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El caballo cartujo de Jerez de la Frontera

Cinco siglos de una obra de arte viva

Caballo Apertura. Foto: Javier Sierra

Perfeccionada la raza por los monjes cartujos, y patrimonio mimado durante cinco siglos, el caballo cartujo es la historia de un monumento vivo que recibe la brisa del mar gaditano y el frescor de la campiña. Conócelo a través de la visita a la Yeguada de la Cartuja y a la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre en Jerez de la Frontera.


Texto: MIGUEL PÉREZ MARTÍN | Fotos: JAVIER SIERRA ORDÓÑEZ

"¿Quién no los ve y a quién no les extasía / vuestro rítmico paso, vuestra pura, / perfecta nitidez, vuestra mesura, / vuestro sentido de la geometría? / Sois las medidas, exaltadas luces / que brotan de los campos andaluces". Así escribía el poeta Rafael Alberti sobre los caballos que en Jerez son una obra de arte.

Cuando Jerez se reconquista por los cristianos en el siglo XIII con Alfonso X a la cabeza de las huestes, la ciudad musulmana queda repartida entre los nobles que habían ayudado al rey. Descendiente de una de esas casas nobiliarias es Álvaro Obertos de Valeto, el hombre con el que empezó todo.

Perfil de un caballo cartujo en la Yeguada de la CArtuja. Foto: Javier SierraGenéticamente casi perfecto, un ejemplar de la Yeguada de la Cartuja.

"Este caballero al morir deja toda su fortuna a una orden de rezo para que pida a Dios por la ciudad. Compra el terreno junto al Guadalete en el que dicen que se apareció la Virgen a las tropas cristianas en la Batalla del Salado, y manda levantar allí un monasterio del que se encargará la orden de los Cartujos", cuenta Patricia Sibajas, encargada de las Relaciones Externas en la 'Yeguada de la Cartuja – Hierro del Bocado'. Es aquí donde la prodigiosa historia iniciada por los cartujos se encuentra con el presente, justo al lado del recinto de la Cartuja, en los terrenos que antaño pertenecieron a dicha orden.

Potros de pura raza cartujanaPotros de pura raza cartujana.

La dedicación de unos monjes

El caballo está tan presente en la cultura española y en la zona de Jerez, que en la cercana Cueva de La Pileta el caballo es el animal más representado en las pinturas rupestres. El caballo de raza cartujana es el producto de cinco siglos de perfeccionamiento y atención cuidadosa para conservar la pureza de un espécimen casi perfecto.

Hierro original de la Yeguada de la Cartuja.Hierro original de los monjes cartujos que se conserva en la Yeguada de la Cartuja.

En la actualidad, la yeguada cuenta con 280 caballos, cuyo origen está en aquellos monjes cartujos. "Los primeros datos de fundación de la ganadería son de 1484 en La Cartuja. Esta fue un centro de cultura, pero también de economía. Los monjes llegaron a ser lo que hoy consideraríamos multimillonarios", cuenta Sibajas mientras nos hace adentrarnos en el vallado donde las yeguas tordas buscan tranquilamente el cariño del visitante acariciándole el hombro con el hocico.

"Después del consistorio y la nobleza, los cartujos eran los que más terreno para viñedos tenían. Poseían toros de lidia y caballos. Mejoraron el caballo a base de cruces y estudiaron y mejoraron la raza", explica Sibajas, que cuenta que los monjes fueron unos avanzados a su tiempo, teniendo en su monasterio hasta una piscina de hidroterapia para caballos en el jardín.

La yeguada cuenta con 280 caballos, cuyo origen está en aquellos monjes cartujos.

El caballo cartujano está protegido por Patrimonio bajo una atenta supervisión, y esta Yeguada de la Cartuja es el lugar en el que un amplio equipo de profesionales conforman el centro de reproducción y reserva genética de la raza cartujana. Incluso cuentan con el hierro original, tesoro codiciado, de la original yeguada de los monjes cartujos, que vendieron a la yeguada en el siglo XX "pero siempre que la empresa estuviera en manos públicas".

Aquí pueden contemplarse estos caballos, principalmente tordos, en una interesante visita guiada que se puede concertar a través de su página web y que incluye una exhibición de doma y carrera en libertad. La llegada de nuevo de los caballos hasta estos terrenos donde un día trotaron se produjo en 1991, tras una época de dispersión en que los monjes tuvieron que vender sus ejemplares a varios ganaderos al llegar las tropas napoleónicas a Jerez, siempre con estrictas condiciones para que no se perdiera todo el trabajo realizado.

La doma en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre. Foto: Javier SierraLa comunicación entre jinete y caballo es vital.

La Real Escuela de Arte Ecuestre

Ante este ejemplar de tintes perfectos, el jinete debía estar a la altura de su montura. Para ello, es Álvaro Domecq –cuyo nombre está grabado con letras doradas en la historia jerezana– el que ve en 1973 el momento perfecto para cumplir su sueño: la constitución de una escuela que fomente y cuide el caballo español, un centro formador de la cultura ecuestre que llegaría a convertirse en un referente mundial de la equitación.

