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Paseo en barco por el Canal de Castilla, Herrera de Pisuerga

Navegando a lo Tom Sawyer por las esclusas de Leonardo da Vinci... en el corazón de Castilla

Barco Marques de la Ensenada sobre Canal de Castilla

Subirse a bordo del 'Marqués de la Ensenada' y sentirse como Tom Sawyer navegando por el Mississipi está tirado. Los hay que prefieren creer que viajan en 'La Perla Negra' con Jack Sparrow y por eso vigilan que, de entre los frondosos árboles de las orillas, no salga el capitán Barbossa o un cocodrilo. Pero no estamos ni en el Sur de EE UU ni en el Caribe. ¡Navegamos por el corazón de Castilla y León, en Herrera de Pisuerga!


Texto: ANA CAÑIL | Fotos: JOSÉ GARCÍA

El viaje en barco –eléctrico, silencioso y ecológico– por tierras de los antiguos reinos de Castilla y de León, territorios ariscos y alejados del mar, es una obra tan racional que quizá por eso genera sensaciones mágicas.

Se trata del Canal de Castilla, creado por lo mejor de la Ilustración española, quienes a su vez también tuvieron grandes sueños y referentes, como por ejemplo Leonardo da Vinci.

Comienza la aventura en barco por el corazón castellano.

Al genio del Renacimiento se deben las 49 esclusas que permiten salvar los desniveles en los más de 200 kilómetros navegables del Canal, construido a partir de 1754. La idea fue concebida por Antonio de Ulloa y ejecutada con los oficios del Marqués de la Ensenada, hombre de gobierno que convenció al rey Fernando VI de la importancia de comunicar el comercio de la meseta con la costa y viceversa.

A punto de entrar en la esclusa, diseñada en el siglo XV por Leonardo da Vinci.

"La esclusa que subimos en este tramo con el barco es del tipo de las ovaladas. Estamos en el único canal navegable de España y este es el ramal Norte, el primero que se edificó".  Luis Antonio Arroyo es un informático deslumbrado por los ilustrados y por eso explora desde hace años en los archivos de Herrera de Pisuerga, buceando entre los sueños y las consecuencias económicas de aquella gente.

Los primeros tramos son estrechos, pero profundos.

De pie, en el pasillo central del barco llamado 'Marqués de la Ensenada' por razones obvias, cuenta la historia de este ambicioso proyecto en una tarde soleada y ventosa –una situación normal en estas tierras– mientras surcamos las aguas tintadas de verde entre olmos, chopos, alisos, sauces, arbustos, carrizos o espadañas. Con estirar la mano se podrían tocar. "No se debe, y además, cortan con una facilidad asombrosa", explica Juan Manuel, el segundo de a bordo.

 El agua sube rápidamente en la esclusa cerrada y el barco con ella.

"Los hombres de Fernando VI se dan cuenta de que Castilla y León es una región agraria que no consume todo lo que produce, especialmente en cereales, pero no hay vías de comunicación para exportarlo". Arroyo sigue con su relato, mientras un viento suave agita las ramas y las hojas en las laderas del río. "De los cuatro puntos cardinales que nos rodean, tres están cerrados por montañas y el otro, el del Duero, es una frontera política (Portugal). Estos argumentos convencen al Rey para proyectar y ejecutar esta obra".

El 'Marqués' es elevado por la fuerza del agua en la esclusa.

Con el barco a las puertas de la esclusa ovalada –uno de los grandes momentos del viaje de algo más de una hora– Luis Antonio aprovecha para añadir datos: "En esta obra, Ulloa fue acompañado por el francés Carlos Lemaur, con el que recorrió las cuencas de los ríos de Palencia y Valladolid. El resultado de esos viajes fue el proyecto de 'Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León', para el que se proyectaron cuatro canales: el del Norte –por el que viaja el 'Marqués'– el de Campos, el del Sur y el de Segovia”.

