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¿Por qué no debes perderte la Vía Verde de los Ojos Negros?

EDITORIAL

Recorrer una Vía Verde es siempre una experiencia única. La de los Ojos Verdes, además, añade el encanto de ser la Vía Verde más larga que existe, con 160 kilómetros de recorrido que van desde Teruel hasta Castelló (o la inversa, como prefiramos). En la ruta nos espera un camino lleno de sorpresas donde pasaremos por 20 túneles, 21 puentes, embalses, sierras, mesetas, parajes naturales y pueblos llenos de encanto donde hacer un merecido descanso. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Aunque esta ruta es ideal para ciclistas, también podemos recorrerla a pie, por pequeños tramos o incluso haciendo algunas partes en tren, ya que la vía convencional discrurre casi en paralelo. De entre todos los motivos para no perderse la Vía Verde de los Ojos Negros, te contamos 5 que te harán incluirla sin duda entre tus próximos destinos de viaje.  1. La naturaleza te rodea durante todo el caminoAl ser una ruta tan extensa, a lo largo de esta Vía Verde el paisaje cambia totalmente desde su inicio en Santa Eulalia (Teruel), a los pies de la sierra de Javalambre, hasta Algímia d’Alfara, en València, a escasos kilómetros del mar Mediterráneo. En el viaje entre estos dos puntos, la naturaleza nos rodea en 360 grados, un auténtico placer para la vista. Nos dejarán especialmente embelesados las tierras casi virginales de Javalambre, el bosque Mediterráneo que predomina a lo largo de casi todo el camino, repleto de encinas y coníferas, y el Paraje de la Dehesa, casi al final de la ruta. 2. Consigues panorámicas de películaUno de los atractivos de las Vías Verdes es que, a menudo, el circuito de las vías de tren recorre viaductos, que ahora sirven como excelentes miradores. En esta ruta encontraremos muchos y muy apetecibles. Uno de los más impresionantes es el de Albentosa (Teruel) que se levanta, con 7 impresionantes arcos, 50 metros sobre un barranco. Otro de los puentes que nos dejarán boquiabiertos es del Chispo (también en tierras turolenses), más bajo (22 metros) pero de casi 90 metros de largo.  3. Recorres pasajes misteriososEn este recorrido encontramos hasta 20 túneles, la gran mayoría iluminados y perfectamente acondicionados para el paso. Entre los más impresionantes, el de Albentosa, en curva y con casi 400 metros de longitud, y otros más cortos pero con el mismo encanto, como el de Arrión (352m) y el de Ragudo (237m). El más largo de toda la ruta es el túnel de Caudiel (en Castellón), de más de medio kilómetro de largo. El el camino encontramos otros lugares enigmáticos, como las estaciones de tren abandonadas o incluso un antiguo búnker nido de ametralladoras de la Guerra Civil, que podemos ver a la altura de Caudiel.    4. Descubres pueblos con mucho encantoLos altos en el camino están más que justificados cuando pasamos por lugares como Sarrión (Teruel), situado a casi 1000 metros de altura y con grandes tesoros como el portal de Teruel (una de las puertas de acceso a su recinto amurallado del siglo XII), la iglesia de San Pedro (s. XVIII) o la exquisita Feria de la Trufa que se celebra en el mes de diciembre. También Jérica, en Castelló, merece una parada.Aquí no podemos perdernos su torre mudéjar de las Campanas (s. XVII), levantada sobre un promontorio donde conseguimos una excelente panorámica de toda la población, la antigua iglesia de El Socós, y por supuesto, su exquisita horchata. Y, por supuesto, Navajas, casi al final del recorrido, donde podemos ver la impresionante cascada del Brazal (un salto de agua de 30) y el Salto de la Novia, candidato a El Mejor Rincón 2014.  5. Te permite vivir emociones fuertesCualquier Vía Verde es una gran opción de turismo activo pero, sin lugar a dudas, una de las rutas más apetitosas para amantes del deporte es la de los Ojos Negros. Además de estar especialmente indicada para cicloturistas, por su extensión y condiciones del terreno, cuenta con otras opciones de aventura muy interesantes. Una de ellas la encontramos en el viaducto de la Fuensanta (en la vertiente castellonenese de la ruta), con buenas condiciones para la práctica del puenting que organizan empresas de la zona especializadas en ello. A la altura del viaducto, se une el encanto de que junto a él se levanta otro puente prácticamente igual, por donde circulan actualmente los trenes. Quienes prefieran una opción acuática, pueden aprovechar el embalse del Regajo (también en Castelló) donde se pueden alquilar kayaks y disfrutar de un paseo con un entorno natural de película.  En la página web de Vías Verdes puedes descargarte el itinerario completo de la ruta, con todas las etapas, paradas e indicaciones del camino.

