigmentos y ceras.  La Denominación de Origen Protegida ampara dos tipos de miel, según los lugares donde se recolecta: miel de bosque (roble, encina, castaño), de olor muy intenso, sabor malteado peculiar y color ámbar muy oscuro, con reflejos verdosos o rojizos, y miel multifloral, de olor muy aromático, sabor dulce y agradable y color ámbar, del claro al oscuro, con tonos rojizos. Más sobre las propiedades de la miel en www.domielvilluercasibores.com En la comarca, con independencia de su excelente miel con Denominación de Origen, se producen ricos embutidos y quesos artesanales. Además, la región tiene una amplia tradición en dulces muy apreciados, como las Perrunillas, Rabos de Calabaza, magdalenas, galletas… También es una zona rica en cerezas y castañas. El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe fue declarado Monumento Nacional en 1879 y Patrimonio de la Humanidad en 1993. Fácil de distinguir por su imponente fachada, el volumen principal está flanqueado a ambos lados por dos torres de piedra: la de Santa Ana, del siglo XV, y la de la Portería, del XIV. En su interior destaca el claustro mudéjar con un templete construido en 1405. En las cuevas del Cancho de la Sábana, los Cabritos o los Morales, situadas en los parajes naturales de Berzocana, se pueden contemplar pinturas rupestres de la época del Calcolítico y de la Edad de Bronce. La mayoría están situadas a pocos metros de la entrada de la cueva, formando conjuntos con figuras de animales, personas y símbolos extraños. La miel de Villuercas-Ibores es protagonista en la Feria de Muestras de Artesanía y Productos Típicos de la Mancomunidad Integral Villuercas-Ibores-Jara, que se celebra en abril y su localización varía cada año. También cada año, en noviembre y en una ciudad diferente de España, se celebra el Festival Gastronómico de Cáceres, con una presencia importante de esta miel.  Perfecto para ir en pareja, el Parador de Guadalupe (Marqués de la Romana, 12; 927 367 075) se erige sobre lo que fue el palacio del marqués de la Romana, en un edificio histórico lleno de encanto y tradición. Ubicada en el mismo monasterio, la hospedería Monasterio de Guadalupe (plaza Juan Carlos I, s/n; 927 367 000) ofrece, además de una situación privilegiada, el entorno perfecto para desconectar, meditar y olvidarse de cualquier ruido. 

Foto de Aceite de Monterrubio

Aceite de Monterrubio

EDITORIAL

En las regiones de La Serena, La Siberia y La Campiña Sur, en las llanuras extremeñas, conviven restos prehistóricos, arte megalítico y fortalezas con grandes olivares en los que se produce el aceite de oliva de Monterrubio. Las verdes sierras mediterráneas y las aguas del embalse de La Serena nos acompañan en esta ruta que recorre los secretos mejor guardados de Extremadura. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaEl punto de partida para conocer los secretos rurales extremeños es Zarza-Capilla. Antes de entrar en la localidad, un tranquilo pueblo que crece a los pies de la montaña, tenemos que dedicar un tiempo a sus cuevas, que guardan numerosas pinturas rupestres del tipo esquemático. La más importante de todas es la cueva de los Perros, en la sierra de las Cabras. Es bastante amplia y el suelo está completamente inclinado, por lo que para acceder tenemos que llevar un calzado cómodo.Tras este paseo prehistórico, tomamos dirección a Cabeza del Buey, villa asentada en la ladera norte de la sierra del Pedregoso, donde se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Armentera (Jesús, 2; 924 632 034), levantada en el siglo XVI y cuyos frescos, datados a finales del siglo XVIII, han sido sometidos a un laborioso proceso de restauración. En el exterior, es importante que nos detengamos un momento ante sus portadas de estilo gótico y renacentista y la torre rematada por ánforas vidriadas.En los alrededores de la localidad tendremos ocasión de  hacer una nueva incursión arqueológica y disfrutar de pinturas rupestres, esta vez en el cerro Estanislao, el valle de la Cueva, el Morro de la Fuente del Peral y la sierra de la Rinconada.   Castuera ha dedicado un museo a su dulce con más tradición, el turrón Proseguimos por varias localidades pequeñas que ofrecen numerosos puntos de interés. En Benquerencia de la Serena, las casas se extienden a los pies de lo que fue un impresionante castillo, en el que a través de sus lienzos y torres en ruinas disfrutaremos de soberbias vistas de la llamada Siberia extremeña. A poco más de seis kilómetros de distancia está Castuera, cuyo principal reclamo es el Museo del Turrón (Huertos, 46; 924 761 037), donde vemos la maquinaria con que se fabricaba este dulce, de gran tradición en la localidad. Más adelante aparecen en la carretera las indicaciones a Malpartida de la Serena, que con su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de excelente traza arquitectónica, bien merece una visita. Desde ahí, la ruta continúa hacia Zalamea de la Serena. Esta localidad guarda en sus cercanías restos con gran valor histórico y arqueológico, entre ellos algunos dólmenes de época megalítica y el famoso santuario de Cancho Roano, el conjunto tartésico mejor conservado de España. De la época romana se conserva también un grandioso monumento funerario de 25 metros de altura realizado en el año 103 en honor al emperador español Trajano. Por último, la localidad cuenta en lo alto con un castillo de origen árabe en el que Antonio de Nebrija escribió la primera Gramática castellana, a finales del siglo XV. Dos últimas paradas nos sirven para despedirnos de la región. En Esparragosa de la Serena nos acercaremos a la iglesia de Santa María Magdalena y la antigua fábrica de harina. En Monterrubio de la Serena, construida sobre una antigua localidad llamada Alcantarilla, aprovecharemos para degustar el aceite de oliva que da nombre a esta ruta. En Monterrubio, trasladada por Alfonso IX tras la destrucción de su castillo, destacan la casa del Cordón, la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Consolación, la iglesia de la Armentera, ambas del siglo XVI, y sus increíbles vistas a sierra Morena. El saborPara que sea auténtico aceite de Monterrubio es necesario que el 90% de las aceitunas con las que se realiza sean del tipo cornezuelo, picual o jabata y que el 10% restante proceda de las variedades mollar, corniche, pico-limón, morilla y cornicabra. Por su composición, este aceite posee ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), beneficiosos para el colesterol. También destaca en vitamina E, con efecto antioxidante, y previene el daño causado por los radicales libres en los tejidos.  Visualmente, el aceite de Monterrubio es de color amarillo-verdoso, afrutado, aromático, almendrado y con un sabor ligeramente picante. Además su Denominación de Origen Protegida garantiza que este aceite de oliva virgen extra ha sido obtenido por procedimientos mecánicos y por medios físicos, como la poda del olivo y el deschuponado. Todos los detalles en www.aceitemonterrubiodop.com Además de su aceite de oliva, La Serena ofrece derivados del cerdo y el cordero. También quesos de oveja y vinos de pitarra, entre los que destacan los claretes ligeros de Esparragosa, así como los aguardientes artesanales. Los turrones de Castuera y otros dulces caseros son muy tradicionales y típicos de la zona. A ocho kilómetros de Zarza-Capilla está el embalse de La Serena, que es el más grande de España y el segundo de Europa. Puede acumular hasta 3,2 billones de litros y su construcción supuso un cambio radical en el paisaje. Gracias a este ‘mar de interior’, La Serena pasó de ser una zona árida y seca a convertirse en la comarca española que tiene más kilómetros de costa dulce. En los alrededores de Cabeza del Buey están las sierras de Las Cabras y del Torozo, enclaves naturales de bosque y matorral mediterráneo, además de dehesas. Caminando por la zona se pueden avistar cigüeñas negras, colonias de buitres leonados, águilas perdiceras, búhos reales, alimoches e incluso ciervos, jabalíes, gatos monteses o jinetas, entre otras especies. A finales de agosto se celebra en Monterrubio de la Serena la Feria de Muestras del Aceite de Oliva, en la que los visitantes pueden comprar y degustar el ‘oro líquido’ que se elabora en estas tierras. En la feria encontramos además: aceitunas de mesa, migas, caldereta de cordero, queso de oveja, derivados de la matanza del cerdo y repostería, como los Pestiños y las Flores.  La Casa de los Templarios (García Mesonero nº 11; 924 620 011) es un alojamiento rural ubicado en el centro urbano de Puebla de Alcocer. La casa, que se alquila completa o por habitaciones, está decorada según la costumbre tradicional y es un remanso de paz perfecto para hacer noche y disfrutar de todos los encantos históricos y naturales de la localidad. 