El capitán y Cristina, mujer de la tripulación y guía del centro ambiental del Canal.

Manuel, el capitán al timón, no se cansa de la belleza que le rodea, pero sí que se asombra de que aún haya gente que no conozca lo que es y lo que significó el Canal de Castilla. "En Francia, sus gentes adoran el Canal du Midi, conocen muy bien los barcos que lo navegan y su historia. Somos extraños los españoles, no apreciamos bien lo que tenemos", murmura con cierta tristeza.

Con la esclusa llena, el 'Marqués' está listo para seguir canal arriba.

El sol se cuela entre las hojas y los tonos de verde estallan entre luces y sombras mientras el capitán charla. Un sevillano que viaja a bordo del barco, se vuelve para comentar un "si esto estuviera en Sevilla, tendría más visitas que el Cristo o la Macarena". Será por el carácter duro y austero de los castellanos: "bueno, aquí llega gente de todo el mundo, incluidos muchos extranjeros que paran porque están haciendo el Camino de Santiago, y se quedan admirados", añade Manuel, en parte disculpando a sus paisanos.

Casi se puede tocar la vegetación de la orilla, pero es peligroso.

Para los más chicos que van en el barco, conscientes ya de que navegan entre una tierra capaz de llamarse Castilla y León –¡Dios, castillos y leones, solo faltan los dragones!– la orilla se ha convertido en el misterioso lugar desde el que en cualquier momento puede saltar un horco para apoderarse del barco; para los adultos, bastaría con que una garza imperial o un aguilucho lagunero emprendieran el vuelo. Y el aguilucho escapa de entre los árboles, bate sus poderosas alas por encima del barco y se pierde aguas arriba.

El personal no pierde detalle.

Para entonces, ya hemos salvado el corazón de la aventura, el centro de la esclusa ovalada, ese sistema que diseñó Leonardo da Vinci en el siglo XV y copiaron los ingenieros europeos. La experiencia es extraña. Una vez que el barco está entre las dos paredes laterales, comienzan a cerrarse las puertas. Las frondosas orillas son ahora cuatro paredes entre las que el 'Marqués de la Ensenada' está encerrado. El torrente de agua que cae sobre la esclusa hermética crece y el barco sube impulsado por el agua, hasta que de nuevo queda al borde de las verdes orillas y retoma su marcha, canal arriba. Queda poco para dar la vuelta, otra experiencia.

La ingeniería del canal generó muchas industrias a sus orillas.

Hubo un tiempo en que por este río artificial navegaron más de 300 embarcaciones; su construcción llevó aparejado el desarrollo económico y la repoblación. "Se levantaron molinos de harina y de papel; batanes de ante y curtidos; fábricas de harina; centrales eléctricas... Y se crearon viviendas para los empleados, almacenes, cuadras, arquetas de riego. Una barcaza cargada de trigo podía transportar el equivalente a lo que lograban 30 carros de bueyes. Pero la creación del ferrocarril, en muchos tramos con un trazado paralelo al Canal, marcó su declive", concluye Arroyo, no sin cierto pesar, porque cada día imagina lo que podría haber sido llegar hasta el final del sueño de los ilustrados. Entrar en Segovia montado en una barcaza…

Final del viaje, el último espectáculo desde el puente colgante.

Mientras el barco amarra bajo la preciosa pasarela colgante, Cristina –la única mujer de la tripulación que recibe a los turistas recordando que el 'Ensenada' es un barco eléctrico, por tanto no contamina las aguas del Canal ni del Pisuerga– despide al personal y algunos de los viajeros, que antes habían despreciado la visita al Centro de Interpretación del Canal de Castilla, salen corriendo para ver su historia en blanco y negro, la historia de un tiempo mítico y de un sueño grande.

CANAL DE CASTILLA – Centro de Interpretación del Canal, Canal de Castilla, s/n. Herrera de Pisuerga, Palencia. Tel. 664 20 14 15.

Fecha de actualización: 15 de agosto de 2017

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