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Escapada a Fanzara (Castellón)

Una aldea territorio Instagram

Apertura_niñas junto a un mural de Fanzara, Castellón. Foto: Eva Máñez

Un proyecto de arte urbano ha puesto en el mapa internacional a Fanzara, una pequeña aldea de Castellón donde cada año se traslada una veintena de muralistas para llenar de color sus paredes durante el Festival Inacabado de Arte Urbano (MIAU).


Texto: LAURA MARTÍNEZ | Fotos: EVA MÁÑEZ

Lo llaman el pueblo de Banksy (a este artista urbano mundialmente conocido le encantaría vivir aquí) y si se pasean por sus calles es fácil entender por qué.

Un mural en una pared de piedra. Foto: Eva MáñezMuchas de estas obras podrían estar en un museo de Arte Contemporáneo. Esta es de Emilio Cerezo (2014).

En esta aldea del interior de Castellón es imposible dar diez pasos sin toparse con un mural. Con cerca de 150 obras, es uno de los mayores museos al aire libre del planeta y va creciendo año tras año gracias a la cita anual del MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano).

El lavadero de Fanzara. Foto: Eva MáñezEn este lavadero, aún activo, luce la instalación de la florista Foix Cervera.

Fanzara no es un pinacoteca al uso ni un pueblo corriente. Es un escenario de arte urbano al aire libre, un lugar en el que se mezcla lo castizo con lo multicultural, lo contemporáneo con la vida rural.

Murales por todos sitios. Foto: Eva MáñezLas pinturas te asaltan por las calles del pueblo, como este gato rockero de Thiago Goms.

Un espacio mutante, un paraje natural protegido, un escenario y un photocall itinerante. Es un espacio en constante renovación, pintado y repintado cada año.

Puertas, ventanas... murales en todos los rincones. Foto: Eva MáñezMurales en puertas, ventanas, espacios municipales y particulares... La ilustración del cervatillo es de Julieta XLF.

Al llegar al entorno de la Sierra de Espadán, el pueblo grita "¡Miau!". Un gato enorme sobre una fachada anuncia el municipio y este empieza a tener sentido. En realidad, no se trata de un maullido, sino de un particular grito de reivindicación.

Un mural junto a la puerta de una casa particular. Foto: Eva MáñezA veces, incluso, una ilustración como esta, de Susie Hammer, te puede alegrar el día.

Se trata del arte y de su relación con las personas y de lo que estas son capaces de cambiar: del impacto de una sola gota de agua en un suelo aparentemente inmutable. MIAU nació como un intento de cicatrizar heridas entre los vecinos y las redes sociales hicieron el resto.

¡Adiós despoblación!

Los orígenes del proyecto se remontan a 2005, cuando un movimiento vecinal se opuso a la instalación de un vertedero de residuos tóxicos.

Murales a las afueras de Fanzara. Foto: Eva MáñezObras que te hablan del ser humano (también a las afueras), como estas de NEMO'S y Colletivo FX.

El pueblo se partió por la mitad: habitantes que no se dirigían la palabra, riñas entre iguales, malas miradas e incluso denuncias, confiesan casi avergonzados sus vecinos.

Pasear por sus calles es de lo más divertido. Foto: Eva MáñezAhora, en el aire flota el amor, mientras pasean frente a la obra de Chylo.

Javier López, uno de los directores del proyecto, pensó que el arte podría resolver el conflicto. "Queríamos un proyecto de todo el mundo, que cada uno colaborara como pudiera", explica durante la visita.

 Niños de un colegio paseando por Fanzara. Foto: Eva MáñezLos artistas PICHI & AVO cambiaron el soporte de las estatuas griegas para instalarlas en las fachadas de Fanzara.

En 2011 empezaron a buscar hasta que finalmente encontraron a Miguel Abellán Pincho, un grafitero valenciano que hizo de altavoz de sus demandas. "Estuvimos tres años buscando a algún artista al que explicarle el proyecto... y llegaron 21", cuenta. Así, en 2014, nació el MIAU que fue, sin que fuera su cometido, la salvación del municipio de la despoblación.

Un abuelo del pueblo posando. Foto: Eva Máñez Los vecinos conviven con espacios 'instagrameables' como este del artista urbano Lolo.