Foto de Queso de Murcia al vino

Queso de Murcia al vino

EDITORIAL

Paisajes de grandes contrastes y pueblos con castillos medievales, arte monumental, elegantes palacios y mansiones señoriales. Son los atractivos que salen a nuestro paso al aventurarnos por las tierras altas de Murcia. En este territorio, Jumilla, Calasparra, Moratalla y Caravaca de la Cruz son los imprescindibles de un itinerario apetitoso por el interior murciano, donde además se elabora el queso de Murcia al vino. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaNuestra primera parada es Jumilla, población de reconocido prestigio vitivinícola y cuna del queso de Murcia al vino, una de las dos Denominaciones de Origen Protegidas que regulan este delicioso producto elaborado con leche de cabra. El conjunto histórico de la localidad está vigilado por un majestuoso castillo, mandado construir en 1461, al que accedemos por un camino de construcción árabe.Ya en el casco antiguo visitamos la iglesia de El Salvador, abierta al culto desde 1791, y la de Santiago, de estilo gótico tardío. Pero será sobre los restos de un convento franciscano donde hallamos un edificio de referencia para los jumillanos: el Teatro Vico, de estilo modernista. Sin abandonar la calle Cánovas del Castillo, llamarán poco después nuestra atención la casa de Doña Pepita, otro exponente del modernismo murciano, y el Ayuntamiento, con su admirable balcón de forja. Los alrededores son también igualmente sorprendentes, como la sierra de la Pedrera, a 12 kilómetros, donde se han encontrado importantes pinturas rupestres.  En Calasparra hay una cueva de 700 metros de longitud repleta de estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calizas Ahora nos dirigimos hacia Calasparra. Antes de entrar en esta población de estirpe arrocera conviene que nos acerquemos hasta la sierra del Puerto, a sólo nueve kilómetros del centro urbano, y busquemos la cueva del mismo nombre. Un recorrido de 700 metros de longitud nos permite asomarnos a sus estalactitas, estalagmitas y otras formaciones calizas.Ya en la ciudad, empezaremos la caminata por la Calle Mayor. Entre los edificios que la flanquean, destacan la casa del Granero, edificación neoclásica donde hoy abre sus puertas la Oficina de Turismo, y la torre del Reloj, una curiosa construcción de ladrillo y mampostería que recuerda al mudéjar de los siglos XV y XVI. En cuanto a la arquitectura religiosa, hay que citar la iglesia de San Pedro y la iglesia-convento de La Merced, ambas del siglo XVII.La visita a Calasparra no estará completa si no nos acercamos al santuario de La Esperanza, excavado en una gruta a orillas del río Segura y a El Molinico, uno de los escasos ejemplos renacentistas, que hoy alberga el Museo Etnológico Municipal, el Archivo Municipal y la Fundación Emilio Pérez Piñero (Merry del Val, s/n; 968 720 728).  Ahora conducimos por la carretera hasta divisar el impresionante castillo medieval de Moratalla. En la localidad del mismo nombre encontramos muchos monumentos que llaman nuestra atención, como la iglesia de la Asunción (Calle Mayor, 3; 968 730 160), que comenzó a construirse en 1561; el convento de San Francisco, el santuario Casa de Cristo, habilitado como Centro de Interpretación del Arte Rupestre (García Aguilera, 6; 968 730 258); y la ermita de la Rogativa, en un entorno de agreste belleza. Al final del itinerario, por la carretera, nos espera Caravaca de la Cruz, una de las cinco ciudades santas del catolicismo. En este rincón del noroeste murciano es obligado que hagamos una pequeña parada para conocer el santuario de la Vera Cruz (Cuesta Castillo, 9; 968 707 743), de los siglos XVII y XVIII, con portada barroca revestida en mármol de Cehegín. La calle de las Monjas en Caravaca, que data del siglo XVIII, cuando era considerada la más amplia y recta de la ciudad, sorprende al visitante con sus suntuosos palacios y casas con blasones en sus fachadas. A la calle, declarada en su conjunto Bien de Interés Cultural, accedemos por la plaza del Arco.En la Calle Mayor se levantan otros dos edificios religiosos emblemáticos: El Salvador y San José. Tampoco decepciona el paseo por la calle Rafael Tejeo, donde se hallan el convento de la Compañía de Jesús y el edificio de La Tercia o palacio de la Encomienda de Santiago. Todo un atracón de historia y arte con profundas raíces, como se detalla en el Museo Arqueológico (Cuesta de Castillo s/n; 986 700 512), alojado en la antigua iglesia de la Soledad. Para finalizar la ruta nos dirigimos a un paraje situado entre Caravaca y Moratalla llamado la Peña Rubia y el Buitre. Es una pista forestal de gran belleza donde se pueden realizar excursiones y otras actividades al aire libre y disfrutar de una jornada agradable en contacto con la naturaleza.  El saborLas Denominaciones de Origen Protegidas Queso de Murcia y Queso de Murcia al Vino, que comparten consejo regulador, supervisan los procesos de calidad de estos dos alimentos hermanos. Jumilla, Calasparra, Bullas, Caravaca, Águilas y Cartagena, estas dos últimas situadas en la costa, concentran la producción. En lo que se refiere al queso de Murcia al vino, se fabrica con leche pasteurizada de la raza de cabra murciano-granadina. Tras su prensado de forma artesanal, es introducido en vino y dejado curar con hojas de romero que le proporcionan un sabor y aroma irresistibles. Esta maduración se realiza durante un mínimo de 45 días, para las piezas grandes, y de 30 días para las pequeñas. Su textura es cremosa y elástica, con un sabor muy suave, ligeramente ácido y con ese toque sutil que le confiere la uva monastrell.En general, son quesos con alto contenido en proteínas de calidad, calcio, fósforo y vitaminas A y D. Sin embargo, su valor energético y aporte de nutrientes dependerá en gran medida de si es fresco o curado. Cuanto mayor sea el grado de maduración, mayor contenido en proteínas, vitaminas y minerales. La gastronomía se basa en los productos de la huerta, el ganado y la caza menor. Típicos de Jumilla son el Gazpacho Jumillano, las Pelotas con carne y las empanadas de patata. En la zona del noroeste se preparan manos de cerdo en salsa, migas, asados de cordero y cabrito y embutidos. Los arroces, la Olla Gitana así como los distintos Gazpachos elaborados con carne de caza son otros platos a degustar.  A mediados del mes de  agosto se celebran en Jumilla las Fiestas de Nuestra Señora de la Asunción, que tienen lugar al mismo tiempo que las celebraciones de la Vendimia. Su acto culminante es la Gran Cabalgata del Vino. En ella las peñas reparten miles de litros de vino que los murcianos acompañan con productos típicos de la zona, como el queso murciano.  Muy cerca de las localidades protagonistas de esta ruta se encuentra Archena, otro lugar con encanto que alberga uno de los centros termales más destacados de España, el Balneario de Archena (ctra. del Balneario s/n; 968 688 022). Ofrece lo último en tratamientos de hidroterapia con el agua minero-medicinal del manantial descubierto en el siglo V a. C. Y, además, cuenta con tres hoteles, uniendo así descanso y salud en el mismo punto. Si preferimos la gastronomía o el enoturismo, en Jumilla se encuentra el Hotel Casa Luzón (ctra. Jumilla-Ontur, km 17; 968 435 489). Está cerca de las bodegas y los viñedos de producción de los Vinos de la Denominación de Origen Jumilla. 