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En coche por la Isla Bonita

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Recorrer La Palma es darse un auténtico baño de naturaleza ya que los 706 kilómetros cuadrados de la isla están declarados Reserva de la Biosfera. El lugar, además, está catalogado como Destino y Reserva Starlight. Una buena alternativa para descubrir esta isla es recorrerla en coche, dejándonos sorprender por sus paisajes agrestes, variados y accidentados, encontrando a cada paso la naturaleza pura, intacta y bien preservada de esta pequeña gran isla que cuenta con solo 14 municipios.  REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Rumbo al norteNuestro punto de partida será siempre la capital, Santa Cruz de la Palma, una coqueta y pequeña ciudad que ha sido declarada en su totalidad como Conjunto Histórico-Artístico. Pasear por su adoquinada calle Real (vía principal de la ciudad) o sentir el suave masaje de la brisa marina en su Avenida Marítima, son dos ocasiones que no podemos dejar escapar.Dejando atrás Santa Cruz, la primera parada de nuestro recorrido es Puntallana, concretamente el mirador de San Bartolo, donde conseguimos unas fantásticas vistas de los barrancos de la zona. Desde aquí seguimos rumbo al Cubo de la Galga donde, si tenemos una hora y media libre, podemos disfrutar de un agradable paseo por el bosque de laurisilva, característico de la isla. Continuamos hacia San Andrés y Sauces para visitar el Bosque de los Tilos, las piscinas naturales del Charco Azul y el tranquilo pueblecito de San Andrés. Si nos apetece pescado, tanto aquí como en Puerto Espíndola, podremos comerlo exquisito y recién sacado del mar.  Nuestro próximo destino es Barlovento, donde podemos darnos un chapuzón en las piscinas naturales de la Fajana o hacer un relajado picnic en la zona de la Laguna de Barlovento. De visita obligada aquí es el mirador de La Tosca, con una impresionante vista sobre el norte de la isla. Desde aquí tenemos dos opciones para llegar a nuestra próxima parada, el Parque Cultural de la Zarza y la Zacita: bien a través de la carretera LP-1 o bien a través de la carretera LP-109, más estrecha pero más auténtica. Una vez en este parque cultural, nos sumergimos en un viaje en el tiempo que nos lleva a los primeros años de vida de esta isla. Los aficionados al senderismo pueden recorrer el sendero PR LP 9.2 hasta la Cruz del Gallo, un recorrido rodeados de un manto verde y en absoluto silencio. Rumbo al sur Partimos nuevamente de Santa Cruz de la Palma y paramos, en primer lugar, en Los Cancajos, uno de los principales núcleos turísticos de la isla y un buen sitio para darnos un chapuzón mañanero. Desde aquí podemos subir al Mirador de la Concepción en Breña Alta, bonito balcón sobre Santa Cruz de La Palma, y visitar el Museo del Puro palmero, que rinde todo un homenaje a esta delicada artesanía isleña. Continuamos rumbo Villa de Mazo y paramos en el parque arqueológico de Belmaco para volver a admirar vestigios benahoaritas (antiguos pobladores de La Palma). Subimos de nuevo al coche destino a Fuencaliente, municipio de vino y volcanes. De visita obligada es el Centro de Visitantes del volcán de San Antonio, desde donde dar un paseo por el cráter y, de aquí, al volcán Teneguía. Posteriormente, un vinito de la zona y rumbo a la costa. Playas de arena negra y (prácticamente) casi para nosotros solos, salinas y un imponente faro nos esperan en nuestro recorrido.Continuamos rumbo Los Llanos de Aridane, segunda ciudad en importancia de la isla. Su centro histórico, con su plaza de España, plaza Chica o Museo en la Calle (proyecto consistente en murales pintados en laterales de edificios) nos recibirán. Si nos apetece bañarnos nuevamente o admirar la puesta de sol, la playa del Charco Verde o la de Puerto Naos son buenas opciones (ambas con bandera azul). Rumbo al oesteDesde Santa Cruz de La Palma la carretera LP-4 nos lleva al Roque de los Muchachos, el punto más alto de la isla. El lugar en el que naturaleza y ciencia van de la mano. Aquí podemos visitar el Observatorio del Roque de los Muchachos, desde donde tenemos unas magníficas vistas de la isla. Posteriormente seguimos la misma carretera en dirección villa de Garafía y bajamos hasta la capital de este municipio: Santo Domingo de Garafía. En su parte baja, a través de la carretera que lleva al cementerio (perfectamente señalizada) podemos bajar hasta el Mirador del Aserradero, con una imponente panorámica de la costa. Continuamos hacia el barrio de Las Tricias, para admirar los dragos (árboles de hasta 14 metros de altura) y cuevas que hay en la zona conocida como Buracas. Desde aquí iniciamos de nuevo la ruta camino a Puntagorda. En el camino podemos hacer un alto en el Fayal, donde los sábados y domingos se organiza el Mercadillo del Agricultor y donde encontramos otro buen mirador, el del Izcagua.Nuestro siguiente destino es Tijarafe, con la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria, que cuenta con un altar del siglo XVIII que destaca por su espectacularidad y valor artístico. Proseguimos rumbo Puerto de Tazacorte donde podremos degustar un delicioso pescado mientras admiramos una impresionante puesta de sol. Rumbo al centroPartimos de nuevo desde Santa Cruz de la Palma, esta vez en dirección a Alta y, desde allí, a través de la carretera LP-301 y rodeados de un paisaje que pasa de Montverde a pinar, vamos rumbo el Refugio del Pilar, punto de inicio de la Ruta de los Volcanes. Una vez en el Refugio, lo más recomendable es dar un buen paseo por la zona. Desde aquí partimos hacia el oeste de la isla, no sin pararnos en el mirador de los Llanos del Jable (especial atención a este mirador por la noche, pues es un gran punto para observar estrellas y disfrutar del cielo nocturno). Nuestro siguiente destino es el mirador de la Cumbrecita, donde hay que reservar el aparcamiento en determinadas horas del día. Desde este punto conseguimos una vista impresionante sobre el gran tesoro de La Palma, la Caldera de Taburiente. Cuando dejamos esta zona, en las inmediaciones del Centro de Visitantes, merece la pena aparcar y echar la vista atrás, hacia el este… disfrutaremos seguramente de uno de los mayores espectáculos de la isla: la cascada de nubes. Cuatro propuestas de ruta para descubrir una isla que, pese a su pequeño tamaño, se nos antoja infinita. 

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Ruta Picasso por A Coruña

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Málaga, Barcelona y París son las tres ciudades a las que se asocia siempre la vida y obra de Pablo Picasso, sin embargo, hay otro lugar que marcó tanto su crecimiento personal como sus cuadros: A Coruña. Aquí pasó el joven pintor cinco años de su vida, una época en la que no solo entró en la adolescencia sino que se inició en sus estudios de arte y perdió a su hermana pequeña, un hecho marcó su vida para siempre. Recorremos algunos de los lugares que fueron cruciales para el artista durante su estancia en la ciudad. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)1. Casa Museo PicassoLa primera parada de esta ruta no podía ser en otro lugar que en la casa donde vivió la familia Picasso durante los cinco años que pasaron en A Coruña. En el número 14 de la calle Paio Gómez, el artista pasó un momento crucial de su vida, el paso de la niñez a la adolescencia, consagrando su afición por la pintura como una profesión de futuro. En esta casa museo encontramos intactos tanto los muebles como los objetos y pertenencias de los Picasso. La vivienda ha sido rehabilitada pero sigue conservando la esencia de los hogares coruñeses del siglo XIX. Paseando entre las estancias de este museo podremos ver el rincón donde el pintor daba vida a sus cuadros así como una veintena de reproducciones de las obras que, tanto él como su padre, crearon durante sus estancia en la ciudad.   2. Plaza de PontevedraSi queremos imaginar cómo era la vida de Pablo Picasso en A Coruña, no hay nada mejor que pasar por esta plaza donde el artista vivió tantos momentos importantes. Aquí jugaba con otros niños a su llegada a la ciudad y aquí empezó a forjar su formación profesional como pintor. En esta plaza se ubica el Instituto Eusebio da Guarda, donde se matriculó nada más llegar a A Coruña, como la Escuela de Bellas Artes, que también se encontraba aquí y donde se inscribió un año más tarde para iniciar sus estudios de Arte. Actualmente la plaza es el punto central del ensanche coruñés y es una zona de paso casi obligado para llegar a la famosa playa de Riazor, nuestra siguiente parada.  3. Playas de Riazor y OrzánMás que una espectacular playa donde darse uno baño, Picasso encontraba en este lugar una fuente inagotable de inspiración. Además de las olas y los atardeceres, al joven pintor le atraía especialmente el mundo del pescador, con sus barcas varadas y los útiles para salir a faenar. Es el paisaje que plasmó en muchos de los cuadros que pintó durante su época gallega. Dicen que fue aquí, en esta playa, donde Picasso vio por primera vez a una mujer desnuda, entonces no sabía que el cuerpo femenino sería una de las imágenes recurrentes en su obra. Actualmente Riazor, con 610 metros de longitud, es una de las playas más concurridas de la ciudad.  4. Rúa RealEsta vía estrecha y peatonal, considerada uno de los ejes comerciales más importantes de A Coruña, sirvió hace más de cien años para inspirar al joven Picasso. Paseando por esta calle, observaba y estudiaba a sus vecinos para plasmar después su esencia. Muchos de los retratos que nacieron en la Rúa Real se veían después en la revista ‘La Coruña’ que creó el propio Picasso y que reflejaba, a través de retratos y caricaturas, las escenas y los estereotipos de la época. Algunas de estas creaciones podemos verlas ahora en la Casa Museo de la ciudad.  5. Teatro Rosalía de CastroConocido como Teatro Nuevo o Principal desde su inauguración en 1841, influyó en la vida del pequeño Picasso ya que fue otro de los escenarios usados como escaparate para pintar algunas escenas costumbristas de la vida coruñesa, como El décimo de lotería o Caballero saludando a una dama. El teatro cambió de nombre una vez el pintor ya no vivía en la ciudad, pasando a tomar el nombre de Teatro Rosalía de Castro en 1909. Sorprende su majestuosidad y el estilo ecléctico del siglo XIX que aún hoy y, tras su remodelación en 1868 como consecuencia de un incendio ocurrido un año antes, sigue reinando en el patio de butacas. 6. Escuela de Artes y OficiosEn la actualidad se llama Escuela de Artes Picasso, en honor al pintor ya que fue aquí donde Picasso inició sus estudios de pintura. Fue de hecho un profesor de esta escuela, el conocido escultor Isidoro Broncos, quien tuvo mucho que ver en su posterior desarrollo artístico. El centro sigue conservando las calificaciones y el expediente académico de sus años como alumno aquí. 7. Torre de HérculesEl faro en activo más antiguo del mundo fue construido por los romanos en un hermoso lugar cercano a una pequeña cala de Coruña. Es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y desde lo alto se obtienen unas maravillosas vistas de la ciudad.  También impresionó a Picasso, que lo pintó en numerosas ocasiones en sus cuadros. Una visita indispensable en cualquier visita a la ciudad. En los alrededores de la torre, espacio protegido, encontramos diversas esculturas que conforman todo un museo al aire libre. 8. Cementerio de San AmaroEste camposanto cuenta con más particularidades que el estar cercano al mar. Construido tras la prohibición de enterrar a los fallecidos en las iglesias, el de Santo Amaro fue inaugurado en 1813 y es una de las joyas de A Coruña. Se divide en tres zonas: religiosa, civil y la británica, que está cerrada al público. La importancia en la vida de Picasso del cementerio radica en que fue aquí donde enterraron a Conchita, su hermana menor, fallecida el mismo año que el artista abandona la ciudad. Este triste episodio de su vida marcará una etapa nueva en sus obras, en las que comienza a reflejarse la madurez adquirida tras ese triste suceso.