Viendo a los habitantes por la calle y en los bares de la localidad, resulta difícil creer que las mismas familias que se reúnen a medio día en una terraza estuvieran enfrentadas. Parece un tópico, pero se izó la bandera de "misión cumplida" y MIAU ha convertido Fanzara un referente del arte mundial, y a sus ciudadanos en seres humanos afortunados. Viven dentro de un museo.

Animales coloridos sobre las paredes de Fanzara. Foto: Eva MáñezCon cada edición los residentes ven cómo mutan las ilustraciones y los murales.

En el citado verano llegaron grandes nombres del street art como Deih, Hombrelópez, ESCIF –que también ha llenado el valenciano barrio del Carmen con sus dibujos–, la ilustradora Susie Hammer y Julieta XLF que convivieron una semana con los residentes e ilustraron sus tapias con seres cósmicos, manos, rostros, malabaristas de circo y coloridos animales.

Androides gigantes escondidos por el pueblo. Foto: Eva MáñezEn los itinerarios descubres figuras gigantes, como esta creación de Deih, en cualquier rincón.

La aldea se llenó de andamios, esprays, grúas y brochas que dieron vida a través de 44 intervenciones. Los años siguientes fue el turno del argentino Animalito Land, de los artistas PICHI & AVO llevando las esculturas griega a otro soporte, de las frases de Acción Poética, el 'abstractismo' de Kenor o de los androides gigantes de Xelön. La lista es larga y cada año es más voluminosa, ambiciosa y completa que la anterior.

El futuro es corto. No tenemos miedo

Una de las composiciones más emotivas y que más eco ha tenido es la del activista Martin Firrell, que se reunió con cuatro vecinos de edad avanzada para hacerles una sencilla pregunta: ¿Cómo vivimos? En base a sus respuestas, creó un mural que sintetizaba décadas de experiencias "de la gente que produce sabiduría" –dice Firrell– en dos frases: "El futuro es corto. No tenemos miedo".

Un mural para unir generaciones. Foto: Eva MáñezUn mural para unir generaciones de Pol Barban.

Con ellas creó un mural en la escuela municipal, en la que apenas hay una docena de niños, para unir a las generaciones. Esta obra, que quizá no destaque entre las pinturas más imponentes del municipio, sirve para entender el proyecto de convivencia del MIAU: el arte actuando como elemento que conglomeraba una sociedad agrietada.

En la tienda Miau. Fotos: Eva MáñezEn el "consultorio" de MIAU, un antiguo consultorio médico reconvertido en galería y tienda de arte.

Aunque en la tienda del MIAU puedes encontrar un mapa con itinerarios a través de las obras es mejor dejarse llevar. Lo bonito en Fanzara es perderse, calle arriba y calle abajo, e ir descubriendo los murales en los lugares insospechados. A veces en una imponente pared, a veces en una pequeña chapa, en una puerta o en una ventana.

Unas macetas trampantojo. Foto: Eva MáñezMacetas que conviven con trampantojos de ESCIF.

Hay trabajos grandes que ocupan varios edificios, obras pequeñas que caben en una piedra, unas en forma de pinturas, otras de esculturas, de collage, de ramas o macetas.

Turistas por las calles de Fanzara. Foto: Eva MáñezSus calles son perfectas para capturar recuerdos. Esta chica se lleva a casa este robot de Xelon.

Cada día, por esas rutas empedadras, transcurren ríos de turistas que, cámara y móvil en mano, entre gestos de asombro, colocan el municipio en el mapa de Instagram. Cuando no, lo hacen colegios escolares de la provincia.

Junto a un mural. Foto: Eva MáñezLos niños disftrutan de la visita.

La pequeña población acumula en la red social miles de publicaciones bajo el hashtag o el icono de la ubicación que enseñan al mundo sus hogares. Un ejército de personas posan sonrientes o con aires desenfadados sobre los murales callejeros y se retratan sobre los particulares escenarios de la aldea.

Gatitos en la pared. Foto: Eva MáñezJugando a descubrir las obras de los artistas en cada calle.

Sin pretenderlo, los visitantes efímeros se han convertido en los mejores embajadores del lugar: un museo que, sobre todo, mira a los ojos de sus vecinos y les recuerda que nunca hay que bajar la guardia.

Fecha de actualización: 9 de febrero de 2018

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