Foto de Paparajote murciano

Paparajote murciano

EDITORIAL

En Murcia y los pueblos del entorno, el río Segura baña la huerta más rica y variada de Europa. Sus limoneros rodean pueblos cargados de monumentos históricos y de gran tradición culinaria, lo que nos permite alternar las visitas artísticas y las experiencias gastronómicas. En la cocina murciana, de las hojas del limonero sale el Paparajote, postre característico de esta comunidad. La rutaEn el corazón de la Vega Media del río Segura, rodeada de fértiles campos, surge la ciudad de Murcia, inicio de nuestra ruta. La huerta prospera aquí desde tiempos romanos, aunque fueron los árabes los que impulsaron la agricultura, gracias a la construcción de una red de acequias, norias y presas que aún perdura. También el Paparajote, un postre genuinamente huertano, cuya masa envuelve una hoja de limonero, y que se heredó de los árabes. Paseando por el centro de la ciudad encontramos la catedral, construida a finales del siglo XIV sobre la antigua mezquita y que integra gótico, renacimiento, barroco y neoclásico. Destaca su torre de 95 metros de altura y su fachada principal, considerada el máximo exponente del barroco español. El claustro de la catedral alberga hoy un museo (plaza de la Cruz s/n; 968 219 713). En las proximidades además, podemos contemplar el palacio Episcopal, con fachada rococó y patio churrigueresco, y el Ayuntamiento, del siglo XIX, cuya ampliación fue diseñada por Moneo. En la calle Trapería podemos pararnos en el casino, obra de 1847 que mezcla diversos estilos arquitectónicos. En la plaza de Santo Domingo, centro de reunión de los murcianos, se levanta la iglesia del mismo nombre, del siglo XVII, el palacio de los Pagán y la casa Cerdá. Más allá, en el paseo Alfonso X, podemos visitar el convento de Santa Ana y la plaza de Romea, con su teatro y varias casas-palacetes. Es muy recomendable visitar el Museo Salzillo (plaza de San Agustín, 3; 968 291 893), donde se guardan las tallas procesionales del Viernes Santo y un impresionante belén, compuesto por más de 500 figuras del célebre escultor Francisco Salzillo. Tampoco podemos marcharnos de la ciudad sin pasear por sus plazas más castizas: la de las Flores, la de Santa Catalina y la de San Juan. Abandonamos la capital por la avenida Juan Carlos I, que se une a la carretera que nos conduce hasta Molina de Segura. Allí encontramos monumentos como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita de San Roque, la muralla almohade de los siglos XI-XIII o la casa-cárcel (Cervantes, 4-6; 968 643 730) del siglo XVII, un antiguo granero reconvertido en biblioteca y sala de exposiciones. Siguiendo la carretera, un desvío nos lleva a Lorquí, cuya iglesia de Santiago Apóstol alberga tallas atribuidas también a Salzillo. Aquí destacan además la noria del Rapao, monumento de Interés Artístico Nacional, y la zona alta, con un conjunto de casas-cueva y con bellos miradores que funden en un único paisaje huerta y sierra. Cieza, cuna del melocotón y la oliva, celebra durante sus fiestas el concurso de lanzamiento de huesos de aceituna Un puente sobre el Segura nos traslada a Ceutí, verdadero museo al aire libre de arte moderno. Sus calles y plazas albergan más de un centenar de obras de Chillida, Manolo Valdés, Ouka Lele…, además del Centro de Arte Contemporáneo La Conservera (avda. Lorquí, s/n; 868 923 132), el Museo Antonio Campillo (C/ Clavijo, 1; 968 690 151) y el Museo 7 Chimeneas (Don Eloy, s/n; 968 690 151). Callejeando, descubrimos también murales de Manuel Belzunce, Antonio Maya o Torregar.  De nuevo en carretera, nos dirigimos a Archena, famosa por su balneario de aguas termales que manan a 50 grados centígrados y por la iglesia barroca de San Juan Bautista. Muy cerca encontramos la casa Grande, del siglo XV, con su torreón central, y el palacete del Vizconde de Villa Rías, con un jardín romántico. Continuamos el itinerario pasando por Ricote, último reducto musulmán del levante español, para llegar después a Blanca, cuyo casco antiguo medieval atesora importantes restos históricos musulmanes. Merece una visita el Museo y Centro de Arte de Blanca (MUCAB) y el Centro de Interpretación de la Luz y el Agua, que permite conocer la historia del lugar, desde los asentamientos íberos hasta su evolución como zona de veraneo de la burguesía local del siglo XIX. No muy lejos hallamos la ermita de San Antonio el Pobre, enclavada en un lugar privilegiado de la sierra próximo al convento franciscano de Santa Catalina del Monte. La carretera nos acerca después hasta Abarán, población con gran tradición de zarzuela y toros. Destacan sus calles y plazas adoquinadas; el Teatro Cervantes, de estilo ecléctico y líneas modernistas; las norias, muchas de ellas aún en funcionamiento; el paseo de la Ermita, con vistas sobre el valle del Ricote, y sus famosos albaricoques.  La ruta finaliza en Cieza, cuna del melocotón y la oliva, donde en sus fiestas de agosto tiene lugar un curioso concurso de lanzamiento de huesos de aceituna. No debemos perdernos los yacimientos del Paleolítico y Neolítico, declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad; la Plaza Mayor, el Balcón del Muro, conjunto histórico con una antigua fortaleza del siglo XV y una muralla del XIX, y el conjunto arqueológico de Medina Siyasa, cuyas ruinas conservan el trazado de las calles, la estructura de 18 casas andalusíes y el alcantarillado.Los amantes de la naturaleza y los deportes de riesgo deben saber que en Cieza se encuentra uno de los parajes naturales más bellos e insólitos formados por el río Segura: el cañón de los Almadenes. En esta zona, las aguas del río generan rápidos y remolinos que permiten la práctica del rafting, el trekking y el barranquismo, una auténtica sorpresa en la región de Murcia.  El saborEl Paparajote Murciano es un postre típico de la huerta que consiste en hojas de limonero envueltas en una masa que se fríe y espolvorea con azúcar y canela. Es económico, sano y fácil de preparar. La masa se elabora con huevos, leche, agua, aceite, azúcar y canela. Con ella se impregna por ambas caras una hoja de limonero que no se come, ya que es muy indigesta: sólo se usa para dar forma y aroma a la masa. Los Paparajotes se fríen momentos antes de degustarlos, por lo que se trata de un dulce poco apto para venderse en tiendas; se come en ocasiones especiales como las Fiestas de Primavera, donde se elabora en las tradicionales barracas. Se sirven en una fuente adornada con ramitas de canela, una hoja de menta o una flor del limonero. Suele acompañarse de vino dulce, mistela o café de puchero.  Este postre contiene vitaminas A, D y del grupo B, hidratos de carbono complejos procedentes de la harina y simples del azúcar. Además, la fritura en aceite de oliva aporta grasa de buena calidad. Todo acerca del Paparajote Murciano, en www.regmurcia.com Los diferentes mercadillos semanales de los pueblos del recorrido ofrecen una amplia muestra de embutidos, hortalizas y frutas. También hay ferias y mercadillos artesanales donde venden dulces tradicionales, como arrope y calabazate, o la carne de membrillo, así como muebles de madera, de forja, objetos de orfebrería y cerámica.  Además de la Semana Santa de Murcia, declarada de Interés Turístico Internacional, destacan las Fiestas de Primavera. Durante una semana, restaurantes y barracas elaboran platos típicos como el Zarangollo, el Pisto Murciano, los Michirones o embutidos procedentes, sin olvidar el Paparajote.  El día grande es el desfile de carrozas del Bando de la Huerta. A diez minutos del centro de Murcia se encuentra el Hotel Nelva (Avda. Primero de Mayo, 5; 968 060 200), que ofrece unas instalaciones modernas, elegantes y confortables. A unos pasos de la catedral de Murcia, de la Plaza de Toros y con vistas al rio Segura está el Hotel Silken 7 Coronas (Garay, 5; 968 217 771), en cuyo restaurante podemos degustar las mejores delicias tradicionales de la gastronomía de la provincia.

Foto de Nuez de Pedroso

Nuez de Pedroso

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Nos adentramos en las tierras riojanas más agrestes, feudo eminentemente rural, donde el sosiego nos contagia y el río Najerilla enhebra bosques, prados y pueblecitos de auténtico sabor serrano. También campos de nogales, donde se cultiva uno de los frutos más característicos de la gastronomía de La Rioja, la nuez de Pedroso, cuyo intenso saber adereza los platos más distinguidos de la gastronomía de esta comarca. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaNuestra ruta arranca en Baños de Río Tobía, pequeña localidad partida en dos por la carretera. Allí, entre una llamativa mezcla de casonas imponentes, como la que acoge el Ayuntamiento, del siglo XVI, y las fábricas de embutidos, que constituyen uno de los principales soportes económicos del pueblo, la carretera nos conecta con la vecina Bobadilla. Una vez pasado este municipio, donde tiene su sede un buen número de bodegas, nos adentramos en uno de los valles más espectaculares de La Rioja, con el río Najerilla como protagonista. A partir de aquí, la vegetación se adueña del paisaje. Y los nogales, cuyo fruto está reconocido con el sello Registrado y Certificado (R.G.), empiezan a hacer acto de presencia.  Desde Baños del Río Tobía seguimos por la carretera y pasado el desvío a Ledesma de la Cogolla tomamos el que nos conduce hacia Pedroso. Tras pasar un llamativo puente azul cuatro kilómetros después, se atisba el pueblo, semiescondido entre las altas montañas y el abundante follaje. Pedroso es una pequeña joya rural, salpicada de casas centenarias de muros de mampostería mezclados con ladrillo.Entre ellas despunta una verdadera maravilla arquitectónica: la iglesia del Salvador, del siglo XVI, ubicada junto a la plazuela del Tilo. Lo más destacable del exterior es su portada gótica, mientras que dentro la visita se articula en torno a varios retablos barrocos, con imágenes procedentes de otras ermitas e iglesias de la zona. También merece la pena recorrer el entramado de calles empedradas. Aquí reina la tranquilidad todo el año, excepto cuando la localidad celebra sus tradicionales fiestas durante el verano.  Pedroso es una pequeña joya rural salpicada de casas centenarias de muros de mampostería mezclados con ladrillo Para regresar al camino principal es preciso desandar hacia el punto de desvío y, tras un pequeño atajo cubierto de vegetación en los arcenes, reincorporarse a la vía principal. Sólo hay que conducir cinco kilómetros más para alcanzar uno de los puntos de referencia en la entrada al valle del Najerilla. Acompañados de choperas, cotos de pesca y rebaños de ovejas, divisamos Anguiano y las grandes peñas junto a las que se disponen sus casas y viven sus vecinos. La imponente orografía anuncia cómo va a resultar el viaje hasta el final de nuestra ruta: una sucesión de curvas que hay que tomar con tranquilidad, pues son constantes las tentaciones de parar en el arcén y recrearse con el espectáculo natural del entorno.  Pero antes de continuar por la carretera es recomendable que hagamos una parada larga en Anguiano, formado en torno a tres barrios. Mediavilla, el de mayores dimensiones, acoge los edificios de más fuste, como son el Ayuntamiento, la iglesia parroquial de San Andrés, con un retablo mayor de estilo barroco muy interesante, y un buen número de casas hidalgas, la mayoría de dos o tres plantas y con escudos nobiliarios en sus fachadas.Cuevas, por su parte, es una barriada tradicionalmente ganadera, separada de la anterior por el Najerilla y conectada a través del puente de Madre de Dios, del siglo XVIII. Cruzarla es toda una experiencia, ya que el río discurre a 30 metros de profundidad. Eras, por último, es la zona de Anguiano más agraria y ganadera, y está disgregada de Mediavilla por el barranco de Aidillo.  Continuamos por la carretera, que sigue el curso del río y las formas de la montaña, por un paisaje de árboles e imponentes barrancos, donde hay que extremar la prudencia. En diferentes puntos encontraremos indicaciones a pistas forestales y caminos de tierra que invitan a adentrarse por el corazón natural del valle. Caballos, ermitas perdidas y rincones casi vírgenes completan el panorama.A unos veinte minutos de Anguiano encontramos la desviación al monasterio de Valvanera (LR-435; 941 377 044). A estas alturas, el paisaje ya es agreste, sin matices, y no es difícil encontrarse en los arcenes o directamente sobre el asfalto vacas y terneros paciendo plácidamente. Hasta acceder al cenobio, la carretera se retuerce y empina en un entorno mágico.En este lugar, bajo el monte Mori y a la sombra de los 2.000 metros del Pancrudo, se levantó el santuario donde se venera a la patrona de La Rioja, Nuestra Señora de Valvanera. Habitado por monjes benedictinos hasta nuestros días, su fundación se remonta al siglo IX, cuando un ladrón arrepentido llamado Nuño Óñez encontró la imagen de la Virgen que hoy se venera. A partir de entonces el lugar empezó a ser ocupado por hombres de vida ascética. La iglesia actual es de una época posterior, del gótico tardío, con una fachada del siglo XVII. Aunque, sin duda, lo más interesante es la ubicación del edificio, una mole de color rojizo colgado en las estribaciones de la sierra. Tras la visita, descendemos hacia la carretera principal, en paralelo al curso del río para retomar el camino en dirección a uno de los pueblos más representativos de la zona: Brieva de Cameros. Aquí nos espera el Museo Rancho de Esquileo (Costanilla, 36; 941 377 071), inaugurado en 2008 como tributo a los pastores trashumantes que dieron vida al lugar. Exhibe variopintas piezas relacionadas con el pastoreo tradicional, cuya importancia en la región se explica también en didácticos paneles y diversos documentales. Por su parte, las calles y miradores del pueblo obligan a detenerse para disfrutar del final del camino. Un buen punto final a esta ruta es emprender una caminata por el sendero del Chozo, que, desde el museo, nos conduce por los maravillosos alrededores de este pueblo serrano de pura cepa. El saborDe tamaño medio, intenso sabor, mayor peso y una cáscara fina y lisa, así es  este fruto seco especie juglans y categoría extra cultivado tradicionalmente en Pedroso. Para una correcta identificación por parte de los consumidores, la nuez de Pedroso se comercializa envasada y mostrando en su etiqueta el logotipo de la marca colectiva que gestiona la Asociación Profesional de Productores de Nuez El Nogueral. Su cultivo, siempre manual y familiar, está creciendo en La Rioja, con los consiguientes controles que garantizan su máxima calidad. Hay muchas maneras de degustarla: sola, en ensalada, formando parte de salsas o como ingrediente de repostería o de platos diversos, a los que aporta su peculiar textura.  Es un fruto seco energético: aproximadamente unas 122 kcal por 20 g. La calidad de su grasa reporta beneficios frente a las enfermedades cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer y otras dolencias crónicas. Contiene, principalmente, ácidos grasos poliinsaturados, aportando ácidos grasos esenciales y ácidos grasos omega-3 y omega-6.  Además de la nuez, destaca el licor de Valvanera. Los monjes benedictinos del monasterio lo elaboran a partir de las abundantes especies vegetales de la zona, que le confieren un exquisito sabor y valores medicinales. Miel, peras y embutidos son otras señas de identidad de esta parte de La Rioja, donde también destacan las alubias de Anguiano, conocidas como caparrones.  A la entrada de Pedroso se abre un arco encumbrado por una cruz que da entrada al denominado camino Patrocinio, que lleva a una ermita que acoge la imagen de la virgen del mismo nombre, también llamada La Serranita. Es un templo de estilo barroco de finales del siglo XVII, que domina una impresionante panorámica de Tobía.  El segundo fin de semana de noviembre, con la cosecha ya recogida y la nuez perfectamente seca, una fiesta en Pedroso rinde tributo a este fruto. Se organiza un gran mercado donde, además de las nueces, destacan otros productos artesanos como la miel, las peras, los embutidos y los licores. Todo ello amenizado con danzas tradicionales y degustaciones. En la localidad de San Millán de la Cogolla se encuentra el Hotel Hostería del Monasterio de San Millán (Monasterio de Yuso s/n; 941 373 277), un lugar para el retiro y el descanso, tanto por su origen como por el bello paraje en el que se encuentra. En Badarán, cerca de las localidades de esta ruta, se halla el Hotel Mirador Conde de Badarán (ctra. San Millán, 1; 941 367 055). Rodeado de naturaleza y viñedos, ofrece desde sus instalaciones las mejores vistas del corazón de la provincia. 