Foto de Ruta por la Sierra de Aracena, para comérsela

Ruta por la Sierra de Aracena, para comérsela

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Rodeada de pueblos blancos, a cada cual más pintoresco, esta sierra onubense está salpicada por un sinfín de robles, castaños y encinas que dan forma a un paisaje único. Eso sí, antes que nosotros ya lo descubrieron otros, unos ilustres moradores que desde hace décadas lucen sus patas negras por estas tierras para ofrecernos el mejor jamón del país. ¡Vayamos a su encuentro! REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)El Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche tiene una superficie de 186.000 hectáreas que se extienden por el norte de la provincia de Huelva. Al recorrer esta zona no solo conoceremos su gran riqueza natural sino también unos pueblos con mucho encanto en los que se producen algunos de los mejores embutidos andaluces, lo que convierte nuestro viaje en una sabrosa experiencia.El descubrimiento de la sierra puede empezar en Cumbres de Enmedio, un pequeño municipio onubense por el cual transcurre el paso de la antigua Cañada Real, hoy convertida en carretera. Desde aquí podemos divisar las primeras dehesas, que ocupan el 40% del parque natural. Se trata de auténticos oasis de encinas para los cerdos ibéricos que campan a sus anchas en busca de las mejores bellotas. Este paisaje nos acompañará hasta nuestro próximo destino: Jabugo. La capital internacional del pata negra Solo con pronunciar su nombre, nuestras papilas gustativas se activan, y es que Jabugo es sinónimo de jamón ibérico de pata negra, quizás el producto más preciado de la gastronomía española. Siguiendo la estructura clásica de los pueblos andaluces, las casas blancas se suceden a cada paso por unas calles que invitan a recorrerlas sin prisa, deteniéndonos en alguno de los bares y tabernas donde se sirven las mejores tapas de jamón que podamos imaginar. La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, de tradición mudéjar, también es de visita obligada antes de partir hacia nuestro próximo destino, que se encuentra a tres kilómetros escasos: El Quejigo.Esta aldea se ha convertido en uno de los últimos reductos de la vida rural tradicional. Aunque llegó a estar casi despoblada el siglo pasado, actualmente está habitada por varias familias que han restaurado y conservado algunas de las viviendas de la zona. El agua que nutre las riberas del río Jabugo y del río Caliente es en buena medida responsable de la belleza de su paisaje. Un oasis de encinas para los cerdos ibéricos que campan a sus anchas en busca de bellotas. Desde El Quejigo, y muy atentos al cielo para no perdernos los buitres o cigüeñas negra que nos puedan sobrevolar nos acercamos hasta Galaroza, donde la abundancia de agua dibuja de nuevo un paisaje verde y frondoso. Aquí podemos hacer una parada gastronómica para visitar Casa Cátulo y probar sus embutidos y chacinas ibéricas. Aracena y la gruta de las Maravillas Nuestra ruta sigue en dirección al este, dejando atrás Fuenteheridos y Los Marines, para llegar hasta la capital de la comarca, Aracena. Aquí podemos ver una de las grandes atracciones de nuestro viaje, la gruta de las Maravillas, donde el agua, la piedra y el tiempo han creado un impresionante laberinto de lagos, estalagmitas y estalactitas. Descubierta a finales del siglo XIX, en 1914 se abrió al público como la primera cueva turística de Europa. Imposible perdérsela. El Museo de Arte Contemporáneo al Aire Libre Andalucía y el Museo del Jamón son otros de los lugares de interés en Aracena. También lo son, sin duda, los platos típicos de la gastronomía de la zona, como la sopa serrana, las tortitas de canela, los quesos y las migas, que podemos degustar en el Restaurante José Vicente así como en el Restaurante Casas, junto a la gruta de las Maravillas. Antes de marcharnos, dos paradas más que nos dejarán boquiabiertos: Corteconcepción, el pueblo desde el que tendremos las mejores vistas del embalse de Aracena, y la Higuera de la Sierra, una población diminuta donde se encuentran las cuevas de las Tobas. Desde aquí, la carretera se dirige hacia la salida del parque natural, siempre con dirección a Sevilla, el final perfecto para esta ruta.

