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Excursión al caudal de Ciudad Real

Río Bullaque, abierto todo el año

Río Bullaque, en Ciudad Real. Foto: Manuel Ruiz Toribio

Agarremos la nevera y la sombrilla, alejémonos de la costa y recorramos un cauce tan humilde como vivo. Conozcamos las praderas de nenúfares y agucemos los oídos para escuchar las historias de los habitantes del río Bullaque, en Ciudad Real. Pasemos las tardes debajo de un árbol con juegos de cartas porque los de tronos aquí no llegan.


Texto y Fotos: MANUEL RUIZ TORIBIO

Al otro lado de la presa ya corren sus aguas entre un bosquecillo de ribera donde sus sauces, los árboles de la salicina que sirvieron para hacer analgésicos, nos hacen de cueva verde al pisar las pasarelas de madera del primer tramo de los caminos que nos pueden llevar por los márgenes del río. Desde el centro de visitantes, a pocos metros de la presa de la Torre de Abraham, nos adentramos en el Parque Nacional de Cabañeros para llegar caminando en tres horas a Casa Palillos, el principal centro de recepción de este espacio natural. La ruta de la colada de Navalrincón, así la llaman, discurre por un ramal de la cañada real riojana, antiguas vías de pastores que siguen siendo de dominio público. Si nuestra intención es llegar al primer pueblo del río, tomaremos la carretera CM-403 hacia Pueblo Nuevo del Bullaque, a unos 13 km. de nuestro punto de partida.

Río Bullaque, Ciudad RealPasarelas de madera facilitan el camino protegido por las sombras de los árboles.

Más de un millón de hectáreas y 130.000 colonos fueron afectados en todo el país por el plan de colonización que en los años 50 del pasado siglo implantó el estado en el campo español. Este proceso planificado desde el conservadurismo político, económico y social, contrastaba con la moderna arquitectura de los núcleos de población y las prácticas artísticas que se llevaron a cabo. El bautizado como "nuevo empresario agrícola" se quedó para siempre en esta "arcadia rural" donde el agua estaba asegurada para la nueva agricultura mecanizada que inundó de maizales los campos de secano. Pueblo Nuevo del Bullaque es una de aquellas localidades que se levantaron cerca del río. Las piezas cerámicas de la portada de su iglesia conservan aún el trabajo que el artista Arcadio Blasco hizo en 1956 bajo los cánones de un innovador arte sacro destinado a pueblos del siglo XX. Edificios como el ayuntamiento, la casa rectoral, las escuelas, los locales de los comerciantes y la vivienda del médico son rodeadas por las setenta viviendas que ocuparon los pobladores en estos lugares diseñados con tiralíneas.

Río Bullaque, Ciudad RealCerámicas del artista Arcadio Blasco en la portada de la iglesia de Pueblo Nuevo del Bullaque.

Seguimos río abajo en busca de la primera zona de baño donde poder pasar horas de holganza veraniega. Doce kilómetros nos quedan para llegar a la Isla del Bullaque, un paraje de sombras y agua, de merenderos y senderos fluviales. Ubicada a las afueras de la aldea de El Torno, esta tupida arboleda es de las más visitadas por las familias que no reparan en cargar sus coches con todo lo necesario para el veraneo. Eso sí, nada de hacer fuego en ningún lugar que no sean núcleos urbanos, una normativa del gobierno autonómico para evitar descuidos que pueden provocar incendios.

Río Bullaque, Ciudad RealLa arboleda cercana a El Torno es aprovechada por las familias para comer, descansar y disfrutar. 

Alguien nos habla de los cangrejos de río y vamos a buscarlos a otro pueblo, El Robledo, conocido internacionalmente por celebrar el Día del Río cada 31 de diciembre, donde los vecinos se dan un chapuzón en el Bullaque entre tiritones y villancicos navideños. Tan solo ocho kilómetros nos separan de El Torno para encontrarnos  con otro espacio habilitado para bañistas y el chiringuito más auténtico de todo el cauce bullaquero. Su propietario, Modesto, que presume de tener los mejores tomates de España, nos habla de las nutrias y los cangrejos que ve cada día desde los veladores de su terraza. El amplio repertorio de platos tradicionales caseros nos invita a reponer fuerzas después del merecido baño.

Río Bullaque, Ciudad RealEl chiringuito de Modesto es el más auténtico de todo el cauce del río.

El ritual de los cangrejos

Un amarillo pálido de tierras cosechadas contrasta con las coberteras de nenúfares que adornan, como un centro floral, las aguas del paraje Las Casas del Río, una pedanía que dista unos once kilómetros de Porzuna, su población administrativa. Pescadores, bañistas y jinetes haciendo rutas a caballo van y vienen por las orillas del río. Otros, que ya terminaron sus quehaceres deportivos, se reúnen alrededor de una cacerola de cangrejos del terreno. Cebolla muy picada, perejil, laurel, ajo, guindilla y pimiento son los ingredientes de este plato tradicional al que se le añadirá vino blanco cuando los cangrejos comiencen a cocer. Todo un ritual degustar estos crustáceos de agua dulce mientras celebran que un verano más el Bullaque sigue ahí a pesar de la imperante sequía.

Río Bullaque, Ciudad RealLos cangrejos de río se preparan con la receta tradicional.

Si un solo lugar tuviéramos que conocer en el centenar de kilómetros que recorre el río Bullaque, la Tabla de la Yedra sería el elegido. Localizada a menos de una hora de Piedrabuena si nos vamos caminando por la carretera CR-721, este tramo del río es el preferido para los que buscan espacios de esparcimiento y disfrutar en familia. De una gran belleza paisajística, la joya del Bullaque se puede recorrer por las dos orillas entre la sombra de chopos, sauces y álamos. Una pasarela flotante nos ayudará a cambiar de orilla si no queremos dar unas brazadas y hacerlo a nado. "Se hace la Yedra aquí y en este instante / un fanal de armoniosa singladura", relataba el gran poeta Nicolás del Hierro haciendo alusión a este espacio que fue un lugar habitado por cientos de veraneantes que construyeron sus casitas hace décadas.

Río Bullaque, Ciudad RealUna pasarela en Tabla de la Yedra permite cruzar el río sin mojarte.

Casi veinte kilómetros de caminata por sendas de ribera, o trece en coche por la N-430 separan Piedrabuena de Luciana, donde termina este coqueto brazo de agua que se une al Guadiana por su margen derecha. Lo que fuera hace años una zona de acampada libre, de bautizos colectivos y de baños estivales, es hoy un remanso de aguas donde pescadores locales pasan las tardes lanzando sus anzuelos. La extensa vegetación y la escasa cantidad de agua hacen que los lugareños prefieran la piscina pública hasta que el río se recupere junto a su hermano mayor.

Río Bullaque, Ciudad Real.El atardecer en el río puede ser el colofón ideal a un día de verano.

Fecha de actualización: 27 de julio de 2017

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