Foto de Queso de cabra de Madrid

Queso de cabra de Madrid

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Muy cerca de la capital, la sierra madrileña ofrece paisajes de montaña abruptos, bosques de pinos, dehesas, pueblos tradicionales y sabores de productos genuinos. Y es que de los pastos de esos espacios naturales se alimenta la cabra del Guadarrama, raza autóctona cuya leche hace singular el queso de cabra de Madrid. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaDesde Colmenar Viejo, uno de los principales centros de producción del queso artesano de cabra, parte nuestro recorrido, repleto de alicientes como el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Los escarpados paisajes de montaña, los prados, los pastizales y la dehesa se dan la mano en sus 52.796 hectáreas de superficie, protegidas desde 1985. Colmenar, de estirpe taurina y ganadera, es además el motor económico de la sierra madrileña. Inmersa en su entramado urbano, la imponente basílica de la Asunción de Nuestra Señora (Isabel la Católica, 2; 918 452 052), del siglo XV, nos recordará las raíces aristocráticas de la villa. También merece la pena acercarnos a ver otros edificios como la casa del Cura, la casa de Hidalgo, el pósito de Granos y la casa del Maestro Almeida, donde se conserva un antiguo lagar.  Las formaciones graníticas de La Pedriza reciben nombres tan pintorescos como El Pajarito, La Foca o La Vela La carretera nos lleva a continuación a otra localidad serrana de pura cepa: Soto del Real. De su pasado, se mantiene en pie la iglesia parroquial y, al lado, un puente medieval del siglo XI. Para experimentar la sensación de retroceder a otros tiempos, debemos dirigirnos a Manzanares el Real. El castillo, de 1475, es uno de los hitos de Madrid: su estilo gótico flamígero parece más propio de un palacio que de una fortaleza militar, y desde sus almenas se ofrece una preciosa vista del embalse de Santillana.Después de esta visita y saliendo del pueblo podemos acceder, caminando por la garganta Camorza, a La Pedriza. Este paraje natural seduce con su amplio catálogo de formaciones graníticas, que reciben nombres tan pintorescos y misteriosos como Cancho de los Muertos, El Pajarito, La Foca, La Vela, Collado del Cabrón…  Tenemos en la zona para elegir medio centenar de itinerarios, para aficionados y curtidos alpinistas, que recorren este peculiar macizo desgajado de la sierra de Guadarrama.  Continuamos rumbo hacia El Boalo y Mataelpino, donde aún se conservan algunas viviendas tradicionales de granito. El sendero Ruta Natural de las Villas enlaza estos dos pueblecitos con Cerceda. Por el camino se puede observar la cumbre de La Maliciosa, nido de aves rapaces y migratorias. Nuestra próxima escala es Navacerrada, destino clásico del veraneo madrileño. Podemos hacer un recorrido por el pueblo siguiendo la pista a sus  doce fuentes de piedra; algunas, como la de La Canaleja o la de San Antonio, tienen varios siglos de antigüedad. Desde Navacerrada tomamos la carretera para dirigirnos al sur, dejando atrás Collado Mediano y Alpedrete. El nombre de la segunda, del latín ad pedrum, hace alusión a la abundancia de granito berroqueño, sólida piedra con la que se construyó el monasterio de El Escorial. Podemos ver las canteras abandonadas en la dehesa municipal, antes de tomar la carretera hasta Torrelodones, localidad madrileña con un interesante patrimonio artístico y natural que forma parte de dos rutas turísticas de la Comunidad de Madrid: la Imperial, de Madrid a El Escorial, y la de los castillos, fortalezas y atalayas.Aquí arranca además la carretera que nos lleva de regreso a Colmenar Viejo por el Parque Regional. A medio camino encontramos Hoyo de Manzanares. Desde esta población se divisa en los días claros el skyline de Madrid, mientras la sierra del Hoyo resguarda sus espaldas. Diversas rutas de senderismo, como la de la Cruz del Pan o la de Las Cascadas, nos acercan a sus múltiples encantos y nos permiten disfrutar de su naturaleza, especialmente en primavera y otoño, las mejores estaciones de la vegetación.  El saborEl queso de cabra de Madrid está elaborado exclusivamente con la leche de cabra de la raza autóctona de Guadarrama. Su producción tiene lugar en los municipios de Colmenar Viejo, Fresnedillas de la Oliva y San Mamés. La alimentación variada de los animales y los prolongados periodos de pastoreo explican la altísima calidad de la materia prima, que puede ser pasteurizada o cruda. Existen dos variedades de quesos: los semicurados, con un tiempo mínimo de maduración de 45 días, y los curados, que deben madurar al menos tres meses. Antes de iniciar este proceso se realiza un riguroso análisis físico, químico y microbiológico de la leche. El queso de cabra madrileño resulta levemente ácido, mantecoso y húmedo.  Desde el punto de vista nutricional, este queso tiene un elevado contenido energético y es fuente de calcio y de proteínas. A mayor grado de curación, mayor valor energético, al incrementarse la concentración en proteínas y grasa y disminuir la de humedad. De su composición destaca su aporte de minerales como magnesio, fósforo y, en menor proporción, hierro y zinc, de fácil absorción. Además es rico en vitaminas liposolubles A y D. Todo acerca del queso de cabra de Madrid en www.alimentosdemadrid.org En toda la zona podemos adquirir carne de la sierra de Guadarrama, miel, plantas aromáticas y hortalizas frescas. La artesanía es una actividad tradicional presente en los mercados de Mataelpino (segundo fin de semana de mes), Manzanares el Real (primer sábado y domingo) y en el Mercadillo Ecológico y Artesano de Hoyo de Manzanares (segundo domingo de cada mes).  Como tal debe calificarse el cementerio judío de Hoyo de Manzanares, el único de esta confesión religiosa en la Comunidad de Madrid. Fue fundado a finales de los años 70 del siglo pasado por miembros de la comunidad hebrea, que adquirieron unas tierras en el término municipal. Cerca se encuentran los restos de una necrópolis tardorromana e hispanovisigótica.  A principios de junio se celebra en Colmenar Viejo la Demostración de Esquileo a Tijera que coincide con la Muestra y Degustación de Productos de la Comunidad de Madrid. También se desarrollan festejos gastronómicos en otras villas serranas de Madrid, como la de Santa Quiteria en Alpedrete (22 de mayo), la de San Sebastián en El Boalo (20 de enero) o la de Caldereta de Hoyo de Manzanares, en septiembre. Desde el Hotel Torrelodones (Sama de Langreo, s/n; 918 406 606), en la localidad del mismo nombre, podemos descubrir el patrimonio histórico de la villa, uno de los más destacados de la Comunidad de Madrid. En la capital, se encuentra el Hotel Sheraton Madrid Mirasierra (Alfredo Marquerie, 43; 917 277 900), un gran establecimiento perfecto para un poco de relax tras un día de turismo por la sierra madrileña. 