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Ruta de Isabel la Católica

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Más de 500 años después de su muerte, todavía podemos sentir viva la figura de una de los personajes más famosos de nuestra historia, la reina Isabel de Castilla, más conocida como Isabel la Católica. Encontramos su huella en el pueblo que la vio nacer, Madrigal de las Altas Torres y muy cerca de allí, en Medina del Campo, donde sigue en pie el castillo que le sirvió de morada durante gran parte de su vida. Este viaje a través de tierras castellanas no sólo nos permite conocer su historia sino también la exquisita gastronomía del lugar. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)En 1468, el hermanastro de Isabel de Castilla, Enrique IV, la reconoció como princesa de Asturias y ésta se convirtió en la Señora de Medina, uniendo buena parte de su destino al de la ciudad, Medina del Campo, donde destaca con fuerza propia la silueta del castillo de La Mota. La fortificación empezó a construirse a mediados del siglo XV sobre la esquina de un antiguo recinto árabe. Sus arquitectos, de origen mudéjar, idearon un novedoso diseño marcado por el foso que rodea el conjunto y la Torre del Homenaje, de 40 metros de altura y cinco pisos.El castillo consta de dos recintos. El exterior, de estilo mudéjar y con el escudo de armas de los Reyes Católicos, rodea completamente la fortaleza y alberga los almacenes, las mazmorras y un gran número de galerías subterráneas y pasadizos fascinantes. En esta zona podemos ver también el imponente puente levadizo que sirve de acceso al castillo. El recinto interior está formado por cuatro torres y un patio cuadrado. Allí encontramos las habitaciones, además de las bodegas y las cuadras, entre otras estancias. Es especialmente interesante visitar el famoso Mirador de la Reina, una cámara del siglo XV cubierta por una bóveda policromada espectacular. Como su nombre indica, era la estancia preferida de Isabel la Católica. La ruta de Isabel la CatólicaAdemás de la visita al castillo de La Mota, la Ruta de Isabel la Católica incluye muchos otros enclaves en Medina del Campo, como el Palacio Real Testamentario, su última morada en la ciudad, que se ha convertido en un centro de interpretación y estudio sobre su vida. Desde aquí, y una vez ya visitado el castillo, podemos seguir hasta el monasterio de Santa María la Real y la iglesia colegiata de San Antolín, otra joya mudéjar.El edificio que más llama la atención, curiosamente, es quizás el más modesto de todos: las Reales Carnicerías. En su origen era lo que se supone, el mercado central de la tan preciada carne para los habitantes de la comarca. Actualmente, más de 500 años después, este edificio rectangular sigue siendo, básicamente lo mismo; un mercado de provisiones (abre todos los días, excepto el jueves, en horario de mañana). Si nos queda tiempo y ganas, podemos cerrar nuestro periplo en el Museo de las Ferias, en la iglesia de San Martín, que recoge la rica historia mercantil de Medina del Campo.Si queremos saber más sobre el arte mudéjar, que tanto se refleja en el castillo, el parque temático Pasión Mudéjar, en la cercana Olmedo, es una buena opción. El parque cuenta con réplicas a escala de los mejores monumentos de este estilo, incluyendo los castillos de La Mota y Coca. Tierra de vinos y mejor “yantar”Medina del Campo se encuentra dentro del territorio englobado en la Denominación de Origen de Rueda, por lo que es un placer tomar un buen vino blanco en cualquier rincón de esta tierra. Si somos amantes del vino, tenemos la posibilidad de visitar dos interesantes bodegas: las Emina, pertenecientes al Grupo Matarromera, y las famosas bodegas Protos, en La Seca.Cualquiera de los vinos que conozcamos en estas visitas será perfecto para acompañar un buen cochinillo o un lechazo asado, dos de los platos con más tradición en la comarca, así como las aves y las piezas escabechadas. También es muy recomendable la repostería. Podemos degustar una cocadas o las torrijas de leche. Para probar estas delicias, nada mejor que el restaurante Continental 1904 y La Botica.

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Rutas de las termas

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En Orense, pozas gratuitas y spas económicos ofrecen este placer natural todo el año. Hay quienes ven en el nombre de Ourense un reflejo del oro que supuestamente brillaba hace 2.000 años en las arenas del Miño y se imaginan a los romanos bateando junto a la Ponte Vella, un coloso de piedra de 370 metros, con un arco central de 43. Lo más probable, sin embargo, es que no hubiera tanto oro y que el único gran tesoro que atrajo e hizo asentarse aquí a los romanos fueran las fuentes termales que manaban, y aún manan, por doquier. Si algo apreciaban los romanos, casi más que el oro, era un baño caliente. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Bien conocidas y aprovechadas por los romanos fueron las fuentes de As Burgas, que manan vaporosas en el centro mismo de la población, como si hubiese un volcán debajo. Atónito se queda el viajero al descubrir, en una plaza ajardinada junto a la Rúa do Progreso, la principal de la ciudad, el humeante y borboteante manantial donde las aguas alcalinas, litínicas, fluoradas, carbonatadas, silicatadas y ligeramente radioactivas afloran a 67 grados de temperatura con un caudal de 300 litros por minuto. Y más aún, al ver la cantidad de vecinos que vienen a beber, lavarse los dientes o sumergir en ellas alguna parte de su anatomía, porque dicen que son buenas para curar las heridas y las afecciones de la piel. Lo habitual es que el forastero, confiado por lo que ve, meta la mano y se escalde. Alguno de los presentes le recordará, sin ánimo de ofender, que eso era lo que hacían aquí antiguamente las aldeanas con los pollos, escaldarlos, para poder quitarles las plumas más fácilmente.  Está la Burga de Abaixo, que mana a través de dos gruesos caños y un surtidorcillo en una fuente monumental de mediados del siglo XIX y que es donde la gente coge agua y hace sus enjuagues y lavatorios. Y está, en la misma plaza pero a mayor altura, la Burga de Arriba, que fue acondicionada en 2010 como baño termal (de pago), con gran piscina exterior y sauna húmeda. Ver al personal bañándose en la vía pública, porque la piscina está en mitad de la calle, a 150 metros de la Plaza Mayor, es algo que choca bastante, sobre todo en invierno; pero enseguida se advierte que es un lujo extraordinario que pocas ciudades del mundo ofrecen y menos por tan poco (algo mas de 3 euros).Además de esto, en noviembre de 2012 se ha inaugurado en la misma zona el Centro de Interpretación de As Burgas (entrada gratuita), con cinco salas expositivas, dos audiovisuales y 6.000 metros de jardines salpicados de restos arqueológicos, donde al visitante se le invita a dar un paseo por la historia termal de la ciudad, tropezándose aquí con una natatio o piscina romana, allá con un hipocausto (sistema de calefacción del suelo ideado por los romanos para las termas) y acullá con un ara votiva ofrendada a las ninfas por una tataradeuda de los actuales orensanos: Calpurnia Abana Aeboso. As Burgas son las fuentes termales más céntricas y famosas de la ciudad, pero hay media docena más a orillas del Miño. Aguas abajo del Ponte do Milenio, se suceden durante cuatro kilómetros las pozas y termas de Chavasqueira, Muiño das Veigas, Outariz y Burgas de Canedo, además de las fuentes de Tinteiro y de Reza, todas, a excepción de esta última, en la margen derecha del río. Se puede ir andando o pedaleando por el paseo asfaltado que discurre por la orilla del río o tomar el tren turístico que sale cada hora –cada dos, en invierno– de la Plaza Mayor.  Las primeras termas que el paseante se encuentra son las de Chavasqueira, también conocidas como Baños do Bispo, que se llaman así porque fueron acondicionadas por el obispo, inquisidor general, miembro de las Cortes de Cádiz y finalmente cardenal Pedro de Quevedo y Quintano (1736-1818) para mayor comodidad de los enfermos que peregrinaban en demanda de estas aguas ardientes, que son mano de santo, según dicen, para las afecciones reumáticas (artrosis, artritis reumatoide y artritis psoriásica), secuelas postraumáticas o quirúrgicas, la psoriasis y el acné. Hay unas pequeñas pozas de uso libre en la ribera ajardinada y hay unas termas privadas, construidas y decoradas en plan onsen nipón, donde por cuatro euros uno tiene derecho a 90 minutos de baños, saunas y relajación zen. Se puede tomar un té verde japonés y comer sushi (por encargo). Y se puede hacer coincidir la visita con las pulpadas que se organizan los días 7 y 17 de cada mes en el vecino Campo da Feira y darse un homenaje de octópodo y ribeiro, que también es muy relajante.Los siguientes puntos calientes de la ruta son la fuente del Tinteiro, donde la gente hace cola con sus garrafas para coger unas aguas recomendadas para los problemas bucodentales y de cicatrización; y, a tres kilómetros ya del inicio, las pozas de Muiño das Veigas, que son cuatro, la mayor de 200 metros cuadrados, y cuyas aguas están indicadas para afecciones reumáticas, como la artrosis, y dermatológicas, como los eccemas y la dermatitis atópica.Muy cerca se encuentran las termas de Outariz, que son del mismo estilo que las de Chavasqueira, con mucha madera, piedra zen, arce japonés y chorrito cayendo a través de cañas de bambú. Aunque más grandes, lujosas y caras: 5,15 euros. La alternativa gratuita son las pozas de Outariz y Burgas de Canedo, que se descubren poco después, junto a una vistosa pasarela peatonal blanca que cruza el río a esta altura. Es un lugar cuidadísimo, con vestuario, cafetería y hierba bien segada, que visto desde las pozas de más abajo, con el moderno puente detrás, parece una postal nórdica. Las aguas de estas pozas (ocho en total) se supone que son buenas para las afecciones reumáticas del aparato locomotor. En todo caso, aunque se tenga el aparato locomotor como nuevo, viene bien engrasarlo, con un chapuzón y una cervecita, antes de volver por la otra orilla.