Así nace la 'Real Escuela de Arte Ecuestre' en el corazón de Jerez. "Aquí llegan los caballos con tres años, y ahí se ve el potencial del ejemplar. Se ve si va a ser un caballo de grupo o solista, si es de cría o polivalente", cuenta Javier Núñez, uno de los guías que narra la historia de este centro que hoy alberga a 120 caballos a los que se les involucra en la doma clásica y vaquera. "La doma es un acto de comunicación y entendimiento, paciencia y disciplina. Hay que hacer que el jinete y el caballo se entiendan en una educación basada en la recompensa que en no menos de seis años consigue un resultado óptimo", explica.

Guarniciones y sillas en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre. Foto: Javier SierraSillas y guarniciones de los caballos de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.

En el aspecto formativo, aquí se imparten cursos de jinete, guarnicionero, cochero, auxiliar de veterinaria y mozo de cuadra. Son un centro exquisito, y por ello solo aceptan en doma seis alumnos al año, que pueden pasar en la escuela de dos a cuatro años dependiendo de su formación previa. "Los aspirantes tienen que tener entre 16 y 24 años para acceder a las pruebas, y cuando acaban sus estudios pueden ser jinetes, profesores o dedicarse a la cría. Hay alumnos nuestros trabajando en China, Francia o Italia.

En la Real Escuela se puede contemplar todo el proceso, desde la atención de los mozos de cuadra en las caballerizas como el guadarnés en el que se protegen como en un escenario teatral las monturas y adornos que visten el espectáculo en el que se ve el resultado de décadas de trabajo. En cada espectáculo salen a la arena 30 caballos que deben estar listos en solo 20 minutos por los mozos de cuadra para que todo sea fluido. En esta época tienen espectáculo martes, jueves y sábado.

Montando en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.Preparando la exhibición 'Cómo bailan los caballos andaluces' en La Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.

Cómo bailan los caballos andaluces

Por la mañana en el picadero, los estudiantes y jinetes entrenan con sus caballos ante la mirada de los curiosos. Cuando un jueves cualquiera se levante el telón, en este recinto podrá haber hasta 1.500 personas contemplando 'cómo bailan los caballos andaluces'. "El caballo español es barroco, muy equilibrado –mental y físicamente, tiene un buen temperamento y es ideal para la doma", explica Núñez mientras los caballos nos rodean imponentes recorriendo el perímetro de albero.

"Con el caballo el primer paso es la confianza, luego la sumisión y el control, se trabaja después en el equilibrio y, por último, el arte", cuenta el jinete Ignacio López recién bajado de su caballo tordo, y explica que las cabriolas que se ven en el espectáculo "tienen su base en los enfrentamientos de los propios caballos, y solo son los aires naturales del caballo llevados a una expresión artística".

Durante la exhibición, la sinergia es tal que las indicaciones del jinete al animal son casi inapreciables. "La gente se cree que los caballos lo hacen solos, pero responden a nuestras señales", cuenta Juan Rubio, profesor y jinete en la Real Escuela.

Casi 50 años hace ya de aquel primer espectáculo de doma clásica que Domecq montó para el Rey Juan Carlos cuando se le concedió el galardón del Caballo de Oro, momento crucial que desembocaría en la construcción de la Real Escuela como una evolución de la Escuela de Viena.

La doma en la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre. Foto: Javier SierraUn ejemplar puede costar entre 30.000 y 100.000 euros.

Precisamente por el 450 aniversario de la institución austriaca, la escuela jerezana fue la única invitada a la exhibición extraordinaria. Preguntando sobre si los caballos educados aquí están a la venta, Rubio dice que "rara vez se vende un caballo de la escuela", pero que un caballo educado puede valer desde los 30.000 euros hasta los 100.000 de un ejemplar con potencial para competición.

Y los compradores, según su origen, priman unos valores a otros. "Hay gente que compra caballos aquí de Alemania, los estadounidenses vienen buscando un caballo más deportivo y los mexicanos priman la estética", cuenta el jinete, que lleva desde 1983 vinculado a la institución.

Una joya de carretela del Museo del Enganche. Foto: Javier SierraEsta carretela fabricada en París se usa para momentos muy especiales.

Una vez dejados los caballos atrás, por mucho que cueste dejar de admirarlos, frente a las instalaciones de la Real Escuela, se encuentra el Museo del Enganche en las antiguas bodegas de la familia Pemartín. A lo largo de seis salas se exponen, además de los enganches y adornos, carruajes de los siglos XIX y XX.

Una de las joyas es una carretela fabricada en París con un capote de piel de búfalo y un pescante muy elevado, hecha para que tiren de ella al menos cuatro caballos españoles. "Solo se usa en ocasiones especiales. Por ejemplo, fue la que llevó hasta la puerta de la Catedral de Sevilla a la Infanta Elena en su boda", cuenta Javier Núñez, que explica sobre los caballos que "el caballo es un animal de grupo, pero hay que probar combinaciones para encontrarle los mejores compañeros".

Detalle de la rueda de un carruaje.Detalle de la rueda de un carruaje.

Pero la verdad más grande que reside en el caballo de Jerez es que no necesita más explicación que su portentosa arquitectura. Cuyos cimientos pusieron unos frailes en un silencioso claustro de La Cartuja.

Fecha de actualización: 16 de mayo de 2017

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