Foto de Turrón de Agramunt

Turrón de Agramunt

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La comarca leridana de Urgell reúne tantos tesoros artísticos como monumentos naturales y paisajes sobrecogedores. Desde las calles con soportales de Agramunt al recogimiento del monasterio de Vallbona, pasando por bosques, campos de cereal, almendros, olivares y viñedos. La puerta a los Pirineos es un destino que no decepciona, como tampoco lo hace su gastronomía, especializada en el sabor dulce e inconfundible de su turrón. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaEl edificio Torrons Vicens, uno de los más llamativos de Agramunt, tiene forma redonda, como algunas de las tradicionales tabletas que han convertido esta localidad en la cuna del turrón de la comarca leridana de Urgell. Dentro del edificio podemos disfrutar de sugerentes presentaciones de este dulce, cuya receta apenas ha variado desde 1775 y, a través de unos cristales, veremos incluso la sala donde se elabora. Otras casas, como A. Lluc o Félix, también se dedican a fabricar este famoso dulce y el chocolate a la piedra.Sin embargo, es la casa Vicens la que destaca un poco sobre el resto al haber apostado por mantener más viva que nunca esta delicia a través del Museu del Torró i de la Xocolata (ctra. de Tàrrega, 2; 973 390 607; www.vicens.com), un espacio de dos plantas donde conoceremos de forma muy didáctica y audiovisual la historia más golosa del pueblo. Recorrer los pasillos de este centro es descubrir sus curiosos grabados y las fotos de cuando los turroneros acudían a ferias y mercados y, sobre todo, a los puestos que montaban por Navidad en Barcelona. Hasta allí iban vestidos de domingo y con una barretina de color pardo oscuro, los hombres, y un pañuelo de seda blanca las mujeres, para diferenciarse de los turroneros de Xixona. En Verdú está el Museo de Juguetes y Autómatas, impulsado por uno de los vecinos de la localidad Para recorrer a pie Agramunt, lo mejor es que salgamos de la plaza del Pou, donde se encuentra la Oficina de Turismo, y continuar por la calle Sió, que aún mantiene en pie sus antiguas casas con soportales. Desde ahí alcanzamos la iglesia de Santa María, Monumento Nacional y ejemplo de transición del románico al gótico, en la que destaca su pórtico y cuyas galerías sirvieron de refugio antiaéreo durante la guerra. Uno de los que vivió estos bombardeos de niño fue el escultor y pintor Josep Guinovart, y a él está dedicado, desde el año 1994, el Espai Guinovart, en la plaza del Mercat, construido sobre el antiguo mercado. Fuera, en la plaza, una enorme escultura suya muestra el equilibrio en la balanza entre el turrón y un saco de avellanas. Al dejar Agramunt atravesamos paisajes de secano y campos de cereal hasta llegar a la capital de la comarca, Tàrrega. Antes de llegar al destino tomamos un desvío hasta Montfalcó d’Agramunt para ver los restos del castillo que corona la zona. La siguiente parada del itinerario es Verdú, conocida por sus trabajos artesanales de cerámica, especialmente los de arcilla negra, que podremos comprar en alguna de las numerosas tienda-taller que tiene la localidad.Para explorar la arquitectura de Verdú, junto al castillo –exponente del gótico civil catalán–, la Oficina de Turismo organiza los domingos y festivos una visita guiada a las casas señoriales. Además, si viajamos acompañado de niños es obligatorio llevarles a conocer el Museu de Joguets i Autòmats (Plaza Mayor, 23; 973 34 70 49), impulsado por Manel Mayoral, uno de los vecinos de la localidad. El espacio ocupa una antigua casa de cuatro plantas y en él se pueden ver antiguos objetos y vehículos, aviones, trenes y, lo más espectacular, unos autómatas procedentes de las Atracciones Apolo de Barcelona que recrean escenas costumbristas y que conservan el movimiento original. Un poco más adelante llegamos a Guimerà. El pueblo, encaramado a un alto, se lleva todas las miradas de los visitantes por los restos del castillo que despuntan en lo alto sobre el resto de edificios. Sólo la iglesia de Santa María, con un retablo de Josep Maria Jujol, le quita protagonismo a la fortaleza. Si seguimos carretera adelante y remontamos el río Corb, llegaremos a Vallfogona de Riucorb y su balneario. Nuestra ruta termina en un paisaje de suaves promontorios donde se alternan bosques, campos de cereal, almendros, olivares y viñedos, hasta el recóndito y silencioso cenobio cisterciense de Santa María de Vallbona. Una visita guiada por sus dependencias –el claustro, el espectacular campanario de la iglesia y la sala capitular– completa la visita al lugar en el que actualmente vive una comunidad de nueve monjas. El saborEl turrón de Agramunt se elabora con miel, avellanas o almendras, azúcar o jarabe de glucosa, clara de huevo y pan de ángel. Debido a estos ingredientes, el turrón tiene un alto valor energético y su consumo debe ser moderado en caso de estar siguiendo una dieta hipocalórica. Los frutos secos aportan al organismo grasa monoinsaturada y además, una ración de este dulce contiene proteínas vegetales, fibra, calcio, magnesio, fósforo, potasio y vitamina E con poder antioxidante.  Para elaborarlo, es necesario un caldero en el que se cuece la miel y el azúcar hasta que se absorba el agua. Después se deja enfriar y se agregan las claras de huevo. Se cuece la mezcla y se añaden las avellanas o las almendras, según la variedad, tostadas y peladas. Aún caliente, se moldea la masa y se recubre con oblea. Tras dejarlo enfriar, el turrón ofrece un intenso sabor dulce, tiene forma de disco o de  baldosa rectangular, color marrón dorado y una textura irregular. Son muy apreciadas las cocas de Recapte, cocas saladas con pimiento, berenjena y cebolla (también con butifarra y arenque), los caracoles a la llauna, las peras y las manzanas, el chocolate a la piedra, los Carquinyolis y los vinos de la Denominación de Origen (D.O.) Costers del Segre. Las tierras del Urgell están pobladas de olivos de la variedad arbequina y las cooperativas están inscritas en la D.O. Les Garrigues. En la sierra de Almenara se encuentran, junto a los restos de una ermita, los 14 metros del Pilar de l’Almenara, una torre cilíndrica de los siglos XI-XII construida para vigilar las incursiones sarracenas. Unas escalas de metal permiten subir y admirar un horizonte de llanuras, serranías, campos de cereal y frutales en la zona de riego del canal d’Urgell. La Fira del Torró y la Xocolata a la Pedra d’Agramunt, que tiene lugar desde 1989, se celebra siempre el fin de semana más cercano al 12 de octubre. Se trata de una ocasión única, porque las calles y plazas del centro urbano se llenan de puestos de artesanía y se pueden ver muestras de oficios antiguos y participar en talleres de elaboración de turrón.  El Hotel Can Boix (Can Boix, s/n; 973 470 266), en Peramola, está situado en plena naturaleza. Desde las habitaciones hay amplias vistas a la sierra y al jardín con piscina, las zonas de recreo para niños y la pista de tenis. El Hotel Minister (urb. Las Masías s/n; 977 870 058) uno de los más antiguos de Cataluña, está situado en las laderas del Parque Natural de Poblet y a sólo 500 metros del monasterio de Poblet. Su edificio señorial e imponente se alza en un entorno natural regio y lleno de paz.