Foto de Del Penyagolosa al Mediterráneo

Del Penyagolosa al Mediterráneo

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Llegar al mar Mediterráneo partiendo del monte Penyagolosa en la provincia de Castelló, siguiendo el curso del río Mijares, es una aventura de primera magnitud que no podemos perdernos si visitamos la Comunitat Valenciana y, sobre todo, si nos gusta el senderismo. Desde este monte, considerado sagrado y mágico por muchos valencianos, y hasta llegar al mar, encontramos un paisaje de inmensa belleza. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)El Parque Natural de Penyagolosa y el entorno del río Mijares están llenos de atractivos para los amantes del deporte activo y las actividades al aire libre. La primera cita ineludible la tenemos en el mismo pico de Penyagolosa, que con 1.814 metros de altura es considerado el techo de la Comunitat Valenciana. Los barrancos y desfiladeros de la zona añaden un extra de adrenalina que no pueden perderse los aficionados a los deportes de aventura. Empezamos la ascensión en el santuario de Sant Joan de Penyagolosa, punto de encuentro habitual para los montañeros. El itinerario, sencillo de seguir y con marcas de PR (Pequeño Recorrido), se encarama primero por el pronunciado barranco de la Pegunta. Más arriba, y tras cruzar un bosque denso, hay una explanada  en la que se juntan muchos excursionistas que sólo quieren recorrer el último tramo del camino y que llegan hasta aquí en coche.  Parajes naturales entre Teruel y CastellónTras descender el Penyagolosa, trazamos una diagonal hacia el suroeste para encontrarnos con el cauce del río Mijares, siempre dentro del Parque Natural y en la franja limítrofe de las provincias de Teruel y Castellón. Pero antes hacemos un alto en el camino en Vistabella del Maestrat, a 15 minutos del monte, para admirar en sus afueras el Pla o Polje de Vistabella. Con este nombre se conoce la formación kárstica o relieve calizo recorrido por la rambla del río Pla. Formaciones parecidas las encontramos en el propio Mijares, que forma un desfiladero justo cuando cambia de provincia. Es un entorno ideal para ver rapaces como el águila real, el águila perdicera o el búho real. Tras cruzar la frontera entre autonomías, el Mijares no tarda mucho en llegar a Montanejos, un pequeño pueblo de montaña conocido por sus fuentes y aguas termales. El río forma aquí unas piscinas naturales donde el agua se mantiene a 25 grados durante todo el año. Además de bañarnos en este increíble paisaje natural, tenemos también la posibilidad de acercarnos hasta el balneario Montanejos, una forma ideal de relajarnos y reponer fuerzas. Río abajo y tras superar el embalse de Sitjar, el Mijares se abre entre las localidades de Almazora, Vila-real y Burriana frente a la costa mediterránea. La desembocadura forma un humedal protegido de más de trescientas hectáreas, donde podemos observar aves como garzas y patos, la cigüeñuela o el calamón. En Vila-real, la senda botánica que acompaña el margen derecho del río, desde el Molino de la Ermita hasta el puente medieval de Santa Quiteria, nos ofrece la posibilidad de un paseo relajante tras una intensa jornada. Sugerencias gastronómicasSin duda alguna, recorrer estos parajes nos abrirá el apetito así que podemos aprovechar para disfrutar de la gran oferta gastronómica de la zona. En Vila-real, por ejemplo, se sirve "una de las mejores paellas del mundo" según reza la publicidad. La cocinan en Cal Dimoni (Avenida Europa, 15; 964.535.323). Para otras especialidades locales como el tombet (cordero guisado en cazuela de barro), nada como reservar mesa en el restaurante Portal del Carmen (Glorieta 2; 978.804.153), en un antiguo convento carmelita que queda a unos 30 kilómetros de Sant Joan de Penyagolosa, en Rubielos de Mora. Agradecimientos: Comunitat Valenciana y Turismo de Castellón.