Foto de Xató del Baix Penedès

Xató del Baix Penedès

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Como el plato que la marca, la ruta por las comarcas del Baix Penedès y el Garraf, entre las provincias de Tarragona y Barcelona, es fresca, vinícola y luminosa. Paisajes agrícolas, abruptos acantilados, amplias playas mediterráneas y rastros de historia y cultura para acompañar al Xató. Más que una ensalada, una celebración de la vida. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaLos romanos tenían razones de sobra para que su Vía Augusta atravesase estos paisajes llenos de viñedos, bosque mediterráneo y playas para dejarse la vista en el horizonte. Como la suya, nuestra ruta del Xató recorre la comarca del Baix Penedès, la más pequeña de las que vertebran la provincia de Tarragona.Empezamos en El Vendrell, lugar de nacimiento de Pau Casals, célebre compositor y uno de los grandes violonchelistas de todos los tiempos. Aquí hay que visitar, por eso, su casa natal y no dejar de ver la barroca iglesia de Sant Salvador.  Nos vamos después camino a Comaruga, donde encontramos a la orilla del mar un manantial de aguas termales con sales cloruradas sódicas, excelente para tratar dolores articulares y procesos inflamatorios, el Estany i Riuet. Seguimos haciendo honor al violonchelista universal y entramos en el Museo Pau Casals, preciosa villa donde pasaba sus vacaciones y sede de su fundación. Más cultura en la casa familiar del editor Carlos Barral, nombre clave en las letras españolas, que hoy es un museo necesario para todos los amantes de la literatura. Y, para rebajar tanta erudición, un baño en la playa de Calafell. Continuamos hacia Vilanova i la Geltrú, la capital del Garraf barcelonés. Se trata de una ciudad de tamaño medio y un casco antiguo que conserva el portal del Nin y el viejo castillo, que formaban parte del recinto amurallado del antiguo núcleo urbano de Vilanova de Cubelles. Paseamos por la plaza de la Vila y por la Rambla hasta alcanzar el puerto deportivo y, ya que estamos, volvemos a la playa. Tenemos para elegir pero sobresalen las de Far de Sant Cristòfol, la de Ribes Roges y la playa Llarga. Sitges mantiene su esencia como refugio de artistas desde que el pintor y escritor Santiago Rusiñol se instalara aquí en 1891 Seguimos ahora camino para arribar a Sitges, que mantiene su esencia como refugio de artistas desde que el pintor y escritor Santiago Rusiñol se instalara aquí en 1891 atrayendo a un buen puñado de colegas modernistas y vanguardistas. En el Museo Cau Ferrat, que fue su casa en la localidad, se conserva una importante colección de pinturas y esculturas del artista y de algunos amigos como Zuloaga y Picasso.  La imagen más conocida de esta ciudad es la que se disfruta desde el paseo marítimo, que permite observar el templo barroco de Sant Bartomeu i Santa Tecla. Tras visitarlo, se puede caminar hasta el mirador del Racó de la Calma, situado sobre la cercana playa de San Sebastián. Pero Sitges no es sólo cultura, también es uno de los lugares de ocio nocturno más divertidos de España y lo es por tradición: aquí nació el primer bar playero de España en 1913.   Vilafranca del Penedés, capital de l'Alt Penedés, sorprende por haber sabido combinar su pasado medieval con las nuevas tendencias y paseando por la localdiad encontraremos todos los servicios necesarios para una agradable jornada. Como no podía ser de otra manera, en Vilafranca se respira la esencia del vino en cada rincón, como en el museo VINSEUM, que no es solo un museo del vino sino un espacio de intensa actividad cultural y turística para todos los públicos. El saborLos orígenes de este plato típico de las comarcas del Alt Penedès, el Baix Penedès y el Garraf se asocian a una de sus actividades más tradicionales, la viticultura. Su etimología enlaza con la fiesta anual que celebraba la obtención de los primeros vinos: en catalán, a la tarea de ponerle grifos a las botas de vino se le llama aixetonar. Y no hay fiesta agrícola sin abundantes raciones de este humilde plato, una ensalada a base de escarola, bacalao, anchoas, boquerones, aceituna arbequina y salsa romesco.Se elabora picando en un mortero almendras y avellanas hasta conseguir una pasta fina. Después se va añadiendo la cebolla, la ñora (previamente escaldada y sin piel), la guindilla, la pimienta roja, una pizca de pimienta negra y el pan frito, y se sigue trabajando. Finalmente se agregan los ajos, los tomates, el aceite y el vinagre. Una vez terminada la salsa, se mezcla con la escarola limpia y seca y se deja reposar unas horas. A la hora de servir el plato se decora con el bacalao desmigado, el atún, los filetes de anchoa (o boquerones) y las aceitunas arbequinas. El Xató se suele acompañar de tortilla de alcachofas, de alubias o de butifarra, entre otras. Tiene un elevado contenido en proteínas de gran valor biológico y grasa de buena calidad, ya que incluye ácidos grasos omega 3 y omega 6, aportados por el pescado azul (atún y anchoa) y los frutos secos. Entre los micronutrientes (minerales y vitaminas) destacan el hierro, el fósforo, el selenio, el ácido fólico y las vitaminas C y D. De la escarola, recalcar su riqueza en compuestos fenólicos, potentes antioxidantes que parecen poseer la capacidad de inhibir la actividad carcinogénica. Además, contiene un compuesto denominado intibina, de sabor amargo, que estimula el apetito y favorece la digestión. En Sitges, hay que probar el vino de malvasía que se produce en el hospital de Sant Joan Baptista, institución benéfica fundada en el siglo XIV. Vino, por cierto, no falta en esta ruta. Ni tampoco aceite de oliva, pero esta tierra también es pródiga en frutas, verduras y pescados. No es mal lugar para el paladar.  Junto al puerto de Coma-ruga se encuentra la reserva marina de Masía Blanca. Se creó para proteger sus fondos marinos rugosos. Un rico laberinto de coral y plantas marinas, habitado por pulpos, nácares, salmonetes, meros, doradas y lubinas. En verano funciona el Aula Acuática, que da la oportunidad de practicar, dentro del espacio natural protegido, snorkel con monitores. Entre noviembre y abril, los ayuntamientos de Vilafranca del Penedés, El Vendrell, Vilanova i la Geltrú y Sitges organizan un amplio programa de xatonadas. A estas fiestas populares y gastronómicas se unen multitud de restaurantes con menús especiales donde el Xató es el rey. Cada año, además, se elige un embajador del plato, honor que han ostentado figuras como Ferran Adrià, Carme Ruscalleda o los hermanos Roca.  Bañado por las aguas del Mediterráneo, Le Meridien Ra (Sanatori, 1; 977 694 200), en El Vendrell, es un spa en la playa para olvidarse de todo. En Sitges el Dolce Sitges (Camí de Miralpeix, 12; 938.109.000), también con spa, es también un lugar ideal para celebraciones y actividades como el golf.

Foto de Ajoblanco de la Axarquía

Ajoblanco de la Axarquía

EDITORIAL

Pequeñas localidades de casas encaladas y apartadas del ruido componen una de las regiones más bonitas de Málaga, la Axarquía. Una ruta por esta zona nos regala vistas espectaculares y nos ofrece además artesanías ancestrales a tan sólo un paso de la animada y moderna Costa del Sol. Podemos, también, degustar uno de los platos ancestrales más refrescantes de la comarca, el Ajoblanco. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaBordeando la frontera entre Málaga y Granada, descubrimos la Axarquía, una zona costera cálida e interior al mismo tiempo, con gran contraste de paisajes, climas y ambientes donde sus pequeños pueblos conservan intacto todo el encanto y sus platos, el sabor de lo histórico. Con raíces en Andalucía, se cree que el Ajoblanco fue un invento romano y, aunque puede degustarse en muchos pueblos de Málaga, Granada, Jaén, Córdoba y Almería, haremos en nuestra ruta una parada imprescindible en Almáchar, localidad malagueña que celebra una importante fiesta en su honor.Pero es sobre la peña en la que se sitúa Comares donde ponemos el punto de partida a esta ruta. Visitamos su castillo, buscamos entre sus estrechas y retorcidas calles la sombra, olemos los geranios que se asoman por las rejas de las ventanas y fotografiamos su aljibe árabe, declarado Monumento Nacional. Desde aquí, seguimos hasta Benamargosa, villa de origen morisco rodeada de huertas, naranjos, limoneros y árboles frutales, especialmente aguacates, que alfombran de verde el estrecho valle del río.  Nuestra siguiente parada es Cútar, que parece una extensión de Benamargosa pero que es una localidad independiente. Observamos sus casas blancas, que relucen bajo el sol, y entre ellas, vemos sobresalir la torre de la iglesia, que vigila los cultivos típicos de la zona, olivos y vid.  En Benamocarra su pasado árabe se refleja en sus calles empinadas e irregulares, casas con arcos y patios interiores A poca distancia encontramos El Borge, al abrigo de encinas, jaras y retamas, que se entremezclan con vides de excelentes pasas, de ahí que el pueblo se conozca como la Villa de la Pasa. Si hemos llegado hasta aquí, se hace inevitable desviarnos un poco para recorrer las playas cercanas de Torre del Mar y del Rincón de la Victoria. Después, seguimos la ruta para llegar, ahora sí, a Almáchar, cuna del Ajoblanco. Paseamos por la calle de la Cabra, fijándonos en la particular construcción de sus casas: las primeras se construyeron a orillas del río, ladera arriba, usando muchas veces como soporte la casa delantera. Entramos a continuación a la calle de Los Mártires, que rodea la iglesia de San Mateo, del siglo XVI, en cuyo interior se conserva un camarín dedicado al Cristo de la Banda Verde. Fuera del pueblo podemos parar en la cueva del Toro, de interés arqueológico. Desde ahí, continuamos hasta Benamocarra, donde podemos observar su pasado árabe en calles empinadas e irregulares, casas con arcos y patios interiores. Conducimos unos kilómetros para llegar a nuestra siguiente parada, Iznate donde, en los días soleados, una ventana con vistas al continente africano se abre desde su mirador. Aquí descubrimos los pintorescos mosaicos que adornan la plaza del Ayuntamiento. La ruta nos guía después hasta Macharaviaya, conjunto histórico-artístico que gozó de gran esplendor en los siglos XVIII y XIX. En Benaque, dentro del municipio de Macharaviaya, tenemos la casa natal del famoso escritor modernista Salvador Rueda, hoy convertida en museo. El viaje lo terminamos en Moclinejo, donde no podemos dejar de visitar el campanario de su iglesia. El saborLa sencillez del Ajoblanco invita a su preparación. El primer paso es poner en remojo el pan. Después se pelan los ajos, quitando el germen para que sean más digestivos y se pican las almendras. Se escurre ligeramente el pan y se coloca en un recipiente junto a las almendras, los ajos, el vinagre, la sal y el aceite. Se tritura con la batidora hasta conseguir una crema homogénea y se diluye en agua fría. Se sirve en copas frías con tiras de jamón por encima y hay quien lo toma con uvas moscatel o taquitos de melón. Las almendras son fuente de proteínas vegetales y de grasa monoinsaturada (beneficiosa para la salud cardiovascular) y también aportan vitamina E antioxidante, al igual que el aceite de oliva. En las uvas abundan diversas sustancias con propiedades beneficiosas, como los antocianos, flavonoides y taninos. La presencia de pan aumenta el contenido de hidratos de carbono del plato.  En Benamocarra, descubrimos dos plazas de característicos rasgos de su pasado árabe que ordenan el paisaje urbano: las del Calvario, en la parte alta del pueblo, y la de la Constitución, junto a la iglesia de Santa Ana, del siglo XVI. Además, podemos visitar el antiguo molino de finales de siglo XVIII. La frondosidad de los parajes naturales que rodean Benamargosa son de gran belleza, gracias a la cantidad de arroyuelos que circundan el municipio, produciendo unos rincones únicos como el Salto del Negro. Para llegar podemos hacer una ruta a pie hasta Comares, siguiendo el cauce del río hasta los alrededores del Salto del Negro y la Zubia. En Almáchar se celebra el primer sábado de septiembre la Fiesta del Ajoblanco, donde se puede degustar este original plato. El pueblo se convierte en un escaparate de objetos cotidianos de antaño, escenas tradicionales con maniquíes vestidos a la antigua usanza, actuaciones musicales, coros rocieros y actuaciones de flamenco. A cien metros del paseo Marítimo y de las playas de Torre del Mar encontramos el Hotel Mainake (Fenicios, s/n; 952 547 246), con todos los servicios para una estancia tranquila y variedad de actividades. En Málaga, rodeado de pinos sobre el monte Gibralfaro y frente a la Alcazaba, se alza Hotel Parador de Turismo de Gibralfaro (Castillo Gibralfaro, s/n; 952 221 902).

Foto de Queso de Alt Urgell y la Cerdanya

Queso de Alt Urgell y la Cerdanya

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El Alt Urgell y la Cerdanya son dos de las comarcas más emblemáticas de la Cataluña pirenaica. Pequeños pueblos de piedra y tejado de pizarra se suceden en un sobrecogedor paisaje montañoso donde el verde adquiere tonalidades únicas y la nieve corona las cimas de los picos. Sólo las vacas y las cabras habitan algunas de estas escarpadas tierras y ellas son precisamente las responsables del queso artesanal, uno de los productos estrella de estas regiones. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaEl valle que rodea La Seu d’Urgell, atravesado por las cristalinas aguas del río Segre, es una región de aire refrescante, altísimas cimas y campos verdes llenos de vacas y cabras que pastan libremente y se convierten en el origen de deliciosos quesos. Los martes y sábados son días de mercado en la ciudad. Entonces no falta, junto a los puestos de los payeses, algún productor de quesos artesanales. Muy cerca del mercado, en la calle Sant Ermengol, tiene su sede la Sociedad Cooperativa Cadí, fundada en 1915, que aglutina a más del 90% de los productores de leche de las comarcas de l’Alt Urgell y la Cerdanya.Aquí se elabora el Queso con Denominación de Origen Protegida, la razón de ser de esta ruta. Como explican en la Sociedad, hasta los primeros años del siglo XX, la viña fue uno de los principales recursos agrícolas de la zona, pero los estragos de la filoxera forzaron a encontrar otras alternativas. Gracias al río Valira, que baja desde Andorra, y al Segre, agua aquí no falta, y con el sistema de riego los prados están verdes incluso en los meses de verano.  La catedral de La Seu d'Urgell es la única de estilo románico en Cataluña y mantiene tres de las cuatro galerías originales del claustro La evolución de los cultivos y de este proceso histórico se puede seguir de forma didáctica en el Centre Ermengol (Carrer Major, 8; 973 353 057), en cuya planta baja se ubica también la Oficina de Turismo. Además de la historia de La Seu (la catedral de Santa María), el centro dedica toda una planta al queso y ofrece unas vistas panorámicas espectaculares de la ciudad.Después de verla desde lo alto, lo mejor es acercarnos hasta la catedral y recorrerla con tiempo. La catedral de La Seu d’Urgell es la única de estilo románico en Cataluña y mantiene tres de las cuatro galerías originales del claustro, con capiteles que representan motivos vegetales y animales fantásticos.Junto al templo está el Museu Diocesà (carrer dels Canonges; 973 353 242), con una importante colección de arte sacro procedente de todo el territorio del obispado. Entre las piezas de la exposición permanente destaca el manuscrito del Beato de Liébana, el retablo gótico de Abella de la Conca y la urna de plata de Sant Ermengol, obra capital de la orfebrería barroca catalana. Disfrutar de La Seu es imbuirse en el pasado medieval de la villa, del que aún quedan vestigios en la calle de Canonges, una vía de estrechos soportales y antiguo eje capital de la ciudad medieval. Muy cerca tenemos el paseo de Joan Brudieu, que marca con sus plataneros la frontera entre la ciudad medieval, que estaba amurallada, y el ensanche de la ciudad. A pocos metros, el contrapunto lo pone el Parc Olímpic del Segre (ctra. Circumval.lació, s/n; 973 360 092; www.parcolimpic.cat). Diseñado con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, aprovecha el paso del río y cuenta con un canal y un circuito de aguas bravas donde los aficionados a los deportes náuticos pueden practicar piragüismo, rafting o hidrospeed.  Antes de partir hacia un nuevo destino, ascendemos hasta Castellciutat, cuyo principal atractivo son las vistas que tiene de La Seu d’Urgell y del valle que la circunda. Después de hacer unas cuantas fotos casi obligadas, tomamos dirección Puigcerdà. La carretera, a ratos encajonada entre montañas, discurre paralela al Segre y forma parte del Eje Pirenaico, donde nos esperan varios enclaves pintorescos. El primero de ellos es el pueblo de Arsèguel. Para llegar al centro de la localidad, atravesamos un puente medieval con dos ojos por los que pasa el río Segre y junto al que abre sus puertas el Museu Fábrica de Llanes (Lanas). El museo se levanta sobre una antigua factoría que ha conservado en perfecto estado la maquinaria original, movida con energía hidráulica.  A través de la carretera remontamos ahora el valle entre prados donde pacen vacas y caballos, hasta llegar al propio núcleo urbano de Arsèguel, que se encarama sobre un montículo orientado, como el resto de los pueblos en estos valles de alta montaña, para aprovechar al máximo las horas de sol. Lo más sorprendente de la localidad son sus construcciones de piedra con teja árabe, que llevan por nombre algunos de los antiguos oficios que se ejercían en el pueblo: el herrero (Cal Ferrer), el sastre (Cal Sastre), el molinero (Cal Moliner) o el carpintero (Cal Fuster).Es el momento de dejar el coche en el aparcamiento y caminar hasta la iglesia parroquial de Santa Coloma, posiblemente románica en su origen y cuya torre del campanario despunta hacia el cielo, como las montañas nevadas que se erigen a su espalda. También merece una visita el Museu del Acordió, un curioso centro dedicado a este instrumento y que surgió del encuentro de acordeonistas, que desde 1976 se celebra cada mes de julio en la localidad. Dejamos atrás las aguas sulfurosas de Els Banys de Sant Vicenç y nos desviamos por una carretera que asciende durante once kilómetros para enlazar tres pueblos llenos de encanto y claros ejemplos de la supervivencia en las montañas: Baró, Toloriu y El Quer Foradat, este último, a los pies de la sierra del Cadí. De regreso al eje pirenaico, encontrmoa encontramos Martinet. Desde aquí podemos acceder a Lles y Aransa, así como a sus respectivas estaciones de fondo en invierno, aunque cuando reina el buen tiempo son también el punto de partida para un buen número de excursiones: por ejemplo, hasta los dos lagos de la Pera.En el último trecho de nuestra ruta, cambiamos la comarca de l’Alt Urgell por la Cerdanya. A partir de aquí se ensancha el valle del Segre, dejando a la vista un paisaje de pastos, bosques de ribera, pinares en las alturas y, por encima de todo, una bella panorámica de la sierra del Cadí. Al pasar Prullans y Bellver de Cerdanya, con un encantador y tranquilo casco antiguo, dejamos a un lado el desvío del Túnel del Cadí y seguimos dirección Puigcerdà. Antes de llegar a la capital de la Cerdanya, el punto final de esta ruta, una última recomendación: en Ger hay que tomar el desvío a la villa de Meranges para contemplar el lago del mismo nombre, sin duda uno de los más bellos del Pirineo catalán. El saborEl auténtico queso del L’ Alt Urgell y la Cerdanya, el que está protegido por la Denominación de Origen, se elabora exclusivamente con leche de vaca frisona, entera y pasterizada. Visualmente, la pasta prensada tiene un color amarfilado o crema y la corteza es natural, ligeramente húmeda y de tonalidad parda. En el paladar, es un queso de textura tierna y cremosa, con ojos pequeños e irregulares. Si su aspecto ya convence por sí solo, aún lo hacen más sus propiedades.El queso del L’Alt Urgell y la Cerdanya es nutritivo y rico en proteínas de alta calidad, lípidos, vitaminas y minerales. También aporta a la dieta calcio, magnesio, fósforo y, en menor proporción, hierro y zinc, pero de fácil absorción. Además, es rico en vitaminas liposolubles A y D. Su proceso de maduración es de 45 días como mínimo, su sabor es suave y su aroma, penetrante. Aunque se puede encontrar en numerosas localidades de la región, los municipios productores oficiales son los que integran las comarcas de L’Alt Urgell y la Cerdanya, repartidas en las provincias de Lleida y Girona y enclavadas en el Pirineo catalán. Más detalles de esta Denominación de Origen Protegida en www.lleidatur.com Sólo en otoño podemos disfrutar de la temporada de setas, pero todos los días los restaurantes de la zona tienen ternera del Pirineo, gallo rojo de L’Alt Urgell (ave de carne fuerte y rojiza) y el Trinxat de La Cerdanya, a base de col, patata y tocino. Las hierbas aromáticas tienen mucha tradición y para conocerlas podemos visitar el Museu de les Trementinaires de Vall de la Vansa i Tuixent.  El Quer Foradat es un pequeño pueblo con unas vistas formidables, ya que está tocando prácticamente la mole de piedra de la sierra del Cadí, barrera montañosa de poniente a levante y de unos 30 kilómetros de largo entre La Cerdanya y L’Alt Urgell. Este pueblo, dentro del Parque Natural del Cadí-Moixedó, es un excelente punto de partida de numerosas rutas de senderismo. Salvador Maura, un productor de quesos de Adrall, fue el impulsor en 1995 de la primera Feria de Formatges Artesans del Pirineu. La cita coincide con la Fira de Sant Ermengol, patrón de La Seu d’Urgell, y tiene lugar el tercer fin de semana de octubre. Además de la degustación y venta de quesos de Pirineo y Prepirineo, se organizan catas y un jurado elige los mejores productos. Rodeado por el bosque de La Rabassa y con unas panorámicas únicas sobre el valle y las montañas, el Hotel Comabella (ctra. de la Rabassa, km 6; 376 742 030), en Sant Julià de Lorià, es un alojamiento de montaña con piscina e instalaciones deportivas capaz de despertar el instinto natural del más urbanita. En el corazón de los Pirineos, el Hotel Castell de Ciudat (ctra. N-260, Km. 229; 973 350 000) es la acogedora casona de la familia Tàpies. El entorno y su espacio de relajación y wellness son perfectos para desconectar del ruido de la gran ciudad.