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Ruta al medievo cántabro

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Cantabria es un lugar para descubrir a través de sus paisajes pero también de su arquitectura. Aquí se concentran palacios y castillos que encierran en sus muros historias y leyendas que arrancan de la Edad Media y mueren en la época de los indianos del siglo XIX. Buen ejemplo de ello es esta pequeña ruta que une tres de los puntos con más historia de esta tierra: Comillas, Santillana del Mar y la cueva de Altamira. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Un marqués catalán en CantabriaNuestro punto de partida es Comillas, una villa que destila aire señorial en cada rincón. Su casco antiguo refleja el poder económico de los emigrantes, enriquecidos en América durante el siglo XIX. Entre ellos destacó don Antonio López, marqués de Comillas, que mandó edificar algunas de las construcciones más importantes del pueblo.El marqués tenía inversiones en Barcelona y de ahí que muchas de estas nuevas casas se vieran influidas por el estilo modernista catalán, como el edificio de Villa Quijano, también conocido como el Capricho de Gaudí. La obra, proyectada por el genial Antoni Gaudí, es una fantasía surrealista que se inspira en el arte mudéjar, persa y bizantino, en un momento en que el arquitecto aún no había definido su línea.  Como curiosidad, los cinco huecos de las ventanas de guillotina del edificio incorporan unos tubos de metal a modo de contrapeso que, al ser tocados, emiten notas musicales. El Capricho tiene por vecino, en el mismo barrio, al Palacio de Sobrellano, más sobrio y de estilo gótico inglés. Hasta el rey Alfonso XII se sintió atraído por el lugar, donde acostumbraba a veranear. Un museo medieval al aire libre en SantillanaDesde Comillas partimos hacia Santillana del Mar, que forma parte de la red nacional de los Pueblos más Bonitos de España. Se trata de una preciosa villa medieval desarrollada en torno a la Colegiata de Santa Juliana, aunque la mayoría de sus caseríos corresponden a aportaciones arquitectónicas de los siglos XIV y XVIII.  La colegiata es el edificio más representativo del románico en Cantabria. En los 42 capiteles de su claustro hay un catálogo de la evolución de la escultura de la época. También es interesante que al pasear por Santillana nos paremos a contemplar casas como las de los Cossío y los Quevedo, parientes del famoso escritor del Siglo de Oro. La villa cuenta además con varios museos de interés, como El Solar, centrado en los instrumentos de tortura que usaba la Santa Inquisición.  La obra cumbre del hombre de las cavernasA dos kilómetros del núcleo urbano de Santillana del Mar, encontramos la cueva de Altamira, también conocida como la Capilla Sixtina del arte rupestre. El museo actual incluye la Neocueva: una réplica exacta de la original donde podemos ver cómo era la mítica gruta en el Paleolítico. De momento, la verdadera cueva está cerrada al público, aunque se están haciendo pruebas para comprobar si las visitas pueden finalmente perjudicar este valioso legado. Frente a las olasEn la ensenada de Santa Justa, aún en Santillana del Mar, nos espera una maravilla natural. Se trata de un espectacular pliegue anticlinal, es decir, una falla rocosa en cuyo centro se encuentra la antiquísima ermita de Santa Justa. Será mejor que antes de visitarla comprobemos que tenemos cargada la batería de nuestra cámara o móvil o nos perderemos una gran fotografía. Y después de este impresionante paisaje, el mejor broche final que podemos poner a nuestra excursión es saborear la rica gastronomía de Cantabria. El vacuno (de raza tudanca, monchina o asturiana) es el gran protagonista de la carta, siempre acompañado de una buena sidra. Uno de los mejores sitios para probar esta perfecta combinación es el restaurante Los Blasones de Santillana (Plaza de la Gándara s/n; 942 818 070), donde disfrutaremos con las mejores anchoas de Santoña con pimientos o el solomillo al queso de Tresviso.Sin alejarnos mucho, en Treceño, tenemos también el mesón El Casino (La Plaza 23; 942 709 880) donde además de uno de los mejores chuletones de la zona, podremos comer una espectacular tarta de queso casera.

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Visita al corazón de la tierra vasca

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Cuando visitamos Gernika hacemos mucho más que conocer una población vasca, estamos descubriendo un pedazo de la historia del País Vasco. Este pueblo posee algunos de los símbolos más importantes de la tradición y la cultura vasca como son la Casa de Juntas, el famoso árbol de Gernika, el frontón Jai Alai y, lo que nadie puede olvidar, el escenario que hace más de 70 años, tras un terrible bombardeo, inspiró el que probablemente es el cuadro más emblemático de Pablo Picasso. Muy cerca de aquí, además, nos aguarda el bosque de Oma, un lugar mágico donde el artista Agustín Ibarrola consiguió fusionar arte y naturaleza. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)El mejor punto de partida para descubrir Gernika-Lumo (nombre oficial del pueblo) es la Casa de Juntas, construida en el año 1826 y que actualmente es la sede del máximo órgano institucional de Bizkaia. Junto a ella encontramos el mítico Árbol de Gernika, todo un símbolo del pueblo vasco desde el siglo XIV,  cuando ya el Señor de Bizkaia juraba bajo su sombra respetar las libertades vizcaínas. Siguiendo esta histórica tradición, actualmente es el lehendakari quien, bajo este roble, promete cumplir su cargo.  Desde aquí mismo vislumbramos nuestro próximo destino, el parque de los Pueblos de Europa, un céntrico jardín arbolado con estanques y senderos donde se levantan dos emblemáticas esculturas: Gure aitaren etxea (La casa de nuestro padre) del artista donostiarra Eduardo Chillida y Large Figure in a Shelter (Gran imagen en su refugio) del artista inglés Henry Moore.  A solo unos pasos del parque podemos contemplar también la iglesia gótica de Santa María, con su espléndido órgano Walcker de 1889. Hay que caminar un poco más (un agradable paseo por las calles de Gernika) para ver el Jai Alai, el frontón de cesta punta en activo más grande del mundo. Es obra del arquitecto Secundino Zuazo y se ha convertido en la meca de los aficionados a este deporte, tan popular en el País Vasco. Antes de marcharnos del pueblo, por supuesto, debemos visitar su Museo de la Paz, donde nos trasladamos al 26 de abril de 1937, día en que las bombas y el fuego reducían a escombros la villa de Gernika que tan bien inmortalizó Picasso en una de sus obras cumbre.   Un bosque sacado de un cuento de hadasTras la inmersión en la historia del País Vasco que nos regala Gernika, partimos hacia uno de los iconos culturales de la tierra, el bosque de Oma, en el pueblo de Kortezubi. En plena reserva natural de Urdaibai, el artista Agustín Ibarrola pintó y esculpió sobre los pinos distintas figuras, creando una obra que puebla el bosque de habitantes mágicos. Un universo pictórico que se transforma en función del punto de vista desde el que lo miremos, por lo que pasear entre los árboles se convierte en una experiencia única. En cualquier desplazamiento que hagamos por esta zona, debemos estar atentos al paisaje que nos rodea, ya que tanto Gernika como Kortezubi forman parte de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un espacio protegido de 200km2 en el que encontramos desde entornos montañosos hasta profundes valles, incluidas zonas de costa con acantilados y playas kilométricas. Cualquier rincón en el que decidamos aparcar el coche y salir a disfrutar del entorno, nos dejará maravillados. Sugerencia gastronómicaEl buen comer del País Vasco es un tópico que, no por serlo, deja de ser verdad. En el caso de Gernika, debemos prestar especial atención a las alubias locales, de sabor excepcional. El txakolí, un vino de uva verde con alto grado de acidez, tampoco puede faltar en nuestra mesa. En Gernika-Lumo, una buena opción si queremos catar gastronomía local sería el restaurante Zallo Barri (Juan Calzada 79; 946 251 800). Otro local interesante es Remenetxe (Barrio Ugarte 5; 946 253 520), situado en un caserío restaurado en 1986, que cuenta con una bodega con más de mil doscientas referencias. 

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Pueblos de costa de Cantabria

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Tierra de pescadores y ganaderos, el litoral cántabro se fusiona a la perfección con el terreno montañoso de la zona, dando lugar a parajes increíbles que se quedarán grabados en nuestra retina para siempre. En este paisaje, digno del mejor de los cuadros, encontramos cuatro lugares que destacan por encima del resto, son las villas marineras con más encanto de Cantabria: San Vicente de la Barquera, Laredo, Santoña y Castro Urdiales. Visitar estos pueblos, al menos una vez en la vida, es una obligación que estaremos encantados de cumplir. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)San Vicente de la BarqueraNuestra ruta por la costa Cántabra arranca en San Vicente de la Barquera, la villa más occidental de la región. Situándonos en la iglesia y el castillo que coronan el pueblo divisamos, a un lado, las limpias playas que se abren al noroeste y, al otro, el hermoso paisaje interior de San Vicente, con su muralla medieval. El pueblo se expande ante nosotros dibujando un horizonte de montañas y sierras que tienen a los imponentes Picos de Europa como telón de fondo.Esta vista nos seduce desde que nos adentramos por el puente de la villa que, a la vez, nos recuerda la ancestral tradición del Camino de Santiago, en cuya antigua ruta San Vicente de la Barquera era uno de los enclaves más destacados. Uno de los grandes atractivos del pueblo son sus magníficas playas: la de Merón y la de Oyambre, de gran extensión, y las protegidas del Tostadero y de La Maza. También tenemos pequeñas y encantadoras calas como las de Fuentes o Niñera. También su patrimonio convierte a San Vicente en un lugar especial. Su ya mencionada iglesia es una construcción de gran belleza estética y tanto ella como el resto de edificios parecen mantenerse inalterables al paso del tiempo. SantoñaA 100 kilómetros de aquí, ya en la costa Oriental de Cantabria, tenemos nuestra próxima parada, una de las villas marineras más históricas de la región. Hasta llegar a ella, eso sí, podemos hacer un par de paradas que, aunque sean de interior, merecen mucho la pena: Santillana del Mar y Comillas, dos pueblos que parecen salidos de un cuento. Ya en nuestro destino, Santoña, debemos acercarnos hasta el puerto, la belleza de las vistas y el ambiente pescador que se respiran en él son encantadores y sus amarraderos están cargados de historia y tradición.La Reserva Natural de las Marismas que circundan la villa, Victoria y Joyel, hacen de este pueblo un punto de gran interés para el estudio de la naturaleza, ya que son el refugio de especies únicas de aves migratorias, razón de que este sea un espacio protegido desde 1991. El peñón de Santoña es otro lugar igualmente ineludible: desde la lejanía, da la imponente apariencia de un animal prehistórico recostado y solidificado en forma de roca. Una ruta a partir de este peñón lleva a conocer lugares como el fuerte de San Carlos, el faro del Caballo, más adelante el faro del Pescador y, siguiendo el camino, se divisa la playa de Berria. Si visitamos el pueblo en febrero, tendremos la suerte de poder asistir a sus famosos carnavales marineros, considerados como Fiesta de Interés Turístico Nacional. LaredoNuestra próxima parada está muy cerca aquí, a solo 15 kilómetros. De hecho, si alzamos la vista al mar desde Santoña y seguimos la línea de la bahía, ya aparece ante nuestros ojos un de los grandes tesoros de nuestro próximo destino, se trata de la playa de La Salvé, en Laredo. Su casco antiguo, la Puebla Vieja, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico hace ya más de cuarenta años gracias a su entramado de callejuelas, sus murallas y elementos como la iglesia gótica de Santa María de Belén, que es un monumento nacional en sí misma. Pero si una imagen se identifica con Laredo es la de los barcos y la mar, que siempre ha estado muy vinculada a la vida de sus vecinos, ya sea para la pesca o, en tiempos remotos, como enclave militar fundamental y puerto favorito de los Reyes Católicos y sus sucesores: Carlos V y Felipe II. Si visitamos el pueblo el último viernes de agosto, veremos que cobra una belleza especial y es que toda la villa se engalana para la Batalla Floral. Castro UrdialesNuestra próxima parada y final del viaje se encuentra a 20 minutos en coche desde Laredo, Castro Urdiales. Pese al gran crecimiento experimentado a causa del turismo, el pueblo no ha olvidado ni un ápice de su identidad, que se apoya en 2000 años de historia. La villa tiene incontables rincones llenos de encanto, como su iglesia gótica de Santa María –con dimensiones de catedral y una bella plazoleta que se extiende a sus pies-, el castillo, el puente romano, la plaza del ayuntamiento, el paseo marítimo y, por supuesto, su bello puerto. Una ciudad cosmopolita y tradicional al mismo tiempo.Concretamente, las playas de Castro Urdiales merecen una atención especial. La de Brazomar, enmarcada en una pequeña bahía de tranquilas aguas y arenas limpias, es el destino preferido para disfrutar de un día playero. Ostende, situada en el extremo occidental de la ciudad, es el destino idóneo para los que busquen algo más tranquilo. Por último, las playas de Madrigal, Mioño y Pocillo, son magníficas para relajarnos. Es muy recomendable visitar el pueblo coincidiendo con alguna de sus fiestas como la Semana Santa, donde se organiza una Pasión viviente espectacular, o la celebración del Coso Blanco, que se celebra el primer viernes de julio y está considerada de Interés Turístico Nacional.

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El Camino de la Costa

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Existen casi tantas rutas para hacer el Camino de Santiago como motivos para recorrerlo. Entre todas ellas, el Camino de la Costa es uno de los itinerarios más tradicionales y transitados. La ruta recorre el litoral guipuzcoano y culmina en la zona occidental de Bizkaia, ofreciendo a los peregrinos algunos de los mejores paisajes de la tierra vasca. Aunque hacer la ruta a pie o en bicicleta nos permite saborear cada rincón del Camino, el itinerario puede hacerse también por carretera: más cómodo y con las mismas panorámicas de película. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Desde Irún, en la frontera con Francia, hasta Pobeña, en la entrada a Cantabria, el Camino de la Costa permite descubrir un nuevo Euskadi. Una ruta llena de alicientes, entre ellos el gastronómico, que recupera la tradición de los reyes europeos que peregrinaban a Santiago de Compostela y querían evitar los territorios donde todavía se libraba la Reconquista. La ruta comienza en Irún, en el Puente Internacional de Santiago, con una preciosa vista sobre el río Bidasoa, que nace en los montes de Navarra para desembocar en la espectacular bahía de Txingudi. La ciudad nos ofrece multitud de lugares interesantes para visitar así que lo más recomendable es dar un tranquilo paseo dejando que cada callejuela de su casco antiguo nos sorprenda, por supuesto, sin perdernos la iglesia del Juncal, declarada Monumento Histórico Artístico Nacional.  Desde aquí podemos enfilar hacia Hondarribia, una pequeña población a los pies del Monte Jaizkibel, el más alto de la cornisa cantábrica. A continuación encontraremos Pasai Donibane y Pasai San Pedro, dos pueblos pesqueros cuyas calles estrechas y adoquinadas guardan un gran encanto. Nuestra siguiente parada será la capital guipuzcoana, Donostia, que presume de tener uno de los mejores parkings de autocaravanas de Europa. La ciudad merece que aparquemos aquí durante un mínimo de dos días, porque éste es un lugar que hay que recorrer sin mirar el reloj. La playa de La Concha, el Kursaal y el casco viejo nos cautivarán sin remedio alguno. Una buena forma de disfrutar de esta ciudad es contemplarla desde el monte Igueldo, donde existe además un parque de atracciones con más de cien años de antigüedad.  De Ondárroa al interior de BizkaiaTras dejar Donostia, el camino prosigue hasta llegar a Zarautz, villa marinera donde los aficionados al surf encuentran su propio paraíso. Bordeando el litoral seguiremos disfrutando de unas vistas espectaculares de la costa vasca, siguiendo la carretera serpenteante que nos llevará por los pueblos de Getaria, Zumaia, Mutriku y Ondárroa. En cualquiera de ellos podemos hacer una parada para reponer fuerzas y disfrutar del encanto de los pueblos pesqueros vascos. A partir de este punto, la ruta gira hacia el interior, llegando a Gernika, la mitad del camino. Esta población, inmortalizada por el famoso cuadro de Picasso, merece la obligada visita a la Casa de Juntas y el Árbol de Gernika, bajo el que jura el cargo el lendakari vasco. De aquí partimos hacia el gran Bilbao.  El Puente Colgante, vigilante de la ría de BilbaoAparcamos de nuevo la autocaravana en el parking de la ciudad, en el monte Kobetas, para poder disfrutar durante un par de días de la amplia oferta de ocio y cultura de Bilbao. La basílica de Begoña, el Teatro Arriaga y, cómo no, el Museo Guggenheim, son algunos de los lugares que no debemos perdernos, junto con un paseo entre sus casas señoriales y parques.  Salimos de Bilbao hacia las ciudades industriales de la margen izquierda de la ría del Nervión, Barakaldo, Sestao y Portugalete, donde veremos el Puente Colgante o Puente de Bizkaia. Se trata de una pasarela peatonal de hierro, colgada a 45 metros de altura, que une Portugalete con Getxo. Es una obra Alberto Palacio levantada en 1893 y declarada Patrimonio de la Humanidad. Emprendiendo la recta final de nuestro viaje llegamos a Muskiz, el municipio ubicado en el punto más occidental de la costa vizcaína, que limita por el norte con el Cantábrico. Desde aquí, vale la pena ascender hasta Pobeña, que cuenta con la única playa natural de la margen izquierda, La Arena. Sus acantilados anuncian la cercanía de Cantabria y el final del Camino de la Costa por territorio vasco. Con el Camino terminado, tendremos la satisfacción de haber descubierto una imagen única de los paisajes vascos. La ruta además, es una buena excusa para degustar la exquisita gastronomía de Euskadi donde, al margen de tomar infinitos pintxos, a cada cual más original y sabroso, podemos visitar algunos restaurantes emblemáticos de la alta cocina vasca como Kokotxa, en San Sebastián (Campanario 11; 943 421 904); Zallo Barri, en Gernika (Juan Calzada 79; 946 251 800); y Zortziko (Alameda Mazarrero 17; 944 239 743) y Aizian (Lehendakari Leizaola 29; 944 280 039) en Bilbao.

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Sierra do Courel

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Galicia posee algunos de los rincones naturales más bellos de España, entre ellos, esta cordillera montañosa situada al suroeste de Lugo. Entre sus cumbres más altas, Formigueiros, Montouto y Pía Paxaro, se esconden parajes naturales que son un auténtico paraíso para los aficionados al senderismo que, paseando por ellos, llegarán a preguntarse si están ante un paisaje real o un cuadro de Monet. REDACCIÓN GUÍA REPSOL (@GuiaRepsol)Si tuviéramos que elegir un solo lugar de Galicia, tendríamos que rendirnos antes de empezar a pensar porque es sencillamente imposible quedarse con uno solo de los rincones de esta tierra. Lo que sí está claro es que en los primeros puestos del ranking encontraríamos la sierra Do Courel, que se extiende entre Lugo y Ourense, en la zona que linda con León. Al norte, limita con Pedrafita do Cebreiro, por donde pasa el Camino de Santiago y donde empieza otra sierra de impresión, los Ancares. Folgoso do Caurel es el centro neurálgico de esta sierra que, debido a su difícil acceso en el pasado, ha conseguido conservar una belleza natural única y una biodiversidad extraordinaria que desde hace años reclama convertirse en Parque Natural. Dicen los vecinos de la zona que todos los tipos de árboles que existen en Galicia están aquí, repartidos entre profundos valles y elevados picos de hasta 1.600 metros de altura. Entre ellos campan a sus sanchas especies tan valiosas como el lobo, el gato montés, el corzo e incluso el oso pardo. En total, en la zona se han contabilizado más de un centenar de especies de aves y 150 de vertebrados, por lo que se pueden ver sin mucha dificultad ejemplares como el búho real, la perdiz roja, el jabalí o la corneja. Devesa de RogueiraDentro de la sierra encontramos esta joya biológica, situada en la vertiente norte del pico Formigueiros. La Devesa da Rogueira tiene unas 200 hectáreas escasas donde aglutina una altísima diversidad de especies botánicas, con más de un centenar catalogadas. Recorriendo este bosque autóctono podremos ver castaños centenarios, extensos prados, ejemplares de arce, avellano, abedul, fresno, castaño, madroño y un innumerable etcétera, rodeado todo ello de arroyos y manantiales paradisíacos. Por si este paisaje fuera poco, la zona esconde dos aldeas rehabilitadas que nos enamorarán: Seceda y Visuña.  Pueblos como estos son precisamente uno de los grandes alicientes de la sierra Do Courel, también conocida como la sierra de las aldeas de pizarra. El paisaje de montaña aparece salpicado de pequeñas poblaciones simplemente encantadoras. Su simbiosis con el entorno, su modo de vida austero y sostenible las convierten en un paradigma de convivencia con la naturaleza. Casas de madera o piedra bajo tejados de pizarra, apiñadas en la montaña, frente a paisajes escandalosamente bellos. Optar por una de las propuestas de turismo rural de la zona, cada vez mejores y más diversas, es una apuesta segura para disfrutar de esta tierra. En Seara, una de las pequeñas aldeas que no podemos perdernos, encontramos incluso un refugio para montañeros federados.  ¿Una curiosidad? En la sierra Do Courel se encontraron los restos humanos más antiguos de Galicia, cuya datación se ha situado entre 10.000 y 8.000 años de antigüedad. Agradecimientos: Turismo de Galicia.

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