Foto de Vinos de Alicante

Vinos de Alicante

EDITORIAL

En la comarca de Vinalopó, el interior alicantino, la vida está alejada del frenético ritmo de la costa. Este sosegado paraje, sin ser lo más conocido de la provincia, es un paraíso mediterráneo que se ha convertido en el escenario perfecto para los amantes del enoturismo. Los vinos de la Denominación de Origen de Alicante son sólo el aperitivo de esta región que guarda, entre bosques y sierras, pintorescos pueblos de piedra llenos de historia. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)La rutaLos valles y las sierras peinadas por el viento son las únicas fronteras que delimitan la comarca del Vinalopó Medio, una zona de orografía accidentada que en los últimos años se ha convertido en un escenario perfecto para la práctica de enoturismo. A la entrada de Novelda, nuestra primera parada en la ruta, los azulejos del pórtico ilustran en sus grabados los motores económicos de la región y de esta localidad: azafrán, mármol y viñas.A escasos tres kilómetros del centro de Novelda se alzan, a 360 metros de altura por encima del nivel del mar, el castillo de la Mola, fortaleza de origen almohade, y el sorprendente santuario de Santa María Magdalena (paseo de los Molinos, s/n; 965 60 92 28), icono del modernismo construido en piedra tallada, cerámica y vidrieras cuya silueta recuerda a la Sagrada Familia de Gaudí. A partir de este punto comenzamos una ruta por el interior vitivinícola alicantino. Un trayecto en el que visitaremos tantas bodegas como deseemos y degustaremos los mejores ejemplares de la Denominación de Origen (D.O.) Vinos de Alicante.  Siguiendo la ruta, el paisaje montañoso inunda el horizonte hasta que llegamos a Petrer (conocido también como Batrir o Bitrir durante la conquista árabe). No es casualidad que el nombre de esta localidad tenga su origen en el término romano petrarium (pedregoso), puesto que todo el entorno que rodea al pueblo es de naturaleza escarpada y pétrea.Desde el castillo de Petrer, en cuya muralla hay excavadas unas peculiares casas-cueva, observamos el espléndido valle del río Vinalopó, así como el magnífico casco histórico coronado por la cúpula azulada de la iglesia de San Bartolomé Apóstol. Junto al templo, en la plaza de Baix, el Museo Dámaso Navarro (plaça de Baix, 10; 966 989 400 - ext. 280) alberga un valioso mosaico romano de ocho metros cuadrados.Además de los monumentos del casco antiguo, podemos visitar los alrededores del pueblo, desde los que surgen numerosas rutas para hacer a pie. Los valles de Caprala y l’Avaiol o la Sierra del Caballo tienen caminos marcados para senderistas. También hay zonas de escalada en Foradà, Penya del Corb, Almadraba, Cid y Penyes de Gorit. Los apasionados del parapente encontrarán su paraíso en Els Palomarets, desde donde se contempla a vista de pájaro la curiosa duna de arena formada en el Almorxó. Olivos, almendros, viñedos y bodegas flanquean el camino hasta Pinoso, situado en la parte más occidental de Alacant Olivos, almendros, viñedos y bodegas flanquean ahora nuestro camino hasta Pinoso. Esta población está situada en la parte más occidental de la provincia de Alicante, haciendo frontera con Murcia. Además de la agricultura, lógica por su cercanía con la “huerta” de España, en este municipio son importantes las extracciones de sal y mármol. Al pasear por sus calles descubrimos la original torre del Reloj y la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, que contiene la imagen de la Virgen del Remedio, patrona de la villa.No obstante, si a estas alturas del viaje hemos acumulado ganas suficientes para disfrutar de la Denominación de Origen del vino de Alicante, por el paseo Constitución nos acercaremos hasta la casa del Vino (ctra Murcia, s/n; 966 966 043), un centro de exposiciones y reuniones que también ofrece cursos de catas. Y ojo, en la visita no podemos olvidar saludar a la Tía Pera y al Tío Guerra, dos figuras de cartón piedra tradicionales del lugar que permanecen en el vestíbulo a la espera de participar en las fiestas.  Rumbo al Alto Vinalopó retrocedemos un poco para tomar el desvío hacia Salinas y pasar Sax hasta alcanzar la meta de nuestro itinerario, Villena. Un castillo-atalaya, en perfecto estado de conservación a pesar de datar del siglo XII, nos da la bienvenida al adentrarnos en la localidad. El núcleo histórico de la urbe gira en torno a la iglesia de Santiago. Cerca de ella se encuentran dos arterias comerciales: la avenida de la Constitución y la calle Corredera. En esta última se ubica el Rincón del Vino (Corredera de Villena; 966 150 222), un antiguo quiosco remodelado donde se puede obtener abundante información sobre la enología local. Finalmente, en la calle Luciano López Ferrer se levanta el Teatro Chapí, en honor al compositor de zarzuelas Ruperto Chapí Llorente, que nació en Villena en 1851. El saborLa combinación del clima mediterráneo, un gran número de horas de luz al año y la tierra fecunda propician el desarrollo del viñedo en la provincia desde tiempos de los íberos. El vino es característico de la dieta mediterránea. Además, esta variedad aporta ácidos orgánicos (málico, tartárico y cítrico), antioxidantes, sales minerales y vitaminas del grupo B. Su consumo moderado puede prevenir enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Actualmente se producen muchas variedades, agrupadas por los productores del Vinalopó, El Comtat y Marina Alta, pero las de mayor implantación son las del moscatel de Alejandría, la monastrell y la Alicante bouschet. De entre todos los vinos, el fondillón (un licor de uvas monastrell exclusivo de la Denominación de Origen de Alicante), el moscatel y la mistela son los de mayor tradición. En Novelda hay que probar la uva de mesa embolsada del Vinalopó, protegida con el sello de Denominación de Origen. Para acompañar el vino, en Pinoso y en Villena elaboran un rico embutido tradicional. El aceite y la repostería (Sequillos, Rollicos de vino, almendrados y Toñas) son una delicia, así como los arroces y el gazpacho. El Museo Arqueológico José María Soler esconde en su interior el tesoro de Villena, una excepcional colección arqueológica que recopila unas 66 piezas de oro, plata, hierro y ámbar pertenecientes a la etapa final de la Edad de Bronce. Toda una variedad de joyas de más 3.000 años que brillan más que el sol. A finales de junio, Alicante celebra el “Winecanting Summer Festival”, que viene a suceder al evento El Verano y los Vinos Alicante. El festival tiene lugar en los jardines del Museo Arqueológico de la capital (MARQ) y reúne a bodegas y fabricantes de productos gastronómicos. Por su parte, la muestra gastronómica de Pinoso, 13 de febrero, ofrece degustaciones de productos autóctonos y catas. Monóvar, el pueblo donde nació José Martínez Ruiz, Azorín, tiene abierta al público la casa-museo en honor a este escritor de la Generación del 98. Las estancias del edificio muestran objetos personales, fotos, litografías y pinturas que se exponen en el salón familiar. La salita azul, de estilo isabelino, y el despacho fueron testigo de reuniones del autor con literatos, periodistas y políticos de su tiempo. A medio camino entre la montaña y la Costa Blanca se encuentra el Hotel Spa La Romana (CV-840 La Romana; 966 192 600), una antigua masía rehabilitada del siglo XIX. Especializado en la cocina mediterránea, es el alojamiento perfecto para evadirse de lo cotidiano. Situado en un convento dominico del siglo XVI, el Hospes Amerigo (Rafael Altamira, 7; 965 146 570) tiene unas estupendas vistas de la catedral de Alicante y el castillo de Santa Bárbara. Con un spa en la azotea, piscina y gimnasio, está preparado para relajar al más estresado